Por qué necesitamos pastores con grandes corazones

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English: Why We Need Pastors with Big Hearts

© Desiring God

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Por John Knight sobre Ministerio Pastoral

Traducción por Juan Marcos García Aranzábal


"Hay cosas que no podemos conocer sin pasar por el sufrimiento". Así dice John Piper en el prólogo de "Cómo seguir siendo cristiano en el seminario".

Aunque esto es verdad, precisamente esas cosas son las que los pastores deben conocer si lo que pretenden es apacentar a su congregación. El seminario es un lugar donde te enseñan y te preparan, pero no se puede hacer un simulacro de todas las experiencias de la vida. Los pastores deben comprender lo que es el dolor, aunque no puedan conocer cada dolor desde dentro.

Esto es por lo que los que no hemos ido al seminario debemos preocuparnos y orar por los que están preparándose para el ministerio y también por las instituciones de enseñanza y los profesores. Un día no muy lejano, esos seminaristas serán nuestros pastores.

El tipo de pastores que necesitamos

Por otra parte, en la enseñanza del seminario hacen falta ministros que sobre todo no tengan la cabeza llena de incontables enseñanzas sobre esto y aquello, sino pastores con un gran corazón, especialmente por los que sufren. Estas son las tres características que necesitamos en nuestros pastores:

1) Necesitamos pastores que amen y confíen en Dios más que en sus títulos académicos.

Como dicen David Mathis y Jonathan Parnell en "Como seguir siendo cristiano", las actividades intelectuales del seminario pueden hacer que el corazón se aparte de una relación íntima con Dios cuando los resultados académicos son más importantes que el hecho de "conocer" a Dios. Muchas de las grandes enseñanzas no le van a ser de gran ayuda cuando tenga que presentarse en la habitación de un hospital donde una pareja de jóvenes acaba de saber que su hijo recién nacido tiene una discapacidad de por vida. Seguro que alguna vez el padre de ese niño ha seguido con admiración la explicación de un texto leído desde la versión en griego original, pero en este momento lo que necesita saber es si su pastor confía en el Dios del que ha predicado usando las Escrituras. Y si los pastores no se preocupan de desarrollar esa relación con Dios durante la preparación para el ministerio, ésta no va a aparecer por arte de magia una vez que hayan conseguido la titulación.

2) Necesitamos pastores que reconozcan a los lobos y que los ahuyenten.

La gente que sufre quiere respuestas. Estamos expuestos a lobos que se presentan con palabras refinadas y maneras sugerentes de pensamiento que nos llevan a dudar de la gloriosa soberanía de Dios y a explicar las circunstancias de nuestra vida sin su intervención. Los pastores están llamados a alertarnos y a protegernos de los lobos.

Y eso supone que los pastores en ciernes deben dar lo mejor de sí mismos durante el tiempo que dura el seminario. Como el contable de un banco que es capaz de reconocer un billete falso simplemente porque pasa mucho tiempo con el dinero real, un pastor se entrena para descubrir las mentiras camufladas en un discurso modulado. Dios mismo y su verdad es mucho más hermoso y deseable que los argumentos más perspicaces que se oponen a la Palabra de Dios. Como Calvino dice del teólogo, se puede decir también del pastor: "(Su deber) no es halagar el oído sino afirmar la conciencia enseñando lo que es verdadero, cierto y útil" (Instituciones I, xiv, 4).

Como Parnell dice en el primer capítulo de su libro:

"El gran fundamento y propósito del universo es la gloria de Dios". La fundación y el propósito de tus estudios y de tu ministerio no debería ser diferente. Más que ninguna otra cosa, impulsado por la gracia, debes aspirar a ensalzar y alabar al Dios trino. (25)

Los lobos disfrazados de pastores intentarán introducirse incluso en el seminario. Los futuros pastores deben prepararse durante su tiempo en el seminario para luchar contra los lobos y escuchar la voz del Gran Pastor.

3) Necesitamos que los pastores nos muestren que están gozosos por haber sido salvados

El sufrimiento puede robarnos la esperanza. Yo quiero -y necesito- vivir con esperanza. Los pastores que están felices en Jesús y llenos de esperanza no pueden pasar desapercibidos para personas como yo. Los pastores que tienen esperanza ayudan a sus congregaciones a encontrar la felicidad al dirigirlos a aquel que es el Autor de su esperanza.

Necesitamos pastores que sean como John Newton. Newton fue un hombre completo e influyente, pero siempre tuvo presente lo que Dios había hecho por él

Aun cuando su influencia y su alcance iba en aumento para él todo se reducía a la gracia -la gracia admirable. Dios le había salvado. Él mismo era parte de un milagro. Sabía que todo lo que pudiera haber de bueno en su vida era a causa de la grandeza de Dios, no de la suya. (51)

Querido seminarista, quiero que vivas ahora bajo la certeza de que Dios se ha acercado a ti cuando estabas muerto y te ha dado vida. Reconoce que tu incapacidad para hacer frente al pecado, amar a tu esposa y estudiar las Escrituras te permite ver a Dios aún mayor y más poderoso. El seminario es una buena oportunidad para que compruebes que eres débil a pesar de que sientas la tentación de aparentar fortaleza y sabiduría ante tus compañeros o el resto de la facultad.

"Ore por los líderes de mañana"

Únase a mí en una súplica por aquellos que están en el seminario y por toda la institución a la que pertenecen, para que no pierdan los sentimientos hacia Dios que les llevaron a querer conseguir una educación teológica. El seminario no es solamente un lugar para preparar a estudiantes que van a ejercer el liderazgo. Es también una escuela para sensibilizarles hacia aquellos que un día van a pastorear. Queremos que surjan hombres de los que podamos decir con fe:

“Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros". (Hebreos 13:17, LBLA)




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