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English: Chapters of Mothering

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Por Abigail Dodds sobre Crianza de los Hijos

Traducción por Adriana Blasi


De qué manera la lectura forma a un niño

Algunos hitos en la vida de nuestros hijos perduran en nosotros. No olvido la manera en que enseñaba a mis hijos a leer; un placer que perdura al ayudar a nuestro hijo menor.

¡Recuerdo el peso de mi responsabilidad al ayudar a mis hijos pequeños a desarrollar mentes que pudiesen comprender el lenguaje escrito! Esta habilidad les permite leer la palabra de Dios por sí mismos. ¿Qué podía ser más motivador para mí como su mamá y maestra? Sin embargo, el proceso de entrenamiento para leer comenzó mucho antes que cumpliesen cuatro, cinco, seis o siete años. Comenzó cuando eran bebés y mamá y papá les leíamos los libros de cartón.

Contenido

Cultivemos juntos los gustos adecuados

La lectura no comienza como una actividad que tu niño realiza por sí mismo. Comienza con los padres y las madres. Comienza cuando leemos en voz alta. Aumentamos el apetito de nuestros niños al narrarles los libros que ellos disfrutan y comprenden. Estos no son los libros que elegirías leer en tu tiempo libre, lo cual no implica que no puedas disfrutarlos con ellos.

Este es el beneficio de ser una mamá: encontrar alegría en las mismas cosas en las que nuestros hijos encuentran alegría y deleitarnos. Nos toca volver a experimentar cada etapa de la niñez, que significa que nos toca volver a experimentar cada etapa de la lectura. ¿Hay momentos cuando esto se torna más como un deber que como un placer? ¡Por supuesto! Pero no ocurre con frecuencia si has logrado dejar de lado esa clase pecaminosa de adultez que no puede disfrutar la niñez que caracteriza el mismísimo reino de Dios.

He memorizado varios libros a lo largo del tiempo (¡aún los extensos!) sencillamente porque mis pequeños hijos querían escuchar un libro una y otra vez, día tras días, noche tras noche. Esa clase de repetición es buena para ellos y para nosotros. A menudo obtenemos más beneficio al conocer un buen libro de tapa a tapa del que obtendríamos conociendo unos diez libros escasamente; así que, da la bienvenida al amor de tus hijos por la repetición.

Discipulando al lector

A partir de los primeros libros que lees a tus hijos, recuerda que estás cultivando gustos: el gusto por la rima, el ritmo, la cadencia; el gusto por la obra de arte, el color, las ilustraciones; el gusto por los temas, las tramas y las moralejas.

Los libros no son inherentemente virtuosos. Los libros pueden tener buenos y malos contenidos. La cadencia puede fallar, el tema puede ser tonto, las ilustraciones pueden estar sobrecargadas. Como mamá puedes ayudar a descartar lo malo y presentar lo bueno. No es conveniente que envíes a tus hijos pequeños a examinar los pasillos de la sección infantil en la biblioteca pública o librería sin tu mano firme para guiarlos.

Los libros pueden enseñar y catalizar todo tipo de ideologías infames, pero, afortunadamente, esa es la razón porque los niños tienen mamás: de modo que ellas puedan ayudar a discernir entre los libros que son comida chatarra, los libros que son tentempiés y los libros que son saludables. Y, como cristiano, es perfectamente saludable evitar la biblioteca pública por completo si encuentras que es de poca utilidad. Ese fue mi enfoque. En su lugar, empezamos nuestra propia biblioteca casera; una decisión de la que nunca me he arrepentido.

Lo bueno, lo verdadero, lo hermoso

Uno de nuestros pasatiempos favoritos ha sido escuchar libros juntos en el automóvil, ya sea una serie larga a través de un viaje largo, o un libro corto camino a una actividad entre semana. Desde un comienzo, tomamos la decisión de evitar las pantallas para nuestros niños en el auto, y en su lugar escuchar libros y música y hablar el uno al otro.

En una ocasión, viajamos desde Montana a Minnesota durante quince horas en un solo día escuchando Las crónicas de Narnia. Fue la primera vez que escuchamos toda la serie en familia, y la edad de nuestros cinco niños iban desde bebé a los grados escolares. Finalmente, llegamos a casa a altas horas de la noche, pero todavía faltaban unos quince minutos de La última batalla. Por lo tanto, a pedido de los “niños mayores”, estacionamos el automóvil en el garaje y permanecimos sentados otros quince minutos introduciéndonos más y más profundamente en la verdadera Narnia, a medida que las lágrimas se deslizaban por mi cara ante la maravilla de todo aquello.

¿Por qué animamos a nuestros hijos a leer? He notado que nosotras, las mamás, podemos tener una extraña clase de orgullo respecto a nuestros hijos “lectores”, como si un niño con su cabeza metida en un libro es un buen niño, o al menos, uno brillante. Nosotras las mamás deberíamos ser más sensatas. Leer es un medio, no un fin. Debería ser un medio que conduzca a las virtudes cristianas —para lo bueno, lo puro y lo hermoso— y una ayuda para agudizar y desafiar el pensamiento; para inspirar valentía y cosechar conocimiento. Si la lectura es deseable simplemente porque es mejor que la TV o el iPad, entonces probablemente deberíamos elevar la vara.

Del mismo modo que debemos ser lectores perspicaces y ayudar a nuestros hijos a convertirse en lectores perspicaces, también debemos ser madres perspicaces: ver claramente si el hábito de lectura de nuestros hijos está cultivando una virtud o la suprime. A medida que nuestros hijos crecían amando la lectura, con frecuencia he confiscado libros, (¡bien hecho!), y les he recordado que tienen historias propias que vivir. Sal afuera, resuelve un problema, habla con la gente, haz tus tareas, cuenta algunos chistes, haz música. ¿Quiero que sean “lectores”? Sí, en la medida en que la lectura cultiva una virtud, no una introversión malformada.

Aguarda la eucatástrofe

Cuando nuestra hija, Eliza, cumplió diez años, estaba terminando un libro en el asiento trasero de nuestro minivan. Seth, su hermano menor, estaba leyendo el último capítulo junto con ella, sin haber leído el resto del libro. Él comentó: “al parecer tendrá un final feliz”. Ella respondió: “oh, a mí no me gustan los finales felices. Eso significa que el libro se ha terminado”. Luego, ella hizo la siguiente reflexión: “pero cuando las cosas al final se vuelven aterradoras o tristes, uno sabe que habrá otro capítulo u otro libro”.

¿Acaso no conoces el desasosiego de terminar un libro que amas? J.R.R. dice que las mejores historias (que él denomina cuentos de hadas) no tienen un final. Pero lo que sí tienen es la eucatástrofe, que Tolkien describe en una de sus cartas:

Acuñé la palabra eucatástrofe: un giro de felicidad repentina en una historia que perfora con una alegría que hace llorar (que, argumenté, es la función más elevada de las historias de hadas). Y desde allí me lleva a ver de que produce un efecto particular porque se trata de un repentino vislumbre de la Verdad, nuestra naturaleza completa encadenada en una causa y efecto material, la cadena de la muerte; se siente un alivio repentino como cuando una extremidad principal dislocada se vuelve a soldar. Se percibe… que así es como funcionan en realidad las cosas en el Gran Mundo para el cual está hecha nuestra naturaleza. Y concluí diciendo que la Resurrección fue la mayor eucatástrofe posible. (Las cartas de J.R.R. Tolkien, 100)

Quizás la mayor virtud que pretendemos inculcar en nuestros hijos a través de la lectura es reconocer la eucatástrofe y aprender a esperarla; que es inherente a la fe cristiana y su historia. Esta realidad, esta es la razón por la cual nos ocupábamos que diariamente se familiarizaran con las historias, los ritmos, las cadencias y los temas de las Escrituras a través de la lectura.

Lo mejor de las historias

La gran eucatástrofe ha sucedido: Dios, el hijo, fue crucificado y enterrado, luego resucitado a la vida en el tercer día. Pero hay más eucatástrofes por venir para aquellos que están en Cristo.

Por eso, el libro más importante que animamos a nuestros hijos a leer es la Sagrada Escritura. El Dios que condujo a su pueblo a través del Mar Rojo mientras era presionado por el ejército del faraón, y quien derribó las murallas de Jericó con trompetas y gritos, y quien utilizó a un joven pastor para derribar a Goliat, y quien mantuvo a Sadrac, Mesac y Abed-nego ilesos en un fuego ardiente, y quien rescató a su pueblo con una hermosa joven convertida en reina Ester: sabe cómo rescatar a los santos cuando todo está perdido. Él sabe cómo escribir las mejores historias. Él quiere que nuestros hijos lean sobre él, confíen en él y lo disfruten por siempre.


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