Tu pecado no puede competir con la gracia divina

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English: Your Sin Is No Match for God’s Grace

© Desiring God

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Por Jon Bloom sobre La Gracia de Dios

Traducción por Caridad Adriana Zayas Velázquez


El antiguo himno lo expresa bellamente: “la Gracia, la Gracia de Dios, gracia que es mayor que todos mis pecados”.

Pero, la Gracia de Dios no es sólo lo suficientemente grande como para “perdonar y purificar desde adentro”. Es tan poderosa, tal como el hermano mayor de José aprendió en Génesis 45, que puede convertir el peor pecado que jamás hayas cometido contra otros o, que jamás haya sido realizado en contra tuya y, convertirlo en el esclavo de su misericordia.



_ “¿Qué quieres decir con que está vivo?”- Jacobo no encontraba donde encajar las palabras de Rubén.

_ “Sé que es algo difícil de creer, Padre”,- replicó Rubén. Apenas podíamos creerlo y eso que lo vimos con nuestros propios ojos. El Señor Egipcio –el que nos exigió que llevásemos a Benjamín-, es José. No sólo está vivo sino, que él…”, Rubén vaciló ante la extraña frase,-“El reina en Egipto, es el Faraón”.

Jacobo entrecerró los ojos dudosamente. Un hijo que ha estado muerto durante dos décadas no es fácil de resucitar. _ “Eres cruel al decirme tal cosa, a menos que, no tengas dudas al respecto”.

“No me cabe duda alguna, Padre. Me tomará horas contárselo todo. Pero, hablamos con él. Cenamos con él en su casa”.

Simón no se pudo contener: “!Nos sentó alrededor de la mesa según el orden de nuestros nacimientos! ¡Antes de que alguno de nosotros supiera quién era él ¡ ¡Pensamos que era un mago!

_ “Y tendría que haber visto la cantidad de comida que puso frente a Benjamín”, -bromeó Zeibulun, dándole a Benjamín en la cabeza un afectivo empujón.

Rubén continuó, _”Padre, él mismo nos dijo:-“Soy tu hermano, José”. Reaccionamos de la misma forma que Ud. está haciendo ahora. Pensé que nos estaba engañando. Pero después de conversar con él durante horas, no hubo lugar a dudas. Es él. Y la primera cosa que quiso saber fue: “¿ Vive aún mi padre?”( Génesis 45-3)

La dura expresión de Jacobo no se alteró, pero sus ojos estaban húmedos. Movía su mirada de un hijo al otro, deteniéndose en Benjamín. Y de nuevo, en Rubén. “Pero, Uds. me mostraron su ropa ensangrentada. Fue atacado por un animal salvaje. Si sobrevivió, ¿por qué nunca regresó a su hogar? ¿Por qué marcharse a Egipto? ¡José no me ha perdonado nunca!

El momento había llegado, -aquel que habían temido durante todo el viaje de regreso. Durante veintidós años habían ocultado a su padre esta herida supurante de perversidad.

Pero ahora, Dios la había sacado a la luz. La vergüenza hizo doblar la cabeza a sus nueve hijos. Judas fue la excepción. El había pedido dar la noticia a su padre. Que él habia dado lugar al pecado. Tomando responsabilidad de lo sucedido. –“José no te abandonó, Padre “, dijo Judas, dando un paso hacia adelante. “El fué abandonado. No, peor, él fue traicionado”.

Jacob miró fijamente a Judas,-¿Traicionado? ¿Por quién?

_ “Por sus propios hermanos. Hermanos que lo odiaban por gozar del favor de su padre. Hermanos que lo odiaban por tener el favor de Dios”, Judas arduamente expresó las duras palabras. –“En realidad, discutimos acerca de matarlo pero, decidimos, en su lugar, beneficiarnos de ello. Se lo vendimos a los comerciantes ismaelitas en su camino a Egipto. Para mi vergüenza eterna, esa fue mi idea Padre,.-vender a mi propio hermano como esclavo. La sangre en su ropa era sangre de macho cabrío. Eramos nosotros los animales salvajes”.

Jacobo se sentó. La ira y la esperanza se mezclaban en su alma. El silencio se hizo largo. Entonces, Judas dijo- “Su sueño se hizo realidad”. Jacobo levantó la mirada de nuevo. _ “El sueño de José, se hizo realidad. Todos nosotros, los once, inclinamos la cabeza ante él en Egipto. Lo vendimos y lo convertimos en esclavo a causa de sus sueños, jamás pensando que nosotros mismos estábamos ayudando a hacerlo realidad.

Rubén añadió,- “José no guarda rencor, Padre. ¿Sabe usted lo que nos dijo? -“Dios me envió ante ustedes. para conservarles un remanente en la Tierra y mantener vivos para ustedes. a muchos sobrevivientes. Así que, no fueron ustedes. los que me enviaron a este lugar, sino Dios”. (Génesis 45: 7-8)

“De hecho”, dijo Judas, “ él desea que todos vayamos a vivir cerca de él en Egipto para escapar del hambre. Es por eso que hemos traído todas esas carretas. El dijo, “Deben contarle a mi padre acerca de todos mis honores en Egipto y, todo lo que ustedes. han visto. Dénse prisa y traigan a mi padre aquí”. (Génesis 45:13)

Jacobo se quedó completamente absorto en sus pensamientos por un largo rato. Entonces, sacudió su cabeza y dijo “Basta, José, mi hijo, está vivo. Iré y lo veré antes de morir”. (Génesis 45:28)



Los que hicieron los diez hermanos mayores a José fue atroz. Lo convirtieron en la mercancía del tráfico internacional de personas. Lo sometieron a la esclavitud y al abuso sexual. Sin derechos ni defensa, fue enviado a prisión a podrirse.

Pero, presten atención a las palabras de José: “…no fueron ustedes quienes me enviaron aquí, sino Dios” (Génesis 45:8)

Ni los hermanos traidores, ni el deseo de una mujer ni la deshonra de la prisión, ni la negligencia de un copero pueden frustrar los designios de Dios” (Job 42:2) en la preservación del Pueblo de Dios (Génesis 45:7) y en cumplir la profecía dicha a Abraham (Génesis 15:13). Dios hizo al diablo esclavo de su misericordia.

Y está haciendo lo mismo por ti. Dios está obrando el mayor bien que puedas imaginar a través de las más dolorosas experiencias de tu vida.

Si has pecado contra alguien más, haz todo lo posible por hacer lo correcto. Pero, debes saber esto: tu pecado no puede competir con la gracia divina.

Y si te encuentras en un lugar donde no quieres estar como resultado del pecado de otro, anímate. Dios conoce y sabe lo que hace. Mantente fiel. En su momento te mostrará que te envió por razones redentoras, las que tu jamás habrías adivinado.



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