Mantén el Evangelio a tu alcance
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Revisión de 19:47 28 nov 2025
Traducción por Bárbara
Por Stephen Witmer
sobre Santificación y Crecimiento
Hace unos meses, mi iglesia instaló un nuevo sistema de seguridad. Poco después, entré al edificio sin saber que el sistema estaba activo. Para mi sorpresa y consternación, un panel junto a la puerta empezó a contar regresivamente. Si no ingresaba mi código personal, sonaría la alarma. Sudando la gota gorda, intenté desesperadamente recordar el código. No pude. El tiempo se agotó. Una alarma empezó a sonar, lo que me dificultaba aún más pensar. Podía imaginar el titular: «Pastor arrestado entrando en su propia iglesia».
Afortunadamente, no hubo ninguna crisis. Mientras la alarma seguía sonando, el código me vino a la mente de repente. Lo marqué. Nada de policía. Se acabó la alarma. Bendito silencio.
¿Conocía el código durante esos primeros momentos de pánico absoluto? Sí y no. Lo sabía y lo desconocía a la vez. Debía de estar en algún lugar de mi mente (de lo contrario, no podría haberlo recordado después). Pero al principio, era inaccesible y, por lo tanto, inútil. Una cosa es tener un hecho enterrado en la cabeza y otra tenerlo al alcance de la mano.
Esto también aplica a la vida cristiana. Quizás tengamos los hecho básicos de la historia del evangelio presentes en nuestra mente, pero ¿es la verdad del evangelio accesible e impactante? ¿Está a nuestro alcance cuando recibimos críticas crueles, cuando un amigo nos traiciona, cuando la exploración médica nos preocupa? En esos momento, ¿realmente conocemos el evangelio?
«Quisiera recordarles» En 1 Corintios 15:1-4, el apóstol Pablo dice que escribe para recordarles a sus lectores lo que ya saben.
Ahora quisiera recordarles, hermanos, el evangelio que les prediqué, el cual recibieron, en el cual se mantienen firmes y por el cual son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué, a menos que hayan creído en vano. Porque les transmití, en primer lugar, lo que yo también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, y que fue sepultado… (1 Corintios 15:1-4)
Pablo había predicado el evangelio durante su estancia en Corinto. Algunos de sus oyentes habían «recibido» esa buena noticia. Y les quedó grabada; Pablo dice que ahora están en ella y son salvos por ella. Entonces, ¿por qué les recuerda ahora lo que ya saben? Porque quiere que el evangelio sea accesible e impactante. Quiere que lo conozcan.
Nuestras mentes están llenas de miles de pensamientos diarios. «Necesito comprar un galón de leche, llevar a los niños al entrenamiento de fútbol y programar una cita con el dentista». Están repletas de miles de historias profundas. «Estoy dañada, soy indefensa, incompetente». «Quiero que mis padres se sientan orgullosos». «Soy una buena persona, mejor que la mayoría». ¿Es la verdad del evangelio prominente y productiva en este montón de pensamientos e historias? ¿Marca la diferencia? ¿O, como mi código de alarma (que conocía pero desconocía), está enterrada en nuestras mentes, inaccesible e inútil?
Imagina que tienes una colección de siete mil monedas. Alguien tira otra al montón. Ahora eres dueño de esa moneda, ¡pero nunca la encontrarás! De igual manera, ¿cuán accesible e impactante es el evangelio entre nuestros miles de pensamientos?
Contenido |
Evangelio para ahora mismo
En 1 Corintios 15:1-4, Pablo destaca tres verdades sobre el evangelio. Este recordatorio no las introduce en nuestra mente por primera vez (si somos cristianos, ya están ahí). Al contrario, nos ayuda a extraerlas cuando las necesitamos. Pone la verdad dele evangelio a nuestro alcance.
1. La muerte de Jesús es de suma importancia
Pablo dice: «Porque os he transmitido, en primer lugar…», y luego destaca la muerte y resurrección de Jesús. La muerte de Jesús no es solo una cosa entre otras. Es lo más importante. Por eso Pablo dice anteriormente en su carta: «Decidí no saber nada entre vosotros, salvo a Jesucristo y a este crucificado» (1 Corintios 2:2).
La muerte de Jesús no es una moneda común y corriente que se arroja al montón con otras siete mil. Es la moneda de la suerte que se enmarca en la pared y se mira todos los días. La muerte de Jesús no es solo un hecho más entre todos los demás que hay en tu mente (hay sesenta minutos en una hora; Washington D.C. es la capital de Estados Unidos; la luna está a 384.000 kilómetros de la Tierra). No. La muerte de Jesús es de suma importancia.
2. La muerte de Jesús realmente ocurrió
Pablo dice que transmitió «lo que [él] también recibió» (1 Corintios 15:3). Eso significa que no se lo inventó. Más bien, él mismo se enteró de la muerte de Jesús antes de transmitirlo a otros. Fue alumno antes de ser maestro. Es probable que 1 Corintios 15:1-4 conserve las palabras de un credo cristiano y, de ser así, debe de haber sido uno muy antiguo, tal vez de la década en que vivió Jesús, porque Pablo lo aprendió antes de su labor misionera en Corinto en el año 49 d. C. Esto es una prueba de que la muerte de Jesús realmente ocurrió.
Además, Pablo dice: «Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras… fue sepultado» (1 Corintios 15:3-4). Aquí hay dos pruebas más de la muerte de Jesús: (1) Mucho antes de que sucediera, las Escrituras hebreas dijeron que sucedería, y (2) el cuerpo muerto de Jesús fue sepultado. José de Arimatea lo bajó de la cruz y lo colocó en una tumba, y los testigos observaron dónde fue depositado. Jesús realmente murió.
3. La muerte de Jesús salva
El evangelio de Pablo nos recuerda incluye el anuncio de que «Cristo murió por nuestros pecados» (1 Corintios 15:3). Cristo significa Mesías, el Salvador y Rey tan esperado, y ese Salvador murió «por nuestros pecados». Su muerte fue sustitutiva y expiatoria. Él soportó el castigo divino que merecían los pecadores.
¿Podría un sufrimiento físico severo o una experiencia cercana a la muerte haber logrado ese resultado? No por los pecados que Pablo ya había mencionado en su carta (1 Corintios 6:9-10), y no por los pecados que tú y yo hemos cometido. Jesús tenía que morir. Estábamos separados de Dios por el peso de nuestros pecados, pero «fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo» (Romanos 5:10). La muerte de Jesús salva.
Listos con el Evangelio
La muerte de Jesús es sumamente importante. La muerte de Jesús realmente ocurrió. La muerte de Jesús salva. Por supuesto, si somos cristianos, ya sabemos estas cosas. Pero ¿las sabemos realmente? ¿Son accesibles e impactantes? ¿Tienen relevancia en nuestras luchas diarias, nuestras inseguridades persistentes, nuestras aspiraciones más preciadas?
Si quisieras llevar un registro de esa nueva moneda que cayó entre otras siete mil, encontrarías la manera de mantenerla diferenciada y accesible. Tal vez la pintarías con spray de color amarillo brillante, o tal vez la mantendrías en la parte superior de la pila. Del mismo modo, podemos pintar con spray la verdad del Evangelio y mantenerla en primer lugar. Lo hacemos recordándonoslo regularmente: cantándolo con otros que lo atesoran como nosotros, leyéndolo a menudo en la Biblia y deteniéndonos lo suficiente para encender nuestros corazones, rezándolo en todos rincones y recovecos de nuestras vidas.
Engrasamos y limpiamos fielmente la espada del Espíritu para que esté lista para la batalla en cualquier momento. Murmuramos diariamente el código de alarma para no quedarnos en blanco cuando comience la cuenta atrás. «Ahora bien, hermanos, les recuerdo el evangelio que les prediqué» (1 Corintios 15:1). Recordemos lo que sabemos.
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