Satanás te quiere solo para él este domingo
De Libros y Sermones BÃblicos
Por Garrett Kell sobre Santificación y Crecimiento
Traducción por Adriana Blasi
Hay una guerra que se está librando en tu iglesia. No me refiero a dramas entre los diáconos o quejas de algunos feligreses. Hablo de una batalla que no es contra «carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» (Efesios 6:12). Satanás guerrear contra nuestra fe, pero Dios promete sostenernos firmemente. Y una de las formas en que nos sostiene es mediante el encuentro semanal de la iglesia.
Cuando la mayoría de nosotros pensamos en ir a la iglesia, no consideramos lo que sucede detrás de escena. Pero entiende esto: el domingo por la mañana es un campo de batalla de guerra espiritual. Los ataques de Satanás buscan impedir la fe (Lucas 22:31-32). El objetivo de Dios en el encuentro es edificar la fe (1 Corintios 14:26; Colosenses 3:16). Reunirse con el rebaño es como congregarse para la guerra. La liturgia es nuestro plan de batalla dado por el Señor de los ejércitos.
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Reúnete para la guerra
Reunirse con la iglesia parece un mandato simple de obedecer (Hebreos 10:24-25). Pero Satanás se esfuerza por impedir que lo hagamos. ¿Por qué? Porque sabe que abandonar el encuentro puede llevar a una fe que decae. No estoy diciendo que, si faltas a la iglesia una o dos veces, estés en peligro de apostasía. Sin embargo, los pequeños compromisos, si no se abordan, siempre llevan a otros mayores. Así como David cayó presa de Satanás cuando se quedó en casa en lugar de ir a la guerra (2 Samuel 11:1–2), así también nosotros caemos en sus artimañas cuando nos ausentamos de la adoración congregacional.
A continuación, hay cuatro artimañas comunes que no debemos ignorar (2 Corintios 2:11).
1. Distracción
El maligno busca enredarte en alternativas que ahogan la fe en lugar de reunirte con los santos. Algunas son sutiles y potencialmente permisibles, como pasar fines de semana en una casa junto al lago. Aunque las vacaciones pueden ser restauradoras, sustituir la iglesia por la comodidad de sentarte en el muelle, incluso escuchando las enseñanzas de tu pastor favorito, es espiritualmente peligroso. El aislamiento cultiva una religión egocéntrica: no tienes que saludar a otros santos ni cantar canciones que no prefieras. No hay riesgo de que alguien te haga preguntas que expongan el pecado. Y si el sermón parece demasiado largo, puedes escucharlo a 1.5 veces de velocidad.
O tal vez te distraen los equipos deportivos de los niños que juegan durante el encuentro de la iglesia. Refunfuñas por el horario, pero ¿tomas una posición de fe, confiando en que Dios honrará tu obediencia hacia él? ¿Estás discipulando a tus hijos para que hagan del encuentro algo central en sus vidas, o has caído en las tentaciones de nuestra época?
Puede que no seas lo suficientemente rico para una casa junto al lago o que no te tienten los deportes infantiles, pero el mundo tiene algo para todos, así que ten cuidado. La parábola del sembrado de Jesús pinta un cuadro alarmante de la semilla que no crece: «La parte que cayó entre espinos son los que oyen, pero, con el correr del tiempo, los ahogan las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida, y no maduran» (Lucas 8:14). La conveniencia y la comodidad suelen ser peligros más grandes para el alma que las amenazas de persecución y martirio.
2. Desánimo
Si la distracción se ha cobrado miles, el desánimo se ha cobrado diez mil. Hay innumerables razones para desanimarse. El temor de que ir a la iglesia haga que te sientas más solo es poderoso. Muchas iglesias predican correctamente sobre el amor, la comunidad y la membresía significativa, pero ¿qué hacemos con eso cuando pasamos toda la mañana en un lugar donde nadie reconoce nuestra presencia? Satanás se apresura a susurrarnos que no somos dignos de amor. Incluso puede insinuar que, si pasamos desapercibidos para las personas, ¡cuánto más por Dios!
O tal vez los compromisos con el pecado nos han dejado llenos de culpa. Tal vez hemos permanecido despiertos la noche anterior, bebiendo demasiado o consumiendo un contenido inapropiado. O quizás nos hemos entregado a la pornografía o sobrepasado los límites con un novio o novia. Levantarnos para ir a la iglesia requerirá de una fuerza espiritual, pero el pecado nos ha dejado paralizado.
O tal vez sientes una oscuridad espiritual que no puedes explicar. Nubes depresivas bloquean la luz, y como Elías, dices en tu corazón: «Basta ya, Señor, quítame la vida» (1 Reyes 19:4). Atravesar las nubes de desánimo parece imposible a veces, especialmente el domingo por la mañana.
No desmayes, santo desanimado. La luz de la gloria de Cristo te guiará a salvo.
3. División
Jesús se deleita en la unidad de la iglesia; Satanás se dedica a socavarla. Recientemente hablé con un amigo que estaba atravesando dificultades con otro miembro de la iglesia. Mientras me contaba la situación, pude ver con qué astucia Satanás había intervenido en esa relación tensa. Había avivado la sospecha y le había hecho creer a mi hermano que la otra persona pensaba mal de él. La comparación permitió que su corazón inseguro cayera en un espiral de engaño. Pero, gracias a Dios, después de que hablaron, todo se aclaró, y el Señor los ayudó a liberarse del lazo del maligno.
No importa para el adversario si las grietas entre los creyentes son pequeñas o grandes siempre que los afectos entre ellos se enfríen. Las tentaciones de publicar sin pensar en línea o de cultivar suposiciones infundadas son constantes. Satanás es un oportunista que busca cualquier puerta abierta para acceder fácilmente a las relaciones, por eso debemos «no dar lugar al diablo» (Efesios 4:26-27).
4. Incredulidad
Desde el principio, Satanás ha susurrado: «¿Es verdad que Dios les dijo...?» (Génesis 3:1). Su objetivo es erosionar la confianza sobre lo que Dios ha hablado. Quiere que, como el engañado Pilato, digamos: «¿Qué es la verdad?» (Juan 18:38). Logra este ataque distorsionando las Escrituras e insertando una falsa doctrina, lo que extravía a los creyentes inmaduros (1 Timoteo 4:1). El engaño doctrinal es una de las armas más antiguas y efectivas de Satanás.
Si Satanás no puede engañarnos con enseñanza engañosa, lo hace embotando nuestros corazones a la voz de Dios. El autor de Hebreos escribe sobre el peligro de estar «embotados de oídos» (Hebreos 5:11) y advierte: «Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón» (Hebreos 3:7-8). Este endurecimiento le sucedió al antes fiel Demas, quien, «habiendo amado al mundo presente», le dio la espalda a Cristo (2 Timoteo 4:10).
Satanás se esfuerza por fomentar la incredulidad en Dios, pero reunirse con los santos orienta nuestros corazones en la esperanza de Cristo mientras oramos, cantamos, celebramos y adoramos juntos.
Protege el encuentro
Reunirse con la iglesia es un acto de fe que resiste al diablo y nos da un atisbo de la preciosa gloria de Jesús. Pero reunirnos no sucederá sin intención ni apoyo. Entonces, ¿qué pasos podemos tomar ahora (y cada semana) para reunirnos el domingo?
Busca a Jesús diariamente. El culto corporativo se alimenta del culto personal, y el culto personal se alimenta del congregacional. Al buscar a Jesús diariamente y sentarte regularmente a sus pies, tendrás sobriedad espiritual y fuerza para resistir las trampas del tentador y acercarte al campo de batalla en el Día del Señor (Santiago 4:7-8).
Planea reunirte. Se nos manda disciplinarnos para la piedad (1 Timoteo 4:7-8), lo que incluye cómo disciplinamos nuestro horario. Aunque puede haber razones para faltar ocasionalmente un domingo, vigila celosamente el encuentro con el pueblo de Dios. Haz que el mismo se convierta en el evento alrededor del cual gira el resto de tu semana. Modela este compromiso para tus amigos, familia y vecinos. Atesorar a Jesús junto a su pueblo requiere de una planificación intencional.
Prepárate para el encuentro. Una práctica común en nuestra iglesia es que las familias o compañeros de cuarto lean el texto del próximo sermón durante la semana. Hacer esto predispone sus corazones y mentes en la palabra que Dios tendrá para ellos el domingo. También animamos a la gente a cantar las canciones que cantaremos juntos el domingo. Estos pequeños actos de preparación se asemejan a un entrenamiento antes de la batalla.
Asóciate con quienes se reúnen. Rodéate de personas que te amen lo suficiente como para ayudarte a mantenerte firme (Hebreos 3:12-14). Comparte las formas en que Satanás te tienta y pídeles que te ayuden a resistirlo. Somos demasiado débiles y vulnerables para pelear esta batalla solos. Dios llama a toda la iglesia a ponerse la armadura de Dios y llevar las cargas unos de otros (Efesios 6:10-18; Gálatas 6:2). Busca estas relaciones y pide ayuda a tus pastores si no sabes cómo.
La adoración valdrá la pena
Satanás, el mundo y nuestra carne pueden ofrecer innumerables razones para no reunirte con la iglesia. Pero el Todopoderoso nos llama a creer que valdrá la pena. En el encuentro, volvemos nuevamente a ver lo precioso que es Jesús. Cada elemento del servicio eleva los ojos de nuestros corazones para contemplarlo y creer en él de nuevo... Satanás preferiría que experimentáramos cualquier cosa menos eso. Su objetivo es nuestra apostasía; descuidar el encuentro es una de sus artimañas más potentes. Pero en palabras del apóstol: "Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos" (1 Pedro 5:9). Así que, sigue luchando, familia de Dios, porque «el Dios de paz pronto aplastará a Satanás debajo de vuestros pies» (Romanos 16:20).
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