Cómo hacerlo todo para la Gloria de Dios

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English: How to Do Everything to the Glory of God

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Por Jon Bloom sobre Santificación y Crecimiento

Traducción por Yudith Madrazo


Explica estos versículos en tus propias palabras: “Si pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. Si alguien ahora mismo viniera a ti y te preguntara ¿cómo es que funciona 1 Corintios 10:31 –con relación a la comida, la bebida, todo-, qué le responderías? ¿Sabes realmente lo que Pablo quiso decir?

Este versículo resulta tan familiar que fácilmente podemos asumir que lo entendemos, aun cuando no sea así. El significado del versículo en sí mismo parece obvio: glorifica a Dios en todo lo que hagas. Por su puesto, eso es verdad en última instancia. Pero, ¿qué quiere decir Pablo específicamente cuando escribe glorificar a Dios y qué quiere decir cuando escribe todo?

Si nuestra principal idea sobre este versículo es que agradezcamos a Dios por la sabrosa pizza que comemos, no hemos comprendido a Pablo- aunque ciertamente a él le gustaría que agradeciéramos a Dios por esa pizza (1 de Corintios 10:30). Pablo tiene algo específico en mente- algo muy relevante para nosotros. Cuando miramos al versículo en su contexto más amplio, vemos que el mandamiento de Pablo de hacerlo todo para la gloria de Dios se refiere a los ídolos culturales, la consciencia cristiana y a cómo vivimos delante de los incrédulos.

Contenido

Una Nueva y Maravillosa Libertad

Pablo comienza a hablar del tema en el capítulo 8. Allí descubrimos que la comida era uno de los principales aspectos de la libertad cristiana en la iglesia de Corinto- específicamente, “lo sacrificado a los ídolos” (1 Corintios 8:1). Todos los cristianos corintios (excepto quizás los judíos) habrían tenido experiencia en la adoración a los ídolos paganos. Al convertirse en cristianos, ellos renunciaron a esos ídolos y a todas las formas de adoración asociada a ellos.

El problema era que la adoración a los ídolos estaba entrelazada en el propio tejido de la vida social, cívica y comercial de los corintios- estaba expandida culturalmente. Los templos de los ídolos constituían centros sociales y podían funcionar como restaurantes públicos (1 Corintios 8:10). Y muchas de las carnes que se vendían en los mercados y se servían en las casas habían sido ofrecidas en rituales a los ídolos (1Corintios 10:25,27). Eso significaba que comer carne podría interpretarse como un acto de idolatría, una traición a la creencia cristiana (1Corintios 8:10).

Sin embargo, algunos cristianos corintios maravillosamente iban descubriendo que “un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios” (1Corintios 8:4). Puesto que los ídolos no eran cosas reales, ellos comprendían que la carne sacrificada a los ídolos era carne sacrificada a nada (1Corintios 10:19-20). Por lo tanto, comer de lo sacrificado a los ídolos no podía ser idolatría si quienes comían sabían que los ídolos no eran reales. ¡Ellos tenían libertad para comer esta carne con la conciencia tranquila! Pablo estaba de acuerdo con ellos (1Corintios 10:26, 29).

El Poder Destructor de la Libertad

Sin embargo, Pablo no estaba de acuerdo en la manera en que algunos de ellos ejercitaban esta nueva libertad cristiana. En efecto, algunos corintios habían dado mayor valor al disfrute de esta libertad que al bienestar espiritual de otras almas. En primer lugar, no todos los corintios cristianos “poseían este conocimiento” (1Corintios 8:7). Algunos de ellos, quizás los nuevos convertidos o aquellos que por determinada razón tenían una conciencia más débil, todavía sentían que comer de lo sacrificado a los ídolos era una forma de adoración idólatra. Para ellos, comer carne sacrificada era negar a Cristo.

En segundo lugar, otros, quienes incluso podían haber creído que los ídolos no eran nada, enfrentaban la tentación a un tipo diferente de idolatría al comer tales carnes. Probablemente, muchos corintios convertidos pagaron un alto precio al hacerse cristianos. Renunciar a las falsas religiones paganas significaba renunciar a costumbres sociales, tradiciones familiares y grupos de amigos. Si dudas, algunos perdieron el empleo. Imagínate que algunos pudieron sentirse tentados a al menos aparentar respeto a la religión predominante a fin de evitar la pérdida del empleo y el estatus social, así como la desaprobación familiar.

En tercer lugar, estaba el asunto del testimonio del evangelio entre los incrédulos que vigilaban a los cristianos. ¿Qué pensarían los paganos de los cristianos que deliberadamente comían de lo sacrificado a los ídolos? Probablemente darían por sentado que los cristianos veneraban a los ídolos de la misma manera que ellos y, por lo tanto, no había una verdadera razón para prestar atención a la extraña predicación de los cristianos. ¿Y qué pensaría Jesús de este comportamiento? Que los cristianos eran paganos y que el cristianismo era diabólico.

Así que Pablo con vehemencia les recordaba a los corintios que el disfrute de carne sacrificada ponía mucho más en riesgo. Si los cristianos cuya consciencia les daba la libertad de comer lo sacrificado a los ídolos no eran lo suficientemente cuidadosos, el ejercicio de su libertad podía destruir la fe de otro cristiano (1Corintios 8:9-11) o perjudicar la reputación de Jesús entre los incrédulos (1Corintios 10: 27-29)

La Verdadera Libertad Cristina

Es por eso que Pablo dijo, “Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano” (1 Corintios 8: 13) y entonces prosiguió a describir a lo largo del capítulo 9 las muchas maneras en las que él voluntariamente se abstenía de hacer cosas que tenía la libertad de disfrutar como cristiano –por no decir como apóstol- tales como varios tipos de comida y bebida, el matrimonio y un salario a tiempo completo por sus ministerio (1 Corintios 8: 4-7).

Todo el objetivo de la vida de Pablo era ganar para el evangelio a tantas personas como fuera posible (1 Corintios 9: 22-23), así que buscaba quitar al evangelio todos los obstáculos posibles (1Corintios 9:12). Para Pablo, esto era la libertad cristiana: “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número” (1 Corintios 9:19). Por lo que cuando Pablo escuchó que los cristianos corintios discutían acerca de si tenían la libertad o no de comer de lo sacrificado a los ídolos, les dijo, en esencia, que no estaban entendiendo el punto:

“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10:23–24).

Para Pablo esto era la verdadera libertad cristiana: hacer todo lo que fuere necesario por el bien del prójimo por amor a Jesús.

Haced Todo Para la Gloria de Dios

Esto era lo que Pablo tenía en mente cuando escribió: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Glorificamos a Dios cuando, por amor a Él, dejamos nuestros derechos, libertades, para comer, beber o cualquier otra cosa a fin de hacer aquello que es mejor para los otros, tanto para el “provecho y gozo (de su) fe” (Filipenses 1:25), como para que sean salvados (1 Corintios 9:22). La propia oración siguiente de Pablo dice, “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios” (1 Corintios 10:32).

Volvamos ahora a nuestra pizza sabrosa. Ciertamente Dios es glorificado cuando de todo corazón disfrutamos de la plenitud de la tierra que Él creó para nuestro deleite (1 Corintios 10:26). Pablo fue un gran defensor de nuestra libertad frente a la falsa y legalista abstinencia de alimentos o cualquier otra cosa (1 Timoteo 4:1-3 ). Él afirmó claramente: “Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios” (1 Corintios 8:8). Y “Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado (1 Timoteo 4:4–5). Así que Pablo no se ofendería si aplicáramos 1 Corintios 10:31 a saborear nuestra piza- teniendo en cuenta que no hayamos perdido de vista la más excelente manera de glorificar a Dios: el amor sacrificado.

Y este tipo de amor sacrificado todavía se necesita, quizás de manera especial, cuando se trata de libertades cristianas. Porque también nosotros tenemos nuestros ídolos culturales, nuestros santos débiles de conciencia y nuestros incrédulos vigilantes. Por tanto, en “todo lo que hagas”, no uses tu libertad para simplemente perseguir aquello que consideras lícito disfrutar, sino usa tu libertad para buscar el mayor bien espiritual para tu prójimo. Como cristiano, estás libre de toda restricción: las restricciones externas de la falsa religión y la interna de tu egoísmo. Tienes la libertad de gozar de todo lo que Dios ha provisto, y la libertad de abstenerte por amor. Haz todo para la gloria de Dios.


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