Bienaventurados Los Puros de Corazón

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English: Blessed Are the Pure in Heart

© Desiring God

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Por John Piper sobre Santificación y Crecimiento
Una parte de la serie Las Bienaventuranzas

Traducción por Marina Puertas


Mateo 5:8

Bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios.

Jesús se preocupaba por nuestro corazón

Lo primero que aprendemos de esta bienaventuranza es que Jesús se preocupada por nuestro corazón. No es suficiente limpiar nuestros actos por fuera.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Limpiáis el exterior de la copa y el plato, pero su interior está lleno de extorsión y rapacidad. ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa y el plato por dentro para que también queden limpios por fuera. (Mateo 23:25-26)

El objetivo de Jesucristo no es reformar las formas de la sociedad, sino cambiar los corazones de los pecadores como vosotros y como yo. Así, por ejemplo, Jesús no estaría satisfecho con una sociedad en la que no hay adulterio.

Sabéis lo que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero os digo que cualquiera que mire a una mujer con lascivia ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. (Mateo 5:27-28)

El corazón es lo que sois, en el secreto de vuestro pensamiento y sentimiento, algo que nadie conoce excepto Dios. Y lo que sois en vuestras raíces le importa tanto a Dios como lo que sois en vuestras ramas. “El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:7). Desde el corazón nacen todos los aspectos de la vida.

Lo que dice la boca procede del corazón… De fuera del corazón procede el mal, los pensamientos, el asesinato, el adulterio, la fornicación, el robo, el falso testimonio, la calumnia. Es esto lo que profana al hombre (Mateo 15:18-19) Nada de esto hace que el árbol sea bueno, o que sus frutos sean buenos; tampoco hace al árbol malo, ni a sus frutos malos; por sus frutos se conoce al árbol… Porque de la abundancia del corazón habla la boca. (Mateo 12:33-34)

Así pues, el corazón es de suma importancia para Jesús. Lo que somos en nuestro interior, el receso privado de nuestras vidas es lo que más le preocupa. Jesús no vino al mundo simplemente porque tenemos malos hábitos que hay que romper. Él vino al mundo porque tenemos unos corazones tan sucios que necesitan ser purificados.

La impotencia del gobierno

¿Habéis pensado recientemente en lo inútil que es el gobierno local, estatal o nacional para resolver los problemas de la sociedad? Hace un mes, la cadena de televisión norteamericana CBS emitió un programa llamado “La desaparición de la familia: crisis en la América negra”. Se centraba en la comunidad negra, pero el problema es real a distintos niveles en todos los grupos de la sociedad. Las estadísticas afirman que el 58% de todos los bebés negros nacen de madres que no están casadas. Sólo un 1% de ellos son dados en adopción.

Así que más de la mitad de la próxima generación en la comunidad negra crecerá sin un padre en casa. Nadie conoce el efecto a largo plazo de esta tragedia. ¿Qué puede hacer el gobierno? Parece que todo lo que puede hacer es tratar de encontrar modos de aliviar la carga financiera de estos niños y sus madres.

¿Veis lo increíblemente relevantes que son las palabras de Jesús? “De fuera del corazón procede el mal, los pensamientos, el asesinato, el adulterio, la fornicación”. ¡La fornicación! Todos los niños nacidos de madres (¡y padres!) que no están casados han nacido de la fornicación. Por tanto, Jesús diría, si estuviera hoy aquí, que este problema masivo en nuestra sociedad es un problema del corazón. Si las personas blancas, negras, rojas o amarillas fueran puros de corazón serían bienaventurados. Su sociedad sería bienaventurada. Y la impotencia del estado para abordar el colapso intrínseco de nuestra cultura sería reemplazado por el poder de la pureza.

La posición central de Dios y la importancia social

Ahora, el motivo por el que menciono la importancia social de la enseñanza de Jesús en la pureza de corazón no se debe a que esto sea a lo que se refiere la bienaventuranza. De hecho, esta bienaventuranza es empáticamente irrelevante si se mide por los estándares sociales contemporáneos. Bienaventurados los puros de corazón, dice Jesús, no porque harán que gobierno ahorre millones de dólares en ayudas AFDC (ayudas para las familias con hijos dependientes). Más bien, bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios.

El motivo por el que menciono el impacto social implícito en la enseñanza de Jesús es para que nuestras conciencias sociales puedan afirmar gustosamente la posición central de Dios en esta bienaventuranza. Mi propia convicción es que el problema fundamental en la sociedad y la cultura Norteamericana es que intentamos resolver los problemas humanos al mismo tiempo que descuidamos la posición central de Dios en la vida del alma.

Estamos tan bombardeados con tragedias humanas sobre pobreza, crimen, abuso, abandono, guerra y las múltiples injusticias que cometen los hombres contra otros hombres que estamos tentados a ponernos de acuerdo con el mundo respecto a que es inútil construir castillos en el aire para luego preocuparnos de si nuestra alma verá a Dios alguna vez. Pero esta es la mayor de todas las tragedias: al buscar el alivio a todas las miserias temporales del hombre dejamos de lado la posición central de Dios.

Pero Jesús viene a nosotros esta mañana y nos dice “Bienaventurados los puros de corazón”, no porque cambian la sociedad, sino porque verán a Dios. Ver a Dios es el verdadero objetivo de ser puros. Abandonar ese objetivo y la cultura humana hace caer en la ruina.

Tres preguntas

Preguntémonos brevemente:

  1. ¿Qué es ver a Dios?
  2. ¿Qué es ser puros de corazón? Y,
  3. ¿cómo se relacionan ambos aspectos?


1. ¿Qué es ver a Dios?

Mencionaré tres cosas.

Ser admitido ante Su presencia

En primer lugar, ver a Dios significa ser admitido ante Su presencia. Tras la plaga de la oscuridad sobre Egipto, el Faraón explotó ante Moisés con estas palabras:

“Aléjate de mí; guárdate de volver a ver mi rostro, ya que el día en que lo veas, morirás”. Moisés dijo: “Tú lo has dicho, no volveré a ver tu rostro”. (Éxodo 10:28-29)

Cuando un rey dice “Nunca volverás a ver mi rostro” quiere decir “Nunca volverás a ser admitido ante mi presencia”.

Del mismo modo, hoy llamamos al médico y decimos “¿Puedo ver al doctor Lundgren hoy?” No queremos decir “¿Puedo verlo desde la distancia?” o “¿Puedo ver una fotografía de él?”. Queremos decir “¿Puedo tener una cita con él?”.

Así pues, lo primero que significa ver a Dios es ser admitido ante su presencia.

Sentirnos sobrecogidos por Su gloria

En segundo lugar, ver a Dios supone sentirnos sobrecogidos por Su gloria, por una comprobación directa de Su santidad. Después de que Dios se enfrentara a Job en el ciclón, Job dijo: “Te conocía de oídas, pero ahora te conozco con mis propios ojos. Por eso me acuso a mí mismo y hago penitencia envuelto en polvo y cenizas".

Prácticamente toda nuestra visión espiritual en esta vida llega a nosotros a través de la palabra de Dios o el trabajo de Dios en la providencia. “Vemos” imágenes y reflejos de Su gloria. Oímos ecos y resonancias de Su voz.

Pero llegará el día en el que el propio Dios habite entre nosotros. Su gloria ya no será deducida por los relámpagos, montañas, mares embravecidos y constelaciones de estrellas. En lugar de eso, nuestro conocimiento de él será directo. Su gloria será la luz en la que nos movemos (Revelación 21:23) y la belleza de su santidad se saboreará directamente como la miel se saborea en la boca.

Así pues, ver a Dios no sólo significa ser admitidos ante Su presencia, sino sentirnos sobrecogidos por una comprobación directa de Su gloria.

Sentirnos confortados por Su gracia

Por último, ver a Dios significa sentirnos confortados por su gracia. Una y otra vez los salmistas lloraban ante Dios para que no apartara su rostro de ellos. Por ejemplo, en Salmo 27 (versículos 7-9) David dice:

Escucha, oh Dios, mi llanto, ¡ten misericordia de mí y respóndeme! …No escondas tu rostro de mí.

“No escondas tu rostro de mí” significa lo mismo que “Ten misericordia de mí” Esto significa que ver la cara de Dios se considera una experiencia dulce y reconfortante. Si Dios muestra su cara, recibimos ayuda. Si vuelve su cara, nos desalentamos.

Así, cuando Jesús promete la recompensa de “ver a Dios” hay al menos tres aspectos implicados: seremos admitidos ante Su presencia, no nos quedaremos únicamente en la sala de espera. Nos sentiremos sobrecogidos ante la comprobación directa de Su gloria. Y recibiremos ayuda y nos sentiremos reconfortados por su gracia.

Esto es lo que obtendremos, en parte ahora y por completo en la otra vida, si somos puros de corazón.

2. ¿Qué es ser puros de corazón?

Søren Kierkegaard escribió un libro titulado La pureza de corazón es querer una sola cosa. No es una mala definición, siempre que esa única cosa que queremos sea la gloria de Dios.

Según David

Dejadme que intente mostraros de donde viene esa definición en las Escrituras. Empezaremos con el Antiguo Testamento paralelo a esta bienaventuranza, Salmo 24:3-4.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente.

Podéis comprender a lo que David se refiere con un "corazón puro" en las frases posteriores a esta expresión. Un corazón puro es un corazón que no tiene nada que ver con la falsedad. Es cuidadosamente verdadero y está libre de engaños. El engaño es lo que haces cuando quieres dos cosas, no sólo una. Quieres hacer una cosa y quieres que los demás crean que estás haciendo otra. Quieres sentir una cosa y quieres que los demás crean que sientes otra. Esa es la impureza de corazón. La pureza de corazón es querer una cosa, es decir, “buscar la cara del Señor” (versículo 6).

Según Santiago

Podéis ver esta idea de pureza en Santiago 4:8.

Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros. Lavaos las manos, vosotros los pecadores, y purificar vuestros corazones, vosotros los hombres de doble ánimo.

Fijaos que, como en Salmo 24, hay una referencia tanto a las manos limpias y los corazones puros como a la preparación para acercarse a Dios o “subir a la Montaña” del señor”. Fijaos también en cómo se describe a los que necesitan purificar sus corazones: “hombres de doble ánimo”. Esto quiere decir que son hombres que quieren dos cosas, no una sola cosa.

La impureza de los que tienen doble ánimo se explica en Santiago 4:4.

¡Criaturas infieles (lit.adúlteras)! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es la enemistad con Dios? Por tanto, quien desea ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios.

Así, los hombres de doble ánimo del versículo 8 tienen su corazón divididos entre el mundo y Dios, como una mujer que tiene un marido y un novio. Por otro lado, la pureza de corazón es querer una cosa, y esto es una lealtad completa y total a Dios.

De la boca de Jesús

Así pues, si nos preguntamos “¿en qué parte de los Evangelios explica Jesús la pureza de corazón de este modo?”, la respuesta sería Mateo 22:37:

Amarás a tu señor Dios con todo tu corazón.

No con parte de tu corazón. No con un corazón doble o dividido. Eso sería impuro. La pureza de corazón no es engaño, no es un ánimo doble, no es una lealtad dividida.

(Nota: podéis ver el eco de este significado de la pureza de corazón en 1Timoteo 1:5: “El propósito de este mandamiento es el amor que nace de un corazón puro y una conciencia buena y sincera [i.e. fe no hipócrita]”).

La pureza de corazón es querer una cosa, y esta es la verdad de Dios y el valor de Dios en todo lo que hacemos. El objetivo del corazón puro es alinearse con la verdad de Dios y magnificar la palabra de Dios. Si queréis ser puros de corazón, buscad a Dios con un único ánimo absoluto. La pureza de corazón es querer esa única cosa.

Esto provoca una última pregunta:

3. ¿Cómo se relacionan ambos aspectos?

Jesús sólo nos da parte de la respuesta. Es una parte verdadera, pero sólo es una parte. Dice que los puros verán a Dios. Es decir, la pureza es un requisito para ver a Dios. A los impuros no se les concede ser admitidos ante su presencia ni se sobrecogerán por la gloria de su santidad, así como tampoco se sentirán reconfortados por su gracia.

La postura de Jesús es la misma que en Hebreos 12:14: “Luchar por la santidad, ya que sin ella nadie verá a Dios". En otras palabras, bienaventurados los santos, porque ellos verán a Dios. Hay una pureza real y una santidad real que nos lleva a ver al rey de la gloria.

Y por supuesto, esto lleva a todas las almas sensibles a aclamar las palabras de Proverbios 20:9: “¿Quién podrá decir: ‘Yo he limpiado mi corazón, estoy libre de pecado’?”. Y las de los discípulos: “¿Quién puede salvarse entonces?”.

La respuesta de Jesús vuelve como lo hizo con los discípulos en Mateo 19:26, y este es el resto de la respuesta: “Con los hombres es imposible, pero con Dios todo es posible”. En otras palabras, Dios crea una pureza para nosotros y en nosotros para que podamos buscar la pureza. Y por esta gracia debemos buscar ese don rezando con David: “Crea en mi un corazón limpio, oh Dios” (Salmo 51:10). Y debemos esperar que Dios “quien dio la vida por nosotros… para purificar a un pueblo para él” (Tito 3:14).

Y la respuesta de nuestros corazones al acto de la creación de Dios y al acto de sacrificio de Cristo es tener una fe resuelta en Jesucristo como Señor y Salvador. Como dicen las Escrituras en Hechos 15:9: Dios no hizo distinciones entre nosotros y ellos, pero purificó sus corazones mediante la fe”. Dios es quien purifica el corazón y el instrumento con el que lo limpia es la fe.

Por tanto, confiad en el Señor con TODO nuestro corazón (Proverbios 3:5). Quered esta única cosa. Y veréis a Dios.


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