Cómo Orar por el Alma — la Tuya o la de Otro

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Sobre esta Traducción
English: How to Pray for the Soul—Yours or Another's

© Desiring God

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Por John Piper sobre Oración
Una parte de la serie Taste & See

Traducción por Javier Matus


Para la gente atenta, el cómo ellos oran por el alma es regido por la forma en que creen que Dios actúa. Entonces, por ejemplo, si creen que Dios cambia las almas de las personas para que hagan decisiones nuevas y correctas, entonces le pedirán a Dios que haga esos cambios en el alma a través del evangelismo y el cuidado. Pero no todos están atentos con la forma en que oran. No piensan en cuál visión de Dios está detrás de su oración.

Así que lo que sugiero es que primero aprendamos a orar por el alma de la manera en que la Biblia ora por el alma. Si hacemos eso, entonces nuestras oraciones probablemente serán buenas oraciones, y en el proceso también aprenderemos acerca de cómo actúa Dios. Aquí está la manera en que yo oro por mi alma. Yo uso estas oraciones una y otra vez —para mí y mis hijos y esposa y para el personal y los ancianos y para toda la iglesia. Este es el plato fuerte de mi vida de oración.

1. Lo primero que necesita mi alma es una inclinación hacia Dios y a Su Palabra. Sin eso, nada de ningún valor sucederá más en mi vida. Debo querer conocer a Dios y leer Su Palabra y acercarme a Él. ¿De dónde viene ese “querer”? Viene de Dios. Así que el Salmo 119:36 nos enseña a orar: “Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia”.

2. Luego necesito que sean abiertos los ojos de mi corazón, para que cuando mi inclinación me lleve a la Palabra, vea lo que realmente está ahí y no sólo mis propias ideas. ¿Quién abre los ojos del corazón? Dios lo hace. Así que el Salmo 119:18 nos enseña a orar: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de Tu ley”.

3. Entonces necesito que mi corazón sea alumbrado con estas “maravillas”. Necesito percibir la gloria en ellas y no sólo hechos interesantes. ¿Quién alumbra el corazón? Dios lo hace. Así que Efesios 1:18 nos enseña a orar: “Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento [corazón]”.

4. Entonces me preocupa que mi corazón esté fragmentado y que partes de él puedan estar en la oscuridad mientras que otras partes estén iluminadas. Así que anhelo que mi corazón esté unido a Dios. ¿De dónde viene esa totalidad y unidad? De Dios. Así que el Salmo 86:11 nos enseña a orar: “Oh Jehová…caminaré yo en tu verdad; afirma [une] mi corazón para que tema Tu Nombre”.

5. Lo que realmente quiero de toda esta participación con la Palabra de Dios y la obra de Su Espíritu en respuesta a mis oraciones es que mi corazón esté saciado con Dios y no con el mundo. ¿De dónde viene esa saciedad? Viene de Dios. Así que el Salmo 90:14 nos enseña a orar: “De mañana sácianos de Tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días”.

6. Pero no sólo quiero ser feliz con Dios en mi propio pequeño mundo privado. Quiero que mi felicidad sea lo más completa posible para difundirse y expandirse para otros. Quiero ser fuerte en el gozo. Esto me hará durable en frente de las amenazas o la adversidad. ¿De dónde viene esa fuerza y durabilidad? Viene de Dios. Así que Efesios 3:16 nos enseña a orar: “Para que [Dios] os dé, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por Su Espíritu”.

7. Finalmente, quiero que mi fuerza en Cristo produzca buenas obras para los demás, para que la gloria de Dios sea vista en mi vida. ¿Quién produce estas buenas obras? Dios lo hace. Así que Colosenses 1:10 nos enseña a orar: “Para que [andemos] como es digno del Señor…llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios”.

Todo esto lo pido “en el nombre de Jesús,” porque Dios da estas cosas a mi alma sólo porque Jesús murió por mí y quitó la ira de Dios para que el Padre “[libremente] nos [dé] también con Él todas las cosas” (Romanos 8:32).

Aprendiendo a orar y aprendiendo cómo actúa Dios,

El Pastor John


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