Dios Escribe una Historia Grandiosa

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English: God Writes a Great Story

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Por Christina Fox sobre Historia Redentora

Traducción por Carlos Diaz


Recientemente tomé un libro que mi hijo estaba leyendo y lo hojeé un poco, dándome cuenta que un número de páginas estaban dobladas hacia abajo. Curiosa, le pregunté por qué lo hizo.

“Porque esas son todas mis partes favoritas”, respondió.

Es el niño de mis entrañas porque hago lo mismo. Doblo y marco mis libros para así regresar y releer mis partes favoritas. No obstante, en algunos libros no hay partes dobladas. En esos libros, me encuentro a mí mismo editando a medida que leo, pensando en las formas en que lo hubiera escrito en forma diferente, las partes que hubiera añadido y las escenas que hubera borrado.

Leyendo nuestra Historia de Vida

Cuando se trata de la historia de mi propia vida, tengo muchas páginas dobladas, momentos en mi vida que me gustaría releer. Pero también tengo capitulos que nunca desearía volver a visitar. A menudo me pregunto por qué el Autor incluyó esos capítulos y como se adaptaron a la historia grandiosa. Cuando comienzo un nuevo y difícil capítulo en mi vida, estoy tentada a marcar las páginas y enviarlas de regreso para su revisión. Pero no puedo, ya que la historia ya ha sido publicada (Salmos 139:16). Y a diferencia de todos los demás libros que leo, no puedo saltarme las páginas de mi vida para ver lo que sucede después.

La diferencia entre el Autor de mi historia y el de cualquier otro libro que leo es que conozco personalmente al Autor. Sé que él es bueno y puedo confiar en él. Y aunque no sé lo que va a pasar en cada escena siguiente, sé el pasado y lo que pasará al final. Las Escrituras me dan los orígines y una visión de a dónde me estoy dirigiendo. Sé cómo llegó a ser el mundo, cómo el pecado entró al Jardín, y lo que Dios ha hecho al respecto — y ha prometido hacerlo.

Una y otra vez en el Antiguo Testamento, los Israelitas fueron motivados a seguir la historia que Dios había escrito. Tenían que volver la mirada hacia atrás de su éxodo de la esclavitud, la provisión de Dios en el área silvestre, y sus promesas completadas en entregarlos a la Tierra Prometida. Celebraron esta historia cada año en festivales y festines. Enseñaron esta historia a sus niños. Sus profetas les recordaban de esta historia. Cuando enfrentaron la pena y las traiciones, revisaron juntos su historia. Incluso oraron a través de la historia en la confesión de los pecados (Libro de Nehemías 9). Recordaron la lealtad de Dios, su pacto de cuidado, y su grandiosa misericorcia hacia ellos.

Recuerden las maravillas que él obró, sus portentos y los juicios de su boca! Descendientes de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido: el Señor es nuestro Dios, en toda la tierra rigen sus decretos. El se acuerda eternamente de su alianza, de la palabra que dio por mil generaciones, el pacto que selló con Abraham, del juramento que hizo a Isaac. (Salmos 105:5–9)

Recordando la Historia de Dios

Cuando vamos a una página o capítulo en nuestra vida que no tiene sentido, también necesitamos recordar y seguir la historia de Dios. A pesar que no sabemos lo que pasará mañana, sabemos lo que pasó en el pasado y lo que finalmente pasará en los nuevos cielos y en la nueva tierra. Como los Israelitas, podemos seguir la historia de la Creación, Caída, Redención y la Nueva Creación.

Creación: Cuando la vida no está yendo bien, cuando el dolor y la pena nos rodean, es porque sabemos que las cosas no son de la forma en que deberían ser. La historia de la Creación explica cómo Dios creó todo bueno y perfecto. Antes de la Caída, Adán y Eva disfrutaban la comunión íntima con su Creador. Su relación con cada uno también fue llenada con completa intimidad, honestidad, amor, alegría y paz. Los sentimientos de vergüenza y culpa no existían. El deseo que tenemos por la plenitud, integridad y paz son recordatorios de que las cosas no son como Dios las creó para que existiesen.

Caída: Cuando nuestro corazón clama, “"¡Esto no es justo!” y cuando nos quejamos de los sueños incumplidos, estamos cansados de los dolores de vivir en este mundo, y nuestro sufrimiento con el pecado nos abruma, podemos volver a chequear la Caída. La historia de lo que pasó en el jardín, las mentiras de Satanás y el pecado subsiguiente de Adán y Eva, explica cómo llegamos a estar donde estamos. Todo lo que era perfecto y bueno fue roto el día que ellos desearon ser como Dios y tomaron un bocado de la carne de la fruta que Dios les dijo que no comieran. El pecado y la vergüenza entonces entraron al mundo. Desde entonces todas y cada una de las personas nacen siendo pecadores. La maldición del pecado se esparció entre los humanos, infectando también la creación física. La afección y la enfermedad, el hambre y la hambruna, inundaciones y tormentas violentas, son todo el resultado de ese pecado inicial.

Redención: Pero la historia no finaliza allí. Puedes seguir el plan de redención de Dios para salvarnos y restaurarnos hacia él mismo. Como los Israelitas, podemos recordar nuestro propio éxodo de la esclavitud al pecado, El suministro de Dios de un Salvador, y sus promesas realizadas a través de Jesús. Desde Génesis 3:15 hasta el final de la historia de las Escrituras, tenemos la historia de Redención organizada al más mínimo detalle. Cada página despliega el glorioso plan de Dios para rescatar y redimir, culminando en la vida, muerte y resurrección de su Hijo.

Restauración: La visión de Juan del futuro en la Revelación nos da esperanza y vislumbra la gloria completa y la restauración que está por venir. Esta vida es temporal; la eternidad nos espera. Jesús regresará para crear unos nuevos cielos y una nueva tierra. El pecado y la pena que padecemos en esta vida no estará más en nuestros cuerpos glorificados, alabando a quien nos ha redimido.

La historia de la Creación, Caída, Redención y la Nueva Creación es una que necesitamos leer a menudo. Es la historia de la lealtad y bondad de Dios. Y ya que conocemos personalmente al Autor de la historia y confiamos en su voluntad, podemos observar la historia de nuestras vidas desplegarse con asombro y temor. Incluso cuando arribamos a una escena que es confusa o parece fuera de lugar, podemos recordar, esperar y observar, sabiendo que el argumento está avanzando a un bonito y glorioso fin. Jesús lo hizo así cuando firmó el manuscrito con su propia sangre y dijo, “¡Está hecho!”



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