La apariencia de una vida que no se desperdicia (parte 2)

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English: The Appearance of the Unwasted Life, Part 2

© Desiring God

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Por John Piper sobre Santificación & Crecimiento
Una parte de la serie What Does this Life Look Like?

Traducción por Norma Rodríguez


¿Cómo se ve una vida redimida?
Conferencia Regional, San Luis Obispo

(John Piper finaliza la lista de “Veinte maneras de no desperdiciar su vida” que comenzó en la parte 1 de este mensaje).

5) No desperdicie su compasión

Las contradicciones de la compasión liberal y de la compasión conservadora no definen la naturaleza del bien y del mal.

Que haya liberales que hablan de la compasión por los débiles y oprimidos pero apoyan la matanza de las personas más débiles (los no nacidos, hasta el mismo momento del nacimiento) no hace que el aborto sea menos malo.

Que haya conservadores que hablan de la compasión por los bebés nonatos pero sienten poco interés o compasión por sus propios vecinos, sin mencionar las aflicciones de los innumerables pobres, no hace que el corazón insensible e indiferente sea menos malo.

El hecho de que los liberales justifiquen su apoyo a la matanza en el nombre de la libertad, y que los conservadores justifiquen su indiferencia a las miserias de la pobreza en el nombre de la libertad, no esconde la naturaleza selectiva de las libertades que cada grupo quiere. Uno dice: “Quita tus manos de mi cuerpo”. El otro dice: “Quita tu mano de mi billetera”.

¿Surgirá alguna vez un líder que pueda articular el sueño de superar esta brecha? Ese líder existe. Pero nunca será elegido. Su reino no es “de este mundo”. Por lo tanto, él es a la vez infinitamente relevante e intolerantemente repulsivo para el mundo. Cuando promueve su Camino, lo mandan a crucificar.

Sin embargo, aunque sea por debajo de su perfección, oremos para que surjan líderes que trabajen con el corazón y con las manos, a través de Jesucristo, para ser sabiamente compasivos y superar todas las contradicciones del corazón compasivo.

6) No desperdicie sus enemigos

Uno de los grandes obstáculos a la hora de amar a nuestros enemigos es que sentimos que no se está haciendo justicia, pero Pablo dice:

Nunca paguéis a nadie mal por mal. Respetad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres. Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: “Mía es la venganza, yo pagaré”, dice el Señor. “Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza.” No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal (Romanos 12:17-21).

Se hará justicia. Dios lo hará. Y esta promesa de que Él lo hará nos da una maravillosa libertad para amar.

Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos (Mateo 5:43-46).
Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros (Mateo 5:11-12).

7) No desperdicie su vejez

Envejecer es simplemente madurar para el reino.

Y aun en la vejez y las canas, no me desampares, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a esta generación, tu poderío a todos los que han de venir (Salmos 71:18).

8) No desperdicie su retiro

Ralph Winter ha comentado lo siguiente:

La mayoría de los hombres no muere por la vejez, muere porque se jubila. Leí en alguna parte que la mitad de los hombres que se jubila en el estado de Nueva York muere dentro de los dos años siguientes. Salva tu vida y la perderás. Al igual que otras drogas u otras adicciones psicológicas, la jubilación es una enfermedad virulenta, no una bendición.

En otra ocasión, él se pregunta:

¿Dónde ven en la Biblia la jubilación? ¿Se jubiló Moisés? ¿Se jubiló Pablo? ¿Se jubilaron Pedro y Juan? ¿Se jubilan los militares en medio de una guerra?

No desperdiciar su vida implica tomar riesgos. Véalo en las palabras de Joab a Abisai:

Si los arameos son demasiado fuertes para mí, entonces tú me ayudarás, y si los hijos de Amón son demasiado fuertes para ti, entonces vendré en tu ayuda. Esfuérzate, y mostrémonos valientes por amor a nuestro pueblo y por amor a las ciudades de nuestro Dios; y que el Señor haga lo que le parezca bien (2 Samuel 10:11-12).

Y en las palabras de Ester a Mardoqueo:

Ve, reúne a todos los judíos que se encuentran en Susa y ayunad por mí; no comáis ni bebáis por tres días, ni de noche ni de día. También yo y mis doncellas ayunaremos. Y así iré al rey, lo cual no es conforme a la ley; y si perezco, perezco (Ester 4:15-16).

La persona que más riesgos tomó del Nuevo Testamento fue el apóstol Pablo. Imagínenlo en su camino a Jerusalén después de años de sufrimiento por la causa de Cristo en casi todos los lugares adonde iba. Se había propuesto a sí mismo en el Espíritu Santo (Hechos 19:21) ir a Jerusalén. Había recolectado dinero para los pobres y fue a ver que fuera entregado fielmente.

Llegó hasta Cesarea y un profeta llamado Agabo descendió de Judea, se ató simbólicamente sus propias manos y pies con el cinturón de Pablo, y dijo: “Así dice el Espíritu Santo: ‘Así atarán los judíos en Jerusalén al dueño de este cinto, y lo entregarán en manos de los gentiles’” (Hechos 21:11).

Cuando los creyentes oyen esto le ruegan a Pablo que no vaya a Jerusalén. Él responde: “¿Que hacéis, llorando y quebrantándome el corazón? Porque listo estoy no sólo para ser atado sino incluso para morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús” (Hechos 21:13). Entonces Lucas nos dice que sus amigos desistieron: “Como no se dejaba persuadir, nos callamos, diciéndonos: Que se haga la voluntad del Señor” (Hechos 21:14).

No hay riesgo final cuando tomamos riesgos por Cristo.

Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aun, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Tal como está escrito: “Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero”.
Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 8:31-39).

9) No desperdicie su juventud

Acuérdate, pues, de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y se acerquen los años en que digas: No tengo en ellos placer (Eclesiastés 12:1).

No se digan a ustedes mismos que van a tomarse la vida en serio más adelante. Esaú buscó el arrepentimiento, pero no pudo hallarlo. Era demasiado tarde (Hebreos 12:17).

10) No desperdicie su sexualidad

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Tomaré, acaso, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? ¡De ningún modo! ¿O no sabéis que el que se une a una ramera es un cuerpo con ella? Porque Él dice: “Los dos vendrán a ser una sola carne”. Pero el que se une al Señor, es un espíritu con Él. Huid de la fornicación. Todos los demás pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios (1 Corintios 6:15-20).

Cristo fue el ser humano más pleno y completo, y nunca tuvo relaciones sexuales. Así que no vuelvan a contemplar la idea de que no tener sexo los hace algo menos humanos.

Tener pureza sexual significa mantenerse casto antes del matrimonio y ser fiel a una mujer o a un hombre en el matrimonio.

Tenga en cuenta que es un espiral de pureza:

Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios (Mateo 5:8).
Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu (2 Corintios 3:18).

11) No desperdicie su matrimonio

Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella (Efesios 5:24-26).

El sentido del matrimonio es ilustrar y poner de manifiesto el pacto de amor que hay entre Cristo y su iglesia. No desperdicie esa parábola.

12) No desperdicie su soltería

Mas quiero que estéis libres de preocupación. El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo puede agradar al Señor; pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, y sus intereses están divididos. Y la mujer que no está casada y la doncella se preocupan por las cosas del Señor, para ser santas tanto en cuerpo como en espíritu; pero la casada se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Y esto digo para vuestro propio beneficio, no para poneros restricción, sino para promover lo que es honesto y para asegurar vuestra constante devoción al Señor (1 Corintios 7:32-35).

Pablo amó su soltería. Hay una libertad gloriosa en la soltería para Cristo; y hay una alianza gloriosa para Cristo en el matrimonio.

13) No desperdicie sus oraciones

No tenéis, porque no pedís. Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: Él celosamente anhela el Espíritu que ha hecho morar en nosotros? (Santiago 4:2-5).

Santiago llama a sus lectores adúlteros porque piden en oración cosas que desean para usar de la manera incorrecta. Pida a Dios por todo lo que necesita y luego úselo para su gloria.

14) No desperdicie su lugar de prominencia

El día señalado, Herodes, vestido con ropa real, se sentó en la tribuna y les arengaba. Y la gente gritaba: ¡Voz de un dios y no de un hombre es esta! Al instante un ángel del Señor lo hirió, por no haber dado la gloria a Dios; y murió comido por gusanos (Hechos 12:21-23).

Todo el mundo tiene un lugar de preeminencia con respecto a otra persona. El ego es más peligroso que el dinero, y el problema en realidad no son las palabras, sino el corazón. Así que no sea como Herodes, que acabó siendo comido por los gusanos.

15) No desperdicie sus dones espirituales

Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén (1 Pedro 4:10-11).

Los dones espirituales llegan cuando el Espíritu Santo viene sobre nosotros, nos llena y nos da energía, de modo que somos moldeados y nos volvemos como una especie de prisma. Y cuando la luz de Dios brilla sobre nosotros, refracta un rayo que nadie más en el mundo puede refractar.

Nadie en esta sala ha sido creado por accidente. Dios solamente quiere su devoción entera; así Él lo usará de maneras que nadie más podría ser usado.

Y no se preocupe por tratar de nombrar todos sus dones. Sólo empiece amando a las personas con todo su corazón, haciendo lo que ama hacer, y verá cuáles son sus dones.

16) No desperdicie su diversidad racial

Es un gran problema en Estados Unidos, nunca se termina. No es un problema social, es un problema con la sangre de Cristo.

Porque Él mismo es nuestra paz, quien de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne la enemistad, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un nuevo hombre, estableciendo así la paz, y para reconciliar con Dios a los dos en un cuerpo por medio de la cruz, habiendo dado muerte en ella a la enemistad (Efesios 2:14-17).
Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra” (Apocalipsis 5:9-10).
De uno hizo todas las naciones del mundo para que habitaran sobre toda la faz de la tierra (Hechos 17:26).

Pastores, nunca dejen de trabajar en relación con este tema. Será el problema más difícil que enfrenten. Las críticas vendrán de veinte ángulos diferentes. Pero nunca deberían darle la espalda al tema. Por eso es que adopté a una niña afroamericana. No quiero evadir el asunto.

17) No desperdicie su diversidad cultural

La raza y la cultura no son la misma cosa. Hay un montón de diferentes culturas blancas, negras y latinas.

Uno juzga que un día es superior a otro, otro juzga iguales todos los días. Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir. El que guarda cierto día, para el Señor lo guarda; y el que come, para el Señor come, pues da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor abstiene, y da gracias a Dios. Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque para esto Cristo murió y resucitó, para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos (Romanos 14:5-9).
Pablo no da por sentado que todos los romanos siempre estarían de acuerdo en todos los detalles, ni él trata de conformarse a todos. Más bien, los anima a amar a los demás en su diversidad y a estar plenamente convencidos de lo que hacen en sus propias mentes delante del Señor.

18) No desperdicie el llamado a quedarse donde está

Cada uno permanezca en la condición en que fue llamado. ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te preocupes; aunque si puedes obtener tu libertad, prefiérelo. Porque el que fue llamado por el Señor siendo esclavo, liberto es del Señor; de la misma manera, el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. Comprados fuisteis por precio; no os hagáis esclavos de los hombres. Hermanos, cada uno permanezca con Dios en la condición en que fue llamado (1 Corintios 7:20-24).

A veces el llamado a quedarnos donde estamos significa que usted no debe ser misionero. Pero tenga en cuenta el énfasis: es un llamado a permanecer “con Dios”.

19) No desperdicie el llamado a seguir adelante

Abraham, Moisés, Josué, los profetas, todos los apóstoles, Pablo y Timoteo fueron todos trabajadores enviados. Dios está llamando a algunos en esta sala a cambiar de trabajo y reubicarse por amor de su nombre.

Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocos. Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies (Mateo 9:36-38).
¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? (Romanos 10:14-15).

20) No desperdicie su muerte

Para algunos de ustedes la aplicación de este punto vendrá este año.

En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te vestías y andabas por donde querías; pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te vestirá, y te llevará adonde no quieras. Esto dijo, dando a entender la clase de muerte con que Pedro glorificaría a Dios. Y habiendo dicho esto, le dijo: Sígueme (Juan 21:18-19).
Pues para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia (Filipenses 1:21).

Nunca habrá terminado de vivir para la gloria de Dios sino hasta que muera. El momento de la muerte es un gran llamado. Y cuando uno experimenta su muerte como ganancia, muestra al mundo cuán precioso es Jesús.



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