Las Dulces Órdenes de Dios

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English: The Sweet Commands of God

© Desiring God

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Por John Piper sobre Santificación & Crecimiento
Una parte de la serie Taste & See

Traducción por Cristina Abánades López


Si, por la gracia de Dios, tienes la seguridad que Dios está contigo y no contra ti, entonces cuántas más pruebas encuentres de la soberanía de Dios, más feliz serás. Y cuánto mayor sea el alcance de la soberanía de Dios, más seguro te sentirás en todos los peligros del amor.

Y él está con nosotros. El evangelio es la buena noticia de que, debido a la sangre y la virtud de Dios, estamos justificados por la fe, y Dios está con nosotros para siempre. En Romanos 8:31-33, Pablo dice, “Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en nuestra contra? … ¿Quién acusará a los elegidos de Dios?”

Así que, si Dios está con nosotros, todo su poder está de nuestro lado. Toda su soberanía se ejerce por nuestro bien y nunca contra nosotros. Todos sus decretos son para nuestro beneficio final. ¿Cuán soberano es Dios sobre las cosas que amenazan nuestras vidas? Cuando Dios ordena, ¿quién y qué debe obedecer?

Vamos a empezar por el nivel enemigo más alto. Los ángeles buenos y los malos espíritus deben obedecer a Dios cuando les ordena con autoridad omnipotente: “¡Alabad al señor, vosotros sus ángeles, poderosos, que ejecutáis su mandato, obedeciendo a la voz de su palabra!” (Salmo 103:20). “Él manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen” (Marcos 103:20). Así que ningún demonio puede hacer nada a los elegidos de Dios, excepto servir a los propósitos últimos de Dios, quien está de nuestra parte. (Ver un ejemplo en 2 Corintios 12:7-10).

A continuación, vamos a considerar el enemigo aparente de la naturaleza que a menudo nos hace daño con calamidades, desastres, enfermedades y obstáculos. ¿Cuán soberano es Dios sobre la naturaleza? ¿Qué partes de la naturaleza puede dominar con poder efectivo? Aquí hay unos ejemplos de la Biblia:

“He mandado a los cuervos que te den de comer allí.” (1 Reyes 17:4). “¿Has mandado alguna vez a la mañana y has hecho saber al alba su lugar?” (Job 38:12). “Ordenó a los cielos… y diluvió maná sobre ellos” (Salmo 78:23). “[Él] manda al sol, y este no sale; [Él] sella las estrellas” (Job 9:7). “El Señor designó a un gran pez para tragarse a Jonás” (Jonás 1:17). “El Señor Dios designó a una planta y la hizo subir sobre Jonás” (Jonás 4:6). “Dios designó a un gusano para que atacara a la planta, y esta se marchitara” (Jonás 4:7). “Ordenó e hizo levantar un viento tempestuoso, que encrespó las olas del mar” (Salmo 107:25). “¿Quién es ese que manda incluso a los vientos y el agua, y ellos le obedecen?” (Lucas 8:25). “Manda sus órdenes a la tierra; su palabra corre velozmente. Da nieve como si fuese lana; esparce la escarcha como ceniza” (Salmo 147:15). “Arroja su hielo como si fueran migas de pan; ¿quién puede resistir su frio?” (Salmo 147:17). “Yo también mandaré a las nubes que no derramen lluvia sobre ella” (Isaías 5:6). “Cubre sus manos con el relámpago y le ordena dar en el blanco” (Job 36:32).

Si Dios manda a todos los demonios y a todos los elementos naturales, y estos le obedecen. Y si Dios está siempre con nosotros y no contra nosotros, entonces todo lo que les ocurre a los elegidos es por nuestro bien. Todo. “Todas la cosas trabajan juntas por el bien de aquellos que le aman y que son llamados según su propósito” porque él gobierna todo y está solo con nosotros y no contra nosotros.

No es esta la lógica de Jesús cuando dijo, “¿No se venden dos gorriones por un penique? Y, sin embargo, ninguno caerá al suelo sin permitirlo vuestro Padre….Así que no temáis; vosotros valéis más que muchos gorriones” (Mateo 10:29, 31).

Pero las órdenes más dulces de Dios no son órdenes para los demonios, los cuervos ni el viento. Son las órdenes para su propio amor, bendición y alianza. “De día el Señor manda su misericordia, y de noche su cántico está conmigo” (Salmo 42:8). “Porque allí ha mandado el SEÑOR la bendición, la vida para siempre” (Salmo 133:3). “Envió redención a su pueblo; ha ordenado su pacto para siempre. ¡Santo e imponente es su nombre!” (Salmo 111:9).

¡Imponente de verdad!

Pastor John


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