No Endurezcáis Vuestros Corazones en el Día de la Angustia

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English: Do Not Harden Your Heart in the Day of Trouble

© Desiring God

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Por John Piper sobre Perseverancia de los Santos
Una parte de la serie Hebrews

Traducción por Denise Odone


Contenido

Hebreos 3:7-19

Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oís hoy su voz, 8 no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, como en el día de la prueba en el desierto, 9 donde vuestros padres me tentaron al ponerme a prueba, y vieron mis obras por cuarenta años. 10 Por lo cual me disgusté con aquella generación, y dije: “siempre se desvían en su corazón, y no han conocido mis caminos”; 11 como juré en mi ira: no entrarán en mi reposo”. 12Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. 13Antes exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado. 14Porque somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos el principio de nuestra seguridad firme hasta el fin, 15en cuanto se dice: si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. 16Porque ¿quiénes, habiendo oído, le provocaron? ¿Acaso no fueron todos los que salieron de Egipto guiados por Moisés? 17¿Y con quiénes se disgustó por cuarenta años? ¿No fue con aquellos que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 18¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a los que fueron desobedientes? 19Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.

Jesús es mayor que Moisés

La semana pasada vimos que Jesús es mayor que Moisés en, por lo menos, dos aspectos.

Primero, en Hebreos 3:3 dice que es mayor que Moisés, así como el constructor de la casa es mayor que la casa. En otras palabras, Jesús es mayor que Moisés porque él creó a Moisés. Y el versículo 4 lo explicita: el que hace todas las cosas es Dios. Por lo tanto, Jesucristo es Dios. Esto es lo que dijo el escritor en Hebreos 1:8, “Pero del Hijo dice: `tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos´”.

Segundo, Hebreos 3:5-6 dice que Jesús es mayor que Moisés, así como el hijo sobre la casa es mayor que el siervo en la casa. El Hijo es el heredero de la casa. Él es el dueño, él la gobierna y él la mantiene.

En otras palabras, lo que tenemos en Hebreos 3:3-6 reafirma el texto de Hebreos 1:2, “En estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, (1) a quien constituyó heredero de todas las cosas, (2) por medio de quien hizo también el universo”. Vimos las dos mismas glorias de Cristo en Hebreos 3. Cristo es el creador de todo y el heredero de todo. Es decir, él creó todas las cosas, inclusive a las personas con las que estuvo Moisés, y él es el heredero de todas las cosas, incluso de la casa en la que servía Moisés.

Somos La Casa de Dios, SI

Al final del texto de la semana pasada (Hebreos 3:6b) el escritor nos sumerge en la escena. Le dice a sus lectores que ellos (nosotros) son la mismísima casa de Dios (la casa que hizo su Hijo y que él hereda) —“si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza”— “cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza”.

Entonces este “si” es importantísimo. Somos su casa —somos el puedo de Dios, somos posesión y heredad de Dios, es decir, somos salvos— si. Este “si” es tan relevante e importante que el resto del capítulo 3 es una argumentación y una explicación de él. De hecho, la mayoría del resto de este libro está para aclarar este “si”.

Y ahora, en el final del siglo veintiuno en los Estados Unidos es aún más importante que lo oigamos y lo entendamos, porque estamos enfrentando las voces en los libros y la radio y sermones y canciones que utilizan el término “incondicional” descuidadamente; como en los términos “amor incondicional” y “aceptación incondicional”, por ejemplo. Y muy a menudo cuando se utiliza, no se hace ningún esfuerzo para hacer sonar las diferencias bíblicas entre lo que es incondicional, como el amor seleccionador de Dios, y lo que no es incondicional, como el amor de Dios que justifica y glorifica. Uno de los cuantos motivos por los que escribí Future Grace fue para ayudar a esclarecer esta importante enseñanza bíblica. Sin embargo, ahora lo tenemos justo enfrente de nosotros en Hebreos 3:6. Somos la casa de Dios, “si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza”.

Entonces, adentrémonos en este gran “si” y dejemos que el resto del capítulo explique esto y nos muestre por qué es importante.

Una Condición para el Presente, no para el Futuro

Noten primero que esta condición “si retenemos firme nuestra esperanza” es una condición de ser algo ahora. El versículo 6 no dice: cuya casa seremos nosotros, si retenemos firme nuestra esperanza. Dice, “cuya casa somos nosotros” si retenemos firme la confianza y la esperanza”. Es como decir, “Eres un español si pronuncias ‘grazias’ con ‘z’ en vez de con ‘c’”. Hablar así no te convierte en un español; demuestra que eres uno.

Por eso, creo que Hebreos 3:6 enseña que “si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza, demostramos que somos la casa de Dios”. Esto es lo que define a la casa de Dios: el pueblo de dios espera en Dios. El pueblo de Dios está confiado en Dios. Retienen firme a Dios como su gloria. Esa es la característica y evidencia humanas de que pertenecemos a la casa de Dios. Si quieres asegurarte de que perteneces a la casa de Dios, pruébate para ver si esperas en Dios y tienes confianza en Dios y buscas a Dios para la seguridad y felicidad de tu futuro y la satisfacción de tu corazón.

Aquí hay otro argumento: en el versículo 1 los lectores son llamados “participantes del llamamiento celestial”. Dice, “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial...”. El autor supone que los lectores ya son participantes del llamamiento celestial de Dios. Están enlazados con el cielo. No son solo oyentes del llamado; son participantes (comparten) del llamado. Entonces cuando utiliza un “si” importante en el versículo 6 (si retienes firme tu confianza en Dios) quiere decir:son participantes del llamamiento, son la casa de Dios, y la evidencia de esto es la constante confianza y esperanza en Dios hasta el fin.

Ahora vayamos directamente al versículo 14 para confirmar que el autor está pensando de esta manera. En el versículo 14 tenemos una afirmación con un “si” muy parecido al del versículo 6: “Porque somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos el principio de nuestra seguridad firme hasta el fin”. Ser “partícipes de Cristo” en el versículo 14 es prácticamente lo mismo que ser “participantes del llamamiento celestial” en el versículo 1. Y ambos son lo mismo que “ser la casa de Dios” en el versículo 6.

Pero presten atención al enunciado en el versículo 14, porque es una confirmación clara de que estamos en el camino correcto. Dice, “Somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos nuestra seguridad firme hasta el fin”. La condición es en el futuro: si es que retenemos nuestra seguridad firme hasta el fin”. Pero el efecto de la condición está vinculado al presente: “Somos hechos partícipes de Cristo”. Entonces está claro que el punto aquí no es: retengamos firme nuestra seguridad para convertirnos en el futuro en partícipes de Cristo. El punto es: retengamos firme nuestra seguridad para demostrar (probar, poner en evidencia, testificar) que somos partícipes de Cristo.

La Salvación No Se Puede Perder

Esto es sumamente importante porque demuestra que este autor no cree que puedas ser un verdadero partícipe de Cristo, compartir su llamamiento celestial y ser parte de su casa y luego perder la salvación. Esto es muy importante porque, si Dios quiere, veremos otras partes de este libro en las que fácilmente se podría pensar que podemos perder la salvación.

Pero hazte esta pregunta: Si el versículo 14 dice, “Somos hechos partícipes de Cristo (en presente), si es que (en el futuro) retenemos firme nuestra seguridad”, ¿qué pasaría si no retenemos firme nuestra seguridad (en presente)? Creo que la respuesta es: no somos partícipes de Cristo. Sería incorrecto decir, “Si no retenemos firme nuestra seguridad, aunque una vez fuimos partícipes de Cristo, ahora perdemos nuestra parte en Cristo”. Eso es lo opuesto a lo que dice este versículo. Dice, somos partícipes, si es que retenemos firme nuestra seguridad hasta el fin; y si no retenemos firme nuestra seguridad hasta el fin, entonces no somos partícipes de Cristo. No retener firme nuestra seguridad no nos hace perder la salvación, demuestra que no hemos sido verdaderamente salvos.

Mantener La Seguridad

Todo lo que está en el capítulo 3 (y diría que todo lo que está en este libro) fue escrito para alentarnos y darnos poder para ser sinceros, tener cuidado y centrarnos en la lucha por mantener una seguridad firme en Cristo. Déjame mostrarte esto para que entiendas cuán importante es esto para el autor y para los hebreos. Una y otra vez el autor nos exhorta para que perseveremos en la esperanza y no dejemos de lado la confianza, porque esto es la evidencia viva de que somos verdaderos partícipes de Cristo. Por ejemplo:

• Hebreos 2:1, “Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos”.
• Hebreos 3:6, “Cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza”.
• Hebreos 3:14, “Porque somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos el principio de nuestra seguridad firme hasta el fin”.
• Hebreos 6:11-12, “Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para alcanzar la plena seguridad de la esperanza, a fin de que no seáis indolentes, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas”.
• Hebreos 10:23, “Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió”.
• Hebreos 10:35, “Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa”.
• Hebreos 12:1, “Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”.

La Fortaleza para Perseverar Es de Dios

Y llegando al final del libro, el autor se deleita en bendecirnos y recordarnos que la fortaleza para perseverar hasta el fin no es de nosotros, sino de Dios. Este es el objetivo de Hebreos 13:21.

[Y el Dios de paz]...os haga aptos en toda obra buena para hacer Su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

La garantía de los creyentes no yace en la ausencia de condiciones, sino en las promesas de poder.

Pero la manera en la que experimentamos el poder de Dios a través de Cristo para que obre la gracia y la perseverancia en nosotros es por medio de las advertencias y las promesas de la Palabra de Dios. Por esto es que se escribió el libro. Dios no hace obrar en nosotros la perseverancia dejando de lado la Palabra. El obra por medio de la Palabra. Nuestra gran salvación y nuestro gran Salvador (que es de lo que trata el libro) son la inspiración que el Espíritu usa para mantenernos firmes. Por eso, debemos considerar a Jesús (3:1) y no descuidar nuestra gran salvación (2:3). El libro fue escrito para ayudarnos a hacer esto.

Observemos brevemente cómo el escritor nos ayuda en Hebreos 3:7-19, y luego regresaremos a este texto nuevamente el próximo domingo.

Ejemplo y Advertencia para Perseverar

Su objetivo principal en estos versículos es advertir muy seriamente sobre la forma en que Dios obró en el pasado, es decir, la forma en la que trató con Israel luego de que salieron de Egipto y después a pesar de todo ese poder y misericordia, probaron a Dios con quejas e incredulidad. El resultado fue que los dejó morir en el desierto y juró que no los dejaría entrar en Su descanso en la tierra prometida.

El punto es que para estos lectores el pueblo de Israel es un ejemplo, un retrato de un pueblo de quien aprender una lección. Habían sido tratados con una gran misericordia ya que Dios los sacó de Egipto por medio de señales y prodigios. Y estas personas habían visto señales y prodigios (Hebreos 2:4). Habían gustado los poderes del siglo venidero. El Espíritu Santo había obrado en medio de ellos y habían participado de su poder (6:4). Todo esto es lo que los israelíes habían experimentado cuando salieron de Egipto. Y por un corto tiempo estuvieron muy felices y aparentemente confiados en Dios.

Pero no duró mucho. Y por eso es que es tan importante para el autor de Hebreos. Él quiere que los Cristianos profesantes se mantengan, perseveren. Porque de esa manera demostrarán que son verdaderamente la casa de Dios y que en verdad comparten la salvación de Cristo. Entonces él dice que miremos a Israel y no seamos como ellos. Aprendamos del versículo 8:

No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación (o quizás mejor, “como en la amargura”), como en el día de la prueba en el desierto, 9donde vuestros padres me tentaron al ponerme a prueba, y vieron mis obras por cuarenta años. 10Por lo cual me disgusté con aquella generación, y dije: “Siempre se desvían en su corazón, y no han conocido mis caminos”; 11como juré en mi ira: ‘No entrarán en mi reposo’”.

En otras palabras, habían visto las obras misericordiosas de Dios, señales, prodigios y milagros de misericordia; habían gustado del regalo celestial, pero en vez de haberse ablandado y haber confiado en Dios en el día de la prueba cuando las cosas estaban difíciles, se volvieron duros e incrédulos y no confiaron en la bondad de Dios, sino que murmuraron. El resultado fue que Dios se enojó y los desheredó de la tierra prometida.

Ahora el punto es que esto es lo que nos pasará, si —el gran “si” de los versículos 6 y 14— si endurecemos nuestros corazones en el día de la prueba y murmuramos contra él y dejamos nuestra confianza y esperanza en Dios. La historia de Israel es un ejemplo para la iglesia profesante. No traten a la gracia de Dios con desdén, suponiendo que la recibirán como escape de la miseria de Egipto, sino sin satisfacerse con ella como guía y provisión en el desierto de esta vida. ¡Cuántos Cristianos profesantes quieren la misericordia del perdón para no irse al infierno, pero tienen corazones duros para con el Señor cuando tienen que estar con él cada día!

Creer para Vivir, y no Solo para Escapar

Observen con atención, la cuestión de la perseverancia no es primeramente una cuestión de conducta. No pregunten primero: ¿Qué acciones quiere Dios que haga yo? La cuestión en este texto es del corazón. Es una cuestión de creer, confiar y esperar en Dios. Observemos el versículo 10: “Por lo cual me disgusté con aquella generación, y dije: ‘Siempre se desvían en su corazón, y no han conocido mis caminos’”. ¿Por qué el pueblo no pudo entrar en la tierra prometida? Podríamos decir, ellos pecaron, se rebelaron y murmuraron. Sí. Pero veamos cómo termina el capítulo el autor. Versículo 19: “Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de su incredulidad”. Pecar constantemente frente a la misericordia de Dios es una señal de incredulidad.

Sí, el pueblo se amargó a causa de la prueba de Dios (vers. 8); sí, ellos pecaron (vers. 17); pero detrás de todo eso estaba el origen del problema: no creían en Dios, es decir, no confiaban en su bondad (para guiar, proteger, proveer y satisfacer). Aunque vieron dividirse las aguas del Mar Rojo y caminaron sobre tierra seca, cuando tuvieron sed, sus corazones se endurecieron contra Dios y no confiaron en él para que los guarde. Se quejaron y dijeron que la vida en Egipto era mejor.

Este libro fue escrito para prevenir esto. Cuántos Cristianos profesantes empiezan el camino de Dios. Escuchan que sus pecados pueden ser perdonados y que pueden escapar del infierno e ir al cielo. Y dicen: qué tengo para perder, creeré. Pero luego, en una semana, un mes, un año o diez años viene la prueba; una temporada sin agua en el desierto. Se cansan del maná y de a poco comienzan a anhelar cada vez más los placeres pasajeros de Egipto, como dice Números 11:5-6, “Nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, de los pepinos, de los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; pero ahora no tenemos apetito. Nada hay para nuestros ojos excepto este maná”.

Este es un estado terrible; encontrarse desinteresado por Cristo, su Palabra, la oración, la alabanza, la misión y por vivir para la gloria de Dios. Y encontrar a todos los placeres pasajeros de este mundo más atrayentes que las cosas del espíritu.

Si esta es tu situación esta mañana, entonces te ruego que escuches al Espíritu Santo hablando en este texto. Prestemos atención a la Palabra de Dios (2:1). No endurezcamos nuestros corazones (3:8). Démonos cuenta del engaño del pecado (3:13). Consideremos a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe (3:1). Y retengamos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza (3:6).

Y si nunca has comenzado el camino de Dios, pon tu confianza en él. Deja el pecado y deja de confiar en ti mismo y pon tu confianza en el gran Salvador. Estas cosas están escritas (y este mensaje es predicado) para que creas, perdures y tengas vida.


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