Cómo la proximidad determina la responsabilidad

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Por Scott Hubbard sobre Santificación y Crecimiento

Traducción por Pilar Sanchez Drouilly

A lo largo de la historia humana, era relativamente sencillo decidir a qué dedicar la atención del día.

Imagina que eres Adán caminando en el Edén. Te levantas con los sonidos y vistas del jardín: un ciprés inclinado acá, un petirrojo cantando allá. Te diriges a Eva, tu esposa, ayudante y reflejo. Piensas en el trabajo diario de cuidar el huerto y, en las zonas que hay por descubrir y dominar. Sientes gratitud a Dios en el cual vives, te mueves y te encuentras. Sin teléfono que revisar, sin noticias que leer, sin estado que actualizar, sin correo electrónico que responder.

Ahora imagina que eres un típico hombre moderno y tecnológico, despertando en nuestro mundo de comunicación masiva. Al igual que Adán, te encuentras sujeto a un tiempo y lugar determinados, con tus prójimos y tierra que cultivar. Sin embargo, a diferencia de Adán, tu mundo está expuesto a una mayor cantidad de gente, con un centenar de preocupaciones que compiten por tu atención.

Nuestra antropología no ha cambiado desde el Edén, sin embargo, la tecnología ha cambiado mucho. Entonces, de todas las opciones disponibles, ¿Cuál llamará tu atención?

Cercanía y Responsabilidad

Por supuesto que el tema de hacia dónde dirigir nuestra atención no es nuevo. Incluso antes de poder hablar de un continente a otro o ver televisión las 24 horas, los humanos hemos lidiado con la mejor manera de distribuir nuestro tiempo y atención. Y repetidamente, los Cristianos han articulado un principio muy simple extraido de las Escrituras: la cercanía aumenta la responsabilidad.

En el libro "Leyendo los Tiempos" , Jeffrey Bilbro cita a Agustín: “Todos debemos ser amados por igual. Pero no se puede hacer el bien a todas las personas por igual, por lo que hay que pensar especialmente en aquellas que, como por sorteo, resultan ser especialmente cercanas a ti en cuanto a lugar, tiempo o cualquier otra circunstancia" (31). Del mismo modo, John Calvin señala que, dado que la ambición humana "anhela abarcar varias cosas a la vez", cada persona tiene destinos concretos "que le han sido asignados por el Señor como una especie de puesto fijo para que no deambule despreocupadamente a lo largo de la vida" (Institutos 3.10.6).

Sin embargo, antes de Agustín o Calvin, los apóstoles distinguían grados de responsabilidad en nuestras diferentes relaciones. Como un piedrecilla en un estanque, cada uno de nosotros también estamos rodeados por entornos circulares. En los círculos más cercanos está nuestro núcleo familiar y nuestro centro espiritual (Timoteo 1 5:8; Acts 2:45), seguidos por nuestros vecinos y la familia cristiana (Gálatas 6:10; 2 Corintios 8-9). Más allá están nuestros vecinos no Cristianos.

El principio admite excepciones pero debemos cuidarnos de ser como el abogado que pretendía redefinir al "prójimo" dentro de los límites adecuados a lo superficial (Lucas 10:29). "La proximidad aumenta la responsabilidad" no justifica la falta de sensibilidad ante las miserias lejanas, por ejemplo. Pero nos advierte que no debemos fijar nuestra mirada en viñas lejanas mientras los zorros devoran las nuestras (Proverbios 17:24; Cantar de los Cantares 2:15).

Entre los miles de millones de personas que hay en el mundo, unas pocas están "especialmente cerca de ti" y merecen tu atención y pensamientos, más que las que están lejos.

¿Quién necesita tu atención?

Una pregunta nos puede ayudar a aclarar este principio: ¿Quién necesita tu atención?

Muchas de las personas y preocupaciones a las que prestamos atención no la "necesitan", como demuestra el hecho de que nunca sabrán que la tienen. Celebridades y estrellas deportivas no necesitan nuestra atención. Dictadores extranjeros no necesitan nuestra atención. La mayoría de nuestros amigos en redes sociales no necesitan nuestra atención. Aunque a veces decidamos darles nuestra atención, pero si lo hacemos o no, es probable que no lo sepan, ni les importe.

Mientras tanto, podemos dejar de lado a los que "sí" necesitan nuestra atención, a las personas que realmente estarían peor sin nuestra atención y preocupación: nuestros cónyuges e hijos, miembros de la iglesia y vecinos, amigos y compañeros de trabajo. Quitar nuestra atención de Twitter pasará desapercibido; quitar nuestra atención de nuestros hijos, no. Nuestros cercanos "necesitan" nuestra atención, más que los lejanos.

Y para la típica persona ocupada, lo más probable es que nuestras relaciones más cercanas necesiten no sólo "algo" de nuestra atención (los minutos que nos sobran del día), sino "todo" lo que podamos dar. Pocas mueres prosperan con un marido poco atento. Pocos niños se sienten valorados por un padre poco atento. Pocos grupos prosperan con miembros poco comprometidos. Y pocos trabajos tienen éxito bajo un guía negligente. Sea cual sea el tipo de realación, cuidar bien a los que están cerca de nosotros exige que enfoquemos nuestra preocupación y, que nos neguemos a dar ese enfoque hacia otra dirección.

Tres Prácticas para Acercamiento

Si vivimos dentro de nuestros límites, dando prioridad a lo cercano sobre lo lejano, puede que tengamos que vivir algunas pérdidas. Pero si priorizamos lo lejano sobre lo cercano, nuestros cercanos nos necesitarán. ¿Cómo entonces, podemos enfocarnos hacia los nuestros? Piensa en tres áreas de la vida en las que podríamos practicar el principio de proximidad.

Oración: De cerca a lejos

Si queremos recordar nuestras principales responsabilidades cada día, no podemos hacer nada mejor que recordarlas ante Dios cada mañana. Antes de encender tu teléfono, y volar a círculos lejanos, piensa en tus preocupaciones más cercanas y queridas y, ponlas ante tu Padre.

Richard Lovelace escribe en su libro Dinámica de la vida espiritual,

Si todos los miembros de la iglesia en la cristiandad occidental intercedieran diariamente por las preocupaciones espirituales más obvias en sus hogares, sus lugares de trabajo, sus iglesias locales, sus países y el mundo y la misión total del organismo de Cristo, el resultado sería una transformación incalculable. (160)</blockquote>

Nótese que el hecho de rezar en círculos pequeños no nos impide interceder por cuestiones nacionales o mundiales. La práctica sólo garantiza que empecemos donde estamos, que pasemos tiempo en casa antes de viajar al extranjero.

La transformación producto de tal práctica puede ser realmente incalculable - no sólo en las respuestas a las que llegarían, sino en la formación del corazón y la mente. Tu atención y afectos irán hacia donde enfoques tus oraciones

Tiempo: Presupuestando nuestros días

Al hacer un presupuesto, muchos se asombran de descubrir en qué gastan su dinero cada mes. ¿Cómo gastaron $50 en café, o $150 en ropa? Al reorganizar sus dólares, pueden descubrir que tienen más dinero del que pensaban, sólo que se gastaba en cosas equivocadas.

Sin duda, muchos de nosotros descubriríamos algo parecido si prestáramos más atención a dónde va nuestro tiempo. ¿Qué o quién tiene más de nuestro tiempo del que merece? ¿Quién o qué merece más de nuestro tiempo, pero tiene poco? Al organizar nuestras horas, también podemos descubrir que tenemos más tiempo del que creemos: sólo lo estamos usando en los lugares equivocados.

¿Y si tomamos tiempo del que gastamos leyendo noticias, en rezar por nuestro entorno? ¿Qué pasaría si, cuando sintiéramos la necesidad de revisar el correo electrónico, enviáramos un mensaje de texto a un amigo de confianza? ¿Qué pasaría si, cambiáramos postear algo en redes sociales por escribir una nota a un vecino?

De cualquier manera, considera dar tu tiempo de la misma manera que Dios te llama a dar tu dinero (Proverbios 3:9): lo primero y lo mejor va a tus círculos más cercanos; todo lo que queda se convierte en tiempo disponible.

Noticias: Historia sin Titulares

Si hubiera querido, el apóstol Pablo seguramente podría haber llenado sus cartas con noticias del imperio. Podría haber dado opiniones sobre la actualidad o haber mencionado la última polémica en Éfeso. En cambio, dedica la mayor parte de su tiempo a hablar de las necesidades y relaciones locales: quiere que la iglesia de Colosas sea realmente la iglesia de Colosas (Colosenses 1:2). Y cuando menciona las noticias, se centra en acontecimientos que rara vez se mencionan en las altas esferas: el avance del Evangelio a través de sus labores misioneras. Como le dice a los colosenses, "Tíquico os contará todo sobre "mis actividades"" (4:7).

Los grandes eventos de la historia rara vez crean los titulares. Porque lo principal que ocurre en el mundo no es el ascenso y la caída de las naciones, ni la elección de los presidentes, ni el cambio climático, ni las hazañas del hombre en el espacio. La principal historia en el mundo es cómo Jesús está construyendo su iglesia, y cómo las puertas del infierno están cayendo ante ella (Mateo 16:18).

Damos esta noticia en nuestros círculos cercanos, al llevar la gracia y la buena noticia de Jesús a nuestras familias, amigos, vecinos y lugares de trabajo. Y esta noticia en los círculos más lejanos de las iglesias cercanas, unidas a nosotros por la misma sangre. Así que, ¿por qué no organizar nuestras noticias diarias en ese sentido?

Círculos de Vida

Ya no vivimos en un mundo simple como el Edén. Adán no tuvo más remedio que dedicarse a su entorno; nosotros podemos rodearnos (al menos digitalmente) de casi todo lo que queramos.

Pero seguimos caminando por el mundo como hijos de Adán, limitados como nuestro primer padre. Somos criaturas limitadas, atadas a un lugar y a un tiempo, con menos atención, energía y emoción de lo que a veces queremos admitir. No podemos estar en todos lados siempre; ni siquiera podemos estar en dos lugares al mismo tiempo. Y los que lo intentan, a menudo acaban por no estar en ninguna parte.

La vida alejada puede parecer deseable, un escape de la monotonía del momento presente. Pero en los comienzos, Dios pronunció una bendición sobre estos cuerpos limitados (Génesis 1:28, 31), y en la encarnación consagró la delimitación con su aprobación eterna (Colosenses 2:9). Y así también podemos descubrir que los círculos que Dios nos da son puertas a la vida: la vida feliz y humana para la que nos hizo.


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