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English: Washed by Grace

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Por John Piper sobre Santificación & Crecimiento
Una parte de la serie Tabletalk

Traducción por Ana Villoslada



La necesidad bíblica que tenemos de llevar una vida de santidad no anula la gracia. Más bien, esta necesidad se basa directamente en el perdón obtenido por la gracia y pone de manifiesto el poder de la gracia.

En 1 Corintios 15:10, Pablo dice: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí”. La gracia no es sólo el perdón que pasa por alto nuestra maldad, sino el poder que produce nuestra bondad. Si Dios dice que es necesario que la gracia haga eso, no estamos anulando la gracia cuando estamos de acuerdo con Él. En realidad, todo lo contrario.

El mandamiento bíblico de llevar una vida de santidad no contradice la justificación sólo por fe. Todos los pecados del pueblo de Dios, pasados, presentes y futuros, son perdonados gracias a que Cristo murió una sola vez por todos nuestros pecados. Esta justificación fundada en la muerte de Cristo por nosotros es la base de la santificación, y no al revés. El único pecado contra el cual podemos luchar con éxito es un pecado perdonado. Sin la justificación realizada por Cristo una vez por todos los pecados, lo único que produce nuestro esfuerzo por conseguir la santidad es desesperación o justicia propia.

El trabajo de Dios en la justificación no hace que el trabajo de Dios para la santificación sea opcional. La Biblia no dice que el perdón haga de la santidad una opción; en realidad, el perdón es lo que hace posible la santidad. El Dios que justifica también santifica. La fe que justifica también satisface: el corazón humano se sacia de Dios y se libera de los placeres engañosos del pecado. Por esta razón, la justificación y el proceso para la santificación siempre van juntos: los dos provienen de la misma fe. La perfección va a llegar al final de nuestros días cuando muramos o con la venida de Cristo, pero el esfuerzo por llevar una vida en santidad comienza con la primera semilla de mostaza de fe. Ésa es la naturaleza de la fe salvadora. Encuentra su gozo en Cristo y asimismo se desliga de los placeres que trae el pecado.

En 1 Tesalonicenses 5:23–24, Pablo dice: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. Ahora hay que fijarse en tres puntos: los mandamientos, la oración, y la promesa.

MANDAMIENTOS. En los versículos 14-22, Pablo acaba con una sucesión de mandamientos. Dicha sucesión termina en el versículo 22: “absteneos de toda forma de mal”. Así sabemos que Dios usa mandamientos y llamados en la forma que nos santifica. Dios no nos dice: “Yo soy el que te santifica, por eso no tengo nada que decirte". Él no nos santifica de una manera simple y subconsciente. Él se ocupa de nuestros pensamientos y nuestras motivaciones.

ORACIÓN. En el versículo 23, Pablo pasa de ordenarnos o exhortarnos a ser santos, a pedirle a Dios que nos santifique: “Y que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y que todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”. Por tanto, Dios no solo usa mandamientos y llamados en la manera en la que Él nos santifica, sino también las oraciones de Su pueblo. Él no se ocupa sólo de tus pensamientos y motivaciones para santificarte, también se ocupa de los pensamientos y motivaciones de otras personas a fin de que oren por ti.

PROMESA. Después de ordenarnos en los versículos 14-22 que persigamos llevar una vida de santidad, y de orar en el versículo 23 para que Dios nos santifique, Pablo dice la frase definitiva en el versículo 24: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”.

Un razonamiento humano equivocado piensa: “Bueno, Dios nos está ordenando que nos abstengamos de toda forma de mal, así que dependerá de nosotros que seamos santos", o "bueno, Pablo está orando para que Dios me santifique, así que depende de que Dios responda o no a la oración de Pablo”. Todo esto es una manera equivocada de pensar y no es lo que el texto nos está diciendo. Una manera correcta de pensar nos lleva al versículo 24 y es: ¡La fidelidad de Dios junto con Su llamado demuestra que Él lo hará! “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará". ¿Y qué es “lo”? "Lo" es lo que Pablo ha ordenado y por lo que ha estado orando, en otras palabras, la santificación. Dios lo hará.

¿Vamos a confiar en Él no solamente por la gracia para perdonar nuestros pecados, sino también por la gracia para hacernos progresar a la hora de vencer nuestros pecados? Piensa en esta pregunta durante un momento mientras seguimos reflexionando sobre esta idea.

Si prestas atención al versículo 23, puede que te hagas la misma pregunta que yo: cuando Pablo está orando para que Dios nos santifique y nos preserve irreprensibles “para la venida de nuestro Señor Jesucristo”, ¿se refiere a que Dios nos transformará en un abrir y cerrar de ojos cuando Jesús vuelva, o a que Él trabajará ahora en nosotros para que seamos santos cuando Jesús venga? ¿Son los versículos 23 y 24 una oración y una promesa de lo que Dios hará de una sola vez cuando Jesús venga? ¿O son una oración y una promesa de lo que Dios va a hacer ahora en la vida de los creyentes para prepararlos en santidad para ese día?

Estos versículos son una oración y una promesa de que Dios va hacer lo que necesita ser hecho ahora. Y afirmo esto porque la santificación normalmente hace referencia al proceso para hacernos santos ahora, además de que el paralelismo en 1 Tesalonicenses 3:12-13 muestra que esto es lo que Pablo quiere decir: “y que el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros, y para con todos, como también nosotros lo hacemos para con vosotros a fin de que Él afirme vuestros corazones irreprensibles en santidad [por lo que Pablo ora en 5:23] delante de nuestro Dios y Padre, en la venida de nuestro Señor Jesús [la misma frase que en 5:23] con todos sus santos”.

Pablo está orando para que Dios obre algo para hacernos crecer y abundar en amor. Y el objetivo de esta obra progresiva en nosotros ahora, es que cuando llegue el final podamos ser establecidos ante Dios en santidad, porque el amor es la esencia de la santidad del ser humano.

Primera de Tesalonicenses 5:23-24 nos enseña verdaderamente que Dios es el único que puede santificar ahora. Lo hace mediante exhortaciones y llamados que apelan a nuestros pensamientos y a nuestras motivaciones. Lo hace mediante la oración. No obstante, sea como sea, tarde lo que tarde y por imperfectos que nos podamos sentir, lo único que importa es que Dios lo hace.

Pero, ¿cómo puede ser que la fidelidad de Dios lo comprometa a santificarnos? La clave es la conexión existente entre los demás elementos para nuestra salvación y el trabajo de santificación de Dios. Esto se ve claramente en 5:24 donde Pablo dice: “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. Es como si Pablo dijera: "¡Te ha llamado! ¿No te das cuenta? ¡Te ha llamado! Y si Él te ha llamado, entonces Él te santificará. Eso es Su fidelidad. ¿No lo entiendes?”.

Y tú te rascas la cabeza y preguntas: ¿Por qué el hecho de que Él nos ha llamado implica que tenga que santificarnos?” Y Pablo responde: “Porque Su propósito cuando te llamó era que pudieses ser santo. La santidad es el propósito invencible de Dios cuando te llamó. Estaría siendo infiel a Su propósito si sólo te llamase y no te santificase. Eso es lo que dije en 1 Tesalonicenses 4:7: 'Porque Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación'."

Cada paso sucesivo de tu salvación está basado en la seguridad de todos los pasos anteriores. Tu santificación está basada y garantizada por tu llamado. Tu llamado está basado en la muerte de Cristo por los pecadores. La muerte de Cristo se basa en la predestinación y la predestinación se basa en la elección. Una vez que te sientes atrapado por la misericordiosa, maravillosa y objetiva salvación forjada por Dios, sabes que eres amado por un amor omnipotente, eterno, que elilje, predestina, expía, llama, santifica, y salva. Y proclamas: "Dios es fiel. ¡Él lo hará!”.

Pero no sólo eso, el propósito de Dios al elegirte era tu santidad. Efesios 1:4 dice: “[Dios] según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él” (cf. 2 Ts. 2:13). Tu santidad es tan cierta como tu elección.

No sólo eso, el propósito de Dios al predestinarte era tu santidad. Romanos 8:29a: “Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo”. Que seamos cada día más parecidos a Jesús es tan cierto como el propósito de Dios en la predestinación.

No sólo eso, el propósito de Dios con la muerte de su Hijo era tu santidad. Efesios 5:25b-26a dice: “Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella para santificarla”. Que seas santo es tan cierto como el propósito invencible de Dios con la muerte de Su Hijo.

Al elegirte, al predestinarte, al morir por ti y al llamarte, Su propósito era tu santidad. Y por eso podemos decir como Pablo en 1 Tesalonicenses 5:24 que no solo “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” sino que además “Fiel es el que os elije, el cual también lo hará. Fiel es el que te predestinó, el cual también lo hará. Fiel es el que envió a Su Hijo para morir por ti, el cual también lo hará". ¿Cuál es el propósito final? “Para alabanza de la gloria de su gracia” (Ef. 1:6).


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