Aparte el peso de la Baja Imagen de Uno mismo

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English: Lay Aside the Weight of Low Self Image

© Desiring God

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Por Jon Bloom sobre Orgullo

Traducción por Carlos Diaz


Si descubrimos que tenemos problemas con una baja imagen de uno mismo, necesitamos observarla cuidadosamente, puede que no sea baja del todo. De hecho, puede ser una imagen de uno mismo frustrada y envanecida.

Pablo escribió esto en Romanos 12:3:

En virtud de la gracia que me fue dada, le digo a cada uno de ustedes: no se estimen más de lo que conviene; pero tengan por ustedes una estima razonable, según la medida de la fe que Dios repartió a cada uno.

Lo que nuestro mundo a menudo llama imagen de uno mismo, pienso que Pablo diría que es otra forma de pensar demasiado alta de nosotros mismos.

Formas Sagradas e Impías de Tener una Alta estima de Usted Mismo

Hay una forma sagrada y humilde de tener una alta estima de usted mismo. Si es un Cristiano, es un santo que es parte de una “raza elegida, un sacerdocio real, una nación sagrada, una persona para la propia posesión [de Dios] y poder proclamar las excelencias de aquél que los sacó de la oscuridad hacia su maravillosa luz” (1 Pedro 2:9). Son una nueva creación en Cristo y nunca más serán esa persona condenada (2 Corintios 5:17). Dios tiene la intención de que esto sea parte de su imagen de uno mismo.

Pero exise una forma que no es sagrada y orgullosa de tener un alta estima de usted mismo - siendo egoista, ambicioso y creer que usted mismo es más significativo que los demás (Filipenses 2:3). Esto no debe ser parte de su imagen de uno mismo como Cristiano, y si lo es, generalmente resulta en “contiendas, envidias, animosidades, rivalidades, detracciones, murmuraciones, engreimientos, y desórdenes” (2 Corintios 12:20). Este es probablemente el alta estima que Pablo tenía en mente en Romanos 12:3.

Formas Sagradas e Impías de Tener una Baja estima de Usted Mismo

De la misma forma, existen formas sagradas e impías de tener una baja estima de usted mismo.

Si se ve a usted mismo como alguna vez haber sido el primero de los pecadores (1 Timoteo 1:15), sólo ser lo que es ahora por la gracia de Dios (1 Corintios 15:10), busca el asiento bajo en el banquete (Lucas 14:10) porque considera a los demás más importantes que a usted mismo (Filipenses 2:3), y el llanto de su corazón es que “[Jesús] debe aumentar, pero yo debo disminuir” (Juan 3:30). Esta es la humildad sagrada.

Pero si usted sufre de un sentido crónico de falla, bajo rendimiento y pena porque comparándose con los demás sólo no es lo suficientemente inteligente, atractivo, competente, agraciado, organizado, educado, exitoso, rico, o sobresaliente, casi siempre eso es una humildad impía.

Y esta clase de baja imagen de uno mismo también tiende a “contiendas, envidias, animosidades, rivalidades, detracciones, murmuraciones, engreimientos, y desórdenes” (2 Corintios 12:20). Porque en verdad estamos teniendo un alta estima de nosotros mismos, y estamos tristes, apenados y frustrados ya que no podemos obtener la admiración de los demás que deseamos. Y estamos maduros para derribar a aquellos que vemos por encima de nosotros.

Luchando con la Humildad Impía

Todos batallamos con esto a veces. Es una tentación común para el hombre (1 Corintios 10:13). Y Pablo ayuda a luchar con esta forma invertida de tener alta estima de nosostros mismos en Romanos 12.

Nos recuerda que “así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, también todos nosotros formamos un solo Cuerpo en Cristo, y en lo que respecta a cada uno, somos miembros los unos de los otros” (Romanos 12:4-5). Estamos destinados a ser diferentes porque tenemos funciones diferentes. Esto debilita la envidia y motiva nuestro sentido de solidaridad.

Y Pablo nos cuenta que estas funciones diferentes vienen a nosotros como dones de gracia por parte de Dios: “Conforme a la gracia que Dios nos ha dado, todos tenemos aptitudes diferentes. El que tiene el don de la profecía, que lo ejerza según la medida de la fe” (Romanos 12:6). Lo que tenemos, lo hemos recibido de Dios, y Él desea que estemos conformes con lo que tenemos (Hebreos 13:5). Y tenemos que usar lo que hemos recibido “según la medida de la fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3). Los dones vienen de Dios y la fe para usarlos viene de Dios. De hecho, “no podemos recibir incluso una cosa a menos que [nos] sea dado del cielo” (Juan 3:27). Esto debilita la codicia y motiva nuestra fe en Dios.

La humildad impía proviene del compararnos a nosotros mismos con aquella persona en el espíritu de los discípulos que competían para ver “cuál de ellos iba a ser nombrado el más grandioso” (Lucas 22:24). Sin duda alguno de sintió claramente superior, mientras los demás sentían envidia debido a sus menores dones, menores oportunidades o menor atención.

Pero si eliminamos esta humildad impía eligiendo creer que todos nosotros hemos sido asignados por las funciones sagradas de Dios en el cuerpo de Cristo, y nos humillamos bajo la mano todapoderosa de Dios, confiando en Él para exaltarnos en los momentos apropiados y las formas apropiadas (1 Pedro 5:6). Si realmente buscamos considerar a los demás más importantes que a nosotros mismos (Filipenses 2:3), y no confiamos primero en nuestro ímpetu, y recordamos que el que menos tiene entre nosotros a menudo es el que Dios considera grandioso (Lucas 9:48), entonces allí estaremos pensando con “juicio sobrio” divino (Romanos 12:3).

Una imagen de uno mismo baja - humildad impía - la cual está en verdad teniendo un alta estima de nosotros mismos, es un peso que debemos apartar con el objetivo de correr nuestra carrera de la fe (Hebreos 12:1). Permitámonos buscar a Jesús (Hebreos 12:2), quien nos mostró cómo hacerlo viniendo hacia nosotros como el que es siervo (Lucas 22:27), y se humilló a sí mismo al lugar más bajo por nosotros (Filipenses 2:8).



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