Si Dios no trabaja, trabajamos en vano

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Revisión a fecha de 16:44 31 jul 2020; Kathyyee (Discusión | contribuciones)
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English: Unless God Works, We Work in Vain

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Por Stephen Witmer sobre Santificación y Crecimiento

Traducción por Natalia Micaela Moreno

Cómo la gracia nivela la pereza y el orgullo

Entender la relación entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana solía ser simplemente una búsqueda intelectual para mí — solo un rompecabezas deslumbrante de ideas filosóficas. Ya no lo es.

El amargo fruto de la pereza, la ansiedad y el orgullo se ha infiltrado en mi vida siempre que no entendí cómo funcionaba. Y por el otro lado, el hermoso fruto de un corazón sosegado y amor desinteresado fue resultado de entenderla correctamente. Esta no es una discusión teórica o teológica distante. Es la diferencia entre la vida cristiana plena y el estancamiento espiritual.

¿Cómo se relaciona nuestro trabajo en este mundo con el trabajo de Dios? Consideremos tres posibilidades, todas las cuales he probado en varios puntos de mi vida.

1. ¿Dios no hace nada, y nosotros hacemos todo?

Algunas personas viven esto por creencia. Al creer que no hay Dios, están obligados a tomar toda la responsabilidad. Otros simplemente viven de esta forma en práctica. Muchos cristianos son ateos en la práctica: cuando nos enfrentamos a un problema, instintivamente nos volvemos hacia nosotros mismos para arreglarlo.

Hace muchos años, mi pequeño hijo Samuel y yo intentamos inflar los neumáticos de nuestro cochecito de bebé. A pesar de que Samuel claramente necesitaba mi ayuda para operar la bomba de bicicleta, estaba determinado a hacerlo todo él mismo (a pesar de mis muy persuasivos argumentos lógicos). Es lo que hacemos con Dios cuando nos preocupamos e inquietamos, o nos ponemos inmediatamente a intentar resolver el problema, en lugar de ceder nuestros problemas a Él en oración y pedirle ayuda.

Salmos 127:1–2 (LBLA) proclama la vanidad de intentar vivir lejos de la ayuda de Dios:

Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican. Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia. Es en vano que os levantéis de madrugada, que os acostéis tarde, que comáis el pan de afanosa labor, pues Él da a su amado aun mientras duerme.

"Vano, vano, vano". Salomón no quiere decir que los ateos no pueden construir casas o mantener ciudades a salvo (hay muchos constructores ateos hábiles). Pero cuando lo hacen, es gracias a la ayuda del mismo Dios que niegan. Y el mensaje de Salomón es aún más profundo y penetrante: ¿Cuál es "el punto" de la nueva casa o de la ciudad segura si no tienes a Dios? La vida no florece lejos de Él. En la segunda mitad del Salmo 127, Salomón muestra cuán bendecida es la vida cuando descansamos en Dios (Salmos 127:5). El ateísmo práctico es un gran error. Pero también lo es un error opuesto.

2. ¿Dios hace todo, y nosotros no hacemos nada?

Los cristianos a veces disfrazan la pasividad y la pereza con un traje espiritual. Amamos “Dejar que Dios obre.” “Dios ama a esa persona y confío en que proveerá cada una de sus necesidades.” Decimos, “Oraré por ti,” en lugar de ofrecer la ayuda práctica que nos costará algo. Es como lo que hizo mi hijo luego de que finalmente intervine para ayudarlo a inflar el neumático del cochecito. Decidió que ya que yo estaba inflando de todas formas, él encontraría algo más interesante que hacer. Y se alejó.

Nos podríamos preguntar si los versículos del Salmo 127 que citamos anteriormente aprueban la pereza. Después de todo, Salomón dijo que es en vano “ que os levantéis de madrugada, que os acostéis tarde.” Pero fíjate en algo muy importante: A pesar de que es cierto que el Señor debe construir la casa, "aún hay gente construyendo la casa". Y aunque el Señor debe vigilar la ciudad, "aún hay humanos vigilando la ciudad". Juan Calvino estaba en lo correcto cuando dijo, “No es la voluntad del Señor que seamos como bloques de madera, o que debamos quedarnos de brazos cruzados sin hacer nada; sino que debemos movernos a usar todos los talentos y ventajas que [Dios] nos ha otorgado.”

La ayuda de Dios no tiene el propósito de convertirnos en flojos. Su trabajo nunca socava el nuestro (Filipenses 2:12–13). Hay una mejor manera de coordinar su actividad con la nuestra.

'3. Dios hace todo, y nosotros hacemos algo.

Dios nos llama a hacer algo en este mundo: a ser activos, incluso abundantes, en las obras de Dios (1 Corintios 15:58). Pero incluso aunque abundemos en actividad, debemos reconocer que nunca hacemos tanto como Dios hace. Es cierto que “si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican.” Pero no es cierto que “si aquellos que trabajan no edifican la casa, en vano trabaja el Señor.” Eso es herejía. Nosotros necesitamos a Dios, pero Él nunca nos necesita a nosotros. Él es soberano.

Luego de que Samuel se fuera a hacer otra cosa, mi hija Annie se acercó. Ella sujetó el mango de la bomba, yo puse mi mano sobre la suya, e inflamos juntos. Y terminada la tarea, con todos los neumáticos inflados, Annie tuvo la satisfacción de saber que ella había ayudado genuinamente. Pero claro que nuestros esfuerzos no fueron enteramente iguales. Si Annie hubiera dejado de inflar, yo podría haber terminado el trabajo sin problemas. Si yo hubiera dejado de inflar, Annie no hubiera podido continuar.

Aún sabiendo esto, Annie no fue pasiva ni perezosa en su trabajo. Al contrario, mi presencia le dio confianza en que el trabajo podría cumplirse incluso si sobrepasaba su fuerza. De forma similar, saber que Dios trabaja activamente nos da la confianza y la audacia para ser más, no menos, activos en los buenos trabajos que ha planeado para nosotros.

Dios hace todo, y nosotros hacemos algo. O, en las palabras del apóstol Pablo, “Antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí” (1 Corintios 15:10, LBLA).


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