Sólo tus Palabras Dan Vida Eterna

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Revisión a fecha de 22:35 5 mar 2010; Kathyyee (Discusión | contribuciones)
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English: You Have the Words of Eternal Life

© Desiring God

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Por John Piper sobre Jesucristo
Una parte de la serie The Gospel of John

Traducción por Desiring God


En el Evangelio de Juan no se narra una historia navideña tradicional sobre el nacimiento de Jesús. Usted recuerda cómo empezó: "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios" (Juan 1:1). En lugar de mencionar la historia de la navidad, partiendo de su explicación, Juan entrelaza, en todo su evangelio, la historia y el propósito de la navidad.

Por ejemplo, después de decir, en Juan 1:1, que el Verbo eterno "era Dios", Juan dice en 1:14-16: "Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad . . . Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia".

La Gracia: La Nota Dominante de la Navidad

De modo que el Verbo eterno de Dios tomó carne humana, y el Hijo divino de Dios (quien nunca tuvo un origen, y nunca vino a ser, y era Dios, pero también con Dios) se hizo hombre. Y al hacerlo, hizo que la gloria de Dios fuera visible en una forma completamente nueva. Y esta gloria divina, manifestada únicamente en el Hijo de Dios, estaba llena de gracia y verdad. Y de esa plenitud, todos recibimos gracia sobre gracia.

Éste es el significado de la navidad en el Evangelio de Juan. Dios el Hijo, quien es Dios, y quien es con Dios, vino a revelar a Dios en una forma en que nunca antes se había revelado. Y, en esa revelación, la gracia es la nota dominante que sobresale: De la plenitud de esa revelación de gloria divina, recibimos gracia sobre gracia.

La Navidad es Para Salvación

O, como dice en Juan 3:16-17: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito [ésto es Navidad y Viernes Santo, todo junto, ¿para qué?], para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo [la navidad no es para condenación], sino para que el mundo sea salvo por Él [la navidad es para salvación]".

Y al final de su vida, Jesús estaba de pie ante Pilato, y Pilato le dijo: "¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: Tú dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo [éste es el propósito de la navidad, ¿para qué?], para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz" (Juan 18:37).

Un Nuevo y Único Testigo de la Verdad

¿Cuál fue el efecto de la verdad que Jesús testificó con sus palabras y con toda su persona? Él nos dijo en Juan 8:31-32: "Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Así que éste es el significado de la navidad: El Hijo de Dios vino al mundo para dar testimonio de la verdad, en una forma en que nunca había sido mostrada antes.

Él es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6). Y el propósito de entregarse a sí mismo como la verdad del mundo, es la libertad. Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Libres de la culpa y del poder del pecado. Libres de la muerte y de la ceguera y del juicio.

Él Vino para Morir

¿Cómo ocurre esta liberación? Quizás usted recuerde que en Juan 6 Jesús, al venir desde el cielo, planeaba morir. Él vino para morir. Vino para vivir una vida perfecta, de entrega, sin pecado, y para luego morir por los pecadores. Juan 6:51: "Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne" (Juan 6:51).

El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, para dar su carne, a fin de dar vida al mundo. Nosotros, los pecadores, de su plenitud podemos recibir gracia sobre gracia, porque Él vino a morir por nosotros. La Navidad fue, desde el principio, la preparación para un Viernes Santo.

El Evangelio: el Gran Significado de la Navidad

Por tanto, el significado de la navidad se hace más claro a medida que se lee todo el Evangelio de Juan. El Verbo se hizo carne. Él reveló la gloria de Dios en una forma en que nunca antes se había revelado. Murió según su propio plan. Por su muerte en nuestro lugar, se hizo pan para nosotros. Él es la fuente de perdón y justicia y vida. Éste es el gran significado de la Navidad en el Evangelio de Juan.

Y hoy quiero volver a Juan 6 y tomar dos versículos que vimos demasiado rápido, dos versículos que tienen que ver con la forma en que este propósito de Dios en la Navidad puede volverse la fuente de nuestras vidas, para nuestro perdón, nuestra justicia, nuestra libertad.

Las Palabras de Jesús Dan Vida

Los dos versículos son Juan 6:63 y 68. El nexo entre ellos es que los dos versículos dicen que las palabras de Cristo dan vida. Versículo 63: "El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.”

Luego, después que: "muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él."

Jesús dijo a los doce: "¿Acaso queréis vosotros iros también? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios" (Juan 6:67-69).

Jesús Ahora Mismo Ofrece Vida

Entonces, en el versículo 63, Jesús mismo dice, "... las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”. Y en el versículo 68, Pedro dice, "Tú tienes palabras de vida eterna”. Es en esto que quiero que pensemos (en estas dos afirmaciones y en cómo se relacionan con el Verbo echo carne, y con la dádiva de su carne para que el mundo fuera salvado, y con el Espíritu que da vida).

Quiero que sepan cómo es que Jesús nos ofrece vida ahora, y cómo es que obran juntos la encarnación de Cristo, la muerte de Cristo, las palabras de Cristo, y el Espíritu de Dios (para nuestra salvación, para nuestro perdón de pecados, y para la vida eterna).

Confusión, Incluso Terror, por la Soberanía de Dios

Comencemos con el versículo 68: Hay algo muy realista y relevante en este versículo. Jesús acababa de decir algo que hizo que muchos discípulos le dejaran. Acababa de decir, en el versículo 65: “Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre.” Luego, el versículo 66 añade: "Como resultado de esto muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con El."

Cuando se muestra tan claramente al Dios soberano sobre los pecadores muertos, ocurre una crisis. Comienzan a surgir objeciones en nuestras mentes, y muchos de nosotros hemos tenido temporadas de gran confusión y algunas veces de terror. Y en el versículo 68 tenemos sólo un destello de lo que ocurre en la cabeza de los que no dejan a Jesús a causa de estos problemas. ¿Cómo es que algunas personas lidian con la soberanía de Dios en la salvación de los pecadores?

Considerando Algo Más a qué Recurrir

Jesús dice, en el versículo 67: "¿Acaso queréis vosotros iros también?" Y Simón Pedro le respondió: "¿a quién iremos?" En ésta simple declaración, Pedro dijo: Ya lo hemos pensado. Nos hemos permitido pensar qué ocurriría si nos alejamos de ti. Ésto es muy impresionante para algunos de ustedes. Éste es el terror al que me refería. Algunos a quienes les es fácil creer no sabrán de qué estoy hablando. Pero otros sí. Y yo quiero ayudarles.

Pedro dijo simplemente: Señor, hemos buscado otro señor, otro camino, otro amigo, otra filosofía, otra percepción de Dios, otra salvación, otro significado, y todos se quedan cortos. No podemos alejarnos. Sólo tus palabras dan vida eterna.

"Señor, ¿A Quién Iremos?"

Si Pedro viviera hoy, vea cómo procesaría sus pensamientos. "Señor, ¿a quién iremos?”

¿A los que Niegan la Soberanía de Dios?

¿Debemos ir a los que niegan tu total soberanía y a quienes dicen que los pecadores tienen el poder decisivo para levantarse a sí mismos de entre los muertos y darse vida espiritual y volverse los creadores decisivos de su propia fe y proveerse el ímpetu decisivo de venir a Cristo? Aunque muchos lo encuentren atractivo, dice Pedro, no. No importan los problemas que yo tenga para seguir a un Cristo soberano, no hay esperanzas en esa alternativa. Conozco mi propio corazón. Si Dios no fuere decisivo conmigo, yo no habría venido a Él.

¿Y a quién, entonces, debemos ir?

¿A los que Niegan el Poder del Pecado?

¿Debo ir a los que niegan que el pecado sea un poder tan esclavizador, tan cegador? ¿O a los que dicen que pudiera ser una mala influencia, pero no una atadura? "No es como la esclavitud o la muerte. Somos contaminados, pero no estamos desamparados." ¿Debemos ir a ellos? No, dice Pedro, ésa es una perspectiva irrealista e inocente de la naturaleza humana. Sabemos, por nuestras propias almas, y por la experiencia universal, que los seres humanos no nos someteremos por nosotros mismos a Dios. El pecado es una atadura, no sólo una mala influencia.

¿Y a quién, entonces, debemos ir?

¿A los que Dicen que el Pecado no es Algo Serio?

¿Debemos ir a los que dicen que el pecado no es un problema serio porque Dios es todo misericordia y al final perdonará a todos, y no hay ira ni juicio final para las personas? ¿Debemos ir a buscar nuestro lugar en ese mundo rosado? No, dice Pedro, porque aunque suene placentero, esa idea es producto de los sentimientos, no de la realidad. En realidad, hay males horribles que deben enderezarse. Las atrocidades de la historia, incluidas las mías propias, no pueden ser ocultadas barriéndose bajo la alfombra del universo. El simple perdón, sin la aceptación de corazón de algún tipo de expiación masiva, no satisfará mi consciencia, ni la justicia de Dios.

¿Y a quién, entonces, debemos ir?

¿A los que Niegan que Dios Existe?

¿Debemos ir a los que niegan que Dios existe? ¿Sería ése un escape satisfactorio a los problemas de la soberanía de Dios? No, dice Pedro, porque si no hay Dios, y los seres humanos son simples accidentes y complejas recolecciones de materia y energía, entonces mi propia indignación con la maldad del mundo se reduce a una simple reacción química, y pierde todo su significado. Y lo único que me daba energía y oposición a la soberanía de Dios (me refiero a mi indignación moral con la injusticia que representa), termina siendo simples químicos en mi cerebro, que no son muy diferentes al sonido de mi estómago hambriento.

¿Y a quién, entonces, debemos ir?

Y la Lista Continúa...

Y la lista de alternativas diferentes a Jesús continúa. Algunos de ustedes se encuentran en esa posición que describo. Están profundamente turbados por lo que ven en la Biblia. Y por eso se preguntan: ¿puedo ir a algún otro lugar? ¿Hay otra perspectiva del pecado? ¿Otra perspectiva de Dios? ¿Otra perspectiva de la salvación? ¿Hay otro lugar al que pueda ir para ser rescatado de la soberanía de Dios en el versículo 65?

Nadie como Jesús

Y para muchos de nosotros, lo que nos impide ir a estas otras corrientes, es lo mismo que retuvo a Pedro. Versículo 68: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.” En otras palabras, quizás no tengamos todos los problemas resueltos, los problemas por seguir a Jesús y decir "sí" a su enseñanza y a su señorío y a su obra salvadora. Quizás Jesús nos confunde algunas veces, y nos desorienta con lo que dice, y nos provoca, y nos ofende.

Y, sin embargo, decimos con Pedro: "¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna." Nadie habla como tú. Nadie ha actuado como tú. Nunca alguien fue tan fuerte y humilde, tan áspero y tierno, tan autoritativo y gentil, tan profundo y simple, tan poderoso y tan dispuesto a morir, tan justo y tan dispuesto a ser tratado injustamente, tan digno de honor y tan dispuesto a ser deshonrado, tan merecedor de obediencia inmediata y tan paciente con personas como nosotros, tan dispuesto a responder cada pregunta y tan dispuesto a callar ante el abuso contra sí mismo, tan capaz de descender de la cruz en juicio abrasador, y tan comprometido con no usar ese poder.

Regresa, Como el Hijo Pródigo

¿A quién iremos? Nunca ha habido alguien como tú. Nadie enseñó como tú. Nadie amó como tú.

Así es como miles de personas vienen a Cristo. Enfrentando tremendas batallas mientras analizan la filosofía de la vida, un dios, un mundo sin Dios, un mundo sin la soberanía de Dios, un mundo con un tipo de explicación que aporte más sentido a muchos problemas. Y vuelven como el hijo pródigo y dicen: "¿a quién iremos? Sólo tus palabras dan vida eterna."

El Espíritu da Vida

¿Y cómo vuelven? ¿Cómo llegan a ese punto? ¿Cómo llegan al momento decisivo de entregarse? Ya dejé de preguntarme. No pelearé más contra Jesús. Me rindo. No todos mis problemas están resueltos, pero he visto suficiente de Jesús. He visto suficiente de su propósito de navidad y de su amor de Viernes Santo, y de su soberanía pascual. He visto suficiente. No me sentaré más sobre la valla buscando, histéricamente, a otro dios. A otra cosmovisión. A otra filosofía de la vida. A un mejor salvador. A un mejor señor. A un mejor tesoro. A un mejor amigo. No, Jesús, ya no buscaré otro mundo. Otro maestro. Soy tuyo.

¿Cómo ocurre? La clave está en el versículo 63: "El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida." Note la conexión entre el Espíritu de Dios y las palabras de Jesús. "El Espíritu es el que da vida... las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida."

A Través del Evangelio

Pienso que esto significa que quien nos lleva a un compromiso decisivo con Jesús para decir: "Ya no busco otra vida, otro mundo, otro salvador. Jesús, aquí estoy. Soy tuyo"; quien nos lleva a ese lugar es el Espíritu de Dios. Y el instrumento que usa es las palabras de Jesús. "El Espíritu da vida... las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida." Mis palabras dan vida a sus espíritus que estaban muertos e incapacitados para venir. Lo hacen al mostrarles a mí y a mi obra en la navidad y en la cruz. Y el Espíritu obra a través de mis palabras, iluminando sus mentes y corazones, de modo que me vean más precioso que todo lo demás en el mundo.

Por eso es que ustedes dicen: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Juan 6:68). Ustedes han visto su gloria, como la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Han visto la gloria de su nacimiento, y la gloria de su muerte por los pecados. Y han recibido gracia sobre gracia. Están espiritualmente vivos. ¡Y creen! Fue el Espíritu quien les dio esta vida. Y Jesús les sostendrá. No se separarán de Él. Y él no se alejará de ustedes. Ése es el significado de la vida eterna. Y de la navidad.


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