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		<title>El Sacerdocio de los Creyentes - Historial de revisiones</title>
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		<subtitle>Historial de revisiones para esta página en el wiki</subtitle>
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		<title>Pcain en 15:36 9 mar 2011</title>
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				<updated>2011-03-09T15:36:17Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;&lt;/p&gt;
&lt;a href=&quot;http://es.gospeltranslations.org/w/index.php?title=El_Sacerdocio_de_los_Creyentes&amp;amp;diff=6093&amp;amp;oldid=6092&quot;&gt;Mostrar cambios&lt;/a&gt;</summary>
		<author><name>Pcain</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/w/index.php?title=El_Sacerdocio_de_los_Creyentes&amp;diff=6092&amp;oldid=prev</id>
		<title>Pcain: Página creada con '{{info|The Priesthood of Believers}}&lt;br&gt;  “Sacerdocio santo”. 1 Pedro 2: 5.  En esta epístola, Pedro está hablando de los santos esparcidos en todo el mundo y, enseñado p...'</title>
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				<updated>2011-03-09T15:33:27Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;Página creada con &amp;#39;{{info|The Priesthood of Believers}}&amp;lt;br&amp;gt;  “Sacerdocio santo”. 1 Pedro 2: 5.  En esta epístola, Pedro está hablando de los santos esparcidos en todo el mundo y, enseñado p...&amp;#39;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;b&gt;Página nueva&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;{{info|The Priesthood of Believers}}&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Sacerdocio santo”. 1 Pedro 2: 5.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta epístola, Pedro está hablando de los santos esparcidos en&lt;br /&gt;
todo el mundo y, enseñado por el Espíritu Santo, dice de ellos que&lt;br /&gt;
constituían “un sacerdocio santo”. No está hablando acerca de&lt;br /&gt;
ministros; no se está refiriendo a un cierto número de hombres que&lt;br /&gt;
han pasado a través de diversos grados de funciones y están por ello&lt;br /&gt;
calificados para usar sotanas de un cierto color; antes bien, está&lt;br /&gt;
hablando de todo creyente, y llama a cada santo: un miembro de un&lt;br /&gt;
“sacerdocio santo”. Cada María y cada Juan, cada doncella&lt;br /&gt;
campesina y cada trabajador que pone su mano en el arado, cada&lt;br /&gt;
siervo de Dios en cada capacidad, es un miembro de este “sacerdocio&lt;br /&gt;
santo”; al menos eso dice Pedro, y Pedro no estaba equivocado, pues&lt;br /&gt;
hablaba conforme era “inspirado por el Espíritu Santo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por diezmilésima vez hemos de declarar nuestra propia convicción&lt;br /&gt;
solemne de que es tiempo de que Inglaterra despierte, y censure&lt;br /&gt;
solemnemente la superchería sacerdotal que pareciera estar&lt;br /&gt;
aumentando en nuestro medio. Ningún hombre tiene ningún&lt;br /&gt;
derecho de llamarse en cualquier sentido exclusivo: ‘un sacerdote’.&lt;br /&gt;
Cuando tomo el Libro de la Oración Común y leo “Entonces el&lt;br /&gt;
sacerdote dirá”, lo cierro de nuevo con detestación. Y si fuese el&lt;br /&gt;
mejor libro humano impreso jamás y no contuviera ningún otro&lt;br /&gt;
disparate o error, pero si se aventurara a llamar a cualquier clase de&lt;br /&gt;
hombres: ‘sacerdotes’, yo lo denunciaría por estar manchado de&lt;br /&gt;
doctrina católica romana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo es el único sacerdote que puede ofrecer sacrificio para la&lt;br /&gt;
expiación del pecado. Él es “el apóstol y sumo sacerdote de nuestra&lt;br /&gt;
profesión”. Pero hay otro sacerdocio, uno de ofrecimiento de&lt;br /&gt;
oraciones y alabanzas, y éste no me pertenece porque yo sea un&lt;br /&gt;
ministro, ni le pertenece a cualquier número de hombres que sean&lt;br /&gt;
llamados “Reverendo”, o “Muy Reverendo”, o “Reverendísimo”, sino que les pertenece de igual manera a ustedes, y a todos los que por fe&lt;br /&gt;
han creído en Jesucristo como Salvador y Señor. Si un hombre es&lt;br /&gt;
verdaderamente convertido a Dios, aunque sea escasamente capaz&lt;br /&gt;
de leer su Biblia, es un sacerdote para Él, porque tiene un nuevo&lt;br /&gt;
corazón y un espíritu recto. Pudiera ser que nunca suba a un púlpito,&lt;br /&gt;
ni que presida en alguna reunión de la iglesia, pero puede ser un&lt;br /&gt;
sacerdote para Dios. Su único púlpito pudiera ser el taller de&lt;br /&gt;
zapatero; su única plataforma para dar testimonio de Cristo pudiera&lt;br /&gt;
ser tras el mostrador, o en la fábrica, pero, a pesar de ello, es un&lt;br /&gt;
sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
O si el Señor llamara a una hermana para Sí, debe estar callada en la&lt;br /&gt;
reunión de la iglesia, pero ella pertenece al sacerdocio divino, y sus&lt;br /&gt;
oraciones y alabanzas ascenderán delante de Dios con la misma&lt;br /&gt;
aceptación, por medio de Jesucristo, como si fuese una eminente&lt;br /&gt;
teóloga o la más dotada de los santos. Todos los hijos de Dios son&lt;br /&gt;
sacerdotes, y éste es el cántico de todos los que están en el cielo, y de&lt;br /&gt;
todos los que están en la tierra que son verdaderamente salvos: “Nos&lt;br /&gt;
hizo reyes y sacerdotes para Dios, y reinaremos por los siglos de los&lt;br /&gt;
siglos”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, es sobre este tema del sacerdocio que deseo hablar en esta&lt;br /&gt;
noche, y la forma en la que los sacerdotes eran consagrados bajo la&lt;br /&gt;
ley es descrita para nosotros en el capítulo 8 de Levítico. Entonces,&lt;br /&gt;
yo los invito a que busquemos y consideremos el tema según es&lt;br /&gt;
expuesto allí, pues, ciertamente, la forma en que los hijos de Aarón&lt;br /&gt;
eran ordenados para su sacerdocio terrenal y temporal, es ricamente&lt;br /&gt;
sugerente e intencionalmente típico, de la manera en que Dios llama&lt;br /&gt;
a todo Su pueblo a su santo sacerdocio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al considerar este capítulo, encontramos que uno de los primeros&lt;br /&gt;
pasos con relación a la ordenación de Aarón y de sus hijos para su&lt;br /&gt;
sacerdocio, era que ERAN LAVADOS. Leemos en Levítico 8: 6:&lt;br /&gt;
''Entonces Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y los lavó con&lt;br /&gt;
agua.'' Ése era un lavatorio. ¡Pero varias veces en este capítulo&lt;br /&gt;
encontramos que un segundo lavatorio era necesario para ellos, y ése&lt;br /&gt;
era con sangre! En el versículo 2 encontramos que llevaron un&lt;br /&gt;
becerro de la expiación, y dos carneros, y eran rociados con la sangre&lt;br /&gt;
de uno de los carneros y con la sangre de la expiación para estar&lt;br /&gt;
limpios delante de Dios. Ésto enseña poderosamente que cada uno&lt;br /&gt;
de nosotros que aspire a ser un sacerdote para Dios, tiene que ser&lt;br /&gt;
limpiado primero con una doble purificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Que el agua y la sangre&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
Que fluyeron de Su costado traspasado,&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
Sean la doble cura del pecado,&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
Limpiándonos de su culpa y su poder”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si consideramos más detenidamente esta limpieza con sangre,&lt;br /&gt;
vemos que Aarón y sus hijos ponían sus manos sobre el cordero y&lt;br /&gt;
confesaban sus pecados. Entonces era inmolado el cordero, la sangre&lt;br /&gt;
era rociada sobre el altar y sobre la fuente y sobre todos los&lt;br /&gt;
utensilios del santuario y, después, sobre Aarón y sus hijos. ¡Cuán&lt;br /&gt;
profunda instrucción tenemos aquí! Si somos sacerdotes de Dios,&lt;br /&gt;
ponemos nuestra mano sobre Cristo, le aceptamos como nuestro&lt;br /&gt;
sustituto, y confiamos en esa sangre derramada para la remisión de&lt;br /&gt;
los pecados. Él no aceptará a ningún sacerdote en Su santuario que&lt;br /&gt;
no haya sido lavado con la sangre de Cristo. Mientras ésto no se haya&lt;br /&gt;
experimentado, todo servicio es una vana oblación que Él no puede&lt;br /&gt;
aceptar. Acude al altar, confiesa tu pecado, ponlo sobre el Cordero&lt;br /&gt;
de Dios, y entonces, pero no hasta entonces, tú puedes ser un&lt;br /&gt;
sacerdote santo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además, los sacerdotes eran lavados también en agua&lt;br /&gt;
posteriormente. En la primera ocasión eran lavados de la cabeza a&lt;br /&gt;
los pies; pero en ocasiones posteriores, cuando iban al tabernáculo,&lt;br /&gt;
sólo necesitaban lavar sus manos y sus pies. Lo mismo sucede con&lt;br /&gt;
nuestra vida cristiana. Por la aplicación de los méritos de nuestro&lt;br /&gt;
Señor, hecha por el Espíritu Santo, los creyentes son lavados&lt;br /&gt;
completamente, y no queda ni mancha ni arruga en su aceptación&lt;br /&gt;
para con Él. Pero aunque un hombre pueda estar perfectamente&lt;br /&gt;
limpio después de su baño, sus pies podrían ensuciarse cuando&lt;br /&gt;
camina hacia su habitación y necesita lavarlos otra vez. Por eso,&lt;br /&gt;
ustedes y yo, necesitamos orar: “Perdónanos nuestras deudas”,&lt;br /&gt;
aunque todas ellas hayan sido perdonadas. Estamos lavados, pero la&lt;br /&gt;
contaminación diaria exige una limpieza constante. Aunque todo&lt;br /&gt;
verdadero cristiano ha sido limpiado, igual que Pedro lo fue, no debe&lt;br /&gt;
decir: “No me lavarás los pies jamás”. Cuando Jesús viene por la&lt;br /&gt;
palabra y el espíritu que limpian, y se ciñe con la toalla y trae el&lt;br /&gt;
lebrillo, tenemos que estar dispuestos a dejar que nos limpie, es más,&lt;br /&gt;
tenemos que rogarle que lave nuestros pies, para que estemos&lt;br /&gt;
enteramente limpios. En verdad necesitamos orar: “Perdónanos&lt;br /&gt;
nuestras deudas”. No está en conflicto, en lo más mínimo, con la&lt;br /&gt;
doctrina de una completa santificación o de una completa&lt;br /&gt;
justificación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada uno de los sacerdotes era lavado y tenía un claro derecho de&lt;br /&gt;
entrar en el santuario; no obstante, tenía que lavarse las manos y los&lt;br /&gt;
pies cada vez que entraba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así también nosotros estamos limpios; Dios nos acepta; somos Sus&lt;br /&gt;
hijos y, no obstante, día a día, hemos de acudir a Él con la oración:&lt;br /&gt;
“¡Señor, límpiame de nuevo con la Sangre del Redentor; purifícame&lt;br /&gt;
por el lavatorio de agua de la Palabra!” Entonces, si viene la&lt;br /&gt;
contaminación, puede ser comprobado Su poder limpiador una y&lt;br /&gt;
otra vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien, amados, ¿hemos intentado alguna vez servir a Dios sin esta&lt;br /&gt;
limpieza? Si así fuera, debemos arrepentirnos de nuestra justicia&lt;br /&gt;
imaginaria, de la misma manera que debemos hacerlo de nuestros&lt;br /&gt;
pecados, pues incluso nuestras justicias no son nada sino pecados,&lt;br /&gt;
mientras no hayamos sido limpiados. ¿Anhelamos esta limpieza&lt;br /&gt;
perfecta? La fuente está llena; la sangre y el agua tienen la misma&lt;br /&gt;
eficacia que siempre han tenido. “Si ''vuestros'' pecados fueren como la&lt;br /&gt;
grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el&lt;br /&gt;
carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. Desciende y entra en este&lt;br /&gt;
baño celestial. Confía que Cristo te salva, y siendo limpiado por Él,&lt;br /&gt;
tú serás por siempre un miembro de este “sacerdocio santo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Refiriéndonos otra vez a Levítico 8, vemos que el segundo paso en el&lt;br /&gt;
ordenamiento del sacerdocio era que ESTABAN VESTIDOS&lt;br /&gt;
DIVINAMENTE. Por limpios que estuvieran, tenían que estar&lt;br /&gt;
vestidos apropiadamente, o no podían presentarse delante del&lt;br /&gt;
Señor. Se nos ha dado una lista de las vestiduras, y encontramos que&lt;br /&gt;
Aarón, como Sumo Sacerdote, estaba vestido suntuosamente, mas&lt;br /&gt;
no así sus hijos. En el versículo 13 se nos informa que tenían túnicas,&lt;br /&gt;
y cintos y tiaras. Demos una mirada a cada uno de éstos, pues están&lt;br /&gt;
cargados de significación espiritual. La ''“Túnica”'' es una vestidura&lt;br /&gt;
sacerdotal. Todos los que ministraban ante el altar se ponían un&lt;br /&gt;
efod, una túnica que colgaba de los hombros, generalmente de una&lt;br /&gt;
sola pieza, de un solo tejido de arriba abajo, semejante a la que&lt;br /&gt;
usaba el Señor Jesús. Así, todo creyente debe vestirse con la justicia&lt;br /&gt;
imputada de Jesús, que nos es dada en nuestra conversión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él oficia como Sumo Sacerdote delante del trono vestido de lino&lt;br /&gt;
blanco, y lo mismo hacen todos los santos; “porque el lino fino es las&lt;br /&gt;
acciones justas de los santos”, dice Juan en el Apocalipsis. Ahora,&lt;br /&gt;
nosotros no tenemos ninguna justicia propia, pero la voz del cielo&lt;br /&gt;
dice: “Yo te aconsejo que de mí compres… vestiduras blancas para&lt;br /&gt;
vestirte”. Nosotros venimos a Cristo tal como somos, y Él nos viste con Su justicia, activa y pasiva, y éste es el efod con el que&lt;br /&gt;
ministramos para Dios. Con la justicia de nuestro Señor que nos&lt;br /&gt;
viste, podemos presentarnos sin miedo delante del tremendo&lt;br /&gt;
escrutinio de los ojos de Dios, ahora y en el más allá, sin temer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Osado estaré en aquel gran día,&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
Pues, ¿quién me acusará de algo,&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
Habiendo sido absuelto por Tu sangre,&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
De la maldición y vergüenza tremendas del pecado?”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amado, ¿estás vestido de la justicia de tu Salvador? Entonces, ¡pasa&lt;br /&gt;
al frente, y oficia como Su sacerdote!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después del efod, venía ''el cinto''. En el caso de Aarón, se nos informa&lt;br /&gt;
que era un cinto “de obra primorosa”. ¡Ah, un cinto de obra muy&lt;br /&gt;
primorosa! ¡Cuán incomparable, cuán maravilloso es el cinto que&lt;br /&gt;
ciñe los lomos de Cristo! Él ciñe Su cintura con un cinto de oro. Su&lt;br /&gt;
fidelidad, Su verdad, Su amor, cada uno de Sus atributos de&lt;br /&gt;
excelencia, combinados, constituyen este cinto ‘de obra primorosa’&lt;br /&gt;
que ciñe al efod.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero todos los demás sacerdotes verdaderos tienen su cinto. Ustedes&lt;br /&gt;
y yo, si somos llamados a este santo oficio, hemos de ceñir nuestros&lt;br /&gt;
lomos, estando siempre listos para obedecer al instante el mandato&lt;br /&gt;
de Dios y deleitarnos en Su servicio. Los orientales usaban vestidos&lt;br /&gt;
sueltos y cuando estos vestidos se desplegaban, no podían darse&lt;br /&gt;
prisa en sus actividades. Por eso usaban el cinto para recoger sus&lt;br /&gt;
túnicas y para estar preparados para alguna labor especial, o&lt;br /&gt;
conflicto o lucha.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, todo sacerdote de Cristo debe usar su cinto de fidelidad. Hay un&lt;br /&gt;
mundo impío que siempre está en actitud vigilante. Tengan cuidado;&lt;br /&gt;
estén alerta. El pecado que tan fácilmente nos asedia podría echarles&lt;br /&gt;
una zancadilla. Asegúrense de estar bien preparados, de tal manera&lt;br /&gt;
que si el enemigo viene súbitamente, puedan enfrentarlo con valor, o&lt;br /&gt;
si un mensaje les llegara de su Señor, puedan cumplirlo con&lt;br /&gt;
diligencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra parte de las vestiduras del sacerdote se llama “la tiara”,&lt;br /&gt;
literalmente, ''el turbante''. Ésto era, así se nos dice, “para honra y&lt;br /&gt;
hermosura”. Ciertamente nuestro Señor ha puesto en Su pueblo Su&lt;br /&gt;
propia gloria y hermosura. No somos simplemente aceptables, sino&lt;br /&gt;
amados; no pasables, sino admirables; no simplemente no hemos de&lt;br /&gt;
ser condenados, sino que estamos llenos de belleza impartida. Jesús le dice a toda alma salvada: “Prendiste mi corazón, hermana, esposa&lt;br /&gt;
mía; has apresado mi corazón con uno de tus ojos, con una&lt;br /&gt;
gargantilla de tu cuello”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús se enamora de tal manera de Su propia imagen en cada alma&lt;br /&gt;
salvada, que Su corazón es cautivado. Aquí están “la honra y la&lt;br /&gt;
hermosura” con las que nos ha investido. Todo creyente es&lt;br /&gt;
considerado por Dios como si fuese Cristo. Cristo tomó tu lugar, y&lt;br /&gt;
fue maldecido por ti; tú tomas el lugar de Cristo, y a pesar de todas&lt;br /&gt;
las blasfemias, de todas las rebeldías, de todas las durezas que&lt;br /&gt;
puedas sentir por dentro, si tú estás verdaderamente en Cristo,&lt;br /&gt;
¡estás vestido de tal manera que la honra y la hermosura, que son&lt;br /&gt;
Divinas, son tuyas! Los sacerdotes no sólo eran lavados sino también&lt;br /&gt;
vestidos. ¡Alma mía, qué gozo es éste! ¡Pondéralo hasta el punto que&lt;br /&gt;
te domine y te cautive!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de ser lavados y vestidos, los sacerdotes procedían a SER&lt;br /&gt;
UNGIDOS. Ésto es mencionado más de una vez. La cabeza de Aarón&lt;br /&gt;
era ungida con el santo óleo, hasta deslizarse en la falda de su ropa.&lt;br /&gt;
Así Jesús fue ungido sin medida por el Espíritu Santo. Los otros&lt;br /&gt;
sacerdotes eran tocados también con el óleo: eran rociados con él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y tú y yo, si hemos sido lavados y vestidos, todavía debemos ser&lt;br /&gt;
ungidos. Hijo de Dios, ¿reconoces tú, clara e intensamente, tu&lt;br /&gt;
necesidad de esta unción? Si he predicado sin el Espíritu Santo, he&lt;br /&gt;
predicado en vano. Si he acudido a mi cámara de oración, sin&lt;br /&gt;
importar cuán sincero deseara ser, he orado en vano, a menos que el&lt;br /&gt;
Espíritu de Dios hubiere estado sobre mí. Esta unión es la suprema&lt;br /&gt;
necesidad del cristiano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El apreciado Joseph Irons solía decir muy a menudo cuando subía al&lt;br /&gt;
púlpito: “¡Oh, anhelamos una unción de lo alto!” Maestro de la&lt;br /&gt;
escuela dominical, tú eres un sacerdote y ésta es tu gran necesidad:&lt;br /&gt;
la unción. Ustedes, que predican en las calles, ustedes, que son&lt;br /&gt;
intercesores en privado por Cristo, ustedes, que buscan mostrar a&lt;br /&gt;
Dios en su vida diaria, todos ustedes necesitan la unción. ¿Qué cosa&lt;br /&gt;
nos es imposible hacer cuando el Espíritu está en nosotros, y qué&lt;br /&gt;
podríamos hacer si Él ocultara Su presencia y poder? ¡Como&lt;br /&gt;
sacerdotes de Dios, podemos y debemos tener una unción cotidiana&lt;br /&gt;
–un ungimiento- del Santo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de esto, ERAN CONSAGRADOS. Aquí he de extenderme&lt;br /&gt;
más que sobre el punto anterior. Esta escogencia para la función y la&lt;br /&gt;
obra sacerdotales, era sumamente notable. Encontramos que se tomaba sangre, y que Moisés tocaba con ella a los sacerdotes (según&lt;br /&gt;
el versículo 24) primero “sobre el lóbulo de sus orejas derechas,&lt;br /&gt;
sobre los pulgares de sus manos derechas y sobre los pulgares de sus&lt;br /&gt;
pies derechos; y roció Moisés la sangre sobre el altar alrededor”.&lt;br /&gt;
Esta descripción es muy detallada y sugerente. Todo cristiano ha de&lt;br /&gt;
ser consagrado a Dios, con sangre, en lo tocante ''a su oído''. Esto es,&lt;br /&gt;
tenemos que estar ávidos de oír la voz de Dios, ya sea en Su Palabra&lt;br /&gt;
impresa o predicada. “Bienaventurado el pueblo que sabe&lt;br /&gt;
aclamarte”. Ellos reconocen esa voz porque la sangre está sobre su&lt;br /&gt;
oído. Hemos de oír la voz de Dios en la providencia. Cuando hay un&lt;br /&gt;
ruido como de marcha por las copas de las balsameras, como David,&lt;br /&gt;
hemos de movernos. Debemos estar dispuestos a oír incluso a la&lt;br /&gt;
vara y a Aquel que la ha determinado. Hay muchas voces que el oído&lt;br /&gt;
santificado detecta, pero que el oído carnal no ha escuchado nunca.&lt;br /&gt;
El hombre piadoso tiene admoniciones del Altísimo cuando el&lt;br /&gt;
hombre natural no capta ningún susurro. Oír siempre “el silbo&lt;br /&gt;
apacible y delicado” es la audición que deberíamos desear. Así&lt;br /&gt;
también, con relación al hombre, deberíamos oír su miseria y sentir&lt;br /&gt;
por ella; oír su pecado, y pedirle a Dios su pleno perdón, como lo&lt;br /&gt;
hizo Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, por otro lado, hay algunos sonidos que el oído, así&lt;br /&gt;
consagrado, no debe oír. Hemos de ser sordos a las insinuaciones de&lt;br /&gt;
la suspicacia, la difamación de la calumnia, ¡ay!, un insulto&lt;br /&gt;
intencionado, para muchos, que de otra manera nos hubiera&lt;br /&gt;
provocado y enfadado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que podamos sentir siempre que así como había sangre sobre la&lt;br /&gt;
oreja del sacerdote, así todos nuestros poderes receptivos deben ser&lt;br /&gt;
consagrados a Dios. Si es así, he de sentir que hay algunos libros que&lt;br /&gt;
no puedo leer, pues tengo sangre sobre mi oído; hay algunas&lt;br /&gt;
canciones que no me atrevo a escuchar, alguna plática en la que no&lt;br /&gt;
me atrevo a participar, pues tengo un oído consagrado. He de usar&lt;br /&gt;
''eso'' para Él, pues yo soy Su sacerdote.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo siguiente en el orden, era ''el pulgar''. Ésto consagraba la mano. Y&lt;br /&gt;
así como el oído simboliza nuestras facultades receptivas, así la&lt;br /&gt;
mano representa nuestros poderes activos. Hay algunas cosas que no&lt;br /&gt;
debemos tocar ni palpar; hay algunas cosas que no podemos hacer,&lt;br /&gt;
en las que no podemos tener parte, es más, que no podemos ni&lt;br /&gt;
siquiera palpar. Puesto que nuestra mano ha sido santificada con la&lt;br /&gt;
sangre, todo lo que haga debe ser agradable a Dios. Yo sé que es un&lt;br /&gt;
error común pensar que no puedes servir a Dios a menos que te&lt;br /&gt;
subas a un púlpito, o asistas a una reunión de oración. ¡Tonterías! Tú puedes servir a Dios, verdaderamente, detrás del mostrador y en&lt;br /&gt;
el cuarto de trabajo; puedes servir a Dios cuando cavas una zanja, o&lt;br /&gt;
recortas un vallado. Yo creo que Dios es servido con frecuencia por el&lt;br /&gt;
sastre o el zapatero que están conscientes de su llamado, de la&lt;br /&gt;
misma manera que es servido por obispos y arzobispos, o por&lt;br /&gt;
hombres de cualquier iglesia en el mundo. De cualquier manera, si&lt;br /&gt;
tú no puedes servir a Dios en todo lo que haces, tienes la necesidad&lt;br /&gt;
de pedir que se te enseñe el secreto de la vida cristiana, pues ese&lt;br /&gt;
secreto es la consagración de todo a Jesucristo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Has de convertir tus vestidos en ornamentos, tus comidas en&lt;br /&gt;
sacramentos, cada uno de tus días en un día santo, cada una de tus&lt;br /&gt;
horas en un tiempo consagrado a Dios. Nuestra mano, con todas sus&lt;br /&gt;
múltiples actividades, debe ser consagrada –marcada con sangre- a&lt;br /&gt;
Él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de ésto, seguía el pie. La sangre era puesta sobre el pulgar&lt;br /&gt;
del pie derecho, de forma que los pies eran apartados para Dios. ¡Ah,&lt;br /&gt;
estas piernas nuestras solían llevarnos a los teatros! Podíamos correr&lt;br /&gt;
lo suficientemente rápido calle abajo con ellos. Yo recuerdo a un&lt;br /&gt;
hombre que se quedaba en el pasillo durante largo tiempo; decía que&lt;br /&gt;
quería “poner a servir a sus piernas”; él había servido con ellas al&lt;br /&gt;
demonio durante tanto tiempo que esas piernas debían soportar&lt;br /&gt;
ahora un poquito de incomodidad por su nuevo señor y maestro,&lt;br /&gt;
Jesucristo. Yo conozco a unos cuantos que solían caminar muchos&lt;br /&gt;
kilómetros para venir a la casa de Dios: diez kilómetros. Yo solía&lt;br /&gt;
decirles que era demasiado lejos. No era entonces demasiado lejos&lt;br /&gt;
para ustedes, pero últimamente se ha vuelto demasiado lejos. El&lt;br /&gt;
camino no se ha vuelto más largo, pero ustedes han retrocedido en lo&lt;br /&gt;
tocante a su celo, y cuando el celo declina, los kilómetros se vuelven&lt;br /&gt;
tristemente largos. Pero yo he observado que cuando hombres y&lt;br /&gt;
mujeres se encuentran en el debido estado mental, no importa&lt;br /&gt;
cuánto deban caminar, ni qué tengan que hacer por Cristo; el pie&lt;br /&gt;
consagrado puede hacerlo gozosamente. Si yo tengo un pie&lt;br /&gt;
consagrado, no he de permitirle que me lleve con malas compañías.&lt;br /&gt;
Si alguien les dijera: “¿puedes venir conmigo a tal y tal lugar?”,&lt;br /&gt;
ustedes deben responder: “¡No! ¡No puedo! ¡Tengo un pie que no&lt;br /&gt;
irá, y no puedo ir sin él! Y si alguien dijera: “¿Cuál es el problema&lt;br /&gt;
con tu pie?” Responde: “¡Tengo un pie que tiene sangre sobre él!”&lt;br /&gt;
Dirán: “¡Qué extraño!” No te entenderán. Pero si intentas explicarles&lt;br /&gt;
que la sangre de tu Señor Jesucristo te compró a ti y también a tu&lt;br /&gt;
pie, entonces entenderán que no puede ir a ninguna parte excepto&lt;br /&gt;
donde Cristo quiere que vaya. Eso podría significar que tendrás que&lt;br /&gt;
cambiar tu posición en la vida; has de reubicarte y decidir adónde irás. Toma esa decisión con base en el principio de que tienes un pie&lt;br /&gt;
consagrado. No vayas donde no puedas oír la pura Palabra de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un judío se enteró de un buen negocio que involucraba mucho&lt;br /&gt;
dinero, pero que estaba en un lugar donde no había una sinagoga; y&lt;br /&gt;
se enteró de otro negocio, cerca de una sinagoga, pero que tenía poca&lt;br /&gt;
actividad comercial y, siendo un judío piadoso, eligió el lugar con la&lt;br /&gt;
sinagoga. Me temo que sólo hay unos cuantos judíos que querrían&lt;br /&gt;
hacer eso y un igualmente escaso número de cristianos que piensen&lt;br /&gt;
primero en la casa de Dios y en oír el Evangelio. Es mejor tener una&lt;br /&gt;
comida de hierbas y el Evangelio con ella, que un novillo cebado y no&lt;br /&gt;
escuchar a la verdad de nuestro Señor Jesucristo. ¡Al elegir su hogar,&lt;br /&gt;
de hecho, en todo lo que concierne a su progreso en la vida, actúen&lt;br /&gt;
como si tuviesen, y como si supiesen que tienen, un pie consagrado!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juntándolo todo, eso ciertamente nos enseña que un cristiano,&lt;br /&gt;
siempre, y en todas partes, y enteramente, no se pertenece a sí&lt;br /&gt;
mismo, sino que está consagrado a Cristo. No meramente para ser&lt;br /&gt;
bautizado, para acercarse una vez al mes a la mesa del Señor, para&lt;br /&gt;
tomar un asiento y sentarse y de esta manera dar la impresión de&lt;br /&gt;
tener una mente celestial. Cualquier hipócrita puede hacer eso. Pero&lt;br /&gt;
la señal de un cristiano es ser tan honesto, recto, caritativo, amable,&lt;br /&gt;
semejante a Cristo y santo, de tal manera, que todos los que lo vean&lt;br /&gt;
sean forzados a decir: “Ese hombre es distinto a los demás&lt;br /&gt;
hombres”. El secreto, aunque ellos pudieran no descubrirlo, es que&lt;br /&gt;
mientras que otros hombres son sólo hombres comunes y están&lt;br /&gt;
ubicados donde el padre Adán los dejó en la caída, este hombre ha&lt;br /&gt;
sido hallado, y ha sido hecho nuevo en Jesucristo. ¡Oreja, pulgar y&lt;br /&gt;
pie, todos consagrados al servicio de Cristo!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recorriendo rápidamente el resto de este capítulo (Levítico 8),&lt;br /&gt;
observamos que ''la consagración era muy meticulosa.'' Se hace&lt;br /&gt;
mención de pan sin levadura. Ésto enseña que un cristiano no ha de&lt;br /&gt;
seguir la religión por motivos de honor, ganancia o fama. Nada de la&lt;br /&gt;
levadura de la hipocresía, o del mero formalismo, deben ser&lt;br /&gt;
tolerados. Debemos servir a Cristo por Cristo mismo, y seguir a Dios&lt;br /&gt;
porque nuestro corazón es recto para con Él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además, la consagración es expuesta –aunque tengo poco tiempo&lt;br /&gt;
para considerarlo- por las diferentes partes de la víctima que eran&lt;br /&gt;
ofrecidas a Dios. Observarán que los sentimientos más profundos&lt;br /&gt;
del cristiano deben estar con Dios, que las entrañas y la grosura de&lt;br /&gt;
los riñones debían ser quemadas sobre el altar. Así las emociones&lt;br /&gt;
más ricas y más plenas de la mente y del corazón del cristiano, deben pertenecerle a Dios, pues la grosura y el tuétano debían ser&lt;br /&gt;
quemados también; y la mayor fuerza del cristiano debe ser la del&lt;br /&gt;
Señor, pues la espaldilla derecha debía ser ofrecida como una&lt;br /&gt;
ofrenda mecida, y luego tenía que ser consumida con fuego.&lt;br /&gt;
Tenemos que dar a Dios nuestros más íntimos pensamientos,&lt;br /&gt;
nuestras pasiones más profundas, nuestra mayor fuerza.&lt;br /&gt;
“Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas”. Algunas&lt;br /&gt;
personas pueden hablar lo suficientemente fuerte como para&lt;br /&gt;
despertar a un pueblo cuando están en su negocio, pero cuando&lt;br /&gt;
vienen a orar, difícilmente puedes oírlos. Pero yo quisiera que un&lt;br /&gt;
cristiano nunca fuera un hombre tan completo o tan excelente como&lt;br /&gt;
cuando está sirviendo a Dios. Den al mundo, si quieren, las sobras&lt;br /&gt;
de su mente, de su alma y de su fortaleza; pero ¡den a Dios su&lt;br /&gt;
hombre entero, su vida interna y su vida externa, cada parte y poder&lt;br /&gt;
y pasión, llevados a su límite máximo, y todo ello entregado a Él!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, además, para concluir, ''la consagración del cristiano ha de ser&lt;br /&gt;
constante.'' Este notable capítulo me ha interesado grandemente al&lt;br /&gt;
observar que estos sacerdotes debían estar oficiando durante una&lt;br /&gt;
semana entera en el tabernáculo. No debían abandonar su santo&lt;br /&gt;
trabajo ni de día ni de noche. Cómo encontraban la suficiente&lt;br /&gt;
fortaleza, o si ésto realmente incluía tiempos absolutamente&lt;br /&gt;
necesarios de reposo, no podría decirlo. Pero dice que por siete días&lt;br /&gt;
debían servir sin interrupción tanto de día como de noche. Entonces,&lt;br /&gt;
el sacerdocio cristiano debe ser perpetuo. No debemos cesar de&lt;br /&gt;
servir a Dios. Ustedes han oído acerca de uno que estaba tan&lt;br /&gt;
enamorado, que en verdad comía, y bebía y dormía por el ser&lt;br /&gt;
amado; así el cristiano debe “hacerlo todo para la gloria de Dios”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dirá alguien: “¿puede hacerse éso? ¿Acaso hemos de seguir a los&lt;br /&gt;
monjes católicos y entrar a un monasterio?” ¡No!, no tengo ninguna&lt;br /&gt;
duda de que hacen bien en rasurarse sus cabezas; hay&lt;br /&gt;
probablemente una gran necesidad para ello. Pero a menos que nos&lt;br /&gt;
volvamos dementes, no hay necesidad de que imitemos su ejemplo.&lt;br /&gt;
El cristiano no ha de encerrarse, y convertirse en un eremita, y&lt;br /&gt;
pensar que por eso él puede cultivar la santidad. Eso es impiedad; la&lt;br /&gt;
santidad cristiana es social; es la luz de la palabra, la sal de la tierra.&lt;br /&gt;
Hemos de estar en el mundo, aunque no hemos de ser del mundo;&lt;br /&gt;
nuestro sacerdocio es ejercido en la calle, en el taller, en la familia y&lt;br /&gt;
junto a la chimenea. De día y de noche, hemos de ofrecer oraciones y&lt;br /&gt;
alabanzas y acciones de gracias a Dios, y así ser un sacerdote&lt;br /&gt;
perpetuamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, ¿de qué estoy hablando? Hay algunas personas aquí que nunca&lt;br /&gt;
han sido sacerdotes para Dios todavía. ¿Qué han estado haciendo&lt;br /&gt;
hoy? Pues bien, incluso en el día de guardar de Dios no le sirven,&lt;br /&gt;
sino que se sirven a ellas mismas. ¡Vamos, amigo! Dios no ha&lt;br /&gt;
cosechado nunca ni una solitaria espiga de tu campo. Ten cuidado,&lt;br /&gt;
no sea que habiendo vivido para ti, mueras para ti; habiendo vivido&lt;br /&gt;
sin Dios, mueras sin Dios y descubras que es algo tremendo&lt;br /&gt;
presentarte para ser juzgado sin un Salvador que sea tu ayudador o&lt;br /&gt;
tu sacerdote intercesor. Yo no te digo nada a ti acerca de ser un&lt;br /&gt;
sacerdote para Dios. Tú necesitas primero un sacerdote para ti&lt;br /&gt;
mismo. No acudas a ningún hombre. Ningún hombre tiene poder&lt;br /&gt;
para ayudarle a tu alma, excepto orar e interceder por ti. El poder&lt;br /&gt;
salvador y perdonador radica únicamente en Jesucristo. Míralo a Él;&lt;br /&gt;
confía en Su sacrificio; Él resucitó, Él ascendió, Él está a la diestra de&lt;br /&gt;
Dios. Hay vida en una mirada a Él. ¡Mira! ¡Confía! Y entonces serás&lt;br /&gt;
lavado, vestido, ungido, consagrado, y así servirás a Dios. Pero tu&lt;br /&gt;
primera ocupación es ir a Cristo. ¡Oh, que Cristo venga a ti, y te salve&lt;br /&gt;
ahora, y Él recibirá de nosotros la gloria, mundo sin fin! Amén.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>Pcain</name></author>	</entry>

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