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English: The Good Shepherdess

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Por Charles H. Spurgeon sobre Santificación & Crecimiento
Una parte de la serie Metropolitan Tabernacle Pulpit

Traducción por Allan Aviles


"Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía; pues ¿por qué había de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros? Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, vé, sigue las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores." Cantar de los Cantares 1: 7, 8.

La esposa se sentía sumamente infeliz y avergonzada, porque su belleza personal había sido severamente afectada, por el calor del sol. La más hermosa entre las mujeres se había vuelto atezada como una esclava bronceada por el sol. Espiritualmente, al alma elegida le ocurre lo mismo, con mucha frecuencia. La gracia del Señor la ha vuelto hermosa de mirar, hermosa como el lirio; pero ella ha estado tan ocupada en las cosas terrenales que el sol de la mundanalidad ha menoscabado su belleza. La esposa, con santo pudor, exclama: "No reparéis en que soy morena, porque el sol me miró." Le espantan de igual manera la curiosidad, la admiración, la conmiseración y el escarnio de los hombres, y se vuelve a su Amado, sabiendo que Su mirada está tan llena de amor, que su atezamiento no le causará ningún dolor, aun cuando esté plenamente bajo Su escrutinio.

Este es un índice de un alma piadosa: que mientras que los impíos corren de aquí para allá sin saber dónde buscar el consuelo, el corazón creyente naturalmente vuela a su Bienamado Salvador, sabiendo que únicamente en Él está su descanso.

Da la impresión, por el versículo precedente, que la esposa tenía problemas relacionados con cierta tarea que se le había asignado, que la agobiaban, y en el cumplimiento de esa tarea se había vuelto negligente de sí misma. Ella dice: "Me pusieron a guardar las viñas", y habría deseado guardarlas bien, pero sentía que no lo había hecho, y que, además, había fallado en un deber más apremiante: "Y mi viña, que era mía, no guardé."

Bajo este sentido de doble indignidad y fracaso, sintiendo que sus omisiones y sus comisiones la estaban acongojando, se volvió a su Amado y le pidió Sus instrucciones. Esto estuvo bien. Si no hubiese amado a su Señor, habría evitado verle estando su hermosura desmejorada, pero los instintos de su afectuoso corazón le sugirieron que Él no la desecharía por sus imperfecciones. Además, actuó con sabiduría al apelar a su Señor contra sí misma.

Amados, no permitan nunca que el pecado los aparte de Jesús. Bajo un sentido de pecado, no huyan de Él; eso sería una insensatez. El pecado puede ahuyentarlos del Sinaí, pero debe acercarlos al Calvario. Cuando sintamos que estamos sucios, debemos acudir a la fuente con mayor presteza; y cuando sintamos que nuestra alma está enferma, aún cuando temamos que nuestra enfermedad sea mortal, debemos recurrir con mayor denuedo a las amadas heridas de Jesús, de donde provienen toda nuestra vida y salud.

La esposa, en el presente caso, lleva a Jesús sus problemas, su angustia por ella misma, y su confesión en cuanto a su trabajo. Ella presenta delante de Él su doble encargo, la guarda de su propia viña y la guarda de los viñedos de otros.

Yo sé que, en esta mañana, me estaré dirigiendo a muchas personas que están ocupadas en servir a su Señor; y pudiera ser que sientan una gran ansiedad porque no pueden guardar sus propios corazones cerca de Jesús: no sienten ardor ni vigor en el servicio divino; prosiguen con su trabajo laborioso, pero se encuentran sumidos en la condición de aquellos que son descritos como: "Cansados, mas todavía persiguiendo."

Cuando Jesús está presente, el trabajo hecho para Él es un gozo, pero, en Su ausencia, Sus siervos se sienten como obreros que trabajan bajo tierra, porque están desprovistos de la luz del sol. No pueden renunciar a trabajar para Jesús; lo aman demasiado para hacer eso, pero anhelan vehementemente contar con Su compañía mientras trabajan para Él, y al igual que los jóvenes profetas que fueron al bosque para cortar cada uno una viga para su nueva casa, le dicen a su Maestro: "Te rogamos que vengas con tus siervos."

Nuestro más sincero deseo es que podamos gozar de una dulce comunión con Jesús mientras estamos activamente involucrados en Su causa. En verdad, amados, esto es sumamente importante para todos nosotros. No sé de ningún otro punto en el que los obreros cristianos necesiten pensar con mayor frecuencia, que el tema de guardar su trabajo y sus personas cerca de la mano del Señor.

Nuestro texto nos ayudará a hacer esto, bajo tres encabezados. Tenemos aquí, primero, una pregunta formulada: "Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, ¿dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía?" En segundo lugar, un argumento esgrimido: "Pues ¿por qué había de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros?" Y, en tercer lugar, tenemos una respuesta obtenida: "Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, vé, sigue las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores."

I. Hay aquí UNA PREGUNTA FORMULADA. Cada palabra de la interrogación es digna de nuestra cuidadosa meditación. Primero, en lo concerniente a ella, observarán que es hecha en amor. Ella se dirige a quien ama con un cariñoso título: "Oh tú a quien ama mi alma." No importa lo que ella sienta ser, sabe que lo ama. Ella es morena, y está avergonzada de que miren su rostro, pero, aún así, ama a su Esposo. No ha guardado su propia viña como debía hacerlo, pero, aún así, lo ama; ella está segura de eso, y, por tanto, lo declara audazmente. Ella lo ama como no ama a nadie más en todo el mundo. Él únicamente puede ser llamado: "Tú a quien ama mi alma." Ella no conoce de nadie digno de ser comparado con Él, nadie que pudiera rivalizar con Él. Él es el Señor de su corazón, el único príncipe y monarca de todos sus afectos. Ella siente también que lo ama intensamente, lo ama desde lo más profundo de su alma. La vida de su existencia está vinculada a Él; si hay alguna fuerza y poder y vitalidad en ella, no es sino como un combustible para la gran llama de su amor, que arde solamente para Él.

Observen bien que no dice: "oh tú en quien cree mi alma." Eso es cierto, pero ella ha ido más lejos. No dice: "oh tú a quien honra mi alma." Eso es también verdad, pero ella ha sobrepasado esa etapa. No es simplemente: "oh tú en quien confía y a quien obedece mi alma." Ella hace eso, pero ha alcanzado algo más cálido, más tierno, más lleno de fuego y entusiasmo, y es: "Oh tú a quien ama mi alma."

Ahora, amados, yo confío que muchos de nosotros podamos hablarle así a Jesús. Él es para nosotros el Bienamado, "señalado entre diez mil": "Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable", y nuestra alma está envuelta en Él, y nuestro corazón está completamente saturado por Él. Nunca le serviremos rectamente a menos que así sea.

Antes de que nuestro Señor le dijera a Pedro: "Apacienta mis corderos", y "Apacienta mis ovejas", le hizo la pregunta: "Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?"; y la repitió tres veces; pues mientras esa pregunta no quede resuelta, somos ineptos para Su servicio.

Así que la esposa, teniendo que cuidar tanto de ella misma como de su pequeño rebaño, declara que ama al esposo y que siente que no se atrevería a cuidar una parte de Su rebaño si no le amara; como si viese que su derecho a ser una pastora dependiera completamente de su amor al Grandioso Pastor. Ella no podía esperar Su ayuda en su trabajo, y mucho menos Su comunión en la obra, a menos que primero hubiese en ella esa idoneidad absolutamente esencial del amor hacia Su persona.

Por tanto, la pregunta se torna instructiva para nosotros, porque está dirigida a Cristo bajo un título sumamente cariñoso; y yo le pido a todo obrero aquí presente que procure hacer siempre su trabajo en un espíritu de amor, y que siempre considere al Señor Jesús, no como un capataz, no como alguien que nos ha dado una tarea que hacer pero que quisiéramos evadir, sino como nuestro amado Señor, a quien es una bienaventuranza servir, y por quien es una ganancia morir. "Oh tú a quien ama mi alma", es la expresión correcta por la cual un obrero de Jesús ha de dirigirse a su Señor.

Ahora observen que la pregunta, así como es hecha con amor, es también hecha a Él. "Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, dónde apacientas." Ella le pidió que le hiciera saber, como si temiese que nadie, sino sólo Él, le daría la respuesta correcta; otros podrían estar errados, pero Él no podría estarlo. Ella le preguntó a Él porque estaba muy segura que le daría la respuesta más amable.

Otros podrían ser indiferentes, y difícilmente se tomarían el trabajo de responderle; pero si Jesús le respondiera con Sus propios labios, mezclaría amor en cada palabra, y de esta manera la consolaría a la vez que la instruiría. Tal vez sintió que nadie más podría responderle como Él, pues otros hablan al oído, pero Él habla al corazón: otros hablan con un menor grado de influencia; escuchamos lo que dicen pero permanecemos sin ser afectados; pero Jesús habla, y el Espíritu acompaña cada palabra que nos expresa, y, por tanto, oímos para nuestro beneficio cuando conversa con nosotros.

Yo no sé qué sientan ustedes, hermanos míos, pero yo siento esta mañana que si pudiese recibir media palabra proveniente de Cristo, satisfaría a mi alma durante muchos días. Me encanta oír el Evangelio, y leerlo, y predicarlo; pero ¡escucharlo fresco de Él mismo, aplicado por la energía del Espíritu, oh, esto es un verdadero refrigerio! ¡Esto es energía y poder!

Por tanto, Salvador, cuando Tus obreros desean saber dónde apacientas, diles Tú mismo, habla a sus corazones por medio de Tu Espíritu, y permite que sientan como si fuera una revelación para su naturaleza más íntima. "Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma." La pregunta es formulada en amor: es hecha a Él.

Ahora observen cuál es la pregunta. Ella desea saber cómo hace Jesús Su trabajo, y dónde lo hace. Parecería, partiendo del versículo ocho, que ella misma tiene que apacentar un rebaño de cabritas. Ella es una pastora, y quisiera apacentar su rebaño; de esto brota su pregunta: "¿Dónde apacientas?" Ella desea que esos pequeñitos suyos obtengan tanto reposo como alimento, y está turbada por ellos; por tanto dice: "Hazme saber dónde sesteas al mediodía", pues si pudiera ver cómo hace Jesús Su obra, y dónde la hace, y de qué manera, entonces estará satisfecha de que está haciendo su trabajo de manera correcta, si lo imita muy de cerca y permanece en comunión con Él.

La petición parecería ser justamente esta: "Señor, hazme saber cuáles son las doctrinas que hacen fuertes a los débiles y alegran a los tristes: hazme saber cuál es ese precioso alimento que Tú sueles dar a los espíritus desfallecientes y hambrientos, para revivirlos y mantenerlos vivos; pues si me lo dices, entonces yo le daré a mi rebaño la misma comida; hazme saber dónde están los pastos donde apacientas Tus ovejas, y de inmediato conduciré a mis ovejas a esas mismas tierras felices. Luego, hazme saber cómo haces descansar a Tu pueblo. ¿Cuáles son esas promesas que destinas para el consuelo de su espíritu, de tal forma que todos sus cuidados y dudas y temores y agitaciones, se apaciguan? Tú tienes dulces prados donde haces que Tu amado rebaño sestee y repose. Hazme saber dónde están esos prados para que vaya y traiga al rebaño que me ha sido encargado: los que lloran, que yo he de consolar, los turbados, que tengo la obligación de aliviar, los desalentados, que me he esforzado por animar; hazme saber, Señor, donde sesteas con tu rebaño, pues entonces, con Tu ayuda, iré y haré que mi rebaño sestee allí también. Es por mí, pero también por muchos otros, que hago esta pregunta: 'Hazme saber, dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía.'"

No dudo de que la esposa, en efecto, deseara información para ella misma y para su propio bien, y creo que el doctor Watts captó algo del espíritu del pasaje cuando cantó:

"Deseo apacentar en medio de Tus ovejas,
Reposar entre ellas, entre ellas sestear."

Pero me parece que el pasaje está muy, muy lejos de ese único significado. La esposa dice: "Hazme saber dónde apacientas tu rebaño; "Dónde sesteas con Tu rebaño", como si ella quisiese sestear allí también: pero me parece que el verdadero contenido es este: que ella quería llevar a su rebaño a apacentar donde apacentaba el rebaño de Cristo, y llevar a sus cabritas donde los corderitos de Cristo estaban sesteando; ella deseaba, de hecho, hacer su tarea en Su compañía; ella quería mezclar su rebaño con el rebaño del Señor, su tarea con Su tarea, y sentir que lo que estaba haciendo lo estaba haciendo para Él, sí, y con Él y por medio de Él.

Evidentemente se había encontrado con muchísimas dificultades en lo que había intentado hacer. Ella quería apacentar su rebaño de cabritas, pero no podía encontrar pastos para ellas. Tal vez cuando comenzó su trabajo como pastora, se consideró competente para la tarea, pero ahora el mismo sol que ha bronceado su faz ha secado los pastos, y así dice: "oh tú que conoces todos los pastos, hazme saber dónde apacientas, pues yo no puedo encontrar herbaje para mi rebaño"; y sufriendo ella misma por causa del calor del mediodía, se da cuenta de que su pequeño rebaño sufre también; y, entonces, pregunta: "¿dónde sesteas al mediodía? ¿Dónde hay sombras frescas de grandes rocas que resguarden de los sofocantes rayos cuando el sol está en su cenit y derrama torrentes de calor?, pues no puedo abrigar a mi pobre rebaño y darle consuelo en sus múltiples pruebas y tribulaciones. Quisiera poder hacerlo. Oh Señor, hazme saber el arte secreto de la consolación; entonces intentaré consolar a los que están a mi cargo por medios idénticos."

Queremos conocer los bosques de la promesa y los frescos torrentes de la paz, para que podamos conducir a otros al descanso. Si podemos seguir a Jesús, podemos guiar a otros, y, entonces, tanto nosotros como ellos, encontraremos consuelo y paz. Ese es el significado de la petición que tenemos ante nosotros.

Noten bien que ella dijo muy particularmente: "Hazme saber." "Oh, Maestro, no le digas solamente a Tus ovejas dónde apacientas, aunque ellas quieran saberlo; sino que hazme saber dónde apacientas, pues yo quiero instruir a otros." Ella quisiera saber muchas cosas, pero principalmente dice: "Hazme saber dónde apacientas", pues quería apacentar a otros.

Nosotros necesitamos un conocimiento práctico, pues nuestro deseo es que seamos ayudados a conducir a otros al descanso; queremos ser los instrumentos que hablen de paz a las conciencias de los demás, así como el Señor ha hablado paz a nuestras conciencias. Por tanto, la oración es "Hazme saber." "Tú eres mi modelo, oh Grandioso Pastor; Tú eres mi sabiduría. Si he de ser un pastor para Tus ovejas, sigo siendo a la vez una oveja bajo Tu Pastorado, por tanto, hazme saber, para que pueda enseñar a otros."

No sé si les estoy hablando claramente, pero deseo expresarlo muy sencillamente. Tal vez me estoy predicando mucho más a mí mismo que a ustedes. Estoy predicando a mi propio corazón. Siento que tengo que venir, domingo a domingo, y día de semana tras día de semana, para comentarles muchísimas cosas preciosas acerca de Cristo, y algunas veces, yo mismo las disfruto; y si nadie más recibe bendición por medio de ellas, yo sí la recibo, y regreso a casa y alabo al Señor por ello; pero mi temor diario es que yo sea un manejador de textos para ustedes, y un predicador de cosas buenas para otros, y, sin embargo, que permanezca sin ningún beneficio en mi propio corazón.

Mi oración es que el Señor Jesús me muestre dónde apacienta a Su pueblo, y me permita apacentar con ellos, para que entonces pueda conducirlos a los pastos donde Él está, y que esté yo mismo con Él al mismo tiempo que los conduzco a Él.

Mis queridos y sinceros compañeros, ustedes que son maestros en la escuela dominical y evangelistas, y otros, por quienes doy gracias a Dios cada vez que los recuerdo, siento que el punto más importante que tienen que vigilar, es que no pierdan su propia espiritualidad mientras intentan hacer que los demás sean espirituales. El punto importante es vivir cerca de Dios. Sería algo terrible para ustedes que estuvieran muy ocupados en lo tocante a las almas de los hombres y descuidaran su propia alma. Apelen al Bienamado, y suplíquenle que les permita apacentar a su rebaño allí donde Él está apacentando a Su pueblo; que les permita sentarse a Sus pies, como María, incluso mientras están trabajando en el hogar, como Marta. No han de hacer menos, sino han de hacer más; pero pidan hacerlo en tal comunión con Él, que su trabajo sea fundido en el Suyo, y lo que estén haciendo sea realmente únicamente Su obra en ustedes, y ustedes se gocen en derramar para otros lo que Él derrama en su propia alma. Que Dios les conceda que así suceda con todos ustedes, hermanos míos.

II. En segundo lugar, aquí contamos con UN ARGUMENTO UTILIZADO. La esposa dice: "¿Por qué había de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros?" Si tenía que conducir a su rebaño a prados distantes, lejos del lugar donde Jesús apacienta a Su rebaño, no sería bueno. Como una pastora que naturalmente es más bien dependiente, y que necesita asociarse con otros por protección, supongan que se apartara junto con otros pastores, y dejara a su Esposo, ¿sería eso correcto?

Ella habla de esto como de algo aborrecible para su mente, y bien que lo es. Pues, primero, ¿no se vería como algo muy impropio que la esposa se esté asociando con otros que no sean su Esposo? Cada uno de ellos tiene su rebaño: allá está Él con Su gran rebaño, y aquí está ella con su pequeño rebaño. ¿Tendrían que buscar pastos lejanos el uno del otro? ¿No habría conversaciones al respecto? ¿No dirían los espectadores: "esto no es apropiado: debe haber alguna falta de amor aquí, pues de lo contrario estos dos no estarían tan divididos"?

Se podría poner énfasis, si ustedes quisieran, en esa pequeña palabra "yo". ¿Por qué yo, Tu esposa comprada con sangre; yo, desposada contigo desde antes de que la tierra existiese, yo, a quien Tú has amado; por qué habría de seguir a otros y olvidarte a Ti?

Amados, harían bien en poner el énfasis justo allí, en su propia lectura de este pasaje. ¿Por qué yo, a quien el Señor ha perdonado, a quien el Señor ha amado, a quien el Señor ha favorecido tanto; yo, que he gozado de comunión con Él durante muchos años; yo, que sé que Su amor es mejor que el vino; yo, que en otros tiempos me he embriagado con Su dulzura, por qué habría de apartarme? Que otros lo hagan, si quieren, pero sería impropio e indigno que yo lo hiciera.

Les ruego, hermanos y hermanas, que procuren sentir esto: que para ustedes trabajar apartados de Cristo reflejaría un feo aspecto; que si su trabajo los apartara de la comunión con Jesús, eso mostraría una muy fea apariencia: no estaría entre las cosas que son honestas y de buen nombre. Pues si la esposa apacentara su rebaño en otra compañía, reflejaría infidelidad para con su esposo. ¡Cómo!, ¿acaso la esposa de Cristo habría de abandonar a su Amado? ¿Acaso será ella incasta para con su Señor? Y, sin embargo, parecería que así fuera, si se volviera compañera de otros, y olvidara a su Amado.

Nuestros corazones podrían volverse incastos para con Cristo aun cuando fuesen celosos en la obra cristiana. Me aterra mucho la tendencia a hacer el trabajo de Cristo con un espíritu mecánico y frío; pero incluso por sobre eso, tiemblo porque pudiera sentir afecto por la obra de Cristo y sin embargo ser frío para con el propio Señor. Me temo que tal condición de corazón es posible: que podemos encender grandes fogatas en las calles para despliegue público, y difícilmente guardar un carbón encendido en nuestro corazón para que Jesús caliente Sus manos allí. Cuando nos congregamos en la gran asamblea, la buena compañía nos ayuda a calentar nuestros corazones, y cuando estamos trabajando con otros para el Señor, ellos nos estimulan y hacen que invirtamos toda nuestra energía y toda nuestra fortaleza, y entonces pensamos: "en verdad mi corazón se encuentra en una saludable condición para con Dios." Pero, amados, tal euforia podría ser un pobre indicativo de nuestra condición real.

A mí me encanta ese fuego santo y tranquilo que resplandece en el aposento y que fulgura en la alcoba cuando estoy solo, y ese es el punto que temo más que ninguna otra cosa, tanto en cuanto a mí como en cuanto a ustedes, es decir, que estemos haciendo la obra de Cristo sin Cristo; que hagamos muchas cosas pero sin pensar mucho en Él; que estemos oprimidos por el mucho servicio pero olvidándolo a Él. Vamos, eso pronto redundaría en que hiciéramos un Cristo de nuestro servicio, un anticristo de nuestras propias labores. ¡Cuídense de eso! Amen su trabajo, pero amen más a su Señor; amen a su rebaño, pero amen todavía más al grandioso Pastor, y manténganse cerca de Él, pues será una señal de infidelidad si no lo hiciesen.

Y adviertan, otra vez, la pregunta, "¿Por qué había de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros?" Podemos leer esto como significando: "¿por qué habría de ser tan infeliz como para tener que trabajar para Ti, y, sin embargo, no tener comunión contigo?" Es algo muy desventurado perder la comunión con Jesús, pero tener que continuar con los ejercicios religiosos. Si le quitaran las ruedas a tu carruaje, no tiene mayor importancia si nadie quiere viajar, pero, ¿qué pasa si te llaman para que guíes el carruaje? Cuando el pie de un hombre está lisiado, tal vez no lo lamente mucho si está sentado sin moverse, pero si está obligado a correr una carrera, ha de ser compadecido en gran manera.

Hizo que la esposa se sintiese doblemente infeliz, incluso al suponer que ella, con un rebaño que apacentar y necesitando ella misma alimento, tuviera que andar como errante junto a los rebaños de los otros y perderse de la presencia de su Señor. De hecho, la pregunta parece ser formulada de esta manera: "¿qué razón hay para que deba dejar a mi Señor? ¿Qué apología podría hacer, qué excusa podría ofrecer para hacerlo? ¿Hay alguna razón por la que no deba permanecer en constante comunión con Él? ¿Por qué habría de ser yo como alguien que se aparta? Tal vez pueda decirse que otros se apartan, pero, ¿por qué habría de ser yo como uno de ellos? Puede haber excusas para un acto de tal naturaleza en otros, pero no hay ninguna excusa para mí: Tu rico amor, Tu gratuito amor, Tu inmerecido amor, Tu especial amor hacia mí, me ha atado de pies y manos: ¿cómo podría separarme? Podría haber algunos profesantes que te deban poco, pero yo, que una vez fui el primero de los pecadores, te debo tanto, que, ¿cómo podría separarme? Podría ser que algunos con quienes has tratado duramente, pudieran apartarse, pero Tú has sido tan tierno, y tan amable conmigo, que ¿cómo podría olvidarte? Podría haber algunos que sepan muy poco de ti, cuya experiencia de Ti sea tan escasa que su separación no ha de sorprendernos; pero, ¿cómo puedo apartarme cuando Tú me has mostrado Tu amor, y me has revelado Tu corazón? Oh, anhelo la casa del banquete donde he festejado contigo, los hermonitas y el monte de Mizar, donde has manifestado Tu amor, extraño el lugar donde un abismo llamaba a otro, y, entonces, la misericordia llamó a la misericordia; recuerdo aquellas potentes tormentas y los destructores huracanes en los que fuiste el abrigo para mi cabeza y las miles y miles de misericordias pasadas, que han sido mi bendita porción, ¿por qué habría yo de estar como errante junto a los rebaños de tus compañeros?"

Permítanme dirigirme a los miembros de esta iglesia, y decirles: si todas las iglesias de la cristiandad se apartaran del Evangelio, ¿por qué habrían de hacerlo ustedes? Si en cualquier otro lugar el Evangelio fuese descuidado, y se hiciese resonar un incierto sonido; si el Ritualismo se tragara a la mitad de las iglesias, y el Racionalismo al resto, ¿por qué habrían de apartarse? Ustedes han sido particularmente un pueblo de oración; han seguido también al Señor plenamente en doctrina y en ordenanza; y, por consiguiente, han gozado de la presencia divina, y han prosperado más allá de toda medida. Nos hemos apoyado plenamente en el Espíritu Santo para recibir fortaleza, y no hemos confiado en la elocuencia humana, ni en la música, ni en las bellezas del color, ni en la arquitectura. Nuestra sola arma ha sido el claro, el sencillo, el pleno Evangelio, y, ¿por qué tendríamos que apartarnos? ¿Acaso no hemos sido favorecidos todos estos años con un éxito sin par? ¿Acaso no ha agregado el Señor tan abundantemente a nuestros números que no hemos tenido suficiente espacio para recibirlos? ¿No ha multiplicado al pueblo, y no ha incrementado el gozo? Sostengan firmes su primer amor, y no permitan que ningún hombre les arrebate su corona. Doy gracias a Dios porque todavía hay iglesias, unas cuantas en Inglaterra y todavía un mayor número en Escocia, que sostienen con firmeza las doctrinas del Evangelio y no se apartan de ellas. A ellas quiero decirles: ¿por qué habrían de andar como errantes? ¿No debería enseñarles su historia, tanto en sus capítulos problemáticos como en sus capítulos jubilosos, a retener la forma de las sanas palabras?

Sobre todo, ¿no deberíamos procurar vivir como una iglesia, e individualmente, también, en comunión permanente con Jesús? Pues si nos apartamos de Él, le robaríamos a la verdad su aroma, sí, su fragancia esencial. Si perdemos la comunión con Jesús, tendremos el estandarte, pero ¿dónde está el portaestandarte? Podemos retener el candelero, pero, ¿dónde está la luz? Seremos despojados de nuestra fuerza, de nuestro gozo, de nuestro consuelo, de todo, si perdiéramos la comunión con Él. Que Dios nos conceda, por tanto, que no seamos nunca como aquellos que se apartan.

III. En tercer lugar, tenemos aquí UNA RESPUESTA DADA por el Esposo a Su amada. Ella le preguntó dónde apacentaba, dónde sesteaba al mediodía, y Él le respondió.

Observen cuidadosamente que su respuesta es dada en delicadeza hacia su flaqueza; responde sin ignorar su ignorancia, pero tratando delicadamente con ella. "Si tú no lo sabes", es una sugerencia que ella debía saberlo, pero es una sugerencia como la que dan los gentiles amantes cuando quieren evitar la reprensión.

Nuestro Señor es muy tierno con nuestra ignorancia. Hay muchas cosas que desconocemos, pero que debíamos saber. Somos niños cuando deberíamos ser hombres, y se tiene que hablar con nosotros como a carnales, como a niños en Cristo, cuando debíamos habernos convertido en padres. ¿Hay alguien en medio de nosotros que pueda decir: "yo no soy deficiente en mi conocimiento"? Me temo que la mayoría de nosotros debe confesar que si hubiéramos cumplido mejor con la voluntad del Señor, habríamos conocido mejor Su doctrina; si hubiéramos vivido más cercanamente a Él, habríamos conocido más de Él. Sin embargo, cuán delicada es la reprensión. El Señor perdona nuestra ignorancia, y condesciende a instruirnos.

Noten a continuación que la respuesta es dada en gran amor. Él dice: "Oh hermosa entre las mujeres." Ese es un bendito licor para su angustia. Ella dijo: "Morena soy"; pero Él dice: "oh hermosa entre las mujeres." Yo prefiero confiar en los ojos de Cristo que en los míos. Si mis ojos me dicen que soy negro, voy a llorar, pero si Él me asegura que soy hermoso le voy a creer y a regocijarme. Algunos santos son más propensos a recordar su pecaminosidad, y a afligirse por ella, que a creer en su justicia en Cristo y triunfar en ella.

Recuerden, amados, que es tan cierto hoy que ustedes son hermosos y sin mancha como que son negros porque el sol los ha mirado. Debe ser cierto, porque Jesús lo dice. Permítanme compartir con ustedes uno de los dichos del Esposo para su esposa: "Toda tú eres hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha." "Ah, esa es una figura", dices tú. Bien, te daré una cita que no es una figura. El Señor Jesús, después de lavar los pies de Sus discípulos, dijo: "El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio"; y luego agregó: "Y vosotros limpios estáis."

Si desean una palabra apostólica con el mismo propósito, permítanme darles esta: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Cualquier cosa queda excluida, ya sea una cosita o algo muy grande. Jesús ha lavado a Su pueblo y lo ha dejado tan limpio que no hay ninguna mancha, ni arruga, ni nada parecido en ellos, en materia de justificación delante de Dios.

"Con Su Fianza tú eres libre,
Sus manos amadas fueron traspasadas por ti;
Con Su vestidura sin mancha sobre ti,
Santo eres como el Santo."

Cuán glorioso es esto. Jesús no exagera cuando encomia de esta manera a Su iglesia. Expresa una verdad clara y sobria. "Oh hermosa entre las mujeres", dice. Alma mía, ¿no sientes amor por Cristo cuando recuerdas que te considera hermosa? Yo no puedo ver nada en mí que se pueda amar, pero Él sí, y me llama: "Toda tú eres hermosa." Creo que ha de ser porque te mira a los ojos y se ve a Sí mismo, o si no, es por esto, porque sabe lo que habremos de ser, y nos juzga en esa balanza. Así como el artista, ve el bloque de mármol y mira en la piedra la estatua que pretende esculpir en ella con habilidad sin par, así también el Señor Jesús ve la perfecta imagen de Sí en nosotros, de la cual eliminará las imperfecciones y los pecados hasta que resalte en todo su esplendor. Pero todavía es la piadosa condescendencia la que lo impulsa a decirle: "Oh hermosa entre las mujeres", a alguien que se lamentaba por su rostro quemado por el sol.

La respuesta contiene mucha sagrada sabiduría. A la esposa se le dice dónde ir para que pueda encontrar a su amado y conducir su rebaño adonde está Él. "Vé, sigue las huellas del rebaño." Si quieres encontrar a Jesús, lo encontrarás en la senda que siguieron los santos profetas, en la senda de los patriarcas y en la senda de los apóstoles. Y si tu deseo es apacentar a tu rebaño, y hacerlo descansar, muy bien, ve y apaciéntalo de la manera que han hecho otros pastores: los propios pastores de Cristo, a quienes Él ha enviado en otros días para apacentar a Sus escogidos.

Me alegra mucho, hablando de este texto, que el Señor no da a Su esposa, en respuesta a su pregunta, algunas direcciones singulares de gran dificultad, algunas prescripciones novedosas, especiales y notables. Justo así como el Evangelio es simple y llano, así es esta exhortación y dirección para la renovación de la comunión. Es fácil y clara.

Tú quieres ir a Jesús, y quieres llevar a aquellos que están bajo tu cargo. Muy bien, entonces, no busques un nuevo camino, sino simplemente sigue la ruta que han seguido todos los demás santos. Si quieres caminar con Jesús, camina donde otros santos han caminado; y si quieres conducir a otros a la comunión con Él, guíalos con tu ejemplo adonde otros han ido.

¿Qué es eso? Si quieres estar con Jesús, sigue a Abraham en la senda de la separación. Mira cómo vivió, como un peregrino y un viajero con su Dios. Si quieres ver a Jesús, "Salid de en medio de ellos, y apartaos, y no toquéis lo inmundo." Encontrarás a Jesús cuando hubieres dejado el mundo. Si quieres caminar con Jesús, sigue el sendero de la obediencia. Los santos no han tenido jamás una comunión con Jesús cuando le han desobedecido. Guarda Sus estatutos y observa Sus testimonios, cuida celosamente tu conducta y tu carácter; pues el camino de la obediencia es el camino de la comunión.

Asegúrate de seguir las sendas antiguas en relación a las ordenanzas cristianas: no las alteres, sino mantente en los buenos caminos transitados. Anda e investiga lo que hicieron los apóstoles, y haz lo mismo. Jesús no te bendecirá en el uso de caprichosas ceremonias producto de la invención humana. Aférrate a aquellas que Él ordena, aquellas que Su Espíritu sanciona, y que practicaron Sus apóstoles. Por encima de todo, si quieres caminar con Jesús, continúa en la senda de la santidad; persevera en el sendero de la gracia. Convierte al Señor Jesús en tu modelo y ejemplo; y al pisar donde son visibles las huellas del rebaño, te salvarás tú y a quienes te oyen: encontrarás a Jesús, y ellos también encontrarán a Jesús.

Podríamos suponer que el Señor hubiese dicho: "si quieres guiar correctamente a tu rebaño, vístete con ropas suntuosas, o anda y trae tu música y tus excelentes himnos; por medio de estas bellas cosas, podrás atraer fascinado a tus santuarios al Salvador"; pero no es así. El incienso que agrada al Señor Jesús es el de la santa oración y de la alabanza, y el único Ritualismo que es aceptable para Él, es este: una religión pura e impoluta delante de Dios y del Padre; es este: visitar a los huérfanos y a las viudas, y guardarse limpio del mundo. Esto es todo lo que Él quiere. Sigue eso, y podrás avanzar rectamente y conducir a otros rectamente.

Luego el Esposo agregó: "Apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores." Ahora, ¿quiénes son estos pastores? Hay muchos en nuestros días que se erigen como pastores, pero apacientan a sus ovejas con pastos venenosos. Manténganse alejados de ellos. Pero hay otros a quienes es seguro seguir. Permítanme conducirlos a los doce pastores principales que siguieron al grandioso Pastor de todos. Ustedes quieren bendecir a sus hijos, y salvar sus almas, y tener comunión con Cristo al hacerlo; entonces enséñenles las verdades que los apóstoles enseñaron. ¿Y qué enseñaban ellos? Tomen a Pablo como ejemplo. "Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado." Eso es apacentar a las cabritas junto a las cabañas de los pastores, cuando a sus niños les enseñan a Cristo, mucho de Cristo, todo de Cristo, y ninguna otra cosa sino a Cristo. Preocúpense por apegarse a ese bendito tema. Y cuando les estén enseñando a Cristo, enséñenles todo acerca de Su vida, Su muerte, Su resurrección; enséñenles de Su Deidad y de Su humanidad. Nunca gozarán la compañía de Cristo, si dudan acerca de Su divinidad. Preocúpense por apacentar a su rebaño con la doctrina de la expiación. Cristo no tendrá comunión con un obrero a menos que le represente adecuadamente, y no podemos representar a Cristo verazmente a menos que vean el color carmín de Su sangre expiadora así como la pureza, blanca como la azucena, de Su vida.

"Apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores", y entonces les enseñarán el sacrificio de expiación, y la justificación por fe, y la justicia imputada, y la unión con la Cabeza resucitada, y la venida del Grandioso, cuando recibiremos la adopción, es decir, la redención del cuerpo de la tumba. Digo la verdad y no miento cuando afirmo que si queremos enseñar a una congregación para bendecirla, y permanecer en comunión con Cristo nosotros mismos, al mismo tiempo, hemos de ser muy específicos en enseñar únicamente la verdad: no una parte de ella, sino toda ella.

Prediquen esa bendita doctrina de la elección. ¡Oh, los abismos del amor divino que están contenidos en esa bendita verdad! No la eludan ni la mantengan en un segundo plano. No pueden esperar la presencia de Cristo si lo hacen. Enseñen la doctrina de la depravación del hombre. Abatan al pecador. Dios no bendice un ministerio que exalte a los hombres. Prediquen la doctrina del llamamiento eficaz del Espíritu Santo, pues si no magnificamos al Espíritu de Dios, no podemos esperar que haga que nuestra obra se sostenga. Prediquen la regeneración. Que sea visto cuán completo es el cambio, para que glorifiquemos la obra de Dios. Prediquen la perseverancia final de los santos. Enseñen que el Señor es inmutable: no desecha a Su pueblo, amándolo hoy y odiándolo mañana. Prediquen, de hecho, las doctrinas de la gracia tal como las encuentran en el Libro. Apaciéntenlos junto a las cabañas de los pastores.

Yo comienzo a sentir cada vez más que es un error separar a los niños de la congregación. Creo en los servicios especiales para los niños, pero quiero también que adoren con nosotros. Si nuestra predicación no enseña a los niños, carece de algún elemento que debería poseer. La predicación que es la mejor de todas para los adultos, es aquella en la que los niños se deleitan. Me gusta ver que la congregación esté conformada no solamente por jóvenes y no solamente por adultos; no solamente por maduros y no solamente por faltos de experiencia, sino que sea una congregación conformada por todos esos grupos.

Si les estamos enseñando a los niños la salvación por obras, y a los adultos la salvación por gracia, estamos desmantelando el salón de clases que edificamos en la iglesia, y eso no funcionará nunca. Apacienten las cabritas con el mismo Evangelio de las ovejas adultas, aunque no sea exactamente en los mismos términos; su lenguaje ha de ser apropiado para ellas, pero debe ser la misma verdad. Dios no permita que nuestras escuelas dominicales sean un semillero del arminianismo, mientras nuestras iglesias son huertos del calvinismo. Si es así, pronto tendremos una división en el campamento. La misma verdad ha de ser para todos; y no pueden esperar que Cristo esté con ustedes cuando apacientan sus pequeños rebaños, a menos que los apacienten donde Cristo nos apacienta. ¿Dónde nos apacienta sino allí donde crece la verdad?

Oh, cuando leo algunos sermones, me recuerdan algún pedazo de tierra comunal junto al camino, después de que una horda hambrienta de ovejas ha devorado cualquier mancha verde; pero cuando leo un sólido sermón evangélico de los puritanos, me recuerda de un campo mantenido para heno, que un granjero es por fin obligado a entregar a las ovejas. La hierba ha crecido casi tan alta como ellas mismas, y así se acuestan sobre ella, y comen y también descansan.

Denme las doctrinas de la gracia, y entonces viviré en la abundancia. Si tienen que apacentar a otros, llévenlos allí. No los conduzcan a los famélicos pastos del pensamiento y la cultura modernos. Los predicadores hacen pasar hambre al pueblo de Dios en nuestros días. ¡Oh, pero exponen tal vajilla hermosa de la China, tales cuchillos y tenedores sorprendentes, tales maravillosos jarrones y manteles de damasco! Pero en cuanto al alimento, parecería que los platos fueron tallados con un plumero, pues hay demasiado poco alimento en ellos. La enseñanza real del Evangelio es demasiado escasa. No nos proporcionan nada para aprender, nada para digerir, nada que nos alimente; todos son desperdicios y no hay nada sustancial.

Oh, anhelamos el trigo del reino; necesitamos eso, y estoy persuadido de que cuando las iglesias regresen al viejo alimento nuevamente, cuando comiencen a apacentar sus rebaños junto a las cabañas de los pastores, y cuando en una vida de práctica cristiana, los santos regresen al viejo método puritano, y sigan una vez más las huellas de las ovejas, y las ovejas sigan las huellas de Cristo, entonces pondremos a la iglesia en comunión con Jesús, y Jesús hará maravillas en nuestro medio.

Pero para llegar a eso, cada individuo tiene que tener el propósito de lograrlo; y si el Señor nos lo concediera a cada uno de nosotros, entonces será concedido a la totalidad, y los buenos tiempos que deseamos ciertamente habrían llegado.

Amado hermano mío, ¿deseas trabajar con Cristo? ¿Quieres sentir que Jesús está a tu diestra? Entonces anda y trabaja a Su manera. Enseña lo que Él quiere que enseñes, no lo que tú quieras enseñar. Anda y trabaja para Él, como quiere que trabajes, no según te lo prescriban tus prejuicios. Sé obediente. Sigue las huellas del rebaño. Sé diligente también para mantenerte firme junto a las cabañas de los pastores, y que el Señor te bendiga más y más, a ti y a tus hijos, y Suya sea la gloria.

He hablado únicamente al pueblo de Dios: hubiese deseado tener el tiempo para hablarles a los inconversos también, pero a ellos sólo les puedo decir esto: que Dios les conceda gracia para conocer las bellezas de Jesús, pues entonces ustedes lo amarán también. Que también les muestre las deformidades de ustedes mismos, pues entonces desearán ser limpiados y ser hechos hermosos en Cristo.

Y recuerden que, si alguno de ustedes desea a Cristo, Él los desea a ustedes; si tienen un anhelo por Él, Él tiene un anhelo por ustedes. Si lo buscan, Él los está buscando. Si ahora clamaran a Él, Él ya está clamando por ustedes. "El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente." Que Dios los salve por Jesucristo nuestro Señor. Amén


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