Esperanza para el Cristiano infeliz

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English: Hope for the Unhappy Christian

© Desiring God

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Por Phillip Holmes sobre Hedonismo Cristiano

Traducción por Carlos Diaz


Por fuera, Chloe parece tenerlo todo junto. Es soltera, tiene una carrera, y está bastante activa en su iglesia local. Pero está sola, desencantada de su carrera y se siente desconectada de su iglesia. El recubrimiento que sus pares admiran disfrazan su descontento y su Cristianidad sin alegría.

Chloe hubiera visualizado una vida distinta para ella misma. Justo ahora, ella pensó que estaría en su vida preferencial, pero ella se había encontrado a sí misma en un pozo de miseria. Pensó que se casaría, que seguiría conectada a sus amigos colegas, que formaría una familia, y que guiaría a mujeres cristianas más jóvenes. Pero su realidad actual decepcionó sus expectativas. Su descontento la ha llevado por un sendero oscuro de pecado, buscando alivio pero sólo encontrando muerte.

La única esperanza de Chloe de curar su descontento e infelicidad es aprender el arte de la satisfacción y la adopción de una visión bíblica de Dios. Esas dos razones son esenciales para su alegría.

No eres tú, soy yo

Chloe representa a muchos cristianos que tienen problemas para luchar con la mano que están tratando. Su condición del corazón no sólo aplica a las solteras, sino a las casadas por igual. Cada mañana, los cristianos a lo largo del país se despiertan descontentos con la vida — soltería, matrimonio, carrera, iglesia, o comunidad — y desean poder cambiarla por una diferente.

Nuestro descontento origina un pensamiento deseoso pero desesperanzador (y, algunas veces, suicida). Intentamos reemplazar y eliminar algo que percibimos que está conectado a nuestro descontento:

Sin embargo, el problema no es con la soltería, matrimonio, empleo, iglesia o con Dios. La respuesta a nuestro problema no está siempre conectado a cambiar nuestra circunstancia. El Puritano, Jeremiah Burroughs, escribió,

Es común decir que existen muchas personas que ni siquiera están bien cuando están saciadas ni tampoco cuando están ayunando. . . . Existen personas que están en tales disposiciones irritables y desagradables que no importa en qué condición las coloquen, son odiosas. Existen algunos que tienen corazones desagradables, y son desagradables en toda circunstancia que enfrentan. (Satisfacción, Prosperidad, y Gloria de Dios, 1)

Enfermo o sano, soltero o casado, rico o pobre, fructífero o estéril, hambriento o lleno — sin importar la circunstancia — podemos encontrar una forma para estar descontentos sin importar nuestra difícil situación en la vida. El corazón humano es imposible de satisfacer con condiciones temporales o bondades terrenales. Siempre deseamos más. La vida siempre puede ser mejor. Como Charles Haddon Spurgeon señaló correctamente, “Recuerden que la satisfacción de un hombre está en su mente, no en la extensión de sus 
posesiones. Alexander, con todo el mundo a sus pies, clama por otro mundo para conquistarlo”. Sin embargo, existe una mejor forma — un camino que lidera a la dulce satisfacción y la verdadera felicidad.

Dulce Satisfacción

La infelicidad cristiana, el descontento, y la forma en que vemos a Dios están directamente conectadas. El descontento grita, “¡Te mereces lo mejor!” y susurra “Dios no te está dando lo que mereces”. Los gritos anteriores son abiertamente falsos, pero los susurros finales son profundamente verdaderos. Satanás es el maestro para mezclar las mentiras con las verdades.

Es una mentira que ustedes merezcan lo mejor. La declaración también asume que ustedes conozcan lo que es mejor y los dones de Dios no son lo mejor para ustedes. La mentira le causa creer que usted es más sabio que Dios e interpreta su dirección para su vida como un ataque en vez de la misericordia y el don.

Es verdad que Dios no le está brindando lo que merece. Nos merecemos la ira de Dios, aunque a diario recibamos nuevas misericordias. ¿Cómo pueden considerarse la enfermedad, el sufrimiento, y otras tragedias como misericordia? Al darnos cuenta que cada mañana que no nos levantamos en el infierno es un ejemplo de la misericordia de Dios con nosotros. Incluso cuando nos estamos sintiendo que estamos en nuestro peor momento, Dios nos muestra más misericordia de la que merecemos. No existe calamidad o tragedia que podamos enfrentar que sea peor que la ira divina de Dios. Al mismo tiempo, no existe placer terrenal que se pueda comparar a la gloria que va a ser revelada. Esto es como el Apóstol Pablo enfrentó el sufrimiento, “Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no vale la pena compararlos con la gloria que se nos será revelada”.

Con esto en mente, en nuestro peor día, él es digno de acción de gracias y oración por todo lo que ha hecho. O ya que solemos decir en la i:glesia al crecer, “Si Dios nunca hace otra cosa por nosotros, ya él ha hecho suficiente”. Esta visualización de la bondad de Dios refleja un corazón humilde ante un Dios divino y bueno. Esta perspectiva nos permite sufrir buen, conociendo que lo mejor está por venir.

Pero podemos ir incluso más allá. A medida que luchamos a diario contra el descontento, debemos interpretar todo lo que viene a nuestra forma como una razón de regocijo. Burroughs, de nuevo, escribe,

Tengan buenos pensamientos de Dios y hagan buenas interpretaciones de sus relaciones con ustedes. Es muy difícil vivir cómodamente y alegremente entre amigos cuando uno hace malas interpretaciones de las palabras y acciones de otro. La única forma de mantener una dulce satisfacción en las sociedades cristianas es hacer las mejores interpretaciones de las cosas que podamos. Igualmente, una manera principal para ayudar a mantener la comodidad y satisfacción en nuestros corazones es hacer buenas interpretaciones de las relaciones de Dios con nosotros. (Satisfacción, Prosperidad, y Gloria de Dios, 7)

Imagine si nosotros verdaderamente creyéramos lo que la Biblia dice acerca de como Dios nos ve. Eso transformaría la forma en la que interpretamos todas sus acciones como misericordia. Sé que en la mitad de mis batallas con el descontento y los pecados dominantes, es difícil visualizar lo que está sucediendo en mi vida como algo con una condena o castigo.

Las Misericordias de Dios, Nuestra alegría

Como Chloe, nuestra insatisfacción con la vida inevitablemente nos ha llevado a un ciclo de descontento, pecado, culpa, y depresión si se deja sin comprobar. El descontento eventualmente lleva al pecado, el pecado a la culpa, la culpa a la depresión, y la depresión de vuelta al descontento. Este ciclo destruye lentamente todo lo que encontramos y tocamos, dejándonos sin alegría y vacíos. Con el propósito de quebrar este ciclo mortal, es esencial la búsqueda de la alegría. Santiago 1:2-4 complementa las palabras de Burroughs,

Hermanos, considérense afortunados cuando les toca soportar toda clase de pruebas, Esta puesta a prueba de la fe desarrolla la capacidad de soportar. Y la capacidad de soportar debe llegar a ser perfecta, si queremos ser perfectos, completos, sin que nos falte nada.

Si interpretamos gozosamente todo lo que sucede — enfermedad, muerte, pérdida, pobreza — como acciones de misericordia en vez de juicios, transformará la forma en que vivimos como cristianos. Debemos observar la palabra inequívoca de Dios para hallar comodidad que él en verdad nos ama y nos hace bien. La Escritura dice,

Jesús, el único Hijo concebido por Dios, era un hombre de pesares (Isaías 53:3). Fue aborrecido y rechazado por los hombres, sufrió y murió por crímenes de los cuales era inocente, y absorbido por la ira de Dios por sus pecados que nunca cometió. Dios ordenó todo esto. ¿Por qué? Porque Dios nos ama (Juan 3:16). Y ya que nos ama, deberíamos esperar sufrir en esta vida justo como sufrió Cristo, ya que el “sufrimiento produce tolerancia, y la tolerancia produce carácter, y el carácter produce esperanza, y la esperanza no nos coloca a la pena, ya que el amor de Dios ha sido vertido en nuestros corazones a través del Espíritu Santo que ha sido otorgado a nosotros” (Romanos 5:3–5).

Pero gracias a Dios, eso incluso “así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo” (2 Corintios 1:5). Nuestra capacidad para interpretar las acciones de Dios hacia nosotros como buena está inevitablemente atada a nuestra satisfacción y gozo. Si somos incapaces de ver su providencia como buena, nunca estaremos contentos, y sin satisfacción, nunca conoceremos completamente el gozo que tiene para nosotros.



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