Dios No Te Ha Olvidado

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English: God Has Not Forgotten You

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Por Vaneetha Rendall Risner sobre Sufrimiento

Traducción por Javier Matus


“Dios no te ha olvidado”.

Cuando escuché esas palabras, me inundó la emoción. No me había dado cuenta de cuánto las necesitaba. Mientras las lágrimas corrían por mi rostro, comprendí lo sola y olvidada que me había estado sintiendo.

Estaba en el momento más oscuro de mi vida. Mi esposo había dejado a nuestra familia, mi cuerpo se estaba deteriorando y yo estaba criando a dos hijas adolescentes enojadas que no querían nada que ver con “mi” Dios. Me sentí desapercibida.

Pero de alguna manera, sabiendo que Dios no me había olvidado me impulsó a presionar hacia Él con esperanza renovada. Esas simples palabras voltearon mi mente y me ayudaron a concentrarme en las verdades que necesitaba recordar. Que el Señor estaba conmigo y me sostendría a través de esta prueba. Que Dios estaba usando mi sufrimiento para lograr algo mucho más grande de lo que yo podía ver o entender. Y que mi dolor no duraría más de lo absolutamente necesario.

Esas verdades me anclaron. Y esas tres seguridades siguen siendo las que me anclan hoy.

Contenido

1. Dios estará conmigo.

La seguridad de que Dios está con nosotros es el regalo más precioso que tenemos en el sufrimiento.

Por supuesto, como cristianos, sabemos que Dios siempre está con nosotros y que no hay ningún lugar al que podamos huir de Su presencia (Salmo 139:7-8), pero actualmente sentir la presencia y el consuelo de Dios es diferente. Me ha dado gozo cuando estaba desanimada (Salmo 16:11), me ha dado tiempos de refrigerio cuando estaba cansada (Hechos 3:19) y me ha quitado el temor cuando estaba en aguas profundas (Isaías 43:2). La presencia de Dios ha sido más evidente para mí en el sufrimiento que en cualquier otro momento, lo que lo convierte en un tesoro escondido invaluable (Isaías 45:3).

En el Salmo 23, David comienza hablando acerca de Dios y de Su tierno cuidado, diciendo: “Jehová es mi Pastor; nada me faltará” (Salmo 23:1). Pero cuando se mueve a un lugar de peligro y sufrimiento, pasa de hablar acerca de Dios a hablarle directamente a Él. Él dice: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo” (Salmo 23:4). Hay una cercanía, un sentir personal hacia Dios que David siente inmediatamente en los problemas.

La incomparable presencia de Dios en nuestro dolor subraya que un día con Él en la prueba es mejor que mil días sin dolor en otro lugar.

2. Dios tiene un buen propósito para mi sufrimiento.

Si mi sufrimiento no tuviera sentido, no podría haberlo resistido. Me habría sentido aplastada, amargada, estafada, llena de pesar y dudas, preguntándome si mi mala decisión, o la de otra persona, me había alejado de la vida exitosa que había anhelado. La vida se habría sentido injusta e incluso cruel.

Pero, gracias a Dios, sé que es todo lo contrario —Dios me ha confiado mi sufrimiento, y está usando cada gota de él para cumplir Sus buenos propósitos para mí. Está lleno de significado y no será desperdiciado, incluso si todo lo que puedo ver en el momento es mi pérdida. Por fe, creo que Dios tiene una razón y un propósito para mi dolor —tal vez miles de razones— y todas son para mi bien, sin importar cómo se vea o se sienta en la superficie (Romanos 8:28; Génesis 50:20). Mientras puede que no vea ni entienda a ninguna de ellas, sé que el Señor nunca me haría sufrir innecesariamente. Ahora veo oscuramente en un espejo. Conozco en parte. Pero un día veré cara a cara y conoceré completamente (1 Corintios 13:12).

Los hombres y mujeres de la Biblia tampoco podían ver cómo Dios estaba usando sus vidas y sus luchas. Vivían el día a día, tal como nosotros, decepcionados, esperando y preguntándose por qué sus vidas eran tan difíciles. Sin embargo, Dios usó su dolor para algo más glorioso de lo que podrían haber imaginado.

Y así es con nosotros. Debemos confiar en que Dios está usando nuestro sufrimiento para algo más grande de lo que podemos ver ahora. Nuestro sufrimiento está logrando algo eterno, preparándonos un peso de gloria que está más allá de toda comparación (2 Corintios 4:17). Tal como con José, nuestras pruebas pueden ser para salvar muchas vidas (Génesis 50:20), que solo en el cielo podremos ver completamente. Pero podemos estar seguros de que, como dice Joni Eareckson Tada: “En el cielo agradeceremos a Dios sin cesar por las pruebas que nos envió aquí”.

3. Algún día terminará mi dolor.

No importa el dolor que estemos atravesando, si estamos en Cristo, estamos seguros de que no durará para siempre. Nuestro sufrimiento es “momentáneo” y “por un poco de tiempo” cuando lo consideramos y lo experimentamos a la luz de la eternidad. Dios hará nuevas todas las cosas; tenemos un gozo infinito e indoloro esperándonos en el cielo.

Pero el cielo puede parecer un pequeño consuelo cuando los días de dolor en la tierra se extienden a meses e incluso años. Todos queremos liberación en esta vida, y muchos de nosotros la veremos. Nada está más allá de la capacidad de Dios para redimir. Él da vida a los muertos y llama a la existencia a cosas que no existen (Romanos 4:17). Él sabe exactamente cuánto durará nuestro dolor y nos dará todo lo que necesitamos mientras esperamos. Nada es demasiado difícil para Él (Jeremías 32:17). Solo podemos vivir un capítulo de nuestras vidas a la vez, y ninguno de nosotros sabe exactamente lo que traerá el próximo capítulo. El mañana puede traer la redención más allá de nuestros sueños más locos, como lo experimentaron Noemí, José y Job. O quizás sea simplemente un descanso necesario de nuestro dolor y sufrimiento. Puede que pronto miremos a las pruebas de hoy y nos maravillemos de la mano fiel de Dios en ellas.

Dios no te ha olvidado

Dios tiene toda la eternidad para derramar Su bondad en nosotros (Efesios 2:7). Como Él ha prometido: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que Le aman” (1 Corintios 2:9). Y estoy convencida de que cuanto menos placer y recompensa terrenal hayamos recibido, mayor será nuestro placer y recompensa en el cielo.

Si estás luchando hoy, recuerda que Dios no te ha olvidado. Te ha esculpido en las palmas de Sus manos (Isaías 49:15-16). Él nunca te fallará ni te abandonará. Él caminará contigo a través de todos los valles oscuros. El Dios que ha contado cada cabello de tu cabeza y conoce cada gorrión que cae al suelo está consciente de cada detalle de tu situación. Él está usando tu sufrimiento y dolor de una manera que no creerías si alguien te lo dijera.

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, Él Mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1 Pedro 5:10)

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