Dios creció en un pueblo olvidado

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English: God Grew Up in a Forgotten Town

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Por David Mathis sobre La Gloria de Dios

Traducción por Javier Matus


El Antiguo Testamento nunca mencionó a Nazaret.

Piensa en todas las genealogías y relatos históricos, y lo que parece, al menos para nosotros hoy, como una inusual atención a la tierra, la geografía y el sitio. Tantos nombres propios —y ni una sola mención de un asentamiento rústico escondido en una región conocida por su oscuridad.

Nazaret era una ciudad olvidada y descelebrada, lejos de los caminos trillados, incluso para Galilea. Cuando el cándido Natanael le preguntó a un amigo acerca de Jesús, expresó el sentimiento común de los judíos en el primer siglo (Juan 1:46): ¿De Nazaret puede salir algo de bueno?

Sin embargo, aquí, en esta ciudad adormecida, la historia de Su padre y Su madre comenzó y volvió. Eran nazarenos. Y era solo una cuestión de tiempo antes de que fuera el apodo que Sus enemigos, y los demonios, además, usarían para ensombrecer Su credibilidad.

“Jesús de Nazaret”.

Contenido

Treinta años en la oscuridad

Sus padres llegaron a Belén como viajeros del censo. Él nació en la noble Belén, pero no es aquí donde se quedarían. María y José regresaron a su ciudad natal (Mateo 2:23). Y después de que llevaron a su hijo a Jerusalén para dedicarle, “volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret” (Lucas 2:39).

Así también, después de Su memorable visita al templo a los doce años, Lucas nos dice que Jesús “descendió de Jerusalén” con Sus padres. E hizo precisamente eso. Abandonar Jerusalén era “descender”, no solo geográficamente sino también socialmente. Y, sin embargo, como un vistazo al patrón de autovaciamiento de Su encarnación, el Hijo de Dios “descendió con ellos, y volvió a Nazaret” (Lucas 2:51).

Fuera de las referencias del Nuevo Testamento, sabemos muy poco, si es que hay algo confiable, sobre la antigua Nazaret —porque era muy oscura. Las figuras eminentes del primer siglo no la conocían o hablaron mucho al respecto, al menos no en publicaciones lo suficientemente prominentes como para ser preservadas.

Aun así, en el sabio plan de Dios para Su Hijo para avergonzar el mundo, parte de Su vida de humildad y sumisión a Sus padres era abandonar el animado templo de la gran ciudad, el nexo mismo de la actividad y la emoción de la nación, y “descender” a la pequeña ciudad de Nazaret, para vivir treinta años en la oscuridad. Aquí permanecería hasta el arresto de Juan el Bautista (Mateo 4:13). Y Nazaret no solo significaba una vida más apartada, rural, incluso remota, que “arriba” en Jerusalén, sino que “Nazareno” sería un estigma que Él llevaría el resto de Su vida.

¿De Nazaret puede salir algo de bueno?

“Ellos volvieron a Nazaret”

Entre los judíos, la reputación de Nazaret ya era bastante mala, pero fuera de Israel, la ciudad ni siquiera era conocida. Es por eso que cada uno de los escritores de los Evangelios tuvo que explicar qué era Nazaret —un pueblo de Galilea— cuando la mencionaron por primera vez (Mateo 2:23; Marcos 1:9; Lucas 1:26).

Hoy cantamos sobre la pequeña ciudad de Belén, pero Belén, humilde en comparación con Jerusalén, tenía un nombre que empequeñecía a Nazaret. Belén era una ciudad con una historia y, en ese sentido, era “la ciudad de David”. ¿Nazaret? ¿De Nazaret puede salir algo de bueno?

Durante Su vida terrenal, por lo que sabemos, Jesús nunca se identificó como “Jesús de Nazaret”. Pocas veces Sus seguidores Lo llamaron así (Juan 1:45). Por lo general, eran las multitudes no familiarizadas con Él (Mateo 21:11; 26:71; Marcos 10:47; Lucas 18:37). O Sus enemigos: los demonios (Marcos 1:24; Lucas 4:34), los falsos testigos (Hechos 6:14) y los soldados que vinieron con el traidor a arrestarlo (Juan 18:5, 7). Y mientras muchos Lo despreciaron por Su ciudad natal, aun Sus compañeros nazarenos pronto Lo rechazaron, Lo expulsaron de la ciudad y amenazaron con arrojarlo por el precipicio (Lucas 4:28-30).

Dondequiera que encontremos Su nombre en los labios de los enemigos que quieren darle un giro despectivo, espera que Lo llamen “Jesús de Nazaret”. Y si el comentario de Natanael y el veneno de los demonios y detractores no fue suficiente, Pilato inscribió en el instrumento de Su tortura: “Jesús nazareno, Rey de los judíos” (Juan 19:19). Se humilló a Sí Mismo hasta el punto de la muerte, incluso la muerte en una cruz, aun como un nazareno.

La gloria de Nazaret

Pero la historia de Nazaret no terminó en deshonra. Su Padre consideró adecuado no solo redimir a una raza caída, sino también un apodo deshonrado, cuando levantó al Nazareno de entre los muertos. Ahora, el Cristo resucitado ciertamente es “Jesús de Nazaret” —no en vergüenza sino en una gloria sin igual.

Primero vino del ángel en la tumba: “No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí” (Marcos 16:6). Durante más de tres décadas, “Nazareno” había sido una prueba previa con sabor amargo de Su crucifixión venidera. Ahora las cosas han cambiado. Ahora sabe a dulce gloria.

Poco tiempo después, Pedro tuvo el paladar transformado por el Espíritu, y el eslogan se convirtió en un elemento fijo en su ministerio. El Señor crucificado y resucitado del universo no era nadie más que “Jesús de Nazaret” (Hechos 2:22). Pedro sanó a un hombre cojo “en el nombre de Jesús de Nazaret” (Hechos 3:6) y declaró el Nombre a todos los que escucharían (Hechos 4:10). Incluso en Cesarea vino a predicar a los gentiles la unción de Dios sobre “Jesús de Nazaret” (Hechos 10:38).

Luego vino la revelación a Pablo de Tarso, quien admitiría: “Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret” (Hechos 26:9). Aquí incluso el mismo Jesús —en el único registro que tenemos de Él autoidentificándose personalmente con Nazaret— tomó el recién honorífico título cuando apareció en el camino de Damasco. “Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues” (Hechos 22:8).

Dios creció en Nazaret

Dios mismo creció en un pueblo olvidado de Galilea. Descendió de Jerusalén, y Se humilló a Sí Mismo, y descendió a la tumba, y luego llevó a Nazaret con Él en Su triunfo. ¿Y cuántos de nosotros hoy, en la inmadurez adolescente, abrigamos una especie de leve desprecio por nuestros Nazarets, imaginando en nuestra arrogancia desenfrenada, que hemos ascendido a alturas superiores a nuestros modestos orígenes? Pero, oh, ¿qué podría estar haciendo Dios en nuestros Nazarets, y cómo podría estar redimiendo los días y las décadas que nos parecen un desperdicio?

Qué notable que nuestro Señor, siendo completamente Dios y hombre perfecto, no Se fue a la gran ciudad en la primera oportunidad que tuvo, ni insistió en vivir donde estaba toda la acción. Más bien, dio casi la totalidad de Su vida y Su ministerio público, no aferrándose a Jerusalén, sino humillándose en Galilea —en una ciudad desamparada por los hombres llamada Nazaret.

La respuesta a la pregunta de Natanael es un enfático sí. Y no solo bueno, sino lo mejor. Y como nuestro Dios ama producir Sus mejores cosas en los lugares que menos esperamos, tal vez no deberíamos estar tan sorprendidos cuando Él convierte los lugares olvidados en nuestras historias en Sus canales elegidos de nuestro mayor bien.


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