Pautas para el Liderazgo en Decisiones Importantes
De Libros y Sermones BÃblicos
Por John Piper sobre Liderazgo Espiritual
Traducción por María Veiga
Asumo que el liderazgo (junta directiva, ancianos, personal pastoral, etc.) comparte una misma visión. En la Iglesia Bautista Belén, Desiring God, Iniciativas Urbanas Belén y el Instituto Belén, esta visión es: “Existimos para difundir la pasión por la supremacía de Dios en todas las cosas, para el gozo de todos los pueblos a través de Jesucristo”.
Con esta premisa, las siguientes pautas tienen como objetivo guiar al pastor, anciano o director en la redacción de recomendaciones que ayuden al liderazgo (y, si corresponde, a la congregación) a comprender, aprobar y aplicar las recomendaciones importantes. No quiero decir que todas estas pautas deban seguirse para cada decisión que el liderazgo deba tomar. Se aplican a propuestas más importantes, como las que serán costosas, afectarán a muchas personas de manera significativa o podrían parecerle al liderazgo diferentes del camino establecido. En estos casos, se requiere una persuasión bíblica exhaustiva y cuidadosa. El supuesto detrás de estas pautas es que la verdad es primordial en todo momento.
1. Orar sin cesar.
Es decir, impregnar de oración cada parte del proceso de toma de decisiones. Esto será prácticamente invisible en las primeras etapas de la concepción si la propuesta proviene de una sola persona.
2. Meditar en la Palabra de Dios día y noche.
La persona o el grupo que presente la propuesta debe estar en la Palabra y reflexionar sobre todos los aspectos de la propuesta desde la perspectiva de la Palabra de Dios, e impregnar todo pensamiento y comunicación sobre la propuesta con partes de la Palabra que demuestren su sabiduría.
3. Recopilar información veraz relacionada con la propuesta.
Las ideas para el futuro pueden ser erróneas e imprudentes por varias razones. Una de ellas es la falta de información relevante: costo, personas involucradas, habilidades necesarias, impacto en otras prioridades, posibles percepciones y reacciones, posibles resultados en sintonía con la visión.
Recopilar esta información implica investigación e imaginación. Es necesario plantearse decenas de situaciones e imaginar cómo será la realidad propuesta para tener una idea de sus implicaciones. Estas implicaciones forman parte de la información que finalmente debe compartirse con el liderazgo. Cuanta más información de este tipo se aporte con antelación, más confianza tendrá el liderazgo en la viabilidad y la sensatez de la propuesta.
4. Analizar todas las implicaciones de la propuesta como sea posible.
Este paso se superpone con el anterior y añade "pensar" a "recopilar". Pensar requiere tiempo, energía, imaginación y materia prima de información. Es un trabajo duro. Es un trabajo solitario. Requiere escribir, ya que la conexión de los pensamientos se pierde si no se escriben. Y requiere reescribir, ya que el primer conjunto de conexiones que uno ve generalmente debe ajustarse a medida que surgen otros pensamientos. Pensar es analítico, imaginario y constructivo.
- Hay que analizar cómo funcionarán las cosas, cómo pensará la gente, cuáles serán los costos, qué habilidades se necesitarán, cómo afectará todo esto a lo ya existente y cómo se relacionan entre sí.
- A lo largo de todo este proceso, se requiere imaginación. El líder más persuasivo tendrá la mejor visión de cómo será realmente el futuro y cómo se relacionará todo con lo demás. El éxito de su propuesta dependerá en gran medida de qué tan bien haya usado su imaginación para prever las implicaciones de todo lo que propone. La calidad de su liderazgo se verá, en parte, en que ya haya formulado y respondido las preguntas que tendrán los líderes. Esto no sucede sin reflexionar profundamente en soledad mientras escribe.
- El pensamiento fructífero también debe ser constructivo. Es decir, uno debe aplicar su mente para construir un todo integrado. No basta con simplemente compartir fragmentos de una idea con los líderes. Si queremos que los líderes confirmen nuestra idea para el futuro, debemos ofrecerles una imagen coherente y unificada de cómo se ve. Esto solo se logra mediante el pensamiento constructivo. Este suele ser el trabajo más difícil. Nos obliga a realizar el tipo de pensamiento profundo que ahorra tiempo y esfuerzo a los líderes.
5. Redacte la propuesta, incluyendo una presentación coherente y ordenada, una explicación de la misma, sus implicaciones y su justificación.
- Primero, exponga la propuesta de forma clara y concisa en pocas frases.
Segundo, explique la propuesta. Es decir, desglose sus términos y asegúrese de que sea clara.
- Tercero, detalle las implicaciones: personas involucradas, compromiso de tiempo, gastos y efectos. sobre las prácticas y personas actuales, etc. Prevea y exprese con imparcialidad, y responda a tantas objeciones como sea posible.
- Cuarto, presente una justificación convincente que justifique las implicaciones y vincule los resultados con la Visión.
6. Entregue copias de esta propuesta escrita al Liderazgo con suficiente antelación a la reunión en la que se considerará.
Evite la presión para actuar sin tiempo suficiente para la discusión y la oración.
7. Lea la propuesta al Liderazgo o lea un resumen coherente de sus partes clave en la reunión cuando se vaya a discutir.
La mayoría de las personas ocupadas no tendrán los detalles en mente cuando asistan a una reunión y necesitarán escuchar la lectura de la propuesta escrita o un resumen bien preparado de la misma. Casi siempre es un error intentar explicarla con palabras como si eso ahorrara tiempo. Generalmente no ahorra tiempo y es más difícil de seguir que una simple lectura o un resumen bien preparado. Además, al saltar de una parte a otra del documento, a menudo se pierde al oyente que no puede seguir. Si es necesario agregar aspectos importantes al documento mediante una revisión, es probable que la propuesta escrita no haya sido lo suficientemente exhaustiva.
8. Procure una discusión exhaustiva de la propuesta, instando a todo el liderazgo a participar. Permita que el líder del grupo de liderazgo guíe la discusión hacia las acciones apropiadas.
La persona que presente la propuesta debe ser un defensor bien preparado, pero no suele ser el líder de la discusión. Después de la presentación, debe hablar cuando se le hagan preguntas o se le dé permiso, pero no debe dominar la discusión. Debe animar al liderazgo a dedicarse a la oración y a la Palabra durante el proceso.
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