No eres tú, es Dios: nueve lecciones sobre las rupturas de una relación

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English: It’s Not You, It’s God: Nine Lessons for Breakups

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Por Marshall Segal sobre Relaciones

Traducción por Silvia Cariaga

Uno de los días más oscuros de una persona soltera llega luego de una ruptura.

Arriesgaste tu corazón. Compartiste tu vida. Compraron regalos, crearon recuerdos y soñaron juntos sus sueños, y todo acabó. Ahora, estás de vuelta en el inicio de la búsqueda del matrimonio, y se siente más solitario que en el inicio, y más lejos del altar, por todo lo que entregaste y perdiste.

Nadie comienza a salir con alguien esperando terminar algún día. El cableado en la mayoría de nosotros nos tiene esperando por el día de la boda. Buscamos, a veces de forma frenética, el amor, afecto, seguridad, compañía, compromiso, intimidad y ayuda. Después de todo, pareciera que Dios quiere que la mayoría de nosotros se case (Génesis 2:18; Proverbios 18:22; 1 Corintios 7:2-9). Pero desde luego que eso no ha hecho que casarse sea algo fácil.

El dolor de la intimidad sin el matrimonio

La realidad es que las relaciones buenas y que glorifican a Dios muy a menudo terminan antes de la ceremonia, y nunca se recuperan sentimentalmente. El dolor corta de manera profunda y permanece por más tiempo que la mayoría del dolor que los jóvenes han sentido durante su vida. Yo lo siento profundamente incluso mientras escribo estas palabras. Es una de las cosas para mí más difíciles sobre las cuales debo escribir o hablar: el dolor de la intimidad de estar cerca al matrimonio. Las rupturas en la iglesia son dolorosas e incómodas, y muchos de nosotros tendremos que caminar este oscuro y solitario camino. Así que, aquí hay nueve lecciones para crear esperanza y amar a otros cuando los cristianos terminan un “casi matrimonio”.

1. Está bien llorar, y deberías.

Las rupturas casi siempre duelen. Quizás no lo viste venir, y de repente la otra persona quizo terminar. Quizás estabas convencido de que necesitaba terminar, pero sabías lo difícil que sería decirle a la otra persona. Quizás han estado juntos por años. Quizás querías a su familia y amigos. Sin la ceremonia y compromiso, no es un divorcio, pero puede sentirse así.

Se siente como un divorcio por un motivo. No fuiste creado para esta miseria. Dios formó el romance para expresarse así mismo en fidelidad y lealtad, en unidad (Génesis 2:24; Mateo 19:9; 1 Corintios 7:2-13). Porque salir con alguien es solo el camino al matrimonio, el diseño de Dios para nuestros matrimonios indica su diseño para las relaciones.

Una relación que se viene abajo muy rápido o termina sin cuidado no refleja la intención de Dios. Esto no quiere decir que todas las relaciones deban terminar en matrimonio, pero sí que las rupturas serán dolorosas. La tristeza en medio de la dificultad no es solo apropiada, sino también buena. No es algo que haya ocultar o por lo cual avergonzarse.

Dios te creó para disfrutar y madurar en un amor que perdure, como el amor duradero de Cristo por su novia. Así que siéntete libre de sentir y no olvides que el dolor indica algo hermoso sobre tu Dios y su amor eterno por ti.

Y si no duele, probablemente no debió suceder. Si puedes entrar y salir de una relación amorosa sin dolor o remordimiento, algo está fuera de sincronía. Esto no significa que tengas que sentirte miserable por cada ruptura, pero debería haber un sentimiento de que no está bien, no es como se supone que debería ser. El corazón no fue hecho para ser prestado. A veces Dios necesita mostrar a algunos de nosotros la seriedad una relación que falla, debido a que existe una idea equivocada sobre Él y Su amor por la iglesia.

2. No lo intentes de nuevo de inmediato.

Conocer y apreciar el diseño de Dios por la permanencia en el matrimonio y las citas nos ayudarán a sentirnos de la forma correcta, pero también nos ayudará a tomar pasos sanos en la búsqueda del matrimonio. Uno de los errores más graves y populares es empezar otra relación muy pronto. Especialmente en la era de las citas online y los medios sociales, no tenemos que trabajar duro para encontrar otro candidato.

El afecto puede ser una adicción. Si has estado en citas, tomado de la mano, visto sonrisas, intercambiado notas, experimentado la dulzura de la atención y confirmación del otro, querrás más. Y la manera más fácil de encontrarlo es salir con alguien de inmediato. Pero si nos importa Dios, nuestros testigos, nuestro ex, y esa persona importante, esperaremos, oraremos, y tendremos citas de forma paciente y con cuidado. Es muy fácil dejar una fila de personas heridas detrás de la búsqueda de un compañero/a.

Es una mentira pensar que no te estás dirigiendo hacia el matrimonio si no estás saliendo con alguien ahora mismo. A veces lo mejor que puedes hacer por tu futuro esposo es no salir. Si tu historia es algo repetitiva, deberías dejar de tener citas por un tiempo. Puede que sea el momento de reorganizarse, crecer y descubrir un nuevo ritmo para tu relación futura.

3. Puede que hayas fallado, pero Dios no.

La relación puede haber terminado debido a algún defecto o falla específica. Hay cosas sobre nosotros –debilidades o patrones de comportamiento- que pueden descalificarnos al casarnos con alguien en específico. Pero no anula la gracia de Dios hacia ti.

El pecado en las relaciones es lo más visible y doloroso. Mientras dejamos que el otro ingrese más y más en nuestras vidas y corazones, es más fácil que el pecado se muestre y dañe a la otra persona de manera más profunda. En la medida adecuada, es el riesgo bueno de todo compañerismo cristiano. Cuando las personas se acercan más, y necesitamos esto en una verdadera comunidad cristiana, nuestro pecado se vuelve inevitablemente más peligroso. Es más probable que nuestro desastre afecte a otros y viceversa.

Pero quien quiera que haya fallado en tu ruptura, no fue Dios. Gracias a Jesús, sus promesas que nunca te dejan u olvidan son reales en todo momento y en cualquier estado de una relación. Si estás confiando en que Cristo perdonará tu pecado y estás dispuesto a seguirle a Él y a su palabra, Dios nunca te abandonará y nunca lo hará. Dios no dejó de amarte durante tu ruptura, incluso si tú eres la razón por la que se terminó. Sus propósitos son más grandes que tus errores.

4. Estás mejor habiendo amado y perdido.

Hay una vergüenza y quebrantamiento únicos asociados a las rupturas. Las relaciones y el amor puede que sean más celebrados en la iglesia que en ninguna otra parte, porque amamos el matrimonio de la forma correcta. Desafortunadamente, estas mismas convicciones a menudo hacen que las rupturas sean conversaciones incómodas, en las mejores condiciones vergonzosas, y en las peores escandalosas y humillantes.

Te sientes dañado, como si estuvieses arruinado frente a los ojos de Dios y de los demás. La hermosa verdad, aunque sea difícil de creer, es que la versión quebrantada de ti mismo ES una mejor versión. Si en el dolor te vuelves al Señor y te arrepientes de cualquier pecado que hayas cometido durante tu relación, eres tan preciado para tu Padre Celestial como siempre los has sido, y está usando cada centímetro de tu dolor, error, o arrepentimiento para que seas más como Él quiere y entregarte más de lo que Él quiere que disfrutes, Él mismo.

Cuando nos quitan un premio, podemos recordar de lo poco que tenemos apartados de Cristo y la fortuna de lo que Él compró para nosotros con su sangre. Él se ha convertido en sabiduría para el tonto, justicia para los pecadores, santificación para el quebrantado y redención para el perdido y temeroso (1 Corintios 1:30), y afecto y seguridad e identidad para el hombre o mujer que se siente solo y que tambalea luego del término de una relación. Así que incluso después del resultado de la separación, tenemos un motivo para jactarnos, siempre que nuestra jactancia esté en todo lo que Cristo es para nosotros (1 Corintios 1:31).

En Jesús, Dios siempre hará algo bueno para ti. No hay circunstancias a las que te enfrentes donde Él no esté trabajando para darte una vida profunda y duradera, libertad y gozo. Él ama el gozo eterno que tenemos en Él mucho más de lo que ama nuestra comodidad temporal de hoy día. Siempre hará ese intercambio, y podemos estar contentos de que lo haga. Ten en mente que Dios ESTÁ trabajando para tu bien, incluso cuando nos sentimos pésimo.

5. Incluso si no pueden ser amigos ahora, serán hermanos por siempre.

En las relaciones cristianas, las rupturas nunca son el final. Suena atrayente o no, estarán juntos por siempre (Apocalipsis 7:9-10). Y lo harán en un mundo nuevo donde nadie está casado, y todos son felices (Mateo 22:30; Salmo 16:11). Suena muy bueno para ser verdad ¿cierto? Entonces, ¿qué significa superar todo y pensar sobre nuestro ex a la luz de la eternidad?

Aunque se verán de nuevo y por siempre en el cielo, puede que no sean capaces de ser amigos ahora. Y eso no es necesariamente pecado. De hecho, en muchos casos, lo más sano emocional y espiritualmente será crear algún espacio y límites. Los corazones que han sido desechados, en cualquier nivel, necesitan sanar y desarrollar nuevas expectaciones.

La reconciliación no requiere cercanía. Sí requiere perdón y amor fraternal. Puedes empezar orando por él/ella, incluso cuando no puedas hablar con él. Ora para que su fe aumente, para que Dios coloque a hermanos o hermanas alrededor de él, para que su corazón sea sanado y restaurado, para que sea más como Cristo.

Necesitamos aprender a vivir en nuestras relaciones, viejas y nuevas, en la luz de la eternidad juntos. Nuestra paciencia, bondad y perdón en las rupturas brillarán hermosamente al lado de las respuestas egoístas de los reality de TV y los pensamientos adoptados por el resto del mundo.

6. “No eres tú, es Dios” no es suficiente.

Puede que sea una las frases para terminar más populares entre los cristianos “Dios me está guiando a hacer esto.” “Dios me dijo que debíamos terminar”, “Tuve una visión junto a un arbusto cuando iba a clases y no estábamos juntos”. Todas ellas se pueden resumir en algo como esto: “Mira, no eres tú, es Dios.”

Dios puede que te guíe a terminar, pero no lo utilices como chivo expiatorio. Acepta tu pecado y pide perdón cuando sea necesario. Entonces sé sincero sobre cómo llegaste a esa decisión, cómo te guío Él en esta dirección. Por supuesto habrán algunas cosas intangibles, pero encuentra los factores que sean tangibles. Este no es un permiso para decir cosas dañinas, sino que ayuden, incluso si duelen en el inicio.

Primero, es sabio que no te afirmes en tu propia opinión sobre la necesidad de terminar. Sí, tu novio o novia puede que no esté de acuerdo, pero necesitas compartir y confirmar tu perspectiva con alguien que ame a Jesús y a ustedes. Ve con alguien que sabes que puede evaluar tu corazón en esto. Si es un hombre o mujer casada, mucho mejor. Habla con alguien que sepa perseverar en el matrimonio y ve que es lo que piensa sobre tu motivo para terminar la relación.

Nuestra imaginación, especialmente en una crisis emocional, puede ser un arma mortal que el enemigo utiliza contra nosotros. Cuando dejamos que todo sea vago y espiritual, nuestro ex no lo hará, y la mayoría de lo que su mente cree serán mentiras de Satanás para destruirlo. Dale suficiente información sobre cómo Dios te guió a tomar esta decisión sin destrozarlo o hundirlo.

Digo “suficiente” porque hay muchas cosas verdaderas pero no útiles que puedes decir. Repito, conversa con un hermano o hermana antes de decírselo al que pronto será tu ex. Al final, no tienen que concordar contigo, pero que ellos te ayuden demuestra su amor a tener la claridad y el cierre que tu estás teniendo. Puede ayudarles a crecer y avanzar antes y con menos preguntas.

7. Tu Padre conoce tus necesidades.

Probablemente te estés preguntando esto al momento de tu ruptura, pero Dios sí conoce tu necesidad y nunca tarda en proveer. Puede que te revele cosas sobre lo que creías que necesitabas o simplemente puede que te muestre que lo necesitas más a Él que a cualquier otra cosa o persona.

Dios alimenta las aves del cielo (Mateo 6:26). Dios hace crecer las flores del campo y las hace hermosas, incluso aunque sean cortadas, pisoteadas, comidas o congeladas en una cuestión de días o semanas (Mateo 6:28-30). ¿Cuanto más el Padre cuidará de tí y proveerá lo que necesiten sus Hijos comprados a precio de sangre?

Cuando pides por un esposo, no te dará una serpiente. Cuando pidas por una esposa, no te dará un escorpión. Incluso si pareciera que hizo daño, no lo ha hecho. Él te ama. Él sabe lo que es mejor para ti. Y todas las cosas están a su disposición. Todas.

Una forma en la que Dios provee durante nuestras rupturas es probando (por el medio o motivo necesario) que esta relación no estaba en Su plan para nuestro matrimonio. El corazón de las relaciones cristianas busca más la verdad que la intimidad. Puede que esto no sepa dulce en el momento, pero si abrazas la verdad, las rupturas no serán tan malas noticias. Todos sabemos que algunas de las noticias que más necesitamos son difíciles por un tiempo, pero fructíferas en el caminar. Confía en que Él proveerá para ti cada día (o año), te cases o no. Si te casas, ten la certeza de que el traerá al hombre o mujer imperfecta que necesitas.

8. Aprende de la pérdida de amor.

Una de las victorias más grandes de Satanás en una ruptura es convencer a un o una joven:

“Todo fue culpa de la otra persona. Yo ya estoy listo para ser un esposo o esposa.” La realidad es que nadie (casado o no) ha llegado de forma completa a este lado de la gloria. Todos tenemos imperfecciones y somos llenos del Espíritu, así que siempre tendremos que aprender y crecer como personas y esposos, en el presente y futuro.

Luego de que la ola emocional haya llegado y pasado, tómate un tiempo a solas, luego con amigos cercanos, y evalúa a dónde te lleva Dios, cómo te está formando a través de esto. Identifica un área o áreas en donde necesites más gracia o donde necesites un mayor discernimiento o más fidelidad (ser más como Cristo) a medida que avanzas.

No tendrás muchas otras encrucijadas relacionales que sean más intensas, personales y específicas que una ruptura, así que es realmente un tiempo único para una introspección alentadora y sana, evaluada y compensada por otros creyentes.

9. Jesús te ayudará a encontrar el gozo en las sombras de un corazón roto.

Cuando nos dejan solos y nos sentimos abandonados, es muy difícil creer que alguien sepa por lo que estamos pasando. Incluso puede que se aplique a las personas a tu alrededor con buenas intenciones, pero no a Jesús.

Este Jesús vino y fue herido para dar esperanza al herido. “La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. Y en su nombre esperarán los gentiles.” (Mateo 12:20-21)

El gozo no está en saber que Jesús también tuvo dificultades. No hay mucho consuelo allí. El gozo está en saber que aquel que sufrió en tu lugar, murió y resucitó para terminar con el sufrimiento de sus santos. Dios salvó al mundo y venció la muerte a través de su sufrimiento, y tu sufrimiento en medio de tu caminar con Jesús (en este caso, una ruptura), te une a la victoria, la más grande victoria. Para aquellos que esperan en Jesús, todo el dolor (cáncer inesperado, criticismo injusto y una ruptura no deseada) tiene una fecha de vencimiento y un nuevo propósito para unirnos en amor con nuestro Salvador que sufrió.

Jesús fue ante los quebrantados de corazón para abrir camino al gozo en medio del dolor.

Vivimos, sobrevivimos y crecemos mirándole a “el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz” (Hebreos 12:2). Su gozo, antes que la ira de Dios contra el pecado, es nuestra primera y más grande razón para pelear por el gozo (no sobrevivencia) luego de una ruptura.

Si crees eso, entonces saca el mejor provecho de esta ruptura, sabiendo que Dios ha escogido este camino específico para hacerte crecer y prosperar en formas que duren.

Ninguna relación que tengas en esta vida perdurará para siempre, pero las buenas cosas que sucedan en ellas, incluso a través del dolor, incluso en el derrumbe, lo harán.


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