Os Encomiendo a Dios a la Palabra de su Gracia

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English: I Entrust You to God and to the Word of His Grace

© Desiring God

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Por John Piper sobre Ministerio Pastoral
Una parte de la serie Eldership: Serving the Lord with Humility, Tears, and Trials

Traducción por David Luchini


Hechos 20:32–35

Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados. Ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado. Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigo. En todo os mostré que así, trabajando, debéis ayudar a los débiles, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: "Más bienaventurado es dar que recibir."

Si los ancianos cuidan del rebaño ¿quién cuida de los ancianos? Esta es la pregunta que Pablo va a responder en este texto.

La última semana vimos en el verso 28 que los ancianos tienen la responsabilidad de cuidar el rebaño completo. "Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre". Los ancianos alimentarán a las ovejas y (según los versos 29 y 30) las protegerán de enseñanzas tergiversadas de lobos vestidos de cordero.

Así que mientras Pablo se prepara para dejar a todo el rebaño hasta que los vuelva a ver en el cielo, los encomienda al cuidado de los ancianos (=supervisores, pastores) haciéndoles recordar a los ancianos con solemnidad que fue el Espíritu Santo quien los escogió para ser pastores del rebaño.

Contenido

¿Quién cuida de los Ancianos del Rebaño?

¿Qué tal los ancianos mismos? Si los ancianos cuidan del rebaño ¿quién cuida a los ancianos? Si Pablo encarga a la iglesia bajo el cuidado de los ancianos, ¿en cuidado de quién están los ancianos? La respuesta en el verso 32: "Ahora os encomiendo [o los encargo] a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados."

Así que la respuesta es que Dios cuida de los pastores por la palabra de su gracia. "Os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia". No te encargo a un obispo. No te encargo a una denominación. No te encargo a un comité o congregación. Te encargo a Dios y a la palabra de Su gracia. Dios es tu pastor. Y su Palabra es tu pasto verde y tus aguas de reposo.

Claro: TODO el rebaño tiene a Dios como su pastor y TODO el rebaño se alimenta de la Palabra de su gracia, no solo los ancianos. Pero existe una diferencia entre el rebaño y los ancianos. La diferencia al menos es la siguiente: al rebaño Dios le da el recurso agregado de los pastores que les enseñan todo el consejo de Dios, y a los pastores Dios les proporciona la responsabilidad agregada de averiguar y enseñar todo el consejo de Dios.

Así que cuando Pablo encarga a los ancianos a la Palabra de gracia de Dios, no los encarga a un acceso privado y privilegiado: les encarga una responsabilidad especial. El rebaño debe tener la Palabra de gracia para poder vivir por ella. Y por eso Dios pone pastores para alimentar al rebaño. Pero los pastores también deben tener la Palabra de gracia para vivir por ella. No obstante, Dios les asigna la responsabilidad especial de alimentarse en una forma más directa tanto para sus propias almas como para el bien de las ovejas. El rebaño tiene el beneficio agregado de recurrir al pastor para alimentarse. Los pastores tienen la responsabilidad agregada (y el privilegio) de preparar con sus propias manos el alimento de la Palabra de la gracia de Dios.

Tres efectos de la Palabra de gracia de Dios

Creo que lo que tenemos en los versos 32-35 es una ilustración de la forma de vivir y ministrar por la Palabra de la gracia de Dios. Así que quiero profundizar en esta pregunta con todos ustedes: ¿de qué manera la Palabra de la gracia de Dios sostiene y da poder a los ancianos (o pastores) para su vida y ministerio?

Veo que la Palabra de gracia tiene tres poderosos efectos en estos versículos.

1. Nos conduce a la Herencia

La Palabra de la gracia de Dios nos conduce a la herencia de gozo eterno.

Leamos de nuevo el versículo 32 y notemos lo que Pablo dice que la Palabra de gracia es capaz de dar a los ancianos: "Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados". La Palabra de la gracia de Dios puede darte una herencia.

¿Cuál es?

¿Cuál es esta herencia? Bueno, la herencia de la que a veces Pablo habla es el reino de Dios. Dos veces en 1 Corintios (6:9,10) y una en Gálatas (5:21) dice que la gente que sigue viviendo en pecado e incredulidad no heredará el Reino de Dios. Es la herencia de la que Jesús habla cuando vino el joven rico y le preguntó: "Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?" (Lucas 18:18, 25, 26; cf. Tito 3:7). Es lo que Jesús quiso decir cuando dijo: "Bienaventurados los humildes , pues ellos heredarán la tierra" (Mateo 5:5)

La herencia es la salvación, el reino de Dios, los nuevos cielos y la nueva tierra, la vida eterna -"las riquezas de la gloria de Dios" (Efesios 1:18; Romanos 8:17). Esto es lo que Pablo dice que la Palabra de la gracia es capaz de hacer a los ancianos de Éfeso (¡y también de Bethlehem!) Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y DAROS LA HERENCIA".

¿De qué manera la Palabra de la gracia de Dios nos conduce a ella?

Ahora, ¿cómo la Palabra de la gracia de Dios nos puede hacer esto? Aquí él habla de algo futuro. Está claro que estos ancianos ya eran cristianos. Habían creído en el Evangelio. Confiaban en Jesús. Y ahora Pablo dice que los entrega a Dios y a la Palabra de su gracia. Dice que esta Palabra tiene poder de dar vida eterna, el Reino de Dios, gozo eterno. No es solo una experiencia pasada con la Palabra de gracia que asegura la herencia de vida sino el poder en desarrollo de Dios. La Palabra de gracia es capaz de dar esta herencia a los ancianos ¿de qué manera?

La respuesta está en el final del verso 32. "La palabra, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados". "Todos los santificados" se refiere a los que recibieron la herencia. Así que para recibir la herencia de vida eterna y el Reino de Dios y gozo eterno debes estar santificado. Veremos en contexto qué quiere decir santificado en términos prácticos. Para decirlo brevemente: quiere decir que hay un cambio en tu corazón de manera tal que amas al Dios santo y él revela su voluntad para tu vida, y que odias al pecado, especialmente en tu propia vida.

Así que Pablo dice que este es el tipo de gente que va a heredar la vida eterna -no es gente perfecta (no hay nadie en la tierra), sino gente santificada. La gente que busca la santidad con un verdadero deseo de corazón (Hebreos 12:14; 10:14; 2 Tesalonicenses 2:13)

Aquí dice dos cosas. Una, que la Palabra de la gracia de Dios es capaz de darte esta herencia de gozo eterno; y la otra: las únicas personas que van a obtener la herencia son aquellos que han sido santificados. Entonces, ¿de darnos la herencia la Palabra de la gracia? ¿No sería la respuesta: con la santificación?

Supón que eres un atleta que te digo: "Te encargo al entrenador Anderson que puede asegurarte la victoria en los playoffs entre todos aquellos que fueron bien entrenados y bien condicionados". ¿No llegarías a la conclusión de que la forma en que el entrenador Anderson te asegurará la victoria en los playoffs es con entrenamiento y acondicionamiento superior?

Así que cuando Pablo dice "Te encargo a..." la palabra de su gracia que es capaz de ... darte la herencia entre todos aquellos santificados", llego a la conclusión de que la forma en que la Palabra da la herencia es a través de la santificación. Y resulta que es esto mismo lo que Jesús dijo que hace la Palabra de Dios. En Juan 17:17 él oró: "Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad". La Palabra de Dios santifica. Por lo tanto, la Palabra de Dios te da la herencia de vida eterna; porque la herencia se da a todos aquellos que son santificados.

Edificación y santificación

Nos hemos salteado una frase del verso 32 que contribuye al mismo punto: la expresión "edificaros". "Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados".

Volvamos a la ilustración del entrenador. Ahora supongan que le digo a un equipo de atletas: "Les encargo al entrenador Anderson que puede hacerlos crecer y darles la victoria en los playoffs entre todos aquellos que están bien entrenados y bien condicionados". ¿No supondrían que el crecimiento del entrenador Anderson, su entrenamiento y condicionamiento son lo mismo? Es como decir: los encomienda al entrenador Anderson que puede hacerlos crecer y darles la victoria con todos aquellos que crecen bien.

Creo que tenemos eso en el verso 32. La capacidad de la Palabra de gracia para edificar es casi la misma que la capacidad de santificar. "Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que es poderosa para edificaros y daros la herencia entre todos los santificados".

Así que cuando deja Mileto y los encomienda a los ancianos al cuidado de Dios y su Palabra, Pablo no los está encomendando a algo pasivo. La Palabra de Dios es activa y poderosa. Pablo dice que la Palabra de la gracia es edificadora. Edifica una estructura útil a partir de una vida en la ruina. Construye diseño a partir de una vida de confusión. Construye seguridad a partir de miedo y ansiedad. Construye fuerza a partir de debilidad. Construye permanencia y estabilidad a partir de vacilación e incertidumbre. Construye belleza a partir de fealdad. La palabra de la gracia de Dios es una maestra constructora. Se la llama Palabra de gracia porque siempre se construye con materiales crudos y abominables en nuestras vidas.

Así que Pablo deja a los ancianos de Éfeso bajo el cuidado de Dios y su Palabra que los puede hacer edificar y los está edificando, les da la herencia entre todos aquellos que son construidos o santificados así.

Así que esa es nuestra primera respuesta a la pregunta sobre cómo la gracia de la Palabra de Dios sostiene y da fuerza a los ancianos para su vida y ministerio. Nos lleva a la herencia de gozo eterno porque tiene un efecto santificador en nuestras vidas.

Ahora veo dos respuestas más a la pregunta de cómo la gracia de la Palabra de Dios sostiene y da poder a los ancianos. Pero ambas respuestas son ilustraciones específicas de la primera. Quiero decir: las dos respuestas son formas específicas en que la Palabra edifica o santifica a los ancianos para su trabajo.

Creo que la mejor manera de desandar este efecto dual de santificar y edificar que tiene la Palabra de la gracia se relaciona con lo que Pablo hizo acá. Creo que Pablo menciona una promesa específica de la Palabra de gracia y muestra la manera que edifica y construye su propio ministerio.

"Más bienaventurado es dar que recibir"

La palabra que tengo en mente está al final del versículo 35. El apóstol dice que los ancianos deberían recordar las palabras del Señor Jesús cuando dijo "Es más bienaventurado dar que recibir".

Lo tomo como parte de la palabra de gracia a la que se refiere el verso 32. No puedo imaginarme a Pablo diciendo: "Os encargo ahora a la Palabra de gracia que puede edificaros y santificaros y daros herencia, pero la palabra que quiero que recordéis como lo último que os digo es otra palabra: algo que no es santificar ni edificar la Palabra de gracia". No. Lo último que hace Pablo cuando termina el mensaje es justo lo mismo que venía haciendo: los encarga a la Palabra de la gracia. Y una cosa que la dice la Palabra de la gracia es la siguiente: "Es más bienaventurado dar que recibir". O para decirlo de otra manera: "La gloria de la herencia de Dios los va a restaurar cien veces más de lo que hayan entregado en una vida de amor."

Debido a la insondable gracia de Dios, suplir cada necesidad y dar recompensa tras recompensa generosas es más bienaventurado que recibir. Esta es el final de la gracia de la Palabra de Dios para los ancianos de Éfeso.

Ahora, ¿qué edifica la Palabra en nuestras vidas si la creemos? ¿la clave aquí es la fe? La Palabra se santifica a través de la fe (Hechos 15:9; 26;18; Hebreos 4:2). Edifica dos cosas en los ancianos. Y estas son las últimas respuestas a la pregunta cómo la gracia de la Palabra de Dios sostiene y da poder a los ancianos.

La Palabra de la gracia nos lleva a la herencia del gozo eterno. Esta es la primera respuesta.

2. Quita el amor al dinero y a lo material

La otra respuesta es que la Palabra de la gracia quita el amor al dinero y a lo material.

Verso 33: "Ni la plata, ni el oro, ni la ropa de nadie he codiciado".

Si crees que la riqueza de la gracia de Dios y la gloria de su herencia es tan inmensurable que dar es más bienaventurado que recibir, la raíz de la avaricia es sacada y la rama de la codicia se seca y muere. Cada pastor de la iglesia de Dios debería tener una noble indiferencia al dinero. Pedro le dijo a los ancianos en 1 Pedro 5:2-3, "pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente".

Así que la Palabra de la gracia Dios da poder a los ancianos para su labor al sacar el nervio de la codicia y quitar el amor al dinero y a lo material. Esto pasa si crees a la Palabra de la gracia de que "es más bienaventurado dar que recibir".

3. Produce una pasión para satisfacer las necesidades de los demás.

La tercera y última cosa que la palabra de la gracia produce es edificar y santificar a los ancianos para producir una pasión que haga satisfacer las necesidades de los demás para la gloria de la gracia de Dios.

Versos 34–35a. En vez de codiciar lo que otros podrían darle, Pablo dio su vida para darle a otros de sí como podía: "Vosotros sabéis que estas manos me sirvieron para mis propias necesidades y las de los que estaban conmigo. En todo os mostré que así, trabajando, debéis ayudar a los débiles".

Si quieres, puedes obtener el verdadero punto de este versículo que tenemos que pagar nuestras propias deudas: "Estas manos me sirvieron para mis propias necesidades" Pero ese no es el punto principal. Aquí lo central es que Pablo no quería enriquecer a nadie en Éfeso. Lo que quería es satisfacer las necesidades de la gente. Quería que la gente se enriqueciera con Jesucristo.

Para ese fin servía al Señor con humildad y lágrimas y juicios (v. 19). No se preocupaba de nada de su vida, si solo terminaba su carrera, porque la fidelidad es mejor que la fe (v. 24). No cesaba de declarar todo el consejo de Dios ni nada que fuera de provecho (vv. 27, 20). Y durante tres años, de día y de noche, los amonestaba con lágrimas (v. 31).

En otras palabras, la gracia de la Palabra de Dios, aquella que hace de todo sacrificio cien veces más, construyó algo hermoso a partir del asesinato legalista. Puede hacer lo mismo por cada anciano de esta iglesia y después por todo el rebaño.



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