¿Por Qué los Grupos Pequeños?/¿Por Qué los Grupos Pequeños?

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English: Why Small Groups?/Why Small Groups?

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Por C.J. Mahaney sobre Grupos Pequeños
Capítulo 3 del Libro ¿Por Qué los Grupos Pequeños?

Traducción por Pamela (Pami) Ramos



“Ves, pero no observas,” dijo Sherlock Holmes a su fiel amigo, el Dr. Watson. “La distinción es clara. Por ejemplo, frecuentemente has visto los escalones que suben del pasillo a este cuarto”.

“Frecuentemente”.

“¿Qué tan frecuentemente?”

“Pues, unos cientos de veces”.

“Entonces, ¿cuántos hay?”

"¿Cuántos? No sé.”

“¡Exactamente! No has observado. Sin embargo has visto. Ese es precisamente mi punto. Ahora, yo sé que hay diecisiete escalones porque yo he visto y observado”.[1]

Si en algún momento has leído cualquiera de los cuentos de detectives de Sir Arthur Conan Doyle, sabes que Sherlock Holmes a menudo reprende al Dr. Watson por su descuido. Pero Watson no era un tonto. Como es el caso conmigo, y probablemente contigo, a él simplemente le hacían falta esos dones marcados de Holmes de observación y deducción. Él podía ver las mismitas situaciones que Holmes sin notar los detalles importantes. Como dijo Holmes, Watson veía…pero no observaba.

Por cierto – si yo estuviera en el lugar de Watson, tal vez le hubiera respondido al detective famoso un poco diferente. Por lo menos hubiera sido tentado a responder, “¿Cuántos escalones? ¡A quién le importa! Nada más solucione el caso compadre”.

Le importaba a Sherlock Holmes. La observación era una herramienta esencial en su carrera. Es esencial para nosotros también al examinar el tema de los grupos pequeños. Lo que pasa es que muchos de nosotros vemos los grupos pequeños como Watson veía los escalones. Vemos pero no observamos. Asistimos al grupo sin entender su propósito. No entendemos por qué existe nuestro grupo pequeño.

Y si no sabemos el propósito de Dios para los grupos pequeños, nunca lo vamos a lograr.

Contenido

Son Fundamentales los Grupos Pequeños, Querido Watson

Medita en Mateo 7:24-27. ¿Qué promete Jesús a aquellos que edifican sobre los fundamentos de su Palabra?

Desde los 1970’s por lo menos, la iglesia en América se ha fascinado con los grupos pequeños. La mayoría de las iglesias al menos han experimentado con los grupos pequeños, y muchos todavía mantienen ministerios de grupos pequeños de varios tipos.

Sin embargo, desde mi perspectiva limitada, cierta cantidad de estas iglesias nunca han forjado un propósito claro ni metas bíblicas al iniciar sus grupos pequeños. Algunos sí lo hicieron y los elogio. Son estas iglesias, sin duda, las que han tenido el mayor éxito con sus grupos pequeños. Pero otros iniciaron grupos simplemente porque era lo popular – la última tendencia de la iglesia. Obviamente, ese no es motivo suficiente. Las tendencias actuales raramente proveen fundamentos fuertes para la iglesia. Un ministerio de grupos pequeños no será eficaz en última instancia a menos que exista para lograr propósitos bíblicos.

Momentos memorables en la historia de grupos pequeños

Con el deseo sincero de que nuestro grupo pequeño evangelizará y alcanzará gente, el año pasado se me ocurrió el “Desfile de Villancicos del Día de la Independencia”. Admito que la mayoría de la gente estaba un poco reacia (incluyendo mi esposa, lo que debería haberme alertado), aunque a los niños les pareció muy buen idea. El día de la Independencia nos vestimos de los colores de la bandera con sombreritos y chalecos. Llevando globos, marchamos por la vecindad regalando panfletos y parando en frente de casas para cantar canciones patrióticas.

Estaba tan orgulloso de mi idea creativa, que no noté las miradas que notó mi esposa y los demás miembros del grupo mientras caminábamos por la calle. De hecho, no me sorprendería si al verme mis vecinos, todavía dicen, “¡Ahí va ese hombre raro!”

-John Masanotti (Mesa, AZ)

A causa de la carencia de propósito y mandato bíblico, muchos grupos pequeños han tropezado. Otros grupos han estado seriamente discapacitados por la falta de buenos recursos disponibles. No es exageración decir que la mayoría de los libros y guías más populares que tratan el tema de grupos pequeños están terriblemente deficientes en sana doctrina. No lo digo ligeramente. Los he revisado por años, y he encontrado un mayor énfasis en la psicología y sociología moderna, que en la teología bíblica y minuciosa.

La mayoría de estos materiales están bien producidos. Aparecen varias preguntas e ilustraciones que te llevan a pensar. Sin duda los editores quieren ayudar a los cristianos a crecer. Pero sin una presencia sólida de contenido bíblico, estos materiales en realidad pueden impedir las intenciones de Dios para con nosotros como individuos y grupos.
A pesar de estas preocupaciones, yo veo a los grupos pequeños como prioridad para cada cristiano y cada iglesia. ¿Por qué? Porque las Escrituras constantemente subrayan la centralidad de las relaciones. J.I. Packer esta de acuerdo:

No debemos pensar que nuestra comunión con otros cristianos es un lujo espiritual, una adición opcional a la disciplina del devocional privado. La comunión es una de las grandes palabras del Nuevo Testamento: denota algo vital para la salud espiritual de un cristiano, y central para la vida verdadera de la Iglesia…la Iglesia florecerá y los cristianos serán firmes solamente cuando haya comunión.[2]

Para un Estudio Adicional: Lee 1 Juan 1:7. ¿Cómo deben relacionarse los cristianos unos con otros para experimentar comunión?


La comunión genuina no es práctica en una multitud de 200 o 2,000 personas. Por eso tengo la fuerte convicción de que las iglesias deben crear grupos pequeños donde los cristianos puedan desarrollar relaciones más íntimas, donde puedan “conocer y darse a conocer”. Una iglesia que sigue el modelo bíblico no sólo “tendrá” grupos pequeños. No sólo “ofrecerá” grupos pequeños. Mas bien, se construirá con grupos pequeños.

Sin embargo, como indique antes, los grupos pequeños solamente servirán a la iglesia si están fundados en sana doctrina y sostenidas con un propósito claro y bíblico. Eso nos lleva al título de este capítulo y de este libro: ¿Por qué los Grupos Pequeños?

Para contestar la pregunta planteada en ese título, déjame presentar lo que yo considero que son cuatro metas claras de las Escrituras: santificación progresiva, cuidado mutuo, comunión, y la ministración del Espíritu Santo.

Lo que Es la Santificación – y lo que No Es

El teólogo Wayne Grudem provee una definición fina y concisa de esta doctrina tan crítica: “La santificación es una obra progresiva de Dios y del hombre que nos libra más y más del pecado y nos hace más y más como Cristo en nuestras vidas actuales”. ¿No es esa la meta de la vida Cristiana? Aumentar la libertad del pecado y aumentar el parecido a Jesús. Los grupos pequeños proveen un contexto ideal para que esto ocurra.

Pero no todos los grupos pequeños son intencionales para con este propósito. Algunos dan mayor prioridad a socializar en lugar de la santificación. Algunos otros son excelentes en compartir abiertamente y escuchar comprensivamente, no obstante nunca confrontan el pecado o retan a sus miembros a cambiar.

1 Si alguien de tu grupo señala lo que piensa que es pecado en tu vida (sin haber obtenido permiso escrito primero), ¿cómo respondes?
  • Te ofendes pero no lo muestras
  • Te ofendes y lo expresas
  • Te deshaces en lágrimas
  • Señalas los pecados obvios en la vida del otro
  • Le das gracias por su cuidado y preocupación.


Eso es inaceptable. Un grupo con propósitos no-bíblicos puede provocar más daño que beneficio. Grupos que se reúnen sin el propósito bíblico de perseguir el desarrollo del carácter tienen la tendencia de reforzar en lugar de confrontar el pecado y egoísmo presentes en nosotros. Ninguno de nosotros necesita ese tipo de reforzamiento. En lugar de eso, necesitamos ser provocados y retados por otros para poder cambiar para la gloria de Dios.

Déjame hacer un paréntesis crucial antes de continuar. He hablado con muchos cristianos que, estén conscientes de ello o no, no entienden la diferencia entre la doctrina de la santificación y la doctrina de la justificación. Como esta confusión puede llevar a consecuencias espirituales serias, permíteme tomar un minuto para distinguir estas verdades críticas. Por favor, prosigue atentamente – el resto de este libro (¡Y el resto de tu vida cristiana!) depende de un entendimiento claro de estas dos doctrinas.

Les he compartido la definición del Dr. Grudem de la santificación anteriormente. Él define la doctrina de la justificación así:

   La justificación es un acto instantáneo legal de parte de Dios en cual Él, 1) Ve nuestros pecados como perdonados y la justicia de Cristo perteneciendo a nosotros, y 2) nos declara justos delante de Él. [3]
Medita en Romanos 5:1-2 Resume en tres palabras los beneficios de la justificación que se ven descritos en este pasaje.


La justificación se refiere a la posición del cristiano delante de Dios. El momento en que naciste de nuevo, Dios te justificó. A base de la obra terminada de Cristo, Dios vió tus pecados como perdonados y declaró que eras justo.

La santificación, por otro lado, se refiere a nuestra práctica delante de Dios. Es el proceso continuo de luchar contra el pecado y parecernos más a Jesús. Aunque la santificación es una meta y evidencia de nuestra justificación, nunca la debemos ver como la base de nuestra justificación. Aquí es en donde muchos cristianos se confunden. Tratan de ganarse lo que ya se les ha regalado. Como dijo Martín Lutero, “Nuestra única contribución a nuestra justificación es el pecado que Dios tan misericordiosamente perdona”.

“La gloria del evangelio es que Dios ha declarado que los Cristianos estén justamente relacionados con Él a pesar de su pecado. Pero nuestra mayor tentación y error es de tratar de contrabandear carácter a su obra de gracia. Cuán fácilmente caemos en la trampa de asumir que sólo permanecemos justificados siempre y cuando hayan bases en nuestro carácter para esa justificación. Pero Pablo enseña que nada de lo que hagamos contribuye a nuestra justificación". "[4] - Sinclair Ferguson


Hay otras diferencias vitales. La justificación se trata de ser declarados justos; la santificación se trata de volvernos más justos. La justificación es inmediata; la santificación es gradual. La justificación es completada el momento en que Dios nos declara justos. No sucede en grados. La santificación, sin embargo, es un proceso que dura toda nuestras vidas. Finalmente, mientras cada cristiano disfruta del mismo grado de justificación, variamos en términos de santificación. Nunca serás más justificado de lo que eres en este momento, porque la justificación es un acto de Dios. Pero por la gracia de Dios, serás más y más santificado mientras cooperas con el Espíritu de Dios en el proceso de cambiar.

Aunque es importante distinguir entre la justificación y la santificación, estas dos doctrinas son inseparables. Dios no justifica a alguien sin también santificarlo. La santificación no es opcional. Si uno es realmente justificado, será evidente por la obra progresiva de santificación en su vida. Los grupos pequeños contribuyen a esta obra de gracia magnífica y gradual de nuestras vidas.

No lo Intentes Solo

Medita en Hebreos 10:24-25. ¿Cómo te has beneficiado de tener a otros que te “estimulen” en la fe?


Aunque la responsabilidad personal para la santificación sigue siendo de suma importancia, la santificación no se puede lograr aislado de la iglesia local. La Escritura enseña claramente que el lugar en donde se lleva a cabo la santificación es la iglesia local – y los grupos pequeños contribuyen invaluablemente a este proceso. Considera estas ideas del teólogo Bruce Milne:

   La vida cristiana es inevitablemente corporal. La enseñanza sobre la santidad cristiana muchas veces se ha concentrado, casi exclusivamente, en el “hombre santo” o la “mujer santa”, descuidando la preocupación bíblica de “un pueblo santo” o una “iglesia santa”. El ideal del “individuo cristiano todo-competente” que puede enfrentar cualquier reto espiritual y vivir una vida de victoria perfecta sobre el pecado y el diablo, sin duda ha producido ejemplos excepcionales de carácter cristiano; pero, como todo consejero cristiano sabe, este énfasis ha llevado a muchos a una lucha solitaria que acaba en la desesperación y desilusión, o peor, a la hipocresía de vivir una vida doble.

   Todo este enfoque necesita ser re-examinado. La colectividad de la enseñanza del Nuevo Testamento, incluyendo secciones importantes de la santidad, ocurren en cartas dirigidas a grupos corporales, a iglesias. Las exhortaciones de primera importancia de vivir piadosamente son plurales – “nosotros”, “ustedes” (Rom. 6:1-23; Gal. 5:13-6:10; Ef. 4:17-6:18)…De igual manera todas las promesas de victoria en el Nuevo Testamento son corporales (1 Cor. 15:57, 1 Jn. 5:4; Rev. 15:2). En otras palabras los apóstoles consideraban la vida cristiana y la santificación cristiana en el contexto de una comunión llena de amor y cuidado. [5] Por la gracia de Dios, he experimentado lo que describe Milne. Muchos de los cambios más significativos de mi vida cristiana han sucedido en la comunión de la iglesia local – en particular, en grupos pequeños. En muchas ocasiones, miembros de mi grupo pequeño, en mucho amor (pero con firmeza), han confrontado mi pecado y me han pedido cuentas mientras yo buscaba cambiar. Claro que el Espíritu Santo es primordialmente responsable por traerme convicción de estas cosas, pero no me puedo imaginar en donde estaría sin estos fieles amigos. Dios los ha usado vez tras vez para señalar pecado en mi vida que yo nunca hubiera visto si hubiera estado solo.

Para un Estudio Adicional: Según Efesios 4:15, ¿cuáles dos ingredientes deben estar presentes en nuestra comunicación con otros cristianos?


Me ha hecho pensar mucho el observar a otros que han elegido no participar en la iglesia local o los grupos pequeños. Han demostrado una falta de crecimiento notoria. Y lo peor es que ni se dan cuenta de su condición espiritual y estancamiento.
Los grupos pequeños proveen aliento, corrección, y rendición de cuentas que nos guardan de desviarnos. Tan importante como es cultivar una relación personal con Dios al practicar las disciplinas espirituales, necesitamos la ayuda de otros en nuestra búsqueda de santificación.

“Es a la vez necio y malo suponer que tendremos mucho progreso en nuestra santificación si nos aislamos de la iglesia visible. Efectivamente, es común escuchar a gente declarar que no necesitan unirse a una iglesia para ser cristianos. Afirman que su devoción es personal y privada, no institucional o corporal. Este no es el testimonio de los grandes santos de la historia; es la confesión de los necios”.[6] - R.C. Sproul


Si tienes una pasión por el cambio personal – y todo cristiano debería tenerlo – entonces te alegrarás cuando otros te reten a crecer. Esto no se debe ver como algo anormal, o como el dominio de aquellos que han alcanzado un nivel inusual de madurez. Se debe ver como un proceso normal que sigue del haber nacido de nuevo, expresado en un deseo de ser conformado a la imagen de Jesucristo. Deberíamos estar comprometidos con el cambio seriamente y sin dar vuelta atrás.

¿Quién es tu Natán?

Cuando Dios cuestionó a Caín acerca del homicidio de Abel, éste intentó negar que era guarda de su hermano (Gen. 4:9). Pero sí lo era. Todos lo somos. Tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hermanos y hermanas a guardar la voluntad de Dios. La frase común para esto es la rendición de cuentas. Es una manera específica en que las relaciones nos ayudan a lograr la santificación.

¡ESTOS HOMBRES SE LO TOMABAN EN SERIO!

En los principios del siglo XVIII, Samuel Wesley (hermano de John Wesley) formó una sociedad religiosa con reuniones regulares de grupos pequeños. Los llamados “Band Societies”, eran grupos del mismo sexo que fueron diseñados para facilitar la rendición de cuentas mutua. Todos los que se querían integrar tenían que contestar las siguientes preguntas como requisito, dando evidencia de la justificación y el deseo correspondiente de crecer en Dios:

¿Tienes paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo?

¿Tienes el deseo de que te digan tus fallas?

¿Deseas que cada uno de nosotros te diga, de vez en cuando, lo que hubiera en nuestro corazón concerniente a ti?

¡Considera! ¿Deseas que te digamos lo que pensamos, lo que tememos, lo que escuchamos, concerniente a ti?

¿Deseas que, al hacer esto, nos acerquemos lo más posible, que vayamos al grano y escudriñemos los más profundo de tu corazón?

¿Es tu deseo y propósito ser completamente abierto en esta u otras ocasiones, así como para comunicar todo lo que esta en tu corazón sin excepción, sin ocultar, y sin reserva?

Éstas preguntas se podían preguntar al miembro “tan a menudo como se presente la ocasión”, mientras que las siguientes preguntas se hacían en cada reunión:

¿En cuál pecado has caído concientemente esta última semana?

¿Con cuales tentaciones te has enfrentado?

¿Cómo te libraste?

¿Has pensado, dicho o hecho algo que no estas seguro si es pecado o no?[7]


Charles Swindoll ha dicho que, “La rendición de cuentas incluye abrirse a unos pocos confidentes individuales, cuidadosamente seleccionados, y confiables, quienes hablen la verdad – que tienen el derecho de examinar, cuestionar, aprobar, y dar consejos”. Don Cousins lo ha llamado: “Permitirle a alguien hacer preguntas penetrantes y a veces incómodas con el fin de desafiarte a crecer”.

Las vidas del rey David y su hijo Salomón nos ilustran la importancia de rendirle cuentas a alguien. Cuando David cometió adulterio con Betsabé y mató a su esposo Urías, fue confrontado – hecho responsable – por el profeta Natán (véase 2 Sam. 11-12). Como resultado se arrepintió de su pecado y recibió el perdón de Dios. ¿Qué hubiera sido de David sin Natán en su vida?

Salomón, por otro lado, aparentemente no tuvo a alguien como Natán que le pidiera cuentas cuando empezó a desobedecer los mandatos de Dios. Eventualmente fue severamente disciplinado por Dios por su pecado. ¿Qué hubiera sido de Salomón con alguien como Natán en su vida? Una pregunta más relevante es, ¿Qué será de ti sin un Natán en tu vida?

Aprende de Salomón: “Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor remuneración por su trabajo. Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante!” (Ec. 4:9-10). El hombre habla por experiencia.. Si Salomón – el hombre más sabio que ha vivido (aparte de nuestro Señor) – necesitaba la rendición de cuentas, entonces cada uno de nosotros también la necesita.

Para un Estudio Adicional: El relato trágico del declive espiritual de Salomón se encuentra en 1 Reyes 11:1-13.


¿Hay alguien que pueda cuestionar (y cuestiona), tus motivaciones y pide una explicación de tus acciones cuando es apropiado? Esa es nuestra meta en los grupos pequeños. Como las sociedades de Wesley (véase “¡Estos Hombres se lo Tomaban en Serio!”), queremos que nuestros grupos pequeños cumplan Proverbios 27:17: “El hiero con hiero se afila, y un hombre aguza a otro”.

Espejito, Espejito, En la Pared

Las relaciones son un medio vital para la santificación, la Palabra de Dios es otro. Nada nos cambia más efectivamente que la aplicación de las Escrituras. Estoy muy conciente de esto cada vez que predico. ¡Es una responsabilidad que me pone sobrio! Y sin embargo también estoy conciente de que mis palabras – no importa cuán apasionadamente las pronuncie o cuán persuasivas parezcan – muchas veces fracasarán en producir fruto. Esto es porque simplemente escuchar la palabra de Dios es insuficiente. Solamente produce fruto cuando la aplicamos. Y, como veremos en un minuto, los grupos pequeños son un contexto ideal para aplicar la Palabra de Dios.

El libro de Santiago usa una ilustración cómica para mostrar la importancia de la aplicación:

   Sed hacedores de la palabra, y no solamente oidores que se engañan a si mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es. (San. 1:22-24)

No conozco persona que se despierte en la mañana, se vea en el espejo, y luego se vaya de la casa sin haberse hecho unos cambios estratégicos. De hecho, la mayoría de nosotros pasamos un tiempo considerable al frente de un espejo cada mañana – evaluando los daños de la noche anterior y haciendo las reparaciones necesarias. Según un artículo que leí una vez en una revista llamada Newsweek, un hombre típico pasa siete años de su vida en el baño. [8] Mucho de ese tiempo se pasa viéndose en el espejo mientras hace esos intentos más y más inútiles hacia en control de daños.

Medita en Hebreos 4:12. ¡Una vez que apliques la Palabra de Dios a tu vida, verás que tiene un poder único para cambiarte!


Señoritas, ustedes probablemente necesiten agregarle unos tres años a ese número, dejándolo en una década completa – y talvez eso todavía sea muy poco. Créeme. Con todo el respeto posible hacia mi esposa y mis tres hijas, tengo evidencias irrefutables. Hubo un tiempo en mi vida, cuando mis hijas eran niñas, en que yo podía iniciar actividades familiares espontáneas en cualquier momento. ¡Ahora, no podemos ni ir por un helado sin que todas tengan que hacerse un permanente primero!

(Estoy feliz de que mis hijas aprecian mi sentido del humor. No hay padre más orgulloso que yo por su pasión por Dios).

2 ¿Puedes identificar un versículo o pasaje de la Biblia que ha provocado que cambies? Resume brevemente lo que dice en el espacio siguiente.





¿No estarías un poco preocupado si conocieras a alguien que se levanta todas la mañanas, se ve en el espejo, y se va sin hacer ningún ajuste? ¿Cuánto tiempo duraría siendo presentable? ¿Cuánto tiempo esperarías para ofrecerle un peine? Es un escenario absurdo…¿o no? Según Santiago, esto es exactamente lo que pasa cada vez que leemos las Escrituras (el espejo) y luego nos vamos sin hacer ajuste.

La persona que se ve en el espejo rutinariamente sin hacer alteraciones no entiende el propósito de un espejo. De la misma manera, la persona que lee o escucha la Palabra de Dios sin aplicar lo que ha escuchado no entiende el propósito de las Escrituras.

El simple hecho de leer tu Biblia y escuchar buenas enseñanzas no te harán como Cristo. Aunque cada una de estas disciplinas es esencial para la vida cristiana y cada una es un medio de gracia vital, ninguna de las dos es suficiente por sí solas. De hecho, el conocimiento de la Biblia es potencialmente engañoso si la obediencia no tiene lugar. El propósito del espejo es provocar un ajuste. El propósito de las Escrituras es provocar la obediencia y producir un cambio definitivo en nuestras vidas.

Aquellos que sólo escuchan la palabra, domingo tras domingo, pero carecen de aplicación de esa palabra en sus vidas, experimentarán un grado creciente de auto-engaño en lugar de un grado creciente de santificación. Y sin embargo, ¿no es interesante que se engañan sólo a sí mismos? Todos los demás saben muy bien que simplemente están escuchando y no están obedeciendo, no están madurando. Para ellos es tan obvio, como lo sería si mañana nos despertáramos, nos diéramos un vistazo en el espejo, y luego saldríamos sin haber tocado ni el peine, la toalla, ni el cepillo de dientes.

“No importa cuán extenso sea el conocimiento de uno sobre las Escrituras, cuán impresionante su memoria, es auto-engaño si eso es todo lo que hay…No es lo que sabe uno, sino lo que hace uno lo que importa. El conocimiento verdadero es el preludio a la acción, y es la obediencia a la palabra lo que cuenta al final".[9] - Peter Davids


Entonces, ¿qué tiene que ver eso con este libro? Los grupos pequeños no son diseñados primordialmente para la enseñanza ni la exposición; esas funciones son responsabilidad de tu pastor. Sino que, los grupos pequeños son diseñados para la aplicación. Crean un contexto en donde los cristianos pueden aplicar la verdad de Dios de una manera personal y práctica. Pero para poder aplicar la Palabra de Dios efectivamente, debemos primero interpretarla fielmente.

Medita en 2 Timoteo 2:15. ¿Alguna vez has sido tentado a cambiar el sentido de las Escrituras por conveniencia propia?


Algunos grupos piensan que “Estudio Bíblico” significa intercambiar opiniones y preferencias personales. Eso es falso. No nos reunimos para intercambiar nuestras opiniones; nos reunimos para aprender la verdad de Dios. El primer paso es entender cuál era la intención original del autor cuando le escribía a su audiencia original. Solamente así podemos empezar a aplicar esa verdad a nuestras vidas, permitiendo que la Palabra de Dios nos gobierne y nos transforme para la gloria de Dios. (Para información acerca de un buen libro que da detalles de cómo estudiar las Escrituras, véase la lista de Lectura Recomendada).

Mientras tu grupo está viendo el espejo de la Palabra de Dios, tú deberías estar haciendo ajustes. Cada año deberías poder ver hacia atrás e identificar áreas específicas en las cuales has cambiado durante esos doce meses. Ésta es la diferencia que debe provocar el participar de un grupo pequeño en nuestras vidas. Ésta y no menos.

Llamados al Cuidado Mutuo

En la iglesia en donde sirvo, le llamamos a nuestros grupos pequeños “grupos de cuidado”. No es un título único, pero expresa un segundo propósito primordial de los grupos pequeños. Así como el primero era crear un contexto en donde cada miembro puede buscar la santificación, la segunda es crear un contexto en donde cada miembro puede dar y recibir cuidado. Este principio sale directo de las Escrituras:

   Mas así formó Dios el cuerpo, dando mayor honra a la parte que carecía de ella, a fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros. Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él. (1 Cor. 12:24-26)

Los cristianos siempre se han caracterizado por su amor sacrificial el uno por el otro. Se nos manda a cuidar uno del otro desinteresadamente, sin favoritismo. “Llevando los unos las cargas de los otros”, escribe Pablo, “y cumplid así la ley de Cristo” (Gal. 6:2).

Para un Estudio Adicional: 1 Juan 3:16 define el amor como una disposición de dar nuestras vidas unos por los otros. ¿Cuál es una manera específica en la que puedes “dar tu vida” por alguien de tu grupo pequeño?


En una reunión de domingo en la mañana, hay limitaciones obvias para nuestra capacidad de poder expresar este tipo de cuidado. Si estoy en medio de dar mi sermón y me doy cuenta que alguien empezó a llorar en la fila siete, no puedo dejar de predicar e ir a ministrar a esa persona. Me gustaría, pero eso no serviría a la iglesia entera. Sin embargo, en un contexto de grupos pequeños no estamos tan limitados. Allí podemos dar y recibir cuidado específico y personal. Nadie tiene que ser pasado por alto ni descuidado.

Es importante destacar que el cuidado mutuo y las relaciones cercanas no dependen del tamaño de la iglesia. Muchos asumen que es imposible formar relaciones íntimas en una iglesia grande. También asumen que en una iglesia chica las relaciones íntimas se desarrollan automáticamente. Ambas asunciones son equivocadas. Las relaciones pueden florecer en una iglesia grande…y estar ausentes en una pequeña.

La capacidad de forjar relaciones fuertes y personales no depende del tamaño de la iglesia. Más bien depende de un entendimiento y práctica de doctrina de parte de la gente que constituye esa iglesia. La relaciones florecerán en cualquier iglesia, sin importar el tamaño, que pone un énfasis en ellas como una necesidad bíblica.

Los visitantes que van por primera vez a mi iglesia, muchas veces se sienten intimidados por el tamaño. Puedo entender cómo pueden sentirse así. Pero cuando les digo, “Cuanto más tiempo te involucras aquí, más pequeña se hace la iglesia”, es un hecho. Una iglesia grande no necesita sacrificar relaciones de calidad – pero si necesita proveer grupos pequeños y oportunidades para servir que hagan del cuidado mutuo una realidad.

La Comunión Redefinida

¿Por qué los grupos pequeños? Una tercera razón es la comunión. Muchos grupos pequeños usan esta palabra sin entender lo que realmente significa. Como resultado, no están experimentando una de las cosas más vitales que puede ofrecer el grupo. Veremos la comunión más a fondo en el próximo capítulo, así que voy a tratar de limitarme a unos cuantos comentarios acerca de este tema tan crítico.

Comunión quiere decir participar juntamente, o comunicar cosas que tenemos en común. El denominador más grande entre nosotros, como cristianos, es nuestra relación con Dios el Padre, a través de Dios el Hijo, por medio de Dios el Espíritu Santo. Esto forma el contenido de la verdadera comunión. Nuestra relación con Dios debería ser el tema principal de comunicación en nuestros grupos pequeños mientras participamos juntamente para cumplir Su propósito en la iglesia local.

Para un Estudio Adicional: ¿Qué “prueba de fuego” para la conversación cristiana encuentras en Efesios 4:29?


Sin embargo, hay un truco. La profundidad de nuestra relación personal con Dios determina el grado de compañerismo posible el uno con el otro. Asi que, para conocer la comunión verdadera, uno debe de mantener una relación con Dios y una experiencia de Dios apasionadas. Tal vez por eso la comunión bíblica es tan difícil de encontrar.

3 Basados en la definición del autor, ¿cuáles temas de conversación piensas que promoverían la comunión verdadera?:
  • “El que se escapó” en su último viaje de pesca.
  • Los detalles de cómo te convertiste al cristianismo.
  • El pasaje de la Escritura que leíste esta mañana.
  • El sitio más moderno que visitaste en el Internet.
  • El terrorismo
  • Las dificultades de criar a un niño de carácter fuerte.
  • La película más reciente que viste


Comunión no es simplemente otra palabra para actividades sociales. Disfruto muchísimo de ver un juego de fútbol americano de los Washington Redskins y Baltimore Orioles con mis amigos. Eso puede ser una parte sana de la vida de grupo pequeño…pero no es comunión. Y tampoco es comunión el hablar de las opiniones de Rush Limbaugh o Jesse Jackson. Las actividades sociales no se pueden igualar o confundir con la comunión. Son distintas. Nada se compara a la comunión que gozamos cuando estamos adorando juntos, estudiando y aplicando las Escrituras juntos, animándonos, corrigiéndonos, y comunicándonos nuestra experiencia actual de Dios. Nada. Las actividades sociales pueden crear un contexto para la comunión, pero es un lugar para empezar – no un lugar en donde nos debemos quedar.

Cuando paso un tiempo extendido con otro cristiano, mi mayor deseo es que conozcamos la comunión. Quiero escuchar de su relación con Dios, y cómo Dios se esta revelando a su vida. También quiero comunicarle mi experiencia actual de Dios, e impartirle una pasión por Dios renovada.

¿Es ese tu deseo? Si alguien pasara una tarde contigo, ¿se iría con una pasión y un entendimiento renovado de Dios? Si no, necesitas cambiar.

Con esta definición de comunión en mente, considera tu grupo pequeño. ¿Estás experimentando comunión? ¿Cuánto tiempo pasas en las reuniones hablando de tu relación actual con Dios? Cuando se ven fuera del contexto de las reuniones, ¿cuán seguido giran tus conversaciones en torno a la obra de Dios en tu vida? Si se están “relajando” juntos más que relacionándose espiritualmente, no están gozando de la comunión bíblica – y tienen algo que anhelar.

Experimentando y Expresando los Dones del Espíritu Santo

Dios ha dado dones espirituales a cada Cristiano (1 Cor. 12:1-7). Él espera que los usemos. Pero en una iglesia, sin importar el tamaño, no es factible que cada miembro use sus dones el domingo en la mañana. Pero sí los pueden usar en un grupo pequeño. En este contexto más pequeño y personal, cada uno puede servir según sus dones del Espíritu Santo. Esta es la razón número cuatro, y la final, de por qué existen los grupos pequeños.

Algunos Cristianos definen la obra del Espíritu Santo en términos muy estrictos, creando mucha controversia innecesaria. El profesor de seminario Gordon Fee, quien recientemente completó un estudio sobre los escritos de Pablo acerca del Espíritu Santo, convoca otra perspectiva. Presta mucha atención a esta cita de su libro, La Presencia de Dios que da Poder:

“Debemos esforzarnos deliberadamente al inicio de cada día para reconocer la persona del Espíritu Santo…Deberíamos continuar nuestro día en una relación de comunicación y comunión con el Espíritu mediado por nuestro conocimiento de la Palabra, confiando en cada oficio del papel del Espíritu Santo como consejero mencionado en la Escritura. Debemos reconocerlo como el iluminador de la verdad y de la gloria de Cristo. Debemos verlo como maestro, guía, santificador, dador de seguridad con respecto a nuestra adopción y posición delante de Dios, ayudador en la oración, y como el que dirige y da poder para testificar”. - Richard Lovelace[10]


Según Pablo, el poder no se debe considerar solamente en términos milagrosos o extraordinarios…Pablo entendía el poder del Espíritu en la forma más amplia posible.

Yo estoy a favor de lo milagroso y lo extraordinario, pero es fácil estar muy pendientes de eso. Nuestros grupos pequeños necesitan familiarizarse con el obrar variado y distinto del Espíritu Santo. A través de una combinación de estudios doctrinales, experiencias, y práctica, debemos buscar entender el poder del Espíritu en “la forma más amplia posible”.[11]

Les recomiendo empezar con un estudio exhaustivo de las Escrituras acerca de la persona y obra del Espíritu Santo. Esto incluye el buscar definir, identificar, y cultivar los dones variados del Espíritu listados en 1 Corintios 12:8-10, 28; Efesios 4:11; Romanos 12:6-8; y 1 Pedro 4:11. También les recomendaría que pongan la misma meta para su grupo que marca la Biblia: llegar al lugar donde cada miembro puede servir a los demás y glorificar a Dios con su don único que se le ha impartido el Espíritu. ¡Todos deben llevar algo a la fiesta!

Para un Estudio Adicional: Lee 1 Timoteo 4:14 y 2 Timoteo 1:6. ¿Cuáles dos mandamientos le da Pablo a Timoteo concerniente a su don espiritual?


Déjame dar algunas sugerencias de mi propia experiencia y estudio de las Escrituras. Primero, para poder experimentar y expresar los dones del Espíritu, tenemos que desarrollar el hábito de tener comunión con el Espíritu Santo. Pablo termina su segunda carta a los Corintios diciendo, “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Cor. 13:14). ¿Es la comunión con el Espíritu Santo tan real para ti como el amor del Padre y la gracia de Cristo?

Segundo, necesitamos evitar entristecer al Espíritu Santo. Me gusta lo que dice Jerry Bridges acerca de esto:

   Es muy instructivo el hecho de que sea un contexto de relaciones interpersonales donde Pablo advirtió, “Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios” (Ef. 4:30). Ahora, todo pecado entristece a Dios, y Pablo pudiera haber escrito esa advertencia en el contexto de la inmoralidad sexual (Ef. 5:3-5) o de la mentira y el hurto (Ef. 4:25,28). Pero lo coloca en un contexto de pecados que cometemos sin sentir mucha culpabilidad o vergüenza. Dios se entristece por los pecados “refinados” igual que por los pecados de inmoralidad sexual o la deshonestidad. No estoy insinuando que el ser irritable con su cónyuge es igual de serio que el adulterio. Estoy diciendo que el ser irritable con su cónyuge es pecado, y que todo pecado entristece a Dios, y nos debe entristecer a nosotros mismos también. [12]
Medita en 1 Tesalonicenses 5:19. ¿No te hace pensar el saber que tus actitudes y acciones pueden extinguir la obra del Espíritu en tu grupo?


En tercer lugar, necesitamos evitar aplacar al Espíritu Santo. En este caso, la mejor defensa es una buena ofensa. ¿Estás despertando los dones que Dios ha puesto en ti? Cuando Él te impulsa a usarlos para servir a otros, ¿estás obedeciendo de inmediato? Si no, estás aplacando al Espíritu Santo.

La reunión de la semana pasada es historia. La reunión de esta noche exige una visitación renovada del Espíritu de Dios. Aislados de Su presencia, no tiene sentido la reunión. Cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de buscar al Espíritu Santo y ser sensibles a lo que Él quiere cumplir en el grupo mientras nos reunimos. Wayne Grudem escribe,

   Debemos reconocer que no podemos dar por sentadas estas actividades del Espíritu Santo, y no sucedan automáticamente entre el pueblo de Dios. Más bien, el Espíritu Santo refleja el placer o el desagrado de Dios con la fe y obediencia – o falta de fe y desobediencia – del pueblo de Dios…el Espíritu Santo da una evidencia más fuerte o más débil de la presencia y bendición de Dios, según nuestra respuesta a Él.
 [13]

“La expectativa es un contexto para el don del Espíritu Santo…Personas que buscan que pase algo son candidatos particulares para recibir del Espíritu Santo…Cuando las personas han tenido poca expectativa y han expresado satisfacción de su situación espiritual actual, han recibido poco, si es que recibieron algo. Sin embargo, los que han esperado recibir todo lo que quiere dar Dios, aquellos que se paran de puntitas de la pura expectativa – aquellos son a los que Dios bendice con deleite. ¡Espera un milagro, y los milagros empiezan a ocurrir!”[14] -J. Rodman Williams


¿Cuál es tu respuesta a Él día a día? ¿Durante la reunión? De cierto modo, esa respuesta determinará qué tanto se manifestará el Espíritu en medio de ustedes. Vamos a decidir evitar entristecer o aplacar el Espíritu para poder experimentar la fuerza plena de Su presencia y placer.

En cuarto lugar, debemos llegar a nuestras reuniones de grupos pequeños anticipando que el Espíritu se vaya manifestar de manera poderosa. Esto es esencial. ¡Qué gran diferencia hace la expectativa al empezar nuestras reuniones! Puede ser la diferencia entre un encuentro con Dios que cambia vidas y un tiempo superficial juntos sin beneficio inmediato o eterno. Cuando cada miembro llega esperando que el Espíritu revele y refresque, juntos probamos el poder del siglo venidero.

Medita en Salmos 42:1. Aquí esta un versículo oportuno que puedes leer rumbo a tu próxima reunión.


Por eso nos comprometemos a los grupos pequeños. Por Su gracia, juntos estamos siendo transformados a la imagen de Jesucristo por medio de la santificación progresiva. Juntos estamos experimentando el cuidado mutuo, la comunión genuina, y la ministración del Espíritu Santo. Ahora ya no vemos simplemente – observamos. Ya no asistimos solamente – participamos. Ya no consumimos egoistamente – en lugar de eso, estamos cumpliendo el propósito de Dios para nuestras vidas al contribuir a la edificación de la iglesia local.

¡Y ustedes pensaban que era por el refrigerio!


DISCUSIÓN EN GRUPO

1.  ¿Qué tan observador eres? Sin ver, intenta contestar las siguientes preguntas:

  • ¿Tiene este cuarto un ventilador en el techo?
  • ¿Cuál es la imagen principal en la portada de este libro?
  • ¿Cuánto dinero tienes en tu cartera o bolsa?
  • ¿De qué marca son los zapatos que tienes puestos?
  • ¿De qué color son los calcetines de la persona que está sentada a tu izquierda?

2. Según el autor, ¿cuáles cuatro metas deben compartir los grupos pequeños?

3. En términos sencillos, ¿cómo describirías la diferencia entre la justificación y la santificación?

4. ¿Por qué es “inevitablemente corporal” la vida cristiana?

5. ¿Qué papel toman otros cristianos en nuestra santificación progresiva?

6. ¿Tienes un Natán – alguien a quien le rindes cuentas?

7. Comparte tu respuesta a la pregunta número 2.

8. ¿Por qué vacilarían algunas personas al compartir necesidades personales con su grupo?

9. ¿Estás experimentando comunión de manera regular tu grupo?

10. ¿Hay algo que puedes hacer personalmente para aumentar el poder y presencia del Espíritu Santo en las reuniones de tu grupo pequeño?

LECTURAS RECOMENDADAS

Las Disciplinas de Gracia por Jerry Bridges (Colorado Springs, CO: NavPress, 1994)

Let the Reader Understand: A Guide to Interpreting and Applying the Bible por Dan McCartney and Charles Clayton (Wheaton, IL; Victor Books, 1994)

¿Cómo Puedo Cambiar? por C.J. Mahaney y Robin Boisvert (Gaithersburg, MD: Sovereign Grace Ministries, 1993)


Referencias

  1. 1. Sir Arthur Conan Doyle, “A Scandal in Bohemia” en Las Obras Completas de Sherlock Holmes (Nueva Cork: Doubleday, 1927).
  2. J.I. Packer, God’s Words (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1981), p. 193.
  3. Ibid., p. 723
  4. Sinclair Ferguson, The Christian Life: A Doctrinal Introduction (Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1989), pp. 82-83.
  5. Bruce Milne, Know the Truth (Downers Grove, IL: InterVarsity Press 1982), p. 194.
  6. R.C. Sproul, The Soul’s Quest for God (Wheaton, IL: Tyndale House Publishers, 1992), p.151.
  7. Citado por Ralph E. Neighbor, Jr., en Where do we go from here? A Guidebook for Cell Group Churches (Houston, TX:Touch Publications, 1990), pp. 166-67.
  8. Newsweek, 26 de marzo, 1990.
  9. Peter H. Davids, New International Bible Commentary: James (Peabody, MA: Hendrickson Publishers, 1989), p. 41.
  10. Richard F. Lovelace, Dynamics of Spiritual Life (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1979), p.131.
  11. Gordon Fee, God’s Empowering Presence (Peabody, MA: Hendrickson Publishers, Inc., 1994), p. 8.
  12. Jerry Bridges, Las Disciplinas de Gracia (Colorado Springs, CO: NavPress 1994), p. 35.
  13. Wayne Grudem, Systematic Theology, p. 635,
  14. J. Rodman Williams, Renewal Theology: Salvation, the Holy Spirit, and Christian Living (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1990), p. 305.

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