Al orar, sea usted mismo

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English: Be Yourself in Prayer

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Por Stephen Miller sobre Santificación y Crecimiento

Traducción por Jeannette Blanco


A veces parece como si muchos creyentes sintieran la necesidad de cambiar quiénes son cuando se acercan a Dios en oración, particularmente cuando hay otros alrededor. Como si Dios no los fuera a escuchar si son ellos mismos, interpretan personajes con la esperanza de ser más aceptables para Dios y para los demás.

Personalmente he luchado a lo largo de los años con lo que debo decir y cómo debo decirlo cuando oro. Tengo buena compañía. Incluso los apóstoles le pidieron a Jesús que les enseñara a orar. Y con una voz paciente, bondadosa y compasiva, les enseñó a orar con sencillez, humildad y confianza, de acuerdo con la palabra de Dios y para la gloria de Dios.

Podemos resumir la enseñanza de Jesús en algunos principios como guía.

Contenido

1. Vaya despacio y siéntase cómodo en el silencio.

No hay necesidad de utilizar lenguaje de relleno para ocupar cada centímetro de espacio en la oración, como si el Señor no pudiera manejar el silencio o no tuviera tiempo para escuchar. No debemos apresurarnos como si fuéramos un subastador.

No puedo imaginar cómo reaccionaría si alguien se acercara a hablarme como, “Stephen Miller, simplemente… sólo Stephen, deberíamos ir a almorzar juntos, Stephen Miller. Solo vayamos a comer… sólo una hamburguesa, Stephen. Stephen, sé que te gusta una buena hamburguesa de vez en cuando, Stephen Miller. Stephen, en este momento podríamos comer un helado, Stephen Miller ".

Sé que no soy Dios, pero en mi humanidad, me sentiría muy extraño de ir a comerme una hamburguesa con esa persona. Si reaccionamos así en lo natural hacia alguien que nos habla de esa manera, ¿por qué sentimos la necesidad de hablar de esa manera con Dios? Él conoce nuestro corazón. Tómelo con calma. Disfrute las pausas. Quizás Dios quiera hablarle durante el silencio.

2. Ore a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Dios es una Trinidad: un Dios, tres personas distintas, cada persona completamente Dios. Verdaderamente es un gran misterio, y no sé si alguna vez lo entenderemos de este lado del cielo. Sin embargo, cada persona dentro de la Trinidad es distinta. El Padre no es el Hijo y el Hijo no es el Espíritu. Nos relacionamos correctamente con Dios como una Trinidad, adorando, agradeciendo y suplicando al Padre, al Hijo y al Espíritu en nuestras oraciones. Sin embargo, al hacerlo, fácilmente nos podemos confundir y comenzar a agradecer al Padre por morir en la cruz y así sucesivamente.

Si bien Dios sabe lo que queremos decir y ve más allá de nuestras oraciones imperfectas, seguramente puede confundir a las personas que escuchan nuestras oraciones, y están tratando de seguirnos en oración congruente. Cuando ore, considere la persona de la Trinidad a quien le está orando. El Padre envía al Hijo para que sea el Salvador del mundo. El Hijo vino obedientemente, murió en nuestro lugar, se levantó de entre los muertos, luego envió su Espíritu para convencernos de pecado, para convencernos de la verdad y para equiparnos y empoderarnos. Así que mientras oramos, ore con eso en mente.

3. Utilice un lenguaje normal.

Mi bisabuelo era un firme creyente de que la única palabra inspirada de las Escrituras era la versión Reina Valera de 1909. Cuando citaba las Escrituras (y creo que podía citar la mayor parte de la Biblia), siempre era de esa versión antigua.

Si bien él fue una de las mayores influencias espirituales de mi vida, me resultaba extraño cuando comenzaba a orar en voz alta, porque oraba en español antiguo. “Misericordioso y Celestial Padre Nuestro, a ti se te ha placido otorgarnos este abundante festín; sea el poseedor de la gloria solamente tú. ¿Será que tu gran gentileza podrá dignarse a bendecir estos alimentos por tu propia buena voluntad?” [Adaptado al español] Luego, después de decir amén, volvía a hablar en un lenguaje moderno. Cuando ore, no hay necesidad de hablar como alguien de una época pasada para sonar más espiritual o reverente. Use un lenguaje normal y ore tal y como usted es.

4. Use su voz normal.

Todos hemos escuchado las exageradas y emocionales inflexiones vocales de un hombre que intenta vender una oración de la misma manera que un actor de doblaje vende un producto. Puede que hable como Ron Burgundy en la vida real, pero tan pronto como comienza a orar, su voz adquiere un susurro reflexivo de Enrique Iglesias que suena un poco como estar al borde de las lágrimas mientras intenta convencer a alguien para que tome una decisión emocional.

Debemos orar con todas nuestras emociones y afectos, pero debemos ser sinceros y auténticos. Si se conmueve, pues conmuévase, pero sea sincero. No hay necesidad de alterar su voz o fabricar emociones. Dios conoce nuestros corazones mejor que nosotros mismos.

5. Sea breve y simple.

Nuestras oraciones pueden ser sencillas y estar llenas de fe. A menudo digo que Dios puede usar una canción de adoración de tres minutos tanto como una canción de adoración de nueve minutos. Lo mismo ocurre con la oración. Dios no nos escuchará más debido a lo extensos que seamos. La oración no es un banco de amor en el que muchas palabras equivalen a un depósito más sustancial. Nuestras oraciones no tienen por qué ser largas o elocuentes.

Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar, les enseñó una oración corta que ejemplificaba los aspectos verticales (glorificar a Dios) y horizontales (edificar a otros) de la oración. Cuando ore con otras personas, intente fortalecerlas con oraciones breves y reflexivas, y si siente la necesidad de orar por más tiempo, vaya a Dios “en secreto” (Mateo 6: 6).

Nunca es tarde para ser usted mismo. Dios está buscando una relación con nosotros, no con quien sea que estemos tratando de pretender ser cuando nos acercamos a él. La oración comienza con nuestra adopción en Cristo. Es por eso que Jesús nos enseñó a comenzar con Dios como "Padre Nuestro". Allí hay una reverencia íntima, una humilde familiaridad.

La oración es, naturalmente, una de las cosas más espirituales que podemos hacer como creyentes, por lo que no necesitamos agregar nada adicional para espiritualizarla en exceso. Simplemente podemos venir como hijos e hijas profundamente gozosos con un temor reverente de haber sido rescatados por un Dios que nos ama y nos escucha.


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