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English: Future Grace

© Desiring God

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Por John Piper sobre La Gracia de Dios
Una parte de la serie Taste & See

Traducción por Javier Matus


La gratitud es una emoción gozosa para la adoración, pero un motivo peligroso para la obediencia. Se nos ordena muy claramente estar agradecidos. “Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones … y sed agradecidos” (Colosenses 3:15). “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:18). ¿Cómo no estar agradecidos cuando le debemos todo a Dios?

Pero cuando se trata de obediencia, la gratitud es un motivo peligroso. Tiende a ser expresada en términos de deudor. Por ejemplo, “Mira lo mucho que Dios ha hecho por ti. ¿No deberías, por gratitud, hacer mucho por Él?” O: “Le debes a Dios todo lo que eres y tienes. ¿Qué has hecho por Él a cambio?”.

Tengo por lo menos tres problemas con este tipo de motivación. Primero, es imposible pagarle a Dios toda la gracia que nos ha dado. Ni siquiera podemos comenzar a pagarle, porque Romanos 11:35-36 dice: “¿Quién le dio a Él primero, para que le fuese recompensado? [Respuesta: nadie] Porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos”. No podemos pagarle porque ya posee todo lo que tenemos para darle.

En segundo lugar, aún si lográramos pagarle toda Su gracia hacia nosotros, sólo lograríamos transformar la gracia en una transacción comercial. Si podemos pagarle, no fue gracia. Si alguien trata de mostrarte un favor especial de amor al invitarte a cenar, y terminas la noche diciendo que le pagarás la invitación la semana que viene, anulas su gracia y la conviertes en un intercambio. A Dios no le gusta que Su gracia sea anulada. Le gusta que la glorifiquen (Efesios 1:6, 12, 14).

En tercer lugar, el centrarse en la gratitud como motivo para la obediencia tiende a pasar por alto la importancia crucial de la gracia futura. La gratitud recuerda la gracia recibida en el pasado y se siente agradecida. La fe espera la gracia prometida en el futuro y se siente esperanzada. “La fe es la certeza de lo que se espera” (Hebreos 11:1).

Esta fe en la gracia futura es el motivo para la obediencia que preserva la calidad gratuita de la obediencia humana. La obediencia no consiste en pagarle a Dios y convertir la gracia en una transacción. La obediencia viene de confiar en Dios por más gracia —gracia futura— y así magnificar los recursos infinitos del amor y el poder de Dios. La fe mira a la promesa: “Yo estaré contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9), y se aventura, en obediencia, a tomar la tierra.

El papel bíblico de la gracia pasada —especialmente la cruz— es garantizar la certeza de la gracia futura: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros (gracia pasada), ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas (gracia futura)?” (Romanos 8:32). Pero el confiar en la gracia futura es el motivo y la fuerza de nuestra obediencia. Cuanto más confiamos en la gracia futura, más damos a Dios la oportunidad en nuestras vidas de mostrar la gloria de Su gracia inagotable. Así que toma una promesa de gracia futura y has un acto radical de obediencia sobre ella. Dios será honrado poderosamente.

Avanzando hacia la gracia futura,

El Pastor John


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