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Por John Piper sobre Santificación & Crecimiento
Una parte de la serie Precious & Magnificient Promises: Nine Sermons on 2 Peter

Traducción por Maria del Carmen Zanassi


2 Pedro 1:5-11

El domingo pasado, vimos en 2 Pedro 1:1-4 que el poder divino le ha sido dado a aquellos que han obtenido la fe en la justicia de nuestro Dios y Salvador, Jesucristo; y que ese poder divino se hace efectivo mediante el conocimiento, al cual Dios no has llamado para su gloria y excelencia. O, para decirlo de otra manera, cuando tenemos el incentivo de las promesas de Dios ante nuestros ojos, tenemos poder para resistir y ser atraídos hacia senderos de justicia y amor hasta la vida eterna. La semana pasada, el pensamiento principal era: nuestro objetivo es la vida y la piedad, el poder divino es la fuente de fortaleza para convertirnos en piadosos; y la conexión que activa entre el objetivo de piedad y la fuente de poder divino, es conocer y confiar en las promesas de Dios. Somos la bombilla de luz de nuestros vecindarios. Dios es el generador de electricidad remoto; y los cables, que llevan el poder, son las promesas de Dios.

Contenido

La Lógica de la Piedad

El texto de hoy son los versículos 5-11. Empezaremos viendo los versículos 5-7, los que voy a leer de la Versión Estándar Revisada (RSV, por sus siglas en inglés, la cita se toma de la LBLA en español).

Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad, a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor.

Probablemente, lo que hay que notar acá es que este mandato está basado en los versículos 3 y 4, los cuales no son un mandato, sino una descripción de lo que Dios hizo por nosotros. El poder divino de Dios nos ha dado toda las cosas que conducen a la piedad (v.3); "por esta misma razón" pongan todo su empeño para ser piadosos. No pierdan la conexión, (aunque la KJV - la versión King James - lo omita). Como Dios les ha dado el poder para la piedad, ¡esfuércense por ser piadosos!. Esta es la esencia de la ética del Nuevo Testamento. Trabajamos por la piedad porque Dios ya lo ha hecho por nosotros y está obrando en nosotros. Nunca le den al vuelta a este orden, a menos que crean en otro evangelio (el cual no es evangelio). Nunca digan: "Voy a esforzarme en lograr mi salvación para que Dios pueda obrar en mí". Más bien digan con el apóstol Pablo: " Voy a esforzarme en lograr mi salvación porque Dios es el que obra en mí, tanto en el querer como en el hacer para su beneplácito" (Filipenses 2:13). Nunca digan: "Voy a seguir adelante para poder alcanzarla, para que Cristo pueda alcanzarme". En cambio, digan con Pablo: "Sigo adelante a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús" (Filipenses 3:12). Hay un mundo de diferencia entre un matrimonio donde el marido duda del amor de su esposa y se esfuerza para ganárselo, y un matrimonio donde el marido está tranquilo, ante la seguridad del amor de su esposa, y se esfuerza alegremente para no vivir sin merecerlo. El punto de Pedro es: Dios nos alcanza con su poder divino. De eso debemos estar seguros. En la confianza de su poder, esfuércense para no vivir sin merecer su amor.

Avanzar en la fe

Los versículos 5-7 describen cómo debemos vivir. Hay ocho cosas que menciona: fe, virtud (o excelencia moral, o fortaleza), conocimiento, dominio propio, perseverancia (o paciencia), piedad, espíritu fraternal y amor. La lista comienza con la fe y termina con el amor, que coincide con el resto del Nuevo Testamento: confiar en las promesas de Dios es la manera en la que nos conectamos con el poder de Dios, y el amor (aún por nuestros enemigos) es el objetivo y la suma de la vida, la luz del mundo que le muestra a los otros el camino del reino.

Entre la fe y el amor hay seis cualidades que debemos tener. No creo que Pedro quiera decir que se agregan a nuestra naturaleza solo en esta misma secuencia. Hay mucho solapamiento en estas cualidades. Por ejemplo, el amor ya está presente en la paciencia (Corintios 13:4). No está estrictamente agregado. Sin embargo, creo que lo que Pedro está diciendo en los versículos 5-7 es: los verdaderos cristianos no cesan de crecer en la gracia (3:18). Ellos siguen, avanzan. Se dedican con diligencia a crecer en estas cosas (como dice el versículo 8). Pedro nos llama a tener una insatisfacción santa con nuestros logros actuales.

La traducción literal de los versículos 5-7 no dice: "agrega virtud a tu fe", etc. Dice: "Genera virtud en tu fe" y así sucesivamente. Pueden oír algo así como: ¡Adelante! ¡Adelante! ¡Adelante! si interpretamos esto: "Como han obtenido la fe en Cristo y se afirman en ella, ahora dedíquense diligentemente a avanzar en la excelencia moral; y al afirmarse en ella no se queden satisfechos, sino continúen para incrementar el conocimiento de la voluntad de Dios; y cuando estén afirmados en eso no se sientan satisfechos, sino que sean diligentes para agrandar sus capacidades de templanza y control de las pasiones; y estando afirmados en eso, no se queden satisfechos, sino cultiven toda forma de paciencia y serenidad; y permitan que la devoción, la piedad y el dulce amor hacia Dios prospere; y en eso esfuércense para encender su afecto por otros creyentes; y dentro y a través de todo, crezcan en amor a todos los hombres". Dicho de otro modo: ¡Adelante! ¡Adelante! ¡Continúen! ¡Avancen!

No floten; Naden con Fuerza

La semana pasada les leí a los niños una historia verdadera titulada El largo baño de Glenda, de "Las Increíbles Series". Glenda y Robert Lennon estaban a 6 kilómetros de la costa de Florida, pescando solos desde su yate. Glenda decidió tomar un baño y pronto se dió cuenta que la corriente la había llevado lejos del barco. Al oír sus gritos, su esposo se zambulló y nadó hacia ella, pero luego se dió cuenta que los dos se estaban alejando. Él era campeón de natación, pero ella no. Ellos idearon un plan. Él nadaría contra la corriente para no perder de vista al barco, hasta que la marea cesara y pudiera alcanzarlo. Ella debería reservar sus fuerzas y solo flotar con la marea; él iría en su rescate. Él luchó contra la marea durante seis horas y justo cuando el barco ya estaba por desaparecer en el horizonte, la marea cambió y con sus brazadas pudo llegar exhausto al barco. El sol se había puesto. Su búsqueda fue inútil - no pudo encontrar a su esposa. Al día siguiente, en un último esfuerzo, un equipo de búsqueda la encontró - alejada 32 kilómetros, pero todavía con vida. Fue una historia increíble.

Lo que esto ilustra es: Los cristianos que solo flotan nunca permanecen en el mismo lugar. Los cristianos que desobedecen los versículos 5-7 y no se dedican con diligencia a mantener firme el fruto de la fe se encuentran a la deriva. Debemos esforzarnos aún para quedarnos quietos, la marea de la tentación es muy fuerte.

El esfuerzo hacia la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la piedad, el espíritu fraternal y el amor no son una cereza descartable en el pastel de la fe. Si Robert no hubiera nadado con toda sus fuerzas, el yate habría desaparecido de su vista y él y su esposa se habrían ahogado. Como he dicho antes y volveré a decir: no juzgamos la autenticidad de una persona por cuán cerca del Cielo está, sino por la fuerza con la que bracea. La evidencia de que el poder de Dios les ha sido dado por la fe es que ahora están esforzándose (como dice el versículo 5) para avanzar en las cualidades de Cristo.

El versículo 8 hace explícita la advertencia que les hice: "Pues estas virtudes al estar en vosotros y al abundar, no os dejarán ociosos ni estériles en el conocimiento de Nuestro Señor Jesucristo". Recuerden el versículo 2, es "en el conocimiento" de Cristo que puede llegar a haber un conocimiento de Cristo estéril e infructuoso. Es posible empezar una vida cristiana y luego tornarse indiferente, insensible y negligente al usar los medios de la gracia y derivar en la destrucción. 2 Pedro 2:20 dice: "Si después de haber escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, de nuevo son enredados en ellas y vencidos, su condición postrera viene a ser peor que la primera". Si el conocimiento de las promesas gloriosas de Dios no nos estimula a luchar contra la corriente, entonces seremos infecundos, infructíferos y derivaremos a la destrucción.

Las Consecuencias de No Nadar

El versículo 9 describe lo que pasa con una persona que deja de nadar y no avanza en las cualidades de Cristo. "El que carece de estas virtudes (las de los versículos 5-7) es ciego o corto de vista y ha olvidado la purificación de sus pecados pasados". El problema con la persona que no se empeña en alcanzar todo el fruto de la fe es que es ciego en dos direcciones. Cuando mira al futuro, todo parece confuso y las promesas de Dios se ven envueltas en una niebla de anhelos mundanos. Creo que es esto lo que significa ser corto de vista. Y cuando mira al pasado, el perdón, que lo entusiasmó tanto al principio, está casi olvidado y todo lo que ve es una oración vacía y un ritual de bautismo sin sentido. Dicho de otro modo, así como en el versículo 3 el poder por la piedad fluye a través del conocimiento de Dios, en el versículo 9, la ceguera de la obra de Dios, en el pasado y en el futuro, bloquea ese poder y nos debilita en el agua, llevándonos a la destrucción.

El versículo 10 deja muy en claro lo que está en juego en esa ceguera, en la falta de poder y de frutos. "Así que, hermanos, sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección". El peligro que describen los versículos 8 y 9 (como un incentivo para avanzar en el fruto de la fe), no es el peligro de escurrirse dentro del reino sin recompensas. Es el riesgo de no ser salvado en absoluto. Cuando Pedro dice: "Sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección", quiere decir que nuestra falta de diligencia por las gracias cristianas puede ser una señal de que nunca fuimos llamados o que no estamos entre los elegidos.

Sin embargo, a ustedes se les enseñó en este tema de la elección, por favor, presten mucha atención a este versículo. Se supone que todo el mundo está bajo el juicio justo de Dios debido al pecado. Pero, por su inmensa misericordia, Dios ordenó que se salve por la gracia un pueblo para Él. Estos son sus escogidos, sus elegidos a quienes ha predestinado a estar en conformidad con la imagen de su Hijo. En Romanos 8:30, Pablo explica que también llamó a aquellos escogidos. a quienes Él predestinó a ser como Cristo y a los que llamó también justificó; y a los que justificó también glorificó. Jamás se perderá ninguna de sus ovejas. Están seguras eternamente. Pero, de nuestra parte, la pregunta más importante de la vida es: ¿Estoy entre los elegidos, a quienes Dios predestinó a ser como Cristo y luego llamó, justificó y glorificó para siempre? Si lo estamos, Dios quiere que lo sepamos. Quiere que tengamos una alegre seguridad, porque de esa seguridad fluye un tremendo poder de servicio sacrificado que le da a Él gloria.

Santificación y Seguridad

Por eso, Pedro dice: "¡Asegúrense de confirmar su elección!". ¿Cómo? Permaneciendo en la fe y continuando con la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la piedad, el espíritu fraternal y el amor. Juan dijo (en 1 Juan 3:14): "Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos" (cf.2:3). La confirmación de la elección es el progreso en la santificación. Dios predestinó a todos los elegidos a ser semejantes a Cristo (Romanos 8:29). Por lo tanto, la evidencia reconfortante de nuestra elección es la semejanza con Cristo.

Por eso, los versículos 10 y 11 concluyen: "Mientras hagáis estas cosas (refiriéndose a los vs.5-7) nunca tropezaréis; pues de esta manera, os será concedida ampliamente la entrada al reino eterno de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo". Virtud, conocimiento, templanza, paciencia, piedad, espíritu fraternal y amor - estos no son la paga que hacemos para ganarnos la entrada al reino eterno, sino que son la evidencia necesaria de que nuestra confianza en la promesa de Dios es auténtica y, de esa manera, son la confirmación de nuestro llamado y elección.

Ahora, terminemos aplicando la lección a nosotros mismos. La esencia de los versículos 5-11 es que debemos confirmar seriamente nuestro llamado y elección, haciendo todo el esfuerzo posible para avanzar en las cualidades de Cristo (vs.5-7). Así tenemos que aplicarlo: ¿Están esforzándose para tener excelencia moral? ¿Están haciendo todo el esfuerzo posible para aumentar el conocimiento de la naturaleza y la voluntad de Dios? ¿Se esfuerzan en fortalecer su templanza? ¿Hacen lo posible por acrecentar su capacidad de paciencia? ¿Hacen el esfuerzo necesario para cultivar la piedad y así desarrollar un corazón dispuesto a hacer la voluntad de Dios? ¿Están haciendo todo lo posible por ser más afectuosos con sus compañeros creyentes? Y, ¿se están esforzando por fomentar el afecto hacia la persona que más les desagrada? Si están cosas están dentro de ustedes y se incrementan, no van a ser infructuosos (v.8), nunca van a tropezar (v.10) y van a entrar al reino eterno de Cristo (v.11). Pero, si todas estas cosas no son su preocupación más seria, entonces es que han cerrado los ojos a la belleza de las promesas de Dios y han olvidado el humilde júbilo de ser perdonados.

Por consiguiente, la Palabra de Dios nos advierte que no seamos descuidados en nuestra fe y no nos alejemos de Cristo, nuestra única esperanza. Y la Palabra nos estimula a pelear la buena batalla de la fe y echar mano de la vida eterna (1 Timoteo 6:12-19); a despojarnos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve y a correr con perseverancia la carrera que tenemos delante de nosotros (Hebreos 12:1); a proseguir hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Filipenses 3:14); a avanzar, crecer y continuar en la virtud, el conocimiento, la templanza, la paciencia, la piedad, el espíritu fraternal y el amor (2 Pedro 1:5-7); y de esta manera restablecer nuestros corazones y afirmar nuestra confianza de que somos realmente llamados a compartir la gloria y la excelencia de Dios (2 Pedro 1:10,3).



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