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Por Stephen Witmer sobre Santificación & Crecimiento

Traducción por Rut Romero


Todos los cristianos van al cielo. Pero algunos saltan hacia el paraíso pacíficamente, confiados y felices desde sus lechos de muerte. En cambio otros cojean y se arrastran, aferrándose, negándolo y asustados. ¿Por qué esa diferencia?

En mi experiencia, se debe a lo que conocen (o no conocen) de lo que viene después. Jesús ha garantizado a su pueblo un futuro glorioso. ¿Pero han comprendido completamente lo que él ha garantizado completamente? Los que no lo han hecho, seguramente morirán aferrándose a un presente roto en lugar de a un futuro perfecto. Un cielo sin sabor puede parecer un lugar de segunda, incluso para alguien que respira de forma irregular en la cama de un hospital. Morir bien requiere pasión por la vida del cielo.

Conformarse y aferrarse

Lo mismo puede aplicarse a vivir bien. Una nueva creación futura, sabrosa y valiosa, es un medio ordenado por Dios para vivir una vida agradable a Dios, que alimenta en el pueblo de Dios una paciencia incansable. El amor por el futuro que Dios ofrece nos salva de las trampas de conformarnos o aferrarnos.

Hay demasiados cristianos que viven vidas grises. Desanimados por decepciones, oportunidades desaprovechadas o sueños rotos, se han retirado a una insatisfacción de bajo grado, se sostienen a sí mismos con las migajas de pequeños placeres. Se conforman con un futuro del tamaño del próximo fin de semana, o un programa de televisión, o más seguidores de Twitter. Otros, rechazando el camino de la conformidad, se han aferrado a todo lo que han podido conseguir en esta vida aumentando sin descanso el color de sus vidas. Aferrándose a lo que no deberían tener (un coche que no pueden permitirse, una mujer que no es la suya), huyen de Jesús y del precioso futuro que ofrece.

Inquieto y paciente

El problema de ambas cosas, conformarse y aferrarse, es que, en ambas, la futura nueva creación de Dios – la más grande y magnífica realidad de la que jamás hemos oído hablar – ha desaparecido de la vista. Los conformistas viven desprevenidos, sin ningún anhelo incansable por el futuro de Dios. Los que se aferran intentan tenerlo todo ahora, no están conformes con esperar a lo que Dios promete para después.

Creyendo promesas y sueños de salud y riqueza, se caen de bruces cuando no da resultado. Si somos honestos, todos debemos admitir ser una especie de conformistas aferrados. Por tanto, todos nosotros necesitamos ayuda para llegar a ser más incansables por el futuro de Dios y más pacientes en cuanto a esperarlo.

La Biblia proporciona exactamente la ayuda que necesitamos. Simplemente leamos Romanos 8:23-25 y veamos como la esperanza cristiana produce una paradójica vida de gemidos ardientes (inquietud) y paciente espera. La esperanza cristiana, la confianza de hierro fundido de que un futuro increíblemente bueno es ciertamente nuestro, intensifica el deseo y alarga la paciencia de forma simultánea y paradójica.

La mayoría de nosotros entendemos desde la experiencia como funciona esto. Cuando me comprometí con mi esposa en octubre de 2005, inmediatamente empecé a inquietarme por mi futuro como casado. Sabiendo que el matrimonio sería increíble y que ahora algo cierto, empecé a desprenderme de mis hábitos de soltero más descuidados, a buscar un apartamento para dos, y a soñar en construir una familia. Pero, paradójicamente, el compromiso también me hizo más paciente para el matrimonio. Sabiendo que el día de la boda con certeza iba a llegar, podía esperarlo, dejando para el matrimonio lo que Dios planeó sólo para el matrimonio.

El futuro descrito

Un anhelo de corazón por la magnífica nueva creación de Dios afectará nuestras vidas en un millón de bellas formas. La luz pura del futuro de Dios se difuminará en un espectro arco iris de actitudes, pensamientos y acciones que agradan a Dios. Con un futuro garantizado tan amplio como la nueva creación, no vamos a cargar a nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestro trabajo, nuestro día libre, o nuestras vacaciones, con el peso del paraíso. Cuando no se cumplan plenamente nuestras expectativas (y nunca lo harán), no nos sentiremos aplastados.

Nuestro grandioso y seguro futuro afianzará un presente robusto, abnegado, emocionante y de asunción de riesgos. Los que creen que tienen una posesión mejor y más perdurable pueden aceptar alegremente la pérdida de sus bienes (Hebreos 10:34). No los necesitan ahora, porque saben que su mejor posesión está por venir. Pueden esperar, aunque lo estén anhelando.

He aquí un simple hecho que no meditamos lo suficiente: Dios no sólo ha asegurado un futuro perfecto para su pueblo, Él ha descrito vívidamente ese futuro para nosotros a lo largo de la Biblia. ¿Por qué? Porque no se conforma con la vida tímida y frágil que produce una visión enclenque del futuro. Dios quiere que su pueblo anhele la nueva creación, que esté de puntillas, viviendo hacia ella. Él quiere que seamos incansablemente pacientes por el futuro, para que seamos increíblemente productivos en el presente. Por eso nos ha dicho lo bueno que va a ser.



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