Verdadero Cristianismo: Gozo inefable en el Cristo Invisible

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English: True Christianity: Inexpressible Joy in the Invisible Christ

© Desiring God

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Por John Piper sobre Hedonismo Cristiano
Una parte de la serie 1 Peter: Grow in the Grace & Knowledge of Christ

Traducción por Maria del Carmen Zanassi


1 Pedro 1:8-9 (LBLA)

“Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación.”

Contenido

La Descripción de Pedro de la Experiencia Cristiana

Esta mañana nos concentraremos en los versículos 8 y 9. Esta es la pregunta con la que quiero empezar: ¿Por qué Pedro les dice a los cristianos lo que están experimentando? Él dice: ”Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe, que es su salvación.”

Les habla de lo que están experimentando: “Lo amáis; creéis en Cristo; os regocijáis en Cristo con gozo inefable y glorificado; todo eso aunque ahora no lo veis”. ¿Por qué? ¿Por qué decirles qué significa lo que experimentan?

Creo que la razón es que quiere describirles lo que es el verdadero Cristianismo. Y hacerlo de tal manera que, si alguna vez se apartan de eso, tengan un ejemplo firme que les demuestre lo que está pasando, para que se puedan dar cuenta y volver a lo que han perdido.

Ilustración: Nadar Contra la Corriente

Lo voy a describir de esta manera (no es una descripción perfecta, pero me ayudó a entender porqué Pedro les habla de sus propias experiencias): el verdadero Cristianismo es como nadar contra la corriente en un río que no reconoce ningún dios – para nosotros, ausencia de dios secular norteamericana. Nadamos con las brazadas del amor a Cristo, de fe en Cristo y de regocijo en Cristo. Y mientras nadamos, no nos sentimos arrastrados hacia las terribles cataratas del juicio río abajo, por los que no reconocen ningún dios.

Dios nos protege, como dice el versículo 5, mediante la fe. Hace posible que nademos contra la corriente con las brazadas de la fe, del amor y del gozo, para que no nos arrastre la corriente de la ausencia de Cristo.

Nuestro entrenador de nado, el apóstol Pedro, está en la costa mirándonos y siguiéndonos. Cuando nadamos bien, nos dice en voz alta: “Escuchen, lo están haciendo bien, pongo una bandera acá, justo donde se encuentran en el río. Tómenlo en cuenta. Aquí es donde están”. Eso es lo que hace en los versículos 8 y 9.

Es tal la razón que si dejamos de usar las brazadas de amor por Jesús, de fe en Jesús, de gozo en Jesús y empezamos solamente a flotar con la corriente del río que no reconoce dios alguno, nos vamos a dar cuenta, al mirar hacia la costa, que la bandera está contra la corriente. Vamos a tener un punto fijo de referencia, para hacernos volver a lo que es el verdadero Cristianismo.

Eso es lo que quiero hacer esta mañana. Pedro lo hizo para los cristianos entonces y yo voy a tratar de hacerlo ahora para ustedes con sus palabras – poner una bandera del lado del río de la creencia norteamericana de que no hay dios y hacerles ver cuál es la ubicación de ustedes en el nado cristiano.

Cinco Cosas Acerca de los Cristianos

Pedro dice cinco cosas (en los versículos 8 y 9) sobre sus lectores cristianos:

  1. Aman a Cristo;
  2. creen en Cristo;
  3. se regocijan en Cristo;
  4. reciben la salvación de sus almas a través de todo eso;
  5. y están experimentándolo aunque, como nosotros, nunca han visto a Cristo en persona.

Esta es el verdadero Cristianismo. Dios salva nuestras almas al producir en nuestros corazones un amor, una confianza y una alegría que están en contra de la corriente del secularismo, de la creencia de que no hay ningún dios y del espíritu mundano de nuestra sociedad.

El verdadero Cristianismo es amar a Cristo, confiar en Cristo y gozar a Cristo. En otras palabras, el Cristianismo es, primero y principal, un asunto del corazón (amor, confianza y alegría), no un asunto de realizaciones externas. En el versículo 9, Pedro agrega: en esto ahora están (progresivamente) recibiendo todo el objetivo, la salvación de sus almas. La completa salvación final, preparada para ser revelada en el último tiempo (v. 5), que estamos recibiendo ahora para nuestras almas (en parte), porque amamos a Cristo, confiamos en Cristo y nos regocijamos en Cristo ahora.

Tres Definiciones

Veamos si podemos adentrarnos en estas tres experiencias, ver como se relacionan y si realmente las estamos viviendo o no. ¿Qué queremos decir cuando hablamos de amar a Cristo, confiar en Cristo y disfrutar de Cristo? Vamos a empezar con tres definiciones:

1. Amar a Cristo

Amar a Cristo significa sentir a Cristo como un valor precioso por su naturaleza y su virtud (cf. 2:7).

2. Confiar en Cristo

Confiar en Cristo significa sentir que Cristo es fiable en todas sus promesas y en todos sus consejos.

En otras palabras:

El amor hacia el Amado se suscita por ser quién es.

La fe origina confianza en el Fidedigno por lo que hará.

3. Disfrutar a Cristo

¿Y la alegría? Pedro dice (v. 8): “Nos regocijamos (en Cristo) con gozo inefable y lleno de gloria”. Cuánto más pienso en esto y cuanto más considero los textos bíblicos (como Filipenses 1:25, Romanos 15:13 y Corintios 1:24), menos creo que debemos concebir la alegría separada del amor y de la fe.

La alegría en Cristo es el sentimiento profundo de amor y confianza en Él. Es el eco de nuestras emociones – nuestros corazones – de sentir que Cristo es un valor precioso y confiable. Es el sentimiento profundo de sentirse atraídos a Él por lo que es y el profundo sentimiento genuino de tener confianza en Él por lo que hará.

Por lo tanto, la alegría es parte del amor y de la fe. Porque sería una contradicción (¿no es cierto?) decir: Me siento atraído por el valor inapreciable de lo que significa Cristo, pero no tengo sentimientos verdaderos” ¿Qué es la atracción sin sentimientos verdaderos por algo? Puede haber terror en la atracción (como al León llamado Aslan), pero si no hubiera verdaderos sentimientos profundos no se sentiría como atracción, sino como rechazo.

Pasa lo mismo con la fe, sería una contradicción decir: “Confío plenamente en lo que Cristo hará por me, pero no tengo auténticos sentimientos de confianza”. ¿Qué es la confianza sin sentimientos reales de esperanza y seguridad en quien uno confía? Puede esperarse dolor y sufrimiento en el camino, pero si no hubiera sentimientos verdaderos profundos de que va a salir bien, no sería confianza o seguridad en absoluto.

Llego a la conclusión de que la atracción al valor incalculable que es Cristo (lo cual llamamos amor) y la confianza en la fiabilidad absoluta de Cristo (lo cual llamamos fe) no son menos que un buen sentimiento profundo llamado alegría. Es más que eso, hay otros elementos en ellos además del genuino sentimiento profundo de alegría, pero no son menos que la alegría, Por lo tanto, este gozo santo, al que se refiere Pedro en el versículo 8, constituye una parte del amor y la fe, y todos juntos son el verdadero Cristianismo.

Se necesita bastante tiempo para explicar porqué Pedro lo llama gozo “inefable y lleno de gloria [o glorificado]”.

Gozo: Nos convertimos en lo que ansiamos

¿Qué le da su cualidad al gozo? No quiero decir simplemente su intensidad, sino ¿su carácter moral? ¿Qué hace que el gozo sea desagradable o bello? ¿Pervertido o noble? ¿Sucio o limpio? La respuesta es que su particularidad se la da lo que se disfruta. Si les gustan los chistes fuertes, o el lenguaje sucio, las imágenes lascivas, entonces sus corazones están sucios y el gozo es sucio. Si disfrutan de la crueldad, la arrogancia y la venganza, entonces sus corazones y su gozo tienen las mismas características. Cuanto más gozan de las cosas materiales, más se desgastan sus corazones y su gozo, como una simple cosa material. Ustedes se vuelven como lo que ansían.

Pedro dice (en v. 8) que el gozo cristiano es inefable y glorificado. ¿Cómo puede ser así? Porque el gozo cristiano es el gozo que se siente al ansiar el valor inapreciable de Jesús y la confiabilidad de Jesús. Uno se vuelve como lo que ansía. Los cristianos ansían a Cristo. Por lo tanto, se vuelven como Cristo. El valor inapreciable y la confiabilidad de Cristo son inefablemente grandes y lo mismo es nuestro gozo en Él. Cristo posee toda la gloria del universo y de Dios, por eso nuestro gozo en Él es un gozo lleno de gloria – es decir, un gozo que va aumentando a causa de su gloria, al sentirnos atraídos por su incalculable valor y al tener confianza en Él. Nos convertimos en lo que ansiamos, y lo que los cristianos ansían, más que cualquier otra cosa, es la gloria de Cristo. Por lo tanto, nuestro gozo es “inefable y lleno de gloria”, porque es el gozo de amar y confiar en Cristo quien es inefablemente glorioso.

Ver Lo Que No Podemos Ver

¡El evangelio es mejor que haber estado allí!

Pero, ¿cómo podemos ansiar el valor infinito de Cristo y confiar en Él si no lo vemos? ¿Cómo lo aman y creen en Él ustedes, si no lo pueden ver?

Lo Vemos De Otra y Muy Importante Manera

Creo que la respuesta a esa pregunta es que aunque no lo veamos cara a cara con nuestros ojos, lo vemos de otra manera que es más importante aún. Por ejemplo, en Romanos 15:20-21, Pablo describía su misión en pueblos inaccesibles (que nunca pudieron ver físicamente a Cristo), de esta manera: “Anhelaba anunciar el evangelio, no donde Cristo era ya conocido…sino como está escrito”, ´Aquellos a quienes nunca les fue anunciado, lo verán, y los que no han oído hablar de Él, entenderán´”. En la prédica del Evangelio, se puede ver a Cristo de una manera más importante que verlo físicamente.

Cientos de personas durante la vida de Jesús lo pudieron contemplar físicamente, pero nunca lo vieron realmente. “Ver, ellos no vieron”, dijo Jesús. Hay un ver que es infinitamente más importante que ver con los ojos. En 2 Corintios 4:6, Pablo lo describe así: “El Dios que dijo ‘de las tinieblas resplandecerá la luz’, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para que se ilumine el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo”. Hay un ver espiritual del corazón de la gloria de Dios en el rostro de Cristo, y sin eso nadie se puede salvar. Michael Card expresó la paradoja de no ver, y sin embargo ver, en una de sus canciones de esta manera:

Oír con mi corazón
Ver con mi alma
Ser guiado por una mano que no puedo asir
Confiar de una manera que no puedo ver
Eso es lo que debe ser la fe.

“Eso es lo que debe ser la fe”
Música y letra de Michael Card

Lo Vemos A Él A Través De La Palabra de Dios

¿Cómo ocurre esto? ¿Cómo sucede esta forma de ver? Se produce a través de la Palabra de Dios. Cuando se predica el Evangelio de Cristo, podemos ver a Cristo por quien realmente es, más claramente que muchos que lo vieron durante su vida. Si leen los evangelios, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, con claridad respecto a Cristo, pueden ver la verdadera gloria de Cristo, mucho más claramente que lo pudieron ver la mayoría de las personas que lo conocieron en la tierra – Nicodemo, la mujer sirio-fenicia, el Centurión, la viuda de Nain, Zaqueo, el ladrón en la cruz, las multitudes. Ellos vieron un poco aquí y un poco allá. Pero, en los evangelios ustedes pueden encontrar cuatro descripciones complementarias de Cristo, inspiradas por Dios, que tienen una cobertura completa de sus enseñanzas y su ministerio.

El Evangelio es mejor que haber estado allí. Los transporta al círculo íntimo del grupo apostólico, adonde nunca podrían haber llegado. Van con Él a través de Getsemaní, el juicio, la crucifixión, la resurrección y las reuniones después de la resurrección. Escuchan sermones completos y discursos largos – no en fragmentos aislados en las laderas de los cerros, sino en contextos inspirados por Dios que los llevan más profundamente de lo que jamás hubieran podido haber llegado si hubieran sido campesinos perplejos de Galilea. Ven el alcance de su personalidad y su carácter, algo que nadie en la tierra vio tan enteramente como ustedes lo pueden ver ahora en los evangelios: ven que está libre de ansiedad aunque no tenga un lugar donde dormir, su coraje al enfrentar la oposición, su sabiduría irrefutable, la mujeres que lo honran, su ternura con los niños, su compasión para con los leprosos, su mansedumbre en el sufrimiento, su paciencia con Pedro, sus lágrimas por Jerusalén, su bendición para aquellos que lo injuriaron, su compasión por las naciones, su amor por la gloria de Dios, su simplicidad y devoción, su poder para calmar las tormentas, curar a los enfermos, multiplicar el pan y expulsar a los demonios.

Cristianismo Verdadero

Aunque ahora no lo vean, sin embargo en cierto sentido lo ven mucho mejor que miles que lo vieron cara a cara. En los evangelios, constantemente ven la gloria de Dios brillando en la cara de este hombre. Y porque lo ven con los ojos del corazón, lo aman, confían en Él y se regocijan con un gozo inefable y lleno de gloria. Esto es el verdadero Cristianismo.

Esa es la bandera que flamea al borde del río que no reconoce ningún dios. Oro para que, si esta mañana están mirando contra la corriente al flotar confortablemente hacia la destrucción, Dios los despierte, abra los ojos de sus corazones y los haga bracear – no con obras según la ley para ganar algo de Dios, sino con las brazadas del amor, la fe y la alegría. Eso es el verdadero Cristianismo.



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