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English: No Soul Is Too Far Gone

© Desiring God

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Por Francis Chan sobre Las Iglesias Evangélicas

Traducción por Javier Matus


Mi hija adolescente y yo rompimos en lágrimas durante la adoración el fin de semana pasado. Uno de nuestros pastores estaba predicando acerca de la cruz. Ellie y yo nos llenamos de emoción cuando él describió a Cristo absorbiendo nuestro pecado y soportando la ira de Dios, todo a nuestro favor.

¿Por qué? ¿Por qué llorábamos de gozo y asombro mientras los demás no sentían nada? Nuestro llanto fue un don de Dios.

Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. (2 Corintios 4:3-6)

Cuando oímos la historia del Viernes Santo de nuevo ese domingo, pudimos no haber sentido nada —ciegos, oscuros, incrédulos— pero Dios apareció nuevamente en nuestros corazones con luz.

Ruega a Dios por ellos

Recuerdo la primera vez que me metí en lo profundo de una cueva. Hasta ese día, no tenía idea de lo que realmente significaba “completa oscuridad”. Podía oír la voz de mi amigo que estaba justo a mi lado, pero no podía verlo. No importaba cuánto lo intentaba, ni siquiera podía ver mi mano frente a mi cara.

Entonces mi amigo encendió su linterna. Todo cambió. La oscuridad se había ido, y la cueva era visible y hermosa. Esto es lo que el apóstol Pablo describe en su epístola. Todos caminamos en completa oscuridad espiritual, a menos que Dios decida iluminar Su luz sobre nosotros. De alguna manera misteriosa, Dios ilumina el corazón de una persona para que instantáneamente vea la belleza del Evangelio. Ninguna cantidad de esfuerzo humano puede producir esto. La salvación es un milagro de Dios.

Muchos de nosotros diríamos que creemos esta verdad teológica, pero nuestras acciones nos traicionan, revelando cuánto confiamos en las personas, los discursos y los eventos. En más de una ocasión, la gente me ha rogado que hable con sus amigos perdidos, creyendo que mis palabras harán la diferencia. Con demasiada frecuencia, he concedido su deseo (en vez de corregir su teología) y he tratado desesperadamente de encontrar las palabras perfectas para convencer a sus amigos de que se enamoren de Jesús. ¿Ya ves lo ridículo que es esto?

Pablo nos dice en 2 Corintios 4:4 que Satanás ha cegado a estas personas. Aparte de la obra de Dios, rogarle a alguien que vea la belleza de Cristo es tan inútil como rogarle a un ciego que disfrute de la belleza de un atardecer. ¿Dirigimos nuestra petición, ante todo, hacia Dios?

Mi oración de treinta años

Jesús nos cuenta la parábola acerca de una viuda persistente para recordarnos de “orar siempre, y no desmayar” (Lucas 18:1). Hay un tremendo poder en la oración perseverante. Dios no es como nosotros; a Él no le molesta que Sus hijos pidan lo mismo una y otra vez. Él está complacido por la fe demostrada cuando oramos y oramos para que alguien sea salvo.

Cuando amo profundamente a determinadas personas, es natural orar por ellas persistentemente. Creo que en realidad requeriría más esfuerzo abstenerse de orar por ellos. Mi mejor amigo en la universidad decidió que no quería seguir a Jesús. Me rompió el corazón. Ken y yo nos fuimos por caminos separados, y nuestras vidas se fueron en direcciones opuestas. Eso sí, nunca dejé de orar por él —no podía. Cada vez que el nombre de Ken aparecía en mi mente, la oración era mi reflejo natural.

Hace dos años, estaba hablando en Seattle, donde vivía Ken. Lo invité al evento para que pudiéramos reconectarnos. Nos graduamos de la secundaria en 1985. Después de treinta años de oración, Dios decidió hacer brillar Su Luz en su corazón. De repente, Jesús se veía hermoso para él y no podía creer que no lo había visto todo este tiempo. Unas semanas más tarde, Ken y su esposa volaron a San Francisco y los bauticé. No puedo expresar la clase de regalo que fue eso. Él es una de las pocas personas por las que he orado constantemente durante treinta años —un pequeño precio qué pagar para estar con él durante los próximos treinta millones de años.

Nadie está demasiado perdido

Ningún alma está demasiado lejos para que Dios no la traiga de vuelta. Ningún corazón está demasiado duro para que Dios no lo ablande. Ningún hijo o hija está demasiado perdido para que Dios no lo rescate. Sigue orando para que Dios haga lo que solo Él puede hacer.

Cuando entendemos las consecuencias de rechazar a Cristo y somos llenados de amor por otro ser humano, la oración persistente debería ser la respuesta natural. Hasta el día de hoy, todavía tengo preguntas sobre cómo la voluntad decretada de Dios se combina con la efectividad de mis oraciones persistentes. Por ahora, estoy más que contento de obedecer y orar. Aunque todavía no estoy seguro de cómo funciona, lo he visto funcionar. Medita conmigo en Lucas 18, confía en las palabras de Cristo y luego ora con sinceridad y expectación.

Si puedes ver las riquezas que tienes en Cristo, tómate el tiempo para agradecerle a Dios con todo tu ser. Él nos ha dado el mayor tesoro que podamos recibir. Él ha “resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”.


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