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English: God Will Sustain You a Day at a Time

© Desiring God

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Por Vaneetha Rendall Risner sobre Sufrimiento

Traducción por Carlos Diaz


Más temprano este año, mis brazos se rindieron completamente mientras me estaba alistando.

No pude ni vestirme por mi cuenta. Estaba exhausta, y no eran ni las nueve de la mañana. Sufro de síndrome postpolio, y nunca estoy segura cuando un nuevo dolor es un percance cotidiano o el nuevo normal. No deseo continuar con esto. ¿Qué iba a contener este día?

Clamé al Señor, contándole que todo esto se sentía colosalmente injusto. Finalicé declarando, “No puedo vivir así por el resto de mi vida. ¡No me permito hacerlo!” Me sentía frustrada y molesta y abrumada todo al mismo tiempo. Me doy cuenta que puede sonar profundamente carnal, pero así es como me sentía. No podría imainar vivir el resto de mi vida con esos problemas físicos.

Contenido

En la tranquilidad

Después de mi lamento, estaba tranquila. Había dicho lo que quería decir. Y luego esperé. No estoy segura si estaba esperando una respuesta de Dios, pero sabía que necesitaba estar tranquila y escuchar.

En el silencio, las siguientes palabras vinieron a mi mente: “No te estoy pidiendo que vivas así el resto de tu vida. “Te estoy pidiendo que vivas así hoy”. Se sintió como si Dios estaba hablando conmigo.

Inmediatamente, un sentido inigualable de paz se posó sobre mí. Mi situación era invariable, pero me sentí extrañamente diferente. Hoy era un periodo finito en el que podría enfocarme. Hoy parecía factible. Hoy era mucho menos atemorizante que “el resto de mi vida”. Enfrentar todo hoy parecía posible. Posible, eso es, con Dios.

Luego que esa inundación de alivio me había lavado, pensé en aquellas palabras de nuevo: “No te estoy pidiendo que vivas así el resto de tu vida. Te estoy pidiendo que vivas así hoy”. ¿Podrían haber sido las palabras de Dios para mí? ¿Eran consistentes con el carácter de Dios? ¿Qué dicen las Escrituras sobre las palabras que me fueron dichas?

Pan de cada día

Recordé que Jesús nos enseñó a rezar, “Danos hoy nuestro pan de cada día” (Mateo 6:11). Dios cumplirá nuestras necesidades hoy. Su gracia está disponible para hoy. No debemos estar ansiosos por el futuro, o incluso mañana, porque cada día tiene su propio problema (Mateo 6:34).

El futuro está en manos de Dios. Mañana en la mañana puede traer gozo e incluso un milagro (Salmos 30:5), porque su misericordia es nueva cada mañana y nada es imposible Con Dios (Lamentaciones 3:22–23; Lucas 1:37).

El aceite y la harina de la viuda de Zarefat estuvieron milagrosamente disponibles ya que los necesitaba (1 Reyes 17:14–16). Después que Ezequías oró, 185.000 asirios fueron asesinados por el ángel del Señor sin que Israel fuese a batalla (2 Reyes 19:35). Gideon derrotó el vasto ejército de los midianitas con sólo 300 hombres (Jueces 7:1–25). Humanamente hablando, ninguno de ellos vieron una forma de salir de la situación. Y a menudo nosotros tampoco lo hacemos. Pero con Dios todas las cosas son posibles para aquellos que creen (Marcos 9:23).

Dios me reafirmó que no necesitaba desesperarme por el futuro. Pero él no me estaba asegurando que mis circunstancias cambiarían si confiaba en Él. Él me estaba llamando para fortalecerme hoy y confiar en Él mañana.

Regocíjense, Oren, Agradezcan

Pero hoy. ¿Cómo me administraré hoy? Me pregunto. Todavía hoy me sigue amenazando con todas sus dificultades.

Me hicieron recordar que la gracia de Dios es suficiente para mí. Que su poder se perfecciona en mi debilidad (2 Corintios 12:9–10). Que necesitaba esperar por Él, y que Él me fortalecería y abastecería todas mis necesidades (Isaías 40:30–31; Filipenses 4:19). Él “está cerca del desconsolado y salva al aplastado en espíritu” (Salmos 34:18). Si me acercara a Él, entonces Él se acercaría a mí (Santiago 4:8).

Y a medida que pasa mi día, necesito regocijarme en lo que Dios estaba haciendo, orar sin cesar, dar gracias incluso en circunstancias difíciles, sabiendo que todo esto era la voluntad de Dios para mí (1 Tesalonisenses 5:16–18).

Respiro a Respiro

Regocijarme en las pruebas duras no es fácil para mí. Tengo que enfocarme deliberadamente en lo que Dios está haciendo en medio de ellas. Debo recordarme a mí misma que aunque mis pruebas parezcan pesadas e interminables, son ligeras y momentáneas en relación a la eternidad. Y están preparando para mí un peso de gloria que está más allá de toda comparación (2 Corintios 4:17).

Cuando mis problemas se sienten implacables, me forzan a confiar en Dios día tras día, momento a momento, respiro a respiro. Dolor, sea físico o emocional o espiritual, tiene una forma de capturar mi atención. Puedo bien sea enfocar esa atención sobre mí misma y ahogarme en la desesperación, o puedo dirigir mis pensamientos a Jesús y solicitarle gracia.

Ese diálogo momento a momento con Dios me cambió. Veo su suficiencia y su gloria en formas que nunca hubiera visto de otra forma (2 Corintios 3:18). El sufrimiento tiene una forma única de ponerme en presencia de Dios, contemplando su gloria, porque constantemente estoy clamando por Él.

Afligidos, no Abatidos

¿Cómo terminó mi día? Honestamente, fue duro. Mi esposo, Joel, me ayudó a vestirme. Tenía suficiente energía para conducir mi minivan modificada a la terapia de masajes, el cual necesitaba desesperadamente. El terapeuta estaba esperando en la puerta para hacerme pasar — algo que nunca había hecho antes. Inmediatamente, vi como Dios me estaba aprovisionando.

De vuelta a casa, Joel me dio todo lo que necesitaba. Pero las cosas no iban de la manera que hubiera elegido. Tenía problemas para concentrarme. Estaba en dolor intermitente. Me sentía frustrada por mi debilidad.

Todo lo que pude hacer era clamar a Dios. Y hacer lo demás. Entendí más claramente lo que significaba estar “afligidos en toda forma, pero no aplastados; perplejos, pero sin que me lleve a la desesperación; . . . derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:8–9). Aunque el día fue duro, Dios garantizó que eso no me aplastaría.

Solo hoy

Mi dolor y fortaleza decaen y fluyen diariamente, así que a menudo no sé qué esperar hasta que salga de la cama. Esta realidad también ha sido verdad de dolor emocional. Pero incluso cuando el día soporte el sufrimiento, estoy confortado de saber que Dios no me está llamando para que viva con este dolor y debilidad por el resto de mi vida. Él solo me está pidiendo que viva con eso hoy. Algún día Él hará más abundantemente que todo lo que pueda pedir o imaginar (Efesios 3:20). Y otros días, Él me sostendrá en la tormenta.

Pero todos los días, Él proveerá todo lo que necesito.



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