Por qué y Cómo celebramos la Cena del Señor

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English: Why and How We Celebrate the Lord's Supper

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Por John Piper sobre La Cena del Señor

Traducción por Maria del Carmen Zanassi


1 Corintios 11: 17-34 (LBLA)
Pero al daros estas instrucciones, no os alabo, porque no os congregáis para lo bueno, sino para lo malo. 18 Pues, en primer lugar, oigo que cuando os reunís como iglesia hay divisiones entre vosotros; y en parte lo creo. 19 Porque es necesario que entre vosotros haya bandos, a fin de que se manifiesten entre vosotros los que son aprobados. 20 Por tanto, cuando os reunís, esto ya no es comer la cena del Señor, 21 porque al comer, cada uno toma primero su propia cena; y uno pasa hambre y otro se embriaga. 22 ¿Qué? ¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios y avergonzáis a los que nada tienen? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabaré. 23 Porque yo recibí del Señor lo mismo que os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, 24 y después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de mí. 25 De la misma manera tomó también la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto cuantas veces la bebáis en memoria de mí. 26 Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que El venga. 27 De manera que el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor. 28 Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y entonces coma del pan y beba de la copa. 29 Porque el que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí. 30 Por esta razón hay muchos débiles y enfermos entre vosotros, y muchos duermen. 31 Pero si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. 32 Pero cuando somos juzgados, el Señor nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo. 33 Así que, hermanos míos, cuando os reunáis para comer, esperaos unos a otros. 34 Si alguno tiene hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Los demás asuntos los arreglaré cuando vaya.

Antes de volver a Romanos la próxima semana, (si Dios dispone), pensé que sería bueno para nosotros considerar la Cena del Señor dentro del contexto bíblico y concentrar nuestra atención en por qué y cómo observamos este mandato. Por lo tanto hoy, primero exponemos el mensaje y luego vamos a introducirnos en la Cena del Señor con el sermón.

Después de la Biblia, que es el fundamento infalible para nuestras vidas y nuestra iglesia, uno de los documentos más importantes en la vida de nuestra iglesia es La Afirmación de Fe de los Ancianos, de la Iglesia Bautista de Bethlehem. Los animo a que lo lean. Lo pueden ver en la página web de la iglesia o en el sitio web Desiring God. El párrafo 12.4 provee un resumen doctrinal de lo que creemos y enseñamos sobre la Cena del Señor.

Creemos que la Cena del Señor es un mandato del Señor, por el cual los creyentes nos congregamos para comer el pan, que significa el Cuerpo de Cristo que se entrega por Su pueblo y beber de la copa del Señor, que significa la sangre de la Nueva Alianza en Cristo. Hacemos esto en conmemoración del Señor; y así proclamar Su muerte hasta que El vuelva. Los que comen y beben de una manera digna participan del cuerpo y la sangre de Cristo no físicamente, sino espiritualmente. En esto, por la fe, se nutren de los dones que EL alcanzó por medio de Su muerte, y así crecen en gracia.

Intentaré dar fundamento bíblico a esta forma de entender la cena cena del Señor bíblico dividiéndolo en seis partes: 1) el origen histórico; 2) los partícipes creyentes; 3) el hecho físico; 4) el hecho mental; 5) el hecho espiritual; 6) la seriedad sagrada.

Contenido

1. El Origen Histórico de la Cena del Señor

Los Evangelios de Mateo (26:26ff), Marcos (14:22ff) y Lucas (22:14ff) dan cuenta de la última Cena que Jesús tuvo con Sus discípulos, la noche anterior a morir. Cada uno describe a Jesús dando gracias o bendiciendo el pan y la copa, y dándoselos a Sus discípulos diciendo que el pan es Su cuerpo y la copa es Su sangre, la sangre de la Alianza o de la Nueva Alianza. En Lucas 22:19, Jesús dice: “Haced esto en memoria mía”. El Evangelio de Juan no habla de la comida y la bebida, sino de las enseñanzas y los hechos que completaron la noche.

Hasta donde sabemos por los registros más antiguos, la iglesia hacía lo que Jesús dijo: Ellos reconstruían la Cena en conmemoración de Jesús y Su muerte. En las cartas de Pablo, que son los testimonios más antiguos que tenemos y en 1 Corintios 11:20, él se refiere a un acontecimiento en la vida de la iglesia llamado “la Cena del Señor”. Se denomina la “Cena del Señor”, probablemente, porque la instituyó y la ordenó el Señor Jesús y porque su verdadero significado celebra la memoria de la muerte del Señor. En 1 Corintios 11:23-24 Pablo dice: “Recibí del Señor lo mismo que os he manifestado: Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, después de dar gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”. “Recibí del Señor…” probablemente significa que el Señor mismo, confirmó a través de Pablo (quien no estaba en la Ultima Cena como los otros apóstoles) que lo que los otros dijeron sobre la Ultima Cena sucedió realmente.

Por lo tanto, el origen histórico de la Cena del Señor es esa cena final que Jesús comió con sus discípulos, la noche anterior a ser crucificado. Los hechos y el significado de esto tienen sus raíces en lo que Jesús dijo e hizo esa última noche. Jesús mismo es el origen de la Cena del Señor. El encomendó que se continuara. El es su centro y su contenido.

2. Los partícipes creyentes de la Cena del Señor

La Cena del Señor es un acto de la familia congregada de aquellos que creen en Jesús, la iglesia. No es un acto para los que no creen. Los no creyentes pueden estar presente- por supuesto, les damos la bienvenida- no hay nada secreto acerca de la Cena del Señor. Se hizo en público. Tiene un significado público. No es algo privado, ni un ritual de culto con poderes mágicos. Es una ceremonia pública de la iglesia congregada. De hecho, en 1 Corintios 11:26, Pablo dice “Siempre que comáis de este pan y bebáis de esta copa, proclamaréis la muerte del Señor hasta que El vuelva”. Hay una proclamación de la Cena. Proclamación, no privacidad, esto es lo que tiene que ser relevante.

No prohibimos llevarle la Cena del Señor a alguien que está en una residencia para ancianos o en un hospital, pero esta celebración individual es excepcional, no es la norma bíblica. En 1 Corintios 11, cinco veces Pablo habla de “la congregación de la iglesia” cuando se toma la Cena del Señor. Versículo 17b: “Cuando os congregáis, no es para lo bueno, sino para lo malo”. Versículo 18: “Porque en primer lugar, he oído decir que cuando os congregáis como iglesia, existen divisiones entre vosotros”. Versículo 20: “Cuando os reunís, no lo hacéis para comer la Cena del Señor”. Versículo 33 “Cuando os reunáis para comer, esperaos unos a otros”. Versículo 34: “Si alguno tiene hambre, que coma en su casa, para que cuando os congreguéis no sea para vuestro juicio”.

En otras palabras, ellos estaban degradando la Cena del Señor al conectarla muy cerca de su cena habitual, y muchos tenían demasiado para comer, mientras que otros no tenían nada. Por eso dijo: Coman sus propias cenas en sus casas y reúnanse para comer la Cena del Señor.

Noten la palabra “iglesia” en el versículo 18:” Cuando os congregáis como iglesia”. Esto es el cuerpo de Cristo: la asamblea de los seguidores de Jesús. Aquellos que dejaron sus ídolos y confiaron sólo en Jesús, para el perdón de sus pecados, por la esperanza de la vida eterna y la reparación de sus almas; esos son Cristianos. Por lo tanto, los que participan de la Cena del Señor son los creyentes congregados en Jesús.

3. El hecho físico de la Cena del Señor

El hecho físico de la Cena del Señor no es la consumición de una comida compuesta por siete platos diferentes. Es muy simple. Es comer el pan y beber de la copa. Versículos 23b-25:” El tomó el pan, después de dar gracias lo partió y dijo ‘Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía’. De la misma manera, tomó la copa, después de haber cenado, diciendo ‘Esta es el copa de mi sangre, la sangre de la Nueva Alianza. Siempre que la bebáis, haced esto en memoria mía.’”.

No se especifica nada acerca de la clase de pan que era o la forma en que lo partió. La única referencia sobre lo que había en la copa la encontramos en Mateo, Marcos y Lucas en un versículo de cada uno: “Os digo que, desde ahora, no beberéis más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con vosotros el vino nuevo, en el Reino de mi Padre”. (Mateo 26:29; cf. Marcos 14:25; Lucas 22:18). Por lo tanto, se lo menciona como “el fruto de la vid”. No creo que tengamos que hacer una cuestión para ver si era un simple jugo de uvas o vino. No hay nada en el texto que ordene o prohíba el uno o el otro.

De lo que tenemos que preocuparnos es de los traviesos sustitutos - digamos, comer rosquillas y beber coca cola alrededor de una hoguera. La Cena del Señor no es algo para jugar. Debemos celebrarla seriamente, de lo cual hablaremos en un momento.

De paso, también tendría que mencionar que no hay nada en el Nuevo Testamento que hable sobre la frecuencia de la Cena del Señor. Algunos creen que sería bueno realizarla una vez por semana; otros cada tres meses. Nosotros estamos en el medio, generalmente la celebramos el primer domingo de cada mes. Creo que hay cierta libertad sobre esta cuestión y entonces se producen estas preguntas 1) ¿Cuál es la frecuencia que corresponde a su importancia en relación al ministerio de la Palabra de Dios? 2) ¿Cuál es la frecuencia que hace que la valoremos, en vez de sentirnos insensibles? No es fácil dar una opinión sobre el tema y muchas iglesias lo hacen de maneras distintas.

4) El hecho mental de la Cena del Señor

El hecho mental de los partícipes de la Cena del Señor es concentrarse en Jesús y, en forma especial, en su obra histórica al morir por nuestros pecados. Versículos 24 y 25: “Haced esto en memoria mía”. Así como realizamos un hecho físico al comer y beber, tenemos que llevar a cabo el hecho de recordar. Es decir, tenemos que recordar conscientemente la persona de Jesús cuando vivió, la obra de Jesús cuando murió y resucitó, y lo que significa esa obra para el perdón de nuestros pecados.

Incesantemente, la Cena del Señor es un recordatorio absoluto de que la Cristiandad no es una espiritualidad de la Nueva Era. No es encontrarse con el ser interior. No es misticismo. Sus raíces se encuentran en hechos históricos. Jesús vivió. Tenía un cuerpo y un corazón que bombeaba sangre y piel que sangraba. Murió públicamente en una cruz romana, en el lugar donde morían los pecadores, para que los que creen en El puedan salvarse de la ira de Dios. Eso pasó en la historia una vez y para siempre.

Por consiguiente, el hecho mental de la Cena del Señor se basa en conmemorar. No en imaginar. No en soñar. No en entrar en trance. No en escuchar. No en tener una posición neutral. Es enfocar la mente de forma consciente en Jesús, en el pasado histórico, y lo que sabemos de El por la Biblia. La Cena del Señor nos enraizó en la esencia de la historia reiteradamente. El pan y la copa. El Cuerpo y la Sangre. La Ejecución y la Muerte.

5) El hecho espiritual de la Cena del Señor

Todo esto es importante. La razón es que los no creyentes pueden hacer todo lo que he descripto hasta ahora. En realidad, si el diablo toma forma humana, puede hacerlo. Comer, beber y recordar. No hay nada espiritual relacionado con esto. De manera que, para que la Cena del Señor sea lo que Jesús quería que sea, debe ocurrir algo más que sólo comer, beber y recordar. Algo que los no creyentes y el diablo no pueden hacer.

Permítanme leerles la oración clave de la Afirmación de Fe de los Ancianos una vez más y luego mostrarles en la Biblia de donde proviene. “Aquellos que comen y beben de una manera digna, participan del cuerpo y la sangre de Cristo, no físicamente, sino espiritualmente. En esto, por la fe, se nutren de los dones que El alcanzó a través de Su muerte, y así crecen en gracia”.

¿De dónde viene la idea de participar del cuerpo y la sangre de Cristo… espiritualmente…por la fe…”?. En el capítulo previo se encuentra el texto más aproximado que lo fundamenta: 1 Corintios 10:16-18. Mientras lo leo, pregunto ¿Qué significa “participación”?

La copa de bendición que bendecimos, ¿no es una participación en la sangre de Cristo? (koinonia estin tou kaimatos tou Christou?) El pan que partimos, ¿no es una participación en el cuerpo de Cristo? (ouchi koinonia tou somatos tou Christou estin?) Puesto que el pan es uno, nosotros que somos muchos formamos un solo cuerpo, ya que participamos del mismo pan. Considerad al pueblo de Israel, los que comen los sacrificios, ¿no participan del altar? (koinonia tou thusiasteriou?).

Acá hay algo más profundo que recordar. Acá hay creyentes- aquellos que confían y valoran a Jesucristo –y Pablo dice, que participan del cuerpo y la sangre de Cristo. Literalmente, viven una comunión (koinonia) en Su cuerpo y sangre. Experimentan una participación de Su muerte.

Compartir el cuerpo y la sangre de Cristo, espiritualmente, por medio de la fe.

¿Qué significa esta participación/comunión/congregación? Creo que el versículo 18 nos da la clave, porque usa una palabra similar, pero lo compara con lo que pasa en los sacrificios judíos: “Considerad el pueblo de Israel, ¿los que comen los sacrificios, no son partícipes (otra forma de decirlo) en el altar? ¿Qué significa ser partícipe/comulgante/congregante en el altar? Significa que comparten o se benefician de lo que pasa en el altar. Por ejemplo, gozan del perdón y renuevan la comunión con Dios.

Tomé los versículos 16 y 17 para demostrar que cuando los creyentes, físicamente, comemos el pan y bebemos el vino de la copa, espiritualmente estamos haciendo algo diferente que el mero comer y beber. Comemos y bebemos, es decir- llevamos a nuestras vidas- lo que pasó en la cruz. Por medio de la fe- confiando en todo lo que Dios significa para nosotros en Jesús- nos nutrimos de los dones que Jesús hizo posible para nosotros, con Su sangre y con Su muerte en la cruz.

Por eso, mes a mes, lo enfocamos desde varios aspectos en la mesa del Señor (paz con Dios, gozo en Cristo, esperanza para el futuro, liberación del miedo, firmeza en la adversidad, guía en la confusión, cura de las enfermedades, victoria sobre la tentación , etc. ). Cuando Jesús murió, al ofrecer por nosotros Su sangre derramada y Su Cuerpo quebrado, pagó con Su muerte todas las promesas de Dios, Pablo dice: “Todas las promesas de Dios, encuentran un “Si” en El”. (2 Corintios 1:20). Por la sangre de Jesús recibimos todos los legados de Dios y nuestra gozosa comunión con Dios. Cuando Pablo expresa: “La copa de bendición que nosotros bendecimos ¿no es la participación en la sangre de Cristo? El pan que partimos ¿no es la participación en el cuerpo de Cristo?”, él quiere decir ¿Acaso, mediante la fe, no celebramos espiritualmente, en la mesa del Señor, cada bendición espiritual pagada con la sangre y el cuerpo de Cristo? Los que no creen no pueden hacerlo. El diablo no puede hacerlo. Es un presente para la familia. Cuando conmemoramos la Cena del Señor, celebramos espiritualmente, por la fe, las promesas de Dios que Jesús pagó con Su sangre.

6. La Seriedad Sagrada de la Cena del Señor

Voy a terminar como lo hace Pablo en 1 Corintios 11. Nos advierte que si vamos a la Cena del Señor de un manera arrogante, indiferente, distraída, que no alcanza a comprender la seriedad de lo que pasó en la cruz, podemos perder la vida si somos creyentes, no por la ira de Dios, sino como un acto de disciplina paterna. Simplemente voy a leer de forma lenta 1 Corintios 11:27-32 a medida que nos acercamos con gozo y seriedad a la mesa del Señor.

De manera que, el que coma el pan y beba de la copa del Señor indignamente [es decir, sin valorar y confiar en el precioso presente de Cristo] será culpable de profanar el cuerpo y la sangre del Señor.28 Examínese cada uno a sí mismo [no para ver si son suficientemente buenos, sino para ver si están dispuestos a apartarse de sí mismos y confiar en Jesús para lo que necesiten] y entonces comer el pan y beber de la copa 29 Porque el que come y bebe sin discernir el cuerpo [es decir, sin darse cuenta que ese pan no es un sándwich de pescado, como algunos lo consideraron en Corinto] come y bebe su propio juicio. 30 [acá está lo que él quiere decir]: Por eso hay muchos débiles y enfermos entre vosotros y muchos murieron [no para enviarlos al infierno; el próximo versículo lo explica] 31: Si nos juzgáramos verdaderamente a nosotros mismos, no seríamos juzgados. 32 Pero cuando nos juzga el Señor, nos disciplina [esto es, algunos son débiles, otros enfermos y otros mueren] para que no seamos condenados [es decir, no ir al infierno] junto con el mundo.

No consideren la Cena del Señor superficialmente; es uno de los más preciosos regalos que Cristo le ha dado a su iglesia. Tomémosla juntos.


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