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Por Vaneetha Rendall Risner sobre Sufrimiento

Traducción por Carla B.


Contenido

Cómo la mala teología hiere a los que sufren

¿Por qué Dios nos concede algunas oraciones y otras no? ¿Por qué Dios sana milagrosamente a algunas personas y a otras no? ¿Por qué los desastres golpean a una ciudad y no a otras?

He estado reflexionando sobre estas preguntas desde que el Huracán Florence devastó una gran parte del este de Carolina del Sur el año pasado. Vivo en el centro del estado y contrariamente a las predicciones presagiadas, nos vimos relativamente poco afectados. Ante esto, una amistad dijo, “Yo sé porque fuimos salvados de la catástrofe y la tormenta rodeó nuestra área y se desplazó hacia el sur. ¡Oré para que Dios nos mantuviese a salvo y Él contestó mis oraciones!”

Me quedé sin palabras

Yo sé que Dios contesta oraciones. Y necesitamos orar. Dios nos dice que pidamos y nos será concedido (Mateo 7:7). Pero las palabras de mi amiga me hicieron preguntarme si ella pensaba que nadie del este de Carolina estaba orando. Conozco personas que perdieron todos sus medios de subsistencia en la tormenta. Todo lo que tenían desapareció. Escaparon con sus vidas, pero no les quedó nada material. Algunos le rogaron a Dios que salvara su ciudad.

Uno murió, otro vivió

¿Qué somos nosotros como creyentes, como para inferir de estos desastres naturales? ¿Podemos simplemente trazar una línea recta entre nuestras peticiones y las respuestas de Dios? Hace años, escuché a un pastor relatar sobre su cáncer que había entrado en remisión. Cuando compartió con su congregación las buenas nuevas, varios comentaron, “sabíamos que Dios le sanaría. Tenía que hacerlo. Había muchísimas personas orando por usted.”

Aunque el pastor estaba agradecido por las oraciones de los demás, también sabía que Dios no le debía el ser sanado. Creyentes fieles a lo largo de los siglos han orado fervientemente y aún así no han sido sanados. El apóstol Pablo no fue sanado, para mostrar que el poder de Dios podía perfeccionarse en su debilidad (Corintios 12:9).

Y luego estaba mi propio hijo, Pablo, quien murió de chiquillo. Habíamos orado, ayunado y pedido a nuestras amistades que oraran por su sanación. Varios años después de su muerte, conocimos a un hombre que después de haberse enterado de nuestra pérdida nos dijo, “No tomen esto a mal, pero nosotros oramos por todos nuestros hijos antes de que nacieran. Y todos ellos nacieron saludables”. Nos quedamos sin palabras.

¿Por qué Dios salvó a Pedro?

Al considerar la pregunta de cuándo y por qué Dios escoge rescatar a alguien, recordé Hechos 12 el cual comienza: “Por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos que pertenecían a la iglesia. Hizo matar a espada a Jacobo, el hermano de Juan, y viendo que esto agradaba a los judíos, hizo arrestar también a Pedro… Así pues, Pedro era custodiado en la cárcel, pero la iglesia hacia oración ferviente a Dios por él” (Hechos 12:1-5, LBLA).

Pedro fue rescatado la misma noche en que Herodes estaba a punto de sacarlo para supuestamente matarlo como había hecho con Jacobo.

¿Por qué Dios permitió morir a Jacobo y vivir a Pedro?

Pedro, Jacobo y Juan eran los discípulos más cercanos de Jesús. A menudo, estos tres eran seleccionados para estar solos con Jesús. Sin embargo, sus vidas terrenales después de la resurrección de Cristo fueron notablemente diferentes. Juan fue el último de los discípulos en morir, Pedro fue rescatado de la prisión en Hechos 12, pero la historia de la iglesia registra que más tarde fue martirizado al ser crucificado al revés.

Jacobo fue el primero de los discípulos en ser martirizado. La Biblia registra sin elaborar detalles, que Herodes le mató. Sencillamente sabemos que Pedro fue salvado, mientras que Jacobo no. ¿Qué debemos asumir de esto? ¿Sería que Dios amaba más a Pedro que a Jacobo? ¿Era la vida de Jacobo menos importante? ¿Sería que Jacobo tenía menos fe? ¿Sería que la gente no estaba orando por Jacobo?

Nuestro Padre es quien sabe mejor

Observando la orientación más exhaustiva de la Biblia, está claro que Dios tiene planes que no entendemos. Sus caminos no son nuestros caminos (Isaías 55: 8-9). Ya que creemos que la muerte es solo un paso hacia la vida eterna (2 Timoteo 1:10), uno por el que todos nosotros tendremos que pasar, a fin de cuentas no importa cuando lo atravesemos. Dios enumera todos los días que nos son dados antes de que comiencen y Él es el único que determina cuando moriremos (Salmo 139:16).

Aunque a menudo no podemos entender los propósitos de Dios en esta vida, podemos estar seguros de que la vida de Jacobo como discípulo y su muerte como mártir fue intencional. Todo lo que hace Dios tiene un propósito (Isaías 46:10). Debido a eso, podemos estar seguros de que, cuando Jacobo murió, había cumplido con lo que Dios le había llamado a hacer (Filipenses 1:6), mientras que la obra de Pedro en la tierra no estaba finalizada (Filipenses 1:24-25).

Vivir o morir, ser salvo o torturado, ser liberado en esta vida o en la siguiente no es una señal del amor de Dios hacia nosotros o de la cantidad de nuestra fe. Nada puede separarnos del amor de Dios, y nuestro futuro está determinado por lo que Él sabe que sea mejor para nosotros (Romanos 8:28, 35-38).

Pablo entendía este principio muy bien cuando dijo en Filipenses 1:21-23, “Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Si el vivir en la carne significa para mí una labor fructífera. Entonces, no se cual escoger. Pues de ambos lados me siento apremiado. Mi deseo de partir y estar con Cristo, es mucho mejor”. Dejar este mundo y estar con Cristo es mucho mejor porque la vida eterna es mucho mejor que la vida en la tierra. No importa lo que esta vida ofrezca, finalmente estaremos profundamente felices en el cielo donde Dios tiene toda la eternidad para llenarnos con Su bondad (Efesios 2:7).

El sufrimiento no es castigo

Aunque yo conozco estas verdades, a menudo me he visto desanimada porque otros has sido rescatados mientras yo estaba aún sufriendo. Los defensores del Evangelio de la prosperidad me han dicho que, si hubiese orado con fe, mi cuerpo habría sido sanado, mi hijo habría sido salvado y mi matrimonio habría sido restaurado. Todo dependía de mí. Si simplemente hubiese tenido fe, habría tenido un mejor resultado.

Sus palabras me han herido y desilusionado, preguntándome qué estaba haciendo mal.

Pero esa teología no es el evangelio. La respuesta de Dios a nuestras oraciones no depende de nuestros propios méritos, sino de Su gran compasión (Daniel 9:18). Debido a que Cristo recibió nuestro castigo, Dios esta siempre por nosotros (Romanos 8:31). El quiere concedernos todas las cosas. El mismo Cristo siempre esta intercediendo por nosotros (Romanos 8: 31-34).

Si estás en Cristo, Dios está completamente por ti. Tus sufrimientos no son castigos. Tus luchas no se deben a que no oraste lo suficiente o de la manera correcta, ni porque tienes una fe débil o pocos intercesores. Es debido a que Dios esta utilizando tu sufrimiento en formas que no puedes entender ahora, pero algún día lo harás. Algún día verás cómo Dios utilizó tu aflicción para prepararte para un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación (2 Corintios 4:17). Este es el Evangelio. Y es aplicable a todos aquellos que aman a Cristo.


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