La Alegría No es Opcional

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English: Joy Is Not Optional

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Por David Mathis sobre Gozo

Traducción por Carlos Diaz


A Dios le importa Su Felicidad

La alegría es esencial para la vida cristiana. Las Escrituras son claras: Las personas de Dios están tanto comandadas para regocijarse como caracterizadas por el regocijo.

Nuestro Padre celestial no es indiferente a nuestra felicidad. La alegría no es un aderezo sobre la entrada dedicada de la vida cristiana. La alegría no es el glaseado sobre nuestra torta, sino un ingrediente esencial en una mezcla compleja.

No es que sólo exista alegría, sino que en nuestras pérdidas más dolorosas y sufrimientos, descubrimos qué tan profundo nuestra alegría recorre en las reservas de los cristianos. Sólo aquí, en la dificultad y en la oscuridad, probamos la esencia de tal alegría, que no es delgada, frívola y vacía, sino gruesa, sustanciosa y completa.

La Alegría es Posible

Escuchar que la alegría no es opcional aterriza en algunos oídos con promesa y esperanza. Si la alegría es esencial, entonces quiere decir que la alegría es posible. En un mundo de pecado y sufrimiento, desorden y miseria, es una buena noticia escuchar que la alegría es posible.

Para uno, la alegría está comandada por doquier en la Biblia. Fue comandada del pueblo de contrato solemne con Dios, Israel, quizás especialmente en los Salmos. “Que Israel se alegre por su Creador y los hijos de Sión se regocijen por su Rey” (Salmos 149:2). “Se alegrará Jacob, se regocijará Israel” (Salmos 14:7). “Regocíjense en el señor” (Salmos 97:12). “Sirvan al Señor con alegría” (Salmos 100:2). “¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón!” (Salmos 32:11). Con cientos de más ejemplos literales a lo largo del Antiguo Testamento.

Más allá de sólo Israel, Dios comanda a que todas las naciones se regocijen en su Hacedor (“¡Que los pueblos te den gracias, oh Dios, que todos los pueblos te den gracias!”, Salmos 67:4), e incluso comanda a que el mundo natural se una en alegría (“Alégrese el cielo y exulte la tierra”, Salmos 96:11).

En el Nuevo Testamento, Dios mismo, en completa humanidad, no cambia su tono una vez que se ha vuelto el “hombre de de los pesares” en nuestro mundo caído (Isaías 53:3), pero ordena nuestra alegría como cualquiera, y nos brinda incluso más razón para regocijarnos. “Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo” (Mateo 5:12). “Llénense de gozo en ese día” (Lucas 6:23). “Alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo” (Lucas 10:20). Si, la alegría es posible, el gozo es tan real y rico que lo dirigimos a los amigos y vecinos y decimos, “Alégrense conmigo” (Lucas 15:6, 9).

Si no fuese lo suficientemente plano en este punto, el apóstol Pablo lo conduce más al hogar en sus cartas para la iglesia. “Alégrense en la esperanza. . . . Alégrense con los que están alegres” (Romanos 12:12, 15). “Finalmente, hermanos, alégrense” (2 Corintios 13:11) “Alégrense siempre” (1 Tesalonisenses 5:16). Y luego, la ola gigantesca de alegría de los Filipenses: “También ustedes siéntanse dichosos y alégrense conmigo” (Filipenses 2:18). “Alégrense en el señor” (Filipenses 3:1). “Alégrense siempre en el señor; nuevamente lo diré, alégrense” (Filipenses 4:4). No que estemos poco animados a los dolores multifacéticos de la vida en esta etapa, sino en Cristo tenemos acceso a la alegría subterránea con la que es simultánea, y más profunda que la más grande de nuestras penas — estamos “como tristes, aunque estamos siempre alegres” (2 Corintios 6:10).

Una razón por la que la Biblia es tan inclemente al insistir en nuestra alegría es debido a la bondad de Dios. Lo imperativo a la alegría en nosotros está basado sobre el indicativo de la bondad en él. “Después comerás y celebrarás una fiesta, tú y tu familia, con todos los bienes que el Señor, tu Dios, te ha dado” (Deuteronomio 26:11). La alegría en el corazón de la criatura corresponde a la bondad en el corazón del Creador. La alegría es la respuesta adecuada en el receptor a la bondad del Otorgante.

Pero No estoy Alegre

Algunos escuchan posibilidades en las órdenes de alegría; otros escuchan problemas. Y ambas respuestas se justifican. Somos pecadores, muertos espiritualmente por naturaleza (Efesios 2:1-3). A menudo somos emocionalmente inconsistentes y espiritualmente sin gracia. Incluso en Cristo, diariamente conducimos la montaña rusa ondeante de los corazones letárgicos a los espíritus vivientes, y luego de vuelta otra vez a la aridez.

Aquellos de nosotros que nos conozcamos, y estemos aprendiendo a ser honestos con la realidad, atesoramos hasta lo más pequeño y estamos verdaderamente alegres, y le solicitamos a nuestro Padre una y otra vez, “Restaura hacia mí la alegría de su salvación” (Salmos 51:12).

Para tales personas perezozas y autoconscientes, escuchar que la alegría no es opcional pueden sentirse cargadas con más condenas que posibilidades. Puede convertirse en un nuevo peso que acarrear sobre los hombros ya sobrecargados.

Pero nuestra falta de alegría no es el fin de la historia. Una pieza infinitamente poderosa permanece en la ecuación.

Dios Está Absolutamente Comprometido con Su Alegría

Con nuestras fallas interminables a la vista, es una espectacular noticia que Dios mismo está absolutamente comprometido con nuestra alegría eterna en él. De hecho, hay un sentido en el cual él está comprometido con nuestra alegría en él así como él está para su principal propósito en el universo: que sea honrado y glorificado. Ya que nuestra alegría está unida a su gloria. En las palabras del refrán poético de John Piper, Dios está más glorificado en ustedes cuando ustedes están más satisfechos en él.

Dios es correcto, y por tanto no es indiferente a su gloria. Y las buenas noticias para aquellos de nosotros que pidiendo clemencia en la sangre y rectitud de su Hijo es que él no es indiferente a nuestra alegría. No la “alegría” delgada, frívola y vacía de meras circunstancias externas que un mundo caído puede brindar, sino la alegría gruesa, sustanciosa y rica que puede correr más profundo y más amplio que los otros escenarios sin alegría de la vida.

En Cristo, no sólo Dios no está más en contra de nosotros en una ira omnipotente, sino ahora está aquí por nosotros — por nuestra alegría profunda y permanente — en todo su amor omnipotente. Su promesa a través de Jeremías viene a casa con nosotros en Cristo: “Me alegrará hacerles bien, y los plantaré sólidamente en esta tierra, con todo el empeño de mi corazón” (Jeremías 32:41).

Nuestra alegría no será perfecta en esta vida; siempre nos estresaremos y tendremos problemas. Tendremos nuestras angustias y ansiedades. Tendremos nuestros altos y bajos. Incluso aún aqui tenemos gustos. No sólo es una alegría próxima indomable, sino incluso ahora probamos la dulzura, especialmente en el sufrimiento. “Ustedes lo aman sin haberlo visto; ahora creen en él sin verlo, y ahora se sienten llenos de una alegría inefable y celestial” (1 Pedro 1:8).

Es una buena noticia que la alegría no sea opcional en la vida Cristiana, ya que el peso final cae no en nuestras débiles espaldas, sino en los hombros todopoderosos del mismo Dios.



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