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English: Pray Shorter Prayers

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Por David Mathis sobre Oración

Traducción por Javier Matus


Durante la mayor parte de mi vida, dos de los versículos más importantes de la Biblia sobre la oración estuvieron perdidos para mí. Debo haberme distraído con los versículos más famosos sobre la misma, que inmediatamente les seguían.

¿Cuántos de nosotros sabemos de memoria “El Padre Nuestro” en la versión Reina-Valera de Mateo 6:9-13, “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu Nombre…”? Pero antes de que Jesús modele la oración por nosotros, Él nos enseña a orar en los dos versículos anteriores. Y dos mil años de tradición y repetición acumuladas pueden haber empañado los principios expresos de Cristo que operan en Su ahora famosa oración de ejemplo.

Irónicamente, al menos para mí, lo que Jesús dice inmediatamente antes fue enterrado por la misma repetición sin sentido que claramente repudia en el preámbulo:

“Y al orar, no uséis repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería. Por tanto, no os hagáis semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes que vosotros le pidáis”. (Mateo 6:7-8, LBLA)

Contenido

Contra nuestros instintos gentiles

Como seres humanos caídos, podemos entender por qué Jesús tiene que alejarnos de acumular frases vacías. Somos propensos a esto. Aparte de la revelación especial de Dios para nosotros, este es nuestro instinto gentil al presentar una petición a lo divino. Al igual que los profetas de Baal en el Carmelo, esperamos que invocando a la deidad “desde la mañana hasta el mediodía” y saltando sobre un pie alrededor del altar (1 Reyes 18:26), incluso hiriéndonos a nuestra manera (1 Reyes 18:28) quizá podamos ganarnos un oído en el cielo. Y aparte de la obra especial de Dios en nosotros, somos propensos a convertir al Padre Nuestro en aquello contra lo que Jesús advierte en el mismo aliento.

Un aspecto, entre otros, tan sorprendente acerca de la oración modelo de Jesús en Mateo 6:9-13 (y Lucas 11:2-4), es su simplicidad y tersidad. Jesús manifiestamente no “usa repeticiones sin sentido como los gentiles”. No pretende ser escuchado por Sus muchas palabras.

¿“Seáis”, “vuestros” y “deudas”?

En nuestro español, la oración de muestra de Jesús tiene solo setenta y una palabras y solo seis oraciones. ¿Puedes recordar la última vez, si es que ha sucedido alguna vez, que escuchaste una oración pública tan simple, sin pretensiones y al punto? Y esto directamente de la boca de nuestro mismo Salvador.

Tal vez sean los “seáis”, “vuestros” y “deudas” del español antiguo los que nos permiten pensar que una oración tan sencillamente simple podría ser una especie de conjuro pagano ofrecido en cuenta tras cuenta en un rosario, o sobre una rodilla doblada antes de un partido de fútbol americano. Podríamos memorizar una versión más contemporánea para protegernos contra la impresión incorrecta. Pero lo más probable es que el problema sea más profundo y todavía no nos hemos adueñado de la extraordinaria libertad a la que Jesús nos invita —o conocido profundamente al Padre bondadoso a Quien nos envía.

Libre para orar simplemente

Ser libre de tener que acumular frases gastadas y vacías y muchas palabras, es la libertad gloriosa en la que caminamos como hijos del Padre. Cuando oramos —nota que Jesús dijo al orar, no si oras, llegamos a un Dios que ya Se ha inclinado hacia nosotros. Nunca nos presentamos a Su Alteza por primera vez, ni nos presentamos de nuevo sospechando que Él es demasiado importante y está demasiado ocupado como para recordar nuestro nombre. La oración no es una conversación que nosotros iniciamos, sino una respuesta al Dios que habla primero, nos llama primero y nos declara suyos, incluso antes de que devolvamos el interés en la fe y la oración.

Somos libres de abandonar nuestras frases vacías evangélicas de inventario, y libres de necesitar muchas palabras, extendiendo nuestras peticiones hasta cierto punto para impresionar, porque en Cristo ya somos conocidos, amados, apreciados y seguros. No somos ciudadanos desconocidos que se acercan a un dignatario lejano, sino niños que se acercan al “Padre nuestro”.

Reverente y espiritual

Esto no significa que nos acerquemos con nada menos que reverencia. Él es, después de todo, nuestro Padre en los cielos. Y si los niños deben respetar a sus padres terrenales, ¿cuánto más nosotros a nuestro Padre celestial? El lenguaje simple e infantil no significa ligereza, frivolidad o desdén.

Y tampoco significa peticiones carnales. ¡Qué aspecto inarmónico de la oración de Jesús! Si bien Su oración modelo es manifiesta y liberadoramente simple, el contenido no lo es. Al menos no es natural. En vez de comenzar con el pan de cada día, Jesús comienza con la santificación del nombre de Dios, no el nuestro, y la venida del reino de Dios, no del hombre. Estos son los anhelos y expresiones de los corazones nacidos de nuevo, no los susurros de los mundanos.

Sin el nuevo nacimiento, oraremos, si es que lo hacemos, con pretensión (y duración profana) y con los mismos deseos carnales que cualquier otra persona en el mundo. Pero con el nuevo nacimiento, oraremos —no “si oramos”, sino “al orar”— con sencillez y profundidad, con nuevos deseos por Dios y Su honra.

Nuestro Dios ama dar

Jesús no solo nos advierte contra las frases vacías y la palabrería, sino que nos dice por qué: “vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes que vosotros le pidáis” (Mateo 6:8). La presciencia de Dios no es razón para guardar silencio. Esa no es la lógica de Jesús sino exactamente lo contrario. El que nuestro Padre ya sepa lo que necesitamos es un ímpetu para orar —y para usar un lenguaje sencillo y directo— porque no solo conoce nuestras necesidades, sino que es nuestro Padre, que ama a Sus hijos y quiere satisfacer nuestras necesidades.

Al final, cómo oramos dice mucho sobre cómo vemos a nuestro Dios. ¿Ya tenemos Su atención, o sospechamos que necesitamos mandarlo llamar? ¿Asumimos que sospecha de nuestras necesidades, o que está presionado para satisfacerlas desde un suministro limitado en medio de una demanda creciente? ¿Está distante o cercano? ¿Es soberano y bueno? ¿Es justo y misericordioso?

Incluso mejor de lo que pedimos

Cuando los cristianos oramos, lo hacemos como aquellos que han sido liberados de orar como el mundo. Oramos como aquellos que primero han escuchado de nuestro Dios en Su Palabra, que han abrazado Su don de gracia insuperable en la persona de Su Hijo, y que no tienen necesidad de ganarse Su favor con nuestras repeticiones, impostura, ni pretensión.

Más bien, podemos pedir simplemente, como niños. Podemos pedir profundamente, con corazones nuevos enfocados en Él, no solo en las cosas de la tierra. Y podemos pedir con confianza humilde sabiendo que nuestro Padre ya conoce nuestras necesidades y las conoce incluso mejor que nosotros, y está aún más comprometido que nosotros para satisfacerlas de la manera más profunda y duradera.


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