Puedes perdonar a tus padres

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Última versión de 20:48 5 mar 2018

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English: You Can Forgive Your Parents

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Por Marshall Segal sobre Crianza de los Hijos

Traducción por Bradley Sullivan


Los padres están convirtiéndose en chivos expiatorios comunes, al menos en muchos círculos estadounidenses.

Escucha a la gente explica sus debilidades y fracasos durante la vida, y considera con qué frecuencia la oyes echa la culpa a sus padres – directamente o indirectamente, abiertamente o sutilmente. Todos hemos oído que los pecados de los padres se transmiten a sus hijos y a los hijos de sus hijos (Éxodo 34:6-7). También nos han dicho una y otra vez que la mayoría de nuestras debilidades como personas se pueden remontar a las debilidades en nuestros padres y su crianza.

¿Cuánto de las dificultades que has experimentado en tu vida atribuyes (conscientemente o inconscientemente) a tus padres (u otros miembros familiares) – a las cosas que te ocultaron, a las lecciones que ya no aprendieron, a los defectos en sus caracteres que no han cambiado, a los errores que hicieron en tu crianza, a los pecados que cometieron contra ti?

¿Cuánto de las dificultades que has experimentado en tu vida atribuyes (conscientemente o inconscientemente) a tus padres (u otros miembros familiares) – a las cosas que te ocultaron, a las lecciones que ya no aprendieron, a los defectos en sus caracteres que no han cambiado, a los errores que hicieron en tu crianza, a los pecados que cometieron contra ti?

Contenido

Traicionado por la familia

José fue traicionado por sus hermanos, todo los once de sus hermanos (Génesis 37:18, 28). Once de las personas en las que debería haber podido confiar más en el mundo, en cambio conspiraron primero para matarlo (Génesis 37:18), y entonces para venderlo en esclavitud (Génesis 37:28).

Quizás un hermano o una hermana (o padre o madre) podrían hacerte algo peor, pero la mayoría de nuestros miembros familiares no están capaces de horrores como estos. Tramaron asesinarlo, luego lo dejaron en un agujero para morir, luego lo sacaron del pozo, y optaron por ganar un poco de dinero vendiéndolo a una esclavitud desconocida y para toda la vida. No tuvieron ninguna idea dónde estaban enviando a su hermano. Simplemente, se regocijaron que finalmente se deshicieron de él, a pesar de lo devastadoras que serían las noticias para su padre.

No tú, sino Dios

Años después, Dios ha traído a José a través de la esclavitud al poder, entonces a través de la encarcelación injusta al poder mayor bajo del faraón. A causa de una hambruna severa en la tierra, la familia de José vino de Canaán para comprar el alimento en Egipto. Como Dios lo quiere, sin darse cuenta aterrizaron a los pies de su hermano traicionado, suplicando desesperadamente por sus vidas.

José reconoció a sus hermanos inmediatamente, todos de ellos culpables de intento de asesinato y tráfico humano. De repente, ahora no solo era su víctima, sino también su juez. La historia avanza a través de varias interacciones entre de ellos, pero llega a la cima cuando, finalmente, José revela su identidad a los hombres. Inmediatamente estaban consternados, sabiendo el mal que han hecho y dándose cuenta del severo castigo que se merecían (Génesis 45:3).

Las próximas palabras de José a ellos son algunas de las más asombrosas en toda la Biblia:

“Yo soy vuestro hermano José, a quien vosotros vendisteis a Egipto. Ahora pues, no os entristezcáis ni os pese el haberme vendido aquí; pues para preservar vidas me envió Dios delante de vosotros” (Génesis 45:4-5).

No, José, ¿no tienes mal la historia aquí? Tus hermanos te vendieron a la esclavitud y te enviaron a morir en Egipto. Pero José se repite a sí mismo, “no fuisteis vosotros los que me enviasteis aquí, sino Dios” (Génesis 45:8).

Dios lo significó para lo bueno

Diecisiete años después, su padre Jacob murió. Los hermanos temían que José finalmente pudiera vengarse de ellos (Génesis 50:15). En sus mentes, todavía tenía razón para buscar retribución, a pesar del perdón y la bondad que les había extendido.

José lloró con compasión y afecto, y entonces dijo:

“No temáis, ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente. Ahora pues, no temáis; yo proveeré para vosotros y para vuestros hijos” (Génesis 50:19-21).

En vez de confrontar a sus asesinos potenciales, les consoló. En vez de castigar a los hombres que lo vendieron a la esclavitud, prometió proveer para ellos y sus hijos. Dejó a un lado el terrible peso del resentimiento y la amargura, y arrojó sus problemas devastadores y catastróficos sobre Dios (1 Pedro 5:7). Cuando sus hermanos merecían una maldición, prefirió bendecirlos – tomando su cruz por la alegría que Dios le había puesto.

Su paciencia y amabilidad sorprendentes con sus hermanos suena con la descripción de Sara por el apóstol Pedro. Cuando su propio esposo mintió y le puso en peligro, “[hizo] el bien y no [estuvo] amedrantada por ningún temor” (1 Pedro 3:6). Ella se confió a sí misma a Dios, incluso cuando no podía confiarse a Abraham. José se confió a sí mismo – y sus hermanos – a Dios, sin la necesidad de ejecutar justicia o buscar la vindicación a sí mismo.

¿Tienes la fe para perdonar a tu familia – tus padres (Efesios 4:32)? ¿Tienes la libertad de dejar que Dios se ocupe de sus ofensas en tu contra (Romanos 12:19)? ¿Tienes el coraje de recibir y vivir el bien que Dios ha planeado para ti, por bueno o malo que pueda parecer en el momento (Romanos 8:28)?

El bueno más profundo que el dolor

José sabía que Dios siempre estaba trabajando más profundo para él que la traición, la esclavitud y la encarcelación – una dulzura más profunda que cualquier circunstancia. Pero también veía su sufrimiento en el contexto de lo que hace Dios para los otros.

Tal vez el mayor bueno terreno que Dios hará a través de las cosas que has sufrido estará en la vida de otra persona, y no tuya. Como Paulo escribe, “[Bendito sea el] Dios de toda comodidad, el cual nos consuela en toda tribulación nuestra, para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción” (2 Corintios 1:3-4).

Ninguno de nosotros pide ese tipo de ministerio, pero es un ministerio precioso y necesario, al que Dios llama a muchos. José contó todo su sufrimiento digno de él en comparación con todo lo que Dios hizo a través de él para los demás – cada intento malicioso de sus hermanos, cada acto de maltratamiento en la esclavitud, cada día injusto en la cárcel. ¿Atesoras lo bueno que Dios hace por los demás a través de ti tanto?

El plan de Dios para ti

Cristiano, tus padres no se interpusieron en el camino del plan de Dios para ti. Ellos fueron el plan de Dios para ti. ¿Puedes mirar atrás a tu vida, con José, y decir eso? Últimamente, mis padres no me enviaron aquí; Dios me envió aquí. Lo que sea que mis padres significaron para mí, Dios lo significó para el bueno. Lo hizo, lo es y lo hará – en cada dificultad y cada relación.

José no vivía para las disculpas de sus hermanos. Sus pecados en contra de él no lo mantuvieron cautivo todos esos años, negándose a dejarlo seguir adelante. Sabía bien los horrores de cautividad, pero estaba libre de amargura y resentimiento, incluso mientras sus hermanos guardaban silencio sobre su culpa. No esperes a que tus padres se disculpen antes de ejercitar la libertad que Cristo ya compró para ti.

Incluso si han planeado asesinarte o venderte en esclavitud, incluso así no pueden evitar que Dios te haga el bien a ti y, a través de ti, a los demás.



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