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English: The Great Invitation: Call Others Too!

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Por John Piper sobre El Evangelio
Una parte de la serie The Great Invitation: A Sermon Series on Isaiah 55

Traducción por Paula García-Jones


Isaías 55:1-3

Contenido

La Increíble Promesa que se Extiende hoy a Vosotros

La semana pasada, vimos cómo Dios invita a las personas sedientas, frustradas y a aquellos que están en bancarrota a acercarse a él para recibir el agua, la leche y el vino.

Y el Señor afirma que estas bebidas vivificantes son gratuitas. Pueden ser compradas pero no por nosotros. No existe precio alguno que podríamos llegar a pagar por ellas. El Capítulo 53 explica claramente que otra Persona debió llevar nuestras enfermedades y cargar con nuestros dolores y pagar el precio por nuestro perdón y nuestra vida. Eso es lo que Jesús, el Mesías, hizo por todos aquellos que confían en él. Hoy el agua y la leche y el vino de la gracia de Dios son gratuitos para todos aquellos que se alejen del pecado y busquen la satisfacción en su comunión con Dios.

El versículo 3 nos habla de la realidad detrás de las imágenes del agua, la leche y el vino: un pacto eterno que Dios establece con todos aquellos que se acercan a él para satisfacer sus necesidades.

Inclinad vuestro oído y venid a mí,
escuchad y vivirá vuestra alma;
y haré con vosotros un pacto eterno,
conforme a las fieles misericordias mostradas a David.

Luego en el último verso del versículo 3, el pacto que Dios promete forjar con todos aquellos que se acerquen a él es descrito como las fieles misericordias mostradas a David. Dicho de otro modo, Dios promete compartir el amor que tiene hacia David con cualquier persona que se acerque a él para satisfacer sus necesidades.

Una Visión del Significado de la Promesa para Vosotros

Se trata pues de una promesa increíble que se extiende a vosotros hoy día. Podemos obtener una idea acerca del significado que esta promesa podría tener en el Salmo 89. Este salmo fue escrito en su totalidad para afirmar el pacto que Dios hizo con David (2 Samuel 7) y para rogar a Dios que lo aplique a todas las personas en su desgracia.

Salmo 89:3–4; 27–29

Tú has dicho: “Yo he hecho un pacto con mi escogido, he jurado a David mi siervo: ‘Estableceré tu descendencia para siempre, y edificaré tu trono por todas las generaciones.’” Yo también lo haré mi primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre conservaré mi misericordia hacia él, y mi pacto le será confirmado. Así estableceré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos.

David Estaba Muerto cuando el Salmo fue Escrito

La razón por la cual este salmo es tan significativo para nosotros es que David había muerto mucho antes de que el salmo fuese escrito y la intención del salmista es reivindicar el amor del pacto de Dios para las generaciones posteriores. Prestad atención al versículo 49:

¿Dónde están, Señor, tus misericordias de antes,
que en tu fidelidad juraste a David?

Así, lo que hace este salmista es lo que vosotros podríais hacer hoy día si os acercarais a Dios para obtener la satisfacción de su perdón y su fraternidad. Podríais decir: “O Señor, prometiste a David un trono de triunfo por sobre sus adversarios que durará para siempre. Prometiste ser su Pastor, otorgarle verdes prados y aguas de reposo, llevarlo por el camino de la rectitud y protegerlo en el valle sombrío de la muerte. Prometiste seguirlo con bondad y misericordia todos los días de su vida. Y ahora, o Señor, en Isaías 55:3 me prometiste que si me acerco a ti, y busco mi satisfacción en tu presencia, me harás parte del pacto con David. Y yo creo que así será. Vengo a ti. Muéstrame ahora tus fieles misericordias mostradas a David.”

¿Ha cumplido Dios con su Pacto?

Pero vosotros podríais preguntar, tal como lo hizo el salmista: ¿Ha cumplido Dios con su pacto? ¿Es cierto que el trono de David ha de durar para siempre? Y el ángel aparece ante la Virgen María y da su respuesta en Lucas 1:31-33.

Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. (ver Isaías 9:6-7).

Así, el pacto establecido con David se cumple en Jesucristo, el hijo de David que fue resucitado de entre los muertos y ocupa hoy un trono eterno hasta que el mundo se someta ante él.

Entonces la increíble promesa que Dios extiende a vosotros hoy día en el versículo 3 es que si escucháis su voz y os acercáis a él, él hará un pacto con vosotros tan certero, inquebrantable y colmado de eterna esperanza al igual que el pacto que trajo a su Hijo a la tierra y lo resucitó de entre los muertos para luego ocupar por siempre un lugar a la diestra de su Majestad en las Alturas.

Si estáis buscando algo sólido en vuestras vidas, algo que nunca cambia y que nunca podrá desilusionaros, algo que os hará felices y que satisfará vuestras almas para siempre, Dios os ofrece en este versículo (3) el amor inquebrantable y el compromiso irrompible que siente hacia su propio Hijo. Cuando creéis en este amor y en este compromiso, las raíces de vuestras vidas se plantan alrededor de las piedras de la gracia de Dios y os convertís en un árbol sólido y fuerte capaz de enfrentar las ráfagas de las condenas y engaños de Satanás.

La Pregunta Crucial que Enfrentan los Cristianos y las Iglesias

Es aquí, en este punto, en donde los cristianos y las iglesias se enfrentan a una pregunta sumamente importante: ¿aceptaremos este increíble privilegio del amor del pacto de Dios y nos sentaremos a tomar nuestra agua, nuestra leche y nuestro vino o seguiremos leyendo los versículos 4 y 5 para comprender realmente el nuevo pacto que Dios hace con nosotros? ¿Estaremos conformes con el pacto que Dios ha hecho con nosotros para darnos vida eterna? ¿O estaremos disconformes hasta tanto no haya establecido un pacto de vida con discípulos de todas las naciones y pueblos del mundo entero?

Hay miles de creyentes que profesan su fe y miles de iglesias cristianas que ni siquiera se hacen esta pregunta acerca de las misiones mundiales. ¿Seréis vosotros como ellos al decir: “Pues es todo lo que puedo hacer para mantenerme a flote en mi lugar” o seguiréis leyendo los versículos 4 y 5 para descubrir que las misiones no son un pesado furgón de cola detrás del vagón de las bendiciones de Dios sino que son una parte fundamental de las misericordias del pacto de Dios HACIA VOSOTROS?

Estoy seguro de que cuando en 30 o 40 años me siente a reflexionar acerca de los capítulos de la misericordia de Dios en mi propia vida, uno de los capítulos más emocionantes será aquel que dio inicio en noviembre de 1983 cuando prediqué mi primer sermón sobre las misiones denominado: “Misiones: El Grito de Guerra del Hedonismo Cristiano.” Cuando pienso en las perspectivas de esperanza y júbilo que han penetrado mi vida en los últimos cinco años con una tendencia cada vez mayor hacia las misiones mundiales, me dan ganas de volver al sermón del último domingo y decir que el vino de Dios (el regocijo de la vida espiritual) no es otra cosa más que el don de la visión misionera y de la esperanza y la participación.

Los Propósitos Misioneros de Dios

Observemos los versículos 4 y 5 y veamos algunos de los propósitos misioneros estimulantes de Dios. Yo veo dos propósitos expresos de Dios y dos maneras de lograr dichos propósitos.

1. Llamar a Naciones no Conocidas

El primer propósito de Dios es el siguiente: EL PROPÓSITO DE DIOS ES LLAMAR A NACIONES DESCONOCIDAS.

Versículo 5: “He aquí, llamarás a una nación que no conocías”

Dios podía ver mucho más allá de lo que los hombres podían ver hace dos mil setecientos años. Podía ver tribus y pueblos en el Norte de Europa, en China, en África y en Sudamérica. Y su propósito para el mundo no se vería limitado por la ignorancia de su propio pueblo: “Llamarás a una nación que no conocías.”

Y lo que seguramente dejará boquiabiertos a todos los cristianos de fines del siglo XX es que la realización de este propósito está a nuestro alcance. Por primera vez en la historia de las misiones cristianas, los pueblos desconocidos (¡no lugares sino pueblos!) son el centro de interés, de estudio y de los crecientes esfuerzos misioneros. Los llamamos “pueblos escondidos” o “pueblos remotos” o “pueblos no alcanzados”. Y hoy por hoy, existe un enorme impulso a nivel global por conocer lo desconocido.

Lo que vemos que está ocurriendo en todas partes a nuestro alrededor es el cumplimiento de Isaías 55:5: pueblos desconocidos que están siendo identificados y llamados. Este es el propósito de Dios: que las naciones desconocidas sean llamadas al banquete de la salvación.

2. Que Vengan a Él los Pueblos Desconocidos

El segundo propósito de Dios que observamos en este texto es este: EL PROPÓSITO DE DIOS ES QUE LOS PUEBLOS DESCONOCIDOS VENGAN A ÉL.

Versículo 5: He aquí, llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía, correrá a ti

El propósito de Dios no se refiere solamente a las misiones mundiales sino al ÉXITO de las misiones mundiales. Las naciones responderán. Correrán a ti. Observen el versículo 11 y vean cómo se afirma lo anterior enérgicamente.

Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo y logrado el propósito para el cual la envié.

El propósito misionero de Dios triunfará.

Esos son los dos propósitos de Dios que aparecen en este texto:

  1. que los pueblos desconocidos sean llamados al banquete de la salvación y
  2. que dichos pueblos vengan al banquete.

De qué manera piensa Dios lograr sus propósitos

Existen tres respuestas a esta pregunta en el texto:

1. Jesús los Traerá al Banquete

La primer respuesta aparece en el versículo 4:

He aquí, lo he puesto por testigo a los pueblos, por guía y jefe de las naciones.

¿A quién se refiere?

Es posible que se refiera simplemente a la vida del rey David 300 años atrás. El fue un testigo con sus maravillosos poemas y un gran líder y soberano como rey de Israel.

Pero si existe una conexión cercana entre los versículos 4 y 5, me da la impresión de que el versículo 4 se referiría a una labor futura de testimonio, liderazgo y autoridad y no a una del pasado. Lo que une a los versículos 4 y 5 son las referencias a los pueblos y naciones y el tema del pasaje es que el objetivo de Dios es el de llamarlos para que vengan a él. Por eso creo que lo más probable es que ambos versos se concentran en el futuro y en lo que Dios desea hacer por los pueblos del mundo que no lo conocen.

Por eso entiendo que el versículo 4 se refiere no solamente a la obra del rey David en el pasado sino también al Hijo de David en el futuro; es decir, al Mesías sobre el cual profetizaba Isaías en 9:6-7

El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia desde entonces y para siempre.

Entonces la primera respuesta a la pregunta sobre cómo Dios piensa lograr sus propósitos para las naciones es que ha nombrado a David (al Nuevo David, Jesucristo, el Hijo de David) para que de su testimonio ante los pueblos y para que sea líder y soberano de los mismos.

Jesús dijo en Juan 18:37: “Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad.” Y en Apocalipsis 1:5 Juan dice: “de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano [ la misma palabra que en la Septuaginta de Isaías 55:4] de los reyes de la tierra.”

Jesús es la respuesta de Dios a la pregunta acerca de cómo serán incluidas las naciones en la salvación. Habla como testigo y reina como líder y soberano. Por eso, la respuesta es que la palabra y el poder de Jesús traerá a las naciones al banquete de salvación.

¿Pero de qué manera? ¿Qué lugar tenemos nosotros en el propósito de Dios de reunir a todas las naciones? Esta es la segunda respuesta a la pregunta sobre la manera en que Dios cumplirá con sus propósitos y se encuentra en el versículo 5.

2. Nosotros seremos enviados a Llamarlos

Aquellos de nosotros que hemos acudido al agua, la leche y el vino de las promesas de Dios seremos los enviados a llamar a las naciones:

He aquí, llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía, correrá a ti

El testimonio de Jesús (versículo 4) es oído en la llamada de la iglesia (versículo 5). Y el poder de Jesús (versículo 4) se demuestra en la respuesta de las naciones que corren a la salvación de Dios (versículo 5). Así, está claro que la intención de Dios es la de atraer a las naciones mediante el testimonio y poder de Jesús pero no sin vosotros y yo como aquellos que realicemos el llamado. “El que a vosotros escucha, a mí me escucha!” (Lucas 10:16).

Esto significa, en términos prácticos, que nosotros aquí en el templo de Bethlehem deberíamos dedicarnos a descubrir quiénes son los pueblos ocultos que no han sido aún llamados y concentrar todo el poder de nuestras oraciones y esfuerzos para llamarlos. Nada ha ocurrido en los últimos dos mil setecientos años para modificar el propósito de Dios en este aspecto. Lo que ha ocurrido es que Dios ha clarificado aún más este punto en la Gran Comisión del Nuevo Testamento. Nos encontramos en un lugar increíble en la historia misionera ya que la iglesia está involucrándose en este desafío más que nunca. No se queden afuera.

3. Invitaremos y Haremos una Propuesta Atrayente

Hay una última respuesta a la pregunta sobre el modo en que Dios reunirá a los pueblos para que acudan a su banquete. La respuesta se encuentra en la segunda parte del versículo 5:

…y una nación que no te conocía, correrá a ti a causa del SEÑOR tu Dios, el Santo de Israel; porque El te ha glorificado.

En esencia, esto se refiere a que la iglesia no solamente invitará a las naciones sino que proveerá un ambiente atrayente. El impulso misionero de la iglesia será más exitoso cuando la gloria de Dios se manifieste en la vida cotidiana de la iglesia. Cuando permitimos que nuestra luz brille y cuando la gente ve nuestras buenas obras, glorificarán a nuestro Padre que está en el cielo.

Y así el círculo se cierra armoniosamente entre las misiones remotas y los ministerios domésticos, entre el evangelismo y la protección, entre el testimonio y el culto, entre la anunciación y la curación, entre las trincheras y los hospitales espirituales. La competencia no tiene cabida. El embellecimiento del cuerpo de Cristo es una invitación que se extiende a un mundo fracturado.

Resumen

En resumen, lo que el Señor nos dice hoy día es lo siguiente:

Es mi deseo que los pueblos desconocidos de todo el mundo sean llamados al banquete de salvación. Y deseo que cuando sean llamados, vengan corriendo. Lo conseguiré enviando a mi iglesia a que los llamen al banquete y embelleciendo a la iglesia con santidad y gracia. Y he nombrado al Hijo de David como testigo y líder de los pueblos: él avanzará con su palabra y su poder y su palabra no regresará vacía sino que logrará aquello que le he encomendado. Unirnos a él en esta obra magnífica no es un furgón de carga pesado detrás del vagón de la bendición. Si un vagón está colmado de agua para dar vida y si otro está colmado de leche para dar alimento, este vagón está colmado de vino: la razón más estimulante que existe para vivir.




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