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English: Good News, Everyone’s Invited

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Por Jonathan Parnell sobre Salvación

Traducción por Javier Matus


No todos creerán en el evangelio, pero todos deben ser invitados.

Sabemos por las Escrituras, y la experiencia, que no todos confiarán en Jesús y serán salvos. De hecho, muchos no lo harán. Muchos hoy en día sentados en iglesias en todo este país están fríos hacia Cristo, albergando corazones impenitentes, engañados para pensar que sus obras los llevarán al cielo. Y aún más no están en las iglesias. Rechazarán a Jesús; entonces, ¿por qué deberíamos invitarlos a confiar en Él?

¿Por qué debería llegar el evangelio a todos? Aquí hay tres razones.

1. No sabemos quién va a creer o no.

Esto se relaciona con las dos formas de la voluntad de Dios. Existe la “voluntad de mando” de Dios y Su “voluntad de decreto” —es decir, lo que Dios desea en general (Su voluntad publicada) y lo que Él efectúa en soberanía (Su resolución mayormente oculta).

Sabemos dos cosas: 1) que Dios desea que todas las personas se salven (1 Timoteo 2:4), y 2) que Dios tiene misericordia de quien quiere y endurece a quien quiere (Romanos 9:18).

La última verdad es un secreto para nosotros. No podemos mirar a alguien y saber si su corazón se endurecerá. De hecho, el evangelio —con su poder de derribar a Saulo de su caballo— exige que nunca presumamos saber eso. Dios desea que todos sean salvos, y eso es con lo que tratamos. J. I. Packer escribe: “Tenemos que ordenar nuestras vidas a la luz de Su Ley [Su voluntad de mando] y no a nuestras adivinanzas acerca de Su plan1 [Su voluntad de decreto]” (El evangelismo y la soberanía de Dios, 96).

Ofrecemos el evangelio universalmente porque, hasta donde podemos discernir, cada persona con las que nos encontramos puede creer. Dios sabe a quién atraerá (Juan 6:44). Jesús sabe quién escuchará Su voz (Juan 10:27). Nosotros no, así que solo predicamos.

2. Jesús realmente puede salvar a cualquiera.

La invitación a creer en el Evangelio, escribe Packer, “es el llamamiento de Dios a la humanidad para venir al Salvador y hallar vida1” (92). Y cualquiera que haga eso —quien venga al Salvador— encontrará la vida.

“Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13). Este versículo nos dice dos cosas sobre “todo aquel”. Primero, no es simplemente todo aquel, sino todo aquel que invocare. No todos serán salvos, pero todo aquel que invocare el nombre del Señor ciertamente será salvo. En segundo lugar, parte del “todo aquel que invocare” puede ser cualquiera. No importa cuán desordenada esté tu vida, o qué errores hayas cometido, o cuán triste veas tu mañana. Si tú —criminal empedernido, abortista celoso, adolescente imprudente— si tú invocas el nombre del Señor, serás salvo. No importa qué idioma hables, o qué color de piel tengas, o cuánto dinero haya en tu cuenta bancaria, si te vuelves de tus pecados y confías en Jesús, serás salvo.

Y, por lo tanto, como Jesús puede salvar a cualquiera, ofrecemos este mensaje a todos.

3. Todos pueden pagar lo gratis.

Este punto es otro ángulo del anterior. El enfoque ahí está en el “todo aquel” de la fe. El punto presente es la gratuidad de la gracia.

Si la gracia es gratuita, entonces es el mercado para todos los que no pueden pagar y nadie puede pagar. Cada ser humano encaja en esa descripción. Y, por lo tanto, debido a que todo ser humano posee el criterio del vacío, cada ser humano está en condiciones de escuchar el ofrecimiento de la gracia gratuita. Toda alma tiene sed, toda alma está en bancarrota, y así sucede con toda alma cuando Dios dice: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche” (Isaías 55:1).

La gracia, en este sentido, es el gran igualador. Es la única forma en que alguien puede reconciliarse con Dios. El niño que crece en la iglesia, alimentado por una madre ama de casa centrada en el evangelio y el adicto al crack en el centro de la ciudad —si van a pertenecer a Dios, sucederá de la misma manera: gracia, gracia, gracia.

Invitamos a todos

Estas tres razones explican por qué invitamos a todos a creer en el evangelio. Pero la raíz de estas razones está en lo que hizo Jesús. Ofrecemos esta noticia a todos por la certeza fundamental que cumplió Jesús. John Piper lo capta bien:

Por Su muerte y resurrección, Jesús ha actuado el amor discriminatorio, que elige definitivamente, regenerador, creador de la fe, que garantiza cada promesa y que es del nuevo pacto de Dios, y así ha comprado y asegurado irreversiblemente para Sus elegidos todo lo necesario para sacarlos de la muerte en el pecado a una vida eterna y glorificada y gozo en la presencia de Dios. (¿Dios desea que todos se salven? 54)

Porque no sabemos quién va a creer o no, porque Jesús puede salvar a cualquiera, porque todos pueden pagar lo gratis, hoy este evangelio va para todos.


1Traducción original de Glenn A. Martínez y revisión de Moisés Zapata.


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