Recibíos los unos a los otros para la gloria de Dios

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English: Welcome One Another to the Glory of God

© Desiring God

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Por John Piper sobre Amando a los otros
Una parte de la serie Romans: The Greatest Letter Ever Written

Traducción por Desiring God


Romanos 15:1-7

Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. 2Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. 3Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí. 4Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. 5Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, 6para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. 7 Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.

Las divisiones por versículo y las divisiones por capítulos en el Nuevo Testamento se agregaron siglos después de que la Biblia fue escrita.[1] Por tanto, tenga cuidado de asumir que los capítulos están divididos en los lugares mejores. La mayoría de los comentaristas están de acuerdo en que la ruptura al principio del capítulo 15 no fue puesta en el mejor lugar. Es mucho más natural que la ruptura ocurra a partir del versículo 13. El problema del cristiano débil y el fuerte –el asunto de beber y comer libremente sin tener náuseas en la conciencia- continúa a partir del capítulo 14 hasta el capítulo 15.

Los versos 1 y 2 tienen un punto en común: “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. 2Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación”. Esto no es nuevo, lo hemos visto antes. Romanos 14:15, “Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió”. Romanos 14:19: “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”. Romanos 14:21: “Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite”. Así que el énfasis es: Anhele privarse de su libertad en materias de comida y bebida y en cuánto a los días que guardar si puede destruir a un hermano débil en lugar de edificar su fe.

Agradando a Nuestro Vecino, No a Nosotros

Pablo lo dice simplemente un poco diferente en Romanos 15:1-2. Nos habla de no agradarnos sino agradar a nuestro vecino para su bien y edificar su fe. Debemos hacer dos aclaraciones sobre este problema de no agradarnos sino agradar otros. La primera es que ‘agradar a otros’ es nuestra línea de conducta solo cuando las cosas no-esenciales están en riesgo y cuando la otra persona realmente se edificará en su fe.

Sabemos que estos límites funcionan porque, por ejemplo, en Gálatas 1:10 Pablo dice, “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”. En otras palabras, en Gálatas habían problemas cruciales sobre el contenido del evangelio que estaban en riesgo y Pablo no cambiará el evangelio para agradar a los hombres ¿Por qué? Porque cuando el evangelio se cambia se destruyen las personas. Si podemos agradar a las personas para su sobreedificación, lo hacemos, pero si lo que agrada destruye, entonces no lo hacemos.

La otra aclaración es que las palabras “no agradarnos a nosotros mismos” usadas al final de verso 1, no significan que no puede gustarnos agradar otros. Para estar seguros existe algo llamado ‘abnegación’ –de eso es de lo que Pablo está hablando aquí. Jesús dijo: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mateo16:24). Así que Habrán muchas cosas en la vida cristiana que no serán agradables sino dolorosas. Pablo siempre enseñó a sus nuevas iglesias: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22). Pero siempre debemos agregar también lo que dice, “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia” (Romanos 5:3). Incluso cuando el servicio de Dios es duro, la orden permanece: “Servid a Jehová con alegría” (Salmo 100:2).

Por tanto, sea cuidadoso cuando lea: “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos”, tenga cuidado de pensar que es pecado gozarse agradando otros para su bien y sobreedificación. De hecho, algo estaría profundamente no se deleitó edificando la fe de las personas.

Así que existen por lo menos estas dos aclaraciones para los versos 1 y 2: 1) El deseo de agradar a otros en lugar nuestro debe existir si les edifica y les hace bien, pero no si esto distorsionará el evangelio y herir a las personas aunque les agrade. 2) Nunca pierda de vista lo que llamamos Hedonismo Cristiano, es una virtud y no una depravación alegrarse cuando ha podido edificar la fe de otra persona, aun cuando tiene que sacrificarse para ello. Dios ama a un dador alegre no a uno doliente, si hablamos sobre el dinero, el tiempo, dejar de comer carne, o cualquier otro sacrificio (2 corintios 9:7).

Ahora ¿Hacia dónde va todo esto y cómo Pablo nos ayuda a llegar allá? Por los versos 6 y 7 podemos ver claramente nuestro destino. Pablo lo dice dos veces –todo nos guía hacia la gloria de Dios “para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. 7Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios”.

La Meta de Pablo: Mostrar la Gloria de Dios

La meta de Pablo nunca queda solo en las simples relaciones humanas (a menos, por supuesto, que definamos “relaciones humanas” como las que glorifican a Dios, las que glorifican a Cristo, las que realmente deberíamos tener). Sino en el último deseo de Cristo y su apóstol de mostrar la gloria de Dios –la belleza de Dios, la grandeza de Dios, la multiforme perfección de Dios. Toda la creación, todos los redimidos, toda la iglesia y toda sociedad y cultura existe para mostrar a Dios. Nada ni nadie existe por o para sí mismo, solo Dios. Todas las cosas son “de él, y por él, y para él” (Romanos 11.36). Los cultos celebrados en las iglesias, las clases de la escuela dominical, la guardería infantil, las reuniones de los diáconos, las células por las casas, el evangelismo en la iglesia, las misiones (todo existe para este único y supremo objetivo) engrandecer a Dios. Es por eso que existimos ‘para esparcir una pasión por la supremacía de Dios’.

¿Le gustaría unirse a mí y orar para que Dios produzca esta atmósfera en Bethlehem? No tendremos éxito si somos conocido solo como un lugar amigable. Y tampoco tendremos éxito si somos conocidos como un lugar poco amigable. Estaremos camino al verdadero éxito si somos conocidos como personas que aman la gloria de Dios. Si nuestros hijos hablan de la gloria de Dios. Si nuestros jóvenes aman la gloria de Dios más que la gloria de la música o las modas. Si nuestro amor por las personas persigue la gloria de Dios más que el éxito financiero. Si nuestros mayores se regocijan en la esperanza de la gloria de Dios justo al llegar al horizonte.

Casi todo en la cultura norteamericana amenaza seriamente esta pasión centrada en Dios, la grandeza, belleza y dignidad de la plenitud de su perfección, su existencia eterna e inmutable carácter, su independencia, santidad y suficiencia, su poder infinito, sabiduría, bondad, justicia, ira, misericordia, paciencia, gracia y amor. Casi todo en la cultura norteamericana amenaza con convertir nuestra devoción, cultos, nuestra mente y corazón superficiales, casuales, sociales y (nuestra bendición optativa favorita) devertidos.

Suplico con usted para que oremos a fin de que Dios nos estremezca con un conocimiento adecuado de su grandeza, para que nos pueda dar lo que Pablo llama “espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él” (Efesios 1.17). Oh ¡Cuánto necesitamos conocer a Dios y sentir algo de la magnificencia de su gloria! Ore con Moisés en Éxodo 33.18: “Te ruego que me muestres tu gloria”

Así que entendemos hacia dónde Pablo se dirige con este texto (hacia el mismo lugar que siempre va): “para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (v.6).

Ahora, ¿cómo nos ayuda a llegar? Este nos es un problema relacionado con el programa de las iglesias o con la mecánica o las técnicas externas. La pregunta de Pablo es: ¿Cómo nos convertimos en el tipo de personas abnegadas, que sacrifican la libertad propia para agradar a otros, que pueden en una voz (a pesar de todas las diferencias entre los débiles y los fuertes) glorificar a Dios todos juntos? La raíz del asunto está en ¿cómo nos convertimos en esa clase de personas?

Cinco Cosas Que Pablo Hacer Para Ayudarnos a Convertirnos en Esa Clase de Personas

Existen al menos cinco cosas que Pablo hace para ayudarnos a convertirnos en esa clase de personas quienes pueden gozarse a medida que se sacrifican por el amor que sienten al edificar a otros y hacer que Dios luzca glorioso. Solo las mencionaré brevemente y luego terminaré enfocándome en la última. Cualquiera de ellas pudiera ser todo un libro. Así que tómelas y profundice.

Primero, Pablo dirige nuestra atención hacia Cristo. El toma un ejemplo, pero el mismo ejemplo que escoge mencionar es más que un ejemplo: es el acto de quien nos rescató de la ira de Dios. Verso 3: “Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí”. En otras palabras, para convertirnos en la clase de personas que gozosamente sirven a otros en lugar de usarles, consideremos a Cristo. Miremos a Cristo. Especialmente miremos como llevó nuestro pecado, su obra sustituta en la cruz. Así es cómo cambiamos: “mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen” (2da a los Corintios 3.18). Mire a Cristo.

Segundo, Pablo nos recuerda cuán esenciales son las Escrituras para producir siervos de amor abnegados. Vea el verso 3 acotado con el Salmo 69.9, y entonces Pablo dice en el verso 4: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron”. La imagen de Cristo que nos acaba de dar viene de las Escrituras. Ahora los evangelios e retratos de la vida de Cristo están disponibles y son poderosos para transformarnos. Si tan solo nos entregáramos a las Escrituras.

Tercero, Pablo precisa qué es lo que en las Escrituras es tan útil para transformarnos en siervos abnegados para la edificación de otros. Esto es el poder que ellas tienen de producir paciencia y consolación. Verso 4: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras…” Dios ha diseñado la Biblia de manera que cuando usted la lea de historia en historia y de libro en libro el resultado será “paciencia y consolación” (si eso no sucede, usted no las está leyendo bien). Esto es lo que nos va a costar si queremos ser el tipo de personas abnegadas que dan gloria a Dios a una sola voz a pesar de nuestras diferencias.

Cuarto, Pablo nos recuerda que nunca sobreviviremos en al camino de la abnegación y el amor sacrificado sino tenemos esperanza. Veamos nuevamente el verso 4: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (la esperanza de que todo obrará para nuestro bien y que heredaremos la vida eterno con Dios). ¿Cómo tuvo paciencia a través del Getsemaní y del Gólgota? Hebreos 12.2 dice que era el poder de la esperanza: “…el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz”. Así es como único sufriremos o seremos pacientes en amor. Pablo lo dijo claramente en Colosenses 1.4-5: “habiendo […] del amor que tenéis a todos los santos, 5a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos”. La esperanza que exalta a Cristo es el gran poder para ser pacientes y sufrir en abnegación, el amor sacrificado que bendice a otros para su bien.

Hay una última forma en que Pablo nos muestra cómo convertirnos en este tipo de personas. Nos muestra con un ejemplo que debemos orar para que todo esto suceda, porque todo es la obra de Dios en nosotros. En los versículos 5 y 6 Pablo alterna entre la enseñanza, la exhortación y la oración: “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, 6para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Aún les habla, pero no dirigiéndose a ellos. Pablo ha llegado al límite de su habilidad persuasiva. Sus deseos para esta iglesia están más allá de lo que cualquier hombre pueda lograr. Dios debe hacerlo, o no podrá ser hecho.

Si vamos a mirar a Cristo, Dios debe inclinar nuestros corazones a hacerlo y abrir nuestros ojos para ver su gloria (2da a los Tesalonicenses 3.5). Si vamos a meditar en su Palabra, Dios debe inclinar nuestros corazones a su Palabra (Salmo 119.36). Si vamos a ser pacientes, sufridos y consolados, Dios debe darnos la paciencia y consolación a través de su Palabra (2da a los Tesalonicenses 2.16). Si vamos a tener una esperanza que sustente nuestro amor, Dios debe hacer que ésta abunde a través del Espíritu Santo (Romanos 15.13).

Y si somos tan dependientes de Dios para lograr que Romanos 14 y 15 se vuelvan realidad, entonces, Bethlehem, permítenos entregarnos al precioso privilegio de la oración. Si Pablo tenía que orar para ver que su enseñanza transformara a las personas, también nosotros.


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