Nuestros ojos son una parábola sobre la fe

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English: Our Eyes Are a Parable About Faith

© Desiring God

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Por Jon Bloom sobre Fe

Traducción por Javier Matus

Hace tiempo, en la clase de anatomía, aprendimos que, debido a la forma de las lentes en nuestros ojos, cada vez que miramos algo, la imagen que vemos es puesta al revés antes de que toque nuestra retina. Esta imagen luego se traduce en impulsos neuronales y se transmite a lo largo de millones de fibras del nervio óptico a nuestros cerebros.

Esto significa que nuestros cerebros reciben una imagen del mundo puesta de cabeza. Pero con un diseño tan brillante, nuestros cerebros muy pronto y muy rápidamente se dan cuenta de que las imágenes al revés no son la manera en que las cosas realmente son y aprenden la capacidad de interpretarlas de forma real.

Este es un fenómeno fascinante que creo que contiene una parábola.

No creemos lo que vemos

¿Por qué este extraño diseño óptico?

Las explicaciones de los materialistas darwinianos, además de estar en el punto extremo e increíble de lo improbable, son estrechas y huecas. Ven el ojo como la creación colaborativa del caos ciego y la selección natural sin consciencia. Y creen que el propósito evolutivo primario del ojo es asegurarnos las calorías y la cópula para que nuestros genes sin consciencia puedan sobrevivir. El ojo es el resultado de cero-imaginación más las improbabilidades matemáticas inconcebibles más la máxima falta de sentido. Esta es una fórmula explicativa seriamente inadecuada para la maravillosa belleza del ojo en el espectador del ojo.

No, Dios creó el ojo (Proverbios 20:12). Y esto nos abre un amplio mundo de asombro visual. Él podría tener innumerables propósitos, más allá de los pragmáticos, para diseñar nuestras lentes para invertir la imagen.

Y creo que un propósito es humillar nuestra tendencia escépticamente orgullosa de afirmar que ver es creer. Nuestro descubrimiento de la forma en que funciona el ojo muestra que esta afirmación aparentemente de sentido común se basa en suposiciones erróneas sobre este órgano sensorial común.

La verdad es que nuestros cerebros en realidad no creen exactamente lo que nuestros ojos informan haber visto. Nuestros ojos ven las cosas de cabeza de como realmente son. Entonces, nuestros cerebros se ven obligados a extraer la realidad de otras formas de discernir y luego hacer las correcciones necesarias a las imágenes que los ojos les envían.

En otras palabras, en un sentido, todos andamos por fe, no por vista (2 Corintios 5:7). Nuestros cerebros han aprendido que la realidad es realmente la cara invertida de la forma en que la ven inicialmente, por lo que deben confiar en otras fuentes de revelación para tener la idea verdadera de lo que es real.

Sin fe es imposible ver correctamente

Y esto proporciona una parábola de cómo la fe nos ayuda a ver.

Con frecuencia, lo que creemos que vemos es una forma inversa o distorsionada de cómo son las cosas en realidad. La sabiduría está reconociendo la verdad de este fenómeno y la fe está poniendo nuestra confianza en la revelación más allá de nuestras percepciones para hacer los ajustes necesarios y ver las cosas en la posición correcta. La fe es una forma de ver con precisión.

Por supuesto, eso solo es cierto si la revelación en la que confiamos es cierta. Y la verdad en la que estamos diseñados para confiar es la palabra revelada de nuestro Creador. Nuestro Creador se ha dado a conocer en la persona de Jesucristo (Colosenses 1:16). Él es la encarnación misma de la verdad que ilumina a todos (Juan 14:6, Juan 1:9). Quien cree en Su palabra anda en la luz y ve bien (Juan 12:46, 1 Juan 1:7).

Cómo Jesús gira nuestro mundo a la posición correcta

Y este siempre ha sido el caso. Cristo creó a los humanos para ser criaturas que anden por fe. Andar por fe no es el resultado de la caída (aunque nuestra dificultad de andar por fe después de la caída es un resultado triste). Confiar en la palabra de Cristo siempre debió ser nuestra principal fuente de revelación de la realidad, y nuestros sentidos siempre debieron ser complementarios y secundarios.

Cuando Adán y Eva sucumbieron ante el engaño de la serpiente en el jardín, transfirieron su confianza de la revelación de la realidad de la Palabra de Dios a la palabra de la serpiente. Y cuando eso sucedió, alteró trágicamente lo que vieron. Ellos vieron “que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría” (Génesis 3:6). De repente vieron la promesa del árbol desde una perspectiva inversa. La serpiente había puesto de cabeza la promesa de Dios.

Cuando Adán y Eva dejaron de recurrir a la palabra revelada de Dios para ayudarlos a discernir lo que era real, dejaron de ver correctamente y todo les salió mal. Y cada vez que pecamos, ocurre la misma inversión maldita.

Por lo tanto, nuestro Creador se convirtió en un hombre para llevar la maldición que exigía Su justicia y restaurar nuestra capacidad de ver correctamente. Eso significa que nos da el don de la gracia de la fe en Su revelación de la realidad para que, una vez más, dejemos que Su Palabra gobierne nuestras percepciones para ver en la posición correcta, incluso mientras vivimos en un mundo que ve al revés. Y cada vez que nos arrepentimos ocurre la misma restauración bendecida.

Así que escucha la parábola del ojo: no podemos simplemente creer lo que vemos. Nuestras percepciones no son nuestra fuente principal de verdad; nunca fueron diseñadas para serlo. Requieren la ayuda de otra fuente para que podamos comprender con precisión lo que es verdaderamente real.

Permíteles siempre a las promesas de Dios que informen e instruyan tus percepciones (Proverbios 3:5). Si lo haces, conocerás una paz que sobrepasa el entendimiento (Filipenses 4:7). Pero cada vez que tu confianza se transfiere de las promesas de Dios a tus percepciones, te encontrarás perdiendo tu control de la realidad e intentando buscar una paz ilusoria en tu comprensión. Tal paz es un espejismo.


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