No Hay Más Grande Satisfacción

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English: There is No Greater Satisfaction

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Por John Piper sobre Misiones

Traducción por RUBEN SAENZ SERRANO


El deber es bueno, pero el placer es mejor. Imagínate que llego a mi casa llevando una docena de rosas para mi esposa en nuestro aniversario de boda. En la puerta, se las ofrezco a ella; que sonríe y dice: “Oh Johnny, son bellas, ¿por qué me las trajiste?” Suponga que levanto mi mano en un gesto de humildad y digo: “Es mi deber”

¿Está mal? ¿Es el deber una cosa mala? No, el deber no es una cosa mala. Pero no te llevará muy lejos. Si quieres romance, solamente el deber no te alcanzará. La respuesta correcta a la pregunta de mi esposa sería algo así: “No me pude contener. Mi felicidad se sobrepuso. De hecho, para completar mi día, saldremos fuera de casa esta noche”.

Lo asombroso acerca de esta respuesta es que hace dos cosas que mucha gente piensa que no se corresponden una a la otra. Es algo que expresa mi felicidad y honra a mi esposa. Mucha gente piensa que si hago algo porque me hace feliz, no puedo honrar a otra persona. Pero sí puede. ¿Por qué? Porque deleitarse el alguien es un gran cumplido. Si disfrutas de otra persona, dos cosas asombrosas suceden: Tú obtienes el gozo; ellos consiguen la gloria. El placer es la medida de tu tesoro.

Esto es una percepción revolucionaria en relación con Dios. Esto es lo que significa: Dios es más glorificado en ti, cuando tú estás más satisfecho en El. Este es un descubrimiento que cambiará radicalmente tu vida. Significa que la búsqueda de la gloria de Dios y la búsqueda de tu propio gozo no están reñidas entre sí. De hecho, son una sola.

El propósito final del hombre es glorificar a Dios, disfrutándole por siempre. No disfrutando del dinero, de la comodidad, del prestigio, del poder y de los éxitos, sino disfrutándole a El, a Dios. Y cualquier otra cosa buena, para la gloria de Dios. Así como San Agustín oraba: “Te ama muy poco aquel que ama algo junto contigo, aquel que ama y no por ti mismo”. El mandamiento bíblico “Deléitate asimismo en Jehová” (Salmo 37:4) es otra forma de decirlo, “Hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31) Dios es más glorificado en ti cuando tú estás más satisfecho en El.

Y la gran pasión del corazón de Dios es el ser glorificado. El nos creó para su gloria (Isaías 43:7); llamó a Israel para ser su pueblo y para su gloria (Isaías 49:3); Jesús vivió (Juan 17:4) y murió (Juan 12:27-28; Romanos:25-26) y resucitó (Romanos 6:4) y reina (Filipenses 2:11) para la gloria de Dios; El nos escogió antes de la fundación del mundo para su gloria (Efesios 1:4-6); El nos perdona para su gloria (Salmo 25:11; Isaías 43.25) Trabaja a través de nosotros para su gloria (1 Pedro 4:11); nos llama a hacer todas las cosas para su gloria (1 Corintios 10:31); y su propósito es que la tierra sea cubierta con el conocimiento de su gloria igual que las aguas cubren el mar (Habacuc 2:14) y que en el tiempo venidero la gloria del Señor sea la única luz maravillosa de los días finales (Apocalipsis 21:23)

Si la gloria de Dios es la más grande pasión de su propio corazón, entonces debe ser también la más grande pasión del nuestro. Y si Dios es más glorificado en nosotros cuando estamos más satisfechos en El, entonces, no debemos escatimar nada para incrementar nuestro gozo en El. Pero, ¿dónde vamos a encontrar este máximo gozo? Bueno, ya lo dijimos antes: en Dios. Sí, pero aquí podemos cometer una imperceptible pero devastadora equivocación; por tanto seamos cuidadosos.

Hay algo acerca de la naturaleza del verdadero gozo que no puede estar tranquilo. Por naturaleza es expansivo. Quiere salir fuera. Imagínense que voy al juego de campeonato de futbol de mi hijo, y que alguien me dice: “Se te permite tener todo el placer que quieras en el juego de tu hijo, pero no lo puedes expresar verbalmente ni físicamente.” ¿Sería mi gozo completo? No. Hay algo acerca del gozo que llega a su clímax cuando sale hacia afuera. El gozo se hace más grande cuando se expande. El gozo aumenta cuando se extiende hacia otros. Mi satisfacción se hace más grande cuando se convierte en tu satisfacción.

Esto significa que la búsqueda humana por el gozo nos lleva directamente al corazón misionero de Dios. Tú lo puedes ver ya. Pero déjame ponerlo de esta manera: Dios es la fuente del gozo porque El es deslumbrantemente glorioso, e infinitamente valioso, es impresionantemente hermoso y con un poder impresionante; su sabiduría es inescrutable, y su conocimiento es sin límites; es tierno en su misericordia; y terrible en su ira; y El es el origen y el fundamento de toda la verdad, la bondad y la belleza. Cuando lo vemos por lo que El verdaderamente es, y nos alejamos de todas las cisternas rotas del mundo que no satisfacen (Jeremías 2:13) nosotros encontramos gozo inefable y glorioso (1 Pedro 1:8)

Pero este gozo, igual que todo gozo, quiere salir. Y se quiere expandir. Y si no se extiende hacia afuera y se desborda, se estanca y comienza a descomponerse. Hay algo acerca de Dios que no puede ser acumulado. Y acumular el gozo en Dios, es perder el gozo en Dios. Pero el perder el gozo en Dios es deshonrar a Dios -igual que si mi esposa me deshonraría si dijera: “Es mi deber,” en lugar de decir “Es mi deleite.” Dios es más glorificado en nosotros cuando estamos más satisfechos en El.

Por lo tanto, nuestro gozo debe salir afuera –por el bien del Señor y por el bien nuestro. Dios desea que su gloria se refleje en el gozo de los redimidos de cada tribu, lengua y nación (Apocalipsis 7:9) El quiere la alabanza de todo el mundo. Por lo tanto, el evangelismo mundial es el camino para el máximo gozo y la máxima alabanza.

Las misiones no son el objetivo final de la iglesia. La gloria de Dios es el objetivo final de la iglesia –porque es el objetivo final de Dios. El objetivo final de todas las cosas es que Dios sea adorado con un afecto candente por un incontable contingente de personas redimidas de cada tribu, lengua, pueblo y nación. (Apocalipsis 5:9; 7:9)

Las misiones existen porque no existe la adoración. Cuando el reino finalmente venga en gloria, las misiones desaparecerán. Las misiones son penúltimas, la adoración es lo último. Si nos olvidamos de esto y cambiamos ese orden, la pasión y el poder de las dos disminuirá.

J. Campbell White, secretario del movimiento misionero laico, escribió en 1909:

La mayoría de los hombres no están contentos con los resultados permanentes de sus vidas. Nada puede satisfacer más completamente la vida de Cristo en sus seguidores, que la adopción de ese propósito hacia el mundo que vino a redimir. La fama, el placer y las riquezas son solo cáscaras y cenizas en contraste con el infinito y duradero gozo de trabajar con Dios en el cumplimiento de sus planes eternos. Los hombres que están poniendo todo en la empresa de Cristo, están obteniendo las recompensas más dulces y valiosas.

Este es el testimonio de casi todos los grandes misioneros en la historia de la iglesia. Exponiendo sus vidas, ellos volvieron a tener vida. Ellos probaron una y otra vez las palabras del Señor: “…el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará” (Marcos 8:35) En otras palabras, el gozo en el Señor crece expandiéndose hacia otros. Jesús le dijo a Pedro: “De cierto te digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí o del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (Marcos10:29-30) Tú no puedes dar más que Dios.

El 4 de Diciembre de 1857, David Livingstone, el gran pionero de las misiones en Africa, hizo un emotivo llamado a los estudiantes de la Universidad de Cambridge, enseñando lo que él había aprendido de esas palabras de Jesús a través de los años:

Por mi parte, nunca he dejado de regocijarme de que Dios me haya dado semejante encomienda. La gente habla del sacrificio que he hecho de mi vida en Africa…. ¿Es ese un sacrificio que trae su propia recompensa en una actividad saludable, la conciencia de hacer el bien, la paz de la mente y que trae una esperanza brillante de un destino glorioso para el futuro? Esto es, enfáticamente, algo que no es un sacrificio. Digamos mejor que es un privilegio. Ansiedad, enfermedad, sufrimiento o peligro, ahora y antes, con el precedente de las conveniencias y caridades de esta vida, pueden hacer titubear a nuestro espíritu y a nuestra alma hundirse; pero dejemos que este sea sólo pasajero. Todo esto es nada cuando lo comparamos con la gloria que será revelada en nosotros y para nosotros. Nunca hice un sacrificio.

Y al decir eso, Livingstone hizo a Dios el más grande tributo posible. No fue simplemente su deber. Fue un profundo deleite –más allá de lo que cualquier cosa en este mundo pueda dar. Dios fue glorificado en él porque él estaba satisfecho en Dios. Y su satisfacción vino a realizarse, no con las comodidades de una vida agradable en Inglaterra, sino con la expansiva visión de dar su vida y su regocijo en las fronteras de Africa.

Eso es. Esa es la más profunda motivación centrada en Dios. Hace latir a mi corazón más rápido, aún cuando lo pienso por segunda vez. Oh, que Dios nos de ojos para ver donde podemos hallar la verdadera satisfacción –para la gloria de Dios.



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