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Por Stephen Witmer sobre Iglesia y Cultura

Traducción por David Garcia Ruiz

Lo que tu iglesia le dice al mundo

La muerte redentora de Jesús no solo salva a las personas, hace mucho más. Crea comunidades, haciendo posible que personas redimidas milagrosamente, formen iglesias que viven como una familia unos con otros.

En Romanos 15:7, el apóstol Pablo identifica las bases y objetivos de una verdadera comunidad: “aceptaos los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó para gloria de Dios”.

Todas las iglesias que conozco quieren aceptar a las personas. Pero lo que a menudo pensamos sobre el término “aceptar” es superficial, y se limita a un amable saludo con una sonrisa, estrechar manos y un paquete de bienvenida los domingos por la mañana. Pablo entiende que “aceptar” tiene un significado más profundo y unas connotaciones más grandes: está arraigado en el evangelio y tiene un gran alcance, siendo capaz de conseguir algo de un valor incalculable.

Raíz de la comunidad cristiana

“Aceptaos los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó para gloria de Dios”. Pablo escribió estas palabras a la iglesia en Roma, que estaba experimentando importantes tensiones entre judíos y gentiles, que no se ponían de acuerdo con respecto a comer determinados alimentos y observar ciertos días. En este conflicto, Pablo declaró la verdad del evangelio: “Cristo os aceptó”.

La aceptación de Cristo no es solo un amistoso apretón de manos y una sonrisa amable. Cristo es salvación (Romanos 10:13), reconciliación (Romanos 5:10) y nos hace herederos de la familia de Dios (Romanos 8:16). Y tiene un precio: costo la muerte de Cristo en nuestro lugar y la resurrección de la muerte el que Él nos pudiera aceptar. En cualquier caso, fue el precio que el Hijo voluntariamente pagó para recibirnos (Juan 10:18).

El modo en que Cristo nos acepta es la base y modelo de la forma en que nos aceptamos los unos a los otros: “Aceptaos los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó para gloria de Dios”. Puesto que Jesús murió por nosotros para acogernos en la familia de Dios, el modo en que nos acogemos los unos a los otros significa vivir juntos como una familia.

La dinámica de la comunidad cristiana

¿Cómo interactúan los miembros de una familia sana? Esta pregunta guía nuestra vida juntos en la comunidad cristiana. Nos amamos los unos a los otros incluso cuando estamos en desacuerdo, como una familia sana hace. Estamos dispuestos a reconciliarnos, orar y trabajar juntos. No evitamos ni despreciamos a miembros de la familia con personalidades extravagantes o conductas irritantes, o aquellos que simplemente son diferentes a nosotros en su forma de vestir, hablar u opinar.

Por el contrario, nos aceptamos los unos a los otros porque somos parte de la misma familia. Colaboramos juntos en la comunidad y nos servimos los unos a los otros en las tareas que es necesario realizar, porque eso es lo que hace una familia sana. Encontramos maneras, tanto grandes como pequeñas, de decir a través de palabras y acciones: “Eres parte de mi familia, por eso, me voy a sacrificar para servirte”. Nos aceptamos los unos a los otros sirviendo en la guardería, sentándonos al lado de la cama en un hospital, proporcionando transporte, orando de manera fiel, trabajando cuando existen conflictos y en miles de otras maneras.

El tipo de acogida sobre la que Pablo habla no es una tarea del “ministerio que se encarga de saludar” o del “equipo de bienvenida” únicamente, sino una tarea de toda la iglesia. No se trata de un evento, sino de un modo de vida continuo. Amar a nuestra familia de la iglesia requiere tiempo, sacrificio y humildad, al igual que nuestra aceptación en la familia de Cristo requirió su muerte en la cruz.

Objetivo de la comunidad cristiana

El resultado de una comunidad cristiana que realmente vive de este modo es impresionante. Pablo dice que nos debemos aceptar los unos a los otros como Cristo nos aceptó “para gloria de Dios.” Una comunidad de pecadores redimidos puede ser capaz de mostrar el valor de Dios al mundo. No puede haber ningún objetivo más importante para ninguna iglesia. La enseñanza de Pablo es una excelente noticia para iglesias pequeñas y ordinarias. Significa que no necesitamos edificios deslumbrantes, ministerios con última tecnología, pastores famosos, música sobresaliente, o programas para todas las edades para dar gloria a Dios. Nuestra iglesia glorifica a Dios siendo una familia los unos con los otros, aceptándonos los unos a los otros como Cristo ya nos ha aceptado.

Esta Semana Santa, recordemos uno de los mayores dones que viene de la cruz: una comunidad verdadera que muestra la gloria de Dios.


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