La fe en Jesús: sus barreras y bendiciones

De Libros y Sermones Bíblicos

Revisión a fecha de 19:55 20 ago 2018; Pcain (Discusión | contribuciones)
(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar anavegación, buscar

Recursos Relacionados
Leer más Por John Piper
Indice de Autores
Leer más sobre Fe
Indice de Temas
Recurso de la Semana
Cada semana enviamos un nuevo recurso bíblico de autores como John Piper, R.C. Sproul, Mark Dever, y Charles Spurgeon. Inscríbete aquí—es gratis. RSS.

Sobre esta Traducción
English: Belief in Jesus: Its Barriers and Blessings

© Desiring God

Compartir esto
Nuestra Misión
Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, un ministerio que existe en internet para poner a disponibilidad de todas las naciones, sin costo alguno, libros y artículos centrados en el evangelio traducidos a diferentes idiomas.

Lea más (English).
Como Puedes Ayudar
Si tú puedes hablar Inglés bien, puedes ofrecerte de voluntario en traducir

Lea más (English).

Por John Piper sobre Fe
Una parte de la serie The Gospel of John

Traducción por Desiring God


Pero aunque había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en El, para que se cumpliera la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? Por eso no podían creer, porque Isaías dijo también: "El ha cegado sus ojos y endurecido su corazón, para que no vean con los ojos y entiendan con el corazón, y se conviertan y yo los sane". Esto dijo Isaías porque vio su gloria, y habló de El.

Sin embargo, muchos, aun de los gobernantes, creyeron en El, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios. 44

Jesús exclamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado. Y el que me ve, ve al que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, ésa lo juzgará en el día final. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna; por eso lo que hablo, lo hablo tal como el Padre me lo ha dicho.

El texto de hoy es Juan 12:37-50. Y tiene algo de triste en sí, las partes más dolorosas del Evangelio de Juan. Vamos a enfocarnos, principalmente, en esa parte triste. Y aquí hay un vínculo con la navidad y con la niñez de Jesús. Recuerde que cuando Jesús aun tenía 6 semanas (cuarenta días), sus padres le llevaron al templo, para dedicarlo a Dios como el primogénito. Y había un anciano piadoso llamado Simeón, a quien el Señor le había dicho que vería el Mesías antes de morir. Él vio al bebé Jesús, y lo último que Simeón dijo a María cuando bendijo a Jesús fue:

He aquí, este niño ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción (y una espada traspasará aun tu propia alma) a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. (Lucas 2:34–35)

En otras palabras, todo no será felicidad. La verdad será revelada en muchos corazones. Jesús enfrentará oposición. Muchos se levantarán en su contra. Y muchos caerán. Y una espada traspasará el corazón de María. Muchos caerán por causa de Jesús. Eso es lo que vemos en el texto de hoy.

Contenido

Por qué se dicen cosas tristes

Pero asegúrese de conocer y aceptar esta verdad: Jesús y Juan no nos dicen cosas tristes para dejarnos tristes. Nos dicen cosas tristes, para alegrarnos al final.

Lo sabemos, porque en Juan 15:11, Jesús dijo que habló sus palabras para que nuestro gozo fuera perfecto. Y Juan dice, en Juan 20:31, que escribió su libro para que pudiéramos tener vida eterna. Y tanto las palabras de Jesús como las historias de Juan, ambas tienen declaraciones oscuras y tristes en ellas. Así que sabemos que esas declaraciones oscuras, tristes son para nuestro gozo y para nuestra vida.

Un contexto extraño

La parte más triste de este texto está en los versículos 37-43. Tiene que ver con la incredulidad de Israel y con la sentencia enceguecedora de Dios sobre ellos. En su momento llegaremos a este punto, pero primero miremos, brevemente, la última parte del texto en los versículos 44-50.

Pudiera ser útil darnos cuenta de que con el final del capítulo, aquí en el versículo 50, termina el ministerio público de Jesús. A partir del capítulo 13, Jesús habla solo a sus discípulos en la última noche de su vida, y luego viene su muerte y resurrección. Por tanto, piense en estos últimos versículos de Juan 12 como lo último que Jesús dice en su ministerio público de tres años. Hay algo extraño en la forma en que Juan expone estos versículos finales. Recuerde que en Juan 12:36, Jesús hablaba a las multitudes sobre ser la luz: "Creed en la luz, para que seais hijos de luz" Y luego dice, al final del versículo 36, "Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos".

El epílogo que Jesús hace sobre sí mismo

No sabemos a dónde fue, o por cuánto tiempo. Juan, el escritor del Evangelio, es quien se encarga de todas las palabras que aparecen entre los versículos 36 y 44. Jesús está oculto. Entonces, sin descripción o contexto alguno, Juan dice en el versículo 44: "Jesús exclamó y dijo. . .". ¿Cuándo dijo esto? ¿Dónde lo dijo? ¿A quiénes se lo dice? Juan no lo dice. Ahora, ¿por qué Juan lo expresa así?

Creo que es, simplemente, porque este es el epílogo de de tres años de ministerio. Estas palabras no tienen el propósito de estar enlazadas con un momento, o un lugar, o una audiencia. Tienen el propósito de ser leídas como una declaración resumen de su ministerio. Estas son las últimas cosas que dice antes de alejarse de su ministerio público a la privacidad de la última cena.

Por tanto, leámoslas, y veamos qué nos dice.

Lo que Jesús dice

Versículo 44: "Jesús exclamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado. Y el que me ve, ve al que me ha enviado". Desde el principio hasta el final, Jesús ha estado reclamando que Él y el Padre son Uno (Juan 10:30). El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14:9). Esto es importante para este Evangelio y para nuestra fe cristiana. Si usted no tiene a Jesús como Salvador, entonces no tiene a Dios como su Padre. "Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre". (1ra de Juan 2:23). Lo que usted hace con Jesús es la demostración más clara de lo que hace con Dios.

Versículo 46: "Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas". Esta es Su última mención pública de Sí mismo como luz del mundo, pero esa declaración ha estado presente desde el comienzo del Evangelio. Juan 1:5: "Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron". Todo el que recibe a Jesús va de las tinieblas de ignorancia a la luz, a la luz de la verdad y comunión con Dios.

Un énfasis en las palabras de Jesús

Y ahora, en los últimos tres versículos, el énfasis cae sobre las palabras de Jesús, el mandamiento de Jesús, y el resultado de salvación y vida eterna para los que escuchan y aceptan esas palabras como la ventana hacia la luz de Jesús. Versículos 47-50:

Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, ésa lo juzgará en el día final. Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna; por eso lo que hablo, lo hablo tal como el Padre me lo ha dicho.

Conocemos a Jesús, y conocemos al Padre, y somos salvos, y tenemos vida eterna mediante las palabras de Jesús, porque son las mismas palabras de Dios, y ellas tienen un poder único, divino, para traer a Jesús al alma humana. "Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida" (Juan 6:63). "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Juan 6:68). Versículo 48: "El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra"

Y con esto termina su ministerio público. Y durante dos mil años hemos tenido exactamente lo que necesitamos: las palabras de Jesús; la Palabra de Dios. Así es como le conocemos. Así es como le recibimos. Así es como tenemos comunión con él. La Palabra. Oh, preciosa Palabra. Oh, precioso Cristo.

La parte triste: El fracaso de Israel

Ahora veamos los versículos 37-43, la parte triste del texto, y la que, al final, está destinada a alegrarnos.

Esto es lo que creo que Juan está haciendo. Al llegar a su fin el ministerio de Jesús, Juan se siente obligado, bajo la inspiración de Dios, no solo a resumir el ministerio positivo de Jesús, también se siente obligado a resumir el fracaso de Israel en recibir a su Mesías.

Recuerde las palabras de Simeón en Lucas 2:34: "Este niño ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción". Y recuerde las palabras de Juan en el primer capítulo. "A lo suyo vino, y los suyos no lo recibieron". El ministerio de Jesús comienza con ese anuncio, y ahora, su ministerio público, termina con una explicación, en Juan 12:27-43.

El plan de gozo para el mundo

Esto es lo que Juan está haciendo: Con el capítulo 13, todo se enfoca en las últimas horas de la vida de Jesús, y su muerte y resurrección. Y lo que necesitamos ver ahora es que este final catastrófico y glorioso de la mejor vida jamás vivida, se debió a la incredulidad del pueblo de Jesús (Romanos 11:30-31). Jesús fue crucificado por venir a lo suyo, y los suyos no le recibieron.

Pero también necesitamos recordar que esto no fue una historia accidental. Jesús vino al mundo para morir en lugar de los pecadores (Marcos 10:45). Fue al morir que se volvió el Salvador del mundo, mi Salvador y el de ustedes. La incredulidad de Israel, el rechazo a Jesús por su propio pueblo, fue el camino que Dios planeó para Él, de modo que pudiera morir en nuestro lugar y hiciera posible la salvación para todo el mundo.

Así que usted puede ver hacia dónde vamos: Este triste texto, este triste registro de la incredulidad de Israel, está diseñado por Juan, y por Dios, para traer una alegría eterna al mundo. El propósito de la incredulidad de Israel es el gozo del mundo. Y es el propósito de Dios. El plan de Dios.

Hagamos unas pocas observaciones y luego terminemos con algunas conclusiones a modo de resumen.

Dios planeó la incredulidad

Observe que Dios planeó que muchos en Israel, fueran incrédulos y rechazaran a Jesús. Versículos 37-40:

Pero aunque había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en El, para [primer indicador de que la incredulidad fue planeada] que se cumpliera la palabra del profeta Isaías [citando Isaías 53:1], que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? Por eso [segundo indicador de que la incredulidad fue planeada] no podían creer, porque [tercer indicador de que la incredulidad fue planeada] Isaías dijo también: El ha cegado sus ojos y endurecido su corazón, para que no [cuarto indicador de que su incredulidad fue planeada] vean con los ojos y entiendan con el corazón, y se conviertan y yo los sane.

Así que esto queda claro: Dios planeó la incredulidad de muchos en Israel.

Israel es culpable de su incredulidad

Una segunda observación es que el plan de Dios para la incredulidad y ceguera y dureza de Israel no elimina o contradice su responsabilidad personal, o su culpa, o la censurabilidad de esta incredulidad. Jesús dijo en Juan 3:18: "El que cree en El no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. La incredulidad de Israel es una incredulidad culpable. Nuestra incredulidad es una incredulidad culpable. La responsabilidad del hombre para creer en Jesús, por un lado, y la soberanía de Dios sobre quien cree en Jesús, por otro lado, son ambas verdaderas, sea que las entendamos o no.

Cómo fue cegado Israel

Una tercera observación es que Juan, al citar al profeta Isaías, nos deja entrever cómo actúa Dios. Juan pudo citar a Isaías y decir simplemente: La incredulidad de Israel fue planeada por Dios y su dureza y ceguera se deben a Su decisión soberana. Pero citó dos textos diferentes de Isaías. ¿Por qué lo haría así?

En Juan 12:38, cita Isaías 53:1. Y en Juan 12:40, cita Isaías 6:10. Vea por qué es importante. Isaías 53 es una descripción, quizás usted lo recuerde, del siervo sufriente, que ahora sabemos que es Jesús. Y los dos versículos que siguen al que Juan citó dicen: "Creció delante de El como renuevo tierno, como raíz de tierra seca; no tiene aspecto hermoso ni majestad para que le miremos, ni apariencia para que le deseemos. Fue despreciado y desechado de los hombres (Isaías 53:2-3).

Así que la idea es que Isaías profetizó que este siervo sufriente sería rechazado. Israel no creería en Él, y es por eso que Juan dice en 12:38: "¿Quién ha creído a nuestro anuncio?" ¿Por qué no creyeron? Porque él no tenía aspecto hermoso o majestad que pudiéramos mirar. Como hombre, simplemente no era del material con que están hechos el mesías. No era el tipo de mesías que ellos querían.

Entonces, en Juan 12:40, cita a Isaías 6:10 que describe lo que pasaría cuando Isaías predicara la visión que vio de la gloria de Dios en 6:1-3: "vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime. . . Por encima de El había serafines. . . . Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria.

Y Dios le dijo a Isaías, que cuando predicara a este Dios grande y glorioso, el pueblo no creería. Estarían, de hecho, ciegos y endurecidos. ¿Por qué? Porque no querían escuchar de una majestad y gloria y poder y santidad semejantes.

Por Humildad y Majestad

Entonces, ¿cómo estaba Dios cegando y endureciendo en estos dos pasajes? En uno enviaba a un humilde siervo (un hombre) sin majestad ni belleza, ni aspecto hermoso, sin ser alguien deseable, sabiendo que sería despreciado y rechazado. En el otro pasaje (Isaías 6), Dios estaba revelando su gloria en gran esplendor y majestad y santidad, sabiendo que no la querrían y serían endurecidos y ahuyentados por ella.

En otras palabras, parece que la forma en que Dios planeó cegar y endurecer a muchos en Israel fue enviándoles un Mesías que sabía que tendrían que rechazar. Ellos no querían esta humildad ni sus pretensiones de deidad gloriosa. Pero éso es lo que tendrían, y Dios sabía el efecto que ello tendría, y le envió de todas formas, y así les cegó con la debilidad humana y con la gloria divina de Jesús.

No es lo que ellos querían

Y para darle una confirmación de esto, vea los versículos 42-43:

Sin embargo, muchos, aun de los gobernantes, creyeron en El, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios.

Ahora, no sé si esta fe de las autoridades era auténtica. Hemos visto fe auténtica en este Evangelio (2:23; 7:1-5). Lo que sí sé es que esa fe, en el mejor de los casos, era defectuosa. Y la falta es descrita en la forma en que confirma lo que Isaías vio en Isaías 53 e Isaías 6. La falta en su fe, o como lo dice Juan 5:44, la barrera a la fe, es el versículo 43: "Porque amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios". Jesús dice, en Juan 5:44: "¿Cómo podéis creer, cuando recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?".

Esta es la raíz de la incredulidad de Israel. Ellos amaban la gloria de los hombres. No amaban la gloria de Dios. Ahora, póngalo todo junto con el versículo 41. "Esto dijo Isaías porque vio su gloria, y habló de El”. Juan está diciendo que cuando Isaías escribió del siervo humilde, débil, despreciado, sufriente, y cuando Isaías escribió de la majestad y santidad de la gloria de Dios, estaba describiendo la gloria de Jesús.

Pero Israel amaba la gloria del hombre, y este hombre en Isaías 53, no era glorioso según los patrones que ellos tenían. E Israel no amó la gloria de Dios, y este Dios en Isaías era infinitamente glorioso. Por tanto, cuando Jesús vino como Mesías sufriente, no era lo que ellos querían. Y cuando reclama ser uno con el mismo Dios de Isaías 6, no es lo que ellos quieren. Y por eso no creen en él. Le rechazan. Dios lo sabía. Dios lo planeó. Dios les dio lo que necesitaban en realidad, y ellos no lo quisieron, y de esa forma cegó sus ojos y endureció sus corazones.

Tres conclusiones para nuestro gozo

Lo que nos lleva a estas tres conclusiones que cambian las noticias tristes en noticias de gozo.

1. Dios es soberano sobre toda fe e incredulidad. Él sabe exactamente cómo planearlas en modo que exalten su soberanía y preserven la responsabilidad del hombre. Y, por tanto, Él nunca es frustrado en sus planes debido a la incredulidad de alguien. Ni nunca es incapacitado para salvar a los suyos (Juan 10:16; 6:37).

2. La raíz de la incredulidad señala hacia la gloria de Jesucristo. Él es el resplandor de la gloria de Dios, pero es manso y humilde. La raíz de la incredulidad es amar la gloria del hombre (el hombre como centro del mundo, es amar la alabanza de los hombres), y no la gloria de Dios (Dios como centro y ser supremo en el universo). Y éso es exactamente lo contrario. Cuando amamos la gloria de Dios por encima de la gloria del hombre, no rechazamos a Jesús, sino que creemos en Él.

3. El texto de este mensaje, y toda la historia del ministerio público de Jesús, nos llevan hacia la cruz donde Él morirá. Él era la gloria de Isaías 6. Él era el siervo poco atractivo y sufriente en Isaías 53. Y por tanto (por estas dos causas), Él fue rechazado por los hombres, y destinado para la cruz, y para la salvación del mundo. Esto es lo que Dios planeó en la incredulidad de Israel.

Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos. Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados. (Isaías 53:3-5)

Esta es la razón por la que todo fue planeado. Para nuestra paz, nuestra sanidad, nuestro perdón mediante un Mesías glorioso y despreciado, si amamos la gloria de Dios y vivimos por fe en Jesús.


Vota esta traducción

Puntúa utilizando las estrellas