El Síndrome del Sumidero

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English: The Sinkhole Syndrome

© Ligonier Ministries

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Por Donald Whitney sobre Santificación & Crecimiento
Una parte de la serie Tabletalk

Traducción por Jaime Duran


Ustedes conocen la historia. Un hombre ha sido creyente en Cristo por décadas. Para todas las apariencias externas es un hombre de fidelidad e integridad cristiana. Ha mantenido una reputación como buen ejemplo de fidelidad pública y privada hacia las cosas de Dios desde hace décadas. Entonces, sin previo aviso, todo se derrumba en un pozo de pecado. Todo el mundo se pregunta cómo pudo haber sucedido esto con tanta rapidez. En la mayoría de los casos, pronto se hace conocido que - como en la mayoría de los sumideros - el problema no se desarrolló durante la noche.

Hace varios años, este hombre probablemente tuvo una vida devocional relativamente consistente a través de la cual el Señor a menudo lo actualizaba, fortalecía y maduraba. Pero con cada año que pasaba, su ajetreada vida se hizo cada vez más ocupada. Cada vez veía más su vida devocional como una carga - una mera obligación, a veces – más que una bendición. Debido a las dosis masivas de enseñanza de la Biblia que había escuchado - además de los conocimientos adquiridos a través de la enseñanza de clases Bíblicas en la Iglesia por el mismo - se imaginó que necesitaba menos oración privada y lectura de la Biblia; que cuando era más joven y no tan espiritualmente maduro. Además, tenía muchas otras responsabilidades, que Dios sin duda entendería que estaba demasiado ocupado como para reunirse con Él todos los días.

Una pequeña concesión llevó a la otra, una racionalización plausible dio lugar a la siguiente, hasta aquel día devastador cuando un punto inflexivo fue alcanzado y la debilidad espiritual desarrollada por demasiados compromisos privados ya no pudo mantener siquiera la apariencia de integridad cristiana. Y en el sumidero cayó su reputación, su testimonio, su ministerio, y tal vez mucho más.

Si usted es un fuerte joven cristiano, apasionado por las cosas de Dios, y le resulta imposible imaginarse llegar a tales condiciones: tenga cuidado. Esta situación podría fácilmente ser la suya en unos pocos años. Las palabras de 1 Corintios 10:12 son una advertencia apta aquí: "Todo el que crea estar firme, mire que no caiga."

He estado en el ministerio pastoral durante veinticuatro años. Durante quince años fui profesor de espiritualidad bíblica. He escrito varios libros y numerosos artículos relacionados con la espiritualidad. Hablo sobre el tema a los futuros ministros y misioneros a diario en las aulas del seminario, y en las iglesias y conferencias en todo el país casi todos los fines de semana. Sin embargo, libremente admitiré que es más difícil para mí mantener mi vida devocional más que nunca en mi vida. Esto es porque estoy más ocupado que nunca. Tengo muchas más responsabilidades de las que tenía cuando era joven. Y todos ellas requieren tiempo, tiempo que debe venir de alguna parte.

En la medida que las presiones de la vida aumentan y más plazos aparecen, se hace más difícil mantener el tiempo devocional. Y aquí es donde comienza la erosión.

Al principio es probable que muy pocos sabrán que la parte oculta de su vida espiritual comienza a desmoronarse. Así como los movimientos imperceptibles del agua subterránea pueden arrastrar la tierra debajo mucho antes que sea percibido por alguien en la superficie, así mismo las presiones de la vida pueden secretamente desplazar la tierra de nuestras disciplinas espirituales privadas mucho antes que el impacto de su ausencia sea visible para los demás. Las partes más públicas de la vida de un cristiano, como la participación de la iglesia y diversas formas de ministerio, a menudo pueden continuar con cambios ínfimamente observables hasta cuando el momento terrible del colapso y la hipocresía es revelado.

Estoy seguro que usted ya está familiarizado con muchos factores que atentan contra la intimidad con Cristo. Realizar que es casi seguro que los “ladrones del tiempo” los cuales tratarán de robarle su tiempo con Dios sólo aumentarán a medida que pasan los años. Mi esperanza es que este artículo sirva de alerta acerca de esta tendencia sutil y progresiva para que no los tome por sorpresa.

Nunca se dejen engañar por la tentación de creer que junto con la cada vez mayor madurez espiritual, la cual se espera llegue con la edad; tendrá que alimentar menos su alma en Cristo a través de la Biblia y la oración. Lo que Jesús oró en Juan 17:17 para todos sus seguidores - "Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad" – nos aplicará a todos nosotros, toda la vida.

Jesús practicó lo que oró por nosotros. Mientras que Jesús es infinitamente muchísimo más que un ejemplo para nosotros, sin embargo, también es un ejemplo de una vida santificada, una vida coram Deo para nosotros. La Biblia nos dice que Jesús regularmente le compartía al pueblo de Dios cuando se reunían para escuchar las Escrituras (Lucas 4:16), así como también buscaba estar a solas para reunirse con Su Padre (Mateo 14:23). Los seguidores de Jesús necesitan tener tanto la gracia que viene a través de la adoración pública de Dios, así como la que nos viene cuando nos reunimos con Él individualmente.

No quiero minimizar el papel que desempeña la Iglesia, la cual previene el naufragio espiritual en la vida del creyente. Con este aparte, sin embargo, les estoy escribiendo para advertirles a los que cada vez estarán más tentados a pensar con frecuencia que su encuentro con las demás personas podrá compensar sus encuentros cada vez menos frecuentes a solas con Él.

Hay estaciones de la vida cuando nuestros hábitos devocionales podrán ser alterados providencialmente. Pero la regla general es que los que han sido reconciliados con Dios a través de la cruz de su Hijo necesitan una comunión consciente y personal con Él todos los días hasta el día en que le vean cara a cara. Y los medios ordinarios mediante el cual Él lo da son a través de las disciplinas espirituales personales las cuales encontramos en la Escritura, de las cuales las principales son la lectura de la Palabra de Dios y la oración.

Sigan al Señor con una pasión incansable, permanente, desafiada por los obstáculos. Resuelvan no dejar que su vida cotidiana le impidan de Jesús todos los días.


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