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		<title>Libros y Sermones BÃ­blicos - Contribuciones del usuario [es]</title>
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		<updated>2026-04-05T03:53:13Z</updated>
		<subtitle>De Libros y Sermones BÃ­blicos</subtitle>
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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Que_mi_deleite_est%C3%A9_en_ella</id>
		<title>Que mi deleite esté en ella</title>
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				<updated>2019-08-23T20:21:45Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|May She Be My Delight}}====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casi ya sin poder agacharse, su amor hizo que se convirtiera en un jardinero aficionado. Todas las mañanas, Roy, de 90 años, se sujetaba a un árbol para blandir su cuchillo y podar las raíces de un árbol contiguo que amenazaba con destruir la tumba de su esposa. Aun cuando ya había pasado más de una década desde su partida, él hablaba de ella y la cuidaba como si se hubiera ido con el Señor ayer. Hizo uso de su fuerza para protegerla en vida y ahora doblaba su envejecida espalda para protegerla en la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La felicidad que había tenido en su amada por más de cincuenta años hizo que las lágrimas se asomaran a mis ojos. Él contaba cómo caminaban juntos a la iglesia, cómo criaron juntos a sus hijos, cómo envejecieron juntos, cómo reían, cómo lloraban y cómo oraban juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos contó cómo se conocieron y cómo él, un pícaro en su juventud, le dio el primer beso en medio de la calle. El movimiento de arriba abajo de sus cejas, la entonación musical y los ojos humedecidos daban testimonio de que su deleite en ella no había menguado. Rebosaba a través de su sonrisa, se filtraba en sus frases y teñía las rodillas de sus pantalones con la tierra del cementerio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo ella ahora inasequible, estando fuera del alcance del oído y fuera de este mundo, el corazón de él todavía cantaba su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====¿Es ella nuestro deleite?====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por razones que no siempre podemos articular, escenas como esta nos conmueven, y con justa razón. Su deleite en su esposa comunicaba algo más que el valor de ella; comunicaba algo celestial. Cuando Dios recorre la tierra buscando una analogía para mostrar su omnipotente felicidad en su pueblo redimido, apunta al fervor de los esposos jóvenes, un ardor que, en hombres piadosos como Roy, solo aumenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Porque como el joven se desposa con la doncella,&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
se desposarán contigo tus hijos;&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
y ''como se regocija el esposo por la esposa,''&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
tu Dios se regocijará por ti. (Isaías 62:5)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo se regocija por su novia. Pasaremos toda la eternidad inmersos en el calor de su amor. Sin embargo, aun cuando el diamante de este versículo comienza a cautivarnos, también corta. Cuando otros observan mi relación con mi esposa, ¿pueden ver algo del deleite de Dios en la suya? ¿Pueden ver los demás claramente que llamo a mi novia de la misma manera en que mi Señor llama a la suya cuando dice: “Mi deleite está en ella” (Isaías 62:4)? ¿Se ha oscurecido el amor de Cristo en el mío?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Transmito mi convicción para que los demás esposos lo consideren: ¿Es ella tu deleite? ¿Transmitimos (tal vez no de manera perfecta, pero sí verdadera), como en una pintura, la imagen de la pasión de Dios en nuestros matrimonios? ¿Qué estandarte hacemos flamear sobre ella? En el libro de Cantares, la esposa afirma: “su estandarte sobre mí es el amor” (Cantar de los Cantares 2:4). ¿Puede el nuestro decir lo mismo? Hermanos, que nunca se diga de nosotros:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;“Su estandarte sobre mí es la ''indiferencia''”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mí es la ''rudeza''”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mí es el ''lamento''”&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señor, ayúdanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Casarse con la mujer equivocada====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la primera esposa de Jacob debería advertirnos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era evidente para todos que Jacob “amó más a Raquel que a Lea” (Génesis 29:30). Raquel era hermosa; Lea tenía “ojos delicados” y era menos atractiva. Jacob trabajó siete años para ganar a Raquel y “le parecieron unos pocos días, por el amor que le tenía” (Génesis 29:20), pero se lamentó por Lea desde el momento en que se dio cuenta de que su tío lo había engañado para que se casara con ella en lugar de su hermana. Después de casarse con ambas, Jacob erigió dos estandartes diferentes sobre cada una de ellas por el resto de sus vidas. Y Dios lo vio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Creador de Lea —siendo ella portadora de su imagen y de su preocupación— miró ambos matrimonios de Jacob y ¿qué fue lo que vio? A Raquel, a quien Jacob amaba, y a Lea, a quien Jacob aborrecía (Génesis 29:31). Al ver a su hija ser tan despreciada, Dios consideró su aflicción porque su esposo no la amaba y abrió su vientre en lugar del de su hermana (Génesis 29:32).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera culminante y agonizante, Lea dio a luz un hijo tras otro guardando la misma esperanza con cada nuevo hijo: “''ahora'' mi marido me amará. [...] ''Ahora'' esta vez mi marido se apegará a mí” (Génesis 29:32, 34). Finalmente, cuando nació su cuarto hijo, Judá, ella perdió las esperanzas de que su esposo la amara y puso su mirada en el Señor para alabarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más allá de la advertencia que conlleva esta historia, de que las mujeres jóvenes no deberían idolatrar el amor de sus esposos, no debemos pasar por alto la tragedia: el estandarte del esposo sobre ella era el ''desdén''. ¿Se convierte ella automáticamente en una idólatra por anhelar que él se deleitara en ella? ¿Qué pasa con las mujeres que hoy son como Lea? Tal vez su declaración final de alabanza a Dios habla tanto en acusación de su esposo como de la santificación de Lea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El punto para los esposos hoy radica en lo siguiente: No nos hemos casado con una Lea. No nos casamos con la mujer equivocada. El anillo, el pacto y el matrimonio hacen que ella sea, en todo momento, nuestra Raquel. No debemos pasarla por alto. No debemos despreciarla, compararla ni dar por hecho que ella está allí presente. Ella es carne de tu carne y hueso de tus huesos. Es tu cierva amante, tu graciosa gacela. Tu lirio. Tu hermosa mujer. Fuente de tu deseo y manantial de tu deleite. Y no necesita darte hijos o éxito en tu carrera profesional, ni tener un físico tallado a cincel para recibir de ti un amor que la haga sonrojar y que la proteja hasta el sepulcro.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios no ''tolera'' a su iglesia. No la ''pasa por alto''. No se levanta de mañana pensando que se casó con la mujer equivocada. La familiaridad no apaga su pasión. La eternidad le parecerá solo un momento por su amor a ella. Ella no maquina estrategias para ganarse su abrazo. Él agotó sus fuerzas por ella cuando vivió en la tierra y fue herido por las transgresiones de ella para cortar las raíces de la muerte y protegerla del sepulcro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un amor maravilloso, un amor santo, un amor, para darle una analogía terrenal, que Dios muestra a través del esposo en nuestros matrimonios: “Y como se regocija el esposo por la esposa, tu Dios se regocijará por ti” (Isaías 62:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro deleite en ella habla del deleite de él en nosotros; nuestros matrimonios hablan del suyo (Efesios 5:32). Al igual que Roy, nosotros imitamos al Novio desafiando a Satanás, la carne y el mundo para levantar nuestro estandarte sobre ella: ''Mi deleite está en ella''. No que “ella es la que me cocina y me limpia la casa”. No que “ella es la madre de mis hijos”. Más bien, “ella es mi escogida, mi favorita, la más bella para mí”. Ella se filtra en nuestras frases. Nuestros corazones cantan su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oremos una y otra vez: “Señor, que mi deleite en ella crezca”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|May She Be My Delight}}====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casi ya sin poder agacharse, su amor hizo que se convirtiera en un jardinero aficionado. Todas las mañanas, Roy, de 90 años, se sujetaba a un árbol para blandir su cuchillo y podar las raíces de un árbol contiguo que amenazaba con destruir la tumba de su esposa. Aun cuando ya había pasado más de una década desde su partida, él hablaba de ella y la cuidaba como si se hubiera ido con el Señor ayer. Hizo uso de su fuerza para protegerla en vida y ahora doblaba su envejecida espalda para protegerla en la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La felicidad que había tenido en su amada por más de cincuenta años hizo que las lágrimas se asomaran a mis ojos. Él contaba cómo caminaban juntos a la iglesia, cómo criaron juntos a sus hijos, cómo envejecieron juntos, cómo reían, cómo lloraban y cómo oraban juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos contó cómo se conocieron y cómo él, un pícaro en su juventud, le dio el primer beso en medio de la calle. El movimiento de arriba abajo de sus cejas, la entonación musical y los ojos humedecidos daban testimonio de que su deleite en ella no había menguado. Rebosaba a través de su sonrisa, se filtraba en sus frases y teñía las rodillas de sus pantalones con la tierra del cementerio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo ella ahora inasequible, estando fuera del alcance del oído y fuera de este mundo, el corazón de él todavía cantaba su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====¿Es ella nuestro deleite?====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por razones que no siempre podemos articular, escenas como esta nos conmueven, y con justa razón. Su deleite en su esposa comunicaba algo más que el valor de ella; comunicaba algo celestial. Cuando Dios recorre la tierra buscando una analogía para mostrar su omnipotente felicidad en su pueblo redimido, apunta al fervor de los esposos jóvenes, un ardor que, en hombres piadosos como Roy, solo aumenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Porque como el joven se desposa con la doncella,&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
se desposarán contigo tus hijos;&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
y ''como se regocija el esposo por la esposa,''&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
tu Dios se regocijará por ti. (Isaías 62:5)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo se regocija por su novia. Pasaremos toda la eternidad inmersos en el calor de su amor. Sin embargo, aun cuando el diamante de este versículo comienza a cautivarnos, también corta. Cuando otros observan mi relación con mi esposa, ¿pueden ver algo del deleite de Dios en la suya? ¿Pueden ver los demás claramente que llamo a mi novia de la misma manera en que mi Señor llama a la suya cuando dice: “Mi deleite está en ella” (Isaías 62:4)? ¿Se ha oscurecido el amor de Cristo en el mío?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Transmito mi convicción para que los demás esposos lo consideren: ¿Es ella tu deleite? ¿Transmitimos (tal vez no de manera perfecta, pero sí verdadera), como en una pintura, la imagen de la pasión de Dios en nuestros matrimonios? ¿Qué estandarte hacemos flamear sobre ella? En el libro de Cantares, la esposa afirma: “su estandarte sobre mí es el amor” (Cantar de los Cantares 2:4). ¿Puede el nuestro decir lo mismo? Hermanos, que nunca se diga de nosotros:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;“Su estandarte sobre mí es la ''indiferencia''”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mí es la ''rudeza''”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mí es el ''lamento''”&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señor, ayúdanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Casarse con la mujer equivocada====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la primera esposa de Jacob debería advertirnos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era evidente para todos que Jacob “amó más a Raquel que a Lea” (Génesis 29:30). Raquel era hermosa; Lea tenía “ojos delicados” y era menos atractiva. Jacob trabajó siete años para ganar a Raquel y “le parecieron unos pocos días, por el amor que le tenía” (Génesis 29:20). Jacob se lamentó por Lea desde el momento en que se dio cuenta de que su tío lo había engañado para que se casara con ella en lugar de su hermana. Después de casarse con ambas, Jacob erigió dos estandartes diferentes sobre cada una de ellas por el resto de sus vidas. Y Dios lo vio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Creador de Lea —siendo ella portadora de su imagen y de su preocupación— miró ambos matrimonios de Jacob y ¿qué fue lo que vio? A Raquel, a quien Jacob amaba, y a Lea, a quien Jacob aborrecía (Génesis 29:31). Al ver a su hija ser tan despreciada, Dios consideró su aflicción porque su esposo no la amaba y abrió su vientre en lugar del de su hermana (Génesis 29:32).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera culminante y agonizante, Lea dio a luz un hijo tras otro guardando la misma esperanza con cada nuevo hijo: “''ahora'' mi marido me amará. [...] ''Ahora'' esta vez mi marido se apegará a mí” (Génesis 29:32, 34). Finalmente, cuando nació su cuarto hijo, Judá, ella perdió las esperanzas de que su esposo la amara y puso su mirada en el Señor para alabarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más allá de la advertencia que conlleva esta historia, de que las mujeres jóvenes no deberían idolatrar el amor de sus esposos, no debemos pasar por alto la tragedia: el estandarte del esposo sobre ella era el ''desdén''. ¿Se convierte ella automáticamente en una idólatra por anhelar que él se deleitara en ella? ¿Qué pasa con las mujeres que hoy son como Lea? Tal vez su declaración final de alabanza a Dios habla tanto en acusación de su esposo como de la santificación de Lea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El punto para los esposos hoy radica en lo siguiente: No nos hemos casado con una Lea. No nos casamos con la mujer equivocada. El anillo, el pacto y el matrimonio hacen que ella sea, en todo momento, nuestra Raquel. No debemos pasarla por alto. No debemos despreciarla, compararla ni dar por hecho que ella está allí presente. Ella es carne de tu carne y hueso de tus huesos. Es tu cierva amante, tu graciosa gacela. Tu lirio. Tu hermosa mujer. Fuente de tu deseo y manantial de tu deleite. Y no necesita darte hijos o éxito en tu carrera profesional, ni tener un físico tallado a cincel para recibir de ti un amor que la haga sonrojar y que la proteja hasta el sepulcro.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios no ''tolera'' a su iglesia. No la ''pasa por alto''. No se levanta de mañana pensando que se casó con la mujer equivocada. La familiaridad no apaga su pasión. La eternidad le parecerá solo un momento por su amor a ella. Ella no maquina estrategias para ganarse su abrazo. Él agotó sus fuerzas por ella cuando vivió en la tierra y fue herido por las transgresiones de ella para cortar las raíces de la muerte y protegerla del sepulcro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un amor maravilloso, un amor santo, un amor, para darle una analogía terrenal, que Dios muestra a través del esposo en nuestros matrimonios: “Y como se regocija el esposo por la esposa, tu Dios se regocijará por ti” (Isaías 62:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro deleite en ella habla del deleite de él en nosotros; nuestros matrimonios hablan del suyo (Efesios 5:32). Al igual que Roy, nosotros imitamos al Novio desafiando a Satanás, la carne y el mundo para levantar nuestro estandarte sobre ella: ''Mi deleite está en ella''. No que “ella es la que me cocina y me limpia la casa”. No que “ella es la madre de mis hijos”. Más bien, “ella es mi escogida, mi favorita, la más bella para mí”. Ella se filtra en nuestras frases. Nuestros corazones cantan su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oremos una y otra vez: “Señor, que mi deleite en ella crezca”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<title>Que mi deleite esté en ella</title>
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				<updated>2019-08-23T20:03:37Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|May She Be My Delight}}====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casi ya sin poder agacharse, su amor hizo que se convirtiera en un jardinero aficionado. Todas las mañanas, Roy, de 90 años, se sujetaba a un árbol para blandir su cuchillo y podar las raíces de un árbol contiguo que amenazaba con destruir la tumba de su esposa. Aun cuando ya había pasado más de una década desde su partida, él hablaba de ella y la cuidaba como si se hubiera ido con el Señor ayer. Hizo uso de su fuerza para protegerla en vida y ahora doblaba su envejecida espalda para protegerla en la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La felicidad que había tenido en su amada por más de cincuenta años hizo que las lágrimas se asomaran a mis ojos. Él contaba cómo caminaban juntos a la iglesia, cómo criaron juntos a sus hijos, cómo envejecieron juntos, cómo reían, cómo lloraban y cómo oraban juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos contó cómo se conocieron y cómo él, un pícaro en su juventud, le dio el primer beso en medio de la calle. El movimiento de arriba abajo de sus cejas, la entonación musical y los ojos humedecidos daban testimonio de que su deleite en ella no había menguado. Rebosaba a través de su sonrisa, se filtraba en sus frases y teñía las rodillas de sus pantalones con la tierra del cementerio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo ella ahora inasequible, estando fuera del alcance del oído y fuera de este mundo, el corazón de él todavía cantaba su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====¿Es ella nuestro deleite?====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por razones que no siempre podemos articular, escenas como esta nos conmueven, y con justa razón. Su deleite en su esposa comunicaba algo más que el valor de ella; comunicaba algo celestial. Cuando Dios recorre la tierra buscando una analogía para mostrar su omnipotente felicidad en su pueblo redimido, apunta al fervor de los esposos jóvenes, un ardor que, en hombres piadosos como Roy, solo aumenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Porque como el joven se desposa con la doncella,&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
se desposarán contigo tus hijos;&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
y ''como se regocija el esposo por la esposa,''&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
tu Dios se regocijará por ti. (Isaías 62:5)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo se regocija por su novia. Pasaremos toda la eternidad inmersos en el calor de su amor. Sin embargo, aun cuando el diamante de este versículo comienza a cautivarnos, también corta. Cuando otros observan mi relación con mi esposa, ¿pueden ver algo del deleite de Dios en la suya? ¿Pueden ver los demás claramente que llamo a mi novia de la misma manera en que mi Señor llama a la suya cuando dice: “Mi deleite está en ella” (Isaías 62:4)? ¿Se ha oscurecido el amor de Cristo en el mío?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Transmito mi convicción para que los demás esposos lo consideren: ¿Es ella tu deleite? ¿Transmitimos (tal vez no de manera perfecta, pero sí verdadera), como en una pintura, la imagen de la pasión de Dios en nuestros matrimonios? ¿Qué estandarte hacemos flamear sobre ella? En el libro de Cantares, la esposa afirma: “su estandarte sobre mí es el amor” (Cantar de los Cantares 2:4). ¿Puede el nuestro decir lo mismo? Hermanos, que nunca se diga de nosotros:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;“Su estandarte sobre mí es la ''indiferencia''”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mí es la ''rudeza''”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mí es el ''lamento''”&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señor, ayúdanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Casarse con la mujer equivocada====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la primera esposa de Jacob debería advertirnos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era evidente para todos que Jacob “amó más a Raquel que a Lea” (Génesis 29:30). Raquel era hermosa; Lea tenía “ojos delicados” y era menos atractiva. Jacob trabajó siete años para ganar a Raquel y “le parecieron unos pocos días, por el amor que le tenía” (Génesis 29:20). Jacob se lamentó por Lea desde el momento en que se dio cuenta de que su tío lo había engañado para que se casara con ella en lugar de su hermana. Después de casarse con ambas, Jacob erigió dos estandartes diferentes sobre cada una de ellas por el resto de sus vidas. Y Dios lo vio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Creador de Lea —siendo ella portadora de su imagen y de su preocupación— miró ambos matrimonios de Jacob y ¿qué fue lo que vio? A Raquel, a quien Jacob amaba, y a Lea, a quien Jacob aborrecía (Génesis 29:31). Al ver a su hija ser tan despreciada, Dios consideró su aflicción porque su esposo no la amaba y abrió su vientre en lugar del de su hermana (Génesis 29:32).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera culminante y agonizante, Lea dio a luz un hijo tras otro guardando la misma esperanza con cada nuevo hijo: “''ahora'' mi marido me amará. [...] ''Ahora'' esta vez mi marido se apegará a mí” (Génesis 29:32, 34). Finalmente, cuando nació su cuarto hijo, Judá, ella perdió las esperanzas de que su esposo la amara y puso su mirada en el Señor para alabarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Más allá de la advertencia que conlleva esta historia, de que las mujeres jóvenes no deberían idolatrar el amor de sus esposos, no debemos pasar por alto la tragedia: el estandarte del esposo sobre ella era el ''desdén''. ¿Se convierte ella automáticamente en una idólatra por anhelar que él se deleitara en ella? ¿Qué pasa con las mujeres que hoy son como Lea? Tal vez su declaración final de alabanza a Dios habla tanto en acusación de su esposo como de la santificación de Lea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El punto para los esposos hoy radica en lo siguiente: No nos hemos casado con una Lea. No nos casamos con la mujer equivocada. El anillo, el pacto y el matrimonio hacen que ella sea, en todo momento, nuestra Raquel. No debemos pasarla por alto. No debemos despreciarla, compararla ni dar por hecho que ella está allí presente. Ella es carne de tu carne y hueso de tus huesos. Es tu cierva amante, tu graciosa gacela. Tu lirio. Tu hermosa mujer. Fuente de tu deseo y manantial de tu deleite. Y no necesita darte hijos o éxito en tu carrera profesional, ni tener un físico tallado a cincel para recibir de ti un amor que la haga sonrojar y que la proteja hasta el sepulcro.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios no es ''consentidor'' con su iglesia. No la ''ignora''. No se levanta de mañana pensando que se casó con la mujer equivocada. La familiaridad no apaga su pasión. La eternidad le parecerá como un momento por amor a ella. Ella no maquina para ganarse un abrazo de Él. Agotó sus fuerzas por ella cuando vivió en la tierra y fue clavado por las transgresiones de ella para darle cuchilladas a las raíces de la muerte y protegerla del sepulcro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este es un amor maravilloso, un amor santo, un amor que, para darle una analogía terrenal, Dios muestra a través de los esposos en nuestros matrimonios: “Y como se regocija el esposo por la esposa, tu Dios se regocijará por ti” (Isaías 62:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de que nuestro deleite en ella sea su deleite en nosotros y que nuestros matrimonios se traten del suyo (Efesios 5:32). Al igual que Roy, nosotros imitamos al Novio desafiando a satanás, la carne y el mundo para plantar nuestro estandarte en ella: ''Mi deleite está en ella''. No, “ella es la que me cocina y limpia”. No, “la madre de mis hijos”. Pero sí, “mi escogida, mi favorita, la más bella para mí”. Ella se filtra en nuestras frases. Nuestros corazones cantan su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oremos una y otra vez: “Señor, que mi deleite en ella crezca”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Que_mi_deleite_est%C3%A9_en_ella</id>
		<title>Que mi deleite esté en ella</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Que_mi_deleite_est%C3%A9_en_ella"/>
				<updated>2019-08-23T19:51:31Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|May She Be My Delight}}====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casi ya sin poder agacharse, su amor hizo que se convirtiera en un jardinero aficionado. Todas las mañanas, Roy, de 90 años, se sujetaba a un árbol para blandir su cuchillo y podar las raíces de un árbol contiguo que amenazaba con destruir la tumba de su esposa. Aun cuando ya había pasado más de una década desde su partida, él hablaba de ella y la cuidaba como si se hubiera ido con el Señor ayer. Hizo uso de su fuerza para protegerla en vida y ahora doblaba su envejecida espalda para protegerla en la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La felicidad que había tenido en su amada por más de cincuenta años hizo que las lágrimas se asomaran a mis ojos. Él contaba cómo caminaban juntos a la iglesia, cómo criaron juntos a sus hijos, cómo envejecieron juntos, cómo reían, cómo lloraban y cómo oraban juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos contó cómo se conocieron y cómo él, un pícaro en su juventud, le dio el primer beso en medio de la calle. El movimiento de arriba abajo de sus cejas, la entonación musical y los ojos humedecidos daban testimonio de que su deleite en ella no había menguado. Rebosaba a través de su sonrisa, se filtraba en sus frases y teñía las rodillas de sus pantalones con la tierra del cementerio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo ella ahora inasequible, estando fuera del alcance del oído y fuera de este mundo, el corazón de él todavía cantaba su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====¿Es ella nuestro deleite?====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por razones que no siempre podemos articular, escenas como esta nos conmueven, y con justa razón. Su deleite en su esposa comunicaba algo más que el valor de ella; comunicaba algo celestial. Cuando Dios recorre la tierra buscando una analogía para mostrar su omnipotente felicidad en su pueblo redimido, apunta al fervor de los esposos jóvenes, un ardor que, en hombres piadosos como Roy, solo aumenta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Porque como el joven se desposa con la doncella,&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
se desposarán contigo tus hijos;&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
y ''como se regocija el esposo por la esposa,''&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
tu Dios se regocijará por ti. (Isaías 62:5)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo se regocija por su novia. Pasaremos toda la eternidad inmersos en el calor de su amor. Sin embargo, aun cuando el diamante de este versículo comienza a cautivarnos, también corta. Cuando otros observan mi relación con mi esposa, ¿pueden ver algo del deleite de Dios en la suya? ¿Pueden ver los demás claramente que llamo a mi novia de la misma manera en que mi Señor llama a la suya cuando dice: “Mi deleite está en ella” (Isaías 62:4)? ¿Se ha oscurecido el amor de Cristo en el mío?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Transmito mi convicción para que los demás esposos lo consideren: ¿Es ella tu deleite? ¿Transmitimos (tal vez no de manera perfecta, pero sí verdadera), como en una pintura, la imagen de la pasión de Dios en nuestros matrimonios? ¿Qué estandarte hacemos flamear sobre ella? En el libro de Cantares, la esposa afirma: “su estandarte sobre mí es el amor” (Cantar de los Cantares 2:4). ¿Puede el nuestro decir lo mismo? Hermanos, que nunca se diga de nosotros:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;“Su estandarte sobre mí es la ''indiferencia''”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mí es la ''rudeza''”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mí es el ''lamento''”&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señor, ayúdanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Casarse con la mujer equivocada====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la primera novia de Jacob nos persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos sabemos que Jacob “amaba a Raquel más que a Lea” (Génesis 29:30). Raquel era hermosa y Lea tenía “ojos delicados” y era poco atractiva. Jacob trabajó siete años para ganar a Raquel y “le parecieron unos pocos días por el amor que le tenía” (Génesis 29:20). Jacob expresaba a Lea su pesar por el momento en que se dio cuenta de que su tío lo había engañado al casarse con ella en lugar de su hermana. Después de casarse con ambas, Jacob hizo volar dos estandartes diferentes sobre cada una de ellas por el resto de sus vidas. Y Dios lo vio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Creador de Lea, del cual llevaba la imagen y su preocupacion, observó ambos matrimonios de Jacob y ¿qué fue lo que vio? A Raquel, a quien Jacob amaba, y a Lea, a quien “aborrecía” (Génesis 29:31). Al ver a su hija tan despreciada, Dios consideró su aflicción porque su esposo no la amaba y abrió su vientre en lugar del de su hermana (Génesis 29:32).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera culminante y agonizante, Lea dio a luz un hijo tras otro con la esperanza de que con cada nuevo hijo “''ahora mi marido me amará…”. Ahora esta vez mi marido se apegará a mí''” (Génesis 29:32, 34). Finalmente, cuando nació su cuarto hijo, Judá, ella perdió las esperanzas de que su esposo la amara y puso su enfoque en alabar al Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cualquiera que sea el grado de precaución que conlleve esta historia en advertir a las mujeres jóvenes de idolatrar el amor de sus esposos, no debemos subestimar la tragedia: El estandarte del esposo sobre ella era el ''desdén''. ¿Era ella automáticamente una idólatra porque anhelaba que él se deleitara en ella? ¿Y qué de las mujeres de hoy como Lea? Tal vez la declaración final de alabar a Dios habla tanto de la acusación a su esposo como de la santificación en Lea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El punto radica para los esposos de hoy en esto: No nos hemos casado con una Lea. No nos hemos casado con la mujer equivocada. El anillo, el pacto y el matrimonio hacen que ella sea nuestra Raquel en todo momento. No debe subestimarse. No debe depreciarse, compararse o asumirse. Ella es carne de tu carne y hueso de tus huesos. Tu amante cierva y tu graciosa gacela. Tu lirio. Tu hermosa mujer. Fuente de tu deseo y manantial de tu deleite. Y no necesita darte hijos, éxito en tu carrera profesional o tener un físico pincelado para recibir tu amor que la proteja hasta el sepulcro y que la haga enrojecer.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios no es ''consentidor'' con su iglesia. No la ''ignora''. No se levanta de mañana pensando que se casó con la mujer equivocada. La familiaridad no apaga su pasión. La eternidad le parecerá como un momento por amor a ella. Ella no maquina para ganarse un abrazo de Él. Agotó sus fuerzas por ella cuando vivió en la tierra y fue clavado por las transgresiones de ella para darle cuchilladas a las raíces de la muerte y protegerla del sepulcro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este es un amor maravilloso, un amor santo, un amor que, para darle una analogía terrenal, Dios muestra a través de los esposos en nuestros matrimonios: “Y como se regocija el esposo por la esposa, tu Dios se regocijará por ti” (Isaías 62:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de que nuestro deleite en ella sea su deleite en nosotros y que nuestros matrimonios se traten del suyo (Efesios 5:32). Al igual que Roy, nosotros imitamos al Novio desafiando a satanás, la carne y el mundo para plantar nuestro estandarte en ella: ''Mi deleite está en ella''. No, “ella es la que me cocina y limpia”. No, “la madre de mis hijos”. Pero sí, “mi escogida, mi favorita, la más bella para mí”. Ella se filtra en nuestras frases. Nuestros corazones cantan su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oremos una y otra vez: “Señor, que mi deleite en ella crezca”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Que_mi_deleite_est%C3%A9_en_ella</id>
		<title>Que mi deleite esté en ella</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Que_mi_deleite_est%C3%A9_en_ella"/>
				<updated>2019-08-23T18:30:01Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|May She Be My Delight}}====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casi ya sin poder agacharse, su amor hizo que se convirtiera en un jardinero aficionado. Todas las mañanas, Roy, de 90 años, se sujetaba a un árbol para blandir su cuchillo y podar las raíces de un árbol contiguo que amenazaba con destruir la tumba de su esposa. Aun cuando ya había pasado más de una década desde su partida, él hablaba de ella y la cuidaba como si se hubiera ido con el Señor ayer. Hizo uso de su fuerza para protegerla en vida y ahora doblaba su envejecida espalda para protegerla en la muerte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La felicidad que había tenido en su amada por más de cincuenta años hizo que las lágrimas se asomaran a mis ojos. Él contaba cómo caminaban juntos a la iglesia, cómo criaron juntos a sus hijos, cómo envejecieron juntos, cómo reían, cómo lloraban y cómo oraban juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos contó cómo se conocieron y cómo él, un pícaro en su juventud, le dio el primer beso en medio de la calle. El movimiento de arriba abajo de sus cejas, la entonación musical y los ojos humedecidos daban testimonio de que su deleite en ella no había menguado. Rebosaba a través de su sonrisa, se filtraba en sus frases y teñía las rodillas de sus pantalones con la tierra del cementerio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siendo ella ahora inasequible, estando fuera del alcance del oído y fuera de este mundo, el corazón de él todavía cantaba su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====¿Es ella nuestro deleite?====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por razones que no siempre podemos articular, escenas como esta nos conmueven. Y con justa razón. Su deleite en su novia comunicaba algo más que su valor; comunicaba algo celestial. Cuando Dios sondea la tierra buscando una analogía para mostrar su omnipotente felicidad en su pueblo redimido, apunta al fervor de los esposos jóvenes, un ardor que solo aumenta en hombres de Dios como Roy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque como el joven se desposa con la doncella,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Se desposarán contigo tus hijos;&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
Y como se regocija el esposo por la esposa,&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
Tu Dios se regocijará por ti. (Isaías 62:5)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo se regocija por su novia. Pasaremos toda la eternidad inmersos en el calor de su amor. Pero, después de que el diamante en este versículo comienza a cautivar, también corta. Cuando otros observan mi relación con mi esposa, ¿pueden ver algo del deleite de Dios en la suya? ¿Pueden ver los demás claramente que llamo a mi novia de la misma manera que mi Señor llama a la suya cuando dice: “Mi deleite está en ella” (Isaías 65:2)? ¿Se ha oscurecido el amor de Cristo en el mío?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Transmito mi convicción para que los demás esposos lo consideren. ¿Es ella tu deleite? ¿Transmitimos (tal vez no de manera perfecta, pero verdadera) como en una pintura la pasión de Dios en nuestros matrimonios? ¿Cuál es el estandarte que hacemos volar sobre ella? En el libro de Cantares, la esposa afirma: “Su estandarte sobre mí es el amor” (Cantar de los Cantares 2:4). ¿Puede el de nosotros decir lo mismo? Hermanos, que nunca se diga de nosotros:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;“Su estandarte sobre mi es la indiferencia”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mi es la dureza”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mi es el lamento”&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señor, ayúdanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Casarse con la mujer equivocada====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la primera novia de Jacob nos persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos sabemos que Jacob “amaba a Raquel más que a Lea” (Génesis 29:30). Raquel era hermosa y Lea tenía “ojos delicados” y era poco atractiva. Jacob trabajó siete años para ganar a Raquel y “le parecieron unos pocos días por el amor que le tenía” (Génesis 29:20). Jacob expresaba a Lea su pesar por el momento en que se dio cuenta de que su tío lo había engañado al casarse con ella en lugar de su hermana. Después de casarse con ambas, Jacob hizo volar dos estandartes diferentes sobre cada una de ellas por el resto de sus vidas. Y Dios lo vio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Creador de Lea, del cual llevaba la imagen y su preocupacion, observó ambos matrimonios de Jacob y ¿qué fue lo que vio? A Raquel, a quien Jacob amaba, y a Lea, a quien “aborrecía” (Génesis 29:31). Al ver a su hija tan despreciada, Dios consideró su aflicción porque su esposo no la amaba y abrió su vientre en lugar del de su hermana (Génesis 29:32).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera culminante y agonizante, Lea dio a luz un hijo tras otro con la esperanza de que con cada nuevo hijo “''ahora mi marido me amará…”. Ahora esta vez mi marido se apegará a mí''” (Génesis 29:32, 34). Finalmente, cuando nació su cuarto hijo, Judá, ella perdió las esperanzas de que su esposo la amara y puso su enfoque en alabar al Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cualquiera que sea el grado de precaución que conlleve esta historia en advertir a las mujeres jóvenes de idolatrar el amor de sus esposos, no debemos subestimar la tragedia: El estandarte del esposo sobre ella era el ''desdén''. ¿Era ella automáticamente una idólatra porque anhelaba que él se deleitara en ella? ¿Y qué de las mujeres de hoy como Lea? Tal vez la declaración final de alabar a Dios habla tanto de la acusación a su esposo como de la santificación en Lea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El punto radica para los esposos de hoy en esto: No nos hemos casado con una Lea. No nos hemos casado con la mujer equivocada. El anillo, el pacto y el matrimonio hacen que ella sea nuestra Raquel en todo momento. No debe subestimarse. No debe depreciarse, compararse o asumirse. Ella es carne de tu carne y hueso de tus huesos. Tu amante cierva y tu graciosa gacela. Tu lirio. Tu hermosa mujer. Fuente de tu deseo y manantial de tu deleite. Y no necesita darte hijos, éxito en tu carrera profesional o tener un físico pincelado para recibir tu amor que la proteja hasta el sepulcro y que la haga enrojecer.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios no es ''consentidor'' con su iglesia. No la ''ignora''. No se levanta de mañana pensando que se casó con la mujer equivocada. La familiaridad no apaga su pasión. La eternidad le parecerá como un momento por amor a ella. Ella no maquina para ganarse un abrazo de Él. Agotó sus fuerzas por ella cuando vivió en la tierra y fue clavado por las transgresiones de ella para darle cuchilladas a las raíces de la muerte y protegerla del sepulcro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este es un amor maravilloso, un amor santo, un amor que, para darle una analogía terrenal, Dios muestra a través de los esposos en nuestros matrimonios: “Y como se regocija el esposo por la esposa, tu Dios se regocijará por ti” (Isaías 62:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de que nuestro deleite en ella sea su deleite en nosotros y que nuestros matrimonios se traten del suyo (Efesios 5:32). Al igual que Roy, nosotros imitamos al Novio desafiando a satanás, la carne y el mundo para plantar nuestro estandarte en ella: ''Mi deleite está en ella''. No, “ella es la que me cocina y limpia”. No, “la madre de mis hijos”. Pero sí, “mi escogida, mi favorita, la más bella para mí”. Ella se filtra en nuestras frases. Nuestros corazones cantan su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oremos una y otra vez: “Señor, que mi deleite en ella crezca”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
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		<title>Que mi deleite esté en ella</title>
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				<updated>2019-08-23T18:19:34Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|May She Be My Delight}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casi ya sin poder agacharse, su amor hizo que se convirtiera en un jardinero aficionado. Todas las mañanas, Roy, de 90 años, se agarraba a un árbol para darle cuchilladas a las raíces de un árbol contiguo que amenazaba con destruir el sepulcro de su esposa. Aun cuando ya había pasado más de una década desde su partida, él hablaba de ella y la cuidaba como si se hubiera ido con el Señor ayer. Hacía uso de su fuerza para ella cuando estaba viva, y ahora doblaba su envejecida espalda para protegerla ya muerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su felicidad en su amada por más de cincuenta años hizo que las lágrimas cayeran de mis ojos. El volvía a contar cómo caminaban juntos a la iglesia, cómo criaban juntos a sus hijos, cómo envejecían juntos, cómo se reían, cómo lloraban y cómo oraban juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos contó cómo se conocieron por primera vez y cómo él, un pícaro en su juventud, le dio el primer beso en mitad de la calle. El movimiento de arriba abajo de sus cejas, la entonación musical y los ojos llorosos daban testimonio de que su deleite en ella no había disminuido. Su deleite rebosaba a través de su sonrisa, se filtraba en sus frases, y teñía las rodillas de sus pantalones con lodo del cementerio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era algo fuera de alcance, fuera de alcance al oído, fuera de este mundo que su corazón todavía cantara su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====¿Es ella nuestro deleite?====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por razones que no siempre podemos articular, escenas como esta nos conmueven. Y con justa razón. Su deleite en su novia comunicaba algo más que su valor; comunicaba algo celestial. Cuando Dios sondea la tierra buscando una analogía para mostrar su omnipotente felicidad en su pueblo redimido, apunta al fervor de los esposos jóvenes, un ardor que solo aumenta en hombres de Dios como Roy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque como el joven se desposa con la doncella,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Se desposarán contigo tus hijos;&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
Y como se regocija el esposo por la esposa,&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
Tu Dios se regocijará por ti. (Isaías 62:5)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cristo se regocija por su novia. Pasaremos toda la eternidad inmersos en el calor de su amor. Pero, después de que el diamante en este versículo comienza a cautivar, también corta. Cuando otros observan mi relación con mi esposa, ¿pueden ver algo del deleite de Dios en la suya? ¿Pueden ver los demás claramente que llamo a mi novia de la misma manera que mi Señor llama a la suya cuando dice: “Mi deleite está en ella” (Isaías 65:2)? ¿Se ha oscurecido el amor de Cristo en el mío?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Transmito mi convicción para que los demás esposos lo consideren. ¿Es ella tu deleite? ¿Transmitimos (tal vez no de manera perfecta, pero verdadera) como en una pintura la pasión de Dios en nuestros matrimonios? ¿Cuál es el estandarte que hacemos volar sobre ella? En el libro de Cantares, la esposa afirma: “Su estandarte sobre mí es el amor” (Cantar de los Cantares 2:4). ¿Puede el de nosotros decir lo mismo? Hermanos, que nunca se diga de nosotros:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;“Su estandarte sobre mi es la indiferencia”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mi es la dureza”&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
“Su estandarte sobre mi es el lamento”&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Señor, ayúdanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Casarse con la mujer equivocada====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia de la primera novia de Jacob nos persigue.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos sabemos que Jacob “amaba a Raquel más que a Lea” (Génesis 29:30). Raquel era hermosa y Lea tenía “ojos delicados” y era poco atractiva. Jacob trabajó siete años para ganar a Raquel y “le parecieron unos pocos días por el amor que le tenía” (Génesis 29:20). Jacob expresaba a Lea su pesar por el momento en que se dio cuenta de que su tío lo había engañado al casarse con ella en lugar de su hermana. Después de casarse con ambas, Jacob hizo volar dos estandartes diferentes sobre cada una de ellas por el resto de sus vidas. Y Dios lo vio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Creador de Lea, del cual llevaba la imagen y su preocupacion, observó ambos matrimonios de Jacob y ¿qué fue lo que vio? A Raquel, a quien Jacob amaba, y a Lea, a quien “aborrecía” (Génesis 29:31). Al ver a su hija tan despreciada, Dios consideró su aflicción porque su esposo no la amaba y abrió su vientre en lugar del de su hermana (Génesis 29:32).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De manera culminante y agonizante, Lea dio a luz un hijo tras otro con la esperanza de que con cada nuevo hijo “''ahora mi marido me amará…”. Ahora esta vez mi marido se apegará a mí''” (Génesis 29:32, 34). Finalmente, cuando nació su cuarto hijo, Judá, ella perdió las esperanzas de que su esposo la amara y puso su enfoque en alabar al Señor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cualquiera que sea el grado de precaución que conlleve esta historia en advertir a las mujeres jóvenes de idolatrar el amor de sus esposos, no debemos subestimar la tragedia: El estandarte del esposo sobre ella era el ''desdén''. ¿Era ella automáticamente una idólatra porque anhelaba que él se deleitara en ella? ¿Y qué de las mujeres de hoy como Lea? Tal vez la declaración final de alabar a Dios habla tanto de la acusación a su esposo como de la santificación en Lea. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El punto radica para los esposos de hoy en esto: No nos hemos casado con una Lea. No nos hemos casado con la mujer equivocada. El anillo, el pacto y el matrimonio hacen que ella sea nuestra Raquel en todo momento. No debe subestimarse. No debe depreciarse, compararse o asumirse. Ella es carne de tu carne y hueso de tus huesos. Tu amante cierva y tu graciosa gacela. Tu lirio. Tu hermosa mujer. Fuente de tu deseo y manantial de tu deleite. Y no necesita darte hijos, éxito en tu carrera profesional o tener un físico pincelado para recibir tu amor que la proteja hasta el sepulcro y que la haga enrojecer.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración para todo esposo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios no es ''consentidor'' con su iglesia. No la ''ignora''. No se levanta de mañana pensando que se casó con la mujer equivocada. La familiaridad no apaga su pasión. La eternidad le parecerá como un momento por amor a ella. Ella no maquina para ganarse un abrazo de Él. Agotó sus fuerzas por ella cuando vivió en la tierra y fue clavado por las transgresiones de ella para darle cuchilladas a las raíces de la muerte y protegerla del sepulcro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este es un amor maravilloso, un amor santo, un amor que, para darle una analogía terrenal, Dios muestra a través de los esposos en nuestros matrimonios: “Y como se regocija el esposo por la esposa, tu Dios se regocijará por ti” (Isaías 62:5).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de que nuestro deleite en ella sea su deleite en nosotros y que nuestros matrimonios se traten del suyo (Efesios 5:32). Al igual que Roy, nosotros imitamos al Novio desafiando a satanás, la carne y el mundo para plantar nuestro estandarte en ella: ''Mi deleite está en ella''. No, “ella es la que me cocina y limpia”. No, “la madre de mis hijos”. Pero sí, “mi escogida, mi favorita, la más bella para mí”. Ella se filtra en nuestras frases. Nuestros corazones cantan su nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oremos una y otra vez: “Señor, que mi deleite en ella crezca”.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia</id>
		<title>Cómo ayudar a tus hijos a leer la Biblia</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia"/>
				<updated>2019-08-22T18:36:24Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Help Your Children Read the Bible}}Los padres cristianos comprometidos desean ayudar a sus hijos a aprender a leer, entender y amar la Biblia y a confiar en ella, pero para la mayoría de nosotros esta tarea resulta un reto significativo e incluso atemorizante. La Biblia es tan extensa y compleja que intimida hasta a los adultos. Entonces ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a conocer el libro más importante que se haya escrito jamás y a comenzar a desarrollar el hábito de disfrutarlo día a día?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay fórmula sencilla para el éxito. Cada niño es diferente y el Espíritu Santo obra de maneras y en tiempos diferentes con cada uno de ellos. Sin embargo, he hallado ciertos ''medios de gracia'' que por lo general han sido efectivos. Como padre de cinco hijos y como pastor, compartiré contigo ocho de estos medios que me han resultado útiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1.	Dales una Biblia que les guste====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Alguna vez les has dado a tus hijos una Biblia propia, exclusivamente para ellos? Si no la tienen, invierte en una. Cómprales la mejor Biblia que puedas pagarles, una que a ellos les guste tomarla en sus manos y observarla, que comunique lo especial y valioso que es este libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las editoriales producen Biblias hermosas, con cubiertas y papel de calidad. Tal vez consideres comprarles una Biblia de estudio para niños. Crossway recientemente publicó la ''Illuminated Bible'' (Biblia Iluminada) y, tan pronto como mis hijos adolescentes la vieron, quisieron tomarla en sus manos, hojearla  y leerla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dales a tus hijos una Biblia que rebose de valor, belleza y calidad, y que transmita su propio mensaje poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2.	Dales un ejemplo a seguir====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, la mejor de las Biblias con el tiempo terminará en un estante empolvado si nuestros hijos no nos ven leer nuestra propia Biblia con constancia, entusiasmo y gozo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De niño, jamás pude entender por qué mi padre se levantaba mucho antes que los demás solo para leer la Biblia antes de salir al trabajo.  También recuerdo que me intrigaba el hábito que tenía mi abuela enferma de leer la Biblia siempre que tenía la oportunidad. ¿Por qué alguien tan anciano querría leer tanto la Biblia? Si bien cuando era niño no podía entender esto, ambos ejemplos dejaron una profunda impresión en mí, que hasta el día de hoy me afecta consciente e inconscientemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====3.	Dales un motivo convincente====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conozco a un joven a quien se le hace difícil salir de la cama en las mañanas para ir a trabajar. En ocasiones, él oprime la opción “aplazar” de la alarma seis veces. Hemos conversado sobre eso y, aunque es muy trabajador, ha perdido de vista el ''porqué'' de su trabajo, lo que le hace difícil mantenerse motivado. El ''porqué'' no es lo suficientemente importante para que él desee levantarse cuando suena la alarma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si queremos que nuestros hijos lean la Biblia, tenemos que darles un porqué importante. “¡Simplemente hazlo!” no es suficiente. ¿Por qué leer la Biblia todos los días? Porque junto con la predicación fiel de la palabra de Dios, la lectura diaria de la Biblia es la principal manera —y la más habitual— en la que Dios nos habla hoy.  Las Escrituras no son solo palabras de sabiduría que contribuyen a mejorar nuestra vida, sino las palabras de vida eterna que pueden hacernos “sabio[s] para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====4. Dales un plan sencillo y práctico ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez que les damos el ''porqué'', necesitamos mostrarles el ''cómo''.  ¿Cómo harán esto? ¿Por dónde empezar? ¿Cuánto deberían leer por día? ¿Qué deberían leer: el Nuevo o el Antiguo Testamento?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Necesitamos darles un plan sencillo y práctico. De lo contrario, nuestros hijos solo saltarán de un pasaje a otro de la Biblia y, al no tener un sentido de propósito o progreso, con el tiempo abandonarán la lectura. Idealmente, un plan de lectura los llevaría poco a poco a recorrer las secciones más importantes de la Biblia por medio de lecturas diarias de extensiones razonables. Hay muchos planes de lectura de la Biblia que podrías darles a tus hijos, o bien puedes diseñar tu propio plan a la medida de tus hijos (he esbozado un método en mi libro ''Exploring the Bible: A Bible Reading Plan for Kids'' [Explorando la Biblia: un plan de lectura bíblica para niños]). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No creas que necesitas dar con el plan perfecto de manera inmediata. Pide en oración la guía del Espíritu y ayuda a tus hijos a experimentar con la lectura hasta encontrar un plan que a ellos les sirva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.	Hazles preguntas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando era niño, mi padre probaba diferentes estrategias para hacerme leer la Biblia, pero la más efectiva era hacerme preguntas. A veces me hacía una pregunta sencilla para que yo la respondiera de acuerdo con lo que estaba leyendo. Eso le garantizaba que tendría que leer el pasaje para encontrar la respuesta, pero también me entrenaba para formular mis propias preguntas sobre la Biblia. Me creó el hábito de interactuar con las Escrituras, de manera que no la leía de forma pasiva, sino activa. Las preguntas solían estar relacionadas con el contenido del pasaje, pero a medida que crecía en edad, las preguntas se concentraban cada vez más en su significado y aplicación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que he intentado que mis hijos se hagan son: ¿Qué nos enseña este pasaje sobre Dios? ¿Y sobre el pecado? ¿Sobre la salvación? ¿Sobre Cristo? ¿Sobre el evangelio? ¿Sobre la vida en este mundo y la vida venidera? Puede que se te ocurran otros interrogantes, pero enséñales a indagar sobre el texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====6.	Dales respuestas cuando tengan dudas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus hijos tendrán sus propias dudas sobre los textos que no entiendan o sobre la fiabilidad de la Biblia. Estas dudas deben ser bienvenidas. Pregúntales con frecuencia si tienen alguna duda sobre lo que están leyendo. Hazles saber que deseas que ellos acudan a ti con sus interrogantes sobre la Biblia y, especialmente, sobre cómo se relaciona con su propia vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizás te hagan preguntas que no sepas responder. No hay problema. Solo diles que estudiarás para encontrar la respuesta, o que le pedirás ayuda a un pastor o a un cristiano maduro. Asegúrate de tomar con seriedad lo que sea que te pregunten y siempre dales una respuesta si quieres que continúen preguntando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====7.	Anímalos a continuar leyendo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores hábitos que desarrollamos como familia es el de reunirnos entre 10 y 15 minutos, cuando llegábamos de ir a la iglesia los domingos a la mañana, para conversar sobre sus lecturas bíblicas a lo largo de la última semana. Así verificábamos si habían respondido sus preguntas y les dábamos la oportunidad de hablar sobre lo que habían aprendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como los niños ya se han vuelto mayores, ya no lo hacemos tan seguido. En lugar de eso, intentamos hablar,  de manera informal, acerca de lo que están leyendo. Sin embargo, el solo hecho de mostrar un interés continuo y de tener comunión en la palabra de Dios, al menos unos minutos de vez en cuando, anima a nuestros hijos a continuar leyendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====8.	Muéstrales gracia en sus fracasos ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al  igual que tú, tus hijos fallarán. Se les olvidará leer. Simularán haber leído. Serán apáticos y perezosos. Te dirán todo tipo de excusas. No te rindas.   ¡Muéstrales misericordia!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tus hijos no han nacido de nuevo, te decepcionarán en este punto una y otra vez. No te rindas. ¡Muéstrales gracia! Ser muy legalista podría convertir la lectura de la Biblia en una obra de justicia. Ten  misericordia. Continúa  señalándoles la gracia de Cristo y su evangelio para cubrir  sus pecados y motivarlos a la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores regalos que puedes darles a tus hijos es familiarizarlos con la Biblia y su mensaje. Dales una Biblia que les guste, un ejemplo a seguir, una motivación importante, un plan sencillo y práctico, preguntas para hacerle a la Biblia y respuestas a sus preguntas sobre la Biblia. Anímalos a continuar leyendo y muéstrales misericordia en sus tropiezos y fracasos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia</id>
		<title>Cómo ayudar a tus hijos a leer la Biblia</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia"/>
				<updated>2019-08-22T18:35:50Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Help Your Children Read the Bible}}Los padres cristianos comprometidos desean ayudar a sus hijos a aprender a leer, entender y amar la Biblia y a confiar en ella, pero para la mayoría de nosotros esta tarea resulta un reto significativo e incluso atemorizante. La Biblia es tan extensa y compleja que intimida hasta a los adultos. Entonces ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a conocer el libro más importante que se haya escrito jamás y a comenzar a desarrollar el hábito de disfrutarlo día a día?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay fórmula sencilla para el éxito. Cada niño es diferente y el Espíritu Santo obra de maneras y en tiempos diferentes con cada uno de ellos. Sin embargo, he hallado ciertos ''medios de gracia'' que por lo general han sido efectivos. Como padre de cinco hijos y como pastor, compartiré contigo ocho de estos medios que me han resultado útiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1.	Dales una Biblia que les guste====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Alguna vez les has dado a tus hijos una Biblia propia, exclusivamente para ellos? Si no la tienen, invierte en una. Cómprales la mejor Biblia que puedas pagarles, una que a ellos les guste tomarla en sus manos y observarla, que comunique lo especial y valioso que es este libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las editoriales producen Biblias hermosas, con cubiertas y papel de calidad. Tal vez consideres comprarles una Biblia de estudio para niños. Crossway recientemente publicó la ''Illuminated Bible'' (Biblia Iluminada) y, tan pronto como mis hijos adolescentes la vieron, quisieron tomarla en sus manos, hojearla  y leerla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dales a tus hijos una Biblia que rebose de valor, belleza y calidad, y que transmita su propio mensaje poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2.	Dales un ejemplo a seguir====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, la mejor de las Biblias con el tiempo terminará en un estante empolvado si nuestros hijos no nos ven leer nuestra propia Biblia con constancia, entusiasmo y gozo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De niño, jamás pude entender por qué mi padre se levantaba mucho antes que los demás solo para leer la Biblia antes de salir al trabajo.  También recuerdo que me intrigaba el hábito que tenía mi abuela enferma de leer la Biblia siempre que tenía la oportunidad. ¿Por qué alguien tan anciano querría leer tanto la Biblia? Si bien cuando era niño no podía entender esto, ambos ejemplos dejaron una profunda impresión en mí, que hasta el día de hoy me afecta consciente e inconscientemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====3.	Dales un motivo convincente====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conozco a un joven a quien se le hace difícil salir de la cama en las mañanas para ir a trabajar. En ocasiones, él oprime la opción “aplazar” de la alarma seis veces. Hemos conversado sobre eso y, aunque es muy trabajador, ha perdido de vista el ''porqué'' de su trabajo, lo que le hace difícil mantenerse motivado. El ''porqué'' no es lo suficientemente importante para que él desee levantarse cuando suena la alarma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si queremos que nuestros hijos lean la Biblia, tenemos que darles un porqué importante. “¡Simplemente hazlo!” no es suficiente. ¿Por qué leer la Biblia todos los días? Porque junto con la predicación fiel de la palabra de Dios, la lectura diaria de la Biblia es la principal manera —y la más habitual— en la que Dios nos habla hoy.  Las Escrituras no son solo palabras de sabiduría que contribuyen a mejorar nuestra vida, sino las palabras de vida eterna que pueden hacernos “sabio[s] para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====4. Dales un plan sencillo y práctico ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez que les damos el ''porqué'', necesitamos mostrarles el ''cómo''.  ¿Cómo harán esto? ¿Por dónde empezar? ¿Cuánto deberían leer por día? ¿Qué deberían leer: el Nuevo o el Antiguo Testamento?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Necesitamos darles de un plan sencillo y práctico. De lo contrario, nuestros hijos solo saltarán de un pasaje a otro de la Biblia y, al no tener un sentido de propósito o progreso, con el tiempo abandonarán la lectura. Idealmente, un plan de lectura los llevaría poco a poco a recorrer las secciones más importantes de la Biblia por medio de lecturas diarias de extensiones razonables. Hay muchos planes de lectura de la Biblia que podrías darles a tus hijos, o bien puedes diseñar tu propio plan a la medida de tus hijos (he esbozado un método en mi libro ''Exploring the Bible: A Bible Reading Plan for Kids'' [Explorando la Biblia: un plan de lectura bíblica para niños]). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No creas que necesitas dar con el plan perfecto de manera inmediata. Pide en oración la guía del Espíritu y ayuda a tus hijos a experimentar con la lectura hasta encontrar un plan que a ellos les sirva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.	Hazles preguntas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando era niño, mi padre probaba diferentes estrategias para hacerme leer la Biblia, pero la más efectiva era hacerme preguntas. A veces me hacía una pregunta sencilla para que yo la respondiera de acuerdo con lo que estaba leyendo. Eso le garantizaba que tendría que leer el pasaje para encontrar la respuesta, pero también me entrenaba para formular mis propias preguntas sobre la Biblia. Me creó el hábito de interactuar con las Escrituras, de manera que no la leía de forma pasiva, sino activa. Las preguntas solían estar relacionadas con el contenido del pasaje, pero a medida que crecía en edad, las preguntas se concentraban cada vez más en su significado y aplicación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que he intentado que mis hijos se hagan son: ¿Qué nos enseña este pasaje sobre Dios? ¿Y sobre el pecado? ¿Sobre la salvación? ¿Sobre Cristo? ¿Sobre el evangelio? ¿Sobre la vida en este mundo y la vida venidera? Puede que se te ocurran otros interrogantes, pero enséñales a indagar sobre el texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====6.	Dales respuestas cuando tengan dudas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus hijos tendrán sus propias dudas sobre los textos que no entiendan o sobre la fiabilidad de la Biblia. Estas dudas deben ser bienvenidas. Pregúntales con frecuencia si tienen alguna duda sobre lo que están leyendo. Hazles saber que deseas que ellos acudan a ti con sus interrogantes sobre la Biblia y, especialmente, sobre cómo se relaciona con su propia vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizás te hagan preguntas que no sepas responder. No hay problema. Solo diles que estudiarás para encontrar la respuesta, o que le pedirás ayuda a un pastor o a un cristiano maduro. Asegúrate de tomar con seriedad lo que sea que te pregunten y siempre dales una respuesta si quieres que continúen preguntando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====7.	Anímalos a continuar leyendo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores hábitos que desarrollamos como familia es el de reunirnos entre 10 y 15 minutos, cuando llegábamos de ir a la iglesia los domingos a la mañana, para conversar sobre sus lecturas bíblicas a lo largo de la última semana. Así verificábamos si habían respondido sus preguntas y les dábamos la oportunidad de hablar sobre lo que habían aprendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como los niños ya se han vuelto mayores, ya no lo hacemos tan seguido. En lugar de eso, intentamos hablar,  de manera informal, acerca de lo que están leyendo. Sin embargo, el solo hecho de mostrar un interés continuo y de tener comunión en la palabra de Dios, al menos unos minutos de vez en cuando, anima a nuestros hijos a continuar leyendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====8.	Muéstrales gracia en sus fracasos ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al  igual que tú, tus hijos fallarán. Se les olvidará leer. Simularán haber leído. Serán apáticos y perezosos. Te dirán todo tipo de excusas. No te rindas.   ¡Muéstrales misericordia!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tus hijos no han nacido de nuevo, te decepcionarán en este punto una y otra vez. No te rindas. ¡Muéstrales gracia! Ser muy legalista podría convertir la lectura de la Biblia en una obra de justicia. Ten  misericordia. Continúa  señalándoles la gracia de Cristo y su evangelio para cubrir  sus pecados y motivarlos a la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores regalos que puedes darles a tus hijos es familiarizarlos con la Biblia y su mensaje. Dales una Biblia que les guste, un ejemplo a seguir, una motivación importante, un plan sencillo y práctico, preguntas para hacerle a la Biblia y respuestas a sus preguntas sobre la Biblia. Anímalos a continuar leyendo y muéstrales misericordia en sus tropiezos y fracasos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia</id>
		<title>Cómo ayudar a tus hijos a leer la Biblia</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia"/>
				<updated>2019-08-22T18:31:06Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Help Your Children Read the Bible}}Los padres cristianos comprometidos desean ayudar a sus hijos a aprender a leer, entender y amar la Biblia y a confiar en ella, pero para la mayoría de nosotros esta tarea resulta un reto significativo e incluso atemorizante. La Biblia es tan extensa y compleja que intimida hasta a los adultos. Entonces ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a conocer el libro más importante que se haya escrito jamás y a comenzar a desarrollar el hábito de disfrutarlo día a día?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay fórmula sencilla para el éxito. Cada niño es diferente y el Espíritu Santo obra de maneras y en tiempos diferentes con cada uno de ellos. Sin embargo, he hallado ciertos ''medios de gracia'' que por lo general han sido efectivos. Como padre de cinco hijos y como pastor, compartiré contigo ocho de estos medios que me han resultado útiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1.	Dales una Biblia que les guste====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Alguna vez les has dado a tus hijos una Biblia propia, exclusivamente para ellos? Si no la tienen, invierte en una. Cómprales la mejor Biblia que puedas pagarles, una que a ellos les guste tomarla en sus manos y observarla, que comunique lo especial y valioso que es este libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las editoriales producen Biblias hermosas, con cubiertas y papel de calidad. Tal vez consideres comprarles una Biblia de estudio para niños. Crossway recientemente publicó la ''Illuminated Bible'' (Biblia Iluminada) y, tan pronto como mis hijos adolescentes la vieron, quisieron tomarla en sus manos, hojearla  y leerla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dales a tus hijos una Biblia que rebose de valor, belleza y calidad, y que transmita su propio mensaje poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2.	Dales un ejemplo a seguir====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, la mejor de las Biblias con el tiempo terminará en un estante empolvado si nuestros hijos no nos ven leer nuestra propia Biblia con constancia, entusiasmo y gozo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De niño, jamás pude entender por qué mi padre se levantaba mucho antes que los demás solo para leer la Biblia antes de salir al trabajo.  También recuerdo que me intrigaba el hábito que tenía mi abuela enferma de leer la Biblia siempre que tenía la oportunidad. ¿Por qué alguien tan anciano querría leer tanto la Biblia? Si bien cuando era niño no podía entender esto, ambos ejemplos dejaron una profunda impresión en mí, que hasta el día de hoy me afecta consciente e inconscientemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====3.	Dales un motivo convincente====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conozco a un joven a quien se le hace difícil salir de la cama en las mañanas para ir a trabajar. En ocasiones, él oprime la opción “aplazar” de la alarma seis veces. Hemos conversado sobre eso y, aunque es muy trabajador, ha perdido de vista el ''porqué'' de su trabajo, lo que le hace difícil mantenerse motivado. El ''porqué'' no es lo suficientemente importante para que él desee levantarse cuando suena la alarma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si queremos que nuestros hijos lean la Biblia, tenemos que darles un porqué importante. “¡Simplemente hazlo!” no es suficiente. ¿Por qué leer la Biblia todos los días? Porque junto con la predicación fiel de la palabra de Dios, la lectura diaria de la Biblia es la principal manera —y la más habitual— en la que Dios nos habla hoy.  Las Escrituras no son solo palabras de sabiduría que contribuyen a mejorar nuestra vida, sino las palabras de vida eterna que pueden hacernos “sabio[s] para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====4. Dales un plan sencillo y práctico ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez que les damos el ''porqué'', necesitamos mostrarles el ''cómo''.  ¿Cómo harán esto? ¿Por dónde empezar? ¿Cuánto deberían leer por día? ¿Qué deberían leer: el Nuevo o el Antiguo Testamento?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Necesitamos darles de un plan sencillo y práctico. De lo contrario, nuestros hijos solo saltarán de un pasaje a otro de la Biblia y, al no tener un sentido de propósito o progreso, con el tiempo abandonarán la lectura. Idealmente, un plan de lectura los llevaría poco a poco a recorrer las secciones más importantes de la Biblia por medio de lecturas diarias de extensiones razonables. Hay muchos planes de lectura de la Biblia que podría darles a sus hijos, o bien puede diseñar su propio plan a la medida de sus hijos (he esbozado un método en mi libro ''Exploring the Bible: A Bible Reading Plan for Kids'' [Explorando la Biblia: un plan de lectura bíblica para niños]). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No creas que necesitas dar con el plan perfecto de manera inmediata. Pide en oración la guía del Espíritu y ayuda a tus hijos a experimentar con la lectura hasta encontrar un plan que a ellos les sirva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.	Hazles preguntas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando era niño, mi padre probaba diferentes estrategias para hacerme leer la Biblia, pero la más efectiva era hacerme preguntas. A veces me hacía una pregunta sencilla para que yo la respondiera de acuerdo con lo que estaba leyendo. Eso le garantizaba que tendría que leer el pasaje para encontrar la respuesta, pero también me entrenaba para formular mis propias preguntas sobre la Biblia. Me creó el hábito de interactuar con las Escrituras, de manera que no la leía de forma pasiva, sino activa. Las preguntas solían estar relacionadas con el contenido del pasaje, pero a medida que crecía en edad, las preguntas se concentraban cada vez más en su significado y aplicación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que he intentado que mis hijos se hagan son: ¿Qué nos enseña este pasaje sobre Dios? ¿Y sobre el pecado? ¿Sobre la salvación? ¿Sobre Cristo? ¿Sobre el evangelio? ¿Sobre la vida en este mundo y la vida venidera? Puede que se te ocurran otros interrogantes, pero enséñales a indagar sobre el texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====6.	Dales respuestas cuando tengan dudas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus hijos tendrán sus propias dudas sobre los textos que no entiendan o sobre la fiabilidad de la Biblia. Estas dudas deben ser bienvenidas. Pregúntales con frecuencia si tienen alguna duda sobre lo que están leyendo. Hazles saber que deseas que ellos acudan a ti con sus interrogantes sobre la Biblia y, especialmente, sobre cómo se relaciona con su propia vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizás te hagan preguntas que no sepas responder. No hay problema. Solo diles que estudiarás para encontrar la respuesta, o que le pedirás ayuda a un pastor o a un cristiano maduro. Asegúrate de tomar con seriedad lo que sea que te pregunten y siempre dales una respuesta si quieres que continúen preguntando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====7.	Anímalos a continuar leyendo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores hábitos que desarrollamos como familia es el de reunirnos entre 10 y 15 minutos, cuando llegábamos de ir a la iglesia los domingos a la mañana, para conversar sobre sus lecturas bíblicas a lo largo de la última semana. Así verificábamos si habían respondido sus preguntas y les dábamos la oportunidad de hablar sobre lo que habían aprendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como los niños ya se han vuelto mayores, ya no lo hacemos tan seguido. En lugar de eso, intentamos hablar,  de manera informal, acerca de lo que están leyendo. Sin embargo, el solo hecho de mostrar un interés continuo y de tener comunión en la palabra de Dios, al menos unos minutos de vez en cuando, anima a nuestros hijos a continuar leyendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====8.	Muéstrales gracia en sus fracasos ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al  igual que tú, tus hijos fallarán. Se les olvidará leer. Simularán haber leído. Serán apáticos y perezosos. Te dirán todo tipo de excusas. No te rindas.   ¡Muéstrales misericordia!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tus hijos no han nacido de nuevo, te decepcionarán en este punto una y otra vez. No te rindas. ¡Muéstrales gracia! Ser muy legalista podría convertir la lectura de la Biblia en una obra de justicia. Ten  misericordia. Continúa  señalándoles la gracia de Cristo y su evangelio para cubrir  sus pecados y motivarlos a la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores regalos que puedes darles a tus hijos es familiarizarlos con la Biblia y su mensaje. Dales una Biblia que les guste, un ejemplo a seguir, una motivación importante, un plan sencillo y práctico, preguntas para hacerle a la Biblia y respuestas a sus preguntas sobre la Biblia. Anímalos a continuar leyendo y muéstrales misericordia en sus tropiezos y fracasos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia</id>
		<title>Cómo ayudar a tus hijos a leer la Biblia</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia"/>
				<updated>2019-08-22T18:27:53Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Help Your Children Read the Bible}}Los padres cristianos comprometidos desean ayudar a sus hijos a aprender a leer, entender y amar la Biblia y a confiar en ella, pero para la mayoría de nosotros esta tarea resulta un reto significativo e incluso atemorizante. La Biblia es tan extensa y compleja que intimida hasta a los adultos. Entonces ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a conocer el libro más importante que se haya escrito jamás y a comenzar a desarrollar el hábito de disfrutarlo día a día?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay fórmula sencilla para el éxito. Cada niño es diferente y el Espíritu Santo obra de maneras y en tiempos diferentes con cada uno de ellos. Sin embargo, he hallado ciertos ''medios de gracia'' que por lo general han sido efectivos. Como padre de cinco hijos y como pastor, compartiré contigo ocho de estos medios que me han resultado útiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1.	Dales una Biblia que les guste====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Alguna vez les has dado a tus hijos una Biblia propia, exclusivamente para ellos? Si no la tienen, invierte en una. Cómprales la mejor Biblia que puedas pagarles, una que a ellos les guste tomarla en sus manos y observarla, que comunique lo especial y valioso que es este libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las editoriales producen Biblias hermosas, con cubiertas y papel de calidad. Tal vez consideres comprarles una Biblia de estudio para niños. Crossway recientemente publicó la ''Illuminated Bible'' (Biblia Iluminada) y, tan pronto como mis hijos adolescentes la vieron, quisieron tomarla en sus manos, hojearla  y leerla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dales a tus hijos una Biblia que rebose de valor, belleza y calidad, y que transmita su propio mensaje poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2.	Dales un ejemplo a seguir====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, la mejor de las Biblias con el tiempo terminará en un estante empolvado si nuestros hijos no nos ven leer nuestra propia Biblia con constancia, entusiasmo y gozo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De niño, jamás pude entender por qué mi padre se levantaba mucho antes que los demás solo para leer la Biblia antes de salir al trabajo.  También recuerdo que me intrigaba el hábito que tenía mi abuela enferma de leer la Biblia siempre que tenía la oportunidad. ¿Por qué alguien tan anciano querría leer tanto la Biblia? Si bien cuando era niño no podía entender esto, ambos ejemplos dejaron una profunda impresión en mí, que hasta el día de hoy me afecta consciente e inconscientemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====3.	Dales un motivo convincente====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conozco a un joven a quien se le hace difícil salir de la cama en las mañanas para ir a trabajar. En ocasiones, él oprime la opción “aplazar” de la alarma seis veces. Hemos conversado sobre eso y, aunque es muy trabajador, ha perdido de vista el ''porqué'' de su trabajo, lo que le hace difícil mantenerse motivado. El ''porqué'' no es lo suficientemente importante para que él desee levantarse cuando suena la alarma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si queremos que nuestros hijos lean la Biblia, tenemos que darles un porqué importante. “¡Simplemente hazlo!” no es suficiente. ¿Por qué leer la Biblia todos los días? Porque junto con la predicación fiel de la palabra de Dios, la lectura habitual de la Biblia es la principal manera —y la más habitual— en la que Dios nos habla hoy.  Las Escrituras no son solo palabras de sabiduría que contribuyen a mejorar nuestra vida, sino las palabras de vida eterna que pueden hacernos “sabio[s] para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====4. Dales un plan sencillo y práctico ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez que les damos el ''porqué'', necesitamos mostrarles el ''cómo''.  ¿Cómo harán esto? ¿Por dónde empezar? ¿Cuánto deberían leer por día? ¿Qué deberían leer: el Nuevo o el Antiguo Testamento?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Necesitamos darles de un plan sencillo y práctico. De lo contrario, nuestros hijos solo saltarán de un pasaje a otro de la Biblia y, al no tener un sentido de propósito o progreso, con el tiempo abandonarán la lectura. Idealmente, un plan de lectura los llevaría poco a poco a recorrer las secciones más importantes de la Biblia por medio de lecturas diarias de extensiones razonables. Hay muchos planes de lectura de la Biblia que podría darles a sus hijos, o bien puede diseñar su propio plan a la medida de sus hijos (he esbozado un método en mi libro ''Exploring the Bible: A Bible Reading Plan for Kids'' [Explorando la Biblia: un plan de lectura bíblica para niños]). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No creas que necesitas dar con el plan perfecto de manera inmediata. Pide en oración la guía del Espíritu y ayuda a tus hijos a experimentar con la lectura hasta encontrar un plan que a ellos les sirva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.	Hazles preguntas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando era niño, mi padre probaba diferentes estrategias para hacerme leer la Biblia, pero la más efectiva era hacerme preguntas. A veces me hacía una pregunta sencilla para que yo la respondiera de acuerdo con lo que estaba leyendo. Eso le garantizaba que tendría que leer el pasaje para encontrar la respuesta, pero también me entrenaba para formular mis propias preguntas sobre la Biblia. Me creó el hábito de interactuar con las Escrituras, de manera que no la leía de forma pasiva, sino activa. Las preguntas solían estar relacionadas con el contenido del pasaje, pero a medida que crecía en edad, las preguntas se concentraban cada vez más en su significado y aplicación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que he intentado que mis hijos se hagan son: ¿Qué nos enseña este pasaje sobre Dios? ¿Y sobre el pecado? ¿Sobre la salvación? ¿Sobre Cristo? ¿Sobre el evangelio? ¿Sobre la vida en este mundo y la vida venidera? Puede que se te ocurran otros interrogantes, pero enséñales a indagar sobre el texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====6.	Dales respuestas cuando tengan dudas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus hijos tendrán sus propias dudas sobre los textos que no entiendan o sobre la fiabilidad de la Biblia. Estas dudas deben ser bienvenidas. Pregúntales con frecuencia si tienen alguna duda sobre lo que están leyendo. Hazles saber que deseas que ellos acudan a ti con sus interrogantes sobre la Biblia y, especialmente, sobre cómo se relaciona con su propia vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizás te hagan preguntas que no sepas responder. No hay problema. Solo diles que estudiarás para encontrar la respuesta, o que le pedirás ayuda a un pastor o a un cristiano maduro. Asegúrate de tomar con seriedad lo que sea que te pregunten y siempre dales una respuesta si quieres que continúen preguntando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====7.	Anímalos a continuar leyendo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores hábitos que desarrollamos como familia es el de reunirnos entre 10 y 15 minutos, cuando llegábamos de ir a la iglesia los domingos a la mañana, para conversar sobre sus lecturas bíblicas a lo largo de la última semana. Así verificábamos si habían respondido sus preguntas y les dábamos la oportunidad de hablar sobre lo que habían aprendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como los niños ya se han vuelto mayores, ya no lo hacemos tan seguido. En lugar de eso, intentamos hablar,  de manera informal, acerca de lo que están leyendo. Sin embargo, el solo hecho de mostrar un interés continuo y de tener comunión en la palabra de Dios, al menos unos minutos de vez en cuando, anima a nuestros hijos a continuar leyendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====8.	Muéstrales gracia en sus fracasos ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al  igual que tú, tus hijos fallarán. Se les olvidará leer. Simularán haber leído. Serán apáticos y perezosos. Te dirán todo tipo de excusas. No te rindas.   ¡Muéstrales misericordia!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tus hijos no han nacido de nuevo, te decepcionarán en este punto una y otra vez. No te rindas. ¡Muéstrales gracia! Ser muy legalista podría convertir la lectura de la Biblia en una obra de justicia. Ten  misericordia. Continúa  señalándoles la gracia de Cristo y su evangelio para cubrir  sus pecados y motivarlos a la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores regalos que puedes darles a tus hijos es familiarizarlos con la Biblia y su mensaje. Dales una Biblia que les guste, un ejemplo a seguir, una motivación importante, un plan sencillo y práctico, preguntas para hacerle a la Biblia y respuestas a sus preguntas sobre la Biblia. Anímalos a continuar leyendo y muéstrales misericordia en sus tropiezos y fracasos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia</id>
		<title>Cómo ayudar a tus hijos a leer la Biblia</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia"/>
				<updated>2019-08-22T18:26:14Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Help Your Children Read the Bible}}Los padres cristianos comprometidos desean ayudar a sus hijos a aprender a leer, entender y amar la Biblia y a confiar en ella, pero para la mayoría de nosotros esta tarea resulta un reto significativo e incluso atemorizante. La Biblia es tan extensa y compleja que intimida hasta a los adultos. Entonces ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a conocer el libro más importante que se haya escrito jamás y a comenzar a desarrollar el hábito de disfrutarlo día a día?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay fórmula sencilla para el éxito. Cada niño es diferente y el Espíritu Santo obra de maneras y en tiempos diferentes con cada uno de ellos. Sin embargo, he hallado ciertos ''medios de gracia'' que por lo general han sido efectivos. Como padre de cinco hijos y como pastor, compartiré contigo ocho de estos medios que me han resultado útiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1.	Dales una Biblia que les guste====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Alguna vez les has dado a tus hijos una Biblia solo para ellos? Si no la tienen, invierte en una. Cómprales la mejor Biblia que puedas pagarles, una que a ellos les guste tomarla en sus manos y observarla, que comunique lo especial y valioso que es este libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las editoriales producen Biblias hermosas, con cubiertas y papel de calidad. Tal vez consideres comprarles una Biblia de estudio para niños. Crossway recientemente publicó la ''Illuminated Bible'' (Biblia Iluminada) y, tan pronto como mis hijos adolescentes la vieron, quisieron tomarla en sus manos, hojearla  y leerla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dales a tus hijos una Biblia que rebose de valor, belleza y calidad, y que transmita su propio mensaje poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2.	Dales un ejemplo a seguir====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, la mejor de las Biblias con el tiempo terminará en un estante empolvado si nuestros hijos no nos ven leer nuestra propia Biblia con constancia, entusiasmo y gozo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De niño, jamás pude entender por qué mi padre se levantaba mucho antes que los demás solo para leer la Biblia antes de salir al trabajo.  También recuerdo que me intrigaba el hábito que tenía mi abuela enferma de leer la Biblia siempre que tenía la oportunidad. ¿Por qué alguien tan anciano querría leer tanto la Biblia? Si bien cuando era niño no podía entender esto, ambos ejemplos dejaron una profunda impresión en mí, que hasta el día de hoy me afecta consciente e inconscientemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====3.	Dales un motivo convincente====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conozco a un joven a quien se le hace difícil salir de la cama en las mañanas para ir a trabajar. En ocasiones, él oprime la opción “aplazar” de la alarma seis veces. Hemos conversado sobre eso y, aunque es muy trabajador, ha perdido de vista el ''porqué'' de su trabajo, lo que le hace difícil mantenerse motivado. El ''porqué'' no es lo suficientemente importante para que él desee levantarse cuando suena la alarma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si queremos que nuestros hijos lean la Biblia, tenemos que darles un porqué importante. “¡Simplemente hazlo!” no es suficiente. ¿Por qué leer la Biblia todos los días? Porque junto con la predicación fiel de la palabra de Dios, la lectura habitual de la Biblia es la principal manera —y la más habitual— en la que Dios nos habla hoy.  Las Escrituras no son solo palabras de sabiduría que contribuyen a mejorar nuestra vida, sino las palabras de vida eterna que pueden hacernos “sabio[s] para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====4. Dales un plan sencillo y práctico ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez que les damos el ''porqué'', necesitamos mostrarles el ''cómo''.  ¿Cómo harán esto? ¿Por dónde empezar? ¿Cuánto deberían leer por día? ¿Qué deberían leer: el Nuevo o el Antiguo Testamento?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Necesitamos darles de un plan sencillo y práctico. De lo contrario, nuestros hijos solo saltarán de un pasaje a otro de la Biblia y, al no tener un sentido de propósito o progreso, con el tiempo abandonarán la lectura. Idealmente, un plan de lectura los llevaría poco a poco a recorrer las secciones más importantes de la Biblia por medio de lecturas diarias de extensiones razonables. Hay muchos planes de lectura de la Biblia que podría darles a sus hijos, o bien puede diseñar su propio plan a la medida de sus hijos (he esbozado un método en mi libro ''Exploring the Bible: A Bible Reading Plan for Kids'' [Explorando la Biblia: un plan de lectura bíblica para niños]). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No creas que necesitas dar con el plan perfecto de manera inmediata. Pide en oración la guía del Espíritu y ayuda a tus hijos a experimentar con la lectura hasta encontrar un plan que a ellos les sirva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.	Hazles preguntas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando era niño, mi padre probaba diferentes estrategias para hacerme leer la Biblia, pero la más efectiva era hacerme preguntas. A veces me hacía una pregunta sencilla para que yo la respondiera de acuerdo con lo que estaba leyendo. Eso le garantizaba que tendría que leer el pasaje para encontrar la respuesta, pero también me entrenaba para formular mis propias preguntas sobre la Biblia. Me creó el hábito de interactuar con las Escrituras, de manera que no la leía de forma pasiva, sino activa. Las preguntas solían estar relacionadas con el contenido del pasaje, pero a medida que crecía en edad, las preguntas se concentraban cada vez más en su significado y aplicación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que he intentado que mis hijos se hagan son: ¿Qué nos enseña este pasaje sobre Dios? ¿Y sobre el pecado? ¿Sobre la salvación? ¿Sobre Cristo? ¿Sobre el evangelio? ¿Sobre la vida en este mundo y la vida venidera? Puede que se te ocurran otros interrogantes, pero enséñales a indagar sobre el texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====6.	Dales respuestas cuando tengan dudas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus hijos tendrán sus propias dudas sobre los textos que no entiendan o sobre la fiabilidad de la Biblia. Estas dudas deben ser bienvenidas. Pregúntales con frecuencia si tienen alguna duda sobre lo que están leyendo. Hazles saber que deseas que ellos acudan a ti con sus interrogantes sobre la Biblia y, especialmente, sobre cómo se relaciona con su propia vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizás te hagan preguntas que no sepas responder. No hay problema. Solo diles que estudiarás para encontrar la respuesta, o que le pedirás ayuda a un pastor o a un cristiano maduro. Asegúrate de tomar con seriedad lo que sea que te pregunten y siempre dales una respuesta si quieres que continúen preguntando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====7.	Anímalos a continuar leyendo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores hábitos que desarrollamos como familia es el de reunirnos entre 10 y 15 minutos, cuando llegábamos de ir a la iglesia los domingos a la mañana, para conversar sobre sus lecturas bíblicas a lo largo de la última semana. Así verificábamos si habían respondido sus preguntas y les dábamos la oportunidad de hablar sobre lo que habían aprendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como los niños ya se han vuelto mayores, ya no lo hacemos tan seguido. En lugar de eso, intentamos hablar,  de manera informal, acerca de lo que están leyendo. Sin embargo, el solo hecho de mostrar un interés continuo y de tener comunión en la palabra de Dios, al menos unos minutos de vez en cuando, anima a nuestros hijos a continuar leyendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====8.	Muéstrales gracia en sus fracasos ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al  igual que tú, tus hijos fallarán. Se les olvidará leer. Simularán haber leído. Serán apáticos y perezosos. Te dirán todo tipo de excusas. No te rindas.   ¡Muéstrales misericordia!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tus hijos no han nacido de nuevo, te decepcionarán en este punto una y otra vez. No te rindas. ¡Muéstrales gracia! Ser muy legalista podría convertir la lectura de la Biblia en una obra de justicia. Ten  misericordia. Continúa  señalándoles la gracia de Cristo y su evangelio para cubrir  sus pecados y motivarlos a la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores regalos que puedes darles a tus hijos es familiarizarlos con la Biblia y su mensaje. Dales una Biblia que les guste, un ejemplo a seguir, una motivación importante, un plan sencillo y práctico, preguntas para hacerle a la Biblia y respuestas a sus preguntas sobre la Biblia. Anímalos a continuar leyendo y muéstrales misericordia en sus tropiezos y fracasos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia</id>
		<title>Cómo ayudar a tus hijos a leer la Biblia</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia"/>
				<updated>2019-08-22T18:06:50Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Help Your Children Read the Bible}}Los padres cristianos comprometidos desean ayudar a sus hijos a aprender a leer, entender y amar la Biblia y a confiar en ella, pero para la mayoría de nosotros esta tarea resulta un reto significativo e incluso atemorizante. La Biblia es tan extensa y compleja que intimida hasta a los adultos. Entonces ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a conocer el libro más importante que se haya escrito jamás y a comenzar a desarrollar el hábito de disfrutarlo día a día?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay fórmula sencilla para el éxito. Cada niño es diferente y el Espíritu Santo obra de maneras y en tiempos diferentes con cada uno de ellos.Sin embargo, he hallado ciertos ''medios de gracia'' que por lo general han sido efectivos. Como padre de cinco hijos y como pastor, compartiré contigo ocho de estos medios que me han resultado útiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1.	Dales una Biblia que les guste====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Alguna vez les has dado a tus hijos una Biblia solo para ellos? Si no la tienen, invierte en una. Cómprales la mejor Biblia que puedas pagarles, una que a ellos les guste tomarla en sus manos y observarla, que comunique lo especial y valioso que es este libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las editoriales producen Biblias hermosas, con cubiertas y hojas de calidad. Tal vez consideres comprarles una Biblia de estudio para niños. Crossway recientemente publicó la ''Illuminated Bible'' (Biblia Iluminada) y, tan pronto como mis hijos adolescentes la vieron, quisieron tomarla en sus manos, hojearla  y leerla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dales a tus hijos una Biblia que rebose de valor, belleza y calidad, y que transmita su propio mensaje poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2.	Dales un ejemplo a seguir====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, la mejor de las Biblias con el tiempo terminará en un estante empolvado si nuestros hijos no nos ven leer nuestra propia Biblia con constancia, entusiasmo y gozo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De niño, jamás pude entender por qué mi padre se levantaba mucho antes que los demás solo para leer la Biblia antes de salir al trabajo.  También recuerdo que me intrigaba el hábito que tenía mi abuela enferma de leer la Biblia siempre que tenía la oportunidad. ¿Por qué alguien tan anciano querría leer tanto la Biblia? Si bien cuando era niño no podía entender esto, ambos ejemplos dejaron una profunda impresión en mí, que hasta el día de hoy me afecta consciente e inconscientemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====3.	Dales un motivo convincente====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conozco a un joven a quien se le hace difícil salir de la cama en las mañanas para ir a trabajar. En ocasiones, él oprime la opción “aplazar” de la alarma seis veces. Hemos conversado sobre eso y, aunque es muy trabajador, ha perdido de vista el ''porqué'' de su trabajo, lo que le hace difícil mantenerse motivado. El ''porqué'' no es lo suficientemente importante para que él desee levantarse cuando suena la alarma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si queremos que nuestros hijos lean la Biblia, tenemos que darles un porqué importante. “¡Simplemente hazlo!” no es suficiente. ¿Por qué leer la Biblia todos los días? Porque junto con la predicación fiel de la palabra de Dios, la lectura habitual de la Biblia es la principal manera —y la más habitual— en la que Dios nos habla hoy.  Las Escrituras no son solo palabras de sabiduría que contribuyen a mejorar nuestra vida, sino las palabras de vida eterna que pueden hacernos “sabio[s] para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====4. Dales un plan sencillo y práctico ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez que les damos el ''porqué'', necesitamos mostrarles el ''cómo''.  ¿Cómo harán esto? ¿Por dónde empezar? ¿Cuánto deberían leer por día? ¿Qué deberían leer: el Nuevo o el Antiguo Testamento?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Necesitamos darles de un plan sencillo y práctico. De lo contrario, nuestros hijos solo saltarán de un pasaje a otro de la Biblia y, al no tener un sentido de propósito o progreso, con el tiempo abandonarán la lectura. Idealmente, un plan de lectura los llevaría poco a poco a recorrer las secciones más importantes de la Biblia por medio de lecturas diarias de extensiones razonables. Hay muchos planes de lectura de la Biblia que podría darles a sus hijos, o bien puede diseñar su propio plan a la medida de sus hijos (he esbozado un método en mi libro ''Exploring the Bible: A Bible Reading Plan for Kids'' [Explorando la Biblia: un plan de lectura bíblica para niños]). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No creas que necesitas dar con el plan perfecto de manera inmediata. Pide en oración la guía del Espíritu y ayuda a tus hijos a experimentar con la lectura hasta encontrar un plan que a ellos les sirva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.	Hazles preguntas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando era niño, mi padre probaba diferentes estrategias para hacerme leer la Biblia, pero la más efectiva era hacerme preguntas. A veces me hacía una pregunta sencilla para que yo la respondiera de acuerdo con lo que estaba leyendo. Eso le garantizaba que tendría que leer el pasaje para encontrar la respuesta, pero también me entrenaba para formular mis propias preguntas sobre la Biblia. Me creó el hábito de interactuar con las Escrituras, de manera que no la leía de forma pasiva, sino activa. Las preguntas solían estar relacionadas con el contenido del pasaje, pero a medida que crecía en edad, las preguntas se concentraban cada vez más en su significado y aplicación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que he intentado que mis hijos se hagan son: ¿Qué nos enseña este pasaje sobre Dios? ¿Y sobre el pecado? ¿Sobre la salvación? ¿Sobre Cristo? ¿Sobre el evangelio? ¿Sobre la vida en este mundo y la vida venidera? Puede que se te ocurran otros interrogantes, pero enséñales a indagar sobre el texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====6.	Dales respuestas cuando tengan dudas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tus hijos tendrán sus propias dudas sobre los textos que no entiendan o sobre la fiabilidad de la Biblia. Estas dudas deben ser bienvenidas. Pregúntales con frecuencia si tienen alguna duda sobre lo que están leyendo. Hazles saber que deseas que ellos acudan a ti con sus interrogantes sobre la Biblia y, especialmente, sobre cómo se relaciona con su propia vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizás te hagan preguntas que no sepas responder. No hay problema. Solo diles que estudiarás para encontrar la respuesta, o que le pedirás ayuda a un pastor o a un cristiano maduro. Asegúrate de tomar con seriedad lo que sea que te pregunten y siempre dales una respuesta si quieres que continúen preguntando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====7.	Anímalos a continuar leyendo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores hábitos que desarrollamos como familia es el de reunirnos entre 10 y 15 minutos, cuando llegábamos de ir a la iglesia los domingos a la mañana, para conversar sobre sus lecturas bíblicas a lo largo de la última semana. Así verificábamos si habían respondido sus preguntas y les dábamos la oportunidad de hablar sobre lo que habían aprendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como los niños ya se han vuelto mayores, ya no lo hacemos tan seguido. En lugar de eso, intentamos hablar,  de manera informal, acerca de lo que están leyendo. Sin embargo, el solo hecho de mostrar un interés continuo y de tener comunión en la palabra de Dios, al menos unos minutos de vez en cuando, anima a nuestros hijos a continuar leyendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====8.	Muéstrales gracia en sus fracasos ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al  igual que tú, tus hijos fallarán. Se les olvidará leer. Simularán haber leído. Serán apáticos y perezosos. Te dirán todo tipo de excusas. No te rindas.   ¡Muéstrales misericordia!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si tus hijos no han nacido de nuevo, te decepcionarán en este punto una y otra vez. No te rindas. ¡Muéstrales gracia! Ser muy legalista podría convertir la lectura de la Biblia en una obra de justicia. Ten  misericordia. Continúa  señalándoles la gracia de Cristo y su evangelio para cubrir  sus pecados y motivarlos a la obediencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores regalos que puedes darles a tus hijos es familiarizarlos con la Biblia y su mensaje. Dales una Biblia que les guste, un ejemplo a seguir, una motivación importante, un plan sencillo y práctico, preguntas para hacerle a la Biblia y respuestas a sus preguntas sobre la Biblia. Anímalos a continuar leyendo y muéstrales misericordia en sus tropiezos y fracasos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia</id>
		<title>Cómo ayudar a tus hijos a leer la Biblia</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia"/>
				<updated>2019-08-22T17:21:02Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Help Your Children Read the Bible}}Los padres cristianos comprometidos desean ayudar a sus hijos a aprender a leer, entender y amar la Biblia y a confiar en ella, pero para la mayoría de nosotros esta tarea resulta un reto significativo e incluso atemorizante. La Biblia es tan extensa y compleja que intimida hasta a los adultos. Entonces ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a conocer el libro más importante que se haya escrito jamás y a comenzar a desarrollar el hábito de disfrutarlo día a día?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay fórmula sencilla para el éxito. Cada niño es diferente y el Espíritu Santo obra de maneras y en tiempos diferentes con cada uno de ellos.Sin embargo, he hallado ciertos ''medios de gracia'' que por lo general han sido efectivos. Como padre de cinco hijos y como pastor, compartiré contigo ocho de estos medios que me han resultado útiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1.	Dales una Biblia que les guste====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Alguna vez les has dado a tus hijos una Biblia solo para ellos? Si no la tienen, invierte en una. Cómprales la mejor Biblia que puedas pagarles, una que a ellos les guste tomarla en sus manos y observarla, que comunique lo especial y valioso que es este libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las editoriales producen Biblias hermosas, con cubiertas y hojas de calidad. Tal vez consideres comprarles una Biblia de estudio para niños. Crossway recientemente publicó la ''Illuminated Bible'' (Biblia Iluminada) y, tan pronto como mis hijos adolescentes la vieron, quisieron tomarla en sus manos, hojearla  y leerla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dales a tus hijos una Biblia que rebose de valor, belleza y calidad, y que transmita su propio mensaje poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2.	Dales un ejemplo a seguir====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, la mejor de las Biblias con el tiempo terminará en un estante empolvado si nuestros hijos no nos ven leer nuestra propia Biblia con constancia, entusiasmo y gozo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De niño, jamás pude entender por qué mi padre se levantaba mucho antes que los demás solo para leer la Biblia antes de salir al trabajo.  También recuerdo que me intrigaba el hábito que tenía mi abuela enferma de leer la Biblia siempre que tenía la oportunidad. ¿Por qué alguien tan anciano querría leer tanto la Biblia? Si bien cuando era niño no podía entender esto, ambos ejemplos dejaron una profunda impresión en mí, que hasta el día de hoy me afecta consciente e inconscientemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====3.	Dales un motivo convincente====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conozco a un joven a quien se le hace difícil salir de la cama en las mañanas para ir a trabajar. En ocasiones, él oprime la opción “aplazar” de la alarma seis veces. Hemos conversado sobre eso y, aunque es muy trabajador, ha perdido de vista el ''porqué'' de su trabajo, lo que le hace difícil mantenerse motivado. El ''porqué'' no es lo suficientemente importante para que él desee levantarse cuando suena la alarma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si queremos que nuestros hijos lean la Biblia, tenemos que darles un porqué importante. “¡Simplemente hazlo!” no es suficiente. ¿Por qué leer la Biblia todos los días? Porque junto con la predicación fiel de la palabra de Dios, la lectura habitual de la Biblia es la principal manera —y la más habitual— en la que Dios nos habla hoy.  Las Escrituras no son solo palabras de sabiduría que contribuyen a mejorar nuestra vida, sino las palabras de vida eterna que pueden hacernos “sabio[s] para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====4. Dales un plan sencillo y práctico ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez que les damos el ''porqué'', necesitamos mostrarles el ''cómo''.  ¿Cómo harán esto? ¿Por dónde empezar? ¿Cuánto deberían leer por día? ¿Qué deberían leer: el Nuevo o el Antiguo Testamento?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Necesitamos darles de un plan sencillo y práctico. De lo contrario, nuestros hijos solo saltarán de un pasaje a otro de la Biblia y, al no tener un sentido de propósito o progreso, con el tiempo abandonarán la lectura. Idealmente, un plan de lectura los llevaría poco a poco a recorrer las secciones más importantes de la Biblia por medio de lecturas diarias de extensiones razonables. Hay muchos planes de lectura de la Biblia que podría darles a sus hijos, o bien puede diseñar su propio plan a la medida de sus hijos (he esbozado un método en mi libro ''Exploring the Bible: A Bible Reading Plan for Kids'' [Explorando la Biblia: un plan de lectura bíblica para niños]). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No creas que necesitas dar con el plan perfecto de manera inmediata. Pide en oración la guía del Espíritu y ayuda a tus hijos a experimentar con la lectura hasta encontrar un plan que a ellos les sirva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.	Hazles preguntas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando era niño, mi padre probaba diferentes estrategias para hacerme leer la Biblia, pero la más efectiva era hacerme preguntas. A veces me hacía una pregunta sencilla para que yo la respondiera de acuerdo con lo que estaba leyendo. Eso le garantizaba que tendría que leer el pasaje para encontrar la respuesta, pero también me entrenaba para formular mis propias preguntas sobre la Biblia. Me creó el hábito de interactuar con las Escrituras, de manera que no la leía de forma pasiva, sino activa. Las preguntas solían estar relacionadas con el contenido del pasaje, pero a medida que crecía en edad, las preguntas se concentraban cada vez más en su significado y aplicación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que he intentado que mis hijos se hagan son: ¿Qué nos enseña este pasaje sobre Dios? ¿Y sobre el pecado? ¿Sobre la salvación? ¿Sobre Cristo? ¿Sobre el evangelio? ¿Sobre la vida en este mundo y la vida venidera? Puede que se te ocurran otros interrogantes, pero enséñales a indagar sobre el texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====6.	Dales respuestas cuando tengan dudas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus hijos tendrán sus propias dudas sobre los textos que no entiendan o sobre la confiabilidad de la Biblia. Debe alegrarse de esto. Pregúntales con frecuencia si tienen alguna duda sobre lo que están leyendo. Hágales saber que usted desea que le vayan con interrogantes sobre la Biblia y, especialmente, sobre cómo ésta se relaciona con sus propias vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizás le hagan preguntas que usted no puede responder. No hay problema. Solo dígales que estudiará y averiguará la respuesta, o pídale ayuda a un pastor o a un cristiano maduro.  Asegúrese de tomar con seriedad cualquier cosa que pregunten y siempre regrese con una respuesta si quiere que continúen indagando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====7.	Exhórtelos a Continuar Leyendo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores hábitos que como familia creamos era reunirnos durante 10 a 15 minutos cuando regresábamos de la iglesia los domingos por la mañana para debatir sus lecturas bíblicas a lo largo de la semana. Verificábamos si habían respondido sus preguntas y les dábamos la oportunidad de debatir sobre lo que habían aprendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como los niños se han hecho mayores, ya no lo hacemos. En lugar de eso, intentamos hablarles,  de manera informal, acerca de lo que están leyendo. Pero solo el hecho de mostrar continuamente interés y  de tener comunión en la palabra de Dios durante unos minutos al menos, de vez en cuando, exhorta a nuestros hijos a continuar leyendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====8.	Tengan Misericordia con sus Fracasos ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al  igual que usted, sus hijos fracasarán. Se les olvidará leer. Simularán que han leído. Serán aletargados y perezosos. Les darán toda suerte de excusas. No se rinda.   ¡Tenga misericordia!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si sus hijos no nacen de Nuevo, lo decepcionarán en este punto una y otra vez. No se rinda. ¡Tenga misericordia! Ser muy legalista podría convertir la lectura de la Biblia en obras de justicia. Tenga  misericordia. Continúe  señalándoles la gracia de Cristo y su evangelio para cubrir  sus pecados y motivarlos a la obediencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores obsequios que puede hacerles a sus hijos es familiarizarlos con la Biblia y su mensaje. Deles una Biblia que les guste, deles un ejemplo a seguir, deles un motivo importante, deles un plan sencillo y práctico, deles preguntas para hacer a la Biblia, deles respuestas a sus preguntas sobre la Biblia, exhórtelos a continuar leyendo, y tengan misericordia con sus tropiezos y fracasos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia</id>
		<title>Cómo ayudar a tus hijos a leer la Biblia</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia"/>
				<updated>2019-08-22T17:17:43Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Help Your Children Read the Bible}}Los padres cristianos comprometidos desean ayudar a sus hijos a aprender a leer, entender y amar la Biblia y a confiar en ella, pero para la mayoría de nosotros esta tarea resulta un reto significativo e incluso atemorizante. La Biblia es tan extensa y compleja que intimida hasta a los adultos. Entonces ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a conocer el libro más importante que se haya escrito jamás y a comenzar a desarrollar el hábito de disfrutarlo día a día?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay fórmula sencilla para el éxito. Cada niño es diferente y el Espíritu Santo obra de maneras y en tiempos diferentes con cada uno de ellos.Sin embargo, he hallado ciertos ''medios de gracia'' que por lo general han sido efectivos. Como padre de cinco hijos y como pastor, compartiré contigo ocho de estos medios que me han resultado útiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1.	Dales una Biblia que les guste====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Alguna vez les has dado a tus hijos una Biblia solo para ellos? Si no la tienen, invierte en una. Cómprales la mejor Biblia que puedas pagarles, una que a ellos les guste tomarla en sus manos y observarla, que comunique lo especial y valioso que es este libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las editoriales producen Biblias hermosas, con cubiertas y hojas de calidad. Tal vez consideres comprarles una Biblia de estudio para niños. Crossway recientemente publicó la ''Illuminated Bible'' (Biblia Iluminada) y, tan pronto como mis hijos adolescentes la vieron, quisieron tomarla en sus manos, hojearla  y leerla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dales a tus hijos una Biblia que rebose de valor, belleza y calidad, y que transmita su propio mensaje poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2.	Dales un ejemplo a seguir====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, la mejor de las Biblias con el tiempo terminará en un estante empolvado si nuestros hijos no nos ven leer nuestra propia Biblia con constancia, entusiasmo y gozo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De niño, jamás pude entender por qué mi padre se levantaba mucho antes que los demás solo para leer la Biblia antes de salir al trabajo.  También recuerdo que me intrigaba el hábito que tenía mi abuela enferma de leer la Biblia siempre que tenía la oportunidad. ¿Por qué alguien tan anciano querría leer tanto la Biblia? Si bien cuando era niño no podía entender esto, ambos ejemplos dejaron una profunda impresión en mí, que hasta el día de hoy me afecta consciente e inconscientemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====3.	Dales un motivo convincente====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conozco a un joven a quien se le hace difícil salir de la cama en las mañanas para ir a trabajar. En ocasiones, él oprime la opción “aplazar” de la alarma seis veces. Hemos conversado sobre eso y, aunque es muy trabajador, ha perdido de vista el ''porqué'' de su trabajo, lo que le hace difícil mantenerse motivado. El ''porqué'' no es lo suficientemente importante para que él desee levantarse cuando suena la alarma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si queremos que nuestros hijos lean la Biblia, tenemos que darles un porqué importante. “¡Simplemente hazlo!” no es suficiente. ¿Por qué leer la Biblia todos los días? Porque junto con la predicación fiel de la palabra de Dios, la lectura habitual de la Biblia es la principal manera —y la más habitual— en la que Dios nos habla hoy.  Las Escrituras no son solo palabras de sabiduría que contribuyen a mejorar nuestra vida, sino las palabras de vida eterna que pueden hacernos “sabio[s] para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====4. Dales un plan sencillo y práctico ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez que les damos el ''porqué'', necesitamos mostrarles el ''cómo''.  ¿Cómo harán esto? ¿Por dónde empezar? ¿Cuánto deberían leer por día? ¿Qué deberían leer: el Nuevo o el Antiguo Testamento?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Necesitamos darles de un plan sencillo y práctico. De lo contrario, nuestros hijos solo saltarán de un pasaje a otro de la Biblia y, al no tener un sentido de propósito o progreso, con el tiempo abandonarán la lectura. Idealmente, un plan de lectura los llevaría poco a poco a recorrer las secciones más importantes de la Biblia por medio de lecturas diarias de extensiones razonables. Hay muchos planes de lectura de la Biblia que podría darles a sus hijos, o bien puede diseñar su propio plan a la medida de sus hijos (he esbozado un método en mi libro ''Exploring the Bible: A Bible Reading Plan for Kids'' [Explorando la Biblia: un plan de lectura bíblica para niños]). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No creas que necesitas dar con el plan perfecto de manera inmediata. Pide en oración la guía del Espíritu y ayuda a tus hijos a experimentar con la lectura hasta encontrar un plan que a ellos les sirva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.	Hazles preguntas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando era niño, mi papa probaba diferentes estrategias para hacerme leer la Biblia, pero la más efectiva era el hacerme preguntas. A veces me hacía una pregunta sencilla para responder de acuerdo con lo que estaba leyendo. Eso garantizaba mi necesidad de leer el pasaje para encontrar la respuesta, pero me entrenaba para formular preguntas sobre la Biblia. Me creó el hábito de interactuar con las Escrituras, de manera que no la leía de forma pasiva, sino activa. Las preguntas solían estar relacionadas con el contenido del pasaje, pero a medida que me hacía mayor, las preguntas avanzaban hacia su significado y aplicación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que he intentado que mis hijos hagan son: ¿Qué nos enseña este pasaje sobre Dios? ¿Sobre el pecado? ¿Sobre la salvación? ¿Sobre Cristo? ¿Sobre la vida en este mundo y la vida venidera? Puede que usted tenga otras interrogantes, pero enséñeles a indagar sobre el texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====6.	Deles respuestas cuando tengan dudas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus hijos tendrán sus propias dudas sobre los textos que no entiendan o sobre la confiabilidad de la Biblia. Debe alegrarse de esto. Pregúntales con frecuencia si tienen alguna duda sobre lo que están leyendo. Hágales saber que usted desea que le vayan con interrogantes sobre la Biblia y, especialmente, sobre cómo ésta se relaciona con sus propias vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizás le hagan preguntas que usted no puede responder. No hay problema. Solo dígales que estudiará y averiguará la respuesta, o pídale ayuda a un pastor o a un cristiano maduro.  Asegúrese de tomar con seriedad cualquier cosa que pregunten y siempre regrese con una respuesta si quiere que continúen indagando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====7.	Exhórtelos a Continuar Leyendo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores hábitos que como familia creamos era reunirnos durante 10 a 15 minutos cuando regresábamos de la iglesia los domingos por la mañana para debatir sus lecturas bíblicas a lo largo de la semana. Verificábamos si habían respondido sus preguntas y les dábamos la oportunidad de debatir sobre lo que habían aprendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como los niños se han hecho mayores, ya no lo hacemos. En lugar de eso, intentamos hablarles,  de manera informal, acerca de lo que están leyendo. Pero solo el hecho de mostrar continuamente interés y  de tener comunión en la palabra de Dios durante unos minutos al menos, de vez en cuando, exhorta a nuestros hijos a continuar leyendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====8.	Tengan Misericordia con sus Fracasos ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al  igual que usted, sus hijos fracasarán. Se les olvidará leer. Simularán que han leído. Serán aletargados y perezosos. Les darán toda suerte de excusas. No se rinda.   ¡Tenga misericordia!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si sus hijos no nacen de Nuevo, lo decepcionarán en este punto una y otra vez. No se rinda. ¡Tenga misericordia! Ser muy legalista podría convertir la lectura de la Biblia en obras de justicia. Tenga  misericordia. Continúe  señalándoles la gracia de Cristo y su evangelio para cubrir  sus pecados y motivarlos a la obediencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores obsequios que puede hacerles a sus hijos es familiarizarlos con la Biblia y su mensaje. Deles una Biblia que les guste, deles un ejemplo a seguir, deles un motivo importante, deles un plan sencillo y práctico, deles preguntas para hacer a la Biblia, deles respuestas a sus preguntas sobre la Biblia, exhórtelos a continuar leyendo, y tengan misericordia con sus tropiezos y fracasos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia</id>
		<title>Cómo ayudar a tus hijos a leer la Biblia</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_ayudar_a_tus_hijos_a_leer_la_Biblia"/>
				<updated>2019-08-22T17:16:33Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Help Your Children Read the Bible}}Los padres cristianos comprometidos desean ayudar a sus hijos a aprender a leer, entender y amar la Biblia y a confiar en ella, pero para la mayoría de nosotros esta tarea resulta un reto significativo e incluso atemorizante. La Biblia es tan extensa y compleja que intimida hasta a los adultos. Entonces ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a conocer el libro más importante que se haya escrito jamás y a comenzar a desarrollar el hábito de disfrutarlo día a día?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay fórmula sencilla para el éxito. Cada niño es diferente y el Espíritu Santo obra de maneras y en tiempos diferentes con cada uno de ellos.Sin embargo, he hallado ciertos ''medios de gracia'' que por lo general han sido efectivos. Como padre de cinco hijos y como pastor, compartiré contigo ocho de estos medios que me han resultado útiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1.	Dales una Biblia que les guste====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Alguna vez les has dado a tus hijos una Biblia solo para ellos? Si no la tienen, invierte en una. Cómprales la mejor Biblia que puedas pagarles, una que a ellos les guste tomarla en sus manos y observarla, que comunique lo especial y valioso que es este libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las editoriales producen Biblias hermosas, con cubiertas y hojas de calidad. Tal vez consideres comprarles una Biblia de estudio para niños. Crossway recientemente publicó la ''Illuminated Bible'' (Biblia Iluminada) y, tan pronto como mis hijos adolescentes la vieron, quisieron tomarla en sus manos, hojearla  y leerla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dales a tus hijos una Biblia que rebose de valor, belleza y calidad, y que transmita su propio mensaje poderoso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2.	Dales un ejemplo a seguir====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho esto, la mejor de las Biblias con el tiempo terminará en un estante empolvado si nuestros hijos no nos ven leer nuestra propia Biblia con constancia, entusiasmo y gozo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De niño, jamás pude entender por qué mi padre se levantaba mucho antes que los demás solo para leer la Biblia antes de salir al trabajo.  También recuerdo que me intrigaba el hábito que tenía mi abuela enferma de leer la Biblia siempre que tenía la oportunidad. ¿Por qué alguien tan anciano querría leer tanto la Biblia? Si bien cuando era niño no podía entender esto, ambos ejemplos dejaron una profunda impresión en mí, que hasta el día de hoy me afecta consciente e inconscientemente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====3.	Dales un motivo convincente====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conozco a un joven a quien se le hace difícil salir de la cama en las mañanas para ir a trabajar. En ocasiones, él oprime la opción “aplazar” de la alarma seis veces. Hemos conversado sobre eso y, aunque es muy trabajador, ha perdido de vista el ''porqué'' de su trabajo, lo que le hace difícil mantenerse motivado. El ''porqué'' no es lo suficientemente importante para que él desee levantarse cuando suena la alarma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si queremos que nuestros hijos lean la Biblia, tenemos que darles un porqué importante. “¡Simplemente hazlo!” no es suficiente. ¿Por qué leer la Biblia todos los días? Porque junto con la predicación fiel de la palabra de Dios, la lectura habitual de la Biblia es la principal manera —y la más habitual— en la que Dios nos habla hoy.  Las Escrituras no son solo palabras de sabiduría que contribuyen a mejorar nuestra vida, sino las palabras de vida eterna que pueden hacernos “sabio[s] para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====4. Dales un plan sencillo y práctico ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez que les damos el ''porqué'', necesitamos mostrarles el ''cómo''.  ¿Cómo harán esto? ¿Por dónde empezar? ¿Cuánto deberían leer por día? ¿Qué deberían leer: el Nuevo o el Antiguo Testamento?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Necesitamos darles de un plan sencillo y práctico. De lo contrario, nuestros hijos solo saltarán de un pasaje a otro de la Biblia y, al no tener un sentido de propósito o progreso, con el tiempo abandonarán la lectura. Idealmente, un plan de lectura los llevaría poco a poco a recorrer las secciones más importantes de la Biblia por medio de lecturas diarias de extensiones razonables. Hay muchos planes de lectura de la Biblia que podría darles a sus hijos, o bien puede diseñar su propio plan a la medida de sus hijos (he esbozado un método en mi libro ''Exploring the Bible: A Bible Reading Plan for Kids'' [Explorando la Biblia: un plan de lectura bíblica para niños]). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No creas que necesitas dar con el plan perfecto de manera inmediata. Pide en oración la guía del Espíritu y ayuda a tus hijos a experimentar con la lectura hasta encontrar un plan que a ellos les sirva.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.	Hazles preguntas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando era niño, mi papa probaba diferentes estrategias para hacerme leer la Biblia, pero la más efectiva era el hacerme preguntas. A veces me hacía una pregunta sencilla para responder de acuerdo con lo que estaba leyendo. Eso garantizaba mi necesidad de leer el pasaje para encontrar la respuesta, pero me entrenaba para formular preguntas sobre la Biblia. Me creó el hábito de interactuar con las Escrituras, de manera que no la leía de forma pasiva, sino activa. Las preguntas solían estar relacionadas con el contenido del pasaje, pero a medida que me hacía mayor, las preguntas avanzaban hacia su significado y aplicación. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las preguntas que he intentado que mis hijos hagan son: ¿Qué nos enseña este pasaje sobre Dios? ¿Sobre el pecado? ¿Sobre la salvación? ¿Sobre Cristo? ¿Sobre la vida en este mundo y la vida venidera? Puede que usted tenga otras interrogantes, pero enséñeles a indagar sobre el texto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====5.	Deles respuestas cuando tengan dudas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus hijos tendrán sus propias dudas sobre los textos que no entiendan o sobre la confiabilidad de la Biblia. Debe alegrarse de esto. Pregúntales con frecuencia si tienen alguna duda sobre lo que están leyendo. Hágales saber que usted desea que le vayan con interrogantes sobre la Biblia y, especialmente, sobre cómo ésta se relaciona con sus propias vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizás le hagan preguntas que usted no puede responder. No hay problema. Solo dígales que estudiará y averiguará la respuesta, o pídale ayuda a un pastor o a un cristiano maduro.  Asegúrese de tomar con seriedad cualquier cosa que pregunten y siempre regrese con una respuesta si quiere que continúen indagando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====6.	Exhórtelos a Continuar Leyendo ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores hábitos que como familia creamos era reunirnos durante 10 a 15 minutos cuando regresábamos de la iglesia los domingos por la mañana para debatir sus lecturas bíblicas a lo largo de la semana. Verificábamos si habían respondido sus preguntas y les dábamos la oportunidad de debatir sobre lo que habían aprendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como los niños se han hecho mayores, ya no lo hacemos. En lugar de eso, intentamos hablarles,  de manera informal, acerca de lo que están leyendo. Pero solo el hecho de mostrar continuamente interés y  de tener comunión en la palabra de Dios durante unos minutos al menos, de vez en cuando, exhorta a nuestros hijos a continuar leyendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====7.	Tengan Misericordia con sus Fracasos ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al  igual que usted, sus hijos fracasarán. Se les olvidará leer. Simularán que han leído. Serán aletargados y perezosos. Les darán toda suerte de excusas. No se rinda.   ¡Tenga misericordia!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si sus hijos no nacen de Nuevo, lo decepcionarán en este punto una y otra vez. No se rinda. ¡Tenga misericordia! Ser muy legalista podría convertir la lectura de la Biblia en obras de justicia. Tenga  misericordia. Continúe  señalándoles la gracia de Cristo y su evangelio para cubrir  sus pecados y motivarlos a la obediencia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de los mejores obsequios que puede hacerles a sus hijos es familiarizarlos con la Biblia y su mensaje. Deles una Biblia que les guste, deles un ejemplo a seguir, deles un motivo importante, deles un plan sencillo y práctico, deles preguntas para hacer a la Biblia, deles respuestas a sus preguntas sobre la Biblia, exhórtelos a continuar leyendo, y tengan misericordia con sus tropiezos y fracasos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta</id>
		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta"/>
				<updated>2019-08-22T04:14:07Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Antes le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hacía oraciones apropiadas, inspiradas por Dios, pero más seguras, sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca imaginé que pasaría empezó a suceder: comencé a tomar el “no” de Dios como algo personal. Él no solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo a mí. Al principio oraba con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar del agotamiento y mis manos estaban magulladas de golpear a su puerta; lo único que oía era la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el dintel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se amontonaron en una espiral. No estaba dudando, ni maltrataba a una esposa, ni pedía por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora ya se había cumplido después de tantos años de pedir. Seguramente el escenario había sido dispuesto de esa manera para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a retraerme un poco cuando comenzaba mis oraciones llamándolo “Padre”. En algún punto del camino, mis peticiones por la sanidad de mi hermano se confundieron con un pedido desesperado de saber que mi Padre me había escuchado, lloraba conmigo, se preocupaba. Lo que comenzó como una petición infantil maduró y pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó a mi lado: ''Ya sabes que la oración del justo tiene gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has estado orando por años. ¿Realmente crees que eres un hombre justo? Tu “Padre” al parecer responde las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo a ti? Sabes que “él hace lo que le place” (Salmos 115:3). ¿Qué tal si la sanidad de tu hermano no lo complace después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero mientras yo me hundía en mi propio pozo, en el momento preciso, Dios sanó a mi hermano”: esa es la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar en el tiempo, saltearme la lucha, las dudas y la confusión, y llegar finalmente, después de mucho esfuerzo, a un final feliz. Mis oraciones aún permanecen en un lugar de silencio. Sigo luchando con las dudas, que me rodean como un murmullo. Sigo tentado a sucumbir a lo que Jesús nos animó a resistirnos: desfallecer y dejar de orar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, si bien pido a Dios la esperanza necesaria para sostener mi súplica por aquello que a él tal vez le complazca retener, él me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que estas verdades alienten a todos los que vagan por los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con cosas buenas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que Satanás susurra que Dios nos ha fallado tanto a mi hermano como a mí —así como puede susurrarte que Dios es indiferente a tu deseo de hallar un cónyuge, a tus súplicas incesantes por tu hijo, a interminables oraciones pidiéndole que salve a tu amigo—, Jesús promete que su Padre no hace oídos sordos y que él nos dará “cosas buenas” cuando se lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden? (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, elevada desde el corazón necesitado de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Pedir, llamar y buscar no es en vano. Sirve para algo, tanto para mi hermano como para mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la sanidad, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto él gracias a la oración? Solo el cielo lo sabe. Nuestro Dios nunca da a sus hijos menos de lo que le piden; rara vez responde dándonos exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, nos da algo mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es crucial entender esto para perseverar por fe: nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas enteras de oraciones sin respuesta si Dios hiciera que nuestra percepción de su amor fuera una experiencia sostenida. Si él siguiera siendo “nuestro Padre que está en los cielos” mientras esperamos que su reino venga en plenitud (Mateo 6:9–10), toda decepción se vería aliviada (cuando no disipada) por su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la oración sin respuesta a menudo nos roba la paz en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Puede persuadirnos de que Dios es un empleador tacaño, el carcelero de nuestra bendición, un titiritero que nos maneja como marionetas como si fuera por deporte. Sin embargo, con solo dos palabras, Jesús fortalece a su pueblo durante la espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más ''vuestro Padre'' que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentir de que Dios es Padre, cuando todo bien fuera de ello nos es negado, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras batallamos con una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No oraremos por mucho más tiempo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que a menudo nos parece, al reino venidero de la oración ''respondida''. Viajamos al reino de nuestro Padre, que le ha complacido darlo a su Hijo y a sus otros hijos e hijas. Estamos a solo días de llegar a casa. Tal vez no recordemos todos los motivos por los que oramos a lo largo del camino, pero Dios sí los recuerda, y ten la seguridad de que él demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta que, bajo un buen disfraz, él ha dado a nuestras oraciones y que, con la visión parcial que tenemos en este mundo, solo vimos como oraciones sin respuesta. Cuando él devele cómo ha sido su trato con nosotros, descubriendo capa por capa, su sabiduría satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad ahora nos dice que no es posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluye las oraciones sin respuesta. Ninguna oración, ni ninguna de sus ovejas perdidas, quedará sin respuesta ni pasará inadvertida. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: “Creo; ayúdame en mi incredulidad” (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará con nuestras sesiones de oración, despertaremos viendo a nuestro Señor cara a cara y encontraremos que las respuestas a nuestras oraciones han sido mejores de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta</id>
		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
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				<updated>2019-08-22T04:08:19Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Antes le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hacía oraciones apropiadas, inspiradas por Dios, pero más seguras, sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca imaginé que pasaría empezó a suceder: comencé a tomar el “no” de Dios como algo personal. Él no solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo a mí. Al principio oraba con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar del agotamiento y mis manos estaban magulladas de golpear a su puerta; lo único que oía era la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el dintel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se amontonaron en una espiral. No estaba dudando, ni maltrataba a una esposa, ni pedía por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora ya se había cumplido después de tantos años de pedir. Seguramente el escenario había sido dispuesto de esa manera para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a retraerme un poco cuando comenzaba mis oraciones llamándolo “Padre”. En algún punto del camino, mis peticiones por la sanidad de mi hermano se confundieron con un pedido desesperado de saber que mi Padre me había escuchado, lloraba conmigo, se preocupaba. Lo que comenzó como una petición infantil maduró y pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó a mi lado: ''Ya sabes que la oración del justo tiene gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has estado orando por años. ¿Realmente crees que eres un hombre justo? Tu “Padre” al parecer responde las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo a ti? Sabes que “él hace lo que le place” (Salmos 115:3). ¿Qué tal si la sanidad de tu hermano no lo complace después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero mientras yo me hundía en mi propio pozo, en el momento preciso, Dios sanó a mi hermano”: esa es la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar en el tiempo, saltearme la lucha, las dudas y la confusión, y llegar finalmente, después de mucho esfuerzo, a un final feliz. Mis oraciones aún permanecen en un lugar de silencio. Sigo luchando con las dudas, que me rodean como un murmullo. Sigo tentado a sucumbir a lo que Jesús nos animó a resistirnos: desfallecer y dejar de orar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, si bien pido a Dios la esperanza necesaria para sostener mi súplica por aquello que a él tal vez le complazca retener, él me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que estas verdades alienten a todos los que vagan por los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con cosas buenas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que Satanás susurra que Dios nos ha fallado tanto a mi hermano como a mí —así como puede susurrarte que Dios es indiferente a tu deseo de hallar un cónyuge, a tus súplicas incesantes por tu hijo, a interminables oraciones pidiéndole que salve a tu amigo—, Jesús promete que su Padre no hace oídos sordos y que él nos dará “cosas buenas” cuando se lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden? (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, elevada desde el corazón necesitado de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Pedir, llamar y buscar no es en vano. Sirve para algo, tanto para mi hermano como para mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la sanidad, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto él gracias a la oración? Solo el cielo lo sabe. Nuestro Dios nunca da a sus hijos menos de lo que le piden; rara vez responde dándonos exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, nos da algo mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es crucial entender esto para perseverar por fe: nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas enteras de oraciones sin respuesta si Dios hiciera que nuestra percepción de su amor fuera una experiencia sostenida. Si él siguiera siendo “nuestro Padre que está en los cielos” mientras esperamos que su reino venga en plenitud (Mateo 6:9–10), toda decepción se vería aliviada (cuando no disipada) por su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la oración sin respuesta a menudo nos roba la paz en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Puede persuadirnos de que Dios es un empleador tacaño, el carcelero de nuestra bendición, un titiritero que nos maneja como marionetas como si fuera por deporte. Sin embargo, con solo dos palabras, Jesús fortalece a su pueblo durante la espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más ''vuestro Padre'' que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentir de que Dios es Padre, cuando todo bien fuera de ello nos es negado, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras batallamos con una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No oraremos por mucho más tiempo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que a menudo nos parece, al reino venidero de la oración ''respondida''. Viajamos al reino de nuestro Padre, que le ha complacido darlo a su Hijo y a sus otros hijos e hijas. Estamos a solo días de llegar a casa. Tal vez no recordemos todos los motivos por los que oramos a lo largo del camino, pero Dios sí los recuerda, y ten la seguridad de que él demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta que, bajo un buen disfraz, él ha dado a nuestras oraciones y que, con la visión parcial que tenemos en este mundo, solo vimos como oraciones sin respuesta. Cuando él devele cómo ha sido su trato con nosotros, descubriendo capa por capa, su sabiduría satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad ahora nos dice que no es posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluye las oraciones sin respuesta. Ninguna oración, ni ninguna de sus ovejas perdidas, quedará sin respuesta ni pasará inadvertida. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: “Creo; ayúdame en mi incredulidad!” (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará con nuestras sesiones de oración, despertaremos viendo a nuestro Señor cara a cara y encontraremos que las respuestas a nuestras oraciones han sido mejores de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
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				<updated>2019-08-22T04:06:33Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Antes le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hacía oraciones apropiadas, inspiradas por Dios, pero más seguras, sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca imaginé que pasaría empezó a suceder: comencé a tomar el “no” de Dios como algo personal. Él no solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo a mí. Al principio oraba con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar del agotamiento y mis manos estaban magulladas de golpear a su puerta; lo único que oía era la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el dintel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se amontonaron en una espiral. No estaba dudando, ni maltrataba a una esposa, ni pedía por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora ya se había cumplido después de tantos años de pedir. Seguramente el escenario había sido dispuesto de esa manera para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a retraerme un poco cuando comenzaba mis oraciones llamándolo “Padre”. En algún punto del camino, mis peticiones por la sanidad de mi hermano se confundieron con un pedido desesperado de saber que mi Padre me había escuchado, lloraba conmigo, se preocupaba. Lo que comenzó como una petición infantil maduró y pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó a mi lado: ''Ya sabes que la oración del justo tiene gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has estado orando por años. ¿Realmente crees que eres un hombre justo? Tu “Padre” al parecer responde las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo a ti? Sabes que “él hace lo que le place” (Salmos 115:3). ¿Qué tal si la sanidad de tu hermano no lo complace después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero mientras yo me hundía en mi propio pozo, en el momento preciso, Dios sanó a mi hermano”: esa es la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar en el tiempo, saltearme la lucha, las dudas y la confusión, y llegar finalmente, después de mucho esfuerzo, a un final feliz. Mis oraciones aún permanecen en un lugar de silencio. Sigo luchando con las dudas, que me rodean como un murmullo. Sigo tentado a sucumbir a lo que Jesús nos animó a resistirnos: desfallecer y dejar de orar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, si bien pido a Dios por esperanza necesaria para sostener mi súplica por aquello que a él tal vez le complazca retener, él me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que estas verdades alienten a todos los que vagan por los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con cosas buenas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que Satanás susurra que Dios nos ha fallado tanto a mi hermano como a mí —así como puede susurrarte que Dios es indiferente a tu deseo de hallar un cónyuge, a tus súplicas incesantes por tu hijo, a interminables oraciones pidiéndole que salve a tu amigo—, Jesús promete que su Padre no hace oídos sordos y que él nos dará “cosas buenas” cuando se lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden? (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, elevada desde el corazón necesitado de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Pedir, llamar y buscar no es en vano. Sirve para algo, tanto para mi hermano como para mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la sanidad, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto él gracias a la oración? Solo el cielo lo sabe. Nuestro Dios nunca da a sus hijos menos de lo que le piden; rara vez responde dándonos exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, nos da algo mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es crucial entender esto para perseverar por fe: nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas enteras de oraciones sin respuesta si Dios hiciera que nuestra percepción de su amor fuera una experiencia sostenida. Si él siguiera siendo “nuestro Padre que está en los cielos” mientras esperamos que su reino venga en plenitud (Mateo 6:9–10), toda decepción se vería aliviada (cuando no disipada) por su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la oración sin respuesta a menudo nos roba la paz en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Puede persuadirnos de que Dios es un empleador tacaño, el carcelero de nuestra bendición, un titiritero que nos maneja como marionetas como si fuera por deporte. Sin embargo, con solo dos palabras, Jesús fortalece a su pueblo durante la espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más ''vuestro Padre'' que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentir de que Dios es Padre, cuando todo bien fuera de ello nos es negado, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras batallamos con una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No oraremos por mucho más tiempo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que a menudo nos parece, al reino venidero de la oración ''respondida''. Viajamos al reino de nuestro Padre, que le ha complacido darlo a su Hijo y a sus otros hijos e hijas. Estamos a solo días de llegar a casa. Tal vez no recordemos todos los motivos por los que oramos a lo largo del camino, pero Dios sí los recuerda, y ten la seguridad de que él demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta que, bajo un buen disfraz, él ha dado a nuestras oraciones y que, con la visión parcial que tenemos en este mundo, solo vimos como oraciones sin respuesta. Cuando él devele cómo ha sido su trato con nosotros, descubriendo capa por capa, su sabiduría satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad ahora nos dice que no es posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluye las oraciones sin respuesta. Ninguna oración, ni ninguna de sus ovejas perdidas, quedará sin respuesta ni pasará inadvertida. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: “Creo; ayúdame en mi incredulidad!” (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará con nuestras sesiones de oración, despertaremos viendo a nuestro Señor cara a cara y encontraremos que las respuestas a nuestras oraciones han sido mejores de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta</id>
		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
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				<updated>2019-08-22T04:02:21Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Antes le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hacía oraciones apropiadas, inspiradas por Dios, pero más seguras, sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca imaginé que pasaría empezó a suceder: comencé a tomar el “no” de Dios como algo personal. Él no solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo a mí. Al principio oraba con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar del agotamiento y mis manos estaban magulladas de golpear a su puerta; lo único que oía era la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el dintel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se amontonaron en una espiral. No estaba dudando, ni maltrataba a una esposa, ni pedía por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora ya se había cumplido después de tantos años de pedir. Seguramente el escenario había sido dispuesto de esa manera para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a retraerme un poco cuando comenzaba mis oraciones llamándolo “Padre”. En algún punto del camino, mis peticiones por la sanidad de mi hermano se confundieron con un pedido desesperado de saber que mi Padre me había escuchado, lloraba conmigo, se preocupaba. Lo que comenzó como una petición infantil maduró y pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó a mi lado. ''Ya sabes que la oración del justo tiene gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has estado orando por años. ¿Realmente crees que eres un hombre justo? Tu “Padre”, por lo que parece, responde las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo a ti? Sabes que “él hace lo que le place” (Salmos 115:3). ¿Qué tal si la sanidad de tu hermano no lo complace después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero mientras yo me hundía en mi propio pozo, en el momento preciso, Dios sanó a mi hermano”: esa es la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar en el tiempo, saltearme la lucha, las dudas y la confusión, y llegar finalmente, después de mucho esfuerzo, a un final feliz. Mis oraciones aún permanecen en un lugar de silencio. Sigo luchando con las dudas, que me rodean como un murmullo. Sigo tentado a sucumbir a lo que Jesús nos animó a resistirnos: desfallecer y dejar de orar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, si bien pido a Dios por esperanza necesaria para sostener mi súplica por aquello que a él tal vez le complazca retener, él me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que estas verdades alienten a todos los que vagan por los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con cosas buenas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que Satanás susurra que Dios nos ha fallado tanto a mi hermano como a mí —así como puede susurrarte que Dios es indiferente a tu deseo de hallar un cónyuge, a tus súplicas incesantes por tu hijo, a interminables oraciones pidiéndole que salve a tu amigo—, Jesús promete que su Padre no hace oídos sordos y que él nos dará “cosas buenas” cuando se lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden? (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, elevada desde el corazón necesitado de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Pedir, llamar y buscar no es en vano. Sirve para algo, tanto para mi hermano como para mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la sanidad, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto él gracias a la oración? Solo el cielo lo sabe. Nuestro Dios nunca da a sus hijos menos de lo que le piden; rara vez responde dándonos exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, nos da algo mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es crucial entender esto para perseverar por fe: nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas enteras de oraciones sin respuesta si Dios hiciera que nuestra percepción de su amor fuera una experiencia sostenida. Si él siguiera siendo “nuestro Padre que está en los cielos” mientras esperamos que su reino venga en plenitud (Mateo 6:9–10), toda decepción se vería aliviada (cuando no disipada) por su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la oración sin respuesta a menudo nos roba la paz en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Puede persuadirnos de que Dios es un empleador tacaño, el carcelero de nuestra bendición, un titiritero que nos maneja como marionetas como si fuera por deporte. Sin embargo, con solo dos palabras, Jesús fortalece a su pueblo durante la espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más ''vuestro Padre'' que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentir de que Dios es Padre, cuando todo bien fuera de ello nos es negado, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras batallamos con una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No oraremos por mucho más tiempo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que a menudo nos parece, al reino venidero de la oración ''respondida''. Viajamos al reino de nuestro Padre, que le ha complacido darlo a su Hijo y a sus otros hijos e hijas. Estamos a solo días de llegar a casa. Tal vez no recordemos todos los motivos por los que oramos a lo largo del camino, pero Dios sí los recuerda, y ten la seguridad de que él demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta que, bajo un buen disfraz, él ha dado a nuestras oraciones y que, con la visión parcial que tenemos en este mundo, solo vimos como oraciones sin respuesta. Cuando él devele cómo ha sido su trato con nosotros, descubriendo capa por capa, su sabiduría satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad ahora nos dice que no es posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluye las oraciones sin respuesta. Ninguna oración, ni ninguna de sus ovejas perdidas, quedará sin respuesta ni pasará inadvertida. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: “Creo; ayúdame en mi incredulidad!” (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará con nuestras sesiones de oración, despertaremos viendo a nuestro Señor cara a cara y encontraremos que las respuestas a nuestras oraciones han sido mejores de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta</id>
		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
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				<updated>2019-08-22T04:01:59Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Antes le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hacía oraciones apropiadas, inspiradas por Dios, pero más seguras, sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca imaginé que pasaria empezó a suceder: comencé a tomar el “no” de Dios como algo personal. Él no solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo a mí. Al principio oraba con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar del agotamiento y mis manos estaban magulladas de golpear a su puerta; lo único que oía era la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el dintel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se amontonaron en una espiral. No estaba dudando, ni maltrataba a una esposa, ni pedía por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora ya se había cumplido después de tantos años de pedir. Seguramente el escenario había sido dispuesto de esa manera para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a retraerme un poco cuando comenzaba mis oraciones llamándolo “Padre”. En algún punto del camino, mis peticiones por la sanidad de mi hermano se confundieron con un pedido desesperado de saber que mi Padre me había escuchado, lloraba conmigo, se preocupaba. Lo que comenzó como una petición infantil maduró y pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó a mi lado. ''Ya sabes que la oración del justo tiene gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has estado orando por años. ¿Realmente crees que eres un hombre justo? Tu “Padre”, por lo que parece, responde las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo a ti? Sabes que “él hace lo que le place” (Salmos 115:3). ¿Qué tal si la sanidad de tu hermano no lo complace después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero mientras yo me hundía en mi propio pozo, en el momento preciso, Dios sanó a mi hermano”: esa es la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar en el tiempo, saltearme la lucha, las dudas y la confusión, y llegar finalmente, después de mucho esfuerzo, a un final feliz. Mis oraciones aún permanecen en un lugar de silencio. Sigo luchando con las dudas, que me rodean como un murmullo. Sigo tentado a sucumbir a lo que Jesús nos animó a resistirnos: desfallecer y dejar de orar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, si bien pido a Dios por esperanza necesaria para sostener mi súplica por aquello que a él tal vez le complazca retener, él me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que estas verdades alienten a todos los que vagan por los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con cosas buenas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que Satanás susurra que Dios nos ha fallado tanto a mi hermano como a mí —así como puede susurrarte que Dios es indiferente a tu deseo de hallar un cónyuge, a tus súplicas incesantes por tu hijo, a interminables oraciones pidiéndole que salve a tu amigo—, Jesús promete que su Padre no hace oídos sordos y que él nos dará “cosas buenas” cuando se lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden? (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, elevada desde el corazón necesitado de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Pedir, llamar y buscar no es en vano. Sirve para algo, tanto para mi hermano como para mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la sanidad, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto él gracias a la oración? Solo el cielo lo sabe. Nuestro Dios nunca da a sus hijos menos de lo que le piden; rara vez responde dándonos exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, nos da algo mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es crucial entender esto para perseverar por fe: nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas enteras de oraciones sin respuesta si Dios hiciera que nuestra percepción de su amor fuera una experiencia sostenida. Si él siguiera siendo “nuestro Padre que está en los cielos” mientras esperamos que su reino venga en plenitud (Mateo 6:9–10), toda decepción se vería aliviada (cuando no disipada) por su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la oración sin respuesta a menudo nos roba la paz en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Puede persuadirnos de que Dios es un empleador tacaño, el carcelero de nuestra bendición, un titiritero que nos maneja como marionetas como si fuera por deporte. Sin embargo, con solo dos palabras, Jesús fortalece a su pueblo durante la espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más ''vuestro Padre'' que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentir de que Dios es Padre, cuando todo bien fuera de ello nos es negado, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras batallamos con una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No oraremos por mucho más tiempo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que a menudo nos parece, al reino venidero de la oración ''respondida''. Viajamos al reino de nuestro Padre, que le ha complacido darlo a su Hijo y a sus otros hijos e hijas. Estamos a solo días de llegar a casa. Tal vez no recordemos todos los motivos por los que oramos a lo largo del camino, pero Dios sí los recuerda, y ten la seguridad de que él demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta que, bajo un buen disfraz, él ha dado a nuestras oraciones y que, con la visión parcial que tenemos en este mundo, solo vimos como oraciones sin respuesta. Cuando él devele cómo ha sido su trato con nosotros, descubriendo capa por capa, su sabiduría satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad ahora nos dice que no es posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluye las oraciones sin respuesta. Ninguna oración, ni ninguna de sus ovejas perdidas, quedará sin respuesta ni pasará inadvertida. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: “Creo; ayúdame en mi incredulidad!” (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará con nuestras sesiones de oración, despertaremos viendo a nuestro Señor cara a cara y encontraremos que las respuestas a nuestras oraciones han sido mejores de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta</id>
		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
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				<updated>2019-08-22T03:59:53Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Antes le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hacía oraciones apropiadas, inspiradas por Dios, pero más seguras, sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca esperé empezó a suceder: comencé a tomar el “no” de Dios como algo personal. Él no solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo a mí. Al principio oraba con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar del agotamiento y mis manos estaban magulladas de golpear a su puerta; lo único que oía era la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el dintel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se amontonaron en una espiral. No estaba dudando, ni maltrataba a una esposa, ni pedía por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora ya se había cumplido después de tantos años de pedir. Seguramente el escenario había sido dispuesto de esa manera para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a retraerme un poco cuando comenzaba mis oraciones llamándolo “Padre”. En algún punto del camino, mis peticiones por la sanidad de mi hermano se confundieron con un pedido desesperado de saber que mi Padre me había escuchado, lloraba conmigo, se preocupaba. Lo que comenzó como una petición infantil maduró y pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó a mi lado. ''Ya sabes que la oración del justo tiene gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has estado orando por años. ¿Realmente crees que eres un hombre justo? Tu “Padre”, por lo que parece, responde las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo a ti? Sabes que “él hace lo que le place” (Salmos 115:3). ¿Qué tal si la sanidad de tu hermano no lo complace después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero mientras yo me hundía en mi propio pozo, en el momento preciso, Dios sanó a mi hermano”: esa es la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar en el tiempo, saltearme la lucha, las dudas y la confusión, y llegar finalmente, después de mucho esfuerzo, a un final feliz. Mis oraciones aún permanecen en un lugar de silencio. Sigo luchando con las dudas, que me rodean como un murmullo. Sigo tentado a sucumbir a lo que Jesús nos animó a resistirnos: desfallecer y dejar de orar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, si bien pido a Dios por esperanza necesaria para sostener mi súplica por aquello que a él tal vez le complazca retener, él me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que estas verdades alienten a todos los que vagan por los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con cosas buenas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que Satanás susurra que Dios nos ha fallado tanto a mi hermano como a mí —así como puede susurrarte que Dios es indiferente a tu deseo de hallar un cónyuge, a tus súplicas incesantes por tu hijo, a interminables oraciones pidiéndole que salve a tu amigo—, Jesús promete que su Padre no hace oídos sordos y que él nos dará “cosas buenas” cuando se lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden? (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, elevada desde el corazón necesitado de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Pedir, llamar y buscar no es en vano. Sirve para algo, tanto para mi hermano como para mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la sanidad, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto él gracias a la oración? Solo el cielo lo sabe. Nuestro Dios nunca da a sus hijos menos de lo que le piden; rara vez responde dándonos exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, nos da algo mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es crucial entender esto para perseverar por fe: nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas enteras de oraciones sin respuesta si Dios hiciera que nuestra percepción de su amor fuera una experiencia sostenida. Si él siguiera siendo “nuestro Padre que está en los cielos” mientras esperamos que su reino venga en plenitud (Mateo 6:9–10), toda decepción se vería aliviada (cuando no disipada) por su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la oración sin respuesta a menudo nos roba la paz en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Puede persuadirnos de que Dios es un empleador tacaño, el carcelero de nuestra bendición, un titiritero que nos maneja como marionetas como si fuera por deporte. Sin embargo, con solo dos palabras, Jesús fortalece a su pueblo durante la espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más ''vuestro Padre'' que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentir de que Dios es Padre, cuando todo bien fuera de ello nos es negado, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras batallamos con una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No oraremos por mucho más tiempo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que a menudo nos parece, al reino venidero de la oración ''respondida''. Viajamos al reino de nuestro Padre, que le ha complacido darlo a su Hijo y a sus otros hijos e hijas. Estamos a solo días de llegar a casa. Tal vez no recordemos todos los motivos por los que oramos a lo largo del camino, pero Dios sí los recuerda, y ten la seguridad de que él demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta que, bajo un buen disfraz, él ha dado a nuestras oraciones y que, con la visión parcial que tenemos en este mundo, solo vimos como oraciones sin respuesta. Cuando él devele cómo ha sido su trato con nosotros, descubriendo capa por capa, su sabiduría satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad ahora nos dice que no es posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluye las oraciones sin respuesta. Ninguna oración, ni ninguna de sus ovejas perdidas, quedará sin respuesta ni pasará inadvertida. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: “Creo; ayúdame en mi incredulidad!” (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará con nuestras sesiones de oración, despertaremos viendo a nuestro Señor cara a cara y encontraremos que las respuestas a nuestras oraciones han sido mejores de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta</id>
		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
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				<updated>2019-08-22T03:53:47Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hice oraciones apropiadas, oraciones inspiradas por Dios, pero oraciones más seguras. Oraciones sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca esperé empezó a suceder: comencé a tomar el “no” de Dios como algo personal. Él no solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo a mí. Al principio oraba con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar del agotamiento y mis manos estaban magulladas de golpear a su puerta; lo único que oía era la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el dintel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se amontonaron en una espiral. No estaba dudando, ni maltrataba a una esposa, ni pedía por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora ya se había cumplido después de tantos años de pedir. Seguramente el escenario había sido dispuesto de esa manera para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a retraerme un poco cuando comenzaba mis oraciones llamándolo “Padre”. En algún punto del camino, mis peticiones por la sanidad de mi hermano se confundieron con un pedido desesperado de saber que mi Padre me había escuchado, lloraba conmigo, se preocupaba. Lo que comenzó como una petición infantil maduró y pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó a mi lado. ''Ya sabes que la oración del justo tiene gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has estado orando por años. ¿Realmente crees que eres un hombre justo? Tu “Padre”, por lo que parece, responde las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo a ti? Sabes que “él hace lo que le place” (Salmos 115:3). ¿Qué tal si la sanidad de tu hermano no lo complace después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero mientras yo me hundía en mi propio pozo, en el momento preciso, Dios sanó a mi hermano”: esa es la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar en el tiempo, saltearme la lucha, las dudas y la confusión, y llegar finalmente, después de mucho esfuerzo, a un final feliz. Mis oraciones aún permanecen en un lugar de silencio. Sigo luchando con las dudas, que me rodean como un murmullo. Sigo tentado a sucumbir a lo que Jesús nos animó a resistirnos: desfallecer y dejar de orar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, si bien pido a Dios por esperanza necesaria para sostener mi súplica por aquello que a él tal vez le complazca retener, él me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que estas verdades alienten a todos los que vagan por los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con cosas buenas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que Satanás susurra que Dios nos ha fallado tanto a mi hermano como a mí —así como puede susurrarte que Dios es indiferente a tu deseo de hallar un cónyuge, a tus súplicas incesantes por tu hijo, a interminables oraciones pidiéndole que salve a tu amigo—, Jesús promete que su Padre no hace oídos sordos y que él nos dará “cosas buenas” cuando se lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden? (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, elevada desde el corazón necesitado de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Pedir, llamar y buscar no es en vano. Sirve para algo, tanto para mi hermano como para mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la sanidad, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto él gracias a la oración? Solo el cielo lo sabe. Nuestro Dios nunca da a sus hijos menos de lo que le piden; rara vez responde dándonos exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, nos da algo mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es crucial entender esto para perseverar por fe: nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas enteras de oraciones sin respuesta si Dios hiciera que nuestra percepción de su amor fuera una experiencia sostenida. Si él siguiera siendo “nuestro Padre que está en los cielos” mientras esperamos que su reino venga en plenitud (Mateo 6:9–10), toda decepción se vería aliviada (cuando no disipada) por su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la oración sin respuesta a menudo nos roba la paz en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Puede persuadirnos de que Dios es un empleador tacaño, el carcelero de nuestra bendición, un titiritero que nos maneja como marionetas como si fuera por deporte. Sin embargo, con solo dos palabras, Jesús fortalece a su pueblo durante la espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más ''vuestro Padre'' que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentir de que Dios es Padre, cuando todo bien fuera de ello nos es negado, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras batallamos con una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No oraremos por mucho más tiempo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que a menudo nos parece, al reino venidero de la oración ''respondida''. Viajamos al reino de nuestro Padre, que le ha complacido darlo a su Hijo y a sus otros hijos e hijas. Estamos a solo días de llegar a casa. Tal vez no recordemos todos los motivos por los que oramos a lo largo del camino, pero Dios sí los recuerda, y ten la seguridad de que él demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta que, bajo un buen disfraz, él ha dado a nuestras oraciones y que, con la visión parcial que tenemos en este mundo, solo vimos como oraciones sin respuesta. Cuando él devele cómo ha sido su trato con nosotros, descubriendo capa por capa, su sabiduría satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad ahora nos dice que no es posible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluye las oraciones sin respuesta. Ninguna oración, ni ninguna de sus ovejas perdidas, quedará sin respuesta ni pasará inadvertida. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: “Creo; ayúdame en mi incredulidad!” (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará con nuestras sesiones de oración, despertaremos viendo a nuestro Señor cara a cara y encontraremos que las respuestas a nuestras oraciones han sido mejores de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta</id>
		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
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				<updated>2019-08-22T03:46:36Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hice oraciones apropiadas, oraciones inspiradas por Dios, pero oraciones más seguras. Oraciones sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca esperé empezó a suceder: comencé a tomar el “no” de Dios como algo personal. Él no solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo a mí. Al principio oraba con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar del agotamiento y mis manos estaban magulladas de golpear a su puerta; lo único que oía era la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el dintel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se amontonaron en una espiral. No estaba dudando, ni maltrataba a una esposa, ni pedía por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora ya se había cumplido después de tantos años de pedir. Seguramente el escenario había sido dispuesto de esa manera para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a retraerme un poco cuando comenzaba mis oraciones llamándolo “Padre”. En algún punto del camino, mis peticiones por la sanidad de mi hermano se confundieron con un pedido desesperado de saber que mi Padre me había escuchado, lloraba conmigo, se preocupaba. Lo que comenzó como una petición infantil maduró y pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó a mi lado. ''Ya sabes que la oración del justo tiene gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has estado orando por años. ¿Realmente crees que eres un hombre justo? Tu “Padre”, por lo que parece, responde las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo a ti? Sabes que “él hace lo que le place” (Salmos 115:3). ¿Qué tal si la sanidad de tu hermano no lo complace después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero mientras yo me hundía en mi propio pozo, en el momento preciso, Dios sanó a mi hermano”: esa es la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar en el tiempo, saltearme la lucha, las dudas y la confusión, y llegar finalmente, después de mucho esfuerzo, a un final feliz. Mis oraciones aún permanecen en un lugar de silencio. Sigo luchando con las dudas, que me rodean como un murmullo. Sigo tentado a sucumbir a lo que Jesús nos animó a resistirnos: desfallecer y dejar de orar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, si bien pido a Dios por esperanza necesaria para sostener mi súplica por aquello que a él tal vez le complazca retener, él me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que estas verdades alienten a todos los que vagan por los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con cosas buenas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que Satanás susurra que Dios nos ha fallado tanto a mi hermano como a mí —así como puede susurrarte que Dios es indiferente a tu deseo de hallar un cónyuge, a tus súplicas incesantes por tu hijo, a interminables oraciones pidiéndole que salve a tu amigo—, Jesús promete que su Padre no hace oídos sordos y que él nos dará “cosas buenas” cuando se lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden? (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, elevada desde el corazón necesitado de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Pedir, llamar y buscar no es en vano. Sirve para algo, tanto para mi hermano como para mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la sanidad, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto él gracias a la oración? Solo el cielo lo sabe. Nuestro Dios nunca da a sus hijos menos de lo que le piden; rara vez responde dándonos exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, nos da algo mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es crucial entender esto para perseverar por fe: nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas enteras de oraciones sin respuesta si Dios hiciera que nuestra percepción de su amor fuera una experiencia sostenida. Si él siguiera siendo “nuestro Padre que está en los cielos” mientras esperamos que su reino venga en plenitud (Mateo 6:9–10), toda decepción se vería aliviada (cuando no disipada) por su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la oración sin respuesta a menudo nos roba la paz en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Puede persuadirnos de que Dios es un empleador tacaño, el carcelero de nuestra bendición, un titiritero que nos maneja como marionetas como si fuera por deporte. Sin embargo, con solo dos palabras, Jesús fortalece a su pueblo durante la espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más ''vuestro Padre'' que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentir de que Dios es Padre, cuando todo bien fuera de ello nos es negado, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras batallamos con una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No oraremos por mucho más tiempo====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que parece a menudo, al reino venidero de la oración ''respondida''. Al reino de nuestro Padre, que se ha complacido en dar a su Hijo y otros hijos e hijas. Estamos a solo días de casa. Es posible que no recordemos todo por lo que rezamos en el camino, pero Dios lo hace, y ten la seguridad de que demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta bien disfrazada a la oración que, mientras entrecerrando los ojos en este mundo, sólo vimos como sin respuesta. Y su sabiduría, al desprenderse de su trato con nosotros capa por capa, satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad nos dice que ahora no puede ser.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: &amp;quot;Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito&amp;quot; (ver Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluyen oraciones sin responder. Ninguna oración, como ninguna de sus ovejas perdidas, pasará desapercibida o por alto. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: &amp;quot;Creo; ¡Ayúdame en mi incredulidad!&amp;quot; (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará nuestras sesiones de oración, y nos despertaremos para ver a nuestro Señor cara a cara y encontrar nuestras oraciones respondidas mejor de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
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				<updated>2019-08-22T02:29:35Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hice oraciones apropiadas, oraciones inspiradas por Dios, pero oraciones más seguras. Oraciones sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca esperé empezó a suceder: comencé a tomar el “no” de Dios como algo personal. Él no solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo a mí. Al principio oraba con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar del agotamiento y mis manos estaban magulladas de golpear a su puerta; lo único que oía era la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el dintel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se amontonaron en una espiral. No estaba dudando, ni maltrataba a una esposa, ni pedía por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora ya se había cumplido después de tantos años de pedir. Seguramente el escenario había sido dispuesto de esa manera para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a retraerme un poco cuando comenzaba mis oraciones llamándolo “Padre”. En algún punto del camino, mis peticiones por la sanidad de mi hermano se confundieron con un pedido desesperado de saber que mi Padre me había escuchado, lloraba conmigo, se preocupaba. Lo que comenzó como una petición infantil maduró y pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó a mi lado. ''Ya sabes que la oración del justo tiene gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has estado orando por años. ¿Realmente crees que eres un hombre justo? Tu “Padre”, por lo que parece, responde las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo a ti? Sabes que “él hace lo que le place” (Salmos 115:3). ¿Qué tal si la sanidad de tu hermano no lo complace después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero mientras yo me hundía en mi propio pozo, en el momento preciso, Dios sanó a mi hermano”: esa es la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar en el tiempo, saltearme la lucha, las dudas y la confusión, y llegar finalmente, después de mucho esfuerzo, a un final feliz. Mis oraciones aún permanecen en un lugar de silencio. Sigo luchando con las dudas, que me rodean como un murmullo. Sigo tentado a sucumbir a lo que Jesús nos animó a resistirnos: desfallecer y dejar de orar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, si bien pido a Dios por esperanza necesaria para sostener mi súplica por aquello que a él tal vez le complazca retener, él me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que estas verdades alienten a todos los que vagan por los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con cosas buenas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que Satanás susurra que Dios nos ha fallado tanto a mi hermano como a mí —así como puede susurrarte que Dios es indiferente a tu deseo de hallar un cónyuge, a tus súplicas incesantes por tu hijo, a interminables oraciones pidiéndole que salve a tu amigo—, Jesús promete que su Padre no hace oídos sordos y que él nos dará “cosas buenas” cuando se lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden? (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, elevada desde el corazón necesitado de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Pedir, llamar y buscar no es en vano. Sirve para algo, tanto para mi hermano como para mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la sanidad, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto él gracias a la oración? Solo el cielo lo sabe. Nuestro Dios nunca da a sus hijos menos de lo que le piden; rara vez responde dándonos exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, nos da algo mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es crucial entender esto para perseverar por fe: nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas de oración sin respuesta si Dios sustentara nuestra experiencia sentida de su amor. Si permaneció &amp;quot;Nuestro Padre, que está en el cielo&amp;quot;, mientras esperábamos que su reino llegara por completo (Mateo 6:9–10). Toda la decepción se aliviaría (si no es que se tragaría) con su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la oración sin respuesta a menudo nos roba en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Nos puede persuadir de que Dios es un empleador tacaño, nuestro alcaide de la bendición, un titiritero que nos hace marionetas por deporte. Pero con una sola palabra, Jesús fortifica a su pueblo que espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:&amp;quot;Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?&amp;quot; (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentido de que Dios es Padre, cuando se retiene todo otro bien, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras luchamos en una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No rezaremos mucho más====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que parece a menudo, al reino venidero de la oración ''respondida''. Al reino de nuestro Padre, que se ha complacido en dar a su Hijo y otros hijos e hijas. Estamos a solo días de casa. Es posible que no recordemos todo por lo que rezamos en el camino, pero Dios lo hace, y ten la seguridad de que demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta bien disfrazada a la oración que, mientras entrecerrando los ojos en este mundo, sólo vimos como sin respuesta. Y su sabiduría, al desprenderse de su trato con nosotros capa por capa, satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad nos dice que ahora no puede ser.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: &amp;quot;Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito&amp;quot; (ver Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluyen oraciones sin responder. Ninguna oración, como ninguna de sus ovejas perdidas, pasará desapercibida o por alto. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: &amp;quot;Creo; ¡Ayúdame en mi incredulidad!&amp;quot; (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará nuestras sesiones de oración, y nos despertaremos para ver a nuestro Señor cara a cara y encontrar nuestras oraciones respondidas mejor de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta</id>
		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
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				<updated>2019-08-22T02:22:27Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hice oraciones apropiadas, oraciones inspiradas por Dios, pero oraciones más seguras. Oraciones sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca esperé empezó a suceder: comencé a tomar el “no” de Dios como algo personal. Él no solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo a mí. Al principio oraba con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar del agotamiento y mis manos estaban magulladas de golpear a su puerta; lo único que oía era la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el dintel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se amontonaron en una espiral. No estaba dudando, ni maltrataba a una esposa, ni pedía por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora ya se había cumplido después de tantos años de pedir. Seguramente el escenario había sido dispuesto de esa manera para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a retraerme un poco cuando comenzaba mis oraciones llamándolo “Padre”. En algún punto del camino, mis peticiones por la sanidad de mi hermano se confundieron con un pedido desesperado de saber que mi Padre me había escuchado, lloraba conmigo, se preocupaba. Lo que comenzó como una petición infantil maduró y pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó a mi lado. ''Ya sabes que la oración del justo tiene gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has estado orando por años. ¿Realmente crees que eres un hombre justo? Tu “Padre”, por lo que parece, responde las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo a ti? Sabes que “él hace lo que le place” (Salmos 115:3). ¿Qué tal si la sanidad de tu hermano no lo complace después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Pero mientras yo me hundía en mi propio pozo, en el momento preciso, Dios sanó a mi hermano”: esa es la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar en el tiempo, saltearme la lucha, las dudas y la confusión, y llegar finalmente, después de mucho esfuerzo, a un final feliz. Mis oraciones aún permanecen en un lugar de silencio. Sigo luchando con las dudas, que me rodean como un murmullo. Sigo tentado a sucumbir a lo que Jesús nos animó a resistirnos: desfallecer y dejar de orar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero cuando le pido a Dios por la esperanza necesaria para soportar la súplica sobre lo que a él le complacería retener, me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que puedan alentar a todos los que vagan en los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con el bien====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras Satanás susurra que Dios ha fallado tanto a mi hermano como a mí, como él puede susurrarte que Dios es indiferente ante tu angustia por un cónyuge, súplicas incesantes por tu hijo, interminables llantos para que salve a tu amigo, Jesús promete que su Padre no nos desatiende, y nos dará &amp;quot;cosas buenas&amp;quot; cuando lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:&amp;quot;Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden?&amp;quot; (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, disparada desde los corazones necesitados de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Nuestro pedir, llamar, buscar no es en vano. Está haciendo algo, por mi hermano y por mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la curación, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto como resultado de la oración? Sólo el cielo lo dirá. Nuestro Dios nunca da a sus hijos peor de lo que pedimos, y rara vez es exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, es mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es crucial para mantenerlo por fe: Nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas de oración sin respuesta si Dios sustentara nuestra experiencia sentida de su amor. Si permaneció &amp;quot;Nuestro Padre, que está en el cielo&amp;quot;, mientras esperábamos que su reino llegara por completo (Mateo 6:9–10). Toda la decepción se aliviaría (si no es que se tragaría) con su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la oración sin respuesta a menudo nos roba en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Nos puede persuadir de que Dios es un empleador tacaño, nuestro alcaide de la bendición, un titiritero que nos hace marionetas por deporte. Pero con una sola palabra, Jesús fortifica a su pueblo que espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:&amp;quot;Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?&amp;quot; (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentido de que Dios es Padre, cuando se retiene todo otro bien, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras luchamos en una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No rezaremos mucho más====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que parece a menudo, al reino venidero de la oración ''respondida''. Al reino de nuestro Padre, que se ha complacido en dar a su Hijo y otros hijos e hijas. Estamos a solo días de casa. Es posible que no recordemos todo por lo que rezamos en el camino, pero Dios lo hace, y ten la seguridad de que demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta bien disfrazada a la oración que, mientras entrecerrando los ojos en este mundo, sólo vimos como sin respuesta. Y su sabiduría, al desprenderse de su trato con nosotros capa por capa, satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad nos dice que ahora no puede ser.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: &amp;quot;Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito&amp;quot; (ver Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluyen oraciones sin responder. Ninguna oración, como ninguna de sus ovejas perdidas, pasará desapercibida o por alto. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: &amp;quot;Creo; ¡Ayúdame en mi incredulidad!&amp;quot; (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará nuestras sesiones de oración, y nos despertaremos para ver a nuestro Señor cara a cara y encontrar nuestras oraciones respondidas mejor de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta</id>
		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta"/>
				<updated>2019-08-22T01:57:16Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hice oraciones apropiadas, oraciones inspiradas por Dios, pero oraciones más seguras. Oraciones sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca anticipé sucedió: comencé a tomar el &amp;quot;no&amp;quot; de Dios personalmente. No solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones de uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo. Mis oraciones habían comenzado con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar de agotamiento y mis manos estaban magulladas por golpear, la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el marco de la puerta fue la única que escuché.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se multiplicaron. No dudaba, maltrataba a una esposa, preguntaba por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora se había cumplido en años de pedir. Seguramente el escenario estaba preparado para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a encogerme un poco cuando comenzaba mis oraciones con &amp;quot;Padre&amp;quot;. En algún punto del camino, mis peticiones por la curación de mi hermano se confundieron con un grito por saber que mi Padre me escuchó, lloró conmigo, se preocupó. Lo que comenzó con una solicitud infantil pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó conmigo. ''Como saben, la oración eficaz del justo tiene un gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has orado por años ahora. ¿Eres realmente un hombre justo? O, tu &amp;quot;Padre&amp;quot; parece responder a las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo? Ya que &amp;quot;él hace lo que le place&amp;quot; (Salmo 115:3), ¿crees que la curación de tu hermano podría no complacerlo después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Pero cuando estaba revolcándome en el hoyo, en el momento adecuado, Dios sanó a mi hermano&amp;quot;, la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar rápidamente a través de la lucha, la duda y la confusión hacia un final feliz conseguido con mucho esfuerzo. Mis oraciones aún permanecen en un lugar tranquilo. Todavía sigo luchando con las dudas susurradas. Todavía estoy tentado a sucumbir a lo que Jesús animó en contra: perder el corazón y dejar de rezar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero cuando le pido a Dios por la esperanza necesaria para soportar la súplica sobre lo que a él le complacería retener, me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que puedan alentar a todos los que vagan en los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con el bien====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras Satanás susurra que Dios ha fallado tanto a mi hermano como a mí, como él puede susurrarte que Dios es indiferente ante tu angustia por un cónyuge, súplicas incesantes por tu hijo, interminables llantos para que salve a tu amigo, Jesús promete que su Padre no nos desatiende, y nos dará &amp;quot;cosas buenas&amp;quot; cuando lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:&amp;quot;Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden?&amp;quot; (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, disparada desde los corazones necesitados de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Nuestro pedir, llamar, buscar no es en vano. Está haciendo algo, por mi hermano y por mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la curación, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto como resultado de la oración? Sólo el cielo lo dirá. Nuestro Dios nunca da a sus hijos peor de lo que pedimos, y rara vez es exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, es mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es crucial para mantenerlo por fe: Nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas de oración sin respuesta si Dios sustentara nuestra experiencia sentida de su amor. Si permaneció &amp;quot;Nuestro Padre, que está en el cielo&amp;quot;, mientras esperábamos que su reino llegara por completo (Mateo 6:9–10). Toda la decepción se aliviaría (si no es que se tragaría) con su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la oración sin respuesta a menudo nos roba en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Nos puede persuadir de que Dios es un empleador tacaño, nuestro alcaide de la bendición, un titiritero que nos hace marionetas por deporte. Pero con una sola palabra, Jesús fortifica a su pueblo que espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:&amp;quot;Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?&amp;quot; (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentido de que Dios es Padre, cuando se retiene todo otro bien, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras luchamos en una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No rezaremos mucho más====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que parece a menudo, al reino venidero de la oración ''respondida''. Al reino de nuestro Padre, que se ha complacido en dar a su Hijo y otros hijos e hijas. Estamos a solo días de casa. Es posible que no recordemos todo por lo que rezamos en el camino, pero Dios lo hace, y ten la seguridad de que demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta bien disfrazada a la oración que, mientras entrecerrando los ojos en este mundo, sólo vimos como sin respuesta. Y su sabiduría, al desprenderse de su trato con nosotros capa por capa, satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad nos dice que ahora no puede ser.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: &amp;quot;Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito&amp;quot; (ver Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluyen oraciones sin responder. Ninguna oración, como ninguna de sus ovejas perdidas, pasará desapercibida o por alto. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: &amp;quot;Creo; ¡Ayúdame en mi incredulidad!&amp;quot; (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará nuestras sesiones de oración, y nos despertaremos para ver a nuestro Señor cara a cara y encontrar nuestras oraciones respondidas mejor de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Por_cada_oraci%C3%B3n_sin_respuesta</id>
		<title>Por cada oración sin respuesta</title>
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				<updated>2019-08-22T01:56:52Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|For Every Prayer That Goes Unanswered}}&amp;lt;br&amp;gt;Oraba a Dios todos los días pidiéndole que sanara a mi hermanito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que Jacob, planeaba aferrarme a él y no dejarlo ir hasta que bendijera a mi hermano dándole la libertad del cautiverio del autismo. Se me lastimaron las rodillas. Me dolía la espalda. El cansancio me ganaba y terminaba mis sesiones de oración. Los días se volvieron semanas, y las semanas, años. Suplicaba a diario y, como resultado, casi perdí la fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca antes me había preguntado si Dios me escuchaba o no. Nunca antes había orado con suficiente detallismo para saber cómo respondía. Le pedía que me ayudara a aborrecer mi pecado con más vehemencia. Le pedía que viniera su reino. Pedía conocer más de su amor. Ver su gloria. Servir a su pueblo. Hice oraciones apropiadas, oraciones inspiradas por Dios, pero oraciones más seguras. Oraciones sin fecha de vencimiento y sin claridad total sobre si Dios había dicho que no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hasta que llegó el diagnóstico. La necesidad, y no el coraje, me llevó a pedir específicamente que mi hermano fuera sanado. Mi petición tenía un nombre, una risa, una expresión confusa mientras hablábamos. La respuesta de Dios a mis oraciones sería observable, verificable, pública. El sí o el no de Dios sería visto por algo más que los ojos de la fe. Él curaría a mi hermano, o no lo haría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y después de dieciocho años, no lo ha hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomárselo personal====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de innumerables oraciones, lo que nunca anticipé sucedió: comencé a tomar el &amp;quot;no&amp;quot; de Dios personalmente. No solo no estaba curando a un ser querido, un dolor que es más difícil de soportar que padecer las aflicciones de uno mismo, sino que tampoco me estaba respondiendo. Mis oraciones habían comenzado con entusiasmo, pero a medida que caían las lluvias y soplaban los vientos, mis piernas empezaban a temblar de agotamiento y mis manos estaban magulladas por golpear, la voz de un hombre desesperado haciendo eco en el marco de la puerta fue la única que escuché.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mis pensamientos se multiplicaron. No dudaba, maltrataba a una esposa, preguntaba por motivos impuros: ''¿por qué prolongaba su rechazo?'' Seguramente su obra santificadora se había cumplido en años de pedir. Seguramente el escenario estaba preparado para que él glorificara su nombre con un milagro. Seguramente él también odiaba el autismo. En algún punto del camino, comencé a encogerme un poco cuando comenzaba mis oraciones con &amp;quot;Padre&amp;quot;. En algún punto del camino, mis peticiones por la curación de mi hermano se confundieron con un grito por saber que mi Padre me escuchó, lloró conmigo, se preocupó. Lo que comenzó con una solicitud infantil pronto se convirtió en el resentimiento de un huérfano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no estaba solo con mis pensamientos. Satanás se sentó conmigo. ''Como saben, la oración eficaz del justo tiene un gran poder para sanar (Santiago 5:16). Has orado por años ahora. ¿Eres realmente un hombre justo? O, tu &amp;quot;Padre&amp;quot; parece responder a las oraciones de sus otros hijos. ¿Por qué crees que no te está respondiendo? Ya que &amp;quot;él hace lo que le place&amp;quot; (Salmo 115:3), ¿crees que la curación de tu hermano podría no complacerlo después de todo?''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Respuestas en el silencio====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;quot;Pero cuando estaba revolcándome en el hoyo, en el momento adecuado, Dios sanó a mi hermano&amp;quot;, la frase con la que me gustaría poder terminar este artículo. Me encantaría avanzar rápidamente a través de la lucha, la duda y la confusión hacia un final feliz conseguido con mucho esfuerzo. Mis oraciones aún permanecen en un lugar tranquilo. Todavía sigo luchando con las dudas susurradas. Todavía estoy tentado a sucumbir a lo que Jesús animó en contra: perder el corazón y dejar de rezar (Lucas 18:1–8).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero cuando le pido a Dios por la esperanza necesaria para soportar la súplica sobre lo que a él le complacería retener, me ha estado enseñando a aferrarme a dos verdades de Mateo 7 que han marcado la diferencia. Espero que puedan alentar a todos los que vagan en los valles de la oración sin respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====1. Dios responde con el bien====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras Satanás susurra que Dios ha fallado tanto a mi hermano como a mí, como él puede susurrarte que Dios es indiferente ante tu angustia por un cónyuge, súplicas incesantes por tu hijo, interminables llantos para que salve a tu amigo, Jesús promete que su Padre no nos desatiende, y nos dará &amp;quot;cosas buenas&amp;quot; cuando lo pidamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:&amp;quot;Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará ''cosas buenas'' a los que le piden?&amp;quot; (Mateo 7:7–11).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración, disparada desde los corazones necesitados de sus hijos, es una flecha lanzada al aire que Dios siempre nos devuelve con una nueva bendición, en algún lugar. Nuestro pedir, llamar, buscar no es en vano. Está haciendo algo, por mi hermano y por mí. Puede que él no haya abierto la puerta principal de la curación, pero ¿cuántas otras puertas y ventanas de la gracia ha abierto como resultado de la oración? Sólo el cielo lo dirá. Nuestro Dios nunca da a sus hijos peor de lo que pedimos, y rara vez es exactamente lo que pedimos, pero siempre, de alguna manera, es mejor de lo que pedimos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====2. Dios responde como Padre====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es crucial para mantenerlo por fe: Nuestro Dios da (y retiene) como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me imagino que podríamos soportar vidas de oración sin respuesta si Dios sustentara nuestra experiencia sentida de su amor. Si permaneció &amp;quot;Nuestro Padre, que está en el cielo&amp;quot;, mientras esperábamos que su reino llegara por completo (Mateo 6:9–10). Toda la decepción se aliviaría (si no es que se tragaría) con su sonrisa y abrazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la oración sin respuesta a menudo nos roba en este punto. La esperanza aplazada puede secuestrarnos de la casa de nuestro Padre. Nos puede persuadir de que Dios es un empleador tacaño, nuestro alcaide de la bendición, un titiritero que nos hace marionetas por deporte. Pero con una sola palabra, Jesús fortifica a su pueblo que espera:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:&amp;quot;Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?&amp;quot; (Mateo 7:11)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Retener el sentido de que Dios es Padre, cuando se retiene todo otro bien, es una de las bendiciones más grandes que podemos recibir mientras luchamos en una oración sin respuesta. Dios no responde a la oración sin respuesta como una camarera molesta o un juez insensible. Dios responde a la oración sin respuesta de su pueblo como Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====No rezaremos mucho más====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú y yo estamos viajando, más rápido de lo que parece a menudo, al reino venidero de la oración ''respondida''. Al reino de nuestro Padre, que se ha complacido en dar a su Hijo y otros hijos e hijas. Estamos a solo días de casa. Es posible que no recordemos todo por lo que rezamos en el camino, pero Dios lo hace, y ten la seguridad de que demostrará su fidelidad. Él mostrará la bendición invisible de cada respuesta bien disfrazada a la oración que, mientras entrecerrando los ojos en este mundo, sólo vimos como sin respuesta. Y su sabiduría, al desprenderse de su trato con nosotros capa por capa, satisfará nuestras preguntas y despertará en nosotros un amor que la incredulidad nos dice que ahora no puede ser.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y cantaremos lo que a veces solo podíamos tartamudear en la tierra: &amp;quot;Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito&amp;quot; (ver Romanos 8:28). ''Todas las cosas'' incluyen oraciones sin responder. Ninguna oración, como ninguna de sus ovejas perdidas, pasará desapercibida o por alto. Por ahora, las rodillas adoloridas y el dolor en la espalda gritan: &amp;quot;Creo; ¡Ayúdame en mi incredulidad!&amp;quot; (Marcos 9:24). Pronto la muerte terminará nuestras sesiones de oración, y nos despertaremos para ver a nuestro Señor cara a cara y encontrar nuestras oraciones respondidas mejor de lo que podríamos haber pedido.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Ora_para_recibir_tu_respuesta,_no_para_ganarla</id>
		<title>Ora para recibir tu respuesta, no para ganarla</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Ora_para_recibir_tu_respuesta,_no_para_ganarla"/>
				<updated>2019-08-16T17:06:58Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Pray to Receive, Not to Earn}}Hay un momento en particular que nunca deja de decepcionarme como pastor y que sucede muy a menudo. Suele llegar de manera inesperada mientras oro con los miembros de nuestra iglesia luego de estudiar la Biblia juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas situaciones, sucede que, luego de lidiar con el texto arduamente, gozándonos en la asombrosa gracia de Dios en Cristo y aplicándola a nuestras vidas, empezamos a orar y ocurre que las oraciones guardan muy poca relación con lo que acabamos de leer. Después de deleitarnos en el evangelio, hacemos oraciones prosaicas, limitadas (normalmente solo por los que están enfermos) y, para ser honestos, que no están en sintonía en absoluto con el evangelio. Creo que es un problema común en nuestras iglesias hoy en día: lo que oramos no es moldeado ni motivado por el evangelio en sí mismo, sino por nuestras circunstancias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal vez dejamos a un lado el evangelio en nuestras oraciones porque olvidamos, para empezar, el inmenso privilegio que es orar. No solo debemos orar acerca de las buenas nuevas de Dios, sino que deberíamos deleitarnos en que el evangelio nos abre las puertas de la oración en primer lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Lo maravilloso de pedirle a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Biblia, la oración  básicamente significa “pedir”. Hay montones de otras actividades  relacionadas o superpuestas con la oración (como la adoración, la alabanza y la acción de gracias), pero generalmente conducen o fluyen desde el núcleo de la oración, que es pedirle a Dios que haga algo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde luego, eso no ocurre únicamente en el cristianismo. Los musulmanes también oran y piden cosas. Los adoradores de Baal estaban ansiosos por ver a su dios aparecer y hacer lo que ellos necesitaban. Prácticamente todas las religiones de la historia han sido fuertemente motivadas por las peticiones de los humanos. Sin embargo, hay algo que distingue la oración que vemos en la Biblia. En lugar de ver que personas como nosotros deben pasar por todo tipo de rituales o círculos espirituales para asegurarse de que sus oraciones sean lo suficientemente potentes, solo las vemos pedir. ¿Por qué? Por causa del evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En sus ''Instituciones'', Juan Calvino hace una declaración fundamental que pude recalibrar por completo la manera en que pensamos la oración: “Así como la fe nace a través del evangelio, a través del evangelio nuestros corazones son entrenados para llamar al nombre de Dios”. Dicho en otras palabras, podemos orar gracias al evangelio, y no por nuestras buenas obras, buena apariencia o buenas decisiones. Dios se acerca a nosotros sobre la base de las obras de Cristo, no las nuestras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mensaje central del evangelio es que no tenemos nada, no aportamos nada, ni podemos darle nada a Dios: somos rescatados solo por la gracia por medio de la fe, es decir, solo pidiéndolo. No debería sorprendernos que la oración, que es posible gracias al evangelio y es moldeada por el evangelio, funcione exactamente de la misma manera. Sin embargo, en otro sentido, esto es completamente revolucionario. Distingue la oración cristiana ―y la invitación que nos hace el evangelio― de cualquier otro tipo de oración en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración como ninguna otra====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para empezar, esto significa que nuestras plegarias son posibles por el hecho de que estamos unidos por la fe a aquel Cristo que murió por nosotros. En un sentido, empezamos a participar en su conversación con el Padre. Por ejemplo, Pablo escribe, basándose en las enseñanzas de Jesús acerca de cómo debemos orar: “Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios” (Gálatas 4:6-7). Nuestras oraciones son las oraciones de quien tiene el privilegio de una relación íntima. Jesús mismo es muy explícito cuando nos dice:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. O suponed que a uno de vosotros que es padre, su hijo le pide pan; ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un pescado; ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado? O si le pide un huevo; ¿acaso le dará un escorpión? Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Lucas 11:9-13).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración entonces es posible gracias al evangelio, a través del Espíritu Santo, que nos da la capacidad de orar junto a Jesús; pero hay más que decir al respecto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Oraciones moldeadas por el evangelio ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestras oraciones no solo son posibles por el evangelio, sino que también son moldeadas por el evangelio. Nuestras oraciones son posibles por la gracia de Dios y deben ser moldeadas por la gracia de Dios.  Somos libres de pedirle a Dios lo que solo él puede hacer. Nos ha sido encomendado pedirle a Dios que haga lo que solo él ha prometido hacer. En otras palabras, nos han sido dadas la capacidad, el aliento y la instrucción para elevar oraciones moldeadas por el evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando abrimos nuestra boca para pedir, es apropiado realizar nuestras peticiones  en el contexto de sentirnos maravillados por el Dios que se ha revelado a sí mismo y nos ha rescatado. Cuando abrimos nuestra boca para pedir, lo hacemos en un contexto en el que Dios ya nos ha prodigado tanto que no podemos evitar agradecerle por lo que está haciendo. Por eso, cuando abramos nuestra boca para pedir, continuaremos impresionados por lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. Nuestro mayor anhelo será ver a Dios continuar haciendo lo que ha prometido hacer en nosotros y por medio de nosotros, en tanto construye su reino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, cuando hayamos comprendido el evangelio, nuestras oraciones inevitablemente girarán en torno a lo que Dios ha hecho, está haciendo y hará a través del evangelio. Por eso, nuestras  oraciones estarán dominadas por la petición de que Dios atraiga a las personas para que conozcan a Cristo; le rogaremos que obre en su iglesia y a través de ella; le pediremos que profundice continuamente la obra del evangelio en nuestras vidas; le pediremos todos los días que nos permita asirnos de lo que él ya nos ha dado a través del evangelio del Señor Jesucristo. El modelo de oraciones IAUS de John Piper (originalmente IOUS por el acrónimo en inglés) lo representa muy bien:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''I.''' Inclina mi corazón a tus testimonios (Salmos 119:36)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''A.''' Abre mis ojos para que vea tus maravillas (Salmos 119:18)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''U.''' Unifica mi corazón para que tema tu nombre (Salmos 86:11)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''S.''' Sácianos por la mañana con tu misericordia (Salmos 90:14)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este modelo no es simplemente un intento de ofrecernos una oración “centrada en el evangelio”. Esta es una enseñanza inequívoca (y lógica) de la Biblia. El evangelio nos lleva a orar y nos enseña por qué peticiones orar. Si lo entendiéramos, haríamos oraciones más profundas, abarcadoras y elevadas cuando estudiamos la Biblia juntos, y tendríamos una nueva libertad y pasión cuando oramos a solas en lo secreto.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Ora_para_recibir_tu_respuesta,_no_para_ganarla</id>
		<title>Ora para recibir tu respuesta, no para ganarla</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Ora_para_recibir_tu_respuesta,_no_para_ganarla"/>
				<updated>2019-08-16T16:29:58Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Pray to Receive, Not to Earn}}Hay un momento en particular que nunca deja de decepcionarme como pastor, y que sucede muy a menudo. Suele llegar de manera inesperada mientras oro con los miembros de nuestra iglesia luego de estudiar la Biblia juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas situaciones, sucede que, luego de lidiar con el texto arduamente, disfrutando la asombrosa gracia de Dios en Cristo y aplicándola a nuestras vidas, empezamos a orar y ocurre que las oraciones guardan muy poca relación con lo que acabamos de leer. Después de deleitarnos en el evangelio, hacemos oraciones prosaicas, limitadas (normalmente solo por los que están enfermos) y, para ser honestos, que no están en sintonía en absoluto con el evangelio. Creo que es un problema común en nuestras iglesias hoy en día: lo que oramos no es moldeado ni motivado por el evangelio en sí mismo, sino por nuestras circunstancias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal vez dejamos a un lado el evangelio en nuestras oraciones porque olvidamos, para empezar, el inmenso privilegio que es orar. No solo debemos orar acerca de las buenas nuevas de Dios, sino que deberíamos deleitarnos en que el evangelio nos abre las puertas de la oración en primer lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Lo maravilloso de pedirle a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Biblia, la oración  básicamente significa “pedir”. Hay montones de otras actividades  relacionadas o superpuestas con la oración (como la adoración, la alabanza y la acción de gracias), pero generalmente conducen o fluyen desde el núcleo de la oración, que es pedirle a Dios que haga algo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde luego, eso no ocurre únicamente en el cristianismo. Los musulmanes también oran y piden cosas. Los adoradores de Baal estaban ansiosos por ver a su dios aparecer y hacer lo que ellos necesitaban. Prácticamente todas las religiones de la historia han sido fuertemente motivadas por las peticiones de los humanos. Sin embargo, hay algo que distingue la oración que vemos en la Biblia. En lugar de ver que personas como nosotros deben pasar por todo tipo de rituales o círculos espirituales para asegurarse de que sus oraciones sean lo suficientemente potentes, solo las vemos pedir. ¿Por qué? Por causa del evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En sus ''Instituciones'', Juan Calvino hace una declaración fundamental que pude recalibrar por completo la manera en que pensamos la oración: “Así como la fe nace a través del evangelio, a través del evangelio nuestros corazones son entrenados para llamar al nombre de Dios”. Dicho en otras palabras, podemos orar gracias al evangelio, y no por nuestras buenas obras, buena apariencia o buenas decisiones. Dios se acerca a nosotros sobre la base de las obras de Cristo, no las nuestras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mensaje central del evangelio es que no tenemos nada, no aportamos nada, ni podemos darle nada a Dios: somos rescatados solo por la gracia por medio de la fe, es decir, solo pidiéndolo. No debería sorprendernos que la oración, que es posible gracias al evangelio y es moldeada por el evangelio, funcione exactamente de la misma manera. Sin embargo, en otro sentido, esto es completamente revolucionario. Distingue la oración cristiana ―y la invitación que nos hace el evangelio― de cualquier otro tipo de oración en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración como ninguna otra====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para empezar, esto significa que nuestras plegarias son posibles por el hecho de que estamos unidos por la fe a aquel Cristo que murió por nosotros. En un sentido, empezamos a participar en su conversación con el Padre. Por ejemplo, Pablo escribe, basándose en las enseñanzas de Jesús acerca de cómo debemos orar: “Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios” (Gálatas 4:6-7). Nuestras oraciones son las oraciones de quien tiene el privilegio de una relación íntima. Jesús mismo es muy explícito cuando nos dice:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. O suponed que a uno de vosotros que es padre, su hijo le pide pan; ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un pescado; ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado? O si le pide un huevo; ¿acaso le dará un escorpión? Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Lucas 11:9-13).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración entonces es posible gracias al evangelio, a través del Espíritu Santo, que nos da la capacidad de orar junto a Jesús; pero hay más que decir al respecto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Oraciones moldeadas por el evangelio ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestras oraciones no solo son posibles por el evangelio, sino que también son moldeadas por el evangelio. Nuestras oraciones son posibles por la gracia de Dios y deben ser moldeadas por la gracia de Dios.  Somos libres de pedirle a Dios lo que solo él puede hacer. Nos ha sido encomendado pedirle a Dios que haga lo que solo él ha prometido hacer. En otras palabras, nos han sido dadas la capacidad, el aliento y la instrucción para elevar oraciones moldeadas por el evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando abrimos nuestra boca para pedir, es apropiado realizar nuestras peticiones  en el contexto de sentirnos maravillados por el Dios que se ha revelado a sí mismo y nos ha rescatado. Cuando abrimos nuestra boca para pedir, lo hacemos en un contexto en el que Dios ya nos ha prodigado tanto que no podemos evitar agradecerle por lo que está haciendo. Por eso, cuando abramos nuestra boca para pedir, continuaremos impresionados por lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. Nuestro mayor anhelo será ver a Dios continuar haciendo lo que ha prometido hacer en nosotros y por medio de nosotros, en tanto construye su reino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, cuando hayamos comprendido el evangelio, nuestras oraciones inevitablemente girarán en torno a lo que Dios ha hecho, está haciendo y hará a través del evangelio. Por eso, nuestras  oraciones estarán dominadas por la petición de que Dios atraiga a las personas para que conozcan a Cristo. Por eso, rogaremos a Dios que obre en su iglesia y a través de ella. Por eso le pediremos a Dios que profundice continuamente la obra del evangelio en nuestras vidas. Por eso le pediremos a Dios todos los días que nos permita asirnos de lo que él ya nos ha dado a través del evangelio del Señor Jesucristo. El modelo de oraciones IAUS de John Piper (originalmente IOUS por el acrónimo en inglés) lo representa muy bien:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''I.''' Inclina mi corazón a tus testimonios (Salmos 119:36)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''A.''' Abre mis ojos para que vea tus maravillas (Salmos 119:18)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''U.''' Unifica mi corazón para que tema tu nombre (Salmos 86:11)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''S.''' Sácianos por la mañana con tu misericordia (Salmos 90:14)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este modelo no es simplemente un intento de ofrecernos una oración “centrada en el evangelio”. Esta es una enseñanza inequívoca (y lógica) de la Biblia. El evangelio nos lleva a orar, y nos enseña por qué peticiones orar. Si lo entendiéramos, haríamos oraciones más profundas, abarcadoras y elevadas cuando estudiamos la Biblia juntos, y tendríamos una nueva libertad y pasión cuando oramos a solas en lo secreto.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<title>Ora para recibir tu respuesta, no para ganarla</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Pray to Receive, Not to Earn}}Hay un momento en particular que nunca deja de decepcionarme como pastor, y que sucede muy a menudo. Suele llegar de manera inesperada mientras oro con los miembros de nuestra iglesia luego de estudiar la Biblia juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas situaciones, sucede que, luego de lidiar con el texto arduamente, disfrutando la asombrosa gracia de Dios en Cristo y aplicándola a nuestras vidas, empezamos a orar y ocurre que las oraciones guardan muy poca relación con lo que acabamos de leer. Después de deleitarnos en el evangelio, hacemos oraciones prosaicas, limitadas (normalmente solo por los que están enfermos) y, para ser honestos, que no están en sintonía en absoluto con el evangelio. Creo que es un problema común en nuestras iglesias hoy en día: lo que oramos no es moldeado ni motivado por el evangelio en sí mismo, sino por nuestras circunstancias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal vez dejamos a un lado el evangelio en nuestras oraciones porque olvidamos, para empezar, el inmenso privilegio que es orar. No solo debemos orar acerca de las buenas nuevas de Dios, sino que deberíamos deleitarnos en que el evangelio nos abre las puertas de la oración en primer lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Lo maravilloso de pedirle a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Biblia, la oración  básicamente significa “pedir”. Hay montones de otras actividades  relacionadas o superpuestas con la oración (como la adoración, la alabanza y la acción de gracias), pero generalmente conducen o fluyen desde el núcleo de la oración, que es pedirle a Dios que haga algo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde luego, eso no ocurre únicamente en el cristianismo. Los musulmanes también oran y piden cosas. Los adoradores de Baal estaban ansiosos por ver a su dios aparecer y hacer lo que ellos necesitaban. Prácticamente todas las religiones de la historia han sido fuertemente motivadas por las peticiones de los humanos. Sin embargo, hay algo que distingue la oración que vemos en la Biblia. En lugar de ver que personas como nosotros deben pasar por todo tipo de rituales o círculos espirituales para asegurarse de que sus oraciones sean lo suficientemente potentes, solo las vemos pedir. ¿Por qué? Por causa del evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En sus ''Instituciones'', Juan Calvino hace una declaración fundamental que pude recalibrar por completo la manera en que pensamos la oración: “Así como la fe nace a través del evangelio, a través del evangelio nuestros corazones son entrenados para llamar al nombre de Dios”. Dicho en otras palabras, podemos orar gracias al evangelio, y no por nuestras buenas obras, buena apariencia o buenas decisiones. Dios se acerca a nosotros sobre la base de las obras de Cristo, no las nuestras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mensaje central del evangelio es que no tenemos nada, no aportamos nada, ni podemos darle nada a Dios: somos rescatados solo por la gracia por medio de la fe, es decir, solo pidiéndolo. No debería sorprendernos que la oración, que es posible gracias al evangelio y es moldeada por el evangelio, funcione exactamente de la misma manera. Sin embargo, en otro sentido, esto es completamente revolucionario. Distingue la oración cristiana ―y la invitación que nos hace el evangelio― de cualquier otro tipo de oración en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración como ninguna otra====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para empezar, esto significa que nuestras plegarias son posibles por el hecho de que estamos unidos por la fe a aquel Cristo que murió por nosotros. En un sentido, empezamos a participar en su conversación con el Padre. Por ejemplo, Pablo escribe, basándose en las enseñanzas de Jesús acerca de cómo debemos orar: “Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios” (Gálatas 4:6-7). Nuestras oraciones son las oraciones de quien tiene el privilegio de una relación íntima. Jesús mismo es muy explícito cuando nos dice:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. O suponed que a uno de vosotros que es padre, su hijo le pide pan; ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un pescado; ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado? O si le pide un huevo; ¿acaso le dará un escorpión? Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Lucas 11:9-13).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración entonces es posible gracias al evangelio, a través del Espíritu Santo, que nos da la capacidad de orar junto a Jesús; pero hay más que decir al respecto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Oraciones moldeadas por el evangelio ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestras oraciones no solo son posibles por el evangelio, sino que también son moldeadas por el evangelio. Nuestras oraciones son posibles por la gracia de Dios y deben ser moldeadas por la gracia de Dios.  Somos libres de pedirle a Dios lo que solo él puede hacer. Nos ha sido encomendado pedirle a Dios que haga lo que solo él ha prometido hacer. En otras palabras, nos han sido dadas la capacidad, el aliento y la instrucción para elevar oraciones moldeadas por el evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando abrimos nuestra boca para pedir, es apropiado realizar nuestras peticiones  en el contexto de sentirnos maravillados por el Dios que se ha revelado a sí mismo y nos ha rescatado. Cuando abrimos nuestra boca para pedir, lo hacemos en un contexto en el que Dios ya nos ha prodigado tanto que no podemos evitar agradecerle por lo que está haciendo. Por eso, cuando abramos nuestra boca para pedir, continuaremos impresionados por lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. Nuestro mayor anhelo será ver a Dios continuar haciendo lo que ha prometido hacer en nosotros y por medio de nosotros, en tanto construye su reino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, cuando hayamos comprendido el evangelio, nuestras oraciones inevitablemente girarán en torno a lo que Dios ha hecho, está haciendo y hará a través del evangelio. Por eso, nuestras  oraciones estarán dominadas por la petición de que Dios atraiga a las personas para que conozcan a Cristo. Por eso, rogaremos a Dios que obre en su iglesia y a través de ella. Por eso le pediremos a Dios que profundice continuamente la obra del evangelio en nuestras vidas. Por eso le pediremos a Dios todos los días que nos permita asirnos de lo que él ya nos ha dado a través del evangelio del Señor Jesucristo. El modelo de oraciones IAUS de John Piper (originalmente IOUS por el acrónimo en inglés) lo representa muy bien:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''I.''' Inclina mi corazón a tus testimonios (Salmos 119:36)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''A.''' Abre mis ojos para que vea tus maravillas (Salmos 119:18)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''U.''' Unifica mi corazón para que tema tu nombre (Salmos 86:11)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''S.''' Sácianos por la mañana con tu misericordia (Salmos 90:14)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este modelo no es simplemente un intento de ofrecernos una oración “centrada en el evangelio”. Esta es una enseñanza inequívoca (y lógica) de la Biblia. El evangelio nos lleva a orar, y nos enseña por qué peticiones orar. Si lo entendiéramos, haríamos oraciones más profundas, abarcadoras y elevadas cuando estudiamos la Biblia juntos, y tendríamos una nueva libertad y pasión cuando oramos a solas en nuestra habitación.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<title>Ora para recibir tu respuesta, no para ganarla</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Pray to Receive, Not to Earn}}Hay un momento en particular que nunca deja de decepcionarme como pastor, y que sucede muy a menudo. Suele llegar de manera inesperada mientras oro con los miembros de nuestra iglesia luego de estudiar la Biblia juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas situaciones, sucede que, luego de lidiar con el texto arduamente, disfrutando la asombrosa gracia de Dios en Cristo y aplicándola a nuestras vidas, empezamos a orar y ocurre que las oraciones guardan muy poca relación con lo que acabamos de leer. Después de deleitarnos en el evangelio, hacemos oraciones prosaicas, limitadas (normalmente solo por los que están enfermos) y, para ser honestos, que no están en sintonía en absoluto con el evangelio. Creo que es un problema común en nuestras iglesias hoy en día: lo que oramos no es moldeado ni motivado por el evangelio en sí mismo, sino por nuestras circunstancias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal vez dejamos a un lado el evangelio en nuestras oraciones porque olvidamos, para empezar, el inmenso privilegio que es orar. No solo debemos orar acerca de las buenas nuevas de Dios, sino que deberíamos deleitarnos en que el evangelio nos abre las puertas de la oración en primer lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Lo maravilloso de pedirle a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Biblia, la oración  básicamente significa “pedir”. Hay montones de otras actividades  relacionadas o superpuestas con la oración (como la adoración, la alabanza y la acción de gracias), pero generalmente conducen o fluyen desde el núcleo de la oración, que es pedirle a Dios que haga algo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde luego, eso no ocurre únicamente en el cristianismo. Los musulmanes también oran y piden cosas. Los adoradores de Baal estaban ansiosos por ver a su dios aparecer y hacer lo que ellos necesitaban. Prácticamente todas las religiones de la historia han sido fuertemente motivadas por las peticiones de los humanos. Sin embargo, hay algo que distingue la oración que vemos en la Biblia. En lugar de ver que personas como nosotros deben pasar por todo tipo de rituales o círculos espirituales para asegurarse de que sus oraciones sean lo suficientemente potentes, solo las vemos pedir. ¿Por qué? Por causa del evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En sus ''Instituciones'', Juan Calvino hace una declaración fundamental que pude recalibrar por completo la manera en que pensamos la oración: “Así como la fe nace a través del evangelio, a través del evangelio nuestros corazones son entrenados para llamar al nombre de Dios”. Dicho en otras palabras, podemos orar gracias al evangelio, y no por nuestras buenas obras, buena apariencia o buenas decisiones. Dios se acerca a nosotros sobre la base de las obras de Cristo, no las nuestras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mensaje central del evangelio es que no tenemos nada, no aportamos nada, ni podemos darle nada a Dios: somos rescatados solo por la gracia por medio de la fe, es decir, solo pidiéndolo. No debería sorprendernos que la oración, que es posible gracias al evangelio y es moldeada por el evangelio, funcione exactamente de la misma manera. Sin embargo, en otro sentido, esto es completamente revolucionario. Distingue la oración cristiana ―y la invitación que nos hace el evangelio― de cualquier otro tipo de oración en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración como ninguna otra====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para empezar, esto significa que nuestras plegarias son posibles por el hecho de que estamos unidos por la fe a aquel Cristo que murió por nosotros. En un sentido, empezamos a participar en su conversación con el Padre. Por ejemplo, Pablo escribe, basándose en las enseñanzas de Jesús acerca de cómo debemos orar: “Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios” (Gálatas 4:6-7). Nuestras oraciones son las oraciones de quien tiene el privilegio de una relación íntima. Jesús mismo es muy explícito cuando nos dice:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. O suponed que a uno de vosotros que es padre, su hijo le pide pan; ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un pescado; ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado? O si le pide un huevo; ¿acaso le dará un escorpión? Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Lucas 11:9-13).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración entonces es posible gracias al evangelio, a través del Espíritu Santo, que nos da la capacidad de orar junto a Jesús; pero hay más que decir al respecto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Oraciones moldeadas por el evangelio ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo nuestras oraciones son hechas posibles por el evangelio, también son formadas por el evangelio. Nuestras oraciones son hechas posibles por la gracia de Dios y deben ser formadas por la gracia de Dios.  Somos libres de pedirle a Dios lo que sólo él puede hacer. Estamos encomendados a pedir a Dios a hacer lo que sólo él ha prometido hacer. En otras palabras, estamos habilitados, alentados, e instruidos a rezar oraciones formadas por el evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando abrimos nuestras bocas para pedir, es apopado realizar nuestras peticiones  en el contexto de las maravillas de nuestro Dios quien se nos ha revelado a sí mismo y nos ha rescatado. Cuando abrimos nuestras bocas para pedir, Lo hacemos en un contexto en el que Dios ya nos ha prodigado tanto que no podemos evitarlo, pero le agradecemos por lo que está haciendo. Y cuando abrimos nuestras bocas para pedir, continuaremos impresionados por lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. Nuestro mayor anhelo será ver a Dios continuar haciendo lo que ha prometido en nosotros y por medio de nosotros, mientras construye su reino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así que, cuando hayamos tomado el evangelio, nuestras oraciones inevitablemente van a girar en torno a lo que Dios ha hecho, está haciendo, y hará a través del evangelio. Es el por qué nuestras  oraciones serán dominadas por las peticiones para que Dios traiga gente a conocer a Cristo. Es el por qué vamos a rogar a Dios que trabaje en i a través de su iglesia. Es el por qué le pediremos a Dios continuamente que profundice el trabajo del evangelio en nuestras vidas. Es el por qué le pediremos a Dios todos los días que mantenga lo que ya nos ha dado a través del evangelio del Señor Jesús Cristo. Este es el modelo de las oraciones IAUS (IOUS Acrónimo en inglés de los salmos) de John Piper.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''I.''' Inclino mi corazón a tus testimonios (Salmo 119:36)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''A.''' Abro mis ojos para ver cosas maravillosas (Salmo 119:18)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''U.''' Une mi corazón para temer a tu nombre (Salmo 86:11)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''S.''' Satisfáceme en la mañana con tu amor firme (Salmo 90:14)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto, entonces, no es simplemente un intento de dar una oración “centrada en el evangelio”. Esta es una enseñanza imperdible (y lógica) de la Biblia. El evangelio nos conduce a orar, y nos enseña para qué orar. Si lo entendiéramos, habría más profundas, amplias, y grandes oraciones cuando estudiamos La Biblia juntos, y nueva libertad y pasión cuando oramos solos en nuestros armarios.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Ora_para_recibir_tu_respuesta,_no_para_ganarla</id>
		<title>Ora para recibir tu respuesta, no para ganarla</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Ora_para_recibir_tu_respuesta,_no_para_ganarla"/>
				<updated>2019-08-15T20:31:58Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Pray to Receive, Not to Earn}}Hay un momento en particular que nunca deja de decepcionarme como pastor, y que sucede muy a menudo. Suele llegar de manera inesperada mientras oro con los miembros de nuestra iglesia luego de estudiar la Biblia juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas situaciones, sucede que, luego de lidiar con el texto arduamente, disfrutando la asombrosa gracia de Dios en Cristo y aplicándola a nuestras vidas, empezamos a orar y ocurre que las oraciones guardan muy poca relación con lo que acabamos de leer. Después de deleitarnos en el evangelio, hacemos oraciones prosaicas, limitadas (normalmente solo por los que están enfermos) y, para ser honestos, que no están en sintonía en absoluto con el evangelio. Creo que es un problema común en nuestras iglesias hoy en día: lo que oramos no es moldeado ni motivado por el evangelio en sí mismo, sino por nuestras circunstancias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal vez dejamos a un lado el evangelio en nuestras oraciones porque olvidamos, para empezar, el inmenso privilegio que es orar. No solo debemos orar acerca de las buenas nuevas de Dios, sino que deberíamos deleitarnos en que el evangelio nos abre las puertas de la oración en primer lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Lo maravilloso de pedirle a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Biblia, la oración  básicamente significa “pedir”. Hay montones de otras actividades  relacionadas o superpuestas con la oración (como la adoración, la alabanza y la acción de gracias), pero generalmente conducen o fluyen desde el núcleo de la oración, que es pedirle a Dios que haga algo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde luego, eso no ocurre únicamente en el cristianismo. Los musulmanes también oran y piden cosas. Los adoradores de Baal estaban ansiosos por ver a su dios aparecer y hacer lo que ellos necesitaban. Prácticamente todas las religiones de la historia han sido fuertemente motivadas por las peticiones de los humanos. Sin embargo, hay algo que distingue la oración que vemos en la Biblia. En lugar de ver que personas como nosotros deben pasar por todo tipo de rituales o círculos espirituales para asegurarse de que sus oraciones sean lo suficientemente potentes, solo las vemos pedir. ¿Por qué? Por causa del evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En sus ''Instituciones'', Juan Calvino hace una declaración fundamental que pude recalibrar por completo la manera en que pensamos la oración: “Así como la fe nace a través del evangelio, a través del evangelio nuestros corazones son entrenados para llamar al nombre de Dios”. Dicho en otras palabras, podemos orar gracias al evangelio, y no por nuestras buenas obras, buena apariencia o buenas decisiones. Dios se acerca a nosotros sobre la base de las obras de Cristo, no las nuestras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El mensaje central del evangelio es que no tenemos nada, no aportamos nada, ni podemos darle nada a Dios: somos rescatados solo por la gracia por medio de la fe, es decir, solo pidiéndolo. No debería sorprendernos que la oración, que es posible gracias al evangelio y es moldeada por el evangelio, funcione exactamente de la misma manera. Sin embargo, en otro sentido, esto es completamente revolucionario. Distingue la oración cristiana ―y la invitación que nos hace el evangelio― de cualquier otro tipo de oración en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Una oración como ninguna otra====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De principio, esto significa que nuestras plegarias son hechas posibles por el hecho de que estamos unidos al Cristo que murió por nosotros por fe. En un sentido, no unimos en su conversación con El Padre. Por ejemplo, Paul escribe, recogiendo en las enseñanzas de Jesús acerca de cómo debemos orar, “Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios.” (Gálatas 4:6-7). Nuestras oraciones son “las oraciones más internas”. Jesús mismo es muy explícito cuando nos dice:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Y yo les digo, pidan, y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Para cualquiera que pide recibe, y el que busca encuentra, y que toca se le abrirá. ¿Qué padre sería, si su hijo le pide pescado, en lugar d eso le entregara una serpiente; o si le pide un huevo le diera un escorpión? Pues si ustedes siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se Lo pidan? (Lucas 11:9-13).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración entonces es hecha posible por el evangelio, a través del Espíritu Santo que nos posibilita orar junto a Jesús. Pero hay más que decir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Oraciones Formadas por el Evangelio ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo nuestras oraciones son hechas posibles por el evangelio, también son formadas por el evangelio. Nuestras oraciones son hechas posibles por la gracia de Dios y deben ser formadas por la gracia de Dios.  Somos libres de pedirle a Dios lo que sólo él puede hacer. Estamos encomendados a pedir a Dios a hacer lo que sólo él ha prometido hacer. En otras palabras, estamos habilitados, alentados, e instruidos a rezar oraciones formadas por el evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando abrimos nuestras bocas para pedir, es apopado realizar nuestras peticiones  en el contexto de las maravillas de nuestro Dios quien se nos ha revelado a sí mismo y nos ha rescatado. Cuando abrimos nuestras bocas para pedir, Lo hacemos en un contexto en el que Dios ya nos ha prodigado tanto que no podemos evitarlo, pero le agradecemos por lo que está haciendo. Y cuando abrimos nuestras bocas para pedir, continuaremos impresionados por lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. Nuestro mayor anhelo será ver a Dios continuar haciendo lo que ha prometido en nosotros y por medio de nosotros, mientras construye su reino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así que, cuando hayamos tomado el evangelio, nuestras oraciones inevitablemente van a girar en torno a lo que Dios ha hecho, está haciendo, y hará a través del evangelio. Es el por qué nuestras  oraciones serán dominadas por las peticiones para que Dios traiga gente a conocer a Cristo. Es el por qué vamos a rogar a Dios que trabaje en i a través de su iglesia. Es el por qué le pediremos a Dios continuamente que profundice el trabajo del evangelio en nuestras vidas. Es el por qué le pediremos a Dios todos los días que mantenga lo que ya nos ha dado a través del evangelio del Señor Jesús Cristo. Este es el modelo de las oraciones IAUS (IOUS Acrónimo en inglés de los salmos) de John Piper.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''I.''' Inclino mi corazón a tus testimonios (Salmo 119:36)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''A.''' Abro mis ojos para ver cosas maravillosas (Salmo 119:18)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''U.''' Une mi corazón para temer a tu nombre (Salmo 86:11)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''S.''' Satisfáceme en la mañana con tu amor firme (Salmo 90:14)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto, entonces, no es simplemente un intento de dar una oración “centrada en el evangelio”. Esta es una enseñanza imperdible (y lógica) de la Biblia. El evangelio nos conduce a orar, y nos enseña para qué orar. Si lo entendiéramos, habría más profundas, amplias, y grandes oraciones cuando estudiamos La Biblia juntos, y nueva libertad y pasión cuando oramos solos en nuestros armarios.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Ora_para_recibir_tu_respuesta,_no_para_ganarla</id>
		<title>Ora para recibir tu respuesta, no para ganarla</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Ora_para_recibir_tu_respuesta,_no_para_ganarla"/>
				<updated>2019-08-15T20:19:47Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|Pray to Receive, Not to Earn}}Hay un momento en particular que nunca deja de decepcionarme como pastor, y que sucede muy a menudo. Suele llegar de manera inesperada mientras oro con los miembros de nuestra iglesia luego de estudiar la Biblia juntos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En estas situaciones, sucede que, luego de lidiar con el texto arduamente, disfrutando la asombrosa gracia de Dios en Cristo y aplicándola a nuestras vidas, empezamos a orar y ocurre que las oraciones guardan muy poca relación con lo que acabamos de leer. Después de deleitarnos en el evangelio, hacemos oraciones prosaicas, limitadas (normalmente solo por los que están enfermos) y, para ser honestos, que no están en sintonía en absoluto con el evangelio. Creo que es un problema común en nuestras iglesias hoy en día: lo que oramos no es moldeado ni motivado por el evangelio en sí mismo, sino por nuestras circunstancias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal vez dejamos a un lado el evangelio en nuestras oraciones porque olvidamos, para empezar, el inmenso privilegio que es orar. No solo debemos orar acerca de las buenas nuevas de Dios, sino que deberíamos deleitarnos en que el evangelio nos abre las puertas de la oración en primer lugar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Lo maravilloso de pedirle a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Biblia, la oración  básicamente media para “pedir”. Hay montones de otras actividades  relacionadas o superpuestas con la oración (como adoración, alabanza y  acción de gracias), pero generalmente conducen o fluyen desde el corazón de la oración, lo cual es pedirle a Dios que haga algo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Eso, por supuesto, no es único del Cristianismo, los Musulmanes oran y piden cosas. Los adoradores de Baal estaban ansiosos por que su dios apareciera e hiciera lo que necesitaban. Virtualmente cada religión en la historia ha sido fuerte en las peticiones de los humanos. Pero es un poco diferente acerca de la oración en la Biblia. En lugar de que las personas como nosotros tengamos que pasar por todos los tipos de rituales o círculos espirituales  para asegurarse de que sus oraciones sean lo suficientemente potentes, sólo debemos preguntar ¿Por qué es esto? Es a causa del evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En sus ''Institutos'', John Calvin hace una declaración  seminal que pude recalibrar por completo la manera en que nosotros pensamos acerca de la oración, “Sólo como la fe nace a través del evangelio, a través del evangelio nuestros corazones son entrenados al llamado en nombre de Dios” ―Nosotros somos salvos sólo por la gracia a través de la fe― pidiendo―sólo. No debe venir como una oración que sorprende, lo cual es hecho posible por el evangelio y formado por el evangelio, trabaja exactamente de la misma manera. Pero en otro nivel, este es completamente revolucionario. Esto establece la oración Cristiana  ― y esta invitación conformada por el evangelio ― aparte de cualquier otro tipo de oración en el mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Oración Como Ninguna Otra====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De principio, esto significa que nuestras plegarias son hechas posibles por el hecho de que estamos unidos al Cristo que murió por nosotros por fe. En un sentido, no unimos en su conversación con El Padre. Por ejemplo, Paul escribe, recogiendo en las enseñanzas de Jesús acerca de cómo debemos orar, “Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios.” (Gálatas 4:6-7). Nuestras oraciones son “las oraciones más internas”. Jesús mismo es muy explícito cuando nos dice:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Y yo les digo, pidan, y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Para cualquiera que pide recibe, y el que busca encuentra, y que toca se le abrirá. ¿Qué padre sería, si su hijo le pide pescado, en lugar d eso le entregara una serpiente; o si le pide un huevo le diera un escorpión? Pues si ustedes siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto más su Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se Lo pidan? (Lucas 11:9-13).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La oración entonces es hecha posible por el evangelio, a través del Espíritu Santo que nos posibilita orar junto a Jesús. Pero hay más que decir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Oraciones Formadas por el Evangelio ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo nuestras oraciones son hechas posibles por el evangelio, también son formadas por el evangelio. Nuestras oraciones son hechas posibles por la gracia de Dios y deben ser formadas por la gracia de Dios.  Somos libres de pedirle a Dios lo que sólo él puede hacer. Estamos encomendados a pedir a Dios a hacer lo que sólo él ha prometido hacer. En otras palabras, estamos habilitados, alentados, e instruidos a rezar oraciones formadas por el evangelio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando abrimos nuestras bocas para pedir, es apopado realizar nuestras peticiones  en el contexto de las maravillas de nuestro Dios quien se nos ha revelado a sí mismo y nos ha rescatado. Cuando abrimos nuestras bocas para pedir, Lo hacemos en un contexto en el que Dios ya nos ha prodigado tanto que no podemos evitarlo, pero le agradecemos por lo que está haciendo. Y cuando abrimos nuestras bocas para pedir, continuaremos impresionados por lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. Nuestro mayor anhelo será ver a Dios continuar haciendo lo que ha prometido en nosotros y por medio de nosotros, mientras construye su reino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así que, cuando hayamos tomado el evangelio, nuestras oraciones inevitablemente van a girar en torno a lo que Dios ha hecho, está haciendo, y hará a través del evangelio. Es el por qué nuestras  oraciones serán dominadas por las peticiones para que Dios traiga gente a conocer a Cristo. Es el por qué vamos a rogar a Dios que trabaje en i a través de su iglesia. Es el por qué le pediremos a Dios continuamente que profundice el trabajo del evangelio en nuestras vidas. Es el por qué le pediremos a Dios todos los días que mantenga lo que ya nos ha dado a través del evangelio del Señor Jesús Cristo. Este es el modelo de las oraciones IAUS (IOUS Acrónimo en inglés de los salmos) de John Piper.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;'''I.''' Inclino mi corazón a tus testimonios (Salmo 119:36)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''A.''' Abro mis ojos para ver cosas maravillosas (Salmo 119:18)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''U.''' Une mi corazón para temer a tu nombre (Salmo 86:11)&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
'''S.''' Satisfáceme en la mañana con tu amor firme (Salmo 90:14)&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto, entonces, no es simplemente un intento de dar una oración “centrada en el evangelio”. Esta es una enseñanza imperdible (y lógica) de la Biblia. El evangelio nos conduce a orar, y nos enseña para qué orar. Si lo entendiéramos, habría más profundas, amplias, y grandes oraciones cuando estudiamos La Biblia juntos, y nueva libertad y pasión cuando oramos solos en nuestros armarios.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_amar_a_personas_que_no_te_agradan</id>
		<title>Cómo amar a personas que no te agradan</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_amar_a_personas_que_no_te_agradan"/>
				<updated>2019-08-15T17:20:48Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Love People You Don’t Like}}“No hay nada que me haga dudar más de si perseveraré hasta el final que pasar mucho tiempo en presencia de él”. Han pasado meses, las interacciones se multiplicaron y las buenas intenciones dejaron de ser suficientes para sostener la voluntad de mi amigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según él, este caballero en particular era de los que se quejan sin cesar, escuchan poco al otro, responden de una forma agresiva, reciben las respuestas ajenas con actitud presuntuosa, sonríen muy poco y chismosean libremente (aun cuando todavía no terminaron de masticar la comida que tienen en la boca). Al igual que Agustín antes de la conversión, este caballero se deleitaba en provocar ofensas innecesarias: salía a andar en bicicleta, no porque disfrutara el ejercicio, sino porque le gustaba pedalear tranquilamente por el medio de la calle, escuchando las bocinas de los autos; le divertía enfadar a los automovilistas. Era de las personas que dejan su goma de mascar debajo de las mesas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi amigo intentó en vano disfrutar su compañía, pero después de un año seguía preguntándose piadosamente, en palabras de Jesús: “¿Hasta cuándo os tendré que soportar?” (Marcos 9:19). Incluso empezó a orar pidiéndole al Señor que le permitiera obedecer su palabra y tener por ambición el llevar una vida tranquila, ocupándose de sus propios asuntos (1 Tesalonicenses 4:11). Lamentaba que su amor fuera tan pobre que solo pudiera cubrir un puñado de faltas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quería admitirlo, se sentía muy poco cristiano reconociéndolo y sabía que Dios había puesto a ese hombre en su vida, pero igualmente le desagradaba. Quizás hubiera preferido tener un uñero o usar calcetines mojados. Se preguntaba cómo podía obedecer el llamado de Dios de amar a este hombre si ya no podía soportar estar cerca de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Un mandato desagradable====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indiscutiblemente, Jesús llama a los suyos a amar a personas que no nos caen tan bien, ya sea dentro o fuera de la iglesia. El amor que él nos enseñó no se basa en las afinidades naturales o en los intereses en común. No miramos a nuestro prójimo con los ojos entrecerrados, como quien intenta encontrarles la forma a las nubes, para descubrir en las personas algo de ellas que merezca nuestro afecto antes de decidir acercarnos. Lo único que necesitamos para amar a cualquier persona sobre la faz de la Tierra, sea quien sea, es el mandato de nuestro maestro: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mal que nos pese, no elegimos quién se mudará a la casa de al lado o a quién encontraremos sangrando al costado de nuestro camino (Lucas 10:25-37). La expectativa de Dios en cuanto al amor —de hecho, su mayor razón para darnos este mandato— es que extendamos ese amor a quienes no amamos por naturaleza. Jesús incluso nos llama a amar a quienes tengamos más razones para detestar: nuestros enemigos (Lucas 6:35).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que incluso los no creyentes aman a quienes también los aman e invitan a su casa al cómico, al rico y al atractivo, Dios llama a su pueblo a amar a personas que difícilmente nos agraden, sin esperar reciprocidad. Sin embargo, al igual que mi amigo, genuinamente nos preguntamos: ¿Cómo amar a esas personas? Jesús y Pablo nos cuentan el secreto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Llevemos a la práctica nuestra esperanza====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo nos comparte la receta divina que los colosenses habían descubierto:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros, al oír de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis por todos los santos, ''a causa de la esperanza reservada para vosotros en los cielos''. (Colosenses 1:3-5)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los colosenses amaban a “todos los santos”, no porque “todos los santos” fueran fáciles de amar. Más adelante, Pablo llamó a los mismos colosenses a continuar soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros (Colosenses 3:13). Pablo no vivía en las nubes. Sabía que habría personas a las que tendríamos que “soportar” y muchas otras a las que tendríamos que perdonar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, tengamos en cuenta que los colosenses no esperaron a que los demás corrigieran su conducta, se volvieran merecedores de amor o realizaran actos amables que hicieran que fuera más fácil amarlos. No, su motivación era inmutable: amaban por la esperanza reservada para ellos en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Sirvamos al que no lo merece====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús también enseñó de la siguiente manera, expandiendo el llamado a amar más allá de la comunidad de los fieles: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?  Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas. (Mateo 7:11-12)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Padre les dará buenos regalos a sus hijos. Convencidos de esto, seguros de su provisión eterna y de su incesante cuidado, “a causa de la esperanza reservada para [nosotros] en los cielos”, amemos a nuestro prójimo y hagamos el bien. La regla de oro está forjada en las llamas de la confianza en la provisión temporal y eterna de nuestro Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús ponía en práctica lo que predicaba. Esa indispensable verdad motivó a nuestro Señor a inclinarse y servir a los que, en pocas horas, uno a uno lo traicionarían, abandonarían y negarían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Y durante la cena, como ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el que lo entregara, Jesús, ''sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía,'' se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida. (Juan 13:2-5)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús no se levantó y empezó a lavarles los pies a pura fuerza de voluntad. No fue la benevolencia de ellos lo que lo motivó. El texto nos dice que él sabía algo, creía en algo, tenía en su mente una verdad que lo hizo arrodillarse y lavar los pies de sus discípulos, un acto que anticipaba su cruz (Juan 13:6-11). Él sabía que todo era suyo, que era el Amado de su Padre. Practicaba la esperanza reservada para él en el cielo. Su esperanza en el perpetuo mañana lo colmó de incontables recursos para amar en el presente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Dios se acercó a los que eran difíciles de amar====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús no solo predicó o sirvió de esta manera; también se preparó para morir de esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él no eligió la cruz porque nos miró y vio que éramos personas agradables. No buscó en nosotros una pizca de encanto o de gracia para entonces ir a la cruz por nosotros. Él descendió del cielo y vino a morir una muerte vergonzosa, sangrienta y brutal, soportando el peso del castigo del Todopoderoso por nuestros pecados, mientras nosotros lo desdeñábamos constantemente. Cuando menos merecíamos amor, “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Ya sea que lo estimemos o no, él nos ha estimado. Sus manos fueron horadadas por nuestro desamor, pero su amor se mantuvo intacto, sin cicatrices. “Padre, perdónalos”, fue su clamor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isaías predijo lo que pasaría: en medio de la angustia que desgarraba su alma, él vería algo que lo dejaría satisfecho y por eso sostendría su amor hasta el final (Isaías 53:11). ¿Qué fue lo que vio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su amor vio más allá de los látigos, los clavos y la cruz. Escuchó algo más allá de las burlas, las risas y los gritos de “¡Crucifíquenlo!”. Vio más que la traición, el abandono y la ira. Vio la eterna bendición de la sonrisa de su Padre y el destino eterno de su pueblo clavados al otro lado de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el gozo, la recompensa, el premio puesto delante de él, soportó la cruz (Hebreos 12:2), menospreció la vergüenza y conquistó la muerte a favor de los suyos. Miró más allá de aquellas personas difíciles de amar y los hizo sus amados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomemos nuestras toallas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro amor también deber mirar más allá de nuestro prójimo hacia las promesas del cielo y, habiendo abrigado nuestro corazón allí, debe mirar a nuestro prójimo de nuevo y con nuevos ojos, resuelto a hacerle el bien. No amamos más allá de nuestro prójimo, a su alrededor o por encima de él: lo amamos enteramente a él, a pesar de lo fastidioso, extraño, falible e ingrato que pueda ser. Le pagamos con amor, no porque se lo haya ganado, sino porque nosotros tampoco hemos ganado ese amor y aun así somos herederos del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ser amables, sacrificarnos por nuestro prójimo y ser considerados con los que no pueden devolvernos ese amor (o que, por alguna razón, no lo harán) no nos deja en bancarrota. Nuestra recompensa en los cielos es “incorruptible, inmaculada, y no se marchitará” (1 Pedro 1:4). Con los bolsillos de nuestra mente llenos del oro celestial y nuestros cofres rebosantes de tesoros imperecederos, tenemos suficientes riquezas como para pasar tiempo con los irritantes y los exasperantes, los más fastidiosos y molestos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sabiendo que hemos nacido de Dios y que volveremos a él, podemos levantarnos, tomar una toalla, ceñirla a nuestra cintura e inclinarnos para servir a personas a las que, de otro modo, tal vez nos sería imposible amar.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_amar_a_personas_que_no_te_agradan</id>
		<title>Cómo amar a personas que no te agradan</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_amar_a_personas_que_no_te_agradan"/>
				<updated>2019-08-15T17:09:26Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Love People You Don’t Like}}“No hay nada que me haga dudar más de si perseveraré hasta el final que pasar mucho tiempo en presencia de él”. Han pasado meses, las interacciones se multiplicaron y las buenas intenciones dejaron de ser suficientes para sostener la voluntad de mi amigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según él, este caballero en particular era de los que se quejan sin cesar, escuchan poco al otro, responden de una forma agresiva, reciben las respuestas ajenas con actitud presuntuosa, sonríen muy poco y chismosean libremente (aun cuando todavía no terminaron de masticar la comida que tienen en la boca). Al igual que Agustín antes de la conversión, este caballero se deleitaba en provocar ofensas innecesarias: salía a andar en bicicleta, no porque disfrutara el ejercicio, sino porque le gustaba pedalear tranquilamente por el medio de la calle, escuchando las bocinas de los autos; le divertía enfadar a los automovilistas. Era de las personas que dejan su goma de mascar debajo de las mesas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi amigo intentó en vano disfrutar su compañía, pero después de un año seguía preguntándose piadosamente, en palabras de Jesús: “¿Hasta cuándo os tendré que soportar?” (Marcos 9:19). Incluso empezó a orar pidiéndole al Señor que le permitiera obedecer su palabra y tener por ambición el llevar una vida tranquila, ocupándose de sus propios asuntos (1 Tesalonicenses 4:11). Lamentaba que su amor fuera tan pobre que solo pudiera cubrir un puñado de faltas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quería admitirlo, se sentía muy poco cristiano reconociéndolo y sabía que Dios había puesto a ese hombre en su vida, pero igualmente le desagradaba. Quizás hubiera preferido tener un uñero o usar calcetines mojados. Se preguntaba cómo podía obedecer el llamado de Dios de amar a este hombre si ya no podía soportar estar cerca de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Un mandato desagradable====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indiscutiblemente, Jesús llama a los suyos a amar a personas que no nos caen tan bien, ya sea dentro o fuera de la iglesia. El amor que él nos enseñó no se basa en las afinidades naturales o en los intereses en común. No miramos a nuestro prójimo con los ojos entrecerrados, como quien intenta encontrarles la forma a las nubes, para descubrir en las personas algo de ellas que merezca nuestro afecto antes de decidir acercarnos. Lo único que necesitamos para amar a cualquier persona sobre la faz de la Tierra, sea quien sea, es el mandato de nuestro maestro: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mal que nos pese, no elegimos quién se mudará a la casa de al lado o a quién encontraremos sangrando al costado de nuestro camino (Lucas 10:25-37). La expectativa de Dios en cuanto al amor —de hecho, su mayor razón para darnos este mandato— es que extendamos ese amor a quienes no amamos por naturaleza. Jesús incluso nos llama a amar a quienes tengamos más razones para detestar: nuestros enemigos (Lucas 6:35).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que incluso los no creyentes aman a quienes también los aman e invitan a su casa al cómico, al rico y al atractivo, Dios llama a su pueblo a amar a personas que difícilmente nos agraden, sin esperar reciprocidad. Sin embargo, al igual que mi amigo, genuinamente nos preguntamos: ¿Cómo amar a esas personas? Jesús y Pablo nos cuentan el secreto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Llevemos a la práctica nuestra esperanza====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo nos comparte la receta divina que los colosenses habían descubierto:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros, al oír de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis por todos los santos, ''a causa de la esperanza reservada para vosotros en los cielos''. (Colosenses 1:3-5)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los colosenses amaban a “todos los santos”, no porque “todos los santos” fueran fáciles de amar. Más adelante, Pablo llamó a los mismos colosenses a continuar soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros (Colosenses 3:13). Pablo no vivía en las nubes. Sabía que habría personas a las que tendríamos que “soportar” y muchas otras a las que tendríamos que perdonar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, tengamos en cuenta que los colosenses no esperaron a que los demás corrigieran su conducta, se volvieran merecedores de amor o realizaran actos amables que hicieran que fuera más fácil amarlos. No, su motivación era inmutable: amaban por la esperanza reservada para ellos en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Sirvamos al que no lo merece====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús también enseñó de la siguiente manera, expandiendo el llamado a amar más allá de la comunidad de los fieles: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?  Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas. (Mateo 7:11-12)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Padre les dará buenos regalos a sus hijos. Convencidos de esto, seguros de su provisión eterna y de su incesante cuidado, “a causa de la esperanza reservada para [nosotros] en los cielos”, amemos a nuestro prójimo y hagamos el bien. La regla de oro está forjada en las llamas de la confianza en la provisión temporal y eterna de nuestro Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús ponía en práctica lo que predicaba. Esa indispensable verdad motivó a nuestro Señor a inclinarse y servir a los que, en pocas horas, uno a uno lo traicionarían, abandonarían y negarían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Y durante la cena, como ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el que lo entregara, Jesús, ''sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía,'' se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida. (Juan 13:2-5)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús no se levantó y empezó a lavarles los pies a pura fuerza de voluntad. No fue la benevolencia de ellos lo que lo motivó. El texto nos dice que él sabía algo, creía en algo, tenía en su mente una verdad que lo hizo arrodillarse y lavar los pies de sus discípulos, un acto que anticipaba su cruz (Juan 13:6-11). Él sabía que todo era suyo, que era el Amado de su Padre. Practicaba la esperanza reservada para él en el cielo. Su esperanza en el perpetuo mañana lo colmó de incontables recursos para amar en el presente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Dios se acercó a los que eran difíciles de amar====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús no solo predicó o sirvió de esta manera; también se preparó para morir de esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él no eligió la cruz porque nos miró y vio que éramos personas agradables. No buscó en nosotros una pizca de encanto o de gracia para entonces ir a la cruz por nosotros. Él descendió del cielo y vino a morir una muerte vergonzosa, sangrienta y brutal, soportando el peso del castigo del Todopoderoso por nuestros pecados, mientras nosotros lo desdeñábamos constantemente. Cuando menos merecíamos amor, “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Ya sea que lo estimemos o no, él nos ha estimado. Sus manos fueron horadadas por nuestro desamor, pero su amor se mantuvo intacto, sin cicatrices. “Padre, perdónalos”, fue su clamor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isaías predijo lo que pasaría: en medio de la angustia que desgarraba su alma, él vería algo que lo dejaría satisfecho y por eso sostendría su amor hasta el final (Isaías 53:11). ¿Qué fue lo que vio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su amor vio más allá de los látigos, los clavos y la cruz. Escuchó algo más allá de las burlas, las risas y los gritos de “¡Crucifíquenlo!”. Vio más que la traición, el abandono y la ira. Vio la eterna bendición de la sonrisa de su Padre y el destino eterno de su pueblo clavados al otro lado de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el gozo, la recompensa, el premio puesto delante de él, soportó la cruz (Hebreos 12:2), menospreció la vergüenza y conquistó la muerte a favor de los suyos. Miró más allá de aquellas personas difíciles de amar y los hizo sus amados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomemos nuestras toallas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro amor también deber mirar más allá de nuestro prójimo hacia las promesas del cielo y, habiendo abrigado nuestro corazón allí, debe mirarlo de nuevo y con nuevos ojos, resuelto a hacerle el bien. No amamos más allá de nuestro prójimo, a su alrededor o por encima de él: lo amamos enteramente a él, a pesar de lo fastidioso, extraño, falible e ingrato que pueda ser. Le pagamos con amor, no porque se lo haya ganado, sino porque nosotros tampoco hemos ganado ese amor y aun así somos herederos del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ser amables, sacrificarnos por nuestro prójimo y ser considerados con los que no pueden devolvernos ese amor (o que, por alguna razón, no lo harán) no nos deja en bancarrota. Nuestra recompensa en los cielos es “incorruptible, inmaculada, y no se marchitará” (1 Pedro 1:4). Con los bolsillos de nuestra mente llenos del oro celestial y nuestros cofres rebosantes de tesoros imperecederos, tenemos suficientes riquezas como para pasar tiempo con los irritantes y los exasperantes, los más fastidiosos y molestos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sabiendo que hemos nacido de Dios y que volveremos a él, podemos levantarnos, tomar una toalla, ceñirla a nuestra cintura e inclinarnos para servir a personas a las que, de otro modo, tal vez nos sería imposible amar.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_amar_a_personas_que_no_te_agradan</id>
		<title>Cómo amar a personas que no te agradan</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_amar_a_personas_que_no_te_agradan"/>
				<updated>2019-08-15T16:12:46Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Love People You Don’t Like}}“No hay nada que me haga dudar más de si perseveraré hasta el final como pasar mucho tiempo en presencia de él”. Han pasado meses, las interacciones se multiplicaron y las buenas intenciones dejaron de ser suficientes para sostener la voluntad de mi amigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según él, este caballero en particular era de los que se quejan sin cesar, escuchan poco al otro, responden de una forma agresiva, reciben las respuestas ajenas con actitud presuntuosa, sonríen muy poco y chismosean libremente (aun cuando todavía no terminaron de masticar la comida que tienen en la boca). Al igual que Agustín antes de la conversión, este caballero se deleitaba en provocar ofensas innecesarias: salía a andar en bicicleta, no porque disfrutara el ejercicio, sino porque le gustaba pedalear tranquilamente por el medio de la calle, escuchando las bocinas de los autos; le divertía enfadar a los automovilistas. Era de las personas que dejan su goma de mascar debajo de las mesas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi amigo intentó en vano disfrutar su compañía, pero después de un año seguía preguntándose piadosamente, en palabras de Jesús: “¿Hasta cuándo os tendré que soportar?” (Marcos 9:19). Incluso empezó a orar pidiéndole al Señor que le permitiera obedecer su palabra y tener por ambición el llevar una vida tranquila, ocupándose de sus propios asuntos (1 Tesalonicenses 4:11). Lamentaba que su amor fuera tan pobre que solo pudiera cubrir un puñado de faltas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quería admitirlo, se sentía muy poco cristiano reconociéndolo y sabía que Dios había puesto a ese hombre en su vida, pero igualmente le desagradaba. Quizás hubiera preferido tener un uñero o usar calcetines mojados. Se preguntaba cómo podía obedecer el llamado de Dios de amar a este hombre si ya no podía soportar estar cerca de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Un mandato desagradable====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indiscutiblemente, Jesús llama a los suyos a amar a personas que no nos caen tan bien, ya sea dentro o fuera de la iglesia. El amor que él nos enseñó no se basa en las afinidades naturales o en los intereses en común. No miramos a nuestro prójimo con los ojos entrecerrados, como quien intenta encontrarles la forma a las nubes, para descubrir en las personas algo de ellas que merezca nuestro afecto antes de decidir acercarnos. Lo único que necesitamos para amar a cualquier persona sobre la faz de la Tierra, sea quien sea, es el mandato de nuestro maestro: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mal que nos pese, no elegimos quién se mudará a la casa de al lado o a quién encontraremos sangrando al costado de nuestro camino (Lucas 10:25-37). La expectativa de Dios en cuanto al amor —de hecho, su mayor razón para darnos este mandato— es que extendamos ese amor a quienes no amamos por naturaleza. Jesús incluso nos llama a amar a quienes tengamos más razones para detestar: nuestros enemigos (Lucas 6:35).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que incluso los no creyentes aman a quienes también los aman e invitan a su casa al cómico, al rico y al atractivo, Dios llama a su pueblo a amar a personas que difícilmente nos agraden, sin esperar reciprocidad. Sin embargo, al igual que mi amigo, genuinamente nos preguntamos: ¿Cómo amar a esas personas? Jesús y Pablo nos cuentan el secreto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Llevemos a la práctica nuestra esperanza====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo nos comparte la receta divina que los colosenses habían descubierto:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros, al oír de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis por todos los santos, ''a causa de la esperanza reservada para vosotros en los cielos''. (Colosenses 1:3-5)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los colosenses amaban a “todos los santos”, no porque “todos los santos” fueran fáciles de amar. Más adelante, Pablo llamó a los mismos colosenses a continuar soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros (Colosenses 3:13). Pablo no vivía en las nubes. Sabía que habría personas a las que tendríamos que “soportar” y muchas otras a las que tendríamos que perdonar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, tengamos en cuenta que los colosenses no esperaron a que los demás corrigieran su conducta, se volvieran merecedores de amor o realizaran actos amables que hicieran que fuera más fácil amarlos. No, su motivación era inmutable: amaban por la esperanza reservada para ellos en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Sirvamos al que no lo merece====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús también enseñó de la siguiente manera, expandiendo el llamado a amar más allá de la comunidad de los fieles: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?  Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas. (Mateo 7:11-12)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Padre les dará buenos regalos a sus hijos. Convencidos de esto, seguros de su provisión eterna y de su incesante cuidado, “a causa de la esperanza reservada para [nosotros] en los cielos”, amemos a nuestro prójimo y hagamos el bien. La regla de oro está forjada en las llamas de la confianza en la provisión temporal y eterna de nuestro Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús ponía en práctica lo que predicaba. Esa indispensable verdad motivó a nuestro Señor a inclinarse y servir a los que, en pocas horas, uno a uno lo traicionarían, abandonarían y negarían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Y durante la cena, como ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el que lo entregara, Jesús, ''sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía,'' se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida. (Juan 13:2-5)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús no se levantó y empezó a lavarles los pies a pura fuerza de voluntad. No fue la benevolencia de ellos lo que lo motivó. El texto nos dice que él sabía algo, creía en algo, tenía en su mente una verdad que lo hizo arrodillarse y lavar los pies de sus discípulos, un acto que anticipaba su cruz (Juan 13:6-11). Él sabía que todo era suyo, que era el Amado de su Padre. Practicaba la esperanza reservada para él en el cielo. Su esperanza en el perpetuo mañana lo colmó de incontables recursos para amar en el presente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Dios se acercó a los que eran difíciles de amar====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús no solo predicó o sirvió de esta manera; también se preparó para morir de esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él no eligió la cruz porque nos miró y vio que éramos personas agradables. No buscó en nosotros una pizca de encanto o de gracia para entonces ir a la cruz por nosotros. Él descendió del cielo y vino a morir una muerte vergonzosa, sangrienta y brutal, soportando el peso del castigo del Todopoderoso por nuestros pecados, mientras nosotros lo desdeñábamos constantemente. Cuando menos merecíamos amor, “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Ya sea que lo estimemos o no, él nos ha estimado. Sus manos fueron horadadas por nuestro desamor, pero su amor se mantuvo intacto, sin cicatrices. “Padre, perdónalos”, fue su clamor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isaías predijo lo que pasaría: en medio de la angustia que desgarraba su alma, él vería algo que lo dejaría satisfecho y por eso sostendría su amor hasta el final (Isaías 53:11). ¿Qué fue lo que vio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su amor vio más allá de los látigos, los clavos y la cruz. Escuchó algo más allá de las burlas, las risas y los gritos de “¡Crucifíquenlo!”. Vio más que la traición, el abandono y la ira. Vio la eterna bendición de la sonrisa de su Padre y el destino eterno de su pueblo clavados al otro lado de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el gozo, la recompensa, el premio puesto delante de él, soportó la cruz (Hebreos 12:2), menospreció la vergüenza y conquistó la muerte a favor de los suyos. Miró más allá de aquellas personas difíciles de amar y los hizo sus amados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomemos nuestras toallas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro amor también deber mirar más allá de nuestro prójimo hacia las promesas del cielo y, habiendo abrigado nuestro corazón allí, debe mirarlo de nuevo y con nuevos ojos, resuelto a hacerle el bien. No amamos más allá de nuestro prójimo, a su alrededor o por encima de él: lo amamos enteramente a él, a pesar de lo fastidioso, extraño, falible e ingrato que pueda ser. Le pagamos con amor, no porque se lo haya ganado, sino porque nosotros tampoco hemos ganado ese amor y aun así somos herederos del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ser amables, sacrificarnos por nuestro prójimo y ser considerados con los que no pueden devolvernos ese amor (o que, por alguna razón, no lo harán) no nos deja en bancarrota. Nuestra recompensa en los cielos es “incorruptible, inmaculada, y no se marchitará” (1 Pedro 1:4). Con los bolsillos de nuestra mente llenos del oro celestial y nuestros cofres rebosantes de tesoros imperecederos, tenemos suficientes riquezas como para pasar tiempo con los irritantes y los exasperantes, los más fastidiosos y molestos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sabiendo que hemos nacido de Dios y que volveremos a él, podemos levantarnos, tomar una toalla, ceñirla a nuestra cintura e inclinarnos para servir a personas a las que, de otro modo, tal vez nos sería imposible amar.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<title>Cómo amar a personas que no te agradan</title>
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				<updated>2019-08-15T16:00:32Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Love People You Don’t Like}}“No hay nada que me haga dudar más de si perseveraré hasta el final como pasar mucho tiempo en presencia de él”. Han pasado meses, las interacciones se multiplicaron y las buenas intenciones dejaron de ser suficientes para sostener la voluntad de mi amigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según él, este caballero en particular era de los que se quejan sin cesar, escuchan poco al otro, responden de una forma agresiva, reciben las respuestas ajenas con actitud presuntuosa, sonríen muy poco y chismosean libremente (aun cuando todavía no terminaron de masticar la comida que tienen en la boca). Al igual que Agustín antes de la conversión, este caballero se deleitaba en provocar ofensas innecesarias: salía a andar en bicicleta, no porque disfrutara el ejercicio, sino porque le gustaba pedalear tranquilamente por el medio de la calle, escuchando las bocinas de los autos; le divertía enfadar a los automovilistas. Era de las personas que dejan su goma de mascar debajo de las mesas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi amigo intentó en vano disfrutar su compañía, pero después de un año seguía preguntándose piadosamente, en palabras de Jesús: “¿Hasta cuándo os tendré que soportar?” (Marcos 9:19). Incluso empezó a orar pidiéndole al Señor que le permitiera obedecer su palabra y tener por ambición el llevar una vida tranquila, ocupándose de sus propios asuntos (1 Tesalonicenses 4:11). Lamentaba que su amor fuera tan pobre que solo pudiera cubrir un puñado de faltas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quería admitirlo, se sentía muy poco cristiano reconociéndolo y sabía que Dios había puesto a ese hombre en su vida, pero igualmente le desagradaba. Quizás hubiera preferido tener un uñero o usar calcetines mojados. Se preguntaba cómo podía obedecer el llamado de Dios de amar a este hombre si ya no podía soportar estar cerca de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Un mandato desagradable====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indiscutiblemente, Jesús llama a los suyos a amar a personas que no nos caen tan bien, ya sea dentro o fuera de la iglesia. El amor que él nos enseñó no se basa en las afinidades naturales o en los intereses en común. No miramos a nuestro prójimo con los ojos entrecerrados, como quien intenta encontrarles la forma a las nubes, para descubrir en las personas algo de ellas que merezca nuestro afecto antes de decidir acercarnos. Lo único que necesitamos para amar a cualquier persona sobre la faz de la Tierra, sea quien sea, es el mandato de nuestro maestro: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mal que nos pese, no elegimos quién se mudará a la casa de al lado o a quién encontraremos sangrando al costado de nuestro camino (Lucas 10:25-37). La expectativa de Dios en cuanto al amor —de hecho, su mayor razón para darnos este mandato— es que extendamos ese amor a quienes no amamos por naturaleza. Jesús incluso nos llama a amar a quienes tengamos más razones para detestar: nuestros enemigos (Lucas 6:35).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que incluso los no creyentes aman a quienes también los aman e invitan a su casa al cómico, al rico y al atractivo, Dios llama a su pueblo a amar a personas que difícilmente nos agraden, sin esperar reciprocidad. Sin embargo, al igual que mi amigo, genuinamente nos preguntamos: ¿Cómo amar a esas personas? Jesús y Pablo nos cuentan el secreto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Llevemos a la práctica nuestra esperanza====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo nos comparte la receta divina que los colosenses habían descubierto:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros, al oír de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis por todos los santos, ''a causa de la esperanza reservada para vosotros en los cielos''. (Colosenses 1:3-5)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los colosenses amaban a “todos los santos”, no porque “todos los santos” fueran fáciles de amar. Más adelante, Pablo llamó a los mismos colosenses a continuar soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros (Colosenses 3:13). Pablo no vivía en las nubes. Sabía que habría personas a las que tendríamos que “soportar” y muchas otras a las que tendríamos que perdonar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, tengamos en cuenta que los colosenses no esperaron a que los demás corrigieran su conducta, se volvieran merecedores de amor o realizaran actos amables que hicieran que fuera más fácil amarlos. No, su motivación era inmutable: amaban por la esperanza reservada para ellos en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Sirvamos al que no lo merece====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús también enseñó de la siguiente manera, expandiendo el llamado a amar más allá de la comunidad de los fieles: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?  Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas. (Mateo 7:11-12)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Padre les dará buenos regalos a sus hijos. Convencidos de esto, seguros de su provisión eterna y de su incesante cuidado, “a causa de la esperanza reservada para [nosotros] en los cielos”, amemos a nuestro prójimo y hagamos el bien. La regla de oro está forjada en las llamas de la confianza en la provisión temporal y eterna de nuestro Padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús ponía en práctica lo que predicaba. Esa indispensable verdad motivó a nuestro Señor a inclinarse y servir a los que, en pocas horas, uno a uno lo traicionarían, abandonarían y negarían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Y durante la cena, como ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el que lo entregara, Jesús, ''sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía,'' se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida. (Juan 13:2-5)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús no se levantó y empezó a lavarles los pies a pura fuerza de voluntad. No fue la benevolencia de ellos lo que lo motivó. El texto nos dice que él sabía algo, creía en algo, tenía en su mente una verdad que lo hizo arrodillarse y lavar los pies de sus discípulos, un acto que anticipaba su cruz (Juan 13:6-11). Él sabía que todo era suyo, que era el Amado de su Padre. Practicaba la esperanza reservada para él en el cielo. Su esperanza en el perpetuo mañana lo colmó de incontables recursos para amar en el presente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Dios se acercó a los que eran difíciles de amar====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús no solo predicó o sirvió de esta manera; también se preparó para morir de esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él no eligió la cruz porque nos miró y vio que éramos personas agradables. No buscó en nosotros una pizca de encanto o de gracia para entonces ir a la cruz por nosotros. Él descendió del cielo y vino a morir una muerte vergonzosa, sangrienta y brutal, soportando el peso del castigo del Todopoderoso por nuestros pecados, mientras nosotros lo desdeñábamos constantemente. Cuando menos merecíamos amor, “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Ya sea que lo estimemos o no, él nos ha estimado. Sus manos fueron horadadas por nuestro desamor, pero su amor se mantuvo intacto, sin cicatrices. “Padre, perdónalos”, fue su clamor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isaías predijo lo que pasaría: en medio de la angustia que desgarraba su alma, él vería algo que lo dejaría satisfecho y por eso sostendría su amor hasta el final (Isaías 53:11). ¿Qué fue lo que vio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su amor vio más allá de los látigos, los clavos y la cruz. Escuchó algo más allá de las burlas, las risas y los gritos de “¡Crucifíquenlo!”. Vio más que la traición, el abandono y la ira. Vio la eterna bendición de la sonrisa de su Padre y el destino eterno de su pueblo clavados al otro lado de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por el gozo, la recompensa, el premio puesto delante de él, soportó la cruz (Hebreos 12:2), menospreció la vergüenza y conquistó la muerte a favor de los suyos. Miró más allá de aquellas personas difíciles de amar y los hizo sus amados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomemos nuestras toallas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro amor también deber ver a través de nuestros vecinos hacia los perímetros del cielo y, calentando nuestros corazones allí, debe verlos de nuevo resuelto a interesarse. No amamos a través, alrededor o por encima de ellos, los amamos enteramente, a pesar de sus molestias, rarezas, defectos e ingratitud. Les pagamos con amor, no porque se lo hayan ganado, nosotros no lo hemos ganado tampoco y aun así somos herederos del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dando amabilidad, sacrificio y consideración a aquellos que no pueden (y, por alguna razón, no podrán) devolvérnoslo no nos deja en bancarrota. Nuestra recompensa es “incorruptible, inmaculada, y no se marchitará” (1 Pedro 1:4). Con los bolsillos de nuestra mente llenos de oro celestial y cofres rebosantes de tesoros no perecederos, somos lo suficientemente ricos como para pasar tiempo con los irritantes, exasperantes, los más fastidiosos y los molestos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/C%C3%B3mo_amar_a_personas_que_no_te_agradan</id>
		<title>Cómo amar a personas que no te agradan</title>
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				<updated>2019-08-15T15:45:21Z</updated>
		
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&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How to Love People You Don’t Like}}“No hay nada que me haga dudar más de si perseveraré hasta el final como pasar mucho tiempo en presencia de él”. Han pasado meses, las interacciones se multiplicaron y las buenas intenciones dejaron de ser suficientes para sostener la voluntad de mi amigo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según él, este caballero en particular era de los que se quejan sin cesar, escuchan poco al otro, responden de una forma agresiva, reciben las respuestas ajenas con actitud presuntuosa, sonríen muy poco y chismosean libremente (aun cuando todavía no terminaron de masticar la comida que tienen en la boca). Al igual que Agustín antes de la conversión, este caballero se deleitaba en provocar ofensas innecesarias: salía a andar en bicicleta, no porque disfrutara el ejercicio, sino porque le gustaba pedalear tranquilamente por el medio de la calle, escuchando las bocinas de los autos; le divertía enfadar a los automovilistas. Era de las personas que dejan su goma de mascar debajo de las mesas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi amigo intentó en vano disfrutar su compañía, pero después de un año seguía preguntándose piadosamente, en palabras de Jesús: “¿Hasta cuándo os tendré que soportar?” (Marcos 9:19). Incluso empezó a orar pidiéndole al Señor que le permitiera obedecer su palabra y tener por ambición el llevar una vida tranquila, ocupándose de sus propios asuntos (1 Tesalonicenses 4:11). Lamentaba que su amor fuera tan pobre que solo pudiera cubrir un puñado de faltas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No quería admitirlo, se sentía muy poco cristiano reconociéndolo y sabía que Dios había puesto a ese hombre en su vida, pero igualmente le desagradaba. Quizás hubiera preferido tener un uñero o usar calcetines mojados. Se preguntaba cómo podía obedecer el llamado de Dios de amar a este hombre si ya no podía soportar estar cerca de él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Un mandato desagradable====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Indiscutiblemente, Jesús llama a los suyos a amar a personas que no nos caen tan bien, ya sea dentro o fuera de la iglesia. El amor que él nos enseñó no se basa en las afinidades naturales o en los intereses en común. No miramos a nuestro prójimo con los ojos entrecerrados, como quien intenta encontrarles la forma a las nubes, para descubrir en las personas algo de ellas que merezca nuestro afecto antes de decidir acercarnos. Lo único que necesitamos para amar a cualquier persona sobre la faz de la Tierra, sea quien sea, es el mandato de nuestro maestro: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mal que nos pese, no elegimos quién se mudará a la casa de al lado o a quién encontraremos sangrando al costado de nuestro camino (Lucas 10:25-37). La expectativa de Dios en cuanto al amor —de hecho, su mayor razón para darnos este mandato— es que extendamos ese amor a quienes no amamos por naturaleza. Jesús incluso nos llama a amar a quienes tengamos más razones para detestar: nuestros enemigos (Lucas 6:35).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras que incluso los no creyentes aman a quienes también los aman e invitan a su casa al cómico, al rico y al atractivo, Dios llama a su pueblo a amar a personas que difícilmente nos agraden, sin esperar reciprocidad. Sin embargo, al igual que mi amigo, genuinamente nos preguntamos: ¿Cómo amar a esas personas? Jesús y Pablo nos cuentan el secreto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Llevemos a la práctica nuestra esperanza====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pablo nos comparte la receta divina que los colosenses habían descubierto:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros, al oír de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis por todos los santos, ''a causa de la esperanza reservada para vosotros en los cielos''. (Colosenses 1:3-5)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los colosenses amaban a “todos los santos”, no porque “todos los santos” fueran fáciles de amar. Más adelante, Pablo llamó a los mismos colosenses a continuar soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros (Colosenses 3:13). Pablo no vivía en las nubes. Sabía que habría personas a las que tendríamos que “soportar” y muchas otras a las que tendríamos que perdonar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, tengamos en cuenta que los colosenses no esperaron a que los demás corrigieran su conducta, se volvieran merecedores de amor o realizaran actos amables que hicieran que fuera más fácil amarlos. No, su motivación era inmutable: amaban por la esperanza reservada para ellos en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Sirvamos al que no lo merece====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús también enseñó de esta manera, expandiendo el llamado a amar más allá del reino de los fieles, él dice: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?  Por eso, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, así también haced vosotros con ellos, porque esta es la ley y los profetas. (Mateo 7:11-12)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro padre le dará buenos regalos a sus hijos. Convencidos de esto, seguros de su provisión eterna y de su incesante cariño, “por la esperanza reservada para nosotros en el cielo”, amemos a otros y hagamos el bien. La ley dorada está forjada en las llamas de la confianza en la provisión temporal y eterna de nuestro padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús practicaba lo que predicaba. Esa indispensable verdad motivó a nuestro señor a bajar y servir a los que, en pocas horas, lo traicionarían, abandonarían y desconocerían:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:Y durante la cena, como ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el que lo entregara, ''Jesús'', sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía, se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida. (Juan 13:2-5)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús no se levantó y empezó a hacerlo de pura voluntad. Su benevolencia no fue lo que lo motivó. El texto nos dice que él sabía algo, creía en algo, sostenía en su mente una verdad que lo hacía arrodillarse y lavar los pies de sus discípulos, un acto que anticiparía su cruz (en Juan 13:6-11). Él sabía que todo era suyo, que era el amado de su padre. Practicaba la esperanza reservada para él en el cielo. Su esperanza en el perpetuo mañana le brindó incontables recursos para amar en el hoy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Dios se mueve hacia los difíciles de querer====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jesús no solamente predicaba o servía de esta manera, también se preparó arduamente para morir de esta manera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No nos dio un vistazo y eligió la cruz porque se veía más atractiva. No nos miró con los ojos entrecerrados tratando de encontrar una pizca de amor en nosotros para luego ir a la cruz por nosotros. Él bajó del cielo y vino a morir una muerte vergonzosa, sangrienta y brutal, soportando el todopoderoso peso del castigo por nuestros pecados mientras lo desconocíamos, cuando menos merecíamos amor, “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Aunque lo estimemos o no, él nos ha estimado. Sus manos fueron atravesadas por nuestro desamor, pero su amor no sufrió cicatrices. “Padre, perdóname” fue su grito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Isaías predijo lo que pasaría: “Debido a la angustia de su alma, Él lo verá y quedará satisfecho” (Isaías 53:11). ¿Qué fue lo que vio?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vio al amor a través de los látigos, los clavos y la cruz. Escuchó algo que no eran ni las burlas, ni las risas, ni los gritos de “¡Crucifíquenlo!”. Vio más que la traición, el abandono y la ira. Vio la eterna bendición de la sonrisa de su padre y el eterno destino de su gente apoyado en la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por el gozo, la recompensa, el premio puesto delante de Él, soportó la cruz (en Hebreos 12:2), despreció la vergüenza y conquistó su muerte. Vio a través de los difíciles de querer y los hizo sus amados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Tomando nuestras toallas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro amor también deber ver a través de nuestros vecinos hacia los perímetros del cielo y, calentando nuestros corazones allí, debe verlos de nuevo resuelto a interesarse. No amamos a través, alrededor o por encima de ellos, los amamos enteramente, a pesar de sus molestias, rarezas, defectos e ingratitud. Les pagamos con amor, no porque se lo hayan ganado, nosotros no lo hemos ganado tampoco y aun así somos herederos del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dando amabilidad, sacrificio y consideración a aquellos que no pueden (y, por alguna razón, no podrán) devolvérnoslo no nos deja en bancarrota. Nuestra recompensa es “incorruptible, inmaculada, y no se marchitará” (1 Pedro 1:4). Con los bolsillos de nuestra mente llenos de oro celestial y cofres rebosantes de tesoros no perecederos, somos lo suficientemente ricos como para pasar tiempo con los irritantes, exasperantes, los más fastidiosos y los molestos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Dios_te_responder%C3%A1_en_medio_de_tu_crisis</id>
		<title>Dios te responderá en medio de tu crisis</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Dios_te_responder%C3%A1_en_medio_de_tu_crisis"/>
				<updated>2019-08-15T04:00:00Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|God Will Answer in Your Crisis}}Se acerca tu crisis. Si todavía no ha llegado, o si no estás en medio de una ahora mismo, ya llegará el momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no será solo una crisis. En su misericordia suprema, Dios interrumpe nuestra vida en esta era decadente con momentos de crisis de grados variables, diseñados para nuestro bien eterno. Por miles de años, el pueblo de Dios ha atravesado “tiempos de tribulación” y “días de angustia”, que por momentos fueron bastante intensos. Lo mismo sigue sucediendo hoy en día. Nuestro Padre nunca prometió que por pertenecerle a él no tendríamos sufrimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una y otra vez, las Escrituras describen a los fieles no como personas que nunca tuvieron problemas, sino como los que clamaron a Dios en medio de sus crisis. Los hombres y las mujeres a los que recordamos como ejemplos en la fe enfrentaron tiempos de gran tribulación y angustia, pero Dios escuchó su clamor cuando oraron pidiendo su ayuda. No hizo oídos sordos en aquel entonces —ni lo hace hoy— a las voces de su pueblo, sin importar lo grandes o humildes que fueran, en especial cuando atravesaron una crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En tribulación y angustia====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios no es solo el Dios que habla —a pesar de lo notable que es que nos hable—, sino que también, maravilla tras maravilla, es el Dios que escucha. Cuando Santiago nos llama a ser “pronto[s] para oír” (Santiago 1:19), nos está diciendo que seamos como nuestro Padre celestial. Tenemos un Padre que escucha al que ora (Salmos 65:2) y que atiende a la voz de nuestras súplicas (Salmos 66:19). Nuestro Dios no solo ve a toda la humanidad, sino que ve a su propio pueblo de una manera especial: los ve como a aquellos con quienes él mismo ha hecho un pacto por amor. Escucha a su pueblo con el oído de un Esposo y un Padre. No se molesta ni se irrita por nuestras peticiones, en especial cuando esas peticiones ocurren en medio de la tribulación y la angustia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Salmos en particular celebran la buena disposición de Dios para escuchar y ayudar a su pueblo en sus “días de angustia” y “tiempos de tribulación”. David testificó que Dios había sido para él “baluarte, y un refugio en el día de mi angustia” (Salmos 59:16, también 9:9; 37:39; 41:1). Sabía adónde acudir cuando venía una crisis: “En el día de la angustia te invocaré, porque tú me responderás” (Salmos 86:7); “Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo” (Salmos 27:5). David sabía también hacia dónde dirigir la atención de los demás: “Que el Señor te responda en el día de la angustia” (Salmos 20:1); “Será también el Señor baluarte para el oprimido, baluarte en tiempos de angustia” (Salmos 9:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo David acudió al Señor, sino también el salmista Asaf: “En el día de mi angustia busqué al Señor” (Salmos 77:2). Dios mismo dice: “invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás” (Salmos 50:15). Lejos de molestarse por nuestros clamores pidiendo su ayuda, Dios recibe honra cuando acudimos a él con nuestras cargas. Quizás la frase más impactante en este sentido es el refrán del Salmo 107 (que se repite cuatro veces): “Entonces en su angustia clamaron al Señor, y él los libró de sus aflicciones” (versículos 6, 13, 19, 28). Esta no solo es la historia de Israel una y otra vez, sino también la nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios se revela en su esplendor en medio de nuestras crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Contempla a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así ha sido nuestro Dios desde el principio. Este es el Dios de Abraham e Isaac. Jacob, en sus muchos altibajos, sus muchas luchas y esfuerzos, descubrió que así es Dios: él es el “Dios que me respondió en el día de mi angustia” (Génesis 35:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios de Jacob no es como los dioses falsos de las naciones aledañas. No es como los dioses de la casa del tío de Jacob, Labán (Génesis 31:19, 34-35). Tampoco es como los dioses cananeos que los hijos de Jacob descubrirían mientras saqueaban Siquem (Génesis 34:29; 35:2). Los otros “dioses” no responden en el día de la angustia. Sencillamente, fueron hechos por las manos e imaginación humanas. Son como los juguetes de un bebé. No responden. No actúan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de Jacob fue una sucesión de momentos de crisis y Dios demostró ser el Dios fiel que escucha y responde. Así como Dios vio a Lea en su crisis (Génesis 29:31) y recordó a Raquel en la suya (Génesis 30:22), él ve, él escucha, él recuerda y cuida. Él es el Dios vivo que desea que nos acerquemos a él, que luchemos con él (Génesis 32:22–28), y no solo con nuestras circunstancias, en nuestros momentos de crisis. Este es el Dios de Jacob, y el Dios de Nahúm (Nahúm 1:7), Abdías (Abdías 12, 14), Jeremías (Jeremías 16:19) y Ezequías (Isaías 37:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En su perfecto ''cómo y cuándo''====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestra finitud y nuestra condición posterior a la caída, puede parecernos a veces que Dios se esconde en nuestros momentos de crisis (Salmos 10:1), pero si nos presentamos ante él con humildad, sin albergar pecado en nuestro corazón (Salmos 66:18; también 1 Pedro 3:7), podemos decir confiadamente: “ciertamente Dios me ha oído; él atendió a la voz de mi oración” (Salmos 66:19). Aun así, el hecho de que Dios nos escuche no significa que él siempre —ni siquiera generalmente— responda como y cuando nosotros lo esperamos o deseamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando recordamos que nuestro Dios es aquel que responde en nuestros momentos de crisis —como lo hizo con Jacob, los salmistas y los profetas—, no damos por sabido que él responde como nosotros lo haríamos o exactamente cuando nosotros quisiéramos. Jacob, por ejemplo, pasó veinte años bajo la tiranía de Labán, y su hijo José pasó trece años cayendo en un pozo cada vez más profundo —fue vendido como esclavo, acusado falsamente, encarcelado y luego olvidado— antes de que Dios lo levantara. Nuestro Dios obra en “el momento oportuno” (1 Pedro 5:6), “a su debido tiempo” (Gálatas 6:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, él nos escuchará y responderá, pero a menudo lo hará de formas, y en momentos, que no imaginábamos. Sus caminos y pensamientos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8–9) y él hace “todo mucho más abundantemente”, y no menos, de lo que pedimos o entendemos (Efesios 3:20). En Cristo, no damos por sentado que nuestro Dios no nos ve, o no nos escucha, o no nos responde, solo porque nuestra vida no se desenvuelve de acuerdo con nuestros planes. Lejos de suponer que él no nos está respondiendo, deseamos recibir su gran misericordia en la medida en que él continúa haciendo su sorprendente obra de desplegar la historia y desenvolver los acontecimientos de nuestra vida, no de acuerdo con las expectativas humanas, sino conforme a sus planes y propósitos infinitamente majestuosos, lo cual vemos con mucha claridad en el momento de crisis del mismísimo Hijo de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====La mayor de sus respuestas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a afligirse y a angustiarse mucho” (Marcos 14:33). Allí, en el jardín de su crisis, Jesús presentó “oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, [y] fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7). Dios escuchó a su Hijo en su momento de crisis, pero no dejó que pasara de él esa copa. No evitó su muerte. Que Dios escuchara y respondiera a Jesús no significa que lo salvaría de la cruz, sino que traería salvación a través de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que su Padre lo “librara de la muerte” podría haber significado protección de la muerte, pero sus caminos fueron más altos. Hizo más abundantemente de lo que nosotros hubiéramos pedido o entendido. El rescate que Dios dio a su Hijo en ese momento no fue una protección de la muerte, sino una gracia que lo sostuvo hasta la muerte, y luego en la resurrección. Y a menos que Jesús regrese antes, todos nos enfrentaremos pronto a la muerte, y la respuesta de Dios a nosotros será una gracia que nos sostendrá en la muerte y, luego, en la resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios es demasiado real, demasiado grande y demasiado glorioso para obrar de acuerdo con nuestras expectativas humanas y en conformidad con nuestros planes. Nos ama demasiado para hacer, normalmente, tan solo lo que deseamos y cuando lo deseamos en nuestros momentos de crisis. Sin embargo, él siempre nos ve. Siempre nos escucha. En Cristo, él responderá, no necesariamente cuando y como lo queramos, sino con la respuesta que necesitamos, por dolorosa que pudiera ser ahora, para nuestro bien y gloria supremos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Dios_te_responder%C3%A1_en_medio_de_tu_crisis</id>
		<title>Dios te responderá en medio de tu crisis</title>
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				<updated>2019-08-15T03:57:48Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|God Will Answer in Your Crisis}}Se acerca tu crisis. Si todavía no ha llegado, o si no estás en medio de una ahora mismo, ya llegará el momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no será solo una crisis. En su misericordia suprema, Dios interrumpe nuestra vida en esta era decadente con momentos de crisis de grados variables, diseñados para nuestro bien eterno. Por miles de años, el pueblo de Dios ha atravesado “tiempos de tribulación” y “días de angustia”, que por momentos fueron bastante intensos. Lo mismo sigue sucediendo hoy en día. Nuestro Padre nunca prometió que por pertenecerle a él no tendríamos sufrimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una y otra vez, las Escrituras describen a los fieles no como personas que nunca tuvieron problemas, sino como los que clamaron a Dios en medio de sus crisis. Los hombres y las mujeres a los que recordamos como ejemplos en la fe enfrentaron tiempos de gran tribulación y angustia, pero Dios escuchó su clamor cuando oraron pidiendo su ayuda. No hizo oídos sordos en aquel entonces —ni lo hace hoy— a las voces de su pueblo, sin importar lo grandes o humildes que fueran, en especial cuando atravesaron una crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En tribulación y angustia====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios no es solo el Dios que habla —a pesar de lo notable que es que nos hable—, sino que también, maravilla tras maravilla, es el Dios que escucha. Cuando Santiago nos llama a ser “pronto[s] para oír” (Santiago 1:19), nos está diciendo que seamos como nuestro Padre celestial. Tenemos un Padre que escucha al que ora (Salmos 65:2) y que atiende a la voz de nuestras súplicas (Salmos 66:19). Nuestro Dios no solo ve a toda la humanidad, sino que ve a su propio pueblo de una manera especial: los ve como a aquellos con quienes él mismo ha hecho un pacto por amor. Escucha a su pueblo con el oído de un Esposo y un Padre. No se molesta ni se irrita por nuestras peticiones, en especial cuando esas peticiones ocurren en medio de la tribulación y la angustia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Salmos en particular celebran la buena disposición de Dios para escuchar y ayudar a su pueblo en sus “días de angustia” y “tiempos de tribulación”. David testificó que Dios había sido para él “baluarte, y un refugio en el día de mi angustia” (Salmos 59:16, también 9:9; 37:39; 41:1). Sabía adónde acudir cuando venía una crisis: “En el día de la angustia te invocaré, porque tú me responderás” (Salmos 86:7); “Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo” (Salmos 27:5). David sabía también hacia dónde dirigir la atención de los demás: “Que el Señor te responda en el día de la angustia” (Salmos 20:1); “Será también el Señor baluarte para el oprimido, baluarte en tiempos de angustia” (Salmos 9:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo David acudió al Señor, sino también el salmista Asaf: “En el día de mi angustia busqué al Señor” (Salmos 77:2). Dios mismo dice: “invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás” (Salmos 50:15). Lejos de molestarse por nuestros clamores pidiendo su ayuda, Dios recibe honra cuando acudimos a él con nuestras cargas. Quizás la frase más impactante en este sentido es el refrán del Salmo 107 (que se repite cuatro veces): “Entonces en su angustia clamaron al Señor, y él los libró de sus aflicciones” (versículos 6, 13, 19, 28). Esta no solo es la historia de Israel una y otra vez, sino también la nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios se revela en su esplendor en medio de nuestras crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Contempla a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así ha sido nuestro Dios desde el principio. Este es el Dios de Abraham e Isaac. Jacob, en sus muchos altibajos, sus muchas luchas y esfuerzos, descubrió que así es Dios: él es el “Dios que me respondió en el día de mi angustia” (Génesis 35:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios de Jacob no es como los dioses falsos de las naciones aledañas. No es como los dioses de la casa del tío de Jacob, Labán (Génesis 31:19, 34-35). Tampoco es como los dioses cananeos que los hijos de Jacob descubrirían mientras saqueaban Siquem (Génesis 34:29; 35:2). Los otros “dioses” no responden en el día de la angustia. Sencillamente, fueron hechos por las manos e imaginación humanas. Son como los juguetes de un bebé. No responden. No actúan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de Jacob fue una sucesión de momentos de crisis y Dios demostró ser el Dios fiel que escucha y responde. Así como Dios vio a Lea en su crisis (Génesis 29:31) y recordó a Raquel en la suya (Génesis 30:22), él ve, él escucha, él recuerda y cuida. Él es el Dios vivo que desea que nos acerquemos a él, que luchemos con él (Génesis 32:22–28), y no solo con nuestras circunstancias, en nuestros momentos de crisis. Este es el Dios de Jacob, y el Dios de Nahúm (Nahúm 1:7), Abdías (Abdías 12, 14), Jeremías (Jeremías 16:19) y Ezequías (Isaías 37:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En su perfecto ''cómo y cuándo''====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestra finitud y nuestra condición posterior a la caída, puede parecernos a veces que Dios se esconde en nuestros momentos de crisis (Salmos 10:1), pero si nos presentamos ante él con humildad, sin albergar pecado en nuestro corazón (Salmos 66:18; también 1 Pedro 3:7), podemos decir confiadamente: “ciertamente Dios me ha oído; él atendió a la voz de mi oración” (Salmos 66:19). Aun así, el hecho de que Dios nos escuche no significa que él siempre —ni siquiera generalmente— responda como y cuando nosotros lo esperamos o deseamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando recordamos que nuestro Dios es aquel que responde en nuestros momentos de crisis —como lo hizo con Jacob, los salmistas y los profetas—, no damos por sabido que él responde como nosotros lo haríamos o exactamente cuando nosotros quisiéramos. Jacob, por ejemplo, pasó veinte años bajo la tiranía de Labán, y su hijo José pasó trece años cayendo en un pozo cada vez más profundo —fue vendido como esclavo, acusado falsamente, encarcelado y luego olvidado— antes de que Dios lo levantara. Nuestro Dios obra en “el momento oportuno” (1 Pedro 5:6), “a su debido tiempo” (Gálatas 6:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, él nos escuchará y responderá, pero a menudo lo hará de formas, y en momentos, que no imaginábamos. Sus caminos y pensamientos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8–9) y él hace “todo mucho más abundantemente”, y no menos, de lo que pedimos o entendemos (Efesios 3:20). En Cristo, no damos por sentado que nuestro Dios no nos ve, o no nos escucha, o no nos responde, porque nuestra vida no se desenvuelve de acuerdo con nuestros planes. Lejos de suponer que él no nos está respondiendo, deseamos recibir su gran misericordia en la medida en que él continúa haciendo su sorprendente obra de desplegar la historia y desenvolver los acontecimientos de nuestra vida, no de acuerdo con las expectativas humanas, sino conforme a sus planes y propósitos infinitamente majestuosos, lo cual vemos con mucha claridad en el momento de crisis del mismísimo Hijo de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====La mayor de sus respuestas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a afligirse y a angustiarse mucho” (Marcos 14:33). Allí, en el jardín de su crisis, Jesús presentó “oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, [y] fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7). Dios escuchó a su Hijo en su momento de crisis, pero no dejó que pasara de él esa copa. No evitó su muerte. Que Dios escuchara y respondiera a Jesús no significa que lo salvaría de la cruz, sino que traería salvación a través de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que su Padre lo “librara de la muerte” podría haber significado protección de la muerte, pero sus caminos fueron más altos. Hizo más abundantemente de lo que nosotros hubiéramos pedido o entendido. El rescate que Dios dio a su Hijo en ese momento no fue una protección de la muerte, sino una gracia que lo sostuvo hasta la muerte, y luego en la resurrección. Y a menos que Jesús regrese antes, todos nos enfrentaremos pronto a la muerte, y la respuesta de Dios a nosotros será una gracia que nos sostendrá en la muerte y, luego, en la resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios es demasiado real, demasiado grande y demasiado glorioso para obrar de acuerdo con nuestras expectativas humanas y en conformidad con nuestros planes. Nos ama demasiado para hacer, normalmente, tan solo lo que deseamos y cuando lo deseamos en nuestros momentos de crisis. Sin embargo, él siempre nos ve. Siempre nos escucha. En Cristo, él responderá, no necesariamente cuando y como lo queramos, sino con la respuesta que necesitamos, por dolorosa que pudiera ser ahora, para nuestro bien y gloria supremos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<title>Dios te responderá en medio de tu crisis</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Dios_te_responder%C3%A1_en_medio_de_tu_crisis"/>
				<updated>2019-08-15T03:55:55Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|God Will Answer in Your Crisis}}Se acerca tu crisis. Si todavía no ha llegado, o si no estás en medio de una ahora mismo, ya llegará el momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no será solo una crisis. En su misericordia suprema, Dios interrumpe nuestra vida en esta era decadente con momentos de crisis de grados variables, diseñados para nuestro bien eterno. Por miles de años, el pueblo de Dios ha atravesado “tiempos de tribulación” y “días de angustia”, que por momentos fueron bastante intensos. Lo mismo sigue sucediendo hoy en día. Nuestro Padre nunca prometió que por pertenecerle a él no tendríamos sufrimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una y otra vez, las Escrituras describen a los fieles no como personas que nunca tuvieron problemas, sino como los que clamaron a Dios en medio de sus crisis. Los hombres y las mujeres a los que recordamos como ejemplos en la fe enfrentaron tiempos de gran tribulación y angustia, pero Dios escuchó su clamor cuando oraron pidiendo su ayuda. No hizo oídos sordos en aquel entonces —ni lo hace hoy— a las voces de su pueblo, sin importar lo grandes o humildes que fueran, en especial cuando atravesaron una crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En tribulación y angustia====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios no es solo el Dios que habla —a pesar de lo notable que es que nos hable—, sino que también, maravilla tras maravilla, es el Dios que escucha. Cuando Santiago nos llama a ser “pronto[s] para oír” (Santiago 1:19), nos está diciendo que seamos como nuestro Padre celestial. Tenemos un Padre que escucha al que ora (Salmos 65:2) y que atiende a la voz de nuestras súplicas (Salmos 66:19). Nuestro Dios no solo ve a toda la humanidad, sino que ve a su propio pueblo de una manera especial: los ve como a aquellos con quienes él mismo ha hecho un pacto por amor. Escucha a su pueblo con el oído de un Esposo y un Padre. No se molesta ni se irrita por nuestras peticiones, en especial cuando esas peticiones ocurren en medio de la tribulación y la angustia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Salmos en particular celebran la buena disposición de Dios para escuchar y ayudar a su pueblo en sus “días de angustia” y “tiempos de tribulación”. David testificó que Dios había sido para él “baluarte, y un refugio en el día de mi angustia” (Salmos 59:16, también 9:9; 37:39; 41:1). Sabía adónde acudir cuando venía una crisis: “En el día de la angustia te invocaré, porque tú me responderás” (Salmos 86:7); “Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo” (Salmos 27:5). David sabía también hacia dónde dirigir la atención de los demás: “Que el Señor te responda en el día de la angustia” (Salmos 20:1); “Será también el Señor baluarte para el oprimido, baluarte en tiempos de angustia” (Salmos 9:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo David acudió al Señor, sino también el salmista Asaf: “En el día de mi angustia busqué al Señor” (Salmos 77:2). Dios mismo dice: “invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás” (Salmos 50:15). Lejos de molestarse por nuestros clamores pidiendo su ayuda, Dios recibe honra cuando acudimos a él con nuestras cargas. Quizás la frase más impactante en este sentido es el refrán del Salmo 107 (que se repite cuatro veces): “Entonces en su angustia clamaron al Señor, y él los libró de sus aflicciones” (versículos 6, 13, 19, 28). Esta no solo es la historia de Israel una y otra vez, sino también la nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios se revela en su esplendor en medio de nuestras crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Contempla a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así ha sido nuestro Dios desde el principio. Este es el Dios de Abraham e Isaac. Jacob, en sus muchos altibajos, sus muchas luchas y esfuerzos, descubrió que así es Dios: él es el “Dios que me respondió en el día de mi angustia” (Génesis 35:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios de Jacob no es como los dioses falsos de las naciones aledañas. No es como los dioses de la casa del tío de Jacob, Labán (Génesis 31:19, 34-35). Tampoco es como los dioses cananeos que los hijos de Jacob descubrirían mientras saqueaban Siquem (Génesis 34:29; 35:2). Los otros “dioses” no responden en el día de la angustia. Sencillamente, fueron hechos por las manos e imaginación humanas. Son como los juguetes de un bebé. No responden. No actúan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de Jacob fue una sucesión de momentos de crisis y Dios demostró ser el Dios fiel que escucha y responde. Así como Dios vio a Lea en su crisis (Génesis 29:31) y recordó a Raquel en la suya (Génesis 30:22), él ve, él escucha, él recuerda y cuida. Él es el Dios vivo que desea que nos acerquemos a él, que luchemos con él (Génesis 32:22–28), y no solo con nuestras circunstancias, en nuestros momentos de crisis. Este es el Dios de Jacob, y el Dios de Nahúm (Nahúm 1:7), Abdías (Abdías 12, 14), Jeremías (Jeremías 16:19) y Ezequías (Isaías 37:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En su perfecto ''cómo y cuándo''====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestra finitud y nuestra condición posterior a la caída, puede parecernos a veces que Dios se esconde en nuestros momentos de crisis (Salmos 10:1), pero si nos presentamos ante él con humildad, sin albergar pecado en nuestro corazón (Salmos 66:18; también 1 Pedro 3:7), podemos decir confiadamente: “ciertamente Dios me ha oído; él atendió a la voz de mi oración” (Salmos 66:19). Aun así, el hecho de que Dios nos escuche no significa que él siempre —ni siquiera generalmente— responda como y cuando nosotros lo esperamos o deseamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando recordamos que nuestro Dios es aquel que responde en nuestros momentos de crisis —como lo hizo con Jacob, los salmistas y los profetas—, no damos por obvio que él responde como nosotros lo haríamos o exactamente cuando nosotros quisiéramos. Jacob, por ejemplo, pasó veinte años bajo la tiranía de Labán, y su hijo José pasó trece años cayendo en un pozo cada vez más profundo —fue vendido como esclavo, acusado falsamente, encarcelado y luego olvidado— antes de que Dios lo levantara. Nuestro Dios obra en “el momento oportuno” (1 Pedro 5:6), “a su debido tiempo” (Gálatas 6:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, él nos escuchará y responderá, pero a menudo lo hará de formas, y en momentos, que no imaginábamos. Sus caminos y pensamientos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8–9) y él hace “todo mucho más abundantemente”, y no menos, de lo que pedimos o entendemos (Efesios 3:20). En Cristo, no damos por sentado que nuestro Dios no nos ve, o no nos escucha, o no nos responde, porque nuestra vida no se desenvuelve de acuerdo con nuestros planes. Lejos de suponer que él no nos está respondiendo, deseamos recibir su gran misericordia en la medida en que él continúa haciendo su sorprendente obra de desplegar la historia y desenvolver los acontecimientos de nuestra vida, no de acuerdo con las expectativas humanas, sino conforme a sus planes y propósitos infinitamente majestuosos, lo cual vemos con mucha claridad en el momento de crisis del mismísimo Hijo de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====La mayor de sus respuestas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a afligirse y a angustiarse mucho” (Marcos 14:33). Allí, en el jardín de su crisis, Jesús presentó “oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, [y] fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7). Dios escuchó a su Hijo en su momento de crisis, pero no dejó que pasara de él esa copa. No evitó su muerte. Que Dios escuchara y respondiera a Jesús no significa que lo salvaría de la cruz, sino que traería salvación a través de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que su Padre lo “librara de la muerte” podría haber significado protección de la muerte, pero sus caminos fueron más altos. Hizo más abundantemente de lo que nosotros hubiéramos pedido o entendido. El rescate que Dios dio a su Hijo en ese momento no fue una protección de la muerte, sino una gracia que lo sostuvo hasta la muerte, y luego en la resurrección. Y a menos que Jesús regrese antes, todos nos enfrentaremos pronto a la muerte, y la respuesta de Dios a nosotros será una gracia que nos sostendrá en la muerte y, luego, en la resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios es demasiado real, demasiado grande y demasiado glorioso para obrar de acuerdo con nuestras expectativas humanas y en conformidad con nuestros planes. Nos ama demasiado para hacer, normalmente, tan solo lo que deseamos y cuando lo deseamos en nuestros momentos de crisis. Sin embargo, él siempre nos ve. Siempre nos escucha. En Cristo, él responderá, no necesariamente cuando y como lo queramos, sino con la respuesta que necesitamos, por dolorosa que pudiera ser ahora, para nuestro bien y gloria supremos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<title>Dios te responderá en medio de tu crisis</title>
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				<updated>2019-08-15T03:55:02Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|God Will Answer in Your Crisis}}Se acerca tu crisis. Si todavía no ha llegado, o si no estás en medio de una ahora mismo, ya llegará el momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no será solo una crisis. En su misericordia suprema, Dios interrumpe nuestra vida en esta era decadente con momentos de crisis de grados variables, diseñados para nuestro bien eterno. Por miles de años, el pueblo de Dios ha atravesado “tiempos de tribulación” y “días de angustia”, que por momentos fueron bastante intensos. Lo mismo sigue sucediendo hoy en día. Nuestro Padre nunca prometió que por pertenecerle a él no tendríamos sufrimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una y otra vez, las Escrituras describen a los fieles no como personas que nunca tuvieron problemas, sino como los que clamaron a Dios en medio de sus crisis. Los hombres y las mujeres a los que recordamos como ejemplos en la fe enfrentaron tiempos de gran tribulación y angustia, pero Dios escuchó su clamor cuando oraron pidiendo su ayuda. No hizo oídos sordos en aquel entonces —ni lo hace hoy— a las voces de su pueblo, sin importar lo grandes o humildes que fueran, en especial cuando atravesaron una crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En tribulación y angustia====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios no es solo el Dios que habla —a pesar de lo notable que es que nos hable—, sino que también, maravilla tras maravilla, es el Dios que escucha. Cuando Santiago nos llama a ser “pronto[s] para oír” (Santiago 1:19), nos está diciendo que seamos como nuestro Padre celestial. Tenemos un Padre que escucha al que ora (Salmos 65:2) y que atiende a la voz de nuestras súplicas (Salmos 66:19). Nuestro Dios no solo ve a toda la humanidad, sino que ve a su propio pueblo de una manera especial: los ve como a aquellos con quienes él mismo ha hecho un pacto por amor. Escucha a su pueblo con el oído de un Esposo y un Padre. No se molesta ni se irrita por nuestras peticiones, en especial cuando esas peticiones ocurren en medio de la tribulación y la angustia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Salmos en particular celebran la buena disposición de Dios para escuchar y ayudar a su pueblo en sus “días de angustia” y “tiempos de tribulación”. David testificó que Dios había sido para él “baluarte, y un refugio en el día de mi angustia” (Salmos 59:16, también 9:9; 37:39; 41:1). Sabía adónde acudir cuando venía una crisis: “En el día de la angustia te invocaré, porque tú me responderás” (Salmos 86:7); “Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo” (Salmos 27:5). David sabía también hacia dónde dirigir la atención de los demás: “Que el Señor te responda en el día de la angustia” (Salmos 20:1); “Será también el Señor baluarte para el oprimido, baluarte en tiempos de angustia” (Salmos 9:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo David acudió al Señor, sino también el salmista Asaf: “En el día de mi angustia busqué al Señor” (Salmos 77:2). Dios mismo dice: “invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás” (Salmos 50:15). Lejos de molestarse por nuestros clamores pidiendo su ayuda, Dios recibe honra cuando acudimos a él con nuestras cargas. Quizás la frase más impactante en este sentido es el refrán del Salmo 107 (que se repite cuatro veces): “Entonces en su angustia clamaron al Señor, y él los libró de sus aflicciones” (versículos 6, 13, 19, 28). Esta no solo es la historia de Israel una y otra vez, sino también la nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios se revela en su esplendor en medio de nuestras crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Contempla a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así ha sido nuestro Dios desde el principio. Este es el Dios de Abraham e Isaac. Jacob, en sus muchos altibajos, sus muchas luchas y esfuerzos, descubrió que así es Dios: él es el “Dios que me respondió en el día de mi angustia” (Génesis 35:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios de Jacob no es como los dioses falsos de las naciones aledañas. No es como los dioses de la casa del tío de Jacob, Labán (Génesis 31:19, 34-35). Tampoco es como los dioses cananeos que los hijos de Jacob descubrirían mientras saqueaban Siquem (Génesis 34:29; 35:2). Los otros “dioses” no responden en el día de la angustia. Sencillamente, fueron hechos por las manos e imaginación humanas. Son como los juguetes de un bebé. No responden. No actúan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de Jacob fue una sucesión de momentos de crisis y Dios demostró ser el Dios fiel que escucha y responde. Así como Dios vio a Lea en su crisis (Génesis 29:31) y recordó a Raquel de la suya (Génesis 30:22), él ve, él escucha, él recuerda y cuida. Él es el Dios vivo que desea que nos acerquemos a él, que luchemos con él (Génesis 32:22–28), y no solo con nuestras circunstancias, en nuestros momentos de crisis. Este es el Dios de Jacob, y el Dios de Nahúm (Nahúm 1:7), Abdías (Abdías 12, 14), Jeremías (Jeremías 16:19) y Ezequías (Isaías 37:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En su perfecto ''cómo y cuándo''====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestra finitud y nuestra condición posterior a la caída, puede parecernos a veces que Dios se esconde en nuestros momentos de crisis (Salmos 10:1), pero si nos presentamos ante él con humildad, sin albergar pecado en nuestro corazón (Salmos 66:18; también 1 Pedro 3:7), podemos decir confiadamente: “ciertamente Dios me ha oído; él atendió a la voz de mi oración” (Salmos 66:19). Aun así, el hecho de que Dios nos escuche no significa que él siempre —ni siquiera generalmente— responda como y cuando nosotros lo esperamos o deseamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando recordamos que nuestro Dios es aquel que responde en nuestros momentos de crisis —como lo hizo con Jacob, los salmistas y los profetas—, no damos por obvio que él responde como nosotros lo haríamos o exactamente cuando nosotros quisiéramos. Jacob, por ejemplo, pasó veinte años bajo la tiranía de Labán, y su hijo José pasó trece años cayendo en un pozo cada vez más profundo —fue vendido como esclavo, acusado falsamente, encarcelado y luego olvidado— antes de que Dios lo levantara. Nuestro Dios obra en “el momento oportuno” (1 Pedro 5:6), “a su debido tiempo” (Gálatas 6:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, él nos escuchará y responderá, pero a menudo lo hará de formas, y en momentos, que no imaginábamos. Sus caminos y pensamientos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8–9) y él hace “todo mucho más abundantemente”, y no menos, de lo que pedimos o entendemos (Efesios 3:20). En Cristo, no damos por sentado que nuestro Dios no nos ve, o no nos escucha, o no nos responde, porque nuestra vida no se desenvuelve de acuerdo con nuestros planes. Lejos de suponer que él no nos está respondiendo, deseamos recibir su gran misericordia en la medida en que él continúa haciendo su sorprendente obra de desplegar la historia y desenvolver los acontecimientos de nuestra vida, no de acuerdo con las expectativas humanas, sino conforme a sus planes y propósitos infinitamente majestuosos, lo cual vemos con mucha claridad en el momento de crisis del mismísimo Hijo de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====La mayor de sus respuestas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a afligirse y a angustiarse mucho” (Marcos 14:33). Allí, en el jardín de su crisis, Jesús presentó “oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, [y] fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7). Dios escuchó a su Hijo en su momento de crisis, pero no dejó que pasara de él esa copa. No evitó su muerte. Que Dios escuchara y respondiera a Jesús no significa que lo salvaría de la cruz, sino que traería salvación a través de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que su Padre lo “librara de la muerte” podría haber significado protección de la muerte, pero sus caminos fueron más altos. Hizo más abundantemente de lo que nosotros hubiéramos pedido o entendido. El rescate que Dios dio a su Hijo en ese momento no fue una protección de la muerte, sino una gracia que lo sostuvo hasta la muerte, y luego en la resurrección. Y a menos que Jesús regrese antes, todos nos enfrentaremos pronto a la muerte, y la respuesta de Dios a nosotros será una gracia que nos sostendrá en la muerte y, luego, en la resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios es demasiado real, demasiado grande y demasiado glorioso para obrar de acuerdo con nuestras expectativas humanas y en conformidad con nuestros planes. Nos ama demasiado para hacer, normalmente, tan solo lo que deseamos y cuando lo deseamos en nuestros momentos de crisis. Sin embargo, él siempre nos ve. Siempre nos escucha. En Cristo, él responderá, no necesariamente cuando y como lo queramos, sino con la respuesta que necesitamos, por dolorosa que pudiera ser ahora, para nuestro bien y gloria supremos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<title>Dios te responderá en medio de tu crisis</title>
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				<updated>2019-08-15T03:52:02Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|God Will Answer in Your Crisis}}Se acerca tu crisis. Si todavía no ha llegado, o si no estás en medio de una ahora mismo, ya llegará el momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no será solo una crisis. En su misericordia suprema, Dios interrumpe nuestra vida en esta era decadente con momentos de crisis de grados variables, diseñados para nuestro bien eterno. Por miles de años, el pueblo de Dios ha atravesado “tiempos de tribulación” y “días de angustia”, que por momentos fueron bastante intensos. Lo mismo sigue sucediendo hoy en día. Nuestro Padre nunca prometió que por pertenecerle a él no tendríamos sufrimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una y otra vez, las Escrituras describen a los fieles no como personas que nunca tuvieron problemas, sino como los que clamaron a Dios en medio de sus crisis. Los hombres y las mujeres a los que recordamos como ejemplos en la fe enfrentaron tiempos de gran tribulación y angustia, pero Dios escuchó su clamor cuando oraron pidiendo su ayuda. No hizo oídos sordos en aquel entonces —ni lo hace hoy— a las voces de su pueblo, sin importar lo grandes o humildes que fueran, en especial cuando atravesaron una crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En tribulación y angustia====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios no es solo el Dios que habla —a pesar de lo notable que es que nos hable—, sino que también, maravilla tras maravilla, es el Dios que escucha. Cuando Santiago nos llama a ser “pronto[s] para oír” (Santiago 1:19), nos está diciendo que seamos como nuestro Padre celestial. Tenemos un Padre que escucha al que ora (Salmos 65:2) y que atiende a la voz de nuestras súplicas (Salmos 66:19). Nuestro Dios no solo ve a toda la humanidad, sino que ve a su propio pueblo de una manera especial: los ve como a aquellos con quienes él mismo ha hecho un pacto por amor. Escucha a su pueblo con el oído de un Esposo y un Padre. No se molesta ni se irrita por nuestras peticiones, en especial cuando esas peticiones ocurren en medio de la tribulación y la angustia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Salmos en particular celebran la buena disposición de Dios para escuchar y ayudar a su pueblo en sus “días de angustia” y “tiempos de tribulación”. David testificó que Dios había sido para él “baluarte, y un refugio en el día de mi angustia” (Salmos 59:16, también 9:9; 37:39; 41:1). Sabía adónde acudir cuando venía una crisis: “En el día de la angustia te invocaré, porque tú me responderás” (Salmos 86:7); “Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo” (Salmos 27:5). David sabía también hacia dónde dirigir la atención de los demás: “Que el Señor te responda en el día de la angustia” (Salmos 20:1); “Será también el Señor baluarte para el oprimido, baluarte en tiempos de angustia” (Salmos 9:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo David acudió al Señor, sino también el salmista Asaf: “En el día de mi angustia busqué al Señor” (Salmos 77:2). Dios mismo dice: “invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás” (Salmos 50:15). Lejos de molestarse por nuestros clamores pidiendo su ayuda, Dios recibe honra cuando acudimos a él con nuestras cargas. Quizás la frase más impactante en este sentido es el refrán del Salmo 107 (que se repite cuatro veces): “Entonces en su angustia clamaron al Señor, y él los libró de sus aflicciones” (versículos 6, 13, 19, 28). Esta no solo es la historia de Israel una y otra vez, sino también la nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios se revela en su esplendor en medio de nuestras crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Contempla a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así ha sido nuestro Dios desde el principio. Este es el Dios de Abraham e Isaac. Jacob, en sus muchos altibajos, sus muchas luchas y esfuerzos, descubrió que así es Dios: él es el “Dios que me respondió en el día de mi angustia” (Génesis 35:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios de Jacob no es como los dioses falsos de las naciones aledañas. No es como los dioses de la casa del tío de Jacob, Labán (Génesis 31:19, 34-35). Tampoco es como los dioses cananeos que los hijos de Jacob descubrirían mientras saqueaban Siquem (Génesis 34:29; 35:2). Los otros “dioses” no responden en el día de la angustia. Sencillamente, fueron hechos por las manos e imaginación humanas. Son como los juguetes de un bebé. No responden. No actúan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de Jacob fue una sucesión de momentos de crisis y Dios demostró ser fiel como Dios que escucha y responde. Así como Dios vio a Lea en su crisis (Génesis 29:31) y recordó a Raquel de la suya (Génesis 30:22), él ve, él escucha, él recuerda y cuida. Él es el Dios vivo que desea que nos acerquemos a él, que luchemos con él (Génesis 32:22–28), y no solo con nuestras circunstancias, en nuestros momentos de crisis. Este es el Dios de Jacob, y el Dios de Nahúm (Nahúm 1:7), Abdías (Abdías 12, 14), Jeremías (Jeremías 16:19) y Ezequías (Isaías 37:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En su perfecto ''cómo y cuándo''====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestra finitud y nuestra condición posterior a la caída, puede parecernos a veces que Dios se esconde en nuestros momentos de crisis (Salmos 10:1), pero si nos presentamos ante él con humildad, sin albergar pecado en nuestro corazón (Salmos 66:18; también 1 Pedro 3:7), podemos decir confiadamente: “ciertamente Dios me ha oído; él atendió a la voz de mi oración” (Salmos 66:19). Aun así, el hecho de que Dios nos escuche no significa que él siempre —ni siquiera generalmente— responda como y cuando nosotros lo esperamos o deseamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando recordamos que nuestro Dios es aquel que responde en nuestros momentos de crisis —como lo hizo con Jacob, los salmistas y los profetas—, no damos por obvio que él responde como nosotros lo haríamos o exactamente cuando nosotros quisiéramos. Jacob, por ejemplo, pasó veinte años bajo la tiranía de Labán, y su hijo José pasó trece años cayendo en un pozo cada vez más profundo —fue vendido como esclavo, acusado falsamente, encarcelado y luego olvidado— antes de que Dios lo levantara. Nuestro Dios obra en “el momento oportuno” (1 Pedro 5:6), “a su debido tiempo” (Gálatas 6:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, él nos escuchará y responderá, pero a menudo lo hará de formas, y en momentos, que no imaginábamos. Sus caminos y pensamientos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8–9) y él hace “todo mucho más abundantemente”, y no menos, de lo que pedimos o entendemos (Efesios 3:20). En Cristo, no damos por sentado que nuestro Dios no nos ve, o no nos escucha, o no nos responde, porque nuestra vida no se desenvuelve de acuerdo con nuestros planes. Lejos de suponer que él no nos está respondiendo, deseamos recibir su gran misericordia en la medida en que él continúa haciendo su sorprendente obra de desplegar la historia y desenvolver los acontecimientos de nuestra vida, no de acuerdo con las expectativas humanas, sino conforme a sus planes y propósitos infinitamente majestuosos, lo cual vemos con mucha claridad en el momento de crisis del mismísimo Hijo de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====La mayor de sus respuestas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a afligirse y a angustiarse mucho” (Marcos 14:33). Allí, en el jardín de su crisis, Jesús presentó “oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, [y] fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7). Dios escuchó a su Hijo en su momento de crisis, pero no dejó que pasara de él esa copa. No evitó su muerte. Que Dios escuchara y respondiera a Jesús no significa que lo salvaría de la cruz, sino que traería salvación a través de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que su Padre lo “librara de la muerte” podría haber significado protección de la muerte, pero sus caminos fueron más altos. Hizo más abundantemente de lo que nosotros hubiéramos pedido o entendido. El rescate que Dios dio a su Hijo en ese momento no fue una protección de la muerte, sino una gracia que lo sostuvo hasta la muerte, y luego en la resurrección. Y a menos que Jesús regrese antes, todos nos enfrentaremos pronto a la muerte, y la respuesta de Dios a nosotros será una gracia que nos sostendrá en la muerte y, luego, en la resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios es demasiado real, demasiado grande y demasiado glorioso para obrar de acuerdo con nuestras expectativas humanas y en conformidad con nuestros planes. Nos ama demasiado para hacer, normalmente, tan solo lo que deseamos y cuando lo deseamos en nuestros momentos de crisis. Sin embargo, él siempre nos ve. Siempre nos escucha. En Cristo, él responderá, no necesariamente cuando y como lo queramos, sino con la respuesta que necesitamos, por dolorosa que pudiera ser ahora, para nuestro bien y gloria supremos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Dios_te_responder%C3%A1_en_medio_de_tu_crisis</id>
		<title>Dios te responderá en medio de tu crisis</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Dios_te_responder%C3%A1_en_medio_de_tu_crisis"/>
				<updated>2019-08-15T03:49:36Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|God Will Answer in Your Crisis}}Se acerca tu crisis. Si todavía no ha llegado, o si no estás en medio de una ahora mismo, ya llegará el momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no será solo una crisis. En su misericordia suprema, Dios interrumpe nuestra vida en esta era decadente con momentos de crisis de grados variables, diseñados para nuestro bien eterno. Por miles de años, el pueblo de Dios ha atravesado “tiempos de tribulación” y “días de angustia”, que por momentos fueron bastante intensos. Lo mismo sigue sucediendo hoy en día. Nuestro Padre nunca prometió que por pertenecerle a él no tendríamos sufrimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una y otra vez, las Escrituras describen a los fieles no como personas que nunca tuvieron problemas, sino como los que clamaron a Dios en medio de sus crisis. Los hombres y las mujeres a los que recordamos como ejemplos en la fe enfrentaron tiempos de gran tribulación y angustia, pero Dios escuchó su clamor cuando oraron pidiendo su ayuda. No hizo oídos sordos en aquel entonces —ni lo hace hoy— a las voces de su pueblo, sin importar lo grandes o humildes que fueran, en especial cuando atravesaron una crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En tribulación y angustia====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios no es solo el Dios que habla —a pesar de lo notable que es que nos hable—, sino que también, maravilla tras maravilla, es el Dios que escucha. Cuando Santiago nos llama a ser “pronto[s] para oír” (Santiago 1:19), nos está diciendo que seamos como nuestro Padre celestial. Tenemos un Padre que escucha al que ora (Salmos 65:2) y que atiende a la voz de nuestras súplicas (Salmos 66:19). Nuestro Dios no solo ve a toda la humanidad, sino que ve a su propio pueblo de una manera especial: los ve como a aquellos con quienes él mismo ha hecho un pacto por amor. Escucha a su pueblo con el oído de un Esposo y un Padre. No se molesta ni se irrita por nuestras peticiones, en especial cuando esas peticiones ocurren en medio de la tribulación y la angustia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Salmos en particular celebran la buena disposición de Dios para escuchar y ayudar a su pueblo en sus “días de angustia” y “tiempos de tribulación”. David testificó que Dios había sido para él “baluarte, y un refugio en el día de mi angustia” (Salmos 59:16, también 9:9; 37:39; 41:1). Sabía adónde acudir cuando venía una crisis: “En el día de la angustia te invocaré, porque tú me responderás” (Salmos 86:7). “Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo” (Salmos 27:5). David sabía también hacia dónde dirigir la atención de los demás: “Que el Señor te responda en el día de la angustia” (Salmos 20:1); “Será también el Señor baluarte para el oprimido, baluarte en tiempos de angustia” (Salmos 9:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo David acudió al Señor, sino también el salmista Asaf: “En el día de mi angustia busqué al Señor” (Salmos 77:2). Dios mismo dice: “invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás” (Salmos 50:15). Lejos de molestarse por nuestros clamores pidiendo su ayuda, Dios recibe honra cuando acudimos a él con nuestras cargas. Quizás la frase más impactante en este sentido es el refrán del Salmo 107 (que se repite cuatro veces): “Entonces en su angustia clamaron al Señor, y él los libró de sus aflicciones” (versículos 6, 13, 19, 28). Esta no solo es la historia de Israel una y otra vez, sino también la nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios se revela en su esplendor en medio de nuestras crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Contempla a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así ha sido nuestro Dios desde el principio. Este es el Dios de Abraham e Isaac. Jacob, en sus muchos altibajos, sus muchas luchas y esfuerzos, descubrió que así es Dios: él es el “Dios que me respondió en el día de mi angustia” (Génesis 35:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios de Jacob no es como los dioses falsos de las naciones aledañas. No es como los dioses de la casa del tío de Jacob, Labán (Génesis 31:19, 34-35). Tampoco es como los dioses cananeos que los hijos de Jacob descubrirían mientras saqueaban Siquem (Génesis 34:29; 35:2). Los otros “dioses” no responden en el día de la angustia. Sencillamente, fueron hechos por las manos e imaginación humanas. Son como los juguetes de un bebé. No responden. No actúan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de Jacob fue una sucesión de momentos de crisis y Dios demostró ser fiel como Dios que escucha y responde. Así como Dios vio a Lea en su crisis (Génesis 29:31) y recordó a Raquel de la suya (Génesis 30:22), él ve, él escucha, él recuerda y cuida. Él es el Dios vivo que desea que nos acerquemos a él, que luchemos con él (Génesis 32:22–28), y no solo con nuestras circunstancias, en nuestros momentos de crisis. Este es el Dios de Jacob, y el Dios de Nahúm (Nahúm 1:7), Abdías (Abdías 12, 14), Jeremías (Jeremías 16:19) y Ezequías (Isaías 37:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En su perfecto ''cómo y cuándo''====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestra finitud y nuestra condición posterior a la caída, puede parecernos a veces que Dios se esconde en nuestros momentos de crisis (Salmos 10:1), pero si nos presentamos ante él con humildad, sin albergar pecado en nuestro corazón (Salmos 66:18; también 1 Pedro 3:7), podemos decir confiadamente: “ciertamente Dios me ha oído; él atendió a la voz de mi oración” (Salmos 66:19). Aun así, el hecho de que Dios nos escuche no significa que él siempre —ni siquiera generalmente— responda como y cuando nosotros lo esperamos o deseamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando recordamos que nuestro Dios es aquel que responde en nuestros momentos de crisis —como lo hizo con Jacob, los salmistas y los profetas—, no damos por obvio que él responde como nosotros lo haríamos o exactamente cuando nosotros quisiéramos. Jacob, por ejemplo, pasó veinte años bajo la tiranía de Labán, y su hijo José pasó trece años cayendo en un pozo cada vez más profundo —fue vendido como esclavo, acusado falsamente, encarcelado y luego olvidado— antes de que Dios lo levantara. Nuestro Dios obra en “el momento oportuno” (1 Pedro 5:6), “a su debido tiempo” (Gálatas 6:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, él nos escuchará y responderá, pero a menudo lo hará de formas, y en momentos, que no imaginábamos. Sus caminos y pensamientos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8–9) y él hace “todo mucho más abundantemente”, y no menos, de lo que pedimos o entendemos (Efesios 3:20). En Cristo, no damos por sentado que nuestro Dios no nos ve, o no nos escucha, o no nos responde, porque nuestra vida no se desenvuelve de acuerdo con nuestros planes. Lejos de suponer que él no nos está respondiendo, deseamos recibir su gran misericordia en la medida en que él continúa haciendo su sorprendente obra de desplegar la historia y desenvolver los acontecimientos de nuestra vida, no de acuerdo con las expectativas humanas, sino conforme a sus planes y propósitos infinitamente majestuosos, lo cual vemos con mucha claridad en el momento de crisis del mismísimo Hijo de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====La mayor de sus respuestas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a afligirse y a angustiarse mucho” (Marcos 14:33). Allí, en el jardín de su crisis, Jesús presentó “oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, [y] fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7). Dios escuchó a su Hijo en su momento de crisis, pero no dejó que pasara de él esa copa. No evitó su muerte. Que Dios escuchara y respondiera a Jesús no significa que lo salvaría de la cruz, sino que traería salvación a través de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que su Padre lo “librara de la muerte” podría haber significado protección de la muerte, pero sus caminos fueron más altos. Hizo más abundantemente de lo que nosotros hubiéramos pedido o entendido. El rescate que Dios dio a su Hijo en ese momento no fue una protección de la muerte, sino una gracia que lo sostuvo hasta la muerte, y luego en la resurrección. Y a menos que Jesús regrese antes, todos nos enfrentaremos pronto a la muerte, y la respuesta de Dios a nosotros será una gracia que nos sostendrá en la muerte y, luego, en la resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios es demasiado real, demasiado grande y demasiado glorioso para obrar de acuerdo con nuestras expectativas humanas y en conformidad con nuestros planes. Nos ama demasiado para hacer, normalmente, tan solo lo que deseamos y cuando lo deseamos en nuestros momentos de crisis. Sin embargo, él siempre nos ve. Siempre nos escucha. En Cristo, él responderá, no necesariamente cuando y como lo queramos, sino con la respuesta que necesitamos, por dolorosa que pudiera ser ahora, para nuestro bien y gloria supremos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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		<title>Dios te responderá en medio de tu crisis</title>
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				<updated>2019-08-15T02:18:43Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|God Will Answer in Your Crisis}}Se acerca tu crisis. Si todavía no ha llegado, o si no estás en medio de una ahora mismo, ya llegará el momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no será solo una crisis. En su misericordia suprema, Dios interrumpe nuestra vida en esta era decadente con momentos de crisis de grados variables, diseñados para nuestro bien eterno. Por miles de años, el pueblo de Dios ha atravesado “tiempos de tribulación” y “días de angustia”, que por momentos fueron bastante intensos. Lo mismo sigue sucediendo hoy en día. Nuestro Padre nunca prometió que por pertenecerle a él no tendríamos sufrimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una y otra vez, las Escrituras describen a los fieles no como personas que nunca tuvieron problemas, sino como los que clamaron a Dios en medio de sus crisis. Los hombres y las mujeres que recordamos como ejemplos en la fe enfrentaron tiempos de gran tribulación y angustia, pero Dios escuchó su clamor cuando oraron pidiendo su ayuda. No hizo oídos sordos en aquel entonces —ni lo hace hoy— a las voces de su pueblo, sin importar lo grandes o humildes que fueran, en especial cuando atravesaron una crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En tribulación y angustia====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios no es solo el Dios que habla —a pesar de lo notable que es que nos hable—, sino que también, maravilla tras maravilla, es el Dios que escucha. Cuando Santiago nos llama a ser “pronto[s] para oír” (Santiago 1:19), nos está diciendo que seamos como nuestro Padre celestial. Tenemos un Padre que escucha al que ora (Salmos 65:2) y que atiende a la voz de nuestras súplicas (Salmos 66:19). Nuestro Dios no solo ve a toda la humanidad, sino que ve a su propio pueblo de una manera especial: los ve como a aquellos con quienes él mismo ha hecho un pacto por amor. Escucha a su pueblo con el oído de un Esposo y un Padre. No se molesta ni se irrita por nuestras peticiones, en especial cuando esas peticiones ocurren en medio de la tribulación y la angustia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Salmos en particular celebran la buena disposición de Dios para escuchar y ayudar a su pueblo en sus “días de angustia” y “tiempos de tribulación”. David testificó que Dios había sido para él “baluarte, y un refugio en el día de mi angustia” (Salmos 59:16, también 9:9; 37:39; 41:1). Sabía adónde acudir cuando venía una crisis: “En el día de la angustia te invocaré, porque tú me responderás” (Salmos 86:7). “Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo” (Salmos 27:5). David sabía también hacia dónde dirigir la atención de los demás: “Que el Señor te responda en el día de la angustia” (Salmos 20:1); “Será también el Señor baluarte para el oprimido, baluarte en tiempos de angustia” (Salmos 9:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo David acudió al Señor, sino también el salmista Asaf: “En el día de mi angustia busqué al Señor” (Salmos 77:2). Dios mismo dice: “invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás” (Salmos 50:15). Lejos de molestarse por nuestros clamores pidiendo su ayuda, Dios recibe honra cuando acudimos a él con nuestras cargas. Quizás la frase más impactante en este sentido es el refrán del Salmo 107 (que se repite cuatro veces): “Entonces en su angustia clamaron al Señor, y él los libró de sus aflicciones” (versículos 6, 13, 19, 28). Esta no solo es la historia de Israel una y otra vez, sino también la nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios se revela en su esplendor en medio de nuestras crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Contempla a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así ha sido nuestro Dios desde el principio. Este es el Dios de Abraham e Isaac. Jacob, en sus muchos altibajos, sus muchas luchas y esfuerzos, descubrió que así es Dios: él es el “Dios que me respondió en el día de mi angustia” (Génesis 35:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios de Jacob no es como los dioses falsos de las naciones aledañas. No es como los dioses de la casa del tío de Jacob, Labán (Génesis 31:19, 34-35). Tampoco es como los dioses cananeos que los hijos de Jacob descubrirían mientras saqueaban Siquem (Génesis 34:29; 35:2). Los otros “dioses” no responden en el día de la angustia. Sencillamente, fueron hechos por las manos e imaginación humanas. Son como los juguetes de un bebé. No responden. No actúan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de Jacob fue una sucesión de momentos de crisis y Dios demostró ser fiel como Dios que escucha y responde. Así como Dios vio a Lea en su crisis (Génesis 29:31) y recordó a Raquel de la suya (Génesis 30:22), él ve, él escucha, él recuerda y cuida. Él es el Dios vivo que desea que nos acerquemos a él, que luchemos con él (Génesis 32:22–28), y no solo con nuestras circunstancias, en nuestros momentos de crisis. Este es el Dios de Jacob, y el Dios de Nahúm (Nahúm 1:7), Abdías (Abdías 12, 14), Jeremías (Jeremías 16:19) y Ezequías (Isaías 37:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En su perfecto ''cómo y cuándo''====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestra finitud y nuestra condición posterior a la caída, puede parecernos a veces que Dios se esconde en nuestros momentos de crisis (Salmos 10:1), pero si nos presentamos ante él con humildad, sin albergar pecado en nuestro corazón (Salmos 66:18; también 1 Pedro 3:7), podemos decir confiadamente: “ciertamente Dios me ha oído; él atendió a la voz de mi oración” (Salmos 66:19). Aun así, el hecho de que Dios nos escuche no significa que él siempre —ni siquiera generalmente— responda como y cuando nosotros lo esperamos o deseamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando recordamos que nuestro Dios es aquel que responde en nuestros momentos de crisis —como lo hizo con Jacob, los salmistas y los profetas—, no damos por obvio que él responde como nosotros lo haríamos o exactamente cuando nosotros quisiéramos. Jacob, por ejemplo, pasó veinte años bajo la tiranía de Labán, y su hijo José pasó trece años cayendo en un pozo cada vez más profundo —fue vendido como esclavo, acusado falsamente, encarcelado y luego olvidado— antes de que Dios lo levantara. Nuestro Dios obra en “el momento oportuno” (1 Pedro 5:6), “a su debido tiempo” (Gálatas 6:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, él nos escuchará y responderá, pero a menudo lo hará de formas, y en momentos, que no imaginábamos. Sus caminos y pensamientos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8–9) y él hace “todo mucho más abundantemente”, y no menos, de lo que pedimos o entendemos (Efesios 3:20). En Cristo, no damos por sentado que nuestro Dios no nos ve, o no nos escucha, o no nos responde, porque nuestra vida no se desenvuelve de acuerdo con nuestros planes. Lejos de suponer que él no nos está respondiendo, deseamos recibir su gran misericordia en la medida en que él continúa haciendo su sorprendente obra de desplegar la historia y desenvolver los acontecimientos de nuestra vida, no de acuerdo con las expectativas humanas, sino conforme a sus planes y propósitos infinitamente majestuosos, lo cual vemos con mucha claridad en el momento de crisis del mismísimo Hijo de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====La mayor de sus respuestas====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a afligirse y a angustiarse mucho” (Marcos 14:33). Allí, en el jardín de su crisis, Jesús presentó “oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, [y] fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7). Dios escuchó a su Hijo en su momento de crisis, pero no dejó que pasara de él esa copa. No evitó su muerte. Que Dios escuchara y respondiera a Jesús no significa que lo salvaría de la cruz, sino que traería salvación a través de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que su Padre lo “librara de la muerte” podría haber significado protección de la muerte, pero sus caminos fueron más altos. Hizo más abundantemente de lo que nosotros hubiéramos pedido o entendido. El rescate que Dios dio a su Hijo en ese momento no fue una protección de la muerte, sino una gracia que lo sostuvo hasta la muerte, y luego en la resurrección. Y a menos que Jesús regrese antes, todos nos enfrentaremos pronto a la muerte, y la respuesta de Dios a nosotros será una gracia que nos sostendrá en la muerte y, luego, en la resurrección.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios es demasiado real, demasiado grande y demasiado glorioso para obrar de acuerdo con nuestras expectativas humanas y en conformidad con nuestros planes. Nos ama demasiado para hacer, normalmente, tan solo lo que deseamos y cuando lo deseamos en nuestros momentos de crisis. Sin embargo, él siempre nos ve. Siempre nos escucha. En Cristo, él responderá, no necesariamente cuando y como lo queramos, sino con la respuesta que necesitamos, por dolorosa que pudiera ser ahora, para nuestro bien y gloria supremos.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Dios_te_responder%C3%A1_en_medio_de_tu_crisis</id>
		<title>Dios te responderá en medio de tu crisis</title>
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				<updated>2019-08-15T01:57:41Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|God Will Answer in Your Crisis}}Se acerca tu crisis. Si todavía no ha llegado, o si no estás en medio de una ahora mismo, ya llegará el momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no será solo una crisis. En su misericordia suprema, Dios interrumpe nuestra vida en esta era decadente con momentos de crisis de grados variables, diseñados para nuestro bien eterno. Por miles de años, el pueblo de Dios ha atravesado “tiempos de tribulación” y “días de angustia”, que por momentos fueron bastante intensos. Lo mismo sigue sucediendo hoy en día. Nuestro Padre nunca prometió que por pertenecerle a él no tendríamos sufrimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una y otra vez, las Escrituras describen a los fieles no como personas que nunca tuvieron problemas, sino como los que clamaron a Dios en medio de sus crisis. Los hombres y las mujeres que recordamos como ejemplos en la fe enfrentaron tiempos de gran tribulación y angustia, pero Dios escuchó su clamor cuando oraron pidiendo su ayuda. No hizo oídos sordos en aquel entonces —ni lo hace hoy— a las voces de su pueblo, sin importar lo grandes o humildes que fueran, en especial cuando atravesaron una crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En tribulación y angustia====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios no es solo el Dios que habla —a pesar de lo notable que es que nos hable—, sino que también, maravilla tras maravilla, es el Dios que escucha. Cuando Santiago nos llama a ser “pronto[s] para oír” (Santiago 1:19), nos está diciendo que seamos como nuestro Padre celestial. Tenemos un Padre que escucha al que ora (Salmos 65:2) y que atiende a la voz de nuestras súplicas (Salmos 66:19). Nuestro Dios no solo ve a toda la humanidad, sino que ve a su propio pueblo de una manera especial: los ve como a aquellos con quienes él mismo ha hecho un pacto por amor. Escucha a su pueblo con el oído de un Esposo y un Padre. No se molesta ni se irrita por nuestras peticiones, en especial cuando esas peticiones ocurren en medio de la tribulación y la angustia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Salmos en particular celebran la buena disposición de Dios para escuchar y ayudar a su pueblo en sus “días de angustia” y “tiempos de tribulación”. David testificó que Dios había sido para él “baluarte, y un refugio en el día de mi angustia” (Salmos 59:16, también 9:9; 37:39; 41:1). Sabía adónde acudir cuando venía una crisis: “En el día de la angustia te invocaré, porque tú me responderás” (Salmos 86:7). “Porque en el día de la angustia me esconderá en su tabernáculo” (Salmos 27:5). David sabía también hacia dónde dirigir la atención de los demás: “Que el Señor te responda en el día de la angustia” (Salmos 20:1); “Será también el Señor baluarte para el oprimido, baluarte en tiempos de angustia” (Salmos 9:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No solo David acudió al Señor, sino también el salmista Asaf: “En el día de mi angustia busqué al Señor” (Salmos 77:2). Dios mismo dice: “invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás” (Salmos 50:15). Lejos de molestarse por nuestros clamores pidiendo su ayuda, Dios recibe honra cuando acudimos a él con nuestras cargas. Quizás la frase más impactante en este sentido es el refrán del Salmo 107 (que se repite cuatro veces): “Entonces en su angustia clamaron al Señor, y él los libró de sus aflicciones” (versículos 6, 13, 19, 28). Esta no solo es la historia de Israel una y otra vez, sino también la nuestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios se revela en su esplendor en medio de nuestras crisis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Contempla a Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así ha sido nuestro Dios desde el principio. Este es el Dios de Abraham e Isaac. Jacob, en sus muchos altibajos, sus muchas luchas y esfuerzos, descubrió que así es Dios: él es el “Dios que me respondió en el día de mi angustia” (Génesis 35:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Dios de Jacob no es como los dioses falsos de las naciones aledañas. No es como los dioses de la casa del tío de Jacob, Labán (Génesis 31:19, 34-35). Tampoco es como los dioses cananeos que los hijos de Jacob descubrirían mientras saqueaban Siquem (Génesis 34:29; 35:2). Los otros “dioses” no responden en el día de la angustia. Sencillamente, fueron hechos por las manos e imaginación humanas. Son como los juguetes de un bebé. No responden. No actúan.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de Jacob fue una sucesión de momentos de crisis y Dios demostró ser fiel como Dios que escucha y responde. Así como Dios vio a Lea en su crisis (Génesis 29:31) y recordó a Raquel de la suya (Génesis 30:22), él ve, él escucha, él recuerda y cuida. Él es el Dios vivo que desea que nos acerquemos a él, que luchemos con él (Génesis 32:22–28), y no solo con nuestras circunstancias, en nuestros momentos de crisis. Este es el Dios de Jacob, y el Dios de Nahúm (Nahúm 1:7), Abdías (Abdías 12, 14), Jeremías (Jeremías 16:19) y Ezequías (Isaías 37:3).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====En su perfecto ''cómo y cuándo''====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestra finitud y caída, puede parecernos, a veces, que Dios se está escondiendo él mismo en nuestros momentos de crisis (Salmos 10:1). Pero si venimos ante él amablemente, sin albergar el pecado en nuestros corazones (Salmos 66:18; también 1 Pedro 3:7), podemos esperar que “en verdad Dios ha escuchado; ha atendido a la voz de mi plegaria” (Salmos 66:19). Y aún así la escucha de Dios no significa que él siempre — o incluso generalmente — responda los cómo y cuándo que esperamos o deseamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando recordamos a nuestro Dios como aquél que nos responde en nuestro momento de crisis — como lo hizo para Jacob y los salmistas y profetas — no asumimos que responde como nosotros lo haríamos o exactamente cuando quisiéramos. Jacob, por ejemplo, pasó veinte años bajo la tiranía de Laban, y su hijo José pasó treinta años sucumbiendo, sucumbiendo, sucumbiendo — vendido como esclavo, acusado falsamente, encarcelado, luego olvidado — antes que Dios los ascendiera. Nuestro Dios obra en su “momento apropiado” (1 Pedro 5:6), en su “debida temporada” (Gálatas 6:9).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El de hecho nos escuchará y responderá, pero a menudo en formas, y en disposición, que no anticipábamos. Sus formas y pensamientos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8–9), y lo hace “en mayor abundancia”, no menos, de lo que pedimos o pensemos (Efesios 3:20). En Cristo, no asumimos que nuestro Dios no está viéndonos, o escuchándono, o respondiéndonos ya que nuestras vidas no están desenvolviéndose de acuerdo a nuestros planes. Lejos de asumir que no está respondiendo, queremos recibir sus misericordias severas a medida que continúa haciendo su sorprendente obra de historia desenvolvente, y nuestras vidas, no acuerdo con las expectativas humanas, de acuerdo a sus planes y propósitos infinitamente majestuosos. Lo cual vemos claramente en el momento de crisis del propio Hijo de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====Su más grande respuesta====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a llenarse de temor y angustia” (Marcos 14:33). Allí, en ese jardín de crisis, Jesús “presentó ruegos y súplicas a aquel que podía salvarlo de la muerte; éste fue su sacrificio, con grandes clamores y lágrimas, y fue escuchado por su actitud reverente” (Hebreos 5:7). Dios escuchó a su Hijo en su momento de crisis, pero no dejó que pasara la copa. No lo salvó de la muerte. Que dios escuchara y respondiera a Jesús no significaba salvación de la cruz, sino salvación a través de la cruz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su Padre “salvándolo de la muerte” pudiera haber significado protección de la muerte. Pero sus formas fueron más altas. Hizo en mayor abundancia de lo que estamos propensos a pedir o a pensar. El Dios de rescate que dio a su Hijo este momento no fue una protección de la muerte, sino una gracia sostenible a través de la muerte. Luego la resurrección. Y a menos que Jesús regrese primero, todos enfrentaremos pronto la muerte, y la respuesta de Dios hacia nosotros será una gracia sostenible en ella, y la resurrección por otro lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestro Dios es demasiado real, y demasiado grande, y demasiado glorioso para obrar de acuerdo a nuestras expectativas humanas y agendas convenientes. Nos ama demasiado para normalmente hacer lo que deseamos cuando deseamos en nuestros momentos de crisis. Pero siempre nos ve. Siempre nos escucha. Y en Cristo, él responderá, no necesariamente cuando y como queramos, pero con la respuesta que necesitamos, dolorosa como pudiera ser ahora, para nuestro bien y gloria suprema.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/%C2%BFC%C3%B3mo_descansamos_frente_a_una_horrible_calamidad%3F</id>
		<title>¿Cómo descansamos frente a una horrible calamidad?</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/%C2%BFC%C3%B3mo_descansamos_frente_a_una_horrible_calamidad%3F"/>
				<updated>2019-08-13T06:10:39Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How Do We Rest in the Face of Horrible Calamity?}}&lt;br /&gt;
¿Qué sucede con nuestras emociones cuando realmente creemos en la soberana sabiduría y bondad de Dios en medio de una horrible persecución?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta me surge por dos razones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una es la voluntad de Dios para nuestras emociones, revelada en la Biblia, y la otra es lo que veo que está sucediendo en el corazón del pueblo de Dios en la actualidad. Estos dos elementos no siempre coinciden. Uno de mis objetivos es ayudar a los santos de la actualidad a experimentar más de los propósitos de Dios para nuestras emociones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Voy a hablarles del ejemplo más reciente en mi experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====¿Reconfortados por la horrible persecución?====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Apocalipsis 6, Juan vio “las almas de los que habían sido muertos a causa de la palabra de Dios”. Son los mártires que están en el cielo, los que murieron por causa de Jesús, que “clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, oh Señor santo y verdadero, esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?” (versículo 10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considerando que están en el cielo, donde se hallan “los espíritus de los justos hechos ya perfectos” (Hebreos 12:23), no debemos apresurarnos a decir que este clamor es un pecado. Dios dirige las emociones de ellos y las conduce desde este creciente sentimiento de urgencia hacia una experiencia diferente del corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se les dijo a los mártires “que descansaran un poco más de tiempo”. El término usado aquí es una palabra pacífica y reconfortante en lo que refiere a las emociones (''anapauō''). Podemos percibir las connotaciones en estos ejemplos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*“Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré ''descansar''” (Mateo 11:28).&lt;br /&gt;
*“Han ''recreado'' mi espíritu” (1 Corintios 16:18).&lt;br /&gt;
*“Los corazones de los santos han sido ''confortados'' por ti” (Filemón 1:7).&lt;br /&gt;
*“''Recrea'' mi corazón en Cristo” (Filemón 1:20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, lo que nos llama la atención en términos emocionales es lo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se les hizo explícitamente conscientes de las horribles persecuciones en la tierra. Se les dijo que descansaran y se reconfortaran “hasta que se completara también el número de sus consiervos y de sus hermanos que habrían de ser muertos como ellos lo habían sido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es emocionalmente estremecedor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====La clave de su descanso====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tengamos en cuenta cuatro puntos: 1) se les dice que descansen y se reconforten; 2) se les dice que mientras ellos descansan, hay personas que están siendo ejecutadas, algunas por decapitación (Apocalipsis 20:4); 3) se les dice que mientras ellos descansan, estas personas que están muriendo son sus “hermanos”; y 4) se les dice que el número de estos asesinatos es determinado por Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces nos enfrentamos a una pregunta real, práctica y emocional: ¿Dios realmente espera que estos santos dejen a un lado su urgencia por la venganza inmediata y descansen mientras sus hermanos son asesinados de maneras atroces?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sí. Así es. No les habría dicho a estos santos perfeccionados que descansaran si no creyera que es posible y correcto hacerlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La clave de su capacidad de descansar es precisamente la soberana sabiduría y bondad de Dios, implícitas en la declaración de Apocalipsis 6:11: hay un número designado de mártires que aún están por morir; descansen hasta que se complete el número de sus hermanos que serán asesinados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====El profundo descanso del alma en la sabiduría y la bondad de Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que esto significa para nuestras emociones es que ''la plena confianza en la soberana sabiduría y bondad de Dios transforma profundamente nuestra reacción emocional ante sucesos terribles.'' Nuestra alma recibe, de una manera sobrenatural, la capacidad de descansar en Dios en medio de terribles calamidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es indiferencia. No es insensibilidad ni falta de compasión. No es ausencia de lágrimas. Aun así, es descanso. Es un dulce reposo en Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:''Al alma que a Jesús se ha inclinado para hallar en él reposo,''&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
:no la abandonaré ante sus enemigos, definitivamente no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Existe un profundo “reposo” emocional, un profundo descanso del alma, incluso cuando conocemos los horrores de la calamidad y la persecución, incluidos los nuestros.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/%C2%BFC%C3%B3mo_descansamos_frente_a_una_horrible_calamidad%3F</id>
		<title>¿Cómo descansamos frente a una horrible calamidad?</title>
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				<updated>2019-08-12T19:33:49Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|How Do We Rest in the Face of Horrible Calamity?}}&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
¿Qué sucede con nuestras emociones si realmente creemos en la soberana sabiduría y bondad de Dios en medio de una horrible persecución?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta pregunta me surge por dos razones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una es la voluntad de Dios para nuestras emociones, revelada en la Biblia, y la otra es lo que veo que está sucediendo en el corazón del pueblo de Dios en la actualidad. Estos dos elementos no siempre coinciden. Uno de mis objetivos es ayudar a los santos de la actualidad a experimentar más de los propósitos de Dios para nuestras emociones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Voy a hablarles del ejemplo más reciente en mi experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====¿Reconfortados por la horrible persecución?====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Apocalipsis 6, Juan vio “las almas de los que habían sido muertos a causa de la palabra de Dios”. Estos son mártires que están en el cielo, los que murieron por causa de Jesús, que “clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, oh Señor santo y verdadero, esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?” (versículo 10).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Considerando que están en el cielo, donde se hallan “los espíritus de los justos hechos ya perfectos” (Hebreos 12:23), no debemos apresurarnos a decir que este clamor es un pecado. Dios dirige las emociones de ellos y las conduce desde este creciente sentimiento de urgencia hacia una experiencia diferente del corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se les dijo a los mártires “que descansaran un poco más de tiempo”. Esta es una palabra emocionalmente pacífica y reconfortante (''anapauō''). Podemos percibir las connotaciones en estos ejemplos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*“Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré ''descansar''” (Mateo 11:28).&lt;br /&gt;
*“Han ''recreado'' mi espíritu” (1 Corintios 16:18).&lt;br /&gt;
*“Los corazones de los santos han sido ''confortados'' por ti” (Filemón 1:7).&lt;br /&gt;
*“''Recrea'' mi corazón en Cristo” (Filemón 1:20).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora bien, lo que nos llama la atención en términos emocionales es lo siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se les hizo explícitamente conscientes de las horribles persecuciones en la tierra. Se les dijo que descansaran y se reconfortaran “hasta que se completara también el número de sus consiervos y de sus hermanos que habrían de ser muertos como ellos lo habían sido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es emocionalmente estremecedor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====La clave de su descanso====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tengamos en cuenta cuatro cosas: 1) se les dice que descansen y se reconforten; 2) se les dice que mientras ellos descansan, hay personas que están siendo ejecutadas, algunas por decapitación (Apocalipsis 20:4); 3) se les dice que mientras ellos descansan, estas personas que están muriendo son sus “hermanos”; y 4) se les dice que el número de estos asesinatos es determinado por Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces nos enfrentamos a una pregunta real, práctica y emocional: ¿Dios realmente espera que estos santos dejen a un lado su urgencia por la venganza inmediata y descansen mientras sus hermanos son asesinados de maneras atroces?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sí. Así es. No les habría dicho a estos santos perfeccionados que descansaran si no creyera que es posible y correcto hacerlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La clave de su capacidad de descansar es precisamente la soberana sabiduría y bondad de Dios, implícitas en la declaración de Apocalipsis 6:11: hay un número designado de mártires que aún están por morir; descansen hasta que se complete el número de sus hermanos que serán asesinados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
====El profundo descanso del alma en la sabiduría y la bondad de Dios====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que esto significa para nuestras emociones es que ''la profunda confianza en la soberana sabiduría y bondad de Dios transforma profundamente nuestra reacción emocional ante cosas terribles.'' Nuestra alma recibe, de una manera sobrenatural, la capacidad de descansar en Dios en medio de terribles calamidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es indiferencia. No es insensibilidad ni falta de compasión. No es ausencia de lágrimas. Aun así, es descanso. Es un dulce reposo en Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
:''Al alma que a Jesús se ha inclinado para hallar en él reposo,''&amp;lt;br&amp;gt;&lt;br /&gt;
:no la abandonaré ante sus enemigos, definitivamente no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Existe un profundo “reposo” emocional, un profundo descanso del alma, incluso cuando conocemos los horrores de la calamidad y la persecución, incluidos los nuestros.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/%C2%BFPor_qu%C3%A9_Dios_habr%C3%ADa_de_aceptarme%3F</id>
		<title>¿Por qué Dios habría de aceptarme?</title>
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				<updated>2019-08-01T23:43:19Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;span class=&amp;quot;fck_mw_template&amp;quot;&amp;gt;{{info|Why Would God Ever Accept Me?}}&amp;lt;/span&amp;gt;'''Transcripción de audio'''&lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;“En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). La razón de nuestra esperanza es que Dios, sobre la base de la obra de Jesucristo, me declara ''justo''. Ese es el significado de “justificar”: que Dios me declara justo. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Pongo mi fe en alguien que es justo, en aquel que murió por mis pecados; ya no pongo más mi fe en mí, ni en nada de lo que me rodee. Renuncio a toda confianza en mí mismo. Pongo mi fe en Jesús y entonces Dios, gracias a Jesús, me toma como a Jesús. Su justicia (podemos imaginarla como una vestimenta) ahora es mía. Estoy en él y, por lo tanto, lo que él es, lo es por mí. Él es justo y es acepto, por lo que ahora yo soy justo y soy acepto sólo por la fe. Esa es la razón y el fundamento de nuestra esperanza.  &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Llegará el día en que, al enfrentar el juicio de Dios, no apelaré a mi propia justicia. Apelaré a su justicia y mi fe sólo en él. Así que te pregunto a ti ahora: ¿a qué apelarás cuando estés frente al Hacedor y Juez en, tal vez, veinte años, o treinta, o cuarenta, cincuenta, o incluso en tres horas? ¿Cuál será tu defensa cuando él diga: “¿Qué derecho tienes como pecador de estar en mi presencia completamente perfecta en el cielo?”? ¿Cuál será tu respuesta? &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Si respondes “Fui una buena persona”, eso no bastará. Podrás haber sido más bueno que el pan, pero eso no te servirá. “¿Y que me bauticé?” Eso tampoco ayuda. “Fui miembro de la Iglesia Bautista Bethlehem. Eso seguramente cuenta.” No, en absoluto. No es una buena respuesta. Es el alegato incorrecto. Cristo es bueno; nosotros somos pecadores. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Solo espero que algunos de ustedes en este auditorio no sean cristianos y quiero dejar algo muy en claro: nadie se convierte en cristiano por ir a una iglesia, ser bautizado y seguir las reglas. Te conviertes en cristiano cuando te despojas de toda esperanza en que tu propia justicia y tu propio valor te salven, y te lanzas a los brazos de Cristo como una persona totalmente indefensa, que depende de él y de su justicia, su perdón y su misericordia. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Entonces, cuando Dios te pregunte qué derecho tienes delante de su santa presencia, espero que tu respuesta sea, desde lo más profundo de tu corazón: “No tengo derecho a estar en tu presencia, pero tu evangelio dice que si creemos en aquel que tiene derecho a estar en tu presencia, tu Hijo, quien murió en mi lugar y llevó todos mis pecados, su justicia contará como si fuera mía. Por lo tanto, apelo a Cristo. ¿Puedo entonces pasar y disfrutar de tu presencia para siempre por medio de Cristo?”.&lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Una gran sonrisa se dibujará en el rostro de Dios, y él te dirá: “Esa es una muy buena respuesta, que exalta a Cristo, que honra a Dios y que muestra humildad. Efectivamente, por medio de él, puedes pasar aquí, donde él recibe toda la gloria”. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Quiero ser muy claro en cuanto a la razón de nuestra esperanza. Puedes tener esperanza si eres salvo de esta manera y la meta es que “nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios” (Romanos 5:2). Ahora bien, puede que mientras estés de pie frente a Dios en el juicio él no te pregunte: “¿Qué derecho tienes a entrar aquí?”. Sospecho que podría preguntarte más bien: “¿Para qué quieres entrar aquí?”. Si contestas que no te gusta estar enfermo, que tu madre está ahí o que el infierno es demasiado caluroso, estarías dando una mala respuesta. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;No son respuestas incorrectas, pero no honran a Cristo. Honran tu salud, honran a tu mamá y honran tu miedo al dolor, pero querrás honrar a Dios con esta respuesta. ¿Cuál es la respuesta adecuada? “Quiero ver la gloria de Dios en la faz de Cristo por siempre con un gozo siempre creciente. Por eso quiero entrar ahí. Quiero ver y saborear la belleza más espectacular del universo por siempre y con una apreciación cada vez mayor de ella. Por eso quiero entrar ahí.” &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Entonces Dios volverá a sonreír y dirá: “Amén. Jesús sea exaltado. Eso es lo que siento al pensar en mi Hijo. ¿Quieres ver mi gloria y el rostro de mi Hijo? Entra. Esa es la razón por la que las personas entran aquí. Sí, verás a tu mamá. Así es, nunca más estarás enfermo. Sí, estarás fuera del infierno. Pero será mejor que estés conmigo, porque si no sería todo acerca de ti, y el cielo no se trata de eso”. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Así que tenemos la razón de nuestra esperanza en la justicia y muerte de Cristo y en nuestra fe, por la cual somos revestidos de justicia. Nuestra esperanza tiene una meta: ver su gloria. Esta es la esperanza que enjugará cada lágrima, rectificará todo lo que está mal y nos hará sentir que todo valió la pena. Toda la tribulación habrá valido la pena. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Ahora, permítanme leerles un versículo que me encanta de Pablo, porque su día llegará. Vamos a 2 Corintios 4:17: &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos [y con esto se refiere a toda una vida de problemas] producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento.&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&amp;lt;p&amp;gt;Esto quiere decir que lo que experimentarás cuando pruebes la gloria de Dios del otro lado de la muerte, o cuando él venga, tendrá más peso que todo el dolor de esta vida, no importa cuánto dolor haya sido. Tendrá más peso que toda la miseria que hayas vivido en cada relación, por cuanto caminaste con Cristo a través de ella. Tendrá más peso que toda tribulación, y mirarás hacia atrás y dirás que fue un sufrimiento ligero y efímero en comparación. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Aquí y ahora, el camino se siente pesado y muy largo, pero no lo es. No lo es. Regocíjate en la esperanza.&lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/%C2%BFPor_qu%C3%A9_Dios_habr%C3%ADa_de_aceptarme%3F</id>
		<title>¿Por qué Dios habría de aceptarme?</title>
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				<updated>2019-07-31T15:50:08Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&amp;lt;p&amp;gt;&amp;lt;span class=&amp;quot;fck_mw_template&amp;quot;&amp;gt;{{info|Why Would God Ever Accept Me?}}&amp;lt;/span&amp;gt;'''Transcripción de audio'''&lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;“En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). La razón de nuestra esperanza es que Dios, sobre la base de la obra de Jesucristo, me declara ''justo''. Ese es el significado de “justificar”: que Dios me declara justo. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Pongo mi fe en alguien que es justo, en aquel que murió por mis pecados; ya no pongo más mi fe en mí, ni en nada de lo que me rodee. Renuncio a toda confianza en mí mismo. Pongo mi fe en Jesús y entonces Dios, gracias a Jesús, me toma como a Jesús. Su justicia (podemos imaginarla como una vestimenta) ahora es mía. Estoy en él y, por lo tanto, lo que él es, lo es por mí. Él es justo y es acepto, por lo que ahora yo soy justo y soy acepto sólo por la fe. Esa es la razón y el fundamento de nuestra esperanza.  &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Llegará el día en que, al enfrentar el juicio de Dios, no apelaré a mi propia justicia. Apelaré a su justicia y mi fe solo en él. Así que te pregunto a ti ahora: ¿a qué apelarás cuando estés frente al Hacedor y Juez en, tal vez, veinte años, o treinta, o cuarenta, cincuenta, o incluso en tres horas? ¿Cuál será tu defensa cuando él diga: “¿Qué derecho tienes como pecador de estar en mi presencia completamente perfecta en el cielo?”? ¿Cuál será tu respuesta? &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Si respondes “Fui una buena persona”, eso no bastará. Podrás haber sido más bueno que el pan, pero eso no te servirá. ¿Y que me bauticé? Eso tampoco ayuda. “Fui miembro de la Iglesia Bautista Bethlehem. Eso seguramente cuenta. No, en absoluto. No es una buena respuesta. Es el alegato incorrecto. Cristo es bueno; nosotros somos pecadores. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Solo espero que algunos de ustedes en este auditorio no sean cristianos y quiero dejar algo muy en claro: nadie se convierte en cristiano por ir a una iglesia, ser bautizado y seguir las reglas. Te conviertes en cristiano cuando te despojas de toda esperanza en que tu propia justicia y tu propio valor te salven, y te lanzas a los brazos de Cristo como una persona totalmente indefensa, que depende de él y de su justicia, su perdón y su misericordia. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Entonces, cuando Dios te pregunte qué derecho tienes delante de su santa presencia, espero que tu respuesta sea, desde lo más profundo de tu corazón: “No tengo derecho a estar en tu presencia, pero tu evangelio dice que si creemos en aquel que tiene derecho a estar en tu presencia, tu Hijo, quien murió en mi lugar y llevó todos mis pecados, su justicia contará como si fuera mía. Por lo tanto, apelo a Cristo. ¿Puedo entonces pasar y disfrutar de tu presencia para siempre por medio de Cristo?”.&lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Una gran sonrisa se dibujará en el rostro de Dios, y él te dirá: “Esa es una muy buena respuesta, que exalta a Cristo, que honra a Dios y que muestra humildad. Efectivamente, por medio de él, puedes pasar aquí, donde él recibe toda la gloria”. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Quiero ser muy claro en cuanto a la razón de nuestra esperanza. Puedes tener esperanza si eres salvo de esta manera y la meta es que “nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios” (Romanos 5:2). Ahora bien, puede que mientras estés de pie frente a Dios en el juicio él no te pregunte: “¿Qué derecho tienes a entrar aquí?”. Sospecho que podría preguntarte más bien: “¿Para qué quieres entrar aquí?”. Si contestas que no te gusta estar enfermo, que tu madre está ahí o que el infierno es demasiado caluroso, estarías dando una mala respuesta. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;No son respuestas incorrectas, pero no honran a Cristo. Honran tu salud, honran a tu mamá y honran tu miedo al dolor, pero querrás honrar a Dios con esta respuesta. ¿Cuál es la respuesta adecuada? “Quiero ver la gloria de Dios en la faz de Cristo por siempre con un gozo siempre creciente. Por eso quiero entrar ahí. Quiero ver y saborear la belleza más espectacular del universo por siempre y con una apreciación cada vez mayor de ella. Por eso quiero entrar ahí.” &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Entonces Dios volverá a sonreír y dirá: “Amén. Jesús sea exaltado. Eso es lo que siento al pensar en mi Hijo. ¿Quieres ver mi gloria y el rostro de mi Hijo? Entra. Esa es la razón por la que las personas entran aquí. Sí, verás a tu mamá. Así es, nunca más estarás enfermo. Sí, estarás fuera del infierno. Pero será mejor que estés conmigo, porque si no sería todo acerca de ti, y el cielo no se trata de eso”. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Así que tenemos la razón de nuestra esperanza en la justicia y muerte de Cristo y en nuestra fe, por la cual somos revestidos de justicia. Nuestra esperanza tiene una meta: ver su gloria. Esta es la esperanza que enjugará cada lágrima, rectificará todo lo que está mal y nos hará sentir que todo valió la pena. Toda la tribulación habrá valido la pena. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Ahora, permítanme leerles un versículo que me encanta de Pablo, porque su día llegará. Vamos a 2 Corintios 4:17: &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos [y con esto se refiere a toda una vida de problemas] producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento.&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
&amp;lt;p&amp;gt;Esto quiere decir que lo que experimentarás cuando pruebes la gloria de Dios del otro lado de la muerte, o cuando él venga, tendrá más peso que todo el dolor de esta vida, no importa cuánto dolor haya sido. Tendrá más peso que toda la miseria que hayas vivido en cada relación, por cuanto caminaste con Cristo a través de ella. Tendrá más peso que toda tribulación, y mirarás hacia atrás y dirás que fue un sufrimiento ligero y efímero en comparación. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&amp;lt;p&amp;gt;Aquí y ahora, el camino se siente pesado y muy largo, pero no lo es. No lo es. Regocíjate en la esperanza.&lt;br /&gt;
&amp;lt;/p&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

	<entry>
		<id>http://es.gospeltranslations.org/wiki/Cuando_Dios_dice_que_esperes</id>
		<title>Cuando Dios dice que esperes</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://es.gospeltranslations.org/wiki/Cuando_Dios_dice_que_esperes"/>
				<updated>2017-02-27T09:34:38Z</updated>
		
		<summary type="html">&lt;p&gt;MicaelaOzores: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;{{info|When God Says Wait}}&amp;lt;br&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida de fe incluye el milagro de ver por encima de nuestras circunstancias; implica que nos aferramos a lo invisible que nos ha sido prometido, de forma que orientamos nuestra vida en el momento presente hacia lo que está por venir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Salmo 37 nos exhorta que llevemos adelante este tipo de vida y, de hecho, nos muestra cómo es. David comienza el salmo con una esperanza acerca de los tiempos finales: &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;No te irrites a causa de los malhechores; no tengas envidia de los que practican la iniquidad. Porque como la hierba pronto se secarán, y se marchitarán como la hierba verde (Salmos 37:1-2). &amp;lt;/blockquote&amp;gt; &lt;br /&gt;
Él dice que los malvados serán cortados el día de la venida del juicio de Dios y, por lo tanto, no necesitamos preocuparnos por ellos ahora. Un día, un nuevo mundo amanecerá y la justicia de Dios se manifestará plenamente: quienes no lo conocen serán castigados y quienes confían en Él serán salvos (2 Tesalonicenses 1:6-10). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho en términos simples, David nos señaló lo que será la base de nuestro futuro según la forma en que actuemos en el presente. Esta fórmula sencilla nos brinda una vista aérea de lo que sucede en este “salmo de sabiduría”. El salmista sigue estableciendo un contraste común entre lo perverso y lo justo y nos dice que, a la luz de nuestro futuro, sigamos esperando. Que aguardemos ahí mismo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto es lo que dice el salmo y, en muchos sentidos, así es también la vida cristiana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== Simplemente esperen  ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lejos de ser un floreciente triunfo o una historia de éxito fácil o sobre lo mejor de nosotros en este momento, los salmos nos enseñan a sobrevivir. Nos enseñan a vivir con esperanza cuando la escena que nos rodea se parece más a Babilonia que a la nueva Jerusalén. Porque, claramente, este lugar no es la nueva Jerusalén. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No podemos evitar preguntarnos si la razón por la cual los salmos en ocasiones nos parecen extraños —por todas esas quejas sobre los malhechores y las conspiraciones de los perversos— es que nos hemos acostumbrado y estamos muy cómodos con la corrupción de Babilonia. ¿Acaso hemos llegado a pensar que la prosperidad de los Estados Unidos es la norma de la existencia cristiana actual? ¿Hemos dejado que todo lo bueno que nos da el mundo nos impida ver las cosas importantes que no nos puede dar? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal vez, pero los salmos no nos dejarán tranquilos. No lo harán, especialmente el Salmo 37. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez más David nos enseña cómo es la vida de fe. No es el tipo de vida perfecta encerrados en un estudio, donde todo está bien y los niños no gritan. Es la vida de la conmoción, el caos, el bullicio, el ajetreo de la selva de este mundo manchado de pecado, donde los automóviles se descomponen, los padres buenos se enferman de cáncer y siete de nuestros hermanos egipcios aparecen acribillados en Bengasi. &lt;br /&gt;
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Esperen ahí, nos dice. Simplemente esperen. &lt;br /&gt;
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==== Una espera activa  ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué significa esperar así? David nos lo muestra y tal vez nos tome por sorpresa. Puede que estemos acostumbrados a la idea de que esperar significa refugiarnos, que aguardar significa esconderse, pero eso no es lo que él dice. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los versículos 3 al 7, repitiendo una construcción similar, él nos exhorta: &lt;br /&gt;
&amp;lt;blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
Confía en el Señor . . .&amp;lt;br&amp;gt; Pon tu delicia en el Señor . . . &amp;lt;br&amp;gt; Encomienda al Señor tu camino. . . &amp;lt;br&amp;gt; Confía callado en el Señor . . .&amp;lt;/blockquote&amp;gt;&lt;br /&gt;
Este es el carácter de nuestra espera y de la vida de fe. Es totalmente activa. Estamos llamados a confiar en Dios. A confiar en Él realmente. No solamente estando al margen, o refugiándonos en los libros, o únicamente en teoría, sino a confiar en Él aquí donde estamos. Debemos confiar en Él y hacer el bien, lo cual implica que nuestra fe se sube las mangas y cava en esta tierra sucia. Confiamos en Dios mientras la suciedad del mundo de Adán queda enterrada bajo nuestras uñas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==== Lo que decimos  ====&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y lo hacemos llenos de gozo. Puede que esto sea lo más confuso para los sentimientos de nuestra antigua naturaleza. Cuando las cosas van mal, cuando los perversos desenvainan sus espadas y tensan sus arcos, nosotros nos gozamos ''porque nuestro gozo está en Dios'', no en nuestras circunstancias, ni en la bondad o la maldad que haya en los detalles que nos rodean. Tenemos un abrumador deleite por la fe cuando miramos más allá del dolor y nos asimos de la gloria inconmovible de un Salvador que nunca nos dejará ni nos abandonará, que sabe lo que significa sufrir, que caminó por la senda del más grande sufrimiento para darnos la bienvenida a su presencia, donde hay plenitud de gozo y deleites para siempre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así, confiando en Él y haciendo el bien, deleitándonos en Él y deseando cosas de acuerdo con su voluntad, encomendamos nuestro camino a Él. Sabemos que los caballos se alistan para la batalla, pero la victoria es siempre del Señor. Sabemos que a menos que Él vigile, el vigilante se desvela en vano. Este es el humilde freno que nos ayuda a no creer que somos los que están a cargo de la situación. Es el rechazo, con la cabeza inclinada y el alma postrada, a tomar las riendas. Hemos confiado, hemos actuado, nos hemos regocijado y ahora decimos: “Que el Señor haga lo que le parezca bien” (2 Samuel 10:12). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego seguimos ante Él. Estamos esperando, después de todo. Esperando. Aguardando ahí. Orientando nuestra vida ''en el momento presente hacia lo que está por venir''. &lt;br /&gt;
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&amp;lt;br&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>MicaelaOzores</name></author>	</entry>

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