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Por E. Bradley Beevers sobre Discurso
Una parte de la serie Journal of Biblical Counseling

Traducción por Carolina Saavedra


Estuve mirando recientemente la película de Disney, Aladín. Como buen miembro de la audiencia, me puse en los zapatos del héroe. Así que cuando pensé acerca de la película después de que ésta se acabó, me hice una pregunta: ¿cuáles serian mis deseos, si Dios me concediera tres? Inmediatamente se me vino a la mente la historia relacionada con el sueño de Salomón. Dios le preguntó qué le gustaría a él y él le pidió sabiduría para gobernar a Israel. ¿Será que yo también pediría sabiduría? Pero pensé que yo no tengo la responsabilidad de gobernar a Israel como la tenía él. Tal vez le pediría santidad. Luego descarté estos pensamientos de mi mente. Pero varios días después la idea de los “deseos” volvió. Yo había pensado en algo que quisiera pedir.

Deseé poder retractarme de algunas cosas que dije; un comentario a la ligera, sin la intención de que fuera hostil, pero pecaminoso, desagradable –e incluso, estúpido-. Si al final del día pudieras tener un talonario de los deseos, ¿cuántas veces lo cambiarias por el “no decir” algo que haya salido de tu boca? Habría muchas ocasiones en las cuales podrías usar ese boleto. Por ejemplo, si quisiste hablar de trivialidades, pero se te salió una broma o un comentario estúpido que le ofendió a alguien con quien estabas hablando. Estabas nervioso así que seguiste hablando, pero te diste cuenta que estabas diciendo cosas sin sentido. O estabas irritado en casa y fuiste duro con tus compañeros de apartamento, tu cónyuge, o tus hijos. O después de cometer un error trataste de explicarlo; pero entre más hablabas, más se empeoraba la situación. Y la lista podría seguir. Cómo está en lo cierto Santiago 3 cuando dice: “Si alguien no se equivoca al hablar, es un hombre perfecto capaz también de poner freno a todo su cuerpo”.

Las escrituras nos advierten acerca del tomar en serio nuestra habla. La batalla por la lengua es la batalla por la vida Cristiana. Una vez Jesús describió el día del juicio como el tiempo en el cual los hombres darían cuentas “por cada palabra ociosa que hablaren” (Mateo 12: 36). Él dijo que nuestro uso del lenguaje determina la diferencia entre salvos y no salvos. “Por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12: 37). El lenguaje es muy importante ya que revela quién eres. Los árboles buenos dan buen fruto, y los árboles malos, malos frutos. Cada ser humano saca lo que hay adentro; “de la abundancia del corazón habla su boca” (Lucas 6: 45). Por eso Pablo hace un llamado a aquellos que han postergado la sabiduría; “ninguna palabra mala salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a aquellos que la escuchan” (Efesios 4: 29).

El mal hablar no se trata solamente de hablar cuando no se debe o decir cosas que luego hubieras deseado no haber dicho. Ciertas cosas que decimos son malas por otras razones. Por ejemplo, con algo de plática podemos determinar si lo que se dice es bueno o malo, preguntando cuándo, a quién, bajo qué circunstancias, y con qué tono de voz se dijo. En el otro extremo, diferenciamos el “lenguaje soez” del resto del lenguaje; El “lenguaje soez” es inherentemente dañino. No se trata de decir algo en el momento menos indicado o a la persona equivocada. Este tipo de “lenguaje grosero” siempre es incorrecto, y debe ser continuamente evitado por el creyente.

Piense en esto: el lenguaje soez es siempre malo, y los cristianos hacen bien en evitar su uso. Pero ¿qué es lo que hace que éste sea malo? No es el hecho de que se refiere a cosas de las cuales no se debe hablar. Es malo porque expresa una visión casual, blasfema o perversa del mundo. Por ejemplo, la palabra “maldición” no es siempre una blasfemia; su significado verdadero se refiere a un hecho divino. Dios condena al malvado al infierno. Sin embargo, cuando la gente emplea esta palabra como una maldición, se trivializa y se ridiculiza el juicio de Dios. Otro ejemplo puede ser cómo los no creyentes buscan incluso hacer de “Dios” o “Jesucristo” expresiones profanas de escándalo o enojo.

He escogido dos ejemplos al azar los cuales resaltan la manera como una apreciación perversa del mundo hace de una expresión una maldición. Las palabras “maldición” o “Jesucristo” pueden ser maldiciones o pueden ser empleadas de maneras apropiadas. Sin embargo, la mayoría de blasfemias y obscenidades no son tan flexibles; éstas siempre son blasfemias o palabras perversas. La opinión del mundo está “incorporada”. Estas expresiones por sí mismas, comunican rebelión e incredibilidad - no por lo que describen, sino por la interpretación implícita en la descripción. Por ejemplo, la mayoría de obscenidades expresan actitudes hostiles y / o inmorales en términos que tienen que ver con funciones naturales del cuerpo humano. Lo que fue creado por Dios; la interpretación maliciosa degrada y pervierte lo que Dios creó. No hay manera en la que estas palabras puedan ser empleadas apropiadamente; sencillamente deben ser evitadas. Las Escrituras reconocen esta mirada del mundo. Nadie que hable por el Espíritu de Dios puede decir “Jesús sea anatematizado” (1 Corintios 12:3). Otros ejemplos no han de ser siquiera nombrados, pues “es incluso vergonzoso mencionar lo que el desobediente hace en secreto.” Generalmente los cristianos reconocen dicho vocabulario y manera de hablar como una mirada incrédula por parte del mundo y pertinentemente, toman su uso como pecaminoso.

Pero estas palabras ‘ordinarias’ no son las únicas basadas en un punto de vista escéptico del mundo. Muchas de nuestras descripciones o definiciones comunes concuerdan levemente con modos susceptivos de pensar. Tal y como las blasfemias, los eufemismos tienen incorporada una visión del mundo. Cuando la gente le llama al adulterio “aventura”, ¿no le ha dado un giro a esta descripción para eliminar cualquier evaluación moral e indignación? Y la palabra sustituida no fué arbitrariamente sacada del diccionario. Adulterio suena pecaminoso; aventura suena divertido. El mundo está constantemente buscando maneras para hacer parecer su conducta normal, aceptable y correcta. Al sustituir la palabra fornicación por ‘dormir juntos’, se elimina cualquier sentido de desaprobación. La palabra “sexualmente activo (a)” implica que la sobriedad está pasiva, callada o débil. Lo que una vez fué sodomía (desde la primera vez que se menciona en Génesis 19) se convirtió en “homosexualidad”, luego en “gay”, después simplemente en una “preferencia sexual” o en una ‘forma alternativa de vida’. Ahora la indignación moral hacia esta perversión es peyorativamente catalogada como “homofobia”.

Contenido

Un paso más

Estos ejemplos son bien conocidos y su prejuicio anti-bíblico es obvio. Los Cristianos deben (y frecuentemente lo hacen) vigilar su forma de hablar con el fin de no reforzar ni contribuir ligeramente a la perspectiva del mundo. Pero incluso, va más allá. Todas las áreas en las cuales la desobediencia y la incredulidad son expresadas en el lenguaje, deben ser confrontadas de la misma manera. Hasta ahora no he atacado nada sutil. Tanto la blasfemia como las definiciones “políticamente correctas” están obviamente basadas en una visión anticristiana del mundo. Tratemos ahora un caso menos obvio: el cómo las personas emplean el lenguaje para minimizar la responsabilidad de sus actos. Primero que todo, consideremos cómo el mundo habla de pecados que son evidentes. Vivimos en una sociedad en la cual el excesivo gasto es común; Sin embargo, raramente escuchamos la palabra codicia para describirlo. Este tipo de vida es sencillamente “confortable”. Patrones de desobediencia como ésta son “problemas”, no pecados. El quejarse o lamentarse significa “decir lo que siento” o “ser honesto”. Incluso en la iglesia, al hecho de hablar mal de otra persona, algunas veces le llamamos “compartir” o “buscar consejo” en lugar de difamación o calumnia.

Comprenda lo que está ocurriendo aquí. Los términos no solamente definen; interpretan. Cuando empleamos una palabra como comadrear, muchas imágenes bíblicas y frases vienen a la mente – como ha de ser. Cuando tratamos de describir esta misma actividad de una forma más “neutral”, lo que realmente hacemos es describirla de una manera antibíblica. Las categorías descriptivas de Dios no son “neutrales”. La mentalidad científica puede condicionarnos para considerar la neutralidad como apetecible. Pero no lo es. Vivimos en un mundo lleno de la voz de Dios. Todo lo que Él creó y sobre lo cual Él gobierna, habla de Su gloria; lo revela a Él. La “neutralidad” es de verdad una rendición a la incredulidad. Es una negación a hablar y pensar desde la perspectiva de Dios. El hablar “neutralmente” es una negación a proclamar la verdad de Dios a un mundo perdido, e invocarlo al arrepentimiento. Acaso ¿no es una proclamación de la verdad y una perspectiva de Dios el usar el término adulterio y fornicación, en lugar de un lenguaje más neutral al hablar con un colega? ¿Acaso el término “estilo de vida alternativo” no actúa para tranquilizar la conciencia y silenciar la condena de Dios? Nuestro lenguaje debe afirmar la interpretación de Dios en contra del pensamiento rebelde del mundo; no somos “neutrales”; somos para Él. Los no creyentes tampoco son “neutrales”; ellos están en contra de Él. Nuestra habla debe reflejar esto, para que “ya sea que comamos, o bebamos, o hagamos cualquier otra cosa, lo hagamos para la gloria de Dios.”

El lenguaje del mundo minimiza la responsabilidad al describir emociones y patrones de comportamiento. Estos temas trascendentales son objeto de atención popular. Pero en cuanto se toca el tema de la conducta sexual, el mundo cambia la terminología para desviar la atención de la responsabilidad y del pecado. En primer lugar, el mundo desvía la atención de su responsabilidad hablando como si la situación, y no la persona, fuera la protagonista. “Eso me enojó tanto.” “Su comportamiento me hizo resentir.” “Eres tan irritante.” “Este sufrimiento tan grande ha hecho desaparecer mi deseo de Dios.” Supuestamente no hay nada que podamos hacer por nuestras reacciones. Ya que éstas provienen directamente de la situación, son entonces parte de ésta. Están allí.

En segundo lugar, la gente diversa la atención de su pecado, buscando una descripción “neutral” de la experiencia. Por ejemplo, los cristianos reconocen la diferencia entre desesperanza, desilusión, tristeza, depresión, culpabilidad, miedo, rabia y dolor. Bíblicamente, cada sentimiento es diferente. Cada descripción se refiere a algo específico y cada emoción se pone fácilmente en un contexto moral. El no creyente las agrupa todas en una (descriptivamente baldía) categoría neutral como “emocionalmente agitado” o disgustado. Los prototipos de pecado que hacen que las personas peleen son “conflictos de personalidad” (algo por lo que nada se puede hacer). Hábitos de esclavitud hacia modelos pecaminosos son “enfermedades” (irresistibles), “compulsiones”, “adicciones.” Términos como éstos ignoran la perspectiva de Dios en estas experiencias humanas. Éstos hacen que la forma de pensar acerca de las emociones, acciones u opiniones, suene normal y natural. Generalmente el extravío de la perspectiva bíblica, es sutil. Sólo estaba “de mal genio”, en realidad no fui antipático, duro, ni odioso. Estoy desanimado; no he perdido la perspectiva verdadera, ni la fe. Como podemos ver claramente en estos ejemplos, no hay forma de hablar neutralmente. Al tratar de hacer esto, el no creyente está realmente obrando para justificar su conducta deshonesta; la llamada neutralidad es una capa para la rebelión y odio hacia Dios.

Pero espere un momento. No solamente en la fábrica u oficina escuchamos estos ejemplos, sino también en la iglesia. Deberíamos saberlo mejor que nadie. ¿Por qué son tan populares? ¿Qué es lo que llama la atención sobre estos términos? Permítame dar una posible explicación. Las descripciones neutrales son atractivas para el no creyente porque éstas justifican su rebelión; éstas hacen que el pecado suene normal. Naturalmente que esta dinámica pecadora también tiene una atracción para los creyentes. Ésta alimenta carnosos deseos de auto indulgencia y complacencia. Pero hay otra razón. Con frecuencia, aspectos relativos a situaciones, dificultades personales, tentaciones, pensamientos, deseos, anhelos y experiencias se pueden describir con pormenores. “El viernes en la tarde, después de una semana dura, mi jefe me llamó a su oficina. En cinco minutos estaba despedido, habiéndoseme dado solamente las razones más vagas. A duras penas sabía qué hacer. Ni siquiera me acuerdo cuando salí de la oficina. Quería salir corriendo; quería golpearlo. Quería irme. Tan solo me senté conmocionado en mi escritorio. ¡Estaba enfurecido por todo el descaro! Los tres días siguientes me la pasé medio decaído y con ganas de matarlo. No podía dormir. No podía pensar en nada más. Fué un verdadero golpe. Tuve que dejar de pensar en él; cada vez que lo hacia, ensayaba lo que debí haber dicho y me estremecía de la rabia.” Escuchamos esta descripción y pensamos, “Si; ¡así fue como pasó!” La precisión es desarmante. “Esta persona realmente sabe cómo es.” ¡Ojo! Estas descripciones son particularmente vívidas. Respuestas naturales o jugosas son bosquejadas con gran detalle. Las luchas espirituales no lo son. Los detalles vivaces no son neutrales, tienen una apreciación del mundo incorporada.

La descripción de ese viernes por la tarde pudo haber sido muy diferente. “Cuando salí de esa oficina me enfrenté con una tentación hacia la ira, la más insólita que enfrenté en tres años de trabajo allí. Estaba aturdido. Vagamente me acuerdo de haber susurrado una oración de ayuda, aún cuando estaba repasando lo que él había dicho y luchando contra mi rabia. De pronto, la Escritura que me había aprendido llegó claramente a mi mente. “Con la tentación, Dios proveerá también la salida, para que seas capaz de soportarla.” La situación se me hizo más clara, como si el Señor hubiese prendido la luz en una habitación oscura. Sabía que estaba en una encrucijada. Podría haberme quedado en la amargura, en la rabia y en la frustración. Podría haber salido corriendo. Podría haber salido del trabajo sin decirle una sola palabra a él. Podría haber cargado el resentimiento o el odio en mi corazón. O podría hacer lo que Jesús hubiera hecho. Podría ser amable con él; devolver bien por mal. Podría orar por él; regresar el lunes contento y vaciar mi escritorio.” ¿Cuál es la principal diferencia entre éstas dos descripciones? Aquí la tiene. La primera pretendía ser neutral, sin embargo ésta expresó en realidad la perspectiva mundana. Esta ignoró todo lo cristiano: el propósito de Dios, Su perspectiva, la naturaleza espiritual de la tentación, la dificultad para encontrar esperanza y la respuesta correcta, la solución al problema. En este proceso, la primera descripción justifica sutilmente la rabia y la depresión, como algo natural. Y desde cierto punto de vista, estas respuestas son ciertamente naturales. Pero desde que Cristo nos salvó, ya no somos “el hombre natural” que no entiende las cosas del Espíritu de Dios. Una descripción precisa es genial; las dificultades espirituales necesitan ser descritas en vivo detalle, con el fin de que nuestra enseñanza sea práctica y refleje la vida real. Pero ciertamente, una descripción precisa implica una interpretación correcta. Necesitamos entender el todo.

Un ejemplo para reflexionar: “Estoy deprimido”

¿Cómo empezar a reconocer y a arrepentirse del mal hablar? Empiece dando pasos pequeños. Tomemos un ejemplo específico sobre el cual trabajar. ¿Está bien que los cristianos empleen el término “estoy deprimido”? El estar “deprimido” es una manera neutral de expresar tristeza o depresión. Es probable que con frecuencia se traduzca como falta de esperanza y fe, o como enfocándose en situaciones desagradables, más que en el cuidado soberano de Dios; o como un refunfuño. “Estoy deprimido” retira cualquier indicación de haber un problema moral con esta emoción. La mayoría de nosotros se sorprendería bastante si un amigo nos dijera que debemos arrepentirnos al haber compartido el hecho de estar “deprimido”. Desde la perspectiva común, no nos “deprimimos” porque nos pasa algo. Sencillamente lo estamos. Algo pasa con la situación; nosotros respondemos como debería. Esto va para todos nosotros, cuando hablamos con personas que están “deprimidas”. Usualmente preguntamos “¿Qué pasó?” más que preguntar “¿Por qué lo manejas de esa manera?”

Notemos otras cosas acerca de esta palabra. Primero que todo, no es precisa; la emoción descrita podría significar muchas cosas – depresión, rabia, desesperanza, pena, aflicción, resentimiento, condenación, autocompasión. En segundo lugar, la explicación del por qué nos sentimos de esta manera es inadecuada. La atención se concentra casi toda en la situación, sin preocuparse por mirar otros pensamientos o estados que nos conduzcan a estar “deprimidos”. Lo podemos ilustrar de la siguiente manera: Situación Emoción. El término del medio, que es vital, es omitido: Situación Persona Emoción. De igual manera, ¡ésta es una neutralización! El omitir el término “persona” da lo mismo, no interesa si la situación le ocurre a un creyente o a un no creyente, al mismo Jesús o al más pecador. Lo bueno y lo malo dejan de ser categorías que consideramos. Esto no sucede ni siquiera con los términos más específicos mencionados arriba. Cuando alguien dice que está llorando por la muerte de su padre, sabemos que está triste porque ha experimentado una pérdida. La reacción es buena. Si la persona hubiera dicho que estaba desesperado (a), deprimido (a) o que tenia auto compasión, entonces ¡deberíamos responder de una manera diferente! Términos específicos nos proveen de información crucial sobre la persona. De esta manera, podemos tener una mejor idea sobre cómo responder y ofrecer una perspectiva bíblica. Al mundo le hace falta ésto. Cuando alguien está “deprimido”, lo único que éste (el mundo) le puede ofrecer es compasión y un impotente “espero que”, por que las circunstancias mejoren. No hay esperanzas en cambiar la vida real, ni manera de que sea mejor la próxima vez.

¿Acaso no habla la Biblia de estas emociones “tristes”, refiriéndose primeramente a la persona, a Dios, a lo que es correcto, más que a la situación llanamente? Note por ejemplo, los Salmos 42 y 43. Cuando el Salmista está “acongojado” y “perturbado”, no es porque ya no vaya con la multitud a la casa de Dios. No es porque sea burlado por sus enemigos, o por hombres mentirosos e injustos. Estas cosas pasan. La causa de su angustia es porque su alma no espera en Dios. El no diría que está “deprimido”. El lo vé mas claro: “¿Por qué te acongojas, alma mía?... Espera en Dios.” El centro del Salmo es que él está sediento de Dios, como una cierva ansia corrientes de agua.

Qué diferente es este panorama al lenguaje mundano en el cual se eluden culpabilidades y es auto compasivo. El vocabulario del Salmista indica que éste examina su corazón cuidadosamente; él entiende el verdadero problema y acude a Dios en busca de una solución. ¡Este es el propósito para su propio vocabulario! Su habla no solamente debe evitar la molestosa queja acerca del mundo, sino que también debe expresar la situación espiritual y sus propias respuestas acertadamente. He dicho esto con apenas algunos de los ejemplos mencionados. ¡Pero éste es apenas el comienzo! Necesitamos de lleno un vocabulario cristiano; tenemos que actuar como cristianos en cada detalle de nuestra vida. Esto no quiere decir que nos inventemos una encarnación más divina que la “Cristiana” que nos haga menos accesibles para el mundo. Nuestro objetivo es más bien un lenguaje que proclame la verdad de Dios acerca de nosotros mismos y Su universo – un lenguaje que evite la manera superflua como habla el mundo.

Otro ejemplo sobre el cual reflexionar: “Porque”

Porque. Es una palabra tan sencilla, pero expresa mucho. Usamos esta palabra cuando queremos explicar lo que causa nuestra conducta o lo que nos motiva: razón y motivación. ¿Por qué hice eso? Lo hice porque… ¿Hay algo que nos diga la Biblia sobre el por qué actuamos en la manera en que lo hacemos? ¿Nos enseña ésta acerca de lo que causa nuestras reacciones? Seguro que sí. Nuestra conducta refleja los motivos de nuestro corazón. Si los pensamientos e intenciones del corazón son malos, entonces nuestra habla y nuestro comportamiento lo reflejarán; si el corazón es puro, nuestras acciones serán puras. Aunque éste es un resumen ligero, todo lo que la Biblia dice acerca de causas y motivos, encajan en esta estructura.

Este es el punto. Todas nuestras palabras, así como todas nuestras acciones, reflejan ya sea obediencia o desobediencia hacia Dios. El lenguaje malo es cualquier palabra que comunica lo que es falso o mundano. Las palabras pintan la visión del mundo; éstas expresan (o niegan) lo que funcionalmente creemos; nuestras acciones muestran lo que creemos. Lucas 6:45 lo enseña claramente: “El buen hombre, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.” No nos podemos esconder; nuestras palabras nos revelan. Nuestra tarea es trabajar para que nuestras palabras, como todas nuestras acciones, sean bíblicas; para que apliquen las enseñanzas de la Biblia.

Tomemos un ejemplo. Beto y Susana se van juntos de caminata. Sin querer, han dejado una de las cantimploras en el carro. Se encuentran en un camino duro, y es un día caluroso. Después de una hora más o menos, se les acaba el agua. Van por la cresta de la montaña y no hay riachuelos. Caminan otra hora más y luego se encuentran con una señal de camino. Beto se da cuenta que hace 45 minutos perdieron el lugar donde debían girar. Susana dice: “Genial. De verdad que la estoy pasando bien. Gracias por traerme.” Beto, un poco sorprendido por su sarcasmo, no dice nada. Susana se dá cuenta de lo que ha dicho y ofrece una explicación: “Lo siento, sólo lo dije porque:

Es probable que de hecho se imagine cada una de estas escenas ocurriendo. Pero ¿cuál es la correcta? ¿Cuál de estas se ha de esperar de un creyente en esta situación? Mire la lista otra vez. ¿Qué respuestas están bien?

La respuesta correcta es ninguna de ellas. ¿Por qué? Porque ninguna ofrece una explicación bíblica adecuada acerca del comportamiento de Susana. Está mal que Susana le grite a Beto. Es pecado. Quizás haya aspectos tales como su cansancio, su contexto familiar o sus hábitos al relacionarse. Estos ciertamente moldean las tentaciones específicas por las que ella pasa. Pero no explican por qué ella respondió con frustración. Seguramente Susana se siente diferente porque está cansada, con calor, porque es de cierta familia o porque está teniendo un “día duro.” Pero, bíblicamente hablando, ninguno de estos motivos causa su comportamiento pecaminoso. Ninguno de estos nos dice por qué ella fue antipática. Por lo tanto, ella no debería decir, “Actué de esta manera porque…,” y dar razones que son realmente excusas.

Recuerde que observamos el pensamiento del Salmista y estudiamos su comportamiento. Trate de ser como él. Trate de ver la situación de Beto y Susana desde la mirada del mundo creyente. ¿Qué “causó” el comportamiento? ¿Recuerda nuestro diagrama de arriba? Situación Persona Acción (allá, una emoción; aquí, un comportamiento). La Biblia enseña que el comportamiento de Susana no viene de la situación sino de la persona quien responde a la situación. Por lo tanto, “por qué” las preguntas no son respondidas con relación a la situación; éstas han de ser dadas con referencia a la persona. ¿Por qué Susana habló sarcásticamente? No fué porque estuviera acalorada y sedienta. Fue porque no quería la molestia ni el inconveniente de estar acalorada y sedienta.

Permítame hacer un comentario acerca de algo que aprendí cuando era niño, en la Escuela del Domingo. Una persona es como una esponja; Las circunstancias en nuestras vidas aprietan la esponja. ¿Qué sale de la esponja cuando se le comprime? Bueno, para empezar, eso depende de lo que había en la esponja. Si la esponja estaba empapada de tinta, tinta saldría de ésta; si ésta estuviera empapada de agua, entonces agua saldría de ésta. Si usted está lleno de la vida de Jesús, entonces usted responde a situaciones desagradables de una manera Cristiana. Así mismo, si usted está lleno de anhelos mundanos y egoístas, entonces su conducta lo refleja también. 2 Corintios 4: 6–18 enseña ésto claramente. Tenemos el tesoro de la luz de la gloria de Dios que ha brillado en nuestros corazones, un tesoro en recipientes de arcilla. Cuando nos encontramos “duramente apretados”, no estamos aplastados, desesperados o destruidos, debido a que tenemos un poder de Dios que todo lo supera; La vida de Jesús se refleja en nuestro cuerpo mortal. No nos desmotivamos, aunque externamente nos consumamos, ya que interiormente nos renovamos cada día. Nuestros inconvenientes ligeros y momentáneos adquieren una preponderancia eterna de gloria, ya que buscamos lo intangible, que es eterno.

Y entonces las circunstancias exprimen la esponja. Y sale la tinta. ¿Por qué? Hay dos posibles respuestas: (1) Porque se exprimió la esponja (el por qué la tinta salió); o (2) porque la tinta está en la esponja (razón por la cual la tinta salió). La respuesta de la Biblia al “por qué” es la segunda. El interés de Dios es en el por qué la tinta salió, más que en otra cosa. ¡Y por una buena razón! ¿No es esa la verdadera pregunta en el caso de Susana? La pregunta no es: “¿Por qué Susana reaccionó?” ¡Ella reaccionó porque es un ser humano viviente! Cada vez que se reacciona, algo emerge. Pero la verdadera pregunta es: “¿Por qué Susana reaccionó de esa forma?”, “¿Por qué salió eso?” Las explicaciones de Susana, nombradas arriba, son diferentes formas de decir “la tinta salió porque se me apretó” La explicación de la Biblia siempre es “la tinta salió porque estaba dentro.” Las palabras duras y frías no son causadas por el calor, la falta de agua, la fatiga, la historia familia o el hecho de que Beto haya perdido ciertas cosas. Estas son causadas por un corazón mundano.

Sufrimiento, Comportamiento y Forma de Hablar

Este modelo nos plantea una pregunta bíblica de gran significado. ¿Qué relación hay entre situaciones difíciles o dolorosas (o agradables) y el comportamiento? La respuesta más clara es que la situación es como el escenario o el fondo en una obra. Es el ámbito pero no la acción. Si nos dijeran que la escena tiene lugar en una estación de tren, ¡todavía no sabríamos nada acerca del argumento! Podría ser aterrador, encantador o triste. Este es el caso con nuestras situaciones. “Crecí en una familia violenta” podría desplegar una historia acerca de la fidelidad y ayuda de Dios, o también podría dar lugar a una historia centrada en la autocompasión y el lamento. Cada situación tiene sus tentaciones específicas, pero el drama es actuado por el corazón. Mire en Deuteronomio 8: 2 -6:

Y vosotros habéis de recordar el camino por el cual el SEÑOR vuestro Dios, os ha llevado durante estos cuarenta años en el desierto; cuando El os dio modestia, probándoos para saber qué había en vuestro corazón, si guardaríais o no sus mandamientos. Y El os hizo humildes y os dejó aguantar, y os abasteció con maná, de lo cual ni vosotros, ni vuestros padres sabían; El ha de haceros saber que el hombre no vive solo de pan, sino que el hombre vive de todo lo que procede de la boca del SEÑOR. Vuestras ropas no se degastaron y vuestros pies no se hincharon estos cuarenta años. Entonces habéis de saber en vuestro corazón que así como un hombre corrige a su hijo, así el SEÑOR vuestro Dios os corrige. Así que habéis de guardar los mandamientos del SEÑOR vuestro Dios, andando por Sus caminos y temiéndole.

¡Esta fué una situación dura! Y el propósito de Dios en hacer del desierto el ‘entorno’ o el ‘escenario’ era disciplinar, poner a prueba e instruir a su pueblo. El pasaje continúa:

Pues el SEÑOR vuestro Dios os conduce a una buena tierra; una tierra con corrientes de agua, con fuentes y manantiales emanando hacia valles y colinas; una tierra con trigo y cebada, con viñas, árboles de higo y pomagranadas; una tierra con árboles de olivos y miel; una tierra en la que comerás pan sin cesar, en la cual no os faltara nada. Una tierra en la cual sus piedras son hierro y de cuyas montañas podéis excavar cobre. Habrás de comer y quedaras colmado, y habrás de bendecir al SEÑOR vuestro Dios por la buena tierra que os ha dado. Prestéis atención en caso de que olvidéis al SEÑOR vuestro Dios, al no guardar sus mandamientos y reglas, ni sus estatutos que os mandó en ese día: en caso de que, al haber comido y quedar saciados; al haber construido fructuosamente casas y haber vivido en ellas; al tener vuestros rebaños multiplicados, así como también vuestro oro y plata, y todo lo que poseéis se multiplique. Prestéis atención si vuestro corazón se engrandece y olvidéis al SEÑOR tu Dios, quien os sacó de la tierra de Egipto… Cuidado al decir en vuestro corazón: “Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza” (Deuteronomio 8: 7 – 14, 17).

Esta es una situación diferente, totalmente contraria a la primera. Pero el enfoque de Dios sigue en el corazón. Ambas circunstancias ponen a prueba Su gente. Las pruebas son diferentes. Las penurias en el desierto (ej. Beto y Susana en el camino ¡sin agua!) aprietan de una manera. ¿Será el reproche o la fe la que saldrá a flote? La tierra prometida (ej. Beto y Susana de vuelta al automóvil con una cantimplora fría) aprieta de otra manera. ¿Se olvidarán de Dios o darán gracias? De lo que se trata siempre es de si el pueblo de Dios responde acertadamente o pecaminosamente. Esto es de lo que Dios habla. La circunstancia es el fondo; Su interés es el drama. El quiere saber si la persona responderá bien o no.

Miremos otro comentario bíblico para este tiempo, a través de la vida de Israel - I Corintios 10: 1 – 13:

Quiero que sepáis hermanos, que nuestros padres estaban todos bajo la nube, y todos pasaron a través del mar, y todos fueron bautizados por Moisés en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento sobrenatural y todos consumieron la misma bebida sobrenatural. Pues ellos bebieron de la Roca sobrenatural que les siguió; la Roca era Cristo. Sin embargo, Dios no estaba satisfecho con la mayoría de ellos, ya que se sentían derrocados en el desierto. Ahora, estas cosas son una advertencia para nosotros, para no desear el mal como ellos lo hicieron. No sean idólatras como algunos de ellos lo fueron; como está escrito: “La gente se sentó a comer y beber y se levantaron a bailar.” No nos debemos complacer en la inmoralidad como algunos de ellos lo hicieron, y veintitrés mil cayeron en un solo día. No debemos poner al Señor a prueba, como algunos de ellos lo hicieron y fueron destruidos por serpientes; ni tampoco quejarnos, como algunos de ellos lo hicieron y fueron destruidos por el Destructor. Ahora, estas cosas les sucedieron como una advertencia, pero fueron escritas para nuestra instrucción, sobre quienes el final de los tiempos ha llegado. Por lo tanto, cualquiera que cree estar firme, tenga cuidado, que se puede caer. No hay tentación que le haya tomado, que no sea común para el hombre. Dios es fiel y no permitirá que le sea tentado más allá de sus fuerzas; pero con la tentación también proveerá la forma de escapar, que usted será capaz de resistir.

Aquí se encuentra lecciones profundas. ¡Piense acerca de esta situación! Póngase en la posición de Israel. ¿Cómo respondería usted si tuviera solamente una muda de ropa? (¡que nunca se desgastó!), ¿si no tuviera un refugio permanente, si estuviera con incertidumbre acerca del futuro?, ¿si tuviera calor, arena, si hubiese peligro por vecinos bélicos, si por lo general no tuviera agua y sin algo nuevo en la dieta u horario? ¡Esto es difícil! Hemos de esperar luchas con desavenencias. Por lo menos podríamos sentirnos inclinados a dar algo de comprensión a la persona que se quejó. ¿Se puede imaginar qué pudo haber compartido un grupo pequeño de oración en el desierto, durante un encuentro? Apenas habían empezado a acomodarse y a poner sus carpas confortablemente. Cuando de pronto, la nube se movió ¡y todo tenía que recogerse! Eso es duro.

Pero ¿Cuál es el enfoque de Dios en I Corintios? Él ignora completamente las “circunstancias atenuantes.” Él mira únicamente sus quejas, mientras lo ponen a prueba, satisfaciéndose en inmoralidades, deseando lo malo y la idolatría. Él ni siquiera menciona las dificultades que afrontaron. Y por una buena razón. Dios está interesado en el drama. Él advierte a los Corintios –y a nosotros- el no volver a repetir este drama en nuestro propio escenario. La escena es solamente la escena. El mismo drama podría repetirse en un entorno que no tuviera nada que ver con el del Sinaí. Puede que se dé en su vida. Eso Dios lo sabe. Así que Su consejo pone el escenario en el escenario para nosotros. En cuanto a la razón de la conducta pecaminosa, las circunstancias son irrelevantes. Tal vez somos más dados a quejarnos cuando las cosas son difíciles, o a ser arrogantes cuando las cosas van bien; pero siempre estamos en peligro de estos pecados, porque no son causados por la situación. Tanto el quejarse como la fanfarronería, provienen de un corazón pecaminoso.

A menudo, existe una tentación a creer que estas reacciones pecaminosas son causadas por su corazón pecador y por las circunstancias difíciles. Esta es la tentación sutil de rectitud: a culparse usted mismo, pero sólo parcialmente; a asumir la responsabilidad, pero hasta cierta medida. Recuerde los comentarios de Dios acerca de las deambulaciones de Israel en el desierto. No hay ni siquiera una pista de esta “doble” responsabilidad. De hecho, ¿Cómo podría haberla? Revise otra vez Deuteronomio 8. Probablemente Israel hubiera llegado a la tierra prometida sin percances si no hubiera habido enemigos, hambre, sed, ni un viaje rápido. Pero Dios dice que El envió estas dificultades a Israel para ponerlos a prueba, “para saber lo que había en su corazón.” Si decimos que Israel se quejaba por ambas cosas: porque eran pecadores y porque sus circunstancias eran difíciles, estamos haciendo responsables tanto a Israel como a Dios. ¡Esto no puede ser! Israel no pudo entrar a la tierra prometida, únicamente por una razón: ellos pecaron.

¿Por qué es importante esto? Porque todos somos como Susana. Tendemos a explicar una conducta pecadora, hablando acerca de la situación. Decimos que hicimos algo porque… y no admitimos que nuestros corazones son la única causa. ¿Es eso tan malo? ¡Sí! Es sutil; pero este tipo de declaraciones acerca de causas y motivos son un ataque sobre las verdades de Dios. En parte nos disculpamos a nosotros mismos y por lo tanto no nos arrepentimos apropiadamente. Al apuntar a nuestras circunstancias más que a nosotros mismos, nos estamos robando la fe de que las cosas pueden ser realmente diferentes. Las circunstancias podrían ser desagradables otra vez. Susana no tiene ninguna garantía de que ella y Beto no se perderán en próxima excursión (o de vuelta.) Si es por eso por lo que ella habló bruscamente, pasará otra vez. Pero en Cristo ella tiene una esperanza más grande y realista. Ella tiene el evangelio para cambiarla. Ella y Roberto se podrían perder de nuevo; pero si ella ha sido cambiada por el Espíritu Santo, Beto no ha de temer ninguna palabra desagradable – ¡ni siquiera la frustración interior y falta de amor que expresaron! El objetivo de Dios es que en una próxima situación, similar a ésta, Susana pueda responder con alegría, paz, fortaleza, y amor. A lo mejor ella no se la tomará en serio ¡y puede que hasta disfrute la caminata de vuelta! Tal vez ella aguante sin quejarse, y beba agua con agradecimiento hacia Dios al final del camino.

La senda de Dios es correcta. Nuestros caminos son insensatos. Necesitamos cultivar y manejar muy bien la vida, de acuerdo a Su verdad en cada área de nuestras vidas. El empleo del “porque” es algo pequeño. Pero la práctica de excusarnos a nosotros mismos, de repentirnos en una manera superficial, de tener poca fe porque nuestro objetivo es el consuelo más que la imitación de Cristo – estos son problemas más grandes, y comunes. Particularmente, entrenar nuestros labios puede ayudar a enfrentar estos temas más serios relacionados con el corazón.

Aquí está mi reto. Vigile sus labios dentro de las próximas semanas; mire cómo emplea “decaído” y otras categorías resbaladizas al describir sus emociones. Considere lo que está sintiendo, pensando y haciendo, poniéndolo en el contexto de lo que está pasando entre usted y Dios. Mire cómo utiliza la palabra “porque.” Cuando usted mismo se dé cuenta de que está hablando acerca de cómo las circunstancias fueron “difíciles” o “dolorosas,” pare y enfóquese en obediencia y desobediencia. Lo demás, es sólo el escenario. Si usted debe hablar acerca de situaciones duras, utilice frases como “a pesar de que” en lugar de “porque” – algo que deja el enfoque en los asuntos importantes del corazón. Pero más allá de estas próximas semanas, permita que estos dos ejemplos se vuelvan realidad entre muchos de ustedes; como el Salmista, piénselo bien y analice su habla. Que las palabras de nuestras bocas y la meditación de nuestros corazones sean aceptables ante Su vista. Y que Dios les dé una gracia grande para que “ya sea que coman o beban, o lo que quiera que hagan, (ustedes harán) todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

No se asusten ni estén abrumados por el proceso. Si usted se fija en su habla y ve pecado por todos lados, ¡ése es un primer paso alentador! A menos que nuestra experiencia de pecado abunde, nuestra experiencia de gracia no puede crecer más. La gracia abunda mucho más cuando una conciencia extrema de pecado nos lleva a un arrepentimiento más profundo y a una apreciación más grande del poder maravilloso de Cristo para liberarnos, tanto al perdonarnos como al transformarnos. Si usted es Cristiano, Romanos 8:9 ha de interpretar Gálatas 5: 16 – 25; 1 Corintios 1:30 ha de interpretar Proverbios 12:18 – 19 o Mateo 12: 37.

Conclusión

Alrededor suyo, fuerzas invisibles luchan para no dejarlo ajustarse a la imagen de Jesucristo: el mundo, la carne, y el demonio. La Biblia le advierte acerca de combatir su influencia: no se ajuste al mundo, destruya las obras de la carne, tome su armadura para luchar en contra de las multitudes espirituales de la maldad. Dios también advierte que la batalla es particularmente importante en el habla. Las actitudes del corazón se revelan en lo que usted dice. Por lo tanto al querer ser recto, se debe prestar especial atención a la manera como se habla; es la mejor ventana para ver lo que realmente hay en su corazón. Cuando se encuentre en batallas espirituales, usted ha de esmerarse en analizar cómo sus enemigos tratan de distorsionar su alocución y de hacer que formas de hablar rebeldes parezcan “normales”. Ser santo en el hablar, no es fácil. Santiago nos alerta que aunque podamos domar animales salvajes, ningún ser humano puede domar la lengua, un “mal en constante movimiento, llena de veneno mortal.” También aquí, lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. La sabiduría de arriba, dada por Dios a manos llenas, hace que la lengua fluya con agua dulce.

Estudio Personal

1.¿En qué formas usted y personas a su alrededor definen ‘experiencia emocional’ en términos neutrales? (ej. “deprimido,” “disgustado,” “tener un mal día…”).

2. ¿Qué términos neutrales utilizan usted y personas a su alrededor para definir ‘conducta pecaminosa’? (p. ej. “aventura,” “conflicto de personalidad,” “baja autoestima,” “desahogarme…”).

3. ¿Qué términos neutrales emplean usted y personas a su alrededor para describir las razones de un comportamiento o emoción? (p. ej. “Porque él / ella hizo…,” “Tengo una sentida necesidad,” “De verdad que tengo ganas de…”.

4. La palabra de Dios no es neutral. Dios puntualiza lo bueno, lo malo, lo verdadero, y lo falso. Encuentre un término bíblico mejor para cada una de las palabras anteriores.

5. Deje que el contraste anterior le guíe a través del evangelio. Vaya a Cristo con arrepentimiento, y cultive la esperanza bíblica y la fe en que Él le cambiará. Medite acerca de quién es usted en Él y cómo esta unión lo hará libre.

6. Coméntele a algunas personas cómo quiere cambiar su forma de hablar. Pídeles que oren para tener el poder del Espíritu Santo, y solicíteles que lo hagan responsable.


Brad Beevers dirige una comunidad de enseñanza y es estudiante de Doctorado en el Seminario Teológico de Westminster


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