Gracia para nuestra pena

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English: Grace for Our Grieving

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Por Paul Tripp sobre Ministerio Pastoral

Traducción por Analuz Pozzo Abalos


Luego Samuel fue a Ramatha, y Saúl fue a su casa en Gabaa. Y Samuel no vió más a Saúl hasta el día de su muerte, aunque lloraba por Saúl. Y el SEÑOR se arrepintió de haber constituido a Saúl rey de Israel.

El SEÑOR dijo a Samuel: “¿Cuánto tiempo llorarás por Saúl porque lo rechacé para que sea rey de Israel? Llena tu cuerna con aceite y ven. Te enviaré a Isaí de Bethlehem, porque de sus hijos me he provisto de un rey.”(1 Sam. 15:34-16:1)

Para cualquier persona en ministerio, este es un momento interesante e informativo en la vida de Samuel. Samuel fue profeta en Israel. Claramente amaba a Saúl. Claramente deseaba que Saúl fuera un rey piadoso, pero Saúl era todo menos eso. Ahora, Dios le dio la espalda a Saúl y alejó el reino de él. Fue un momento devastador para Samuel y para todo Israel. Samuel estaba invadido por la tristeza. En un momento Dios le dice a Samuel: “El tiempo de tristeza ha terminado. Mi plan está en marcha. Es hora de que seas parte de algo nuevo que estoy haciendo.”

Ministerio, este lado de la eternidad, estará marcado por momentos de tristeza como el de Samuel. Quizás será la muerte de una visión, la necesidad de disciplinar a un líder leal e influyente, el conocimiento de alguien tramando algo contra su autoridad dada por Dios, su división pecaminosa entre líderes, una congregación resistente, o un catálogo de otras dificultades que pueden obstruir y desviar el ministerio de un pastor y de su congregación.

A continuación se detallan algunas observaciones espirituales prácticas que surgen de este pasaje.

1. Dios se apena. Es importante recordar que el Dios al que le sirves es un Dios que se apena. No es estoico y sin pasión. Esto está muy claro en 1 Samuel 15:35. El arrepentimiento en este pasaje no se trata de un Dios que desea poder retractarse en cuanto a su decisión (ver 15:29). No, se trata de una tristeza en cuanto a las consecuencias tristes de las decisiones del corazón de Saúl. Lo apropiado de tu tristeza y la de Samuel en estos momentos tiene sus raíces en la tristeza sagrada de Dios.

2. Deberías apenarte. ¿Qué clase de profeta sería Samuel si no mirara esta situación con gran pena? La rebeldía incrédula, orgullosa, egoísta y descontrolada de Saúl era la pesadilla de este profeta. Pastores, hay momentos en el ministerio de la iglesia local en que no sólo es correcto apenarse, es su llamado a apenarse. Como representante de Dios, debes describir fielmente el corazón de Dios en estos momentos tristes. No debes mostrar una actitud indiferente. No debes estar feliz. No debes tomar la postura orgullosa de decir “Yo te lo advertí”. Tu ministerio debería caracterizarse por los momentos de duelo en la cara de los perjuicios que el pecado continúa provocando.

3. Tu pena siempre revela tu corazón. En su pena, Samuel casi perdió su camino. Quizás la cautela era la disputa en su corazón entre su amor por Saúl, su pena por el fallecimiento de Saúl y su lealtad al trabajo que Dios le encomendó. Así que, Dios dice: “Tu pena ha sido suficiente, ahora levántate y obedece mi voluntad”. La duración y el alcance de tu pena siempre revela cuán importante es para ti. La magnitud de tu pena siempre describe a qué has aferrado tu esperanza. La naturaleza de tu pena deja ver a qué has aferrado tu bienestar interior.

4. Algunas penas empiezan a cuestionar a Dios. Porque la pena te desafía hasta el punto de los valores más profundos de tu corazón, puede tentarte a cuestionar la bondad de Dios. El peligro de la pena en tu ministerio es que ella puede tentarte a dudar de aquel cuya pena representas. En estos momentos tristes debemos estar atentos ante la transformación del duelo de un “Estoy tan triste que…” a un enojo “¿Por qué Dios hiciste…?”. El peligro es que no puedes representar bien a alguien con quien estas enojado y que no buscas ayuda en la persona de la que dudas.

5. Tu pena debería motivarte, no paralizarte. Cuando la pena hace que quieras abandonar, sabes que no estás apenado de una forma bíblica. Los momentos de pena espiritual deberían motivarte porque son recordatorios fuertes y claros del importante trabajo que Dios te ha encomendado. Mientras el pecado continúe, estos momentos de pena mancharán las vidas de la gente de Dios. Sólo cuando la gracia poderosa de Dios derrote finalmente al pecado nuestras vidas estarán libres de pena. Hasta ese momento, la pena nos llama a proclamar la gracia que por sí sola tiene el poder de derrotar las cosas por las que nos apenamos.

6. Existe la gracia para tu pena. Todos necesitamos recordar que nunca estamos solos en nuestras penas. Porque Dios es un Dios con una gran misericordia y gracia, llora con y por su gente. Siempre te brinda la gracia que necesitas para que hagas lo que te pide en los lugares en que te indica. Es el Dios del consuelo que nos reconforta en nuestro sufrimiento para que podamos traer su consuelo a otros.

Así que apénate, representa el corazón de Dios en esa pena, cuida a tu corazón de los peligros de la pena y, recuerda la gracia empoderadora que hace todas estas cosas posibles.



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