Ira y paciencia

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English: Wrath & Patience

© Ligonier Ministries

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Por Robert W. Carver sobre Santificación & Crecimiento
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Traducción por Caridad Adriana Zayas Velázquez


Jesús contó una parábola acerca de un rey que quiso saldar cuentas con sus siervos (Mateo.18:23-35) Un cierto siervo fue traído ante el rey con una deuda que era virtualmente incalculable y verdaderamente, impagable. Enfrentado a la perspectiva de ser vendido como esclavo conjuntamente con su familia, le pidió a su Señor que fuese paciente con él. Y el Señor, quien debe de haber sido un hombre de una paciencia increíble, por compasión le perdonó toda su deuda. Un tiempo después, este siervo se encontró a otro siervo que tenía una deuda considerable pero, pagable, con él. Cogiéndolo por el cuello, le reclamó el pago de la misma. Cuando el tal siervo cayó al suelo y le rogó: “Tenga paciencia conmigo”, la petición cayó en oídos sordos y fue enviado a prisión.

Esta parábola ilustra, de un modo gráfico, el contraste entre un hombre iracundo y uno paciente. El Señor mostró una benevolente paciencia y otorgó su perdón incondicional. El siervo perdonado cuando confrontó un asunto similar pero, menos grave, se tomó las cosas a su modo y, con palabras y acciones airadas, mostró que no había aprendido la lección del perdón sincero y generoso.

Las Escrituras nos enseñan a despojarnos del vicio destructor de almas: la ira, como nos despojaríamos de una prenda de vestir que estuviera sucia o manchada, o que no nos sentara bien o fuese impropia ( Col. 3:8-9). Jaime nos dice que la cólera (ira) del hombre no muestra la justicia que Dios exige. El puritano ingles Thomas Manton escribió que “la ira del hombre le dificultaría el conseguir esa justicia y cumplir con ese deber que Dios demanda en su palabra”. Según los Proverbios 22:24 se debe evitar al hombre iracundo. “¡Absténganse de la cólera, y renuncien a la ira | No se enfaden; eso sólo lleva al mal”. (Ps. 37:8) . La ira pecaminosa deja daños a su paso, aleja a las personas, y de seguro no atrae a las personas hacia Cristo. Desgraciadamente, le brinda al adversario una oportunidad, al enemigo de nuestras almas—el Diablo (Ef. 4:26-27)

Por contraste, la divina virtud de la paciencia debe ser portada como uno de los adornos de los elegidos de Dios (Col. 3:12) La paciencia es descrita por Charles Spurgeon como “una gracia tan difícil como necesaria y tan difícil de obtener como preciada cuando se logra”. Sin lugar a dudas, es un fruto del Espíritu difícil de cultivar y desarrollar. Sin embargo, es una evidencia de una fe verdadera y activa y un adorno de una bien fundada doctrina (Confesión de Fe de Westminster, 16.2).

¿Por qué, es, entonces, tan difícil de lograr? De seguro una de las razones es porque buscamos placer y satisfacción en muchos de las complicaciones de la vida. Nos reímos de la oración: “¡Señor, necesito paciencia, y la necesito ya! Pero, la verdad sea dicha, es tal vez más pertinente de lo que quisiéramos admitir.- como cuando estamos atascados en el tráfico, o cuando nos sentimos frustrados por un ordenador que no está cooperando, y así sucesivamente. Otra razón de por qué es tan difícil de lograr es que a menudo no nos gusta la forma para obtenerla. Los Romanos 5.3 dicen, “El sufrimiento crea resistencia”, y Jaime 1:3 dice: “La prueba de tu fe da firmeza”. En ambos casos el resultado es la resistencia paciente- la capacidad de permanecer bajo enormes pesos y presiones sin sucumbir. Aquello que da lugar a esto es la parte difícil: sufrimientos, pruebas, juicios. Preferiríamos una vía más fácil para la obtención del fruto pero,¡este es el camino de Dios ¡

Pocos pasajes se centran en la paciencia como Jaime 5:7-11: “Sean pacientes, por lo tanto, hermanos, hasta la llegada del Señor. Miren cómo el agricultor espera por los preciados frutos de la tierra, siendo pacientes…Ustedes, también, sean pacientes”. Nuestras vidas están llenas de regiones en las que debe actuar la paciencia: esperar por las respuestas a nuestras oraciones; esperar porque un miembro de la familia o un amigo llegue a Cristo, o regrese a Cristo; esperar la venida de Cristo; esperar porque la imagen de Cristo se vea perfectamente reflejada en nosotros.

Y, por supuesto, necesitamos paciencia para relacionarnos con los demás pecadores ¡tal como nosotros¡ . El mayor incentivo para ser pacientes con los demás es simplemente recordar cuan paciente es Dios con nosotros. Una de las cualidades esenciales de un artista es la paciencia. Las complejas y detalladas obras maestras no se realizan de la noche a la mañana. Despacio y decididamente la obra progresa de pincelada en pincelada. El artista visiona el producto terminado y, con una labor esmerada la lleva a cabo. Los puritanos utilizaron esta idea en una de sus oraciones encontradas en “El Valle de las Visiones” (The Valley of Vision).

Si las huellas del bienamado
Talento artístico de Cristo
Se hallan en mi, pueda él
Trabajar con su divino pincel
Hasta obtener la completa imagen
Y yo sea una copia perfecta de él, mi Señor.

Reflexionemos, en una forma siempre creciente, acerca de la paciencia que Dios nos muestra cada día y cada momentos de nuestras vidas.


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